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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas |
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| 4. Recomendaciones y líneas de acción . | |
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4.1
las gitanas en la sociedad. |
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| CAp. 2 2.1 APUNTES SOBRE LA SITUACIÓN DE LA COMUNIDAD GITANA EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA. |
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| 2.1.2 Procesos históricos de persecución y criminalización de la población gitana e identificación de lo gitano con lo criminal. | |
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"Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y, finalmente salen con ser ladronees corrientes y molientes a todo ruedo, y las ganas del hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte".
El 30 de Julio de 1999 se cumplió el 250 aniversario de una página negra en la Historia de España, la Gran Redada (9). Ese día el Rey y el Consejo dieron la orden de detener a todos los gitanos del país, que entonces ascendían a unas 10.000 a 12.000 personas, con el propósito de separar a los hombres de las mujeres y niños, y mandarlos a realizar trabajos forzados en arsenales y minas, lo que implicó el inicio de una "solución final" para el "problema gitano" en España. Dicha orden fracasó en su objetivo, igual que sucedió con las más de 280 pragmáticas promulgadas desde al año 1499, con fines parecidos. Un fracaso que dice mucho sobre la capacidad de resistencia de la comunidad gitana. A pesar de que la prueba del fracaso de estas iniciativas es que la población gitana sigue aquí, la incidencia de las mismas aún hoy se deja notar, pues el etiquetamiento y la discriminación que sufren los gitanos y gitanas en todos los ámbitos de su vida, siguen siendo patentes. Aunque en 1783 se promulgó una pragmática, que reconocía la ciudadanía de los/as gitanos/as como españoles/as, y afirmaba que "en el fondo Su Majestad no quiere exterminar o aniquilar a los llamados gitanos, sino suprimir su nombre y rectificar sus costumbres", hasta la transición democrática aún figuraron leyes específicas sobre la persecución de los gitanos como etnia, con un claro contenido criminalizador. Hubo que esperar al año 1978 para que se eliminaran del Reglamento de la Guardia Civil (Orden de 14 de Mayo de 1943) los tres artículos en los que se responsabilizaba a este Cuerpo de vigilar de forma especial a la población gitana. El contenido de los citados artículos era el siguiente:
Igualmente, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, basada en la anterior Ley de Vagos y Maleantes, con una orientación implícitamente represiva hacia la comunidad gitana, fue derogada en su mayor parte en el año 1978. Durante 500 años, la población gitana ha sido criminalizada por el simple hecho de ser gitana, un proceso que ha sido similar en casi todos los lugares de Europa. No pretendemos aquí realizar un análisis detallado sobre estos procesos de criminalización, que se han recogido con gran precisión en diversas obras que citamos en la bibliografía (10). Aunque hemos comprendido que aún hay mucho que investigar y escribir sobre la Historia gitana, y sobre la reacción de la cultura dominante hacia ella. Lo que sí hemos querido analizar son los efectos y legados que estos procesos han dejado sobre ambas culturas la gitana y la paya. La gran numerosa presencia de las mujeres gitanas en las cárceles españolas, está íntimamente relacionada con esta historia de criminalización, un proceso que no terminó con la aprobación de la Constitución de 1978, que garantiza la plena igualdad de derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas y, formalmente, prohibe cualquier discriminación basada en la etnia. Uno de los estereotipos mas arraigados sobre los/as gitanos/as, en la sociedad paya, es su supuesta naturaleza criminal. Esta creencia se manifiesta en multitud de discursos cotidianos. Tomas Calvo Buezas ha hecho varios estudios sobre los prejuicios existentes en torno las y los gitanos y sobre la visión paya del/la gitano/a como criminal, tan extendida en nuestra sociedad. Otra manifestación indirecta de este estereotipo es el altísimo porcentaje de noticias, en los medios de comunicación de masas, que relacionan el trinomio gitano/a-delito-droga (11). Un repaso de la imagen de la población gitana en el cine español resulta tremendamente ilustrativo. En este ámbito, la representación del gitano o la gitana como "criminal" es abrumadora. Dos películas fascinantes, que en cierta manera se burlaban de este tópico, son las dos versiones de Morena Clara, la primera con Imperio Argentina en 1934, y la segunda con Lola Flores y Fernando Fernan-Gómez, en 1955. Las dos reflejan la relación entre una bella gitana, ladrona de jamones, y un fiscal. En la segunda versión el fiscal explica que tiene gran interés de estudiar a la gitana para ver si su carácter criminal se debe a la genética o a su cultura.
Esta historia de etiquetamiento y criminalización, y su pervivencia hasta nuestros días, tiene consecuencias importantes, tanto sobre la forma en que perciben el mundo los gitanos y las gitanas, como sobre la actuación del resto de la sociedad hacia ellos y ellas. Aunque se puede argumentar que se ha mejorado mucho desde épocas anteriores, es preciso realizar dos consideraciones. La primera que los procesos descritos siguen operando y la segunda que los efectos de la persecución histórica no se borran en tan pocos años, por mucho que haya un reconocimiento formal, de igualdad de todos los ciudadanos y ciudadanas ante la ley. Algunos de los rasgos de la comunidad gitana, son un claro reflejo de los mecanismos de supervivencia o resistencia que han tenido que esgrimir a lo largo de la historia de la persecución y criminalización. La débil expresión de las reivindicaciones colectivas de la comunidad gitana, se debe en parte, a estas presiones. La población gitana casi nunca se organizó para reivindicar conjuntamente mejoras o la defensa de sus derechos colectivos frente al poder. Esta falta de organización permitió que la población gitana nunca fuera vista como una amenaza suficientemente grande como para hacer necesario llevar a cabo la, muchas veces propuesta, orden de exterminio o expulsión. Y a la vez la no-organización colectiva hacía aún más importantes y fuertes los lazos de solidaridad y mutuo apoyo, derivados del patrigrupo. Por otro lado, el poder payo y sus leyes, a menudo han tenido poca legitimación entre la comunidad gitana, ya que la ausencia de protección de los derechos de los gitanos y las gitanas, era totalmente visible. Al contrario, el poder represivo del Estado fue empleado sistemáticamente y de una manera arbitraria contra ellos. Frente a esta falta de legitimación de las instituciones del Estado, se refuerza aún más la necesidad de desarrollar mecanismos propios de mediación de conflictos y de control social, que a veces pueden estar en contradicción con el sistema payo (13) . Una institución que ha ejercido un papel importante a la hora de definir y determinar las normas y códigos de conducta aceptables en este país, es la Iglesia Católica, aún más en la España franquista, donde la Iglesia funcionaba en la vida diaria en estrecha relación con el aparato del Estado. La integración en la Iglesia católica, de una parte de la comunidad gitana, nunca fue plena, y para muchos no suponía un vehículo con legitimidad para definir los comportamientos no aceptables. Una muestra de esta falta de legitimidad la encontramos en el fenómeno reciente de la iglesia evangélica, que agrupa a un porcentaje importante de población gitana. Aunque se han mejorado las garantías de sus derechos básicos y se han reducido los abusos de la autoridad, no es de extrañar el poso de desconfianza hacia las instituciones payas, que sienten muchos gitanos y gitanas. A través de los recuerdos de muchos gitanos mayores, sigue estando muy presente el paso por los cuartillos de la Guardia Civil cada vez que había un robo en la localidad, con la paliza de rigor. Palizas y expulsión, que servían también como alternativa a la cárcel en muchos casos. Aunque hoy día el mensaje de gitano-criminal es mucho menos explícito, esta identificación siguen viviéndola a diario la mayoría de los gitanos y las gitanas. Incluso, ya entrada la democracia, siguen apareciendo manifestaciones criminalizadoras por parte de la Administración hacia la población gitana, como muestra un fragmento del Documento del Servicio de Asistencia Administrativa y Población de la Secretaría General de Política Interior, del año 1986, citado en la publicación Los Gitanos ante la Ley y la Administración, ed. Presencia Gitana, 1991: (14)
En el discurso de las gitanas encuestadas, resulta constante la descripción de la vigilancia y la "sospecha" sistemática a la que están sometidas a la hora de entrar en un comercio, por ejemplo, así como las muestras de rechazo que comunican muchas personas cuando se encuentran jóvenes gitanos o gitanas por la calle. Una institución que en los últimos años ha tenido contacto con una franja importante de la población gitana, la de asistencia social, contiene manifestaciones y actitudes de control y vigilancia, que refuerzan el estereotipo de los gitanos como personas de poca confianza, lo que les devuelve a ellos, a su vez, la identificación de institución paya, con mecanismo de represión. La persistencia de mecanismos discriminatorios muy arraigados, el etiquetamiento criminal y el legado de deslegitimación y desconfianza hacia las leyes y la Justicia del Estado, contribuyen a crear un excelente caldo de cultivo para la falta de respeto de una legalidad, vista como "perseguidora", aún más cuando se están debilitando, en muchos sectores gitanos, los mecanismos tradicionales de gestión de los conflictos o las actividades que contravienen las normas o ponen en peligro al grupo, en el caso de actividades que pueden provocar una reacción por parte del conjunto de la sociedad hacia este colectivo.
Rechazar profunda y sistemáticamente a un colectivo y a continuación, culparlo de todos sus fracasos, que en gran medida son producto del proceso de exclusión, es una dinámica que se repite constantemente en relación con grupos étnicos o minoritarios, por parte de las sociedades dominantes. Incluso es frecuente (y sospechoso) que coincidan las mismas descripciones y adjetivos sobre las supuestas inferioridades del grupo subordinado y, que resulte muy habitual destacar la naturaleza criminal de los colectivos dominados, ya sean indios de los EEUU, argelinos en Francia, chechenos en Rusia o irlandeses en Gran Bretaña. Tachar a un colectivo de criminal, y tratarlo como tal, es una garantía para enquistar procesos de conflicto y rechazo mutuo, que pueden tardar generaciones en eliminarse. Algunos datos de otros países A lo largo de nuestro trabajo hemos contactado con diversos organismos internacionales para conocer si existen procesos parecidos de criminalización hacia la población gitana en otros países. La vulneración de los Derechos Humanos de los gitanos y gitanas de los países del Este, en todos los ámbitos, es un tema reconocido. Sin embargo, se ignora la existencia de procesos de discriminación penal en los países más industrializados. La Unión Socio-Educativa Tzigane d´Aquitaine, en Francia, nos informa que cree que existe en su país una situación similar a la española respecto a las mujeres gitanas: "No tenemos datos de las cárceles francesas, pero sí sabemos que hay sobrerepresentación en el ámbito local de mujeres gitanas encarceladas, y que no existen programas de reinserción o alternativas a la cárcel para ellas". Los gitanos ingleses, todavía mayoritariamente itinerantes, tienen importantes conflictos a raíz de las limitaciones de su derecho a acampar en terrenos municipales. En una ponencia de Eleanor Gordon en 1995, "The Nomadic Scapegoat", se indica que "el ´targeting´ policial hace que los gitanos y las gitanas figuren más en las estadísticas delictivas y así legitimar una vigilancia policial aún más intensa. Los jueces reflejan y responden a la ‘alarma social’ e imponen castigos ejemplares, y son más proclives a denegar la libertad provisional, al pensar que los gitanos y gitanas nómadas huirán". Incluso la pequeña comunidad gitana de los EEUU recibe vigilancia especial por parte de la policía. Terry Getsay, jefe del Proyecto "Actividad Gitana" de la policía de Illinois dice: "La única medida de respeto para una mujer gitana se basa en su capacidad como ladrona". Y en el estado de Nueva Jersey, hubo que esperar al año 1998 para que se derogara la ultima ley que contemplaba vigilancia especial sobre la población gitana. 9.
Sobre este acontecimiento, ver la obra La Gran Redada, de Antonio Gómez
Alfaro. 10.
Ver los trabajos de Angus Fraser, The Gypsies, publicado en 1994 o de
Ian Hancock, The pariah syndrome, 1997, para un análisis de la criminalización
de los gitanos y gitanas en Europa y América. Es interesante ver lo
habitual que resulta este fenómeno en todos los países, que lleva a
la gente a afirmar que el estereotipo "por algo será", es decir, que
seguramente tenga alguna base real. Sin embargo, estas mismas personas
nunca afirmarían que el antisemitismo, que tomaba formas muy parecidas
en los diversos países del mundo es el resultado de las propias actitudes
de los judíos. 11.
La incidencia de los medios de comunicación de masas en el fortalecimiento
de los citados estereotipos, ha sido puesta de manifiesto por La Asociación
Unión Romaní en ¿Periodistas contra el racismo? La prensa española ante
el pueblo gitano durante 1995 y 1996, y su continuación sobre la prensa
del año 1997 y en Margen y periferia. Representaciones ideológicas de
los conflictos urbanos entre payos y gitanos. Mª Luisa López Varas y
Gonzalo Fresnillo Pato, editado por el Secretariado General Gitano en
1995. 12.
Alfonso Serrano y Fernández D. : El Delincuente español. Ed. Instituto
de Criminología de la UCM. 1978. 13.
La falta de confianza en las instituciones payas, también explica en
parte, la menor tendencia de la población gitana a acumular patrimonio.
Aún existen hoy día, entre ciertos sectores de la comunidad gitana,
sistemas tradicionales de ahorro, basados en la compra de oro y coches,
dos bienes móviles y de fácil convertibilidad. 14.
Ser políticamente correcto a veces es muy loable y puede ayudar a debilitar
el uso de conceptos y palabras con contenido insultante o discriminatorio.
Sin embargo, a veces sucede que el efecto de dejar de verbalizar ideas
es que lo nos permite fingir que ya no operan. Es difícil, hoy día,
encontrar manifestaciones tan explícitas por parte de la Administración,
lo que no quiere decir que tales actitudes ya no existan, y que no haya
decisiones influidas por ellas. |
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de febrero de 2000