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La sobrerepresentación de las gitanas en las cárceles
españolas, lejos de ser un problema que afecta específicamente
a este colectivo de mujeres, es la punta de iceberg de una serie de dificultades
y fracasos sociales con una gran transcendencia para el conjunto de nuestra
sociedad.
Algunas de las cuestiones que subyacen bajo la problemática
específica de estas gitanas frente al sistema penal y penitenciario
son las siguientes:
- La profunda discriminación de la comunidad gitana en nuestra
sociedad, estrechamente ligada a las dificultades que existen en la
misma para afrontar el reto de la multiculturalidad.
- La prioridad que se da al sistema penal para gestionar problemas
sociales con raíces profundas, a pesar de sus limitaciones y
fracasos.
- La escasa atención y asignación de recursos para los
mecanismos de gestión de los conflictos de tipo preventivo o
conciliador, los cuales tienen un menor coste emocional y económico.
- Los obstáculos cada vez más presentes en nuestra sociedad
a la hora de afrontar la exclusión social y, específicamente,
la feminización de la pobreza.
Nos
encontramos, por lo tanto, ante un problema social complejo y con hondas
raíces, ante el cual es necesario ofrecer líneas de actuación
y alternativas de gran envergadura y este es el objeto de este apartado.
Algunas de las acciones planteadas son de fácil
implantación, otras requieren tiempo y esfuerzo para recoger los
frutos. Hemos querido aglutinar un gran número de propuestas que,
desde diferentes frentes, sirvan para frenar la espiral de exclusión,
criminalización y cárcel que sufren muchas gitanas.
El Proyecto BARAÑÍ aporta de forma prioritaria
alternativas y acciones para evitar, antes aún que la cárcel,
la exclusión y criminalización de las gitanas. En general,
consideramos que las estrategias represivas atienden a acciones aisladas
y no a sus orígenes. Por ello, para ofrecer alternativas preventivas
y conciliadoras, que consideramos son más eficaces y menos violentas,
hemos querido conocer primero las causas de los procesos de criminalización
de las mujeres gitanas.
Estamos hablando de iniciar procesos que requieren mucho
tiempo, dedicación y coraje para que puedan dar frutos, pero estos
frutos no sólo vendrán a mejorar la situación de
las gitanas, sino que redundarán en beneficio de toda la sociedad.
Recomendaciones, ¿para quién?
No hay gitanos ni gitanas en nuestro equipo, y desde
el principio hemos intentado tener cuidado de no actuar como sus portavoces.
En otros capítulos de nuestro Informe comentamos
que uno de los rasgos que ha acompañado a la comunidad gitana a
lo largo de su historia, ha sido la falta de oportunidades para expresar
en voz propia su visión sobre su presente y sus expectativas de
futuro, así como los medios para alcanzarlas.
Sólo recientemente han podido desarrollar sus
propias organizaciones y medios para decidir y comunicar cuál puede
ser su futuro o sus futuros. Sin embargo estas voces continúan
siendo débiles, y fuertes siguen siendo las resistencias a escucharlas
por parte de la sociedad paya. En nuestra sociedad prima un discurso que
en nada ayuda a la libertad de la comunidad gitana, el cual pretende explicar
desde fuera y a base tópicos, quiénes son los gitanos y
gitanas y qué deberían hacer ellos y ellas para mejorar
su situación.
Hemos intentado evitar este discurso y, con este fin,
planteamos algunas cuestiones. En primer lugar, queremos recordar que
la comunidad gitana es diversa, variada y heterogénea, aunque posea
algunos rasgos de identidad colectiva. No tener presente este hecho hace
que, desde la sociedad paya, se construya un discurso sobre "lo gitano"
cargado de estereotipos, que lleva a una descripción tremendamente
simplista y plana, cuando no completamente equivocada, de su realidad.
En segundo lugar, tras abordar en profundidad las causas
de los procesos de criminalización de las gitanas, hemos llegado
a la convicción de que las recomendaciones y alternativas deben
tener como destinataria fundamental a la sociedad paya con sus
instituciones y discursos y no a la comunidad gitana.
Hemos podido observar que en nuestra sociedad muchos
de los discursos sobre los problemas a los que se enfrenta la comunidad
gitana, (que a veces tienen un contenido implícito de que esta
comunidad es un problema en sí misma) consisten en explicar lo
que ésta "tiene que hacer", así como los cambios
que debe realizar en su forma de ser y de organizarse. Ello con una insistente
atención hacia lo que les falta: "educación", "cultura",
"deseos de integrarse", "formación", "buenos hábitos de
consumo", "habilidades sociales y de convivencia"...
En este tipo de discurso subyace una visión que
considera a la comunidad gitana, por un lado, deficiente, incompleta,
fracasada, y por otro lado, sitúa la responsabilidad de sus problemas
básicamente en sus deficiencias, obviando los poderosos obstáculos
y procesos de exclusión que se les imponen desde nuestra sociedad.
Por último, este enfoque presupone negar la capacidad de la comunidad
gitana de poder articular, proponer, expresar y gestionar las soluciones
a sus propios problemas.
Esta capacidad de autodeterminación, que no puede
ser sustituida por una política pública o por actitudes
sociales más tolerantes por muy benévolas que éstas
sean, puede ser obstaculizada o, por el contrario, animada y apoya.
La intención de animar formas de acción
y expresión de la comunidad gitana en nuestra sociedad es lo que
nos ha llevado a hacer hincapié en las recomendaciones, propuestas
y reflexiones desarrolladas por diversas asociaciones y personas del colectivo
gitano. Además, a lo lago del presente documento, insistimos en
que las acciones que proponemos han de contar con la participación
y el protagonismo de estas organizaciones y personas.
Las recomendaciones destinadas a erradicar la exclusión
y discriminación de la comunidad gitana se dirigen a distintos
frentes que están interrelacionados entre sí. Evitar la
discriminación laboral de esta comunidad, potenciar la dignificación
de sus oficios tradicionales, transformar la imagen distorsionada y negativa
sobre su realidad, que ofrecen muchos medios de comunicación, o
reducir la discriminación que sufren en el sistema penal, son algunas
de las líneas de actuación presentadas.
Esperamos que estas recomendaciones no sólo sirvan
para mejorar la situación de las gitanas reclusas y evitar así
su creciente criminalización, sino que ayuden al conjunto de la
comunidad gitana, así como a otros colectivos que se enfrentan
a problemas de discriminación, exclusión y cárcel.
Uno de los indicadores más significativos para
medir la salud de una sociedad es el trato que reciben sus miembros más
desfavorecidos. Las recomendaciones que presentamos están orientadas
a paliar la exclusión y criminalización de uno de los colectivos
más desfavorecidos y pensamos que su aplicación ayudaría
al conjunto de la sociedad a reconocer sus mecanismos de discriminación
e intolerancia y a aprender nuevos caminos para una convivencia multicultural.
Como se verá más adelante, muchas de las
propuestas han surgido sencillamente de reconocer algunos valores y cualidades
de la cultura gitana, que no sólo pueden encajar perfectamente
en nuestra sociedad, sino que pueden ser un modelo para el aprendizaje
de valores hoy día muy en alza.
Como ejemplo de lo que venimos diciendo están
la solidaridad familiar, el apoyo a las y los miembros de su comunidad
con problemas, la flexibilidad y adaptabilidad en el trabajo o los mecanismos
de mediación ante cierto tipo de conflictos.
Sin embargo, queremos aclarar que, junto al reconocimiento
de dichas cualidades, hemos huido de falsas dicotomías del tipo
"la buena gente gitana víctima de la maldad de payos y payas",
así como de idealizar a la comunidad gitana. Tampoco al tratar
la criminalización hemos querido establecer este tipo de dicotomías
(las gitanas, víctimas de un sistema injusto), que supondrían
una simplificación y no ayudarían a resolver el problema.
Tanto individuos como colectivos tienen que asumir la responsabilidad
de sus acciones, pero pensamos que la capacidad de hacerlo puede verse
apoyada u obstaculizada por el resto de individuos e instituciones de
la sociedad.
A lo largo de nuestra investigación hemos percibido
una falta importante de reconocimiento, por parte de un sector mayoritario
de nuestra sociedad, de la discriminación y los prejuicios que
existen hacia la comunidad gitana. Sin embargo, este reconocimiento es
fundamental para poder proponer cualquier iniciativa de cambio. Sin minimizar
la gravedad del racismo más explícito y agresivo, debemos
afrontar los graves efectos que tienen las actitudes más sutiles
de rechazo y discriminación hacia la población gitana, tremendamente
extendidas.
Para concluir este apartado y entrar sin más preámbulo
a exponer los distintos bloques de recomendaciones, hemos querido citar
un fragmento de las recomendaciones contenidas en el Manifiesto sobre
la realidad de la comunidad gitana del Defensor del Pueblo, de 4 de Marzo
de 1999:
1. Que tanto las instituciones públicas como las organizaciones
sociales promuevan iniciativas para estimular actitudes de concordia
y convivencia. Éstas son imprescindibles para que la reparación
de injusticias históricas cometidas contra determinados pueblos
y etnias supere las formaciones retóricas y se concrete en realidades
tangibles.
2. Que se hagan los esfuerzos necesarios para compensar los déficits
estructurales que afectan a la educación, al trabajo, a la vivienda,
a la salud. Sin la consecución de estas condiciones mínimas
para una supervivencia digna difícilmente se podrán ofrecer
horizontes más ambiciosos de mestizaje y multiculturalidad"
Recomendaciones y líneas de acción
Este apartado de "recomendaciones y líneas
de acción" comienza con un bloque de propuestas genéricas
sobre la relación entre la comunidad gitana y el resto de la sociedad,
en el que se plantean iniciativas destinadas a fomentar el encuentro entre
las culturas paya y gitana y a erradicar la discriminación de la
población gitana.
En segundo lugar, se plantea un bloque de propuestas
dirigidas a reducir prácticas discriminatorias y selectivas en
el sistema penal. Dentro de este apartado se proponen, por un lado, iniciativas
de estudio, formación y concienciación de quienes operan
en el campo jurídico y, por otro, iniciativas de mejora de las
garantías procesales y de conocimiento de sus derechos, por parte
de la población gitana.
En tercer lugar, hemos querido plantear una reflexión
sobre las alternativas a la cárcel, aportando algunas propuestas
que podrían ser aplicadas a gran parte de la población condenada.
Para concluir este punto hemos planteado dos bloques de propuestas para
la mejora de la situación de estas mujeres en el medio penitenciario,
así como en la fase post-penitenciaria.
La mayoría de las propuestas incluidas en los
dos últimos bloques serían extensibles a la generalidad
de las personas criminalizadas y/o reclusas.
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