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Se
suceden las estaciones para renovar la pulcritud de aire que envuelve la
extensión del campo, portando en su temporada peregrina las generosas
inclemencias, que ajustan el hábitat de los sedentarios residentes. |
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Socavada
en la arcilla desde hace ya... ?? La tierra del cerro cuida del agua y esta,
no la arrastra, que curiosa simbiosis entre estas dormidas
masas que
aquí, se camelan. Juntas
y humildes enamoran a los que al rincón miran. Mediante
una rebosante y plana alfombra. Expuesta a
los pies del espectador que al poniente llega Unidas
por las ranas estivales y verdes junqueras,
por
la nieve del enero o del febrero. Juguete de los pequeños y del
ganado el húmedo sustento. La Poza Grande en el oeste del pueblo |
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Nunca
duerme el agua en las cárcavas inclinadas, que la vierten al arroyo
atiborrado de
espinos, malezas y zarzas. Donde
luego: Ofrece
a la maraña la
porción de esa tierra, fugada en
su pura transparencia, del
sitio donde fue arrojada y
del camino prescrito por
el meticuloso destino. |
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A la viaja dehesa protegen los cerros del soplo. Para que a las palabras del mirlo oculto no las aleje de la superficie plana del charco
susurrante que hoy, mira al cielo con
los ojos de las menudas ranas, reprochándole al aliento del invierno, las aguas que trajo
tasadas. A esta perfecta primavera le agradece la pradera, solo con su verde esplendoroso, el descollar de los contentos gamones, prietos entre los precavidos robles. A sus enracimadas hojas no cuidan tanto los
fresnos, . que al sol ya sostienen, para que el ultimo tono del barítono acune. |
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