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PROYECTO BARAÑÍ
criminalización y reclusión de mujeres gitanas |
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| 4. Recomendaciones y líneas de acción . | |
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4.1
las gitanas en la sociedad. |
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| Cap 3. Estudio sociológico "Mujeres gitanas y sistema penal" |
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| 3.8. El discurso de quienes trabajan dentro de las cárceles |
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1.Introducción. Este colectivo, trabajadores y trabajadoras de prisiones, tiene un discurso muy marcado por su lugar de trabajo. Ese lugar, la cárcel, es simbólicamente un "no-lugar", un espacio fuera de lo social, que se sitúa en sus márgenes y donde conviven una serie de personas que han sido "separadas" de la sociedad para su castigo o reciclaje. Sin embargo, quienes ahí trabajan forman parte, a la vez y con pleno derecho, de lo social. Ese estar dentro y fuera a la vez, esa especie de esquizofrenia, es lo que nos ha impulsado a elaborar un bloque específico para conocer su discurso. Hemos realizado, para ello, entrevistas abiertas con un educador, una psicóloga, un jurista y un subdirector de seguridad, así como una entrevista colectiva con funcionarias de régimen interno. Como se puede observar en el análisis que presentamos a continuación sus discursos no son homogéneos, están marcados por su propia función dentro del sistema penitenciario, por el tiempo que llevan trabajando, por su relación con presos y presas, por su origen social, por las motivaciones que les han llevado a ocupar este tipo de trabajo y por su experiencia ligada al tipo de prisiones en las que han estado ejerciendo. Sin embargo, hay algunos elementos comunes que tiene que se desprenden fundamentalmente de esa extraña ubicación. Hay una sensación compartida de que la sociedad, esa sociedad que está ajena a este submundo que es la cárcel, no les entienden, no les valoran, no interpretan positivamente o malinterpretan su función. Así mismo, la cárcel se percibe como una especie de mediación entre la sociedad y lo asocial (la persona delincuente). Este conflicto sociedad – delincuente aparecerá a lo largo de los diferentes discursos de quienes trabajan en las cárceles: ¿Para quién se trabaja? ¿Para el bien social o para el bien del o de la delincuente? También es significativa una fuerte resistencia a entrar a discutir el sentido último de la cárcel, a la vez que continuamente surge la necesidad de justificar el papel que cada cual juega en ella. Y desde ahí, se elabora un planteamiento dirigido a hacer una cárcel y un sistema penitenciario más eficaz. Esta eficacia en unos casos significa que la sociedad esté más segura, en otros casos que los y las delincuentes puedan salir de la rueda de la marginación y prisionalización, pero en ningún caso dirigida a que la propia cárcel deje de tener sentido y existencia. 2. Visión social del delito y de la cárcel 2.1. El malestar por cómo se les considera socialmente Las funcionarias de régimen interno consideran que son quienes mejor conocen la realidad carcelaria y las necesidades de las presas, pero, sienten que no son escuchadas, son desvalorizadas e incomprendidas socialmente. A lo largo de todo su discurso irán dando argumentos o relatando una serie de prácticas para intentar desmontar dos ideas muy extendidas socialmente, una que relaciona ser funcionaria con ser vaga, y otra ser funcionaria de cárceles con ser represora. El educador, por su parte, siente la necesidad de quitar sentido al morbo que su trabajo despierta y quiere ser considerado normal, o sea, como cualquier educador que trabaja en cualquier otro lugar: "... entonces a mí me molesta porque no me han hecho las mismas preguntas cuando he dicho maestro de adultos en una escuela..." Las funcionarias sienten que muchas de las criticas o exigencias que reciben son injustas porque tienen que ver con la dejación de funciones por parte de otros colectivos, fundamentalmente las familias: "la familia no se hace cargo de ellos (personas con SIDA), pero luego van a la televisión y a decir lo mal que los cuidan aquí, que su hijo está enfermo de SIDA..." El subdirector de seguridad también siente la necesidad de defenderse de una imagen estereotipada que está fomentada fundamentalmente por los medios de comunicación: "...los medios de comunicación no ven la normalidad del medio, le gusta buscar la noticia en el momento violento...., entonces hay muchas denuncias y muchas cosas que dicen sobre nosotros, denuncian que si metemos droga..., es fácil de entender en una estructura lógica de prisión la droga es un delito, en cambio dentro de la prisión sería mucho más fácil pues llegar a meter bebidas alcohólicas que les gusta más que la droga, en cambio no sería un delito para el funcionario..." Reconoce, sin embargo, que seguir a rajatabla el reglamento penitenciario es imposible, lo que viene a significar que en la práctica no se cumple el conjunto de sus mandatos, señala también que el único modo de que no entre droga en la cárcel es convertirla en un búnker: "...si tú aplicaras el reglamento y hiciéramos todo y nosotros fuéramos un búnker donde no entrara nada, pues lógicamente no entraría nada, tampoco visitas y esto sería contradictorio con ciertas normas ..." lo que sería imposible e inaceptable socialmente. Así mismo, para él, quien consume drogas es responsable de ello y considera que tratar a las personas drogadictas como enfermas, así como sacar a la luz su miseria por los medios de comunicación, supone una forma implícita de propaganda: "... son conductas que no debían ver los jóvenes, ni los niños, pero se ve, y ves en la televisión los reportajes sobre las miserias, sobre la drogadicción de fulano y sobre los problemas que tiene... y problemas tiene todo el mundo, unos se drogan, otros no, y entonces, etc,..." 2.2. Qué demanda la sociedad al sistema penal Las funcionarias se defienden de quienes cuestionan y desvalorizan su trabajo sacando a la luz lo que denominan hipocresía social. Consideran que la población reclusa está compuesta por personas que nadie quiere en ningún lugar, con lo que su función se reduce a hacerse cargo de eso que nadie quiere y, sin embargo, a ellas no se las valora. Las presas son, de este modo, consideradas socialmente como un desecho social y la cárcel como un espacio que acoge y recicla este desecho. Muestran esta realidad señalando, además, que no son represoras, que no utilizan métodos represivos para hacer su trabajo, sino que son fundamentalmente cuidadoras: " Estamos cuidando todo lo que nadie quiere, pero no estamos bien ‘miraos’ ¿sabes?. Que somos unos represores, dicen, aquí está lo que la gente no quiere, es así de duro." El educador también habla de una "función higiénica" de la cárcel, de eliminar aquello que estorba y molesta a la ciudadanía en general, tanto por seguridad como por cuestiones estéticas: "... bueno, lo que nos dicen; hay que limpiar de delincuencia la calle ¿no? Para que el ciudadano esté seguro y, claro limpiando a esta gente que son los que no cumplen la norma, los que están fuera de la norma, los anormales en el mejor sentido, hay que encerrarlos. Yo supongo que es concepto de seguridad pero yo creo que también hay un concepto político en medio ¿no?, limpiamos las calles cuando es el 92 porque están las Olimpiadas y..." El subdirector de seguridad centra su discurso en la violencia que, según él, es creciente en España. La relaciona con situaciones de marginación y se muestra escandalizado por la tolerancia social ante este tipo de situaciones: "...entonces la sociedad aguanta hasta febril...", "... existe una marginación que se ve en las propias escuelas..." Cree, además, que existe una fuerte vinculación entre personas presas y violencia ya que: "... la sociedad los manda aquí porque son violentos o son antisociales o por lo que sea...". Considera, siguiendo en cierta medida la misma lógica que las funcionarias y el educador, que "...alarma social, a la sociedad, no le produce más que su propio bienestar..., ... si es una etnia o un extranjero que le invade sus competencias también", añade, sin embargo que se trata de "...un problema que no tiene solución porque la sociedad los produce y la sociedad tiene derecho de defenderse de los mismos problemas que crea, aunque sea una falacia..." Parece, por lo tanto y a modo de paradoja, que entender las contradicciones ha de suponer también aceptarlas sin más, por el simple hecho de que han sido generadas a lo largo de los siglos y están muy impregnadas en nuestra cultura En general se dice que la reinserción no es una demanda social, "... a ti nadie te condena a que te reinsertes, el juez te condena a algo que has cometido, hay que partir de ahí...". La sicóloga plantea que en el sentir social lo que predomina es la necesidad de reparación por lo hecho: "...tú has hecho mal, tú tienes que retribuir ese mal, te vamos a castigar por ese mal..." Y el jurista señala que, más bien, parece ser una cuestión de revancha, pero no de reparación, ya que el sistema penitenciario y penal se centra en el o la delincuente, y no presta atención a las víctimas "y las víctimas se quedan sin... me refiero a lo que es la retribución..." De todos modos, se matiza diciendo que, aunque socialmente la reinserción social no sea una demanda tan fuerte como el castigo, "a la sociedad no le interesa que vuelvan otra vez", por lo que en el fondo sí hay un interés por la reinserción, aunque no sea explícito.
3. El sistema carcelario y su función 3.1. Qué es una cárcel Para el educador un espacio cooperativo, solidario y donde hay compañerismo se contrapone a una cárcel. Plantea además que la cárcel no es sociedad, es otra cosa: así habla de "retorno a la sociedad". El jurista la percibe alejada aunque integrada en nuestro mundo: "era un mundo aparte dentro de este mundo" y como algo que no se corresponde realmente con la vida y que supone la muerte social de la persona presa: "la prisión realmente es un paréntesis en la vida...". Y el subdirector de seguridad la considera como "... reflejo de nuestra sociedad..." En fin, se podría decir que se trata de un medio muy peculiar, un submundo, como ya se ha dicho en la introducción, un no-lugar. 3.2. Desde dónde se valoran las cárceles El subdirector de seguridad plantea que, en las cárceles españolas, el área dedicada a seguridad es como un "cajón de sastre" donde se incluyen problemas que no son abordados en otras áreas, lo que nos habla de que la lógica de nuestro sistema penal entiende que desde seguridad se pueden resolver muchas dificultades en un centro penitenciario: "... donde no encaje nada en concreto pues encaja en seguridad o la problemática se va para seguridad...". Él señala, además, que la modernidad o no de una cárcel, se mide básicamente por su sistema de seguridad, a mayor avance técnico más moderna es una cárcel: ... dentro de unos años los centros se prevén que duren 20 años o se construyen para 20 años... después empezarán a decaer, incluso antes cuando los sistemas de seguridad han bajado tanto al cabo de 3 ó 4 ó 5 años están obsoletos, habrá nuevos sistemas nuevos..."Con lo cual, se dejan de lado en esta consideración aspectos fundamentales como la capacidad de reinsertar socialmente a la población presa. 3.3. Las funciones de la cárcel Será constante las disertaciones de las funcionarias sobre el papel casi de cobijo que juega la cárcel con determinados colectivos marginales. Consideran que los presos y las presas entran y salen de la cárcel, en el fondo porque quieren, porque sacan algún provecho del hecho de estar en prisión, sobre todo aquellos colectivos que son reincidentes: "Si vienen aquí es porque algo le sacan a esto....", "...roba para ir a la cárcel porque en la calle se moriría todo el día picándose..." Para ellas, sacar provecho de la cárcel, estar a gusto en ella es contraproducente para su reinserción. No anteponen la idea de reinserción a la de castigo, ya que entienden que el castigo es la base para una acción reinsertora: "Realmente deberían cumplir las penas íntegras, si les caen 10 años deberían cumplirla a pulso, ya se lo pensarían dos veces" Comparan, en este sentido, España con otros países europeos, concluyendo que España tiene una política penitenciaria muy blanda. Esta idea de que el castigo es un instrumento para la acción de reinserción es frecuente entre profesionales que trabajan en la cárcel. Aunque muestran también impotencia ante los resultados: "... pero un año en el que tienes que estar denegando permisos, presionándola indirectamente, soportando la presión de la interna, ¿pa qué?..."- dice la sicóloga. Hay cierto acuerdo en considerar que la cárcel no sirve para lo que dice que sirve, pero se acepta esta realidad como algo inevitable. Ante esto el educador apuesta por hacer algo positivo desde dentro: "... no sirve para nada, la privación de libertad yo pienso que es lo peor que le puede pasar a una persona, pero las prisiones no las hemos inventado nosotros pero sabemos que existe, pues entonces intentemos trabajar desde dentro..." El subdirector de seguridad menciona como un hecho interesante que " en china, por ejemplo, la rehabilitación de los delincuentes lo tiene el ministerio de educación y ciencia...", con lo que da a entender que para él un sistema represivo no es el mejor modo de rehabilitar a nadie: "... en las escuelas es donde se puede...". Aunque también señala que existen tipos de delincuentes que son "... irrehabilitables..., no debían salir de la cárcel por sus problemas psiquiátricos, sus problemas...". Cuestiona de este modo a la propia constitución, la cual no se enfrenta a la realidad tal cual es: "...no lo reconoce la constitución, la realidad es otra, lo que pasa es que nosotros cumplimos lo que dice la constitución..." De este modo prioriza con rotundidad la seguridad ciudadana sobre las necesidades de quienes cometen determinados delitos. De forma contradictoria, es en la función de acogimiento, de alimentar y curar a colectivos marginales donde las funcionarias dan sentido y desde donde encuentran los argumentos para dar valor social al trabajo que realizan: "... por el amor ese del Estado que dicen que es represor, por las funcionarios, vamos a tener en cuenta si le dan de comer, si la tienen limpia, si le van a regañar, se va a estar encima de ella, los médicos, va a tener un peso su hijo, o sea que se dejen de lástimas y de darles en el lomo a las internas que están con sus hijas... porque la cosa no es así...." En esa misma lógica afirman que la cárcel tiene una serie de "servicios" que no son siempre aprovechados: "...aquí la gente toda la vida entrando y saliendo y tienen escuela y no van a la escuela, entonces no aprenden porque pasan 3 kilos de aprender" Pero si a esta función no se une el castigo: "entran y están débiles, están hechas una porquería, entran aquí, se ponen gorditas y hermosas a base de comer, las ponemos como una reina y salen. ¿A qué salen? Con más fuerza, ¿para qué? Para robar, transmitir el SIDA, para todo lo que quieran..." De lo que se desprende que, para ellas, el delito es fruto de una voluntad o un impulso personal. El jurista, por su parte, matiza esa visión de la cárcel como un lugar de "servicios", se acerca a cierto discurso de la calle que considera que la cárcel es un espacio que desestructura aún más al individuo, y siente la necesidad de explicar que aunque esto es, en cierta medida, cierto, no es toda la verdad: "... yo creo que de la misma manera que hay gente que se engancha también hay gente que se desengancha en la prisión de la droga, y yo no me atrevería a decir cual es más o cual es menos..." Aunque, enseguida, tiende a justificar la cárcel y la presenta, del mismo modo que las funcionarias, como un lugar donde los y las presas disfrutan de hábitos más saludables que fuera, y la droga que circula o la violencia que existe no es algo que fomenta la estructura carcelaria sino que, como ya señaló el subdirector de seguridad, es algo inevitable; reconoce finalmente que, con todo, la cárcel no es algo que le agrade a nadie, y de este modo se separa otra vez de la visión de las funcionarias: "...aquí la gente duerme a sus horas, come a sus horas, puede drogarse o no, ellos eso si quieren tienen la droga, porque es inevitable, y salen y en muchos casos salen con mejor aspecto físico. Ahora tanto que, como que se le hace un favor, yo creo que a nadie le guste..."Se interpreta, por lo tanto, que la rigidez en los horarios o en los turnos de comida son hábitos saludables y no el resultado de una estructura represiva. Se cree que la reinserción es posible a base de castigos más efectivos, aunque también con medidas que fomenten más formación y salida laboral. No son dos medidas contradictorias, sino que se presentan en los diferentes discursos como una cuestión de acento, o sea, en función del tipo de delito se ha de aplicar con mayor contundencia un tipo de medida u otro. En el caso de violadores, terroristas o narcotraficantes, según las funcionarias, lo que ha de primar es el castigo; sin embargo, para otros tipos de delitos ha de primar la inserción laboral. Para el jurista, más que castigo de lo que se trataría es de retribución, así mismo reinserción social y retribución son dos lógicas que no deben ser contradictorias: "hay que armonizar a los dos principios..." . Señala que en determinados casos "... si tú matas a una persona y es con la única persona con la que tienes... tú sabes que es muy difícil que vuelvas a matar a nadie...., hay gente que no necesita el tratamiento penitenciario, está aquí porque, para cumplir un castigo..." 3.4. El nuevo código penal Las consideraciones sobre cómo está afectando el nuevo código penal varían en función de lo que cada cual considera ser la función más necesaria y significativa de la cárcel: la reinserción por la vía de tratamiento, la seguridad ciudadana o el castigo ejemplar de la persona presa. Las funcionarias critican el nuevo código penal por cómo se está utilizando el arresto de fin de semana y porque en la práctica los presos y las presas siguen sin cumplir íntegramente sus condenas, lo que, en algunos casos, es el único modo de evitar que reincidan. Con las reincidentes, sin embargo, creen que hay poco que hacer, sólo: "cumplir a la prisión, a cumplir." "Pero a cumplir en condiciones, no el cachondeo que hay aquí", "pues que trabajaran, que sudaran la gota gorda y que vieran que la cárcel no es un cachondeo que se va de vacaciones..." Se repite en todos los discursos una relación directa entre reincidentes y desarraigo familiar, son gente que produce alarma social y para la que el arresto de fin de semana o medidas similares no tienen sentido. Por otro lado, están quienes cometen un pequeño delito y un arresto de fin de semana les afecta, les hace reaccionar positivamente porque rompe su dinámica familiar. El educador hace referencia a como la falta de redenciones en el nuevo código penal resta motivación para que las mujeres acudan a la escuela, por lo que propone la creación de otros beneficios para las presas: "... que es la reducción, por ejemplo, de la cancelación de los partes que tenga la mitad de tiempo, que es que puedan tener un vis a vis extra, que es que puedan tener una comida familiar pues con sus familiares, que son cosas pequeñas, que para nosotros pueden ser pequeñas cosas pero para ellas son un mundo...." Y el subdirector de seguridad relaciona esta medida del nuevo código penal con mayor conflictividad dentro de las cárceles: "... pero eso lleva aparejado una situación conflictiva en las prisiones, el tiempo de instancias que aunque son cortas, si no genera expectativas ni esperanzas en los internos..." La psicóloga, por su parte, se resiste a hablar sobre lo que supone el nuevo código penal, da la sensación de que para ella mirar más allá de su propia profesión asusta, crea dudas y no es lo que quiere: "me pongo sobre todo en el punto de vista de la profesión mía y a nivel de condena, no sabría yo decirte ventajas, desventajas..." Sólo el jurista hace referencia a que el nuevo código penal castiga con mayor severidad los delitos relacionados con el tráfico de drogas y que esto está afectando a una mayor prisionalización de la población gitana.
4. La población reclusa 4.1. Un conflicto de clase Las funcionarias tienen necesidad de diferenciarse claramente de las presas, para ello se muestran compitiendo con éstas por determinados recursos y formas de trato y consideran injusto que éstas obtengan más beneficios sociales o sean mejor tratadas que ellas: " ... mi hermano ha estado 6 meses trabajando y no le pagan el paro. Sin embargo, esta gente se tira un año preso y cobran después el paro. Tú me contarás a mí que esta gente ha trabajado mucho..." En ocasiones, dan muestras de empatía específicamente hacia las gitanas, pero ésta se diluye cuando se hace patente que muchas pueden pagar una fianza de dos millones o que tienen un piso..., mientras ellas, las funcionarias, tienen grandes dificultades para pagar sus hipotecas. Este sentimiento refleja un conflicto de clase, el origen social de las funcionarias no está muy alejado del de mucha gente que está presa, ellas y sus familias forman parte de un entramado social que lucha por obtener un buen trozo del pastel de las ayudas sociales y sienten que, al formar parte de la gente de orden, no es justo que quienes no conforman este orden reciban, en ocasiones, más ayudas que ellas. Es interesante ver en este sentido, como en el discurso de los jueces y las juezas, que tienen un origen social muy diferente, el acercamiento a esta realidad se hace desde el paternalismo y no desde la competencia. 4.2. Los perfiles de la delincuencia y su relación con la cárcel Hay un consenso cuando manifiestan que existen dos tipos de personas presas: quienes delinquen para ganarse un dinero fácil / quienes pagan lo que hacen grandes delincuentes. Consideran que el primer grupo es el que debe ser realmente castigado y se caracterizan por dos grandes prototipos: La gente como Gil (delitos de cuello blanco) y la gente extranjera (grandes traficantes). Sin embargo, estas no son las personas que están en las cárceles. No van a la cárcel porque las personas ricas tienen mejor defensa, mejores resortes para escapar de la acción de la justicia, con lo que se hace un reconocimiento explícito de que el sistema penitenciario incide con mayor virulencia en la gente pobre, y que la justicia no es imparcial ya que dependerá del abogado o abogada, del juez o jueza, y de la cantidad de dinero que se tenga; se habla de esto con muchas resistencias, ya que el marco de sus trabajos es la objetividad de la justicia: "... porque, por lo que sea, son más difíciles de perseguir, tienen mayor acceso a mejores abogados, mientras que aquí suelen tener abogados de oficio...", "... pero, muchas veces si la instrucción... si está bien llevada, pues influye poco el abogado, pero en algunos casos sí..."- dice el jurista. Quienes van a las cárceles, en cambio, "son unos desgraciados que están pagando lo que tenía que pagar mucha gente" (entre quienes están las gitanas), y se asume que no son unos desgraciados per se, sino que "son pobre gente al lado de los grandes traficantes". O sea, el hecho de que existan grandes delincuentes que no suelen ir a la cárcel no exime a estas personas de su responsabilidad. De este modo se critica un discurso más o menos extendido que asimila a las personas presas con marginales sociales y víctimas de la sociedad y al funcionariado con seres represores. Este es el discurso de quienes no han tomado contacto con la realidad. En palabras de la sicóloga: "al principio entras pensando, que tú vas a salvar a todos, porque todos los demás que están dentro no han sabido y además son muy represores y tal, pues bueno, entras un poco diciendo, menos mal que estoy yo aquí, que he llegado y voy a hacer algo... Luego, vas tomando contacto con la realidad y te vuelves un poco más dura a la hora de juzgarlos..." Es determinante, por lo tanto, la responsabilidad de quien delinque. Así se retrata a la gran delincuencia con el robo a bancos y la pequeña delincuencia con el robo a viejas: "Encima dicen que son pobres y le roban a la pobre vieja. Lo que son, son unas pendonas, perdona que te diga..." La sicóloga matiza esta distinción al resaltar también la importancia del móvil del delito: hay quienes delinquen porque no les queda otra salida (por necesidad) y hay quienes lo hacen por falta de respeto y solidaridad (por vocación): "La mayoría, un cincuenta, un sesenta por ciento, sí, a ver no han tenido otra opción, lo raro hubiera sido que hubiera sido de otra manera. Y luego, también, un alto porcentaje de internos que van muy "descaminaos" por la vida..." Estos que andan descaminados, que delinquen por vocación, son seres diferentes a la gente normal, con determinadas peculiaridades que los hacen especiales: "yo no sé por qué es, no te podría decir, porque tienen otro clic en la forma de pensar..." El subdirector de seguridad señala, por otra parte, que la delincuencia juvenil está disminuyendo, pero que, sin embargo, cada vez se cometen delitos más violentos: "... vamos a peor en el sentido que el delincuente que se hace delincuente es mucho más violento, vamos a decirlo en un aspecto cualitativo, no el aspecto cuantitativo. El aspecto cualitativo va a tener esos problemas gente mucho más inteligente y...". Con lo que parece ser que la persona delincuente se hace a sí misma y tiende a ser cada vez más peligrosa por el mayor nivel de inteligencia o de formación, "... aquí (en la cárcel) viene lo más selecto de la violencia..." Responsabiliza de esta realidad a "... la falta de escolarización, la agresividad y conflictividad que hay en los institutos...., y si los padres y la gente no se preocupa de esa situación pues lógicamente tendrán problemas..." Aunque, por otra parte, su fe en el papel que la información y la educación pueden jugar es enorme y considera que, precisamente, estos dos factores son los que están haciendo que la delincuencia esté bajando numéricamente: "... la información es suficiente en España para abordar estos temas..." En fin, por una parte, quien delinque lo hace como producto de una situación social, pero tener una buena información solventa el peso de la misma, con lo que se puede considerar que los factores sociales no son tan profundos ni tan alarmantes. Destaca, así mismo, que aquellas personas que delinquen sin violencia son más toleradas socialmente, y como prototipo de este perfil sitúa a la población gitana, "... te produce una serie de robos, una serie de hurtos que en tiempo secular los hemos padecido y entonces la sociedad los tolera..." 4.3. Población reclusa y marginación El educador señala una relación directa entre población presa y marginalidad, "...existe una relación directa entre marginación, o zonas, en las ciudades, marginales y presencia de cárcel, sí que es verdad. Con todo y con eso, no todos los delitos son de gente marginal..." Marginación que, según el jurista, viene dada por el azar o la mala suerte y no por causas más objetivas o estructurales: "... es víctima de la sociedad, no de la sociedad, de las circunstancias, o sea, que hay gente con muy mala suerte en el sentido de nacer en una familia fatal, de dejadez por parte del padre o de la madre....", siguiendo con la idea más o menos aceptada por todos y todas en torno a la responsabilidad última de la propia familia del individuo delincuente. Afirmación que es asumida también por la sicóloga cuando relaciona que trabajar en la cárcel es trabajar con la marginación: " a mí me gustaba trabajar en sicología clínica y en temas de marginación..." Esta mujer hace una jerarquización de la población presa en función del grado de marginación y al hacerlo muestra un círculo vicioso: a mayor marginación más difícil es la inserción, y la conciencia de las pocas posibilidades de éxito hace que los y las profesionales no pierdan mucho tiempo y recursos con este colectivo y que la intervención para la reinserción sea selectiva: "... la gente más marginada y con más ayuda como lo tiene todo perdido, pues tiene muchas más dificultades "pa salir", pues, en definitiva, se le presta menos atención, porque como es más problemático..." Llega así a la conclusión que ante la gente muy marginada no hay nada que hacer, mostrando impotencia y a la vez pasividad ante "a quienes no se les puede hacer nada". En palabras del jurista, esta población más marginal, que entra y sale de la cárcel con frecuencia, con la que es difícil trabajar y es mayoritaria está prisionalizada, o sea, conoce muy bien el ámbito carcelario y para ella sobrevivir en la cárcel es parte de su vida: "no le intimida en absoluto la prisión, ya entra y sale como si fuera su casa...", "...excesiva buena adaptación al medio". Por otra parte, está la gente "normal", aquella que sólo cometió un delito en su vida y no tiene relación continua con la cárcel: "por ejemplo, es el tipo que asesina a su mujer, a su vecino, es gente muy normal..." Lo que da muestras de la subjetividad a la hora de clasificar y considerar cada delito y cada "delincuente", ya que es bien sabido que, por ejemplo, un hombre que asesina a su mujer tiene muchas probabilidades de maltratar y/o asesinar a su próxima compañera sentimental, o sea, de reincidir. Con lo cual, a mayor integración en el sistema carcelario menos posibilidades de que éste incida positivamente en el preso o a la presa. Para explicar la existencia de este colectivo de gente prisionalizada carga las tintas en su propia conducta, entiende que si a un determinado individuo no se le ha concedido libertad condicional o tiene tres ingresos, tiene que ver con su forma de ser, la cual le lleva a una espiral que no facilita la reinserción social. Tiene poco que ver, por lo tanto, con el propio sistema carcelario. Se reconoce la existencia de familias enteras encarceladas, se menciona el hecho de que existen contextos y situaciones que llevan a una persona a la cárcel, pero no se cuestiona abiertamente este asunto. Ante la constatación de esta realidad aparece nuevamente la impotencia ante los límites de la intervención asistencialista en el discurso de la sicóloga. Detrás de este discurso está la idea de que cada individuo o cada familia tiene la responsabilidad última de transformar su propia situación.
Se relaciona, además, marginación con drogodependencia. En general, se asume que la droga tiene mucho que ver con los delitos de las mujeres presas, fenómeno que se considera novedoso y que está transformando la visión social del o de la delincuente común: "...la palabra delincuente común parece que está desapareciendo por la cantidad de delitos que vemos, es que están asociados a las drogas, pocos hay ahora de asesinato o de timo o de no sé qué..." 4.4. La relación con las presas gitanas Al hablar de la especificidad de las presas gitanas, se resisten a profundizar en los porqués del número tan elevado de gitanas en la cárcel; las funcionarias pasan por estos temas de soslayo: "Yo que sé porque será, devoción como digo yo, de las gitanas a la cárcel", "Yo que sé hija, porque está mal organizado. No pillan a nadie de los que tienen que pillar, nada más que pillan a los cuatro desgraciados..." Las funcionarias se resisten también a reconocer una criminalización específica hacia las gitanas, la nombran pero su discurso se desliza hacia las formas que tienen las sospechosas de librarse de la cárcel: "Por sospechas entraban, pero por sospechan de que llevaban droga, pero luego resulta que no podían demostrar que la llevaban y las tenían que echar, porque las mujeres tienen muchas maneras de quitárselo la historia de encima..." Hay un acuerdo en considerar que la relación prisión y marginalidad se acentúa en el caso de las gitanas, se trata de una marginalidad respecto al mundo payo donde no las dejan hacer sus tareas tradicionales como la venta ambulante, así como en el mundo gitano donde sigue existiendo un fuerte machismo. El rol que asumen en su cultura explica, según el educador, su mayor adaptación a las normas de la cárcel. El jurista, sin embargo, no ve esa diferencia en el modo de estar en la cárcel, no la ve porque no está reflejada en los papeles y su relación con la población reclusa se establece fundamentalmente, y a su pesar, a través de los papeles: "... yo creo que no vería diferencia, te hablo desde el punto de lo que yo veo en el papel, en los expedientes, cuando voy a la comisión disciplinaria...." El subdirector de seguridad, por su parte, explica esta mayor adaptación a las normas de otro modo, no cree que sea algo propio de las gitanas, sino del colectivo gitano en general: "... es un comportamiento sumiso..., el gitano es una persona, como diría yo, como el animal que más se adapta... interesa y es pillo y vive, como te diría, y saca rápidamente los beneficios... y entonces el gitano sale pronto de la cárcel porque es una picaresca de hace muchos siglos..." El educador se muestra impaciente, le cuesta aceptar la lentitud en la erradicación del machismo por parte de las gitanas y achaca este hecho, entre otras cosas, al control que ejercen ellas mismas; de este modo interpreta que el apoyo mutuo que se profesan en la cárcel es también una forma de constricción de su propia libertad: "Pero las ves siempre juntitas, hay una que es la mayor, que es la tía, que les da los consejos y las domina en la prisión, es la que lleva el cotarro..." La sicóloga, ante el fuerte machismo al que están sometidas las gitanas, piensa que el papel de acogida que juega la cárcel puede ser importante para este colectivo, llegando a plantearse un dilema moral, qué es mejor, la libertad compartida con un marido violento o la protección que les da la cárcel. La sicóloga ve en esa mayor relación marginalidad – población gitana, unas posibilidades de éxito nulas en la intervención con este colectivo: "... si ya está todo perdido, pasa con la población gitana..." : "...está el problema de la toxicomanía por un lado, de un sistema de valores muy, muy "determino", de un medio muy marginal, de unos problemas económicos tremendos, de una presión de grupo, pues a lo mejor te planteas ¿no? Bueno, como me voy a meter yo ahí..." Da muestras, de este modo, de la enorme dificultad que, desde una visión asistencialista, se tiene para dar respuestas de tipo estructural a las situaciones a las que se enfrenta. Unido a su marginalidad, otra dificultad al trabajar con las gitanas es el choque cultural. El educador habla de lo confuso que se siente, en ocasiones, ante su conducta: "...tú crees que son muy receptivas y están cumpliendo el papel de que te están escuchando pero no quieren..." Señalan, así mismo, que esa diferencia cultural hace difícil que acepten las actividades y procesos que se les propone, y al hablar de ello ponen el acento en las limitaciones de la cultura gitana y no hacen mención a las peculiaridades de la cultura paya ni a la relación histórica entre ambas culturas: "te encuentras gitanas que te dicen que no han necesitado saber leer y escribir, es decir, que para robar no hace falta saber leer y escribir y que para educar a los hijos, no hace falta leer y escribir, incluso les enseñas que durante el embarazo tienen que dejar de fumar o que no fumen, o que tengan un tipo de alimentación más regulada, que tienen que controlarse por el médico y tal y lo primero que te dicen es que ellas tienen tres hijos, que los ha parido en su casa y que no ha necesitado que vaya nadie..." De lo que se desprende que ellas no dan muestras de necesitar una serie de instituciones de la cultura paya como la medicina o la escuela. 4.5. Las presas Para explicar la proporción cada vez mayor de mujeres presas en la cárcel se hace uso de la teoría de la igualdad de los sexos, a mayor igualdad, fundamentalmente en el terreno laboral y económico, más delincuencia femenina: "...es producto de la incorporación de la mujer al mundo laboral, ha seguido, yo diría una tendencia muy similar, la mujer asume responsabilidades que antes no asumía de trabajo en el exterior y, colateralmente, ha producido una mayor implicación de la mujer en el mundo del delito..." Se trata de una teoría muy extendida socialmente para explicar este hecho, coincidente con los discursos de otros colectivos entrevistados; sin embargo, la realidad nos dice, que las mujeres que van a la cárcel no son las más integradas en el mundo laboral ni son aquellas que han logrado mayor libertad e igualdad de derechos con los hombres, sino justamente lo contrario. El subdirector de seguridad habla de las mujeres como algo ajeno, extraño a la cárcel, como un grupo ante el cual no se prevé ni se sabe como actuar: "... o sea, yo no actúo igual con un hombre que con una mujer, no sé actuar, o sea, me encuentro que a una mujer no la entiende, o sea, la puedo entender como mujer, pero como recurso..., o violenta o no violenta, no sé como reaccionar..."
5. Trabajar en una cárcel 5.1. Sus funciones En los discursos de quienes forman parte de los equipos de tratamiento, la cárcel aparece como un lugar donde se puede transformar hábitos y costumbres que llevan al delito o a la enfermedad; así, el educador plantea, siguiendo una idea muy antigua, que a mayor formación más capacidad de inserción laboral y menor necesidad de delinquir: "si quieren volver a la sociedad, dejar de delinquir y quieren encontrar un trabajo, que empiecen pensando que la sociedad exige una titulación mínima y que ellas están en la condición de poderla obtener..." La psicóloga considera que su función es reestructurar, reformar a las personas presas para que no vuelvan a delinquir: "sería reestructurar, reformar a fin de que no vuelvan a delinquir por su bienestar personal y el de quienes les rodean..." Se trata, por lo tanto, de suplir deficiencias personales: "si es analfabeta, si no ha tenido formación, si ha tenido problemas de toxicomanía, si tiene un sistema de actitudes y valores porque ha aprendido otro marginal y no sabe hacer otra cosa, sería intentar modificar eso, de forma que pudiera..." Y, en cierta medida, de moldear a estas personas: "... esta interna ha tenido contacto con servicios sociales de fuera y ha estado trabajada fuera..." Ante la visión casi paternalista de la sicóloga, el educador considera que su función no es rehabilitar a nadie, ya que sólo se rehabilita quien quiere y él lo único que puede hacer es apoyar ese proceso. Aunque también hace un análisis posibilista de la rehabilitación dejando fuera aspectos sociales más generales: "... se rehabilita quien quiere, si hay una mujer que quiere, que entiende que los que he hecho es puntual y que no quiere hacer más y quiere ayudarse a sí misma, yo entonces le puedo ayudar, pero si la mujer en cuestión no se lo cree, por mucho que tú te metas ahí, es ella, se rehabilita quien quiere..." El jurista desconfía de las posibilidades de transformar la conducta o situación de marginación de un preso o una presa, y cree que su trabajo se limita "... simplemente vamos a ver lo que se puede hacer con él aquí dentro..." El subdirector de seguridad, por otra parte, plantea que su función, mantener la seguridad del centro, no es algo palpable: "... la seguridad no es una cosa, en este caso es una cosa abstracta, no concreta..." , y esto es lo que hace difícil su labor, ya que se trata de algo que se construye en las relaciones de quienes trabajan con el personal recluso, que depende más de los recursos humanos que de los técnicos y los recursos humanos son muy limitados. Sin embargo, muestra cierta fascinación por lo técnico, lo que considera algo bello por sí mismo, al margen de su significado: ".. es una faceta en el aspecto técnico bonita, y he aprendido muchas cosas y con el tiempo aprenderé más..." 5.2. Las dificultades Para el educador, una prisión supone un límite de tiempo para poder trabajar con cada presa, tiempo que está marcado por la condena, esto señala una contradicción entre lo que es bueno de forma inmediata para la presa (la libertad) y lo que se considera que la puede beneficiar a más largo plazo: " o sea, yo no puedo mover que una mujer venga para dos años, que esté preventiva y aquí se vaya a quedar un mes, resulta que al mes la penan y se la llevan a otro sitio... O resulta que al mes dice, me voy en libertad, eso es una traba para ti, porque en un mes tú no consigues, quizás la has preparado..." Esa contradicción se presenta también en una serie de cuestiones cotidianas que dan cuenta de lo mismo: "limitaciones en el sentido de que tú estás a las nueve de la mañana en tu aula hasta las diez y media y que, por ejemplo, a las nueve y media viene el abogado y la mujer se te va y que luego te viene. O limitaciones que aquel día tiene el vis a vis con su marido y se tiene que ir..." En general, quienes trabajan en tratamiento se quejan de la enorme carga burocrática que tienen que asumir, lo que les resta tiempo y posibilidad de dotar de más espontaneidad y efectividad su trabajo. Para el jurista esto supone la imposibilidad de trabajar directamente con las internas: "no he bajado, llevó aquí desde febrero y no he bajado a ver una asesoría, lo he hecho indirectamente por vía del educador". Se refiere a esta realidad como si asesorar a la población presa se planteara desde arriba como algo secundario dentro de sus prioridades y que hacerlo tiene algo de clandestino: "...el educador filtra, filtra las consultas..." Lo que implica que "esto se hace como se puede...". El subdirector de seguridad añade la dificultad que se desprende del simple hecho de que el centro de su trabajo son las relaciones personales, muestra su trabajo como algo que se hace en el día a día, lleno de improvisaciones, de intuiciones, sin reglas generalizables a todo tipo de situación:"... el problema de nuestro trabajo y de los funcionarios es relacionarse con las personas y con los presos y en ese sentido cuando te equivocas, te equivocas con personas...", "...hay que actuar en segundos y si reaccionas..., pues reaccionar como cualquier persona..." Hay una queja generalizada también en cuanto a la escasez de recursos y de personal. Para la sicóloga esta falta de recursos se concreta en la no existencia de una macroestructura asistencialista que apoye y continúe con el trabajo que ella hace en la cárcel. Propone un sistema de tutorización, de proteccionismo que vigile y controle a cada presa o preso dentro y fuera de la cárcel: "cuando se tienen un respaldo fuera de ayuda y apoyo, nosotros nos sentimos más tranquilos...". Ayuda y apoyo para dejar de delinquir. El preso o la presa es para ella un ser descontrolado que necesita de esta red que le controle, red en la que debería estar también su propia familia; en este sentido distingue una familia normalizada de una familia que "no quiere saber nada de él, ‘resultado’, el uno sigue en sección abierta y el otro nos lo hemos traído aquí, porque no hay nada fuera que le controle..." "... tú no te puedes arriesgar ante nada a que la madre salga y con sus buenos propósitos decida cambiar..." Parece ser, por lo tanto, que las decisiones sobre permisos, regímenes abiertos, dependen de organismos e instituciones que tutelan y controlan al preso, lo que se considera una ayuda que se le está prestando al preso o a la presa. Sin embargo, se refleja también en su discurso que la existencia de determinados programas y organismos es más una cuestión de suerte, de lotería, que una respuesta a necesidades específicas: "... que les toca la lotería en un determinado momento, ahora ha coincidido que hay un programa de reinserción laboral porque hay gente que han conseguido una subvención ..." Otra dificultad, según la sicóloga, es la propia imagen que los y las presas tienen del personal de tratamiento. En su relación con este colectivo siente que quieren utilizarla para lograr permisos y salir nuevamente a la calle y no para mejorar su propia situación personal (que para ella es otra cosa). Vuelve a surgir, por lo tanto, un choque entre la solución a problemas inmediatos y la función de mediación que pretende cumplir ella y el equipo de tratamiento: " muy pocas, para contarte problemas, me siento así, muy pocas llegan a mí, la mayoría, pues, para pedirme permisos, o sea, para que faci..., como vehículo para salir a la calle..." En el fondo de esta cuestión está el hecho de que muchas presas y presos no creen en la posibilidad de reinserción, formación, cambio de conductas, desintoxicación, etc: "Que la mayoría te cuenta que el problema lo tiene resuelto, que no necesitan ayuda, pues ya lo tienen resuelto, con lo cual, esas ya te desvinculan...". Lo que da cuenta de una gran distancia entre lo que quieren los presos y presas y lo que propone el personal de prisiones. El jurista expresa esta misma idea, habla de cómo la mayoría de las personas, aquellas que están más prisionizadas, cambian su conducta, engañan, aparentan lo que no son, sólo "para conseguir determinadas ventajas, beneficios, permisos que realmente no son beneficios, son más para el tratamiento, pero ellos lo ven como una recompensa..." Otro tema que aparece y se repite es la importancia de la estructura y tamaño de cada cárcel, a mayor tamaño, a mayor número de reclusas y reclusos, más difícil es coordinarse, realizar un trabajo individualizado, detectar necesidades. El jurista señala además los obstáculos físicos que ralentizan su trabajo: "... las puertas tardan en abrirse y todo eso..." El subdirector de seguridad es el único que introduce a esta reflexión el problema añadido de hacinamiento de las personas presas, aunque no lo relaciona explícitamente con una realidad inhumana, sino con los problemas de convivencia que acarrean: "... la carencia de espacio produce problemas de convivencia y problemas de agresividad..." La sicóloga desprende de esta realidad otro problema, plantea que cuando no hay criterios claros la picardía entre la población presa es mayor y es menor las posibilidades de control: "Pues, el interno ya sabe, buscándose los resquicios hasta llegar al módulo, donde con la misma ley puede haber otros profesionales que consideren: que son más aperturistas ¿eh?". El subdirector de seguridad hace énfasis también en este problema, considera que la falta de control en los aspectos relacionados con la seguridad tiene que ver con que determinados funcionarios o funcionarias no realicen bien su trabajo, así "... el preso va a buscar al funcionario que no hace el servicio..." De este modo, se percibe a la persona presa como alguien que está constantemente al acecho para encontrar beneficios inmediatos o incluso para fugarse, de hecho, el subdirector de seguridad, en un momento determinado, llega a asimilar la seguridad con la posibilidad de fugas, aunque, luego rectifica esta idea considerando que "... lo más complicado es mantener la convivencia en estos centros..." Las funcionarias destacan, así mismo, la peligrosidad de su trabajo, el miedo es un sentimiento que las acompaña constantemente. Dicen que están sometidas a muchas pruebas cotidianas y no están suficientemente protegidas ante ellas, añaden además que se prioriza las necesidades sanitarias de la población presa a su propia seguridad: "... no se, pero si le das una jeringuilla a cada uno lo único que puede hacer es que uno que tenga el SIDA y no suelte la jeringuilla, te dé un pinchazo a ti y te lo contagie..." Las funcionarias consideran, por otra parte, que el tipo de relación que establecen con ellas otros colectivos que trabajan con las presos y los presos es una cortapisa más para realizar sus funciones. Por un lado, contraponen su función a la del personal de tratamiento. Plantean que no existe coordinación entre éstos y ellas: "cada uno va por su sitio". Y hacen, además, una fuerte crítica a su labor, al poder que tienen, a la utilización que hacen de las presas para sus propios intereses: "Tratamiento siempre gana. Lo que diga tratamiento, eso se hace...", " Pero ¿cuánto tiempo se tira la asistenta social con una interna? Cinco minutos. Pero si es que no las conocen, en qué se basa su tratamiento...."," Pues para saber sobre los internos porque nosotros también queremos ayudarles. A mí me gustaría que salieran montones, y que pudieran hablar por teléfono y que estuvieran mejor, si yo no quiero que estén aquí, si hay gente que no tiene que estar. Pero que hablen con nosotros, que con nosotros nadie habla..." Por otra parte, mencionan a personas y colectivos que trabajan puntualmente con la población presa. Sienten, por ejemplo, que muchas ONGs, además de estar interviniendo en prisiones sin conocimiento de causa, les están pidiendo que asuman funciones que no les corresponde: "Nos piden que tratemos enfermos de SIDA, esta no es mi función, yo no soy enfermera, yo soy funcionaria para abrir y cerrar puertas, nada más." Hablan también de estudiantes en prácticas, quienes se acercan al mundo carcelario con ideas negativas preconcebidas y no se paran a ver lo que hay ni se preocupan por quienes realmente les necesita, como es el caso de las gitanas: " ... vienen a ver como es esto porque se creen que esto está hecho polvo todo, de ver qué hacen aquí dentro y qué dejan de hacer, pero, en realidad, no les preguntan nada, ni ná de ná, entonces a ellas les sienta mal porque se sienten observadas, y que fueran monos..." Y, finalmente, se quejan de la propia dirección de la cárcel: "yo me siento mal pero por lo que tengo encima, por mis jefes, jamás me escuchan... te dan órdenes muy tontas, muy vanas, sin sentido, cuando mas agobiada estás..." El jurista también señala este hecho al indicar que lo que se le pide desde arriba es reforzar el trabajo más burocrático y despersonalizado: "la dirección general quiere que salga trabajo y tal y cual y el trabajo de la junta básicamente, claro de papel, sacar el papel y ya está..." En este entramado de relaciones tiene un papel relevante también la propia administración penitenciaria, la cual es sentida por las funcionarias como una gran jefa que tampoco escucha ni las apoya: "yo no me siento en absoluto protegida por la administración","... es que de nosotros, los funcionarios, pasa la administración ampliamente, vamos, un puñado, un montón..." Este abandono administrativo es vivido como una falta de protección ante los riesgos que corren (otra vez el miedo), los cuales se extienden fuera de los muros de la cárcel: " ... en los juzgados que te encuentras con todos los familiares de los internos a los que tú... ¿sabes? Y se saben los nombres y los apellidos..." De este modo su discurso se mueve en una espiral: ellas cuidan y, en cierto modo, protegen a las presas, y, a la vez, piden que la administración las protejan de las presas y sus familiares. Ello refleja un conflicto fuerte entre unas y otras, en parte porque las presas las toman como la figura que representa todo el sistema carcelario y, ante las cuales, aparecen sentimientos de venganza. El educador también señala que la cárcel es una institución que está dentro de un gran entramado administrativo, y mucho de lo que allí se hace o se puede hacer depende de la ubicación que en cada momento ésta tenga en ese entramado. 5.3. Los resultados Tanto en los discursos del personal de tratamiento como en el de las funcionarias de régimen interno, está la idea de que es poco lo que se puede hacer. Las funcionarias muestran cierto desánimo y apatía por la falta de resultados: "Sí, sí, porque salen cuatro días y vuelven. Es que son los mismos.", "Además, es muy poco gratificaste, tú pones a alguien en la calle supergordita, superbién, hasta los quince días, a los quince días, toda demacrada, llena de pupas, llena de piojeras, es que te vienes abajo...." La medida del éxito de su trabajo, el educador la pone en la no reincidencia, con ello está planteando lo frecuente que es reincidir y da muestras de que cree firmemente en la relación alto nivel educativo y bajo nivel de delincuencia: "... hay algunas que sí que regresan y digo otra vez aquí, pero cuando ves esos casos de esas mujeres que entran y dicen yo quiero sacarme el graduado escolar, yo quiero aprovechar el tiempo y luego ves que continúan con el BUP y que continúan con una carrera universitaria..." La sicóloga señala los escasos logros obtenidos: "en casos puntuales, sí que se intenta hacer un tratamiento de suplir deficiencias, de incluirle en programas de inserción, de derivarle a comunidades terapéuticas, pero que eso, a lo mejor es un 5%..." y se refiere a esta situación por el elevado número de problemas a abordar en cada individuo preso, señalando que por sus características "que cuando ya se llega aquí la cosa ya está mal..." Junto a esto, en ocasiones, surge la necesidad de dar valor a los éxitos obtenidos, quizás de forma desmesurada, para dar sentido al propio trabajo: "y puntualmente, pues mi intervención, yo sé que a alguno le ha servido. No te estoy diciendo que del 100% de interno que trato me sirva al 100%.... pues a lo mejor a dos...", "... espero que sí, no es que yo lo crea, es que lucho por eso, espero que sí...."
6. Alternativas a la cárcel Cuando hablan de alternativas a la cárcel lo hacen dentro de un marco de referencia clave, la asunción de que las cárceles existen y existirán: "... la idea de cárcel existe y tenemos que asumirla pero también existe la idea de la alternatividad, es decir que haya algo alternativo, trabajemos también por la parte alternativa..." En general, se habla de alternativas para determinados perfiles de presos o presas, para quienes no son reincidentes, asumiendo que para otros perfiles, los y las reincidentes, la cárcel es la única vía posible: "... de a ver qué se puede hacer, sobre todo, con muchos perfiles, gente que delinque por primera vez, que a lo mejor hace ocho años que hizo aquel delito, que la pillan ahora y la meten a la cárcel. Pues, joder, en ocho años si no ha cometido ningún delito, trabajemos para que esta mujer no entre en prisión..." Se entiende que las alternativas a la cárcel son medidas que ya existen, tales como cumplimiento de fin de semana, pisos tutelados, arrestos en el propio domicilio, trabajos para la comunidad... y se dice que faltan más medidas de este tipo. El jurista hace una disertación sobre como el castigo que un determinado individuo tiene que cumplir no siempre está relacionado con el delito cometido, en el sentido de que no sirve para que quien delinque llegue a percatarse de las consecuencias que su conducta ha tenido; de hecho, el tiempo en prisión con frecuencia facilita el olvido de la víctima. Con lo cual piensa que las alternativas a la cárcel han de ir dirigidas a lograr este objetivo, lo que puede significar "... sustituir, la idea yo creo que a veces mucho más que la prisión sería el hecho de que el tío se diera cuenta de que lleva muchos años de prisión por eso... " Plantea, por lo tanto, una reflexión a medias, no llega a cuestionar abiertamente la inoperancia carcelaria para lograr este fin y no propone realmente alternativas, aunque las desdibuja. Conclusiones
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de febrero de 2000