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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas
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CAp. 2
2.1 APUNTES SOBRE LA SITUACIÓN DE LA COMUNIDAD GITANA EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA.

ANEXO II. "ELLOS NO QUIEREN INTEGRARSE"

Un comentario que escuchamos con excesiva frecuencia, cuando se habla de la exclusión de los gitanos y las gitanas, es: "son ellos que no quieren integrarse". A menudo esta afirmación viene emparejada con otra: "ellos son más racistas que nosotros".

Nos parece de interés analizar estas afirmaciones, ya que son indicativas del enorme desencuentro que existe entre nuestras dos culturas.

En primer lugar, existe una profunda limitación por parte de los payos y payas a ponernos en el lugar de los otros, es decir de los gitanos y las gitanas. La diferencia entre lo que puede percibir un miembro de un colectivo que representa menos del 2% de la población y la percepción de las y los miembros de una sociedad y una cultura abrumadamente mayoritaria, es abismal. Sobre todo si tenemos en cuenta que la segunda domina todos los mecanismos y resortes del poder, tanto del Estado, como los económico-mediáticos, y que ha ejercido una discriminación que en algunas épocas ha rozado las políticas de genocidio.

No se puede equiparar la responsabilidad (de la existencia de racismo) de una comunidad que ha sido víctima de continua opresión y discriminación, con la responsabilidad de la cultura dominante.

Esto no quiere decir que no se pueda mantener un espíritu crítico hacia actitudes de gitanos y gitanas despectivas contra los payos payas, ni que debamos presentarlos como víctimas pasivas sin capacidad de actuar frente a la sociedad paya y a su discriminación. Al contrario, hay que reconocer el esfuerzo histórico de la comunidad gitana por aceptar, adaptarse y convivir con el mundo payo. Este esfuerzo tiene un enorme mérito y explicaría su capacidad de supervivencia económica y cultural en un medio tremendamente hostil.

Por otro lado, se puede afirmar que su "integración" en la cultura dominante es sorprendentemente alta y se ha realizado a pesar de un esfuerzo constante por excluirlos o asimilarlos.

La crítica a su falta de deseos de integrarse es bastante cuestionable y depende mucho de lo que se quiera decir con "integración". Un ejemplo que se cita para mostrar la falta de interés en la "integración" es la notable ausencia de gitanos y gitanas en la gran mayoría de lugares de trabajo, sin embargo no se reconoce la profunda discriminación laboral como causa de esta subrepresentación.

La población gitana no ha vivido a espaldas del mundo payo, sino como una parte integrante de nuestra economía y sociedad. Sus oficios tradicionales, chalaneo, traperos, artesanía, venta ambulante, música, etc, siempre se han adaptado a las necesidades de la población paya. El porcentaje de gitanos y gitanas con algún familiar payo es mucho más alto que el de payos con lazos de parentesco con gitanos o gitanas. Entre las reclusas gitanas encuestadas, hemos encontrado que un 30% están emparejada con un hombre payo.

La comunidad gitana vive día a día en nuestro mundo y muy raras veces nosotros entramos en el suyo. Esta falta de contacto aumenta entre las capas más acomodadas de la sociedad; por lo menos en muchos barrios obreros del estado Español hay vecinos gitanos y gitanas, con los que compartimos espacio publico, escuela y lugares de encuentro.

Es importante mencionar otro comentario que se suele oír: "claro, deben integrarse, pero pueden mantener su cultura". Sin embargo cuando se les achaca su "falta de ganas de integración", en realidad se les está criticando por querer mantener su cultura y su diferencia, a la vez reforzando la identificación que hace la sociedad paya de la marginalidad como un rasgo fundamental de la comunidad gitana.

Se podría preguntar "¿y nuestra integración con esa cultura?". Suena absurdo, claro, pues la idea de integración siempre se refiere a la integración en la cultura dominante, lo cual no deja lugar para mantener la propia cultura. Sin embargo, la insistencia de la afirmación "ellos no se quieren integrar" sigue un patrón de pensamiento que se repite constantemente. Es decir, casi todas las propuestas para resolver los problemas que enfrenta la comunidad gitana se refieren a cómo ellos y ellas deben y tienen que cambiar. Pensamos que el énfasis del cambio tiene que ser a la inversa, qué tenemos que cambiar en nuestra cultura paya para poder desarrollar una verdadera sociedad multicultural.

Esto nos a lleva a reflexionar sobre cómo en determinadas sociedades pueden convivir diversas culturas en paz y respeto mutuo. De hecho, esta propuesta tiene una enorme vigencia actualmente en un mundo cada vez más globalizado, donde la homogeneización cultural y la eliminación de la diversidad es cada vez más real.

Queremos destacar la experiencia de la comunidad gitana, que después de convivir profundamente con la cultura paya durante casi 600 años, aún es capaz de mantener un alto grado de rasgos propios y diferenciados, puede ser una fuente de aprendizaje importantísima para todos y todas (17).


17. Aunque pueda sonar a disparate hablar de la necesidad de "integración" de los payos y payas en la cultura gitana, no es un disparate hablar de falta interés por parte de payas y payos de establecer contacto con la población gitana. Uno de los autores de este estudio, hace cuatro años se acercó a un "clan" de gitanos que tocaba en el Rastro de Madrid, con la trompeta y la cabra, buscando músicos para un documental. Después de dos minutos de conversación el portavoz del grupo le aclaró: "No somos gitanos, somos húngaros, húngaros de Bosnia". Continuó explicando que había en España once o doce clanes de "húngaros", emigrados desde los Balcanes en los años cincuenta, que se dedicaban a tocar por las calles de las ciudades y a actuar en las fiestas de los pueblos durante el verano. Sorprendido por este pequeño descubrimiento de "antropólogo aficionado", el autor lo comentó con muchos amigos y amigas payas constatando, asombrado, que no lo sabían. Así, existen varios "clanes" en nuestro país que conforman una parte del paisaje mítico urbano, a los que todo el mundo tiene por gitanos y que después de un par de minutos de conversación te informan de que no son gitanos y sin embargo nadie lo sabe; conclusión: nadie se detiene a hablar con ellos.


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29 de febrero de 2000