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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas |
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| 4. Recomendaciones y líneas de acción . | |
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4.1
las gitanas en la sociedad. |
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| Cap 4. Recomendaciones y líneas de acción |
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| 4.4 Mujeres gitanas en la cárcel |
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Recientemente, dos estudios han detallado la situación actual y las deficiencias en las cárceles españolas (13). A ellos nos remitimos para cuestiones que afectan al conjunto de las personas presas y, desde luego, consideramos primordial que sus críticas y recomendaciones sean tomadas en consideración y sirvan para impulsar cambios destinados a mejorar la situación de los reclusos y reclusas. La realización de informes e investigaciones en el medio penitenciario presenta muchas más dificultades que en otros ámbitos, razón por la cual es muy importante aprovechar los resultados obtenidos en dichas investigaciones, para conocer una realidad olvidada e invisible y discutir propuestas de cambio.
Tras la remisión hecha a las recomendaciones existentes en los trabajos citados, para cuestiones más generales, las líneas de actuación relativas a la situación de las mujeres gitanas en la cárcel se estructuran del siguiente modo. En primer lugar, haremos referencia a recomendaciones de tipo regimental, en segundo lugar, proponemos medidas de formación sobre la cultura gitana para el personal que trabaja en el medio carcelario, así como iniciativas de formación profesional y educativa para las reclusas gitanas. Por último, además de hacer referencia a la necesidad del apoyo post-penitenciario, dedicamos un apartado a proponer la modificación de aspectos concretos que actualmente suponen una vulneración de los derechos de las reclusas.
Como se ha comentado a lo largo de este Informe, la condena media de las reclusas gitanas encuestadas, es de unos 7 años de prisión. Estas largas condenas, si se cumplen íntegramente en el medio penitenciario, pueden producir efectos muy nocivos para la persona (y para los familiares) como el desarraigo o, incluso, la ruptura de vínculos familiares, la desestructuración personal y la pérdida de referencias fuera de la cárcel. Por ello, es preciso arbitrar medidas específicas destinadas a las reclusas gitanas, con el objetivo de adelantar su contacto con el medio extrapenitenciario a través de programas de semilibertad. Estos programas permitirían a las mujeres gitanas cumplir buena parte de la condena en un medio más "normalizado" y menos estigmatizante que la prisión. Se trataría de establecer convenios con organizaciones sociales que posean pisos tutelados, y permitir, principalmente a las mujeres con largas condenas, que una parte importante de la misma las cumplan en estos centros. Existen algunas iniciativas muy positivas de pisos tutelados en combinación con proyectos de formación y empleo. Sería muy importante extender este tipo de iniciativas, mucho más económicas que el mantenimiento de una persona presa en un centro penitenciario. Como ejemplo, el Proyecto Arco Iris en Madrid para reclusas en tercer grado combina un piso tutelado y una empresa de reprografía. En los más de cinco años que lleva funcionando este proyecto ha obtenido resultados muy destacables en el ámbito de la inserción sociolaboral de las reclusas. Para realizar estos proyectos es preciso que las reclusas sean ubicadas en cárceles próximas a su lugar de residencia, una reivindicación por otro lado básica desde un punto vista humanitario.
Otra línea de recomendaciones, en cierto modo vinculada a la anterior, es la que hace referencia al régimen de vida y al tipo de establecimiento que alberga a las mujeres gitanas durante su larga condena. En nuestro país, cada vez son más los nuevos centros penitenciarios construidos siguiendo el prototipo de macro-centro elaborado en 1991. Hoy día podemos decir que la mayoría de las cárceles pequeñas y antiguas han sido sustituidas por establecimientos grandes y modernos. Este cambio, que en principio podría parecer inocuo, ha despertado críticas, no sólo entre las reclusas que prefieren los antiguos centros donde el contacto con el personal era mayor y existía mayor "libertad de movimiento", sino también entre los funcionarios y funcionarias. En general, los nuevos centros penitenciarios están siendo creados en función de la seguridad y la vigilancia sin tener en cuenta la escala humana, lo que ha supuesto un retroceso en la configuración de un espacio carcelario menos opresivo tanto para los presos y presas como para el personal que allí trabaja. Un ejemplo de esta comparación es la opinión de las reclusas de Madrid, para quienes la cárcel de Soto del Real resulta mucho más dura que la más antigua y reducida de Alcalá Meco-Mujeres o incluso el ya cerrado módulo de mujeres de Carabanchel. La mayoría de las reclusas y los reclusos no plantean problemas de agresividad y violencia. En el caso de las reclusas gitanas esto se refleja, entre otras cosas, en el tipo de delito por el cual están en la cárcel. Sin embargo, el tipo de establecimiento actualmente generalizado prevé unas medidas de seguridad excesivas. Sería recomendable diseñar otro tipo de establecimiento más pequeño y menos opresor. En algunos países de nuestro entorno existen distintos tipos de establecimientos penitenciarios. En la mayoría de ellos, la modalidad de macrocentro que se está imponiendo en España, corresponde al centro de máxima seguridad. A la vista de estas experiencias, sería interesante explorar en nuestro país, modelos penitenciarios de "mínima seguridad", menos opresores y mucho más económicos. Esta experiencia podría comenzar con las mujeres reclusas ya que, en general, no representan problemas de seguridad, ni de intento de fuga, ni de violencia contra funcionarias ni contra otras reclusas.
A pesar de la estrecha "convivencia" que mantienen las funcionarias y funcionarios con las reclusas gitanas, se ha detectado por su parte el mismo desconocimiento sobre la realidad gitana que en el resto de la sociedad. Este desconocimiento reviste gran transcendencia en el caso de los y las profesionales de los equipos de tratamiento, ya que son quienes se encargar de elaborar pronósticos, evaluaciones y propuestas de cara a la progresión de grado, permisos o libertad condicional. Esta labor, que introduce una importante cuota de valoración subjetiva, precisa de un amplio conocimiento sobre las especificidades culturales de las gitanas para que éstas no resulten perjudicadas. Los conceptos de normalización, integración y reinserción dejan un margen muy importante de discrecionalidad influido por juicios de valor culturales. Esta es la razón por la que resulta fundamental que estos y estas profesionales tengan amplios conocimientos sobre los valores y la cultura de las gitanas. Para ello se propone la realización de cursos de formación sobre su historia, economía, modo de vida y heterogeneidad, dentro de su comunidad. Recurrir a las asociaciones gitanas para la organización de este tipo de cursos de formación, sería la mejor opción.
Si se quiere garantizar un mínimo de éxito en el trabajo de preparación de las reclusas gitanas para la libertad, es preciso reconocer que su vida en libertad es muy distinta a la de otras reclusas. Por ello, es preciso partir del conocimiento sobre sus condiciones para orientar programas de preparación para la vida en libertad. La labor de identificar las necesidades de las reclusas gitanas, para posteriormente establecer programas específicos, ha sido iniciada por la Dirección de Servicios Penitenciarios de Cataluña. Teniendo en cuenta el gran número de gitanas que están presas en las cárceles del resto del Estado, esta iniciativa debería ser adoptada por el conjunto de cárceles españolas con presencia de reclusas gitanas. Un ejemplo de este tipo de programas específicos de intervención con reclusas gitanas, es el realizado por el Secretariado General Gitano actualmente en las cárceles de Soto del Real (Madrid) y Villanubla (Valladolid). Este programa posee, desde cursillos, baile o una "Escuela de Mujeres", hasta acompañamiento y apoyo específico durante permisos o tercer grado. Dicho programa debería también ser ampliado al resto de las cárceles que albergan reclusas gitanas. Otra iniciativa interesante en este sentido es el Proyecto Caló, coordinado por CREA y realizado con el apoyo de la Dirección General de Serveis Penitenciaris de Catalunya, que supone un trabajo intensivo con reclusos y reclusas gitanas para identificar sus necesidades, con vistas a su futura participación en un taller-escuela una vez conseguido el tercer grado. Las dificultades de este proyecto radican en la falta de coordinación entre la Direcció General y los jueces y juezas de vigilancia penitenciaria a la hora de conceder el tercer grado a los y las jóvenes participantes en el proyecto. Otros programas específicos orientados a reclusas gitanas, serían los desarrollados por Unión Romaní en la cárcel de Alcalá de Guadaira (Sevilla) y por la Asociación de Mujeres Gitanas Romí de Granada en la cárcel de Granada. Existen, además, actividades culturales esporádicas promovidas por otras Asociaciones Gitanas. La participación de las Asociaciones Gitanas, particularmente de Asociaciones de Mujeres Gitanas, en el trabajo de apoyo y educación para las reclusas resulta fundamental. En suma, para que la labor de inserción de las reclusas gitanas sea real y efectiva deberían detectarse, en primer lugar, las necesidades específicas de estas mujeres para establecer programas orientados a cubrirlas. La colaboración de las organizaciones gitanas es una garantía en este sentido. En las encuestas realizadas se ha detectado una importante carencia de actividades en las cárceles de mujeres y la falta de continuidad de muchas iniciativas. Por otra parte, las reclusas revelaban una gran demanda de talleres productivos. Los exiguos ingresos que proporcionan este tipo de talleres son una importante ayuda para las precarias economías de muchas reclusas gitanas.
A lo largo de nuestro trabajo hemos podido visitar los módulos de madres de tres cárceles españolas y entrevistar a reclusas embarazadas y a madres que cumplen condena con su/s bebés. El hecho de que más de 150 niños y niñas vivan con sus madres en la cárcel o que se esté encarcelando (incluso de forma preventiva) a mujeres embarazadas, pone de manifiesto las gravísimas y desproporcionadas consecuencias que trae consigo la imposición de penas de cárcel. Cuando a una madre se la separa de su hijo de 3 años porque tiene que permanecer presa, cuesta creer que la finalidad del sistema punitivo vaya más allá del mero castigo. La Resolución del Parlamento Europeo de 26 mayo 1989 (D.O.C.E 26-6-89) sobre mujeres y niños encarcelados, supuso una clarísima llamada de atención a los Estados sobre los nocivos efectos de la cárcel en las personas en general y, en particular, sobre los menores. La resolución citada "insta a los Estados miembros a que, con carácter de urgencia, investiguen y apliquen medidas de sustitución de la pena de prisión". Nuestras propuestas van precisamente en esa dirección. Creemos que resulta esencial destinar fondos a crear programas de semilibertad y de apoyo real a la inserción social no de un pequeño número sino de todas las reclusas madres. La separación a los 3 años de edad, no beneficia ni a las reclusas ni a sus hijas e hijos. Se ha de encontrar una manera de afrontar el problema, no desde el conflicto de intereses (que en el fondo no es tal) entre la madre y el hijo, sino desde la toma en consideración de las consecuencias que puede acarrear la separación del núcleo familiar, a raíz de la imposición de una pena de cárcel.
Proyectos orientados al trabajo con familiares de las presas es otra área a explorar teniendo en cuenta la gran importancia de la estructura familiar dentro de la cultura gitana.
El apoyo a la salida de la cárcel es una pieza esencial para romper la espiral de criminalización. Sin embargo, actualmente, este ámbito está absolutamente descuidado, siendo la única medida visible la concesión de la prestación por desempleo a quienes salen de la cárcel. La importancia de la intervención en este momento, de desarraigo personal y dificultad de inserción laboral, debe ser puesta de relieve y, en consecuencia, deberían destinarse muchos más recursos al acompañamiento post-penitencario.
13. El estudio
Mil voces presas realizado por Julián Ríos y Pedro Cabrera y publicado
en 1998 y el Informe sobre la situación de las cárceles españolas de la
Asociación Pro-Derechos Humanos publicado en 1999, describen las deficiencias
de un panorama penitenciario con más "sombras que luces". |
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de febrero de 2000