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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas
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Cap 3. Estudio sociológico "Mujeres gitanas y sistema penal"

introducción

1.Objeto de la investigación.

El objeto de este estudio es conocer y desvelar aquellos aspectos que explican e inciden en la criminalización de las gitanas en el Estado español. Nuestra intención era dibujar un mapa explicativo del proceso que lleva a criminalizar a determinadas gitanas y, como consecuencia y con mucha frecuencia, las conduce a prisión.

Se trata de una realidad que está teñida de tópicos que dificultan su comprensión, por lo que intentamos acercarnos a la misma despojándonos de ideas preconcebidas y profundizando en el origen de algunos de estos tópicos, lo que nos ha permitido reconocer situaciones con las que no contábamos.

Estos tópicos a los que nos referimos tienen que ver con el hecho de que las gitanas forman parte de una etnia con la que la cultura paya ha establecido una relación desigual; tienen que ver, así mismo, con el hecho de que la definición de lo delictivo y lo no delictivo se ha hecho históricamente desde el sosteniendo de una estructura de poder en la que las personas más desfavorecidas tienen más probabilidades de ser consideradas delincuentes; y, finalmente, tienen que ver también con que estamos refiriéndonos a un colectivo de mujeres cuya realidad, deseos e intereses, tanto fuera como dentro de su propia etnia, no han tenido gran eco ni reconocimiento social y que, tradicionalmente, han sido analizados o definidos desde la experiencia masculina y paya.

De ahí que nos pareciera necesario prestar mucha atención a qué se quería decir cuando se hablaba de lo gitano o de lo payo, también cuando se hacía mención a la figura del o de la delincuente, y así mismo qué de cierto había cuando oíamos hablar sobre las diferentes formas de sometimiento de las gitanas.

La complejidad misma de nuestro objeto de estudio, la criminalización de mujeres de una etnia minoritaria, nos llevó a adentrarnos también en la complejidad de conceptos como marginación, exclusión, integración o discriminación, que hemos ido definiendo de acuerdo a las necesidades del estudio y que fueron cobrando un sentido u otro en función de donde colocábamos nuestra mirada, desde lo payo o lo gitano, desde la experiencia femenina o masculina.

Es significativo el hecho de que gran parte de las gitanas criminalizadas no están marginadas por su propia cultura, de hecho suelen estar muy arropadas y apoyadas por sus familiares, lo que no es tan frecuente entre las presas payas. Con lo cual, hablar de marginación o exclusión de este colectivo debe contemplar este rasgo.

Así mismo, algunos aspectos propios de la cultura gitana refuerzan y se expresan en diversas situaciones de subordinación femenina, aunque también hemos podido observar que, junto a un evidente machismo, se da un gran valor y reconocimiento al trabajo de las mujeres. Lo que nos lleva a pensar que la criminalización de las gitanas supone un gran sufrimiento y pérdida de bienestar para sus familias.

Son todas estas cuestiones que hemos optado por dejar abiertas, conscientes de que su complejidad no se acaba en este estudio; las hemos ido desarrollando de acuerdo con nuestras necesidades analíticas en diferentes apartados de este documento, con el deseo de que el propio lector o lectora reflexione sobre ellas y continúe con la labor de interpretarlas.

Al margen de estas dificultades conceptuales, o quizás por ese mismo tipo de dificultad, nos hemos encontrado con carencias de tipo operativo, siendo la primera de ellas y la más evidente la falta de datos sobre los colectivos gitanos en nuestro país. La falta de censos, de información sobre sus prácticas, costumbres, acceso a recursos, encarcelación, etc, se explica por parte de la administraciónes por la intención de no discriminarlos, evitando hacer ninguna distinción entre etnias en sus estadísticas y datos. Sin embargo, hemos podido constatar que esto supone también ocultar las diferencias y las desigualdades, lo que puede ir en contra de ese mismo deseo, ya que para no discriminar es necesario establecer una relación sana con las diferencias y corregir las desigualdades, y el primer paso es conocerlas.

Ante este punto de partida, optamos por empezar nuestro mapa dibujando el perfil de las gitanas encarceladas. Algunos centros penitenciarios accedieron a hacer un recuento de este colectivo y nos facilitaron el número de gitanas presas. Así mismo, realizamos una amplia encuesta cuyo objetivo primero era saber quiénes son las gitanas internas, cuál es su situación socioeconómica y penitenciaria. Para el diseño de dicha encuesta nos entrevistamos con personas que trabajan directamente con este colectivo para que nos dieran información sobre el lenguaje, temas y ítems que deberíamos utilizar u obviar, a la vez que íbamos leyendo y releyendo algún material relativo a esta realidad.

Con todo, a medida que avanzábamos en nuestro estudio, nos dimos cuenta de que no habíamos evitado una serie de errores que hicieron que parte de la información rescatada a través de la encuesta no fuera suficiente o que se nos quedara fuera información interesante sin cabida en los ítems planteados. Así, por ejemplo, pudimos ver que las gitanas ejercen un abanico de profesiones más amplio de lo que teníamos previsto, que su tendencia al nomadismo es un tópico que no refleja la realidad, que no les resulta tan difícil hablar sobre su sexualidad y que su dependencia de sus maridos, aunque alta, no era la explicación fundamental por la que llegaron a robar, "trapichear" con drogas, etc.

De todos modos, la información obtenida a través de esta técnica fue muy rica, no sólo a nivel estadístico, sino también porque el trabajo de campo fue realizado por el propio equipo de sociólogas, lo que nos permitió entrar en conexión con la realidad carcelaria, con las opiniones que se fueron dando de forma espontánea y a través de las cuales las mujeres reclusas mostraban aspectos de su cultura, su historia y sus necesidades.

Junto a estas encuestas, hicimos una serie de entrevistas abiertas a gitanas en prisión y a algunas ex-presidiarias que constituyen el grueso de nuestro trabajo de campo y a través de las cuales quisimos conocer su visión de su situación y de su historia, evitando así estudiarlas como delincuentes, Y, además, nos trazamos como uno de nuestros objetivos conocer y dar a conocer en primera persona las historias de estas protagonistas, historias diversas que muestran una realidad dura pero más rica de lo que vislumbran gran parte de los medios de comunicación. En este sentido, nos parecía de interés que las voces gitanas tuvieran eco en nuestro estudio, ya que son pocos los resquicios de nuestro entorno donde pueden expresarse con libertad y autonomía.

Somos conscientes de que lo que ellas nos han contado ha estado filtrado por el propio escenario y por el hecho de que fuéramos profesionales payas. La cárcel no es un espacio que propicie hablar con libertad, y nuestra diferencia social y étnica ha estado marcada históricamente por la desconfianza y el engaño. Pensamos que, en gran parte, estas dificultades se han solventado al lograr que la gran mayoría de las gitanas con las que nos relacionamos confiaran en nosotras y entendieran nuestro cometido, aunque también sabemos que probablemente parte de la información dada esté distorsionada.

Pero, como es evidente, la criminalización de las gitanas es un proceso que no se explica sólo con la visión y la práctica de la comunidad gitana. Para completar nuestro mapa hicimos entrevistas abiertas a personas que por su trabajo o función tiene una relación más o menos directa con el recorrido que lleva a una gitana o a cualquier individuo a la cárcel. Buscábamos conocer cómo el lugar que cada cual ocupa en esta cadena afecta al discurso, conocimiento y valoración de esta realidad, con el fin de encajar las piezas de un puzzle complejo. De este modo entrevistamos a policías, abogados y abogadas, jueces y juezas, funcionarias y personal de tratamiento de prisiones. Ello nos permitió conocer el reverso de la moneda, constatando que a mayor relación con las gitanas como puede ser el caso del funcionariado o de policías, el discurso es más complejo y contradictorio, frente al discurso de jueces y juezas que es más compacto y abstracto, aunque también más conocido.

En este recorrido y por cuestiones de falta de tiempo y recursos hemos dejado de lado tres grandes bloques. Por un lado la ciudadanía, la opinión y la relación que establece con gitanos y gitanas la gente de a pie, así como el papel que juegan los medios de comunicación en el tratamiento de esta realidad, dos bloques que ya estaban recogidos y trabajados en otros estudios mencionados en este documento. Por otro lado, todo lo relacionado con los servicios sociales que operan al margen de la administración de justicia, bloque que por su importancia merece un estudio específico.

Por todo lo dicho, son muchos los aspectos que quedan abiertos o tratados de un modo incompleto en este estudio, y que para nosotros y nosotras ponen sobre la mesa la necesidad de seguir ahondando en esta línea de investigación, como mencionaremos en las conclusiones de este informe.

 

2. Estructura del informe.

La estructura de este documento intenta combinar de forma dinámica los dos puntos de vista esenciales, el de las propias mujeres que han vivido un proceso de criminalización, y el de aquellos agentes que se encuentran en relación con dicho proceso, lo conocen o participan en éste; y las dos técnicas empleadas, la encuesta y las entrevistas.

El primer capítulo ofrece una descripción general de la situación de las mujeres presas, desde un punto de vista más penal que social, intentando comparar los rasgos de este colectivo con los de otros colectivos estudiados en las pocas investigaciones existentes sobre la cárcel. El primer elemento es un recuento aproximado que nos permite conocer las dimensiones del problema que nos interesa, es decir el número de mujeres gitanas presas en el Estado español.

En segundo lugar, nos referimos a las condiciones objetivas de las mujeres gitanas encarceladas desde un punto de vista sociodemográfico, sus relaciones familiares, habitat y vivienda, estudios y situación económica. De nuevo, intentamos comparar estos datos con otros referentes a la población general y a la población gitana, cuando ello ha sido posible.

El tercer capítulo completa el dibujo esquemático que trazan los datos, con las trayectorias vitales de las mujeres gitanas presas. Se basa en seis entrevistas semiestructuradas, de una hora de duración como media, realizadas en las cárceles. Hemos dejado la voz de estas mujeres narrando su propia historia, lo que nos permite ver las similitudes y diferencias entre las biografías y opiniones, así como percibir la experiencia, cotidiana y terrible, de la cárcel y la forma en que afecta a las vidas de estas mujeres.

Para seguir describiendo lo que hemos concebido como un proceso, la serie de circunstancias y filtros por los que determinadas personas y grupos acaban en prisión, el capítulo 4 hace referencia a la percepción del proceso penal por parte de las gitanas encuestadas, tocando aspectos como la detención, el juicio, la defensa, pero también aspectos disciplinarios y penales de la cárcel misma, como los partes, los permisos, el grado, etc.

El capítulo cinco abarca aquellos aspectos de la encuesta que hacen referencia a las condiciones de vida en la cárcel y a su vivencia por parte de las mujeres gitanas. Contempla tanto los datos objetivos de la experiencia (cercanía del hogar, presencia de hijos, actividades propuestas, disciplina, relación con el equipo de tratamiento, etc.), como la visión subjetiva de la cotidianeidad de la cárcel y la percepción de las necesidades, alternativas y perspectivas de futuro.

El capítulo seis recoge y analiza los discursos de las mujeres gitanas en la cárcel. A través de las entrevistas semi estructuradas, las mismas que sirven para narrar las biografías del capítulo tres, nos acercamos a los discursos que permiten conocer, de manera más analítica, qué significa para estas mujeres ser gitanas, y cómo han vivido los cambios en sus familias y barrios, las dudas de la identidad, la vivencia de un presente y un futuro complejos.

En el capítulo siete, analizamos lo que hemos llamado "algunas cuestiones sobre la comunidad gitana", a partir del discurso de una serie de personas de la comunidad gitana. Deseábamos conocer su opinión sobre el proceso de criminalización, la introducción de la droga en los barrios, las relaciones entre la cultura gitana y paya (si tales cosas existen). No se trata de un estudio exhaustivo, ni siquiera extenso, sino solamente del análisis de una serie de voces en posiciones interesantes para nuestro estudio.

Los capítulos ocho y nueve recogen los discursos de dos colectivos que se encuentran en relación directa con el proceso descrito y con las mujeres gitanas presas. Forma parte de la investigación no sólo describir un fenómeno y sus causas, sino entender los mecanismos materiales e ideológicos, institucionales y sociales, que sostienen y hacen posible dicho fenómeno. Para ello, contemplamos la visión de aquellos funcionarios que trabajan directamente en la cárcel, tanto funcionarios de vigilancia como miembros del equipo de tratamiento o de la dirección, atrapados en la ambigüedad que caracteriza la cárcel como espacio social.

Por útlimo, entrevistamos a un grupo de "agentes institucionales", situados en diferentes posiciones interesantes para nuestro estudio, jueces, juezas, fiscales, abogados y abogadas y policías.

 

3. Metodología

1. La encuesta

Para conocer una realidad de la que no existen datos formales, la encuesta es un instrumento fundamental, pero limitado. Nos permite conocer los rasgos comunes de un colectivo apenas estudiado, como es el de las mujeres gitanas presas y analizar sus condiciones de vida en la cárcel y a la vez su opinión sobre esta viviencia. Al mismo tiempo, la falta de estadísticas similares, el desconocimiento inicial de la realidad de las mujeres gitanas, la dificultad de comparar los datos obtenidos, la limitación de la muestra, hace que muchas preguntas queden sin respuesta o más bien abiertas para futuros estudios.

El equipo investigador realizó el trabajo de campo entre los meses de Abril y Agosto de 1999, en doce cárceles. La selección de dichos centros respondió esencialmente a dos criterios: que la cárcel tuviera más de cien presas, y que hubiera un número significativo de gitanas, según informaciones previas. Se llevaron a cabo 292 encuestas con cuestionario, con la distribución por centros que a continuación citamos:

Tabla 1: Distribución de la encuesta Barañí por centros

Centros Penitenciarios

 

Número de mujeres gitanas encuestadas

Porcentaje

Soto del Real

25

8,6%

Madrid I

22

7,5%

Alcalá de Guadaira

51

17,5%

Sevilla II

11

3,8%

Topas

13

4,5%

Brieva

8

2,7%

Valencia

41

14%

Alhaurín de la Torre

21

7,2%

Albolote

36

12,3%

Teixeiro

27

9,2%

Wad Ras

10

3,4%

Brians

27

9,2%

Total

292

100%

 

Según nuestro recuento informal, cerca de 489 mujeres gitanas estaban presas en los quince centros más importantes en el momento de llevar a cabo el estudio. No podemos saber cuántas hay en las cárceles más pequeñas, pero suponemos que no pueden ser más de 1000, por lo que nuestra muestra representa casi un tercio del total. No estructuramos la muestra por centros, por considerar que no hay grandes diferencias en la situación de las mujeres presas según la prisión: el tipo de vida, las actividades, las relaciones pueden ser muy diferentes, pero nos interesaba esencialmente el perfil sociodemográfico y la situación penal de las mujeres, además de su vivencia de la experiencia carcelaria. Dichos rasgos no dependen tanto del centro, sobre todo teniendo en cuenta que muchas mujeres no cumplen condena en sus lugares de origen, sino que han sido trasladadas en varias ocasiones.

Como corresponde al objetivo de nuestra investigación, las encuestadas son mujeres, de etnia gitana. La encuesta era voluntaria y eran las internas las que se definían o no como gitanas, a veces con una lista previa elaborada por un miembro del personal.

En relación con su estancia en la cárcel, la media es de 2 años y tres meses. Un 30% llevaba menos de un año al realizarse el estudio, un 28% entre un años y dos, un 20% entre dos y tres años. El 20% restante llevaba más de tres años en la cárcel.

El cuestionario, de 135 preguntas, nos permitió recoger información diversa y rica, aunque a veces difícil de interpretar: datos personales de la interna, datos de carácter social y demográfico (residencia, vivienda, familia e hijos, estudios, oficio y actividad, rasgos de la pareja actual); datos penales y relativos al proceso de criminalización (familiares en la cárcel, situación procesal, detención, juicio, defensa). Por último situación en la cárcel: visitas, actividades, permisos, salud y consecuencias de la cárcel sobre la vida de las internas.

2. Las fuentes

Hemos comentado la dificultad de comparar los datos obtenidos con datos similares, tanto de carácter penal como sociodemográfico, pero un primer acercamiento a la descripción de las mujeres gitanas presas exige comparar en lo posible su situación con la de otros reclusos, hombres y mujeres. En este sentido nuestras fuentes principales han sido las siguientes:

-Mil voces presas, estudio realizado por Julían Carlos Ríos Martín y Pedro José Cabrera Cabrera, a través de una encuesta realizada por correo entre 1997 y 1998. Con toda clase de dificultades y obstáculos, los autores lograron realizar una encuesta por carta a 1011 presos y presas, casi todos varones (94%), repartidos en 64 centros penitenciarios en todo el Estado. La encuesta tiene varias limitaciones desde el punto de vista de nuestros objetivos, pues no desagrega los datos por etnia y se centra en la vida en la cárcel.

-Análisis de la eficacia y adecuación de la política penitenciaria a las necesidades y demandas de las mujeres presas. MªJesús Miranda, Rosemary Barberet, con la colaboración de Andrés Canteras y Estrella Romero. El estudio, que poseemos por cortesía de las autoras junto con los datos de la encuesta en soporte informático, nos ha sido de gran ayuda. Se trata de una investigación llevada a cabo en 1997, sobre las necesidades de las mujeres presas, basada en una encuesta, seis grupos de discusión con penadas, una serie de entrevistas a funcionarios y trabajadores de prisiones. Hemos utilizado sobre todo la encuesta, realizada a 356 reclusas en 18 centros y que distingue entre gitanas, payas y extranjeras, permitiéndonos diferenciar las características, vivencias y necesidades de las mujeres gitanas y payas presas, cuando estas existen.

-Informe técnico sobre la situación en las cárceles. Realizado por la Asociación Pro Derechos Humanos en España y dado a conocer en 1998. El informe presenta los resultados del análisis de más de 3312 encuestas, realizadas en un total de 23 Centros Penitenciarios por un equipo de encuestadores y encuestadoras, entre los años 1997 y 1998. La distribución entre hombres y mujeres se corresponde a la existente entre los presos y presas españoles, es decir un 9% de mujeres. La muestra incluye un 18% de extranjeros y extranjeras, cuyas respuestas se analizan sólo en algunos casos. El informe tiene un enorme interés por sí mismo y como telón de fondo de la situación de las presas gitanas. Muchos aspectos de la vida en la cárcel y los derechos de las personas presas, que no hemos tratado en nuestro estudio, pueden encontrarse en el Informe. Sólo hemos comparado los datos cuando la información lo permitía y parecía relevante.

- La delincuencia femenina en España, Andrés Canteras Murillo. Se trata de un análisis sociológico publicado en 1990 y que incorpora dos encuestas realizadas en 1983 y 1987 en tres cárceles españolas a 265 presas en total. El estudio, además de la discusión que refleja sobre la delincuencia femenina, nos ha servido para comprobar algunas características de la evolución de la población reclusa femenina, sobre todo el tipo de delito.

-Entre las fuentes oficiales, es básica la Estadística general de población penitenciaria, de Julio de 1999. Los datos que publica instituciones penitenciarias diferencian por sexos (no siempre), pero no por etnia.

-Hemos encontrado información, aunque limitada, en la Memoria del Consejo General del Poder Judicial de 1999, y en la Memoria de la Fiscalía General del Estado. En ambos casos los datos no diferencian entre gitanos y payos, aunque sí entre hombres y mujeres (en algunos aspectos).

 

3. Las entrevistas

Si la encuesta tiene un valor esencialmente descriptivo de una situación poco conocida, las entrevistas pretenden ayudar a comprender el proceso de criminalización de un colectivo. El enfoque cualitativo permite ver cómo las personas construyen y viven su propia cotidianeidad y su papel en los procesos de interacción social. Mediante las entrevistas semi estructuradas hemos podido acercarnos a dos aspectos fundamentales para el estudio:

-la vivencia de las mujeres gitanas presas, que se completa con otras visiones de gitanos que observan y discuten el proceso de criminalización

-la percepción subjetiva de las personas que desde posturas profesionales o institucionales participan en la maquinaria jurídico penal.

De esta manera obteníamos lo que la encuesta no puede ofrecer: la experiencia individual de un proceso colectivo y la construcción ideológica que explica y sostiene dicho proceso. Entendemos que los diferentes discursos son en gran medida producto del lugar social desde el que se habla, lo que permite reconstruir las representaciones complejas y múltiples de diferentes puntos de vista que coexisten y se enfrentan en la realidad social.

Con esta finalidad, realizamos veinticuatro entrevistas semi estructuradas con personas que agrupamos como sigue:

-Seis mujeres gitanas presas, seleccionadas mediante la combinación de las siguientes variables: edad, tipo de delito (contra la salud pública y contra la propiedad), consumo de drogas. Las entrevistas siguen el itinerario vital de las mujeres y su relación con una serie de temas como la identidad, los cambios en la comunidad gitana, la cuestión de la droga, el proceso de encarcelamiento y prisión y las expectativas de futuro. Estas entrevistas han permitido elaborar los capítulos tres y seis.

-Siete miembros de la población gitana. Sin la menor pretensión de "representatividad", nos parecía importante analizar el discurso de una serie de personas de la comunidad gitana situadas en posiciones significativas para nuestro estudio: varones gitanos, dado que el estudio se refiere a mujeres; figuras de autoridad, puesto que el estudio se relaciona con el concepto de ley y autoridad; mujeres que están fuera de la cárcel pero la han conocido, dado que carecíamos de la experiencia vista a posteriori, cuando ya se conocen las verdaderas consecuencias de la estancia en prisión.

De ahí que entrevistáramos a dos pastores, un anciano de respeto, un joven de clase media baja, una mujer de clase media y dos mujeres que habían estado presas por delitos contra la salud pública. Su discurso se analiza en el capítulo siete.

-El siguiente grupo, cuyo discurso se analiza en el capítulo ocho, lo forman el grupo de profesionales que trabajan en las prisiones: un educador, una psicóloga, un jurista, un subdirector de seguridad y un grupo de funcionarias de régimen interno (cuya entrevista se realizó colectivamente). Los temas recogidos en las entrevistas son por una parte la percepción de la propia posición en el engranaje penal, y por otra la visión del delito y de la cárcel, de la población reclusa, de las mujeres gitanas y de las alternativas a la prisión.

-Una intención similar perseguían las seis entrevistas con los y las que hemos llamado agentes institucionales: un magistrado de la Audiencia Provincial, una juez de Instrucción, un fiscal, un juez de lo Penal, una abogada y un inspector de la policía. Todas las entrevistas discurren sobre su trabajo y su idea de la sociedad y el delito, permitiéndonos situar la criminalización de las mujeres gitanas en el contexto ideológico que la explica.


Presencia Gitana ha realizado una labor continuada de estudio y denuncia sobre procesos de criminalización de la comunidad gitana. Algunos de sus puntos están recogidos en su publicación Los Gitanos ante Ley y la Administración, 1991. Esta asociación ha llevado una iniciativa al Parlamento para que los presos y presas gitanos estén encarcelados cerca de sus hogares, iniciativa que por otro lado ha sido refrendada por la Comisión Europea.


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29 de febrero de 2000