XVI

MI FE Y MI EUCARISTIA

LA TOTAL IMPORTANCIA DE LA FE

He llegado a comprender un poco la total importancia de la fe. Sin ella, nada. ¿Por qué no amamos más a Dios? Porque mi fe es lánguida. ¡Si fuese mi fe como la del P. Nieto! A él nada se le hacía difícil. Nada. Incluso se imponía penitencias voluntarias a cientos por parecerse más a Cristo que sufrió. La fe grande viene como consecuencia del amor grande y el amor grande se fundamenta en una fe grande. Es preciso aumentar dentro de la oración uno de estos aspectos, porque inmediatamente aumentará el otro.

A mi modo de ver el problema clave para avanzar en la vida espiritual es la fe. ¿Cómo podemos enamorarnos de Dios con una fe débil? Pero hemos de comenzar por la oración: con humildad pedir fe, suplicar a Dios aumento de esta virtud maravillosa. Cuando la fe es eminente, a la fuerza ha de crecer el amor. ¿Cómo no enamorarse de Dios conociendo su bondad, su maravilla, su misericordia, omnipotencia, eternidad? Todo después va unido y a mayor correspondencia a la gracia, mayor santidad.

Vamos a pedirle como el P. Nieto: Señor, dadnos el don de oración. Dadnos el don de la abnegación. La fe irá madurando en esa misma oración y en la lectura de libros de espiritualidad. El problema más grande en la vida de los cristianos es la falta de fe. Es creer a medias. Vivir siempre con reservas implícitas. Si tú y yo creyéramos como los santos, a la fuerza nuestra vida sería santa con santidad heroica, dentro de nuestras posibilidades. Muchos que se llaman cristianos o sacerdotes, carecen casi del todo de fe. ¿Cómo se puede tener fe en la eucaristía y vivir siempre y en todo momento de rutinas? Ciertamente la fe fragua, se conserva y aumenta en la oración. Es su medio. Como el agua para el pez.

Por eso, si abandonamos la oración y la relegamos a unos simples ritos, costumbres rutinarias, y no profundizamos conscientemente en ella, la disminución de la fe hasta la pérdida total, están garantizadas. ¡Señor, concédenos el don de la oración, concédenos el don de nuestra propia abnegación! Aumenta nuestra fe. Que sea del todo viva.

PROBLEMA DE FE ANTE TODO

Nuestro problema espiritual es problema de fe ante todo. Te lo digo simplemente mirando la experiencia de mi vida. La fe, durante la primera temporada después de la conversión era, sí, firme, pero descansaba mucho en las personas mayores en las que confiábamos. Después nos damos cuenta de que otros descansan su fe en nosotros y nosotros en sólo Dios. Es el momento de la fe madura, pero también en esta época muchos la sienten flaquear.

Hay muchos grados en la fe. La entregada y reelegida en total entrega de por vida en celibato es enorme. Son admirables. Verdadero signo del Reino quienes viven así la fe, con todas sus consecuencias, en pobreza y desprendimiento de todo lo criado, y no por rutina, sino elegido con decisión y vuelto a elegir. ¿Por qué yo y otros no pudimos aguantar, cuando llegó el momento de la reelección? ¿Por qué no pudimos vivir en esta soledad humana, en este desprendimiento total? Sí, la idiosincrasia de cada uno es muy peculiar y a veces resulta insoportable, torturante vivir en soledad. Hay que tener suma comprensión. Pero también habrá que afirmar que nuestra fe, al menos la mía, era tibia. Si la comparase, por ejemplo con la del P. Nieto...

¿Remedio para aumentar la fe en El, dador de toda gracia? Horas y horas en soledad con Dios, pedirle, ponernos junto a El con decisión, esperanza, confianza. Leía no hace mucho que al menos dos horas de oración personal diarias sería necesario para entrar en la vía iluminativa. Y gran humildad. Por nosotros no podemos nada.

NO ESTAMOS SOLOS

Hubo momentos de angustia en mi fe. Los primeros años de la década de los 70. Me parecía que estaba solo. Daba la impresión de que muchos no creían ya en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Aquellos años sufrí más que nunca. Mi fe no vaciló pero me encontraba como solo. Hablé con mis amigos de siempre, que parecía que dormían mientras yo me acomodaba a mi nueva situación "seglar". Entonces propuse y todos aceptaron acudir a practicar juntos unos días de retiro. Tres años seguidos estuvimos en Leyre. Después 18 en Estíbaliz. Sólo Dios sabe cuánto bien hemos recibido de estas convivencias. Cada vez me cautiva con mayor fuerza la fe. La miro ahora no sólo como un don de Dios (mayor que la propio sentido de la vista). También la miro como una tarea que he de realizar. Vamos a confiar en la gracia de Dios que iluminará nuestros esfuerzos en el campo de la fe. Y vamos a poner de nuestra parte todo lo que podamos. Cuando lo divino entra en nuestra alma y en cualquier campo de lo terreno, vendrá envuelto en la oscuridad, en la penumbra. Pero hemos de penetrar en "este juego divino", avanzar, y continuar adelante, procurando animar a otros.

Cuando la fe es firme, consolida la esperanza y acrecienta la caridad. Nos hemos fijado. Nieto era un volcán porque su fe era de las que raramente se ven. Su oración tenía un vuelo que se levantaba enseguida hacia Dios. Su influencia en las almas era enorme. Yo Recuerdo siempre a los seminaristas de Comillas. ¡Cómo salían! Es verdad que después de los años no siempre han perseverado. Pero esto se debe a que no han seguido poniendo los medios de piedad. ¡Dadnos Señor esta fe enorme que mueve las montañas de la indiferencia! Ofrecer este homenaje de nuestra razón la Majestad y Grandeza de Dios. La fe nos viene de lo Alto. Pero podemos pedirle con humildad al Señor que aumente nuestra fe.

NOS DA FELICIDAD

Qué bueno rememorar de vez en cuando canciones eucarísticas anteriores. Recordamos momentos de verdadera felicidad. Viene ahora a mi memoria aquella: "Yo soy de Dios, oh dulce pensamiento, que anega el alma en celestial amor. El mismo Dios morar gustoso quiere en mi tan pobre y frío corazón." De verdad causaba en el alma una alegría inmensa. Y hoy más. Sentirse de Dios; notar cómo el alma queda ANEGADA en ese amor celestial. ¡Qué fuerza tiene la palabra! No es sólo regada, ni siquiera saciada: "anegada" es más. Como los campos después de una inundación. Como el huerto con el canal de riego olvidado... Creo que recordar algunas canciones como ésta nos hace revivir experiencias con tanta o mayor intensidad que las originales. Son verdaderas gracias actuales de Dios.

La verdadera felicidad la conseguimos por la posesión de Dios. Esta es la realidad: por eso el hombre más feliz es el hombre santo. Por eso cuando comulgo, me digo a mí mismo: ahora puedes poseer la verdadera felicidad, porque tienes a Jesucristo en ti mismo.

Felices nosotros, querido amigo, que creemos en el amor que Jesús nos tiene en la Eucaristía. Nosotros, aunque nos encontremos secos en la oración amamos ya, porque el creer en el amor es ya amar, según suele decir Eymard. Pero si nos contentamos sólo con creer intelectualmente en la eucaristía, todavía no amamos o amamos muy poco. Vamos a creer de verdad en este Amor.

¡Qué hermoso vivir en la casa parroquial, o junto a la Iglesia, o en la casa donde se conserva el Sagrario reservado!

Con la fe cada día más contento, a pesar de su gran oscuridad. La luz de la fe llega a regir en todas las circunstancias de mi vida; se aceptan todas sus consecuencias, aun aquellas que van más en contra del propio sentir.

Dicen que son tres las etapas de la fe: la de la infancia, juventud y madurez, que corresponden a la vía purgativa, iluminativa y unitiva. Cuando me pongo a analizarme siempre me parece que estoy en la primera; pero no me importa. Me gustaría crecer, el Señor me ayudará cuando le plazca darme su fuerza. Más vale quedarse un poco pequeño que perder la fe. Aquello del salmo "soy como un jumento delante de ti", se lo digo con frecuencia al Señor. Una por una estar junto a El.

Seguir con la oración, eso es lo importante. Por otro lado dice Royo Marín, muy fundamentado en toda la doctrina católica, que todo el proceso de santificación por nuestra parte se reduce a la oración y a la humildad. La oración para pedir a Dios esas gracias prevenientes, y la humildad para atraerlas de hecho a nosotros.

NUTRIR NUESTRA FE

Es normal que los creyentes tratemos de comprender a Aquel en quien hemos puesto nuestra fe. Comprender mejor lo que ha sido revelado. Porque un conocimiento más profundo suscitará en nosotros una mayor fe. El catecismo nos recuerda estas ideas reales. La gracia de la fe abre los ojos al corazón. Es verdad también lo que decía el Padre Nieto que la crisis del clero de nuestro tiempo más que de fe es de amor a Dios. Pero, pienso yo, si la fe fuera total, forzosamente fomentaría nuestro amor a Dios. Es preciso alimentar nuestra fe y amor no sólo con la oración diaria, sino también con la lectura espiritual. Ningún día sin un buen rato de lectura meditada, sin prisa. Me lo he propuesto y por la gracia de Dios lo voy cumpliendo. Espero que tú también, ¿no?

LA FE, ILUSION DEL APOSTOLADO

Hemos recibido todos la fe de otras personas - el catecismo lo reconoce y nos lo recuerda - . Somos como eslabones de esta cadena maravillosa de la fe. Si la hemos recibido, también debemos transmitirla. Muchos nunca piensan en este aspecto de su fe. Para nosotros, que tantas gracias recibimos de Dios, debe ser normal. Exigencia de nuestra fe. Y sobre todo, exigencia de nuestro amor a Dios.

Hemos de estar del todo seguros de esta fe que proclamamos y que difundimos. Dios es la misma verdad. Y, como tantas veces lo oíamos en los días de nuestra formación, no puede engañarse ni engañarnos. Nos hemos de entregar con total confianza a la verdad y a la fidelidad de la palabra de Dios. Esto se notará. Hablaremos con entera convicción. Y cuando hablemos así, seremos instrumentos más útiles para la causa del Señor.

Tengo sobre mi mesa anotada esta breve oración de San Nicolás de Flüe, que la copié del catecismo en el nº 226:

"Señor mío y Dios mío, quítame todo lo me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío, despójame de mí mismo para darme todo a ti."

Buena oración cuando nos disponemos a explicar un poco la Palabra de Dios.

En la oración las alas son la fe y la caridad. Nos hacen volar. Pero además la oración aumenta en nosotros el vigor de estas alas. Por supuesto que en los comienzos han de batirse las alas con fuerza, con decisión. Después, cuando parece que vamos perdiendo fuerza, cuando parece que disminuye esa emoción intensa, ese fervor sensible, entonces es cuando se "planea", como las aves cuando han alcanzado cierta altura. Sé que lo has experimentado muchas veces.

Que Dios nos conceda ser verdaderos orantes, lúcidos en la fe. Que sepamos "ver" en la misma oscuridad de la fe; que El nos dé ardor en la caridad: saber amar de verdad, aun cuando nada sintamos.

En la oración es cuando más sensación tenemos de la indigencia propia, a la fuerza se afianzará nuestra alma en la humildad. ¿No te suele costar concentrarte? ¿No te sientes a veces como impotente, sin ganas? Parece que el único mérito es el estar allí. Y lo es. Necesidad de estar con Dios aunque no lo sintamos, aunque sea en aridez. Creo que esto nos da humildad. ¿De dónde nos viene ese deseo sino de su misericordia? Jesús nos comunicará su Espíritu para que pidamos en su nombre, para que estemos junto a El, aun sin consuelos.

SEÑOR, YO CREO, PERO AUMENTA MI FE

En teoría sí creo, sí creemos, podemos decir que sí, porque ¿quién va negar un dogma revelado? Pero la fe ha de ser no sólo teórica. Ha de bajar al corazón, mover la voluntad, ha de aumentar progresivamente como en los santos. ¿Qué me ha de importar el sacrificio? ¿Qué más me ha de dar prescindir de caprichos? Dejo la casa de juguete y adquiero el gran palacio. Así debe ser nuestra fe. Vamos a pedirle al Señor que aumente nuestra fe. Que seamos mucho más consecuentes.

Hay épocas en la fe como envuelta en densos nubarrones. Además suele esta sensación ir acompañada de noches oscuras por diversos problemas: salud, trabajo, familia u otros. Tiene uno un poco la impresión de que todo el trabajo anterior ha sido inútil, como una obra de teatro, una comedia, una especie de hipocresía. Son momentos duros. Incluso llega uno a pensar que no tiene fe. Y a envidiar la fe del carbonero.

Es preciso entonces no desanimarse. Te lo digo por experiencia. La fe es algo que, analizándola, depende de nuestra voluntad ayudada por la gracia de Dios. En esos momentos duros conviene ponerse humilde delante de Dios y decirle en medio de la sequedad: Yo sé bien de quién me he fiado y estoy seguro de tu bondad que conservarás hasta el fin de mi vida este "depósito" que un día acepté en medio de la consolación. "Señor, ¿a quién iremos, Tú solo tienes palabras de vida eterna." Y pienso que el final de nuestra vida puede ser incluso duro como fue el de Jesucristo que exclamó: "Padre, ¿por qué me has abandonado?" Decirle a Jesús esta jaculatoria, si es preciso.

No sé si en otra ocasión te conté. Un día me quejaba ante Don Miguel Sola de que la fe fuera tan oscura; me resultaba muy duro. El me dijo entonces: Agradécele a Dios el que la fe sea tan oscura porque así le puedes demostrar más el amor y cómo te fías de El. Incluso pídele más oscuridad y fuerza para fiarte más de El. A no desanimarse, y a continuar animándonos, que esta mutua ayuda está en el plan de la Providencia de Dios.

SOMOS PADRES EN LA FE, Y LOS TENEMOS

¿Sabes? Estos días he disfrutado de mis grandes alegrías. Me he sentido del todo padre en la fe. Me parece que ya te lo insinué cuando viniste. Estaba preparando a un niño de 13 años para el bautismo. Si la Providencia no me hubiera puesto en su vida, probablemente nunca se hubiera bautizado ni hubiera conocido el cristianismo. Y el niño me eligió para padrino. Y ha hecho tanto el bautismo como la primera comunión con fervor, emoción, alegría grande e incluso se le ve cambiar en su comportamiento y estudio. El mismo anda ahora animando a otros compañeros suyos para que se bauticen.

Tal vez por primera vez me siento padre en la fe. Desde hacía tres años tenía un alumno sin bautizar. Bueno, son varios los que tengo, pero otros de origen marroquí que no quieren saber nada de nuestra fe. Pues bien, he estado primero sugiriendo el deseo; después de él desearlo, animar ese deseo, atenderlo con cariño. Cuando el niño de verdad lo quiso, a los 13 años, durante todo el curso he ido preparándolo semana tras semana. Además le he ayudado a integrarse en la parroquia. Por fin fui su padrino de bautismo el día 8 de mayo. Celebramos una fiesta de gran alegría.

El día de la Ascensión celebramos su primera comunión. A lo largo de nuestra vida todos que nos hemos preocupado de extender el Reino de Dios, hemos colaborado al crecimiento en la fe. En ese sentido, sí, nos hemos sentido padres en la fe. Pero lo de ahora, para mí es distinto. Es como engendrar a uno en la misma fe. Aquello que decía San Pablo: "Os he engendrado en el Evangelio." Te digo todo esto porque es una de las impresiones mías más fuertes de todo el año en materia de creyente.

EUCARISTIA, LA NIÑA DE MIS OJOS

Muchas veces hemos comentado que mi devoción fuerte a la Eucaristía (hablando en términos humanos) se debe a dos causas principales: una al que hoy es sacerdote D. Santiago Zubieta. En su cuarto curso de teología - era él enfermero- caí en cama con infección al vientre. Nos visitaba todos los días. Me hablaba del amor de Jesús en la Eucaristía; me enseñaba a hacer visitas. Después, en aquellas vacaciones de verano del año 49 practiqué asiduamente la visita y adoración a Jesús. Vi el ejemplo de un buen seminarista. Y leí veces y veces el librito "El espíritu de Santa Micaela del Santísimo Sacramento." Desde entonces para mí la Eucaristía es algo vital. Es verdad que santa Micaela vivió en un siglo eucarístico. La devoción en torno al sagrario removió todas las conciencias. Nosotros lo hemos conocido hasta los años sesenta. Y hemos de seguir propagando esta devoción acendrada.

Me emociona ver en Santa Micaela los días de fervor que siguieron a sus ejercicios espirituales de 1847; la gracia mística que recibió en la fiesta de Pentecostés. Ella lo explicaba con estas palabras que merecen grabarlas en oro dentro de nuestro

corazón: "Lo vi tan grande, tan poderoso, tan bueno, tan amante y misericordioso que resolví no servir más que a un Señor que todo lo reúne para llenar mi corazón." Eucaristía, allí Cristo, nuestra Pascua está presente y nos da vida, y nos invita a ofrecernos nosotros mismos con El en memoria suya por la salvación del mundo. Por otra parte desde la Eucaristía Dios nos infundirá el aumento de fe, esperanza y caridad; nos dará ese "perfume de Cristo" que nos hace verdaderos apóstoles, nos ayudará a tener la verdadera disciplina para llegar a ser personas de oración. ¡Ojalá podamos entender así la Eucaristía! De esta forma comunicaremos nuestra experiencia de fe eucarística. Viviéndola con esta convicción personal total.

Estoy convencido de que Jesucristo nos ha de infundir una amor apasionado hacia El, como lo hizo con los santos. Hace falta que sigamos su inspiración, sus sugerencias. Siempre está pidiéndonos algo. Lo malo si no le hacemos caso. Entonces poco a poco nos entra la sordera. ¡Cuántas veces lo experimenté en mi vida! Ojalá de una vez aprendiera a hacer caso a Jesús.

Me admira el amor de los santos. Estoy leyendo esos folletos que salen en Vida Nueva cada mes con la vida de algún santo. Me estimulan mucho. Ellos sí tenían amor apasionado a Jesús. Jesús también nos ama con pasión en la Eucaristía. Si no lo hubiese experimentado, me parecía que hablaba de memoria. Supongo que tú también lo has notado muchas veces.

Todo es cuestión de fidelidad a la oración, a la Misa o comunión bien preparada. Comprendo la dificultad de la misa con fervor cuando un cura tiene que celebrar tres o más misas en un día. Sé de alguno que celebra casi mil Eucaristías cada año. Hace falta mucho temple para prepararse bien. Pero es posible. Y creo que, si lo hace, nadie habrá con amor más apasionado a la Eucaristía que él. Merece la pena. Vamos a decirle juntos ahora al Señor: Es preciso que te visite con fe, que te ame con pasión, lo demás vendrá por añadidura. Te lo voy a pedir todos los días. ¡Como el cura de Ars que derramaba lágrimas todos los días al repartir la comunión.

Me impresionó una frase del San Pedro Julián Eymard, apóstol de la Eucaristía. La copié y la tengo ahora encima de la mesa: "Allí donde la Eucaristía es olvidada, la Iglesia no tiene sino hijos infieles, cuya ruina no tardará en llegar." Por eso me preocupa el estado actual de nuestra tierra. Cada vez más Iglesias cerradas; menos gente que va a Misa; mayor abandono de los sagrarios. Merece la pena volver a aquel fervor eucarístico de antaño. Hacer campaña, ambiente, apostolado. La Eucaristía es la salvación del mundo.

Cuántas veces nos suele suceder: por la mañana en la comunión promesa de fidelidad, de unión de sacrificios, luego, a lo mejor, ni siquiera media docena de pensamientos sobre Jesús durante toda la mañana. Y el amor que Jesús nos muestra, quiere verse siempre correspondido. Y hemos de tener en cuenta que al no serlo, puede ir cerrando poco a poco las puertas e irse. Hemos de ir huyendo cada vez más de la tibieza que nos suele dominar durante el día, si no estamos sobre aviso. Parece que la vida propia es una lucha constante del amor de la Jesús en la Eucaristía y la propia rutina en estas cosas santas. Ha de ganar El. Vamos a ponernos a tiro.

JESUCRISTO ESTA VENGA LLAMARNOS

Siempre me ha impresionado el no creyente, el dubitante en la Eucaristía. Me parece más fácil negar el cristianismo que admitirlo y negar o tergiversar este santo misterio. Se atreve uno a negar el poder de Dios; la evidencia evangélica. Nada veo tan claro dentro de los dogmas evangélicos como el de la Eucaristía.

También me impresiona desfavorablemente quien se ríe o menosprecia la vista al sagrario, quien la llama "Cristo en conserva", al Divino Sacramento quien se admira de que Pío XII denominara a Jesús sacramentado de forma metafórica "El divino prisionero del Sagrario."

Veo a Jesucristo como un lanzador constante de saetas de amor. ¿Qué son todos los beneficios recibidos? ¿No recuerdas aquella meditación del final de Ejercicios: "Meditación para alcanzar amor? Pero si uno no acaba de rendirse con el beneficio de haber sido creado, o el de haber sido redimido, se dejará apresar en las redes del amor por el gran beneficio de la Eucaristía. Eso de recibir a Jesús dentro del cuerpo, dejarse poco a poco convertir en El... es para volver loco a cualquiera. Comprendo a la gente sin fe. Pero no llego a entender a quienes se dicen creyentes católicos y luego "pasan" de la eucaristía en la misa, en la comunión y en la visita. Todo cuanto hagamos para mantener durante el día la presencia de Cristo en nuestras almas, es sólo corresponder a su amor. Tal vez tú también habrás oído alguna vez lo del protestante que decía a un sacerdote: "Si yo creyera en el Eucaristía, que Jesús está realmente presente en el Sagrario, no habría fuerza humana para separarme de allí."

Quizás le pasaría al amigo protestante como a otros muchos que dicen que creen, pero esta es la realidad: si creemos en serio, de verdad con firmeza total, nos comportaremos como el Padre Nieto, San Alfonso, Santa Micaela del Santísimo Sacramento.

Merece la pena leer la vida del Cura de Ars. Este libro no se puede meditar sino entre suspiros internos de emoción. ¿Cómo no llorar internamente por ejemplo cuando nos dicen que la inmensa presencia de Jesús sacramentado, que todo lo ama está allí, en aquella iglesia de pueblo, rodeada por la nada de las almas, por la profundidad de la falta de amor e indiferencia de la gente? ¡Y ahora seguimos lo mismo! En pueblos y ciudades: iglesias cerradas por la ausencia de amor hacia Aquel que se ha quedado entre nosotros! Es más triste muchas veces la indiferencia que el odio. Al menos el odio de alguien supone para él que existes. Jesús es el gran ignorado. Inexistente para la mayoría. ¿Qué podríamos hacer para aumentar esta devoción a Jesús sacramentado?

UNIDOS EN ESTE AMOR EUCARISTICO

Cuánto me alegra rimar contigo en este amor a la Eucaristía. ¿Recuerdas? El significado es acción de gracias. Cuando estamos en oración delante del Sagrario o después de comulgar, no nos hemos de retirar de allí sin mostrar al Señor nuestro profundo agradecimiento y sin pedirle perdón por las distracciones que hemos tenido. Sobre todo mostrarle nuestro mejor homenaje de la fidelidad total a su amistad. Juntarnos a todos los hermanos que le adoran en todos los puntos de la tierra. A mí me gusta unirme concretamente a tu oración. Imagino que la harás en las primeras horas de la madrugada, antes de comenzar cualquier otra actividad. Por eso, cuando yo empiezo, a las siete de la mañana, me uno a la oración de varios amigos que sé están practicando a esas horas, y me anima. Espero que tú también lo hagas.

Estoy seguro de que muchas veces te ocurrirá cuando visitas a Jesús en el Sagrario algo parecido a lo que yo algunas veces he experimentado: la Eucaristía vigoriza más y más la propia fe; eleva cada vez más y purifica el amor a Dios y al prójimo. Es el lugar de encuentro de todos los amigos creyentes, los que conviven con nosotros y, sobre todo, los separados por la distancia. Por eso cuando estoy junto al Señor me suele gustar unirme a la oración de todos los amigos en la fe. A veces uno mira atrás y ve cómo, gracias a la fuerza que da la Eucaristía, va superando dificultades en otro tiempo imposible de vencer. Sobre todo en los comienzos de la conversión, cómo se nota la fuerza de la Eucaristía. Pienso que si seguimos con esa misma ilusión de los primeros años, cada vez más será el influjo de la Eucaristía.

ME DUELE LA RUTINA

Sé de memoria que Cristo está de forma impasible en el sagrario; no pude sufrir; no es un prisionero, sino de amor. Pero me duele ver tantos sagrarios abandonados que sólo se abren los domingos. Me duelen los días y noches largos de soledad de Cristo abandonado: como los cadáveres de los cementerios. ¿No será que son cada vez más los muertos en su fe?

Quisiera ahora visitar en espíritu tantos sagrarios abandonados. Quisiera amar con el corazón de todos los hombres de pueblos y ciudades que pasan del amor a Jesús. Ahora me duele mi rutina pasada. ¡Cuántas veces he ido a la Iglesia y no he hecho un acto de amor a Jesús en la Eucaristía o lo he hecho de una manera medio distraída! ¡Cuántas genuflexiones sin sentido o con poco amor! ¡Señor, Señor, ¿cómo no voy a tener compunción de corazón cuando miro mi vida pasada?

Misas con distracciones continuas, sin pacífica tensión espiritual. Aquel que celebró sus primeras misas con tanto fervor, ¿cómo está ahora? Creo que pensar de vez en cuando en estas ideas nos puede ayudar a mejorar.

 

 

 

MIS BODAS DE ORO CON JESÚS EN LA COMUNIÓN

Para mí el día 3 de junio del 93 ha sido una fecha memorable. Día del todo eucarístico. Cincuenta años precisamente de mi primera Comunión. ¿Cómo podré agradecer a Dios tanto favor? Calculo que desde entonces habré recibido a Jesús entre dieciocho o diecinueve mil veces. Ríos caudalosos de la gracia de Jesús han regado mi alma. ¡Qué confianza con El! Si dijo: "Quien come mi carne y bebe mi sangre, tendrá vida eterna", ¡cómo tiene que ser mi esperanza de salvación! ¿Cómo agradeceré al Señor cuanto ha hecho conmigo? Volveré a recibirlo con mejor preparación, con mayor fe, con más grande esperanza, con atención consciente.

Y también pienso: si mis comuniones hubieran sido siempre llenas de fervor y amor, ¡qué grado de santidad tendría! Y cómo hubiera influido en el Cuerpo Místico de Cristo! Hay fechas que merece la pena vivir a tope. Días de gran renovación interior, de agradecimiento, de nuevo arranque y aceleración en la vida espiritual. Nuestro progreso en la santidad depende mucho de la fe, el fervor, la ilusión que ponemos en recibir la Eucaristía, en celebrar el santo sacrificio. ¡Si todas las misas fueran como las primeras...! Con esa fe despierta, llena de admiración, como sobrecogidos por el misterio. ¡Cómo recuerdo las comuniones de aquel amigo nuestro en el seminario de verano! Y no era en él comedia, ni decía nada, pero se le notaba las primeras horas de la mañana en su mismo rostro.

Debiéramos entonces decirle a Jesús: no quiero pensar sino en ti y en tus cosas. Que mi vida cambie, que esté llena de esta gran ilusión de haberte recibido.

ESPIRITUALIDAD EUCARISTICA

Como sabes siempre me ha cautivado la espiritualidad eucarística. Santa Micaela me guió en los primeros pasos. Ella buscaba siempre la unión con Dios metiéndose en el Sagrario. Decía que las penas, las cruces, los trabajos le hacían meterse en el sagrario, y salía de allí con fuerza. Lo mismo hacía el Padre Nieto. Todo lo solucionaba con una visita ardiente a Jesús. A veces nos parece demasiado simple, demasiado fácil el solucionar nuestros problemas de esta manera. Mi experiencia práctica es que cuanto mejor he andado en esta piedad sólida, tanto mayor alegría experimento en mi interior.

Creo que te pesará lo mismo que a mí, la Eucaristía, en su gran misterio, en lugar de servirte de prueba en la fe, se va convirtiendo cada vez más en un poderoso estímulo o aguijón. El alma goza cuando conoce una verdad oculta, cuando descubre este tesoro escondido. Cuando estamos ante estos velos que ocultan a Cristo ¡Dios y Hombre verdadero!, lo buscamos con afán, como María Magdalena cuando observó el sepulcro vacío. Es la Eucaristía para nosotros la verdad siempre antigua y siempre nueva. La gran novedad. Nunca nos acostumbramos a ella, como no se acostumbra el hombre enamorado a su mujer. Si miramos a los santos amantes de la Eucaristía como el Beato Pedro Julián Eymard o Santa Micaela, corroboramos todo esto.

Me viene a la memoria de mi infancia la pequeña procesión de "Minerva". Tenía lugar en la parroquia los terceros domingos de mes alrededor de la Iglesia. Antes de la bendición del Santísimo los sacerdotes se revestían de blanco con capas y dalmáticas de solemnidad. El Santísimo bajo palio recorría las naves de la Iglesia. Mientras tanto la gente cantaba melodías Eucarísticas. Todo era digno y a la vez sencillo.

Al cabo de los años sigo recordando aquello. Algunas veces mi oración consiste en ir repitiendo mentalmente himnos eucarísticos cantados en las funciones de "Minerva" de tiempos infantiles, mientras con la imaginación me encuentro en aquellas parroquia de San Juan de Estella: "Adorad al augusto sacramento. Y en ademán de pleitesía cantad: "Gloria a la Eucaristía la obra maestra del Señor. Gloria, triunfo y honor a Cristo Rey. Por el amor de los amores jurad ser siempre adoradores del sacramento del amor." Han pasado casi cincuenta años: una vida entera. Y todavía

recuerdo aquel himno del congreso eucarístico de Estella, cantado cientos de veces en la exposición. ¡Qué bueno es el canto en la liturgia, repetido mil veces hasta aprenderlo bien y gustarlo! Sigue teniendo efecto aun después de décadas.

JUEVES

Procuro que el jueves por la tarde tenga un matiz eucarístico. Por supuesto no puede fallar la visita más larga al sagrario. Ha de ser llena de agradecimiento. Compré hace poco un compac de música gregoriana. Y es mi música y meditación de los jueves por la tarde. Lo programo para que pueda repetirme varias veces los siguientes cantos: Lauda Sion, Adoro te devote, O sacrum convivium, Tantum ergo y O salutaris Hostia.

Ya puede tener uno la sequedad que tenga. Es para oírlo sin parar durante horas. Pero hay que hacer otras cosas y es necesario acabar. ¡Lástima! ¡Qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas. Me decía un forofo del cine que él pondría la película

"Cantando bajo la lluvia" y se quedaría viéndola una y otra vez seguidas, sin parar, por tiempo indefinido. Eso mismo me ocurre a mí con los cantos eucarísticos. ¡Buena oración para los jueves por la tarde. Merece la pena sacar media hora de tiempo o más si se puede.

Se rememora todo el fervor acumulado en los años de seminario, se repite como con más intensidad, porque el amor a Cristo Eucaristía ha ido aumentando a lo largo de los años.

¡Bendito sacramento! ¡Quién pudiera tener la facilidad de los santos para enardecer a todo el mundo en este divino amor!

Como el P. Nieto y otros hombres santos ponían en las llagas de Cristo resucitado sus peticiones con fervor, también nosotros. Este puede ser el ejemplo.

MANO DERECHA: DIFUNTOS: Padres, hermanos, tíos, ascendientes, primos, amigos y conocidos. (Nombrarlos). Por quienes prometí rezar. Esquelas. Ultimos difuntos conocidos.

MANO IZQUIERDA: Familiares vivos. Hermanos, tíos primos. Personas a quienes escribo. A quienes prometí encomendar. Alumnos. Compañeros. Vecinos. Antiguos feligreses. Ejercitantes antiguos. Antiguos alumnos. Bienhechores de mi carrera. Superiores y profesores. Nombres.

PIE DERECHO: Iglesia. Jerarquía. Sacerdotes. Religiosos. Nombres.

PIE IZQUIERDO: Pecadores. Ateos. Alejados. Agonizantes. Enfermos. Almas del purgatorio.

COSTADO: Familiares y amigos más íntimos.

LOQUILLO

Cuenta el P. Arróniz en la página 233 de su libro Intimas esta anécdota: Gerardo Mayela está delante del Santísimo. No sabe apartarse del pie del Sagrario: se va, vuelve, vuelva a irse, regresa de nuevo. Sale una voz del altar y le reconviene dulcemente: "¡Ay, loquillo, loquillo!"

 

XVII

MADURAR EN LA FE

VAMOS EVOLUCIONANDO

¿Te das cuenta cómo, según pasan los años, vamos evolucionando? Por supuesto que nuestro comportamiento interior referente a Dios no es el mismo de hace diez años. Nuestra vida interior experimenta una cierta evolución, por lo menos lo experimento en mí. Ahora me parece como más madura y a la vez como más desnuda. Antes me apoyaba mucho en mis mayores, ahora por el contrario, procuro que los más jóvenes tengan en mí un testimonio de mi firme convicción.

No es posible sentirse ajeno a la evolución común del cristianismo. Pero, eso sí, en mi caso - creo que en el tuyo será parecido - me agarro con gran fuerza a lo revelado; a aquello inamovible que estudié y me enseñaron con la Biblia y el Denzinger en la mano. Y de ahí no me separarán algunas teorías de ciertos teólogos atrevidos.

EXAMINAR NUESTRA VIDA

Si nos descuidamos, nos va entrando la rutina en todo. Comenzamos con ilusión. Poco a poco va entrando la desgana. Y en concreto el examen de conciencia puede ser la práctica de mayor rutina. Nos cansamos de vernos siempre igual. En lugar de practicar el dolor y el propósito, nos descuidamos y refugiamos en la rutina. Es de capital importancia el dolor y propósito en el examen diario.

Somos humanos y hemos de contar con nuestras falta. Al menos, trabajaremos por disminuirlas, porque no sean siempre las mismas, y cada vez de menor gravedad. Un examen de conciencia bien llevado, y acompañado del examen particular puede ayudarnos a cambiar a mejor más que otras devociones. Poco a poco voy tomando conciencia de las prácticas más necesarias de mi juventud. ¡Cuánto agradezco la formación que he recibido! Ahora llevo también con mucho interés el examen particular. Precisamente la frase de Kempis: "Si cada año quitáramos un defecto, presto seríamos perfectos", me estimuló a reanudarlo.

Después he leído los capítulos que tratan sobre la materia, y merece la pena. Aparte de la tensión espiritual, llena de paz, poco a poca se ven los efectos. Y ahora es más fácil perseverar en lo iniciado que en la juventud. Entre otras cosas porque el tiempo es más breve y la meta se vislumbra más próxima. He cogido como materia del examen particular la mortificación, la que me hizo adelantar tanto en la adolescencia, cuando mi primera conversión. Pero me da pereza. Es muy exigente el tema. Hace falta mucha ayuda de Dios.

Lo importante es prevenir por la mañana, arrepentirse con sinceridad a mediodía y a la noche. Durante el día, levantar el corazón a Dios con frecuencia: "Señor, ayúdame a adquirir esta virtud".

 

VIVENCIA DE LA FE

Podemos poseer tú y yo a Dios como Huésped de nuestra alma, aun sin conocerlo bastante. Su promesa es independiente de nuestra capacidad intelectual. Lo importante es "experimentarlo". Los santos muy deificados, son felices aun en medio de las pruebas y dolores. Pero aunque abunden los consuelos, las penas que sufren son bastante grandes como para impedirles gozar en la medida en que están santificados. Por eso sería un error ir hacia la santidad buscando no a Dios, sino nuestra propia realización y felicidad. Así lo intuyo, aunque me halle a mucha distancia de la santidad elemental.

¡Qué razón aquello que tantas veces hemos oído: debemos procurar más que el tener, el SER! Según seamos, así resultará nuestro obrar. Aquello que hemos leído tantas veces en Tissot hemos de hacerlo sustancia propia: sólo seremos felices, si cumplimos la voluntad de Dios. Y en este caso, no desalentarnos en medio de las dificultades de todos los días, ni en las más duras. Nosotros esperaremos en Dios que vendrá en nuestra ayuda. ¿Cómo no? Lo importante es hacer un esfuerzo continuo para cumplir la voluntad de Dios. Lo demás se nos dará por añadidura, como Jesús mismo lo prometió. En la oración hemos de encontrar a Dios y será la fuerza de nuestra propia voluntad. Ahí encontramos esta experiencia religiosa, de Dios, para vivir en cristiano y "contagiar" a los demás.

Resulta muy bueno para la vida interior practicar algunos días la oración escuchando canto gregoriano. En concreto, a mí me estimula mucho para el fervor el "Adoro te devote" , el "lauda Sion", y en general todos los eucarísticos. Es curioso cómo aquellas oraciones, salmos, melodías de nuestra juventud en el Seminario, que fueron causa de fervores en el primer período de nuestra entrega al Señor, según transcurre el tiempo, retoman un nuevo ímpetu para el alma.

Si por la mañana escucho media hora de repetición de estas dos piezas que te he mencionado, durante todo el día me acompaña su melodía, su letra, todo el elemento de entrega que lleva consigo.

¡Qué bien viene esto para los días de aridez! A veces no sabemos qué hacer, nos aburrimos, corremos peligro de abandonar la oración simplemente por no hallar ningún fervor. Y en nuestras manos puede estar el escuchar cualquier melodía que un día nos impactó. ¿Qué más da hacer la oración de una manera o de otra? Foucould llegó durante muchos meses a practicar su oración por escrito. Una por una no dejarla por la aridez o aburrimiento. Dios merece toda nuestra atención y todo nuestro esfuerzo personal.

EN NUESTRA MENTE, LA GLORIA DE DIOS

No pretendo otra cosa sino contentarle; no quisiera otro gozo ni otro bien sino hacer su voluntad. Cada día intento vivir más a tope en este ambiente interior. De hecho me quedo en el camino, pero ¿qué sería si no me lo propusiera? Santa Teresa sí lo vivía a tope. Por eso llegó a esa finura de amor a Dios.

A ver si logramos, con Su ayuda, a estar siempre dispuestos a todo por servir más a Dios. Y no en un arrebato de fervor, sino en el sentido oblativo: amar las cosas de Dios, como propias.

Estamos en tiempos en que la fe recia y mística parece que ha desaparecido; muchos la han sustituido por una duda esperanzadora y una acción humanista. Y esa tentación nos puede ganar incluso a almas mimadas desde nuestros años mozos por nuestro Dios. Para ayudarnos, nos unimos en una amistad cada vez más ferviente.

NOS SENTIMOS HIJOS DE DIOS

Vivir como hijos dignos de Dios; sentirnos de verdad hijos suyos y nos será así connatural la vida de mística de fe. ¡Qué intimidad tan grande con nuestro Dios y Hermano mayor, Jesucristo, en quien habita la plenitud de la divinidad! Vamos a revestirnos de El, como quería San Pablo. Vamos a ponernos en plan de oración sencilla junto a El: nos ayudará a revestirnos y a despojarnos del hombre viejo.

Los verdaderamente espirituales sienten con gozo en su alma estas realidades, aunque ignoran el modo de expresarlas. Pero se les nota un algo de unción de espíritu arrollador. Hemos repetido tantas veces estas consoladoras doctrinas que a menudo resbalan en nuestra mente. Vamos a repetirlas despacio; producirán el efecto de la primera vez.

La mayor ilusión nuestra tiene que ser el parentesco que tenemos con Dios. A fuerza de oírlo, sin meditarlo y tomarlo como materia de oración, ya ni nos impresiona. ¡Cuándo de me dedicaré del todo a saborear las riquezas de nuestras verdades de fe!

Ene este sentido - no sé si te parecerá lo mismo- me parece que no sería soberbia desear ser como los santos y que otros lo vean y se estimulen con nuestra manera de ser. Es que hay tantos que presumen de cosas bobas... cuando lo principal debiera ser sentirnos hijos de Dios y que otros lo vean para imitarlo y glorificar al Padre. Nada que siempre estoy dando vueltas a lo mismo, aunque con poco fruto: querer ser mejor para poder influir más en el ambiente.

Es bueno que recordemos con la mayor frecuencia posible que somos templos vivos de Dios, de la Trinidad. Y esto no sólo después de comulgar. Pero la flaqueza humana nos impide estar con paz siempre en este pensamiento. Y por otra parte no se trata de obsesionarnos. Cuando por la noche examino mi conciencia y toco en el examen estos puntos de mantener la presencia de Dios durante el día, darme cuenta de que soy templo vivo de Dios, observo grandísimas lagunas, pero no me inquieto y me refugio en esos momentos en manos de Dios, presente en mí.

Eso sí, merece la pena darse cuenta algunas veces de que todo lo que nos distrae innecesariamente, nos aparta de esa ruta maravillosa de caminar hacia Dios.

A algunos les parece que no da alegría este pensamiento constante de Dios. Se equivocan. Los ratos mejores que pasamos en la vida son cundo somos conscientes de que Dios está junto a nosotros mismos, en nosotros mismos como en un templo.

En cualquier género de vida en que la Providencia haya querido colocarnos, se impone la necesidad de recogernos interiormente para estar en nuestra sicología más cerca de Dios.

LA HISTORIA DE MI VIDA

He leído aquel libro que escribí hace años y que todos mis amigos habéis ya leído. Después de 13 años me causaba como sonrojo. Porque Dios se ha derramado en mi vida, desde mi niñez, con abundancia, y no he sabido corresponder ni al uno por ciento. ¿Ahora mismo qué hago? Siempre dando largas al asunto de la entrega incondicional a Jesucristo. Siempre el "mañana le abriremos". Por eso te escribo. Necesito verte animado. Esto me ha de dar también a mí nuevos ánimos. Tenemos que ayudarnos mutuamente. Me anima leer vidas de personas santas, libros de espiritualidad. Al menos me ayudan a mantener constante este deseo de perfección.

SENTIMIENTOS MUY METIDOS

¿Te fijas cómo tenemos metido dentro de nosotros el sentimiento de honra? Y, por desgracia, la honra que nos ataca es la mundana, que es engañosa.

Nuestra honra tenía que ser la de Dios. Su gloria. Su grandeza. El sentirnos de verdad hijos suyos. Si estamos en intimidad con El, conseguiremos esta gran cualidad cristiana. Si merece la pena vivir, es para esto. Aquí está el secreto de la verdadera humildad.

ALGO QUE TRANSFORMA UNA VIDA

Algunos textos de la Biblia me parece que tienen gran aplicación a la lectura espiritual. Tengo anotados aquí varios: "¿Por ventura no estaba encendido y ardiendo nuestro corazón, cuando por el camino nos iba hablando y declarando las Escrituras?" (Lc, 24, 32). Otro de Jn. 6,64 "las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida".

Cuando leemos la Biblia o un libro de lectura espiritual, merece la pena subrayarlo y repasarlo de vez en cuando. ¡Qué bueno dedicar días enteros a repasar una y otra vez párrafos ricos en experiencia religiosa en otras ocasiones! A muchas personas la segunda y tercera vez les impresiona aún más que la primera.

Hace bastantes año hice un trueque. No fue repentino. Fui poco a poco eliminando el tiempo dedicado a leer novelas por horas de lectura espiritual. (Hoy, si me pongo a leer una novela se me cae de las manos). Merece la pena. Se vive así en un ambiente espiritual. Se entiende mejor la vida. Y... a la fuerza comienza uno a cambiar. Lo primero que noto en mí es una especie de compunción de corazón por el tiempo perdido inútilmente y por lo ruin que hasta ahora he sido con Dios. Después va brotando en mí un deseo de cambiar. Conversión continua. Todo con mucha paz interior. Agradezco a Dios el día en que me envió esta moción del trueque de una lectura por otra.

LECTURA ESPIRITUAL

Cada día aprecio más, desde hace veinte años, la lectura espiritual. Decía el P. Arbeloa que la lectura espiritual ha producido aún más frutos de santidad que la misma oración. Por lo menos - pienso yo- ha sido causa de practicar mejor la oración.

Para mí una de las gracias actuales más grandes y estables es precisamente la lectura espiritual. Recuperé el hábito por la misericordia de Dios hace dieciséis años y ya no lo he abandonado. Es más lo he aumentado, porque además de los libros, escucho cintas con grabaciones de lecturas un poco antológicas. ¡Qué gama más maravillosa de lecturas! Desde Santa Teresa al P. Arróniz. Desde el P. Rodríguez a Foucauld... Historia de un alma... Teología de la perfección... Si tuviera que salvar libros de un incendio, sin dudarlo me tiraría por los de lectura espiritual. Leo otras cosas por convicción, esto por gusto. Disfruto.

ME ENCANTA LA LECTURA ESPIRITUAL

Como te he dicho en muchas ocasiones me encanta la lectura espiritual. Es algo que ayuda a la oración, es algo que, practicando con pausas, constituye auténtica oración. Pero hay que darse cuenta de la diferencia que existe entre los libros. No es lo mismo uno que otro. Para mí la diferencia está en quien lo escribe. Si es una persona santa o que aspira con seriedad a ello, el libro resulta extraordinario. En cambio si es un libro como para salir del paso o de erudición teológica, deja mucho que desear. Igual se nos cae de las manos. Un profundo conocedor de las cosas de Dios, cala de verdad en las almas. Y si encima las vive, transforma; infunde deseos de virtud y de amor. Guiados por estos hombres llegamos poco a poco a ese conocimiento de Dios que nos da la verdadera sapiencia, la sabiduría. Por eso leer despacio a los santos padres es meterse en el torrente de la sabiduría. ¡Qué caudal de doctrina espiritual! A veces resulta la lectura espiritual un remanso; como un río en que no se avanza nada, pero se disfruta en aquellas aguas calientes.

Una de las cosas que agradezco a Dios es que me haya concedido disfrutar mucho con los libros de cosas santas. Me ocurría ya en mis años de estudiante. Después, no sé si por no encontrar obras adecuadas o por inclinarme a los "teológicos y pastorales", me fui hastiando. Pero desde hace entre quince y veinte años, me comenzaron a aburrir las novelas. Poco a poco la lectura que practico con fruición es la espiritual. Tan a gusto como una buena película.

La filosofía, ensayos, historia, revistas, noticias han comenzado a caérseme de las manos. Por informarme de cómo va el mundo, por cultivo intelectual, leo también algo de estas cosas, pero ya no constituyen mi afición como hace muchos años.

Casi sufro de tener una biblioteca particular que se acerca a los tres mil volúmenes. Menos mal que la usan otras personas de la familia y amigos también.

No me extraña que hayan dicho tantos que la lectura espiritual santifica como la oración. Normalmente quien hace con paz su lectura espiritual, está orando. Mantiene un contacto con Dios en amistad, en ilusión. Para su lección para elevarse a Dios. Por algo los benedictinos asumieron esta forma de oración: la lectura sosegada, parando cuando se enciende el corazón.

Pasa con esto como en Emaús. Al comienzo uno lo hace con interés normal. Poco a poco se va calentando el alma y se puede decir como los dos discípulos: "¿No es verdad que ardían nuestros corazones mientras íbamos por el camino?"

Creo que lo he comentado contigo en alguna otra ocasión. Te lo digo porque lo llevo en el alma. Ojalá tengamos siempre esta ilusión de por nada del mundo abandonar esta costumbre, verdadera bendición de Dios. 

MENOS NOVELAS Y MAS LIBROS ENJUNDIOSOS

Hasta mis cuarenta y algunos años he estado leyendo cientos, tal vez algún millar, de novelas. Tarde me di cuenta de mi error que sólo ha podido ser útil para mejorar un poco mi estilo literario.

Desde hace unos veinte años comencé en serio la tarea gratísima de la lectura espiritual. Me ayuda en la oración y en la unión con Dios.

Me cautiva y atrae la lectura espiritual hacia mi atención a Dios y servicio del prójimo.

Son varios mis libros favoritos. Tal vez te extrañe uno de ellos. Durante muchos años ha estado empolvándose: "Ejercicio de perfección y virtudes cristianas". A pesar de tener algunas consideraciones aberrantes, en su conjunto es una maravilla de ayuda a la vida interior e incluso bellísima literatura por sus imágenes múltiples y variadas.

Te recomiendo que lo saques de algún viejo cajón. Quiera uno o no, si lo lee, algo se le pega de esa ilusión de entrega a Dios. Es necesario dar fecundidad a nuestro trabajo por medio de nuestras lecturas piadosas. Cada vez aprecio más la lectura espiritual. Nos ayudan a pensar más Dios. A purificar nuestra intención constantemente. Así se va formando en nuestras vidas una especie de teología viviente que es el corazón mismo del sacerdote enamorado de Dios. Nieto se lamentaba de que no amaban los curas a Dios como debían. ¡Si estuviera hoy entre nosotros! A mí me impresiona mucho una idea que me repite a menudo José Ignacio Dallo: ningún vendedor es tan flojo como muchos curas lo son con lo que dan. ¡Cuánta razón tiene! Muchos pasan la vida rodeados en realidades divinas, pero luego ni se nota. Algo falla.

Dedicar un buen rato a la lectio divina todos los días. Aunque sea en pequeñas dosis, si se hace con constancia, va llenando poco a poco hasta nuestros criterios. Así la presencia de Dios va dominando toda nuestra existencia. Brota de ahí una fe comunicativa con un poder avasallador propio de las convicciones arraigadas. Una persona así, inflamada de amor, ejerce un influjo muy grande en las almas.

Algunos textos de la Biblia me parece que tienen gran aplicación a la lectura espiritual. Tengo anotados aquí varios: "¿Por ventura no estaba encendido y ardiendo nuestro corazón, cuando por el camino nos iba hablando y declarando las Escrituras?" (Lc, 24, 32).

Otro de Jn. 6,64 "las palabras que yo os he hablado son espíritu y vida". Cuando leemos la Biblia o un libro de lectura espiritual, merece la pena subrayarlo y repasarlo de vez en cuando. ¡Qué bueno dedicar días enteros a repasar una y otra vez párrafos ricos en experiencia religiosa en otras ocasiones!

A muchas personas la segunda y tercera vez les impresiona aún más que la primera. La lectura espiritual es cautivadora. Me pasaría el día en libros del espíritu. A veces he de dominarme y no prolongar demasiado el rato. Encuentro sin embargo una pega. Por una parte deseo avanzar en la lectura por enriquecimiento espiritual. Por otra, me gustaría pararme un buen rato en casi todas las líneas. Opto por una vía media: detenerme en los párrafos más enjundiosos para entregarme un poco a la oración. Dedico a este menester alrededor de una hora diaria. Me doy cuenta de que sería mejor emplear dos horas. Ya veremos el modo de aumentar esta maravillosa tarea.

LA VERDADERA LIBERTAD

A través de la lectio divina he llegado a la conclusión de que la verdadera libertad se encuentra cuando uno llega a ser "esclavo" de Dios, cuando uno se contenta con cuanto le va sucediendo en la vida, (aunque luche contra el mal con gran paz interior).

Los santos han sido los más libres en medio de la pobreza. Nunca deseaban poder, dinero o influencia. Por eso se encontraban libres. A ver si nos proponemos tú y yo la verdadera libertad; deshacernos de todos los deseos; dominar los caprichos. Entonces nos encontraremos con la libertad de los hijos de Dios. Me parece que la libertad la sacamos un poco de quicio. O la sacan muchos. ¿Quién piensa en verse libre de la esclavitud del pecado? Nosotros sí, ¿verdad? ¡la liberad de los hijos de Dios! Esa es la de los santos, a la que aspiramos nosotros. Libres de las redes de la propia concupiscencia, del egoísmo, del atractivo del mundo.

Libres para relacionarnos del todo con lo único necesario: Dios. Manifestar nuestra libertad en la obediencia al Señor, aun cuando nos inciten a lo contrario mil solicitaciones exteriores. Dios es nuestra vida. Separados de El, nuestra propia existencia caería en una trampa, en la muerte total. Por eso, vamos a tener siempre en cuenta: Dios lleve nuestra iniciativa. Así llegaremos a triunfar de verdad. Seguirle. Así viviremos en una libertad segura, sin lazos que nos aprisionen. Yo lo veo claro, pero cuando llegan las solicitaciones de las pasiones (soberbia, concupiscencia, etc.) ¡qué difícil es verlo entonces con claridad!

DESDE MIS CINCUENTA AÑOS

Suelo pensar muchas veces desde los cincuenta y algún años cómo pasa la vida, "cómo se acerca la muerte tan callando". Creo que a ti te ocurrirá lo mismo. Me parece signo de madurez, si este pensamiento va unido de paz interior y confianza en Dios. No es lo malo que pase, lo peor resulta que transcurra inútilmente. Todo se va agotando en cada uno de nosotros, en ti y en mi, ¿pero por quién? Ese es el problema. Hemos de trabajar por emplear todo el tiempo en el servicio de Dios, en el amor al prójimo. ¡Qué difícil algunas veces! Hemos de animarnos a ello.

Cuando mi madre era muy anciana me parecía como un cirio a punto de consumirse. Su vida fue buena en lo espiritual y me producía más emoción que angustia. Por otra parte, ¿por qué nos vamos a revelar contra el plan de Dios? Desde hace varios años me llama la atención llegar a la madurez. El cristiano adulto tiene distintos signos de madurez. Uno de ellos, me parece, ha de ser el deseo de divulgar la palabra escuchada. Esto resulta fundamental. El apostolado es exigencia de la propia madurez. Un pacto serio con Dios: "Tú preocúpate de mis cosas, yo me ocuparé de las tuyas." Es la aplicación de "buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura."

Dentro de este contexto de madurez se puede cooperar con los semejantes, aunque personalmente uno tienda al individualismo.

Tengo aquí unos sencillos apuntes sobre la madurez, que copié del libro "Diccionario de Espiritualidad". Te transcribo un resumen: Características de la madurez humana: Capacidad de adaptarse a determinadas condiciones; capacidad de cooperar con sus semejantes; capacidad de especializarse en un determinado campo; capacidad de afrontar los problemas de manera realista.

La madurez implica un equilibrio ordenado de los instintos bajo el dominio de la razón. Pero este equilibrio no se pude conseguir más que teniendo en cuenta esta triple primacía:

1) Primacía de lo total sobre lo parcial. 2) Primacía de lo objetivo sobre lo subjetivo. 3) Primacía de la evolución creadora.

Es preciso en la madurez mantener abierta la esperanza en la confianza constante de que nuestros deseos y necesidades más profundas quedarán saciados, a pesar de las inevitables desilusiones y frustraciones parciales. Fruto de esta virtud es el optimismo fundamental que permite al sujeto considerar como benévola la realidad. Dentro de la madurez humana consideramos como un hito importante el estado místico: esa especie de vibración espiritual que sacude el alma de arriba abajo. Es una aspiración a trascender todo tipo de preocupaciones para captar lo divino a través del conocimiento y del amor.

TAMBIEN MI MADUREZ JUNTO A MARIA

Que nadie me diga que en la madurez se siente menos amor a la Virgen María. Para mí tiene muchas ventajas la edad de la madurez. Una de ellas es que se mira la vida con otra perspectiva, con caduca y breve. Lo mismo el poder que tanto nos atrae a los humanos. Se ve por delante menos tiempo en este mundo y es necesario aprovecharlo. La oración es más constante, sin baches ni lagunas. Diaria por supuesto. Pero en la madurez aún se necesita más del amor a la Madre del cielo. Nuestras madres de la tierra ya partieron. Quedamos solos. Unos con sus mujeres; otros solos del todo, porque los hijos quedan lejos o nunca los han tenido. Surge con mayor fuerza, si cabe, entonces el amor a María. Ella nos atrae. Parece que nos llama desde las alturas.

Gracias a Dios he llegado a la edad madura. Me decías en tu carta: observabas en las mías que escribía poco sobre la Virgen. Tienes razón. Pero tú lo sabes muy bien: La Madre siempre subyace en toda mi vida interior. Y no sólo subyace: está del todo presente. Jalona todas mis obras a lo largo del día. Mi día está entretejido normalmente con los misterios del Rosario. En ellos, además, coloco como petición las quince peticiones que más llevo en el alma: una de las cuales eres tú, como sabes.

No sé. También el Evangelio habla poco de la Virgen, pero está del todo lleno de su espíritu, de su amor, de su influencia. Tampoco el Evangelio dice que Jesús se le apareciera a su Madre, y sin embargo nadie lo duda.

De todos modos, quiero que lo sepas: Hable o no de nuestra Madre común, la llevo siempre en mi interior. Con mucho más cariño que en los años jóvenes. Hace ya tiempo perdí a la madre de la tierra. Tú hace menos tiempo. Cuando llegamos a la edad ya madura, necesitamos también del cariño maternal, aunque seamos padres. Nunca nos alejaremos de su regazo. No sólo por afecto, sino también por necesidad. ¿Cuándo tenemos mayor necesidad de la madre, sino cuando escasean nuestras fuerzas?

MEDIACIONES

¡Cuánto tiempo hace desde nuestro estudio de las mediaciones o mediadores! Hoy, no sé por qué, ha brotado en mi mente esta idea. Es curioso: a lo largo de mi madurez brotan intermitentemente ideas aprendidas en la juventud. Mediadores gloriosos: la Virgen María y los santos, subordinados a la mediación de Cristo. Mediadores terrestres: el hermano en general, como sujeto de intercomunión. Ahí me quiero fijar. Van cayendo algunas mediaciones: tiempos y lugares de devoción; un santo, una capilla, un rito, una procesión, una novena, una bendición... Pero se va potenciando más la mediación del hermano, del amigo, de la amistad en la fe.

En la práctica me parece: No despreciar aquellas mediaciones antiguas. Aprovecharlas en cuanto sea posible. Pero sobre todo potenciar esta mediación de la amistad. Nos puede ayudar a ti y a mí a avanzar en los caminos de Dios.

MI DRAMA

Ojalá poco a poco pueda ir despegándome de tanto que me suele dominar en este mundo. A mí me resulta tremendamente difícil. Y compruebo aquello de: "Video meliora proboque; deteriora sequor." Ese es mi drama interior. El gran problema constante.

A veces siento una alegría tan grande, tan profunda, tan en paz y tan de Dios, que no lo puedo explicar de ninguna manera. Y todo ello dentro de la compunción de corazón, porque no he sido fiel a Dios y me siento muy miserable; pero palpo su amor misericordioso. Y quisiera tener voz y pluma para decir qué bueno es el Señor; qué bien se ha portado conmigo, que no he sabido serle fiel. No merezco este regalo de Dios. Y cuando me llega la sequedad se lo agradezco, porque es lo único que merezco; y me da mucha vergüenza que Dios me pueda consolar. Además ¿qué he hecho yo por Dios para recibir su regalo?

Como Vd. sabe bien, leo todos los días entre media y una hora lectura espiritual. Intuyo que el Señor me quiere guiar hacia la vía iluminativa. Siempre he sido el eterno principiante en estas lides de la vida interior. Y yo me resisto, porque nunca acabo de desprenderme de algunos caprichos que me gustan. Llevo el examen particular sobre la mortificación: y le doy tan poco al Señor... Menos mal que me ha "regalado" algo que yo no buscaba: las "molestias" de garganta, el adenoma de próstata y la tendinitis ya vieja del hombro, para que al menos aprenda a aceptar algo que me purifique.

Aprecio ahora más que nunca mi formación de doce largos años de seminario. Voy olvidar la parte negativa, que también es bastante. Sobre todo la gran dificultad de madurar en un invernadero. Pero en conjunto agradezco a Dios aquella formación profundamente espiritual. Afloran ahora a mi mente: pláticas oídas hace 40 y más años, frases repetidas a diario, intimidad de sagrario, horas eucarísticas, conversaciones espirituales con compañeros... ¿Cómo podré agradecer tanto al Señor? ¿Cómo olvidar a tanto educador lleno de honradez y de fervor?

Te irás fijando cómo, según avanzas con fidelidad en la oración, Dios te va dando a gustar la propia miseria. Cada vez noto en mí aquello que leíamos en nuestra juventud sobre la compunción de corazón. ¡Qué pena no haber servido al Señor siempre con amor total!

Me preocupa también el no tener seguridad de que siempre voy a vivir con amor a Dios. ¡Nos engañamos tantas veces a nosotros mismos buscando excusas! Al fin y al cabo toda obra buena del hombre casi siempre está manchada por el egoísmo y el sentirse uno importante ante quien sea. Siempre me tengo que introducir, a fin de cuentas, en la misericordia de Dios.

Este fenómeno de sentirse poca cosa lo voy observando en gente mayor que ha vivido siempre con hondura espiritual.

AQUELLA MEDITACION DE NUESTROS PRIMEROS TIEMPOS

La meditación auténtica creo que ha sufrido un desprestigio, tal vez porque desde muy pequeños se introducía a los niños. No lo sé. Pero merece la pena darle la verdadera importancia. Confieso la dificultad de permanecer a solas pensando. Pero se puede también pensar con el ordenador, con la máquina de escribir o con el bolígrafo y el papel. A mí me va muy bien. Me resulta más agradable. Incluso me concentro mucho mejor y me dispongo muy bien para practicar después la oración. Es como la aguja que lleva adherida el hilo del amor de la plegaria al Señor.

Si reflexiono así con calma, voy sacando deseos de humildad, deseos de ser más mortificado y generoso. Poco a poco va entrando en el alma el agua de la gracia y quedamos empapados en el Señor.

Mientras meditamos, todo parece seco, aunque sí más agradable que el estudio. Después, al contacto con el Señor va tomando una vida nueva nuestra propia existencia.

Me uno a ti cuando rezas; me uno a todos los amigos en la fe, de una manera nominal, no en abstracto. Venzo la pereza, aridez, tibiezas, pensando que mi amigo no ceja en la oración y pido amor a Dios, mucho amor a Dios y amor a tantas almas, - personas gusta más ahora decir. Pido más celo, fuerza para obrar. Y me pregunto de vez en cuando aquellas frases de los ejercicios: "¿Qué he hecho por Cristo, qué hago por Cristo, qué debo hacer yo por Cristo?"

Quién iba a decir entonces, que cuarenta años más tarde, aquellos ejercicios de filosofía iban a influir en mi persona ya madura. Y en mi oración siempre, comience por donde comience, he de volver a lo mismo, a pedir perdón a Dios, a decirle "siervo inútil soy."

Hoy, mientras la oración, he sentido como un aviso muy importante. Me he dado cuenta de mi miseria pasada y de la presente. De lo poco que valgo y soy. Pero no en plan de acomplejarme. Me he dado cuenta de mi frialdad ante el gran misterio de Dios hecho hombre, hecho Eucaristía; del poco valor de mis palabras; de la poca fe del mundo. Y no ha sido pensamiento negativo, porque me he arrojado a los pies del Señor en profunda compunción y le he dicho que me ayude, y que haga santos a muchos sacerdotes, porque lo necesita su Reino. Sobran reuniones y falta más reunión con Jesús. Santidad, santidad. entonces nuestras palabras irán cargadas de fuego divino como en nuestros mejores tiempos.

Aquí me va a tener, Señor, a tus pies aunque no sienta nada. Sacaré tiempo quitándole al sueño, o de donde sea. Que enseguida me salen cosas importantes, pero luego lo pierdo en cosas inútiles. Luego me he acordado de ti, y le he pedido te bendiga, te dé ese fervor grande, porque Dios te necesita para su Reino. Que seas santo, muy santo, enamorado de Dios, sin miedo a las consecuencias. Eso mismo le pido para mí.

ASI VIVO

Ahora quisiera informarte algo de mí. A veces me siento con sequedad. Otras con un gozo enorme. Siempre con gran paz interior. Sequedad y consuelo. Gozo y dolor. Paz, gran paz. Temor y esperanza. Compunción y confianza. Esta es muy en resumen mi actividad interior. Compruebo la necesidad de la presencia del amigo en el espíritu. Y ésta me la ha dado Dios sobre todo contigo y

con otros amigos. Siempre te suelo repetir: al carecer de directores espirituales, disponemos de la enorme gracia actual de los amigos en la fe común; alguien atento en este mundo a nuestro caminar, y alentador en las dificultades interiores.

Estoy haciendo un largo trabajo de informática sobre el Nuevo Testamento. Te lo explicaré cuando vengas. Ahora me encuentro entre las epístolas de San Pablo. Evangelios y Hechos lo terminé. Las voy leyendo y meditando. Paso largas horas entre ellas. Y anoto, escribo. Qué emoción tan honda. Estas epístolas son inigualables. Merece la pena. Los frutos del trabajo han de ser para nuestro aprovechamiento espiritual. La vida ya no tiene otro sentido para mi; no debe tener otro sentido. De ahí sacaremos la fuerza para nuestras almas y para nuestra actividad de cara al apostolado.

Llevo unos años maravillosos. Me encuentro como en los primeros tiempos de mi conversión. Con un gran fervor espiritual en casi todos los momentos, aunque mientras la oración frecuentemente no hallo aquellos gozos sensibles, sino mas bien sequedad. Pero durante el día me domina una gran paz y alegría serena. Mas por otra parte siento como ganas de llorar por el mucho tiempo perdido en cuestión de vida interior, por lo comodón en mi vida pasada y presente, por el poco sacrificio de mi vida para desprenderme de tantos caprichos y apegos. La compunción interior es algo casi constante en mi alma. Te digo todo esto porque eres la persona a quien mejor le puedo decir. Carecemos de padres en el espíritu, vamos a vivir nuestra hermandad y amistad en la fe.

Este año madrugo más que el pasado. Normalmente no paso de seis horas y no puedo dormir más. Las horas de la mañana son las mejores para hacer oración y lectura espiritual.

Enero y febrero han vuelto a ser los meses del P. Nieto. He leído otra vez los más destacado de su vida. Merece la pena. El fervor crece mucho con el contacto de este hombre santo. ¡Quién lo diría! Después de muerto continúa haciendo mucho bien.

SIGUE MI AFICION AL MONTE

Te escribo todo esto en sábado. A las 8 de la mañana salía para el monte, como de costumbre. He regresado para las 12 porque llovía. Hoy he encontrado una cabaña relativamente cerca del coche. Voy a llevar una silla vieja y la dejaré allí para descansar algún rato. Como caía algo de agua, he estado allí un rato grande meditando el cántico espiritual de San Juan de la Cruz. ¡Qué marco más a propósito aquella soledad sonora! "Pastores, los que fuéredes allá por la majadas al otero, si por ventura viéredes Aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero." Parece desde aquella soledad tener más sentido esta estrofa; quisiera uno preguntar, inquirir por toda la naturaleza, por toda la hermosura de la creación "decid si por vosotros ha pasado". Y en seguida viene la respuesta: "Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura". Y el alma responde entonces con fervor: "Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas". Porque en realidad al monte voy solo buscar a Dios. No busco el distraerme ni el gozar ni el sufrir. Tan sólo busco a Dios. No se trata de un sentimiento romántico. Casi, casi lo encuentras al Señor, y entonces debes exclamar de nuevo: "Salí tras ti corriendo y eras ido". "¡Acaba de entregarte ya de vero!"

En fin, esto más que para contarlo es para vivirlo. Fecundidad en el monte. Allí se va a orar, como Moisés, como Ignacio de Loyola y otros santos actuales. Allí se medita. Se lleva escaso bagaje: unas copias de salmos, unos textos bíblicos de oración, una libreta y un bolígrafo. Se toman notas que vienen a la mente mientras se camina en contacto con Dios y la naturaleza. Al monte no se va a disfrutar ni a sufrir, se marcha para entrar en contacto con Dios en medio de la soledad y de la naturaleza. Cada vez comprendo mejor el gusto por la soledad del campo y las montañas de las personas que han buscado a Dios.

No sé si te he hablado algunas veces de mi afición al monte. Y sabes que en estos lugares todo te habla de Dios. Los pájaros tejen sus nidos en los árboles. Cuando se encuentran en peligro, cuando desean descansar, enseguida se refugian allí. Nosotros tenemos también que meternos muy a menudo en el refugio de nuestro corazón donde habita la Trinidad. ¿Qué mejor lugar para nuestro descanso y entrega?

También veo los refugios del ganado mayor. Tiene su ingenio. Allí se meten cuando hace frío. ¿Nosotros vamos a caminar por el mundo de la vida interior siempre a la intemperie? Es necesario que vivamos muchos ratos escondidos, en contemplación de lo único necesario. Estar a solas en la presencia de Dios. Hacer un oratorio en nuestro interior. Retirarnos algunos instantes allí, aun en medio del trabajo diario.

El monte y el campo me llenan de la idea de Dios. Ver las flores en su belleza me recuerda los actos buenos del alma, flores del jardín de Dios. Oír los pájaros, alabanzas que debo multiplicar yo hacia el Señor. El viento cuando se oye en las copas altas de los árboles, el Espíritu de Dios que de modo invisible va tocando los corazones. El arroyo manso y limpio de las montañas, nuestra vida pura y mansa que se dirige hacia Dios. La abundancia de plantas, la inmensidad del paisaje, grandeza de Dios que se derrama sin medida. Todo, todo habla de Dios. La soledad de esos parajes, nos abisma en la soledad, en el silencio de Dios. Y todo me estimula a producir frutos. ¿Por qué todas las criaturas cumplen su misión, y yo voy a inhibirme?

 

XVIII

CAMINAR POR LA HUMILDAD

Esta temporada estoy pensando bastante en la humildad. Cuando más pienso en ella y leo tratados sobre esta virtud, más difícil me parece. Una vez me decía un amigo muy espiritual que sentía tentaciones de soberbia. Casi me parecía mentira, pues a la luz de todos era muy humilde. Pero la soberbia espiritual es más sutil y más peligrosa que la soberbia normal de los hombres. Roba lo que más pertenece a Dios: los dones que nos da al espíritu .

Algunas veces, por el contrario, solemos sentirnos humildes en exceso: cuando se trata de emprender algo que no nos agrada. La pereza también es una pasión. Recuerdo ahora la frase que Dios dijo a Moisés: "Yo estaré contigo y enseñaré lo que has de hablar."

Asombra las obras emprendidas por algunas personas santas y, en apariencia al menos, con pocas cualidades humanas. Y han seguido adelante, apoyados en Dios.

Si emprendemos alguna obra, no conviene echar marcha atrás con facilidad. El Señor está con nosotros.

QUE FACIL A VECES SER HUMILDE

Me doy cuenta de que a veces cala mi palabra. Otras, nada. Es suficiente para advertir uno de que el instrumento vale poco. Con frecuencia cunde en nosotros el desaliento y se quitan las ganas de aquello de San Pablo: "predica oportuna e importunamente." Cuando la desgana asoma viene a mi mente lo del Exodo: "Yo estaré contigo y enseñaré lo que has de hablar." Palabras de Dios a Aarón. Eso es lo importante, sentirse junto a Dios; templo vivo de Dios; amigo íntimo de El. Entonces nos daremos cuenta perfecta: "Ni el que planta hace algo ni el que siembra, sino Dios que da el incremento."

PERO AL VERSE MARGINADO...

Es mucho más fácil rehusar por humildad una dignidad que aceptar con sencillez verse marginado. Y tal vez duela más el verse orillado negativamente, que nadie se acuerde de ti, que positivamente: te dejan por una causa.

Es más fácil decir "no lo merezco" que aceptar el homenaje en quien ves no ser digno de él, mucho menos digno que tú. Eso sería mayor humildad, porque excluye la envidia, hija de la soberbia.

A estas conclusiones he llegado no por los libros, sino por propia experiencia. Cuando uno se sabe con cualidades y ve a un inepto ocupar un puesto directivo se le consume la sangre y no por envidia, sino por indignación. ¡Qué difícil entonces no criticarle, no reírse por dentro del meticón intruso! Hay que ejercitar en esos casos de una manera eximia no sólo la humildad, sino también la caridad y la mansedumbre. ¡Cuánto se ve este fenómeno en quienes van detrás del poder! Pero también son circunstancias que pueden acrecentar nuestra virtud.

¡Cuándo comenzaré a mirar mis propias faltas y al olvidar las ajenas! Porque estoy convencido de que la humildad fructifica en la caridad. Por eso, si siempre tengo presentes los errores de los demás, ni soy caritativo, ni soy humilde. Yo creo que el humilde goza con las cosas buenas de los otros, y no se acompleja en la propia miseria. ¡No es fácil ser humilde! ¿No te parece? Pero tenemos que esforzarnos, y si amamos a Dios, poco a poco El nos irá enseñando esta virtud tan fundamental.

El pusilánime no es humilde, es cobarde. Por eso, si alguna vez sentimos esta falsa humildad, acudiremos a la fe y pediremos con Pablo: "Nada soy, pero todo lo puedo en Aquél que me conforta"

Cuando pensamos en humildad o generosidad, parece que se nubla la vista. Tratarse y desear ser tratado por los demás según el conocimiento que de sí mismo se tiene. Como veo mi nada, no me debo creer digno de estima alguna ni exigir consideraciones o señales de respeto y honor. Por el contrario, debo pensar: soy tratado mejor de lo que merezco.

Si en alguna ocasión somos objeto de señales de estima o de afecto, aceptarlas, eso sí, pero ofrecérselas a Dios, dador de todo bien. A veces resulta difícil verse por dentro tal cual es uno en la realidad. Unicamente los santos no se forjan ilusiones respecto a su mérito. ¡Cuántas veces lo hemos leído!

No aferrarnos a las ideas propias como a dogmas de fe. Ceder con facilidad al parecer ajeno. Evitar el tono seco o imperioso cuando pedimos o mandamos algo. Buscar también el semblante sereno, como los amigos de Dios: Sus santos. No es fácil ser humilde. ¡Y cuánto se necesita para la vida interior! Resulta relativamente fácil decir delante de unos amigos muy espirituales lo pequeños que uno se siente. Pero a la hora de la verdad aceptar la humillación... Eso es otro cantar. Creo que no siempre es hipocresía reconocer la propia pequeñez. Pero no es lo mismo predicar que dar trigo. Y no está la humildad en palabras exteriores, ni siquiera en acciones exteriores, sino en el fondo del corazón. Ahí es más difícil ser humilde.

Leía de San Francisco de Borja que todos los días al levantarse besaba el suelo tres veces pidiendo a Dios la humildad. Me parece que el secreto de la humildad, como el de otras muchas virtudes, está en pedirlo a Dios con sinceridad. La humildad debe ir unida, según he leído repetidas veces, a la confianza en Dios. Desconfiar de sí mismo, pero esperarlo todo de Dios. En este juego ha de ir toda nuestra vida interior con relación a la humildad. Si el demonio tienta de soberbia, ver la propia miseria tan repetidas veces comprobada. Si ataca por la pereza y desaliento, confiar del todo en la bondad de Dios que nos ayuda sin cesar.

Me agarro a lo que dicen los santos padres: el humilde conocimiento de sí mismo es el camino más cierto para conocer a Dios. Pero resulta casi imposible ser humilde de verdad. Según leía, el verdaderamente en poder de esta virtud sufre si le alaban y se alegra cuando le vituperan. Por otra parte siempre viene la duda de lo que miramos como chiste: "digo que soy humilde para que me tengan por soberbio. Así soy humilde. Pero como me lo creo, soy soberbio." ¡Menudo lío! Y sin embargo intuyo que tiene que ser más sencillo ser humilde. Quien se plantee este jaleo, no será demasiado sencillo.

HUIR DE LA VANIDAD

Así suelo pensar en mi meditación: Yo soy en cada instante lo que de Dios recibo. La vanidad, la vanagloria no deben tomar posesión de mi ser, porque quito a Dios su gloria. "¿Qué tengo que no haya recibido?"

Poco a poco Dios nos va llevando al desierto de nuestra íntima pobreza interior. En la juventud resulta más difícil comprender la propia y total indigencia. Toda riqueza humana (simpatía, dones, personalidad...), que no me lleve el sello de Dios, es injustificada. Dios no se cansa de entregarnos sus dones. Nosotros no nos cansaremos de recibirlos... para darnos a nuestros semejantes; y todo únicamente para la gloria de Dios. Me parece que conviene mucho proponernos esto. De lo contrario, caeremos más fácilmente en la vanidad o soberbia.

Las tentaciones en la vida espiritual son muy sutiles, sobre todo en el terreno de la soberbia. Las personas que cuidan de su vida interior temen mucho estas insinuaciones del demonio. A veces, en la práctica, resulta más beneficioso ir muy lento en la marcha hacia Dios, sin que nosotros podamos experimentar los propios progresos, vernos como eternos principiantes. Pero aun entonces nos ataca el demonio.

Un ejemplo claro: nos vienen inspiraciones en la oración para mortificarnos, para entregarnos al prójimo en alguna obra de caridad. Al secundarlas y no rechazarlas nos parece que somos unos tiazos en materia de perfección. Y merece la pena entonces discurrir un poco: ¿puede el ladrón gloriarse de que no ha robado, de que no ha cometido fraude con asesinato? Pues lo mismo debo pensar con relación a mis buenas obras. Lo único que he hecho ha sido no poner obstáculos a Dios. Y... a lo mejor he puesto alguno incluso dentro de la misma acción buena.

Si nosotros tenemos algún amor hacia Dios, a El sea dada la gloria. Esto nos sugiere San Francisco de Sales.

UNTO A LA CARIDAD, LO PRIMERO

Me preocupa desde hace ya bastantes años la virtud de la humildad. ¿Te das cuenta que todos los libros de espiritualidad nos ponen esta virtud, junto con la caridad, como la más importante? Antes yo no estaba convencido. Ahora he llegado a convencerme y a la vez a apreciar la gran dificultad de ella.

Admiro a los santos en este aspecto. Cómo han vivido a tope la humildad. San Ignacio de Loyola decía que si se dejara llevar de su fervor y deseo, andaría por las calles lleno de lodo y emplumado para ser tenido por loco; pero la caridad que tenía de ayudar a sus prójimos le retenía este gran afecto a la humildad por no caer en tal desprestigio que le impediría hacer el bien a sus semejantes.

Y si profundizamos en otros santos, piensan de modo parecido. Vale, pues, la pena amar las humillaciones que nos vienen encima en vez de rebelarnos contra ellas. Y si nos duelen o nos saben malas, mejor. Señal de que necesitamos más la humildad.

El P. Rodríguez sigue mereciendo la pena. Desde el año 87 en que lo desempolvé, le voy sacando chispas. No hace mucho leí el tratado de la Humildad. Me llenó de alegría en muchos detalles. Ahora recuerdo de uno. Nos insiste en que si nos llenamos de satisfacción cuando estamos en plenas facultades y podemos hacer algo positivo por los demás, ¿por qué cuando Dios no nos da fuerzas o talento para esas cosas, no nos hemos de alegrar porque aprovecha a nuestra alma para la humildad? Lo mismo alegrarnos cuando estamos enfermos, incluso cuando no servimos humanamente para nada y hemos de estar en un rincón o en la cama. Nos dice Rodríguez que esta humildad puede ser para más provecho nuestro que pudiendo ser un gran predicador. La razón principal es que Dios quiere en esos momentos para nosotros la postración.

¡Cuánto merece la pena tener esto en cuenta para los días de enfermedad o inactividad forzada! Nada, que incluso en las peores circunstancias, humanamente hablando, los santos son los hombres más felices. ¡Qué difícil es la virtud de la humildad! Delante de Dios no cuenta tanto. Pero delante de los hombres... Cuantas veces delante de Dios digo que no soy nada, que solo tengo de mí el pecado, la poca generosidad... Pero a la hora de la verdad, cómo sufro ante la marginación, el desprecio. Dicen que la verdadera humildad no alardea ni aparece como echando en cara a los demás su falta. Y creo que así debe ser. Porque si uno quiere aparecer como modelo de humildad, ya no es humilde. No se puede dar entender que uno desea los últimos puestos, cuando en realidad lo llevaría muy a mal si se lo otorgaran.

San Francisco de Sales dice que el hombre humilde de verdad quiere más que otros digan de él que es miserable que no vale gran cosa, antes que decirlo él mismo. Si saben que lo dicen, no lo contradice, sino que lo sufre de buena gana porque es verdad.

Luego el humilde de verdad no es un acomplejado. Sino que cuanto más en nada se tiene a sí mismo, más se hace el atrevido porque tiene puesta toda su confianza en Dios.

A veces suelo pensar cuál debe ser mi virtud principal. ¡Claro! A priori digo: El amor a Dios y por El al prójimo. Pero me miro a í, veo lo mal que he correspondido a Dios y digo: "Si yo no soy digno de amar a Dios." ¿Cómo voy a ser digno? Y por lógica me inclino a la que ahora me parece la virtud principal: la humildad. Así ando: amor- humildad. Humildad- amor. Lo uno sin lo otro no lo puedo entender.

ALGUNOS SANTOS

La humildad es virtud que se ve casi siempre en los santos. Lo estoy comprobando todos los días, porque me gusta leer las vidas de estas personas. No hace mucho leí la breve biografía de Claudina Thevenet, fundadora de las religiosas de Jesús y María. Me sorprendió y llamó la atención un incidente que le ocurrió precisamente en su lecho de muerte. Un sacerdote se acerca a ella, rodeada de sus amigas religiosas para atenderla en esos momentos y le dice: "Usted ha recibido gracias para convertir un reino entero. ¿Qué ha hecho de ellas? Es usted un obstáculo para el progreso de la congregación. ¿Qué responderá a Dios que le pedirá cuentas de ello? No dijo nada, pero estuvo a punto de romper a llorar, según confesó a la enfermera.

Se humilló incluso en la última enfermedad y perdonó. Me gusta ver, leer, recordar estos ejemplos de gente santa. Ella es santa desde 1993. Vivió en la primera mitad del siglo diecinueve.

Emociona leer la vida del cardenal Merry del Val, amigo íntimo y Secretario de Estado de Pío X. Hombre grande y humilde en extremo. Decía él que hemos de rechazar con energía los pensamientos de orgullo y procurar inculcar a los demás la virtud con la palabra, pero sobre todo con el ejemplo. Sobre todo, dar cada día en el corazón el primer sitio a Dios, porque es el único que le conviene de verdad. Y la experiencia nos dice que no se deja vencer en generosidad el Señor. Nos paga nuestra entrega con creces: nos encontramos felices en medio de las dificultades de esta vida.

¿Verdad que esta experiencia podemos nosotros también corroborarla? No sé porqué la mayoría de los santos se ha distinguido en la humildad. Me acuerdo ahora de Santa Soledad Torres Acosta, aquélla que fundó a las Siervas de María de los enfermos. Era tal su amor a la humildad que llegaron a llamarle la atención sus compañeras porque pidió perdón a una súbdita con quien pensó se había excedido en una reprensión. ¡Iba a perder la autoridad! Pero ella les replicó: "Al contrario, si no soy humilde, nunca me respetarán."

Me parece que este detalle merece retenerlo en la memoria. ¡Qué difícil resulta llevar a la práctica cosas de este tipo! A mí por lo menos, así me parece.

ACEPTAR CON PAZ NUESTRAS LIMITACIONES

Es mejor luchar contra las tentaciones de soberbia que contra la depresión acomplejada.

No consiste, pienso yo, la humildad en desesperarse o repudiarse uno a sí mismo por sus malas cualidades, sino más aceptando con paz nuestros límites, trabajar pro enmendarlos y, sobre todo, colmándolos con lo divino. "nada soy, pero todo lo puedo en aquel que me conforta".

Si después interpretamos las cosas según el pensamiento de Cristo, si nos ofrecemos con Cristo por la salvación del mundo, si hacemos nuestra convicción en la misma persona de Jesús, ¿que manera mejor de vivir la humildad en la misma fe?

Huir de la envidia y rivalidades, superar el amor utilitarista, esta superación del egoísmo propio es la humildad a la que deseo aspirar cada vez más. A ver si nos vamos ayudando a esto con nuestra intercomunicación.

REFLEXIONES SOBRE ESTA VIRTUD

La virtud más lógica, por lo que a mí al menos respecta, debiera ser la humildad. ¿Qué he hecho en mi vida? Perder el tiempo en cosas de mi gusto. Emplearlo mediocremente cuando de ayudar se trataba.

En los sucesivo debo aprovechar mejor el tiempo; ir eliminando poco a poco cosas meramente distractivas; dejar más tiempo a lo que ha de ser oración y servicio a los demás. Cuando uno se ha dormido, se levanta rápido y marcha con celeridad a su trabajo. ¡Cómo tengo que correr en lo sucesivo! Mis días están contados. He de aprovechar el tiempo para el servicio de Dios en mis prójimos. Con paz y sosiego, pero sin pausa.

Tomar gusto a las cosas espirituales. Lo mismo que el estudio al comienzo me resultaba duro, luego fue una afición, así debe ser lo relativo a Dios: cada vez más una verdadera gozada.

Estos días estoy pensando mucho en la humildad. ¿Te fijas cuánto nos cuesta recibir humillaciones? Es de miedo. Y sin embargo, podemos darnos cuenta de lo beneficiosas que son. Cuando el alma se ve como triturada por el dolor o la humillación, allí está con ella Dios; más cerca que nunca. Porque Jesús fue humillado hasta el extremo, y así consiguió para nosotros la salvación. ¡Algo tendrá la humillación! Leo mucho la vida de los santos. Y voy comprobando día a día que el "aniquilamiento" propio es como una condición indispensable para la gloria de Dios. Lo que llamamos éxito humano vale muy poco. Lo que de verdad resulta duradero es el apostolado practicado por quienes viven como enterrados con Cristo en Dios. Ya sé que esto resulta fácil decirlo y difícil practicarlo; pero al menos si lo deseamos, nos podemos acercar un poco más al ideal.

FRASES BONITAS

A veces se dicen frases bellas sobre la humildad y otras virtudes. Se me grabó una idea que hace tiempo leí: Exhalarse en pura pérdida de sí mismo como el incienso, como las lámparas de luz tenue, como un sonido melodioso que se pierde en el aire.

Bonito sí, pero cuánto cuesta. A todos nos gusta sentirnos importantes y que nos traten así. Pero al reflexionar sobre el tema nos damos cuenta de que a nada conduce la vanidad, el suponer, el ser visto o admirado una temporada por unos cuantos. Aun los más populares se diluyen en el olvido.

Muchos han vivido con el halo de prestigio y santidad durante toda su vida. Han aparecido siempre como los hombres buenos: nunca se ha discutido su categoría. Otros, en cambio, han vivido despreciados, marginados, olvidados, siempre segundones, fracasados. Si su corazón ha estado en Dios, en las alturas, ¡qué cielo más grande les aguarda! No llegarán a santos de altar, pero en el cielo estarán muy por encima de muchos canonizados.

Otra de las frases que tengo encima de la mesa es del cura de Ars: "Dios ha tenido la gran misericordia de no darme nada mío en que me pudiera apoyar: ni talento, ni ciencia, ni fuerza, ni virtud. Cuando me examino, sólo descubro como propios mis pecados. Y eso que Dios no permite que los vea todos, porque me desesperaría."

"Dios no tiene necesidad de nadie. Se sirve de mí para esta gran obra, aunque sólo soy un cura ignorante. Si hubiera tenido a mano otro más miserable, le hubiera cogido a él, y éste lo hubiera hecho cien veces mejor." ¡Qué bueno leer y releer estos párrafos para pedir a Dios la virtud de la humildad! Y lo bueno del caso es que ellos lo decían con sinceridad plena. Y si alguien les trataba en consecuencia, les alegraba más que las alabanzas. ¿Cuándo podremos llegar a esto? Al menos, suelo decir yo, Dios me tendría que conservar la vida doscientos años más, si no aumento el ritmo.

HUMILLACIONES

A veces no podemos aguantar las humillaciones. Sobre todo resulta más difícil cuando es indirecta, cuando sabemos por ejemplo que somos el número uno, líder, de más cualidades, el alma de un grupo, y se nos posterga por otro segundón, ambicioso que ha sabido insidiosamente quitarnos las riendas.

Me impresionó un detalle de la vida de la Madre Paula Montal, fundadora de las religiosas Escolapias. Vivió el siglo pasado.

Ella fue el alma, la directriz nata, la fundadora, la ocurrente de la congregación, por ella misma fundada. Sus consejeros daban por supuesto que ella había de ser elegida superiora general. Pero no fue así. En la primera votación salió elegida por unanimidad la madre Felicia Clavell. Y fueron votadas después, como consejeras, otras dos religiosas. Nada para la Madre fundadora. ¿No le resultaría difícil soportar esta humillación?

Por si esto fuera poco, años más tarde, la nombran provincial de Cataluña, pero con esta apostilla: "Atendiendo a que la Superiora General está también en Cataluña, vuestra reverencia tendrá poco que hacer." Y la superiora General fue alumna suya y compañera. Y aquello de tener poco que hacer significaba ni más ni menos que el ostracismo para la Madre Paula.

Merece la pena considerar estos hechos de los santos, cuando nos irriten Pretericiones, olvidos, marginación. Otros con más virtud y valía que yo, lo han sufrido con alegría.

TENTACION DE SOBERBIA

Hemos de profundizar en la humildad. Creo que el demonio comienza siempre por la soberbia sutil a meterse en las personas de vida interior. A veces nos tienta neciamente haciéndonos pensar que no somos como los demás hombres. Y somos exactamente igual; del mismo barro que todos. Pero mientras permanezcamos en El, nos sostendrá. Siempre que sepamos atribuir a El sólo nuestra perseverancia. Me hace mucho pensar aquello que nosotros estudiábamos en el catecismo del P. Astete: "Sin su gracia no podemos principiar, ni continuar, ni concluir cosa conducente para la vida eterna."

Y no debemos descuidar la mortificación voluntaria. También sutilmente se nos va metiendo la carne comodona en todo. A lo mejor es preciso llevar el examen particular durante varios años sobre la mortificación. Porque Dios derrama su gracia abundante sobre las personas que se mortifican voluntariamente y acogen con ilusión toda clase de sufrimientos.

Quiero ser humilde; no por el gusto de serlo; no por el placer de la virtud, sino para favorecer mi relación con Dios. Para que Dios se me dé; para amar más a Dios.

Quiero ser más mortificado. No para disponer de una voluntad de dominio; no para ser superior a toros, sino para amar más a Dios; para estar más dispuesto y preparado a todo. Señor, ayúdanos a ser humildes. Danos el don de la abnegación.

OBEDIENCIA

Obediencia, ¿verdad que a lo largo de los años vamos viéndola como algo desagradable? En seguida recordamos a aquellos señores del seminario que tanto nos hablaban de esta virtud. A veces con ella encubrían sus formas caprichosas en el mandar. Y sin embargo, ahí queda lo de Jesucristo: "hecho obediente hasta la muerte". Quisiera ir aprendiendo a reconciliarme con la obediencia. Observar los diversos movimientos de mi alma: reconocer así lo que es de Dios y lo que no es de Dios. Lo de Dios es apacible y tranquilo. Lo del demonio trae turbación y ansiedad. Así lo entendía S. Ignacio de Loyola.

Y, partiendo de esto, pedir a Dios fuerza para cumplir su voluntad. Renovar muchas veces el propósito de cumplir la voluntad de Dios. Obedecer así su voluntad de beneplácito.

TEMPLANZA

Cuando crecemos en edad, suele aumentar el afán de comer bien. No sé por qué será. Es un fenómeno observado en mucha gente madura. No es malo comer; lo malo es aficionarse a esto hasta la gula. Yo ahora me doy cuenta más que antes de la virtud de la templanza. Nos viene bien a todos, y más si carecemos de otros placeres que tienen otras personas. Ancianos que ya ni salen de casa, se agarran a este placer, como a último reducto. Yo los comprendo. ¿Qué van a hacer?

Ojalá nos aficionemos de tal manera según corren los años a las cosas de arriba que ya no nos llamen la atención ni los banquetes, ni la buena mesa. ¡Quién pudiera reducir el cuerpo a servidumbre, según aconsejaba San Pablo a los Corintios!

Esta virtud de la templanza, aparte de todos los bienes espirituales, suele dar el premio de una salud mucho mejor. Por algo dice el refrán: "de grandes cenas, están las sepulturas llenas."

Siempre suele haber algunas virtudes en las cuales reparamos poco. Una de ellas es la templanza. Sobre todo cuando vivimos sin agobios económicos nos dejamos llevar con facilidad por la tentación del consumismo en la alimentación y en viajes

innecesarios, vacaciones y caprichos. No es la templanza la más importante de las virtudes, pero todos los santos la han practicado. No guardaba por ejemplo fiesta el P. Nieto por el placer de la comida, sino porque podía dedicar a Dios más horas.

Es curioso: a veces nos quejamos de que se nos hace dura y aburrida la vida interior. ¿Cómo va a resultar atractiva, si tenemos el corazón en mil cosas innecesarias y materiales?

JUSTICIA

Cuando pensaba en la justicia, siempre me parecía la virtud tan sabida de dar a cada uno lo suyo. Más tarde fui identificándola con la bondad de que nos habla la Biblia. Nunca la había visto como esa virtud cristiana que sabe devolver bien por mal o doble medida del bien a quien bien nos hace. Me gusta ahora mirar así la justicia. Me parece más conforme con la generosidad, sin cicaterías, sin el rigor de lo estricto. Me parece así más virtud divina.

Me gusta aquello que leía en el P. Arintero: ver la justicia como perfeccionada con el don de piedad, que nos inspire sentimientos de ternura para con Dios. Esa es la verdadera justicia. Y entrañas de misericordia para con del prójimo. El Derecho será, sí, necesario para garantizar unos mínimos, pero le pido a Dios que no nos dejemos llevar de lo meramente "justo", que nuestro corazón se desborde de misericordia como el de Dios.

BERNARDO

He estado tres días con Bernardo. En alguna otra ocasión hemos comentado el cambio espiritual de este hombre. Pero una cosa es comentarlo y otra convivir. A partir del año 80 fue evolucionando en el sentido de los hermanos de Foucauld. Comenzó a gustar de la soledad y del amor de Dios en el servicio sencillo del prójimo. Había yo concertado con él tres días de convivencia en su casa: un pueblecito con 10 habitantes contándole a él. Está perdido entre montañas. Pasa el día en oración. Su horario "oficial" es éste. Se levanta las cinco de la mañana. De 5,30 a 9 oración. La última media hora reza laúdes con los que estén en casa. 9 desayuno y limpieza de la casa. Si le queda algún rato, lo aprovecha para hacer oración. A las 2, comida y descanso.

De cuatro a cinco de la tarde adoración eucarística en silencio con los que están en la casa. Después, libre: lectura espiritual o formativa. A las ocho Misa y laúdes. (Entre todo hora y cuarto). Cena, algún comentario preferentemente espiritual con los que están con él. Descanso.

Yo creía que iba a estar solo con él. Pero va cundiendo la noticia de su virtud. Tiene 10 camas y cada vez son más los que quieren compartir su vida algunos días. Por la tarde, a la hora de lectura, suelen visitarle. El no busca nunca la publicidad, pero la gente se entera. Todo el mundo desea tratar con un hombre de Dios. Ahora había un joven franciscana practicando 15 días de retiro para su profesión religiosa. Son bastantes los que a lo largo del año practican los ejercicios allí con su ayuda. Es un hombre carismático. Y está haciendo mucho bien.

PRUDENCIA

Cuando de joven me hablaban de prudencia casi me molestaba. Me parecía cosa de viejos, de experiencias decrépitas. Poco a poco, incluso ya dentro de la juventud, he ido apreciando cada vez más la virtud de la prudencia. Sé que a ti te sucede lo mismo. La verdadera prudencia es vida y causa de gran paz interior y también externa.

Nos dice Arintero, no sé si lo recordarás, Conviene discernir lo bueno y lo malo, para seguirlo o huir de ello. ¡Qué bueno, cuando no vemos claro algo importante, ponerlo en común con amigos prudentes para, entre todos, llegar a discernir. Así es nuestra costumbre, y esto mismo enriquece nuestra amistad.

Pero no nos vamos a dejar llevar por la prudencia de la carne, que solo piensa en el porvenir humano y atesorar dinero para el mañana. Bien está prevenir algo, pero no hasta el exceso de cerrar el corazón a las necesidades de otros. ¡Y qué fácilmente nos solemos ofuscar en estos terrenos! A veces queremos ser nuestra única providencia. No llegamos a fiarnos de Dios. Si El cuida de los pajarillos, cuánto más de nosotros...

SENCILLEZ

Vamos a ejercitarnos los dos mucho en las virtudes sencillas; la humildad, la paciencia, el vivir pendiente de las necesidades de nuestros semejantes. Actuar incluso antes de que ellos nos lo pidan. Muchas veces he soñado en puestos de relumbrón. Algunas veces se me ha pasado por la imaginación lo de ser "hombre de pasillos" para conseguir algo. Pero me ha parecido todo tan indigno, que sin esfuerzo he renunciado a estas pequeñas ansias de poder. La vida es breve. Afortunadamente he procurado ofrecerme para hacer algo de provecho. Me alegra comprobar que esto es bueno. Lo importante es realizar estas cosas sencillas por amor de Dios. El nos dará algún día su paz total si le servimos con fidelidad.

VANAGLORIA

La vanagloria es un ladrón muy sutil que suele robarnos las buenas obras. Antes de darnos cuenta, ya nos ha despojado del mérito. Es como un caminante que amablemente nos acompaña, pero luego nos asalta.

Es muy fácil caer en este defecto. Estoy trabajando bien en la catequesis. Comienzo por puro amor de Dios. Luego veo que los padres de los niños ponderan mi labor. Poco a poco procuro buscar la alabanza; con ello ya alterándose en mí la pura gloria de Dios. Es necesario por la mañana purificar la intención todo cuanto podamos. Así cada vez mejor cumpliremos la voluntad de Dios.

 

XIX

HACIA LAS VIAS MISTICAS

El otro día leía en San Buenaventura los grados de la perfección en el amor de Dios. Comprendo que son divisiones un poco artificiosas, pero me gusta leerlas, recordarlas, meditarlas, porque noto como un deseo de ir por esos grados. Decía, ¡a ver si me acuerdo!: el primer grado es la suavidad que experimenta el alma al gustar de las dulzuras divinas; el segundo la avidez; el tercero la saciedad. ¿Verdad que simplemente con profundizar un poco en el significado de estas tres palabras, entran ya ganas de gustar, desear con ardor y llegar a saciarse de este amor a El? Y ahora voy a coger el libro que no me acuerdo de los otros tres grados y voy a disfrutar mientras te los copio. Están, lo he encontrado en la página 80 del libro de Arintero "Cuestiones místicas". ¡Te lo recomiendo!

- El cuarto grado del amor a Dios es la embriaguez; el quinto la seguridad que nace de la embriaguez; y el sexto grado la verdadera y plena tranquilidad. Se me ocurre simplemente con estas dos líneas escribir varios de folios llenos de lo que me sugieren estas palabras. Embriaguez del amor a Dios. Como los santos, que ni sentían el dolor físico ni pereza ante las dificultades, porque estaban embriagados de este amor. Y qué seguridad tan grande para obrar, sin temor, sin respetos humanos, con decisión. Y todo dentro de una gran paz del alma. Aunque se sientan esos movimientos de tristeza, ira, pereza, pero con una paz tan grande que se domina incluso con sencillez.

Merece la pena soñar en todo esto. De verdad. Me lo paso mejor que de pequeño soñando con aquellas aventuras infantiles que tanto nos llamaban la atención.

PENETRAR EN EL TABERNACULO

Hace poco leía en un salmo; me parece que era en el 42: penetrar en el tabernáculo admirable hasta la casa del Señor. Merece la pena de verdad ir entrando en él. Y pedirle a Dios permanecer siempre junto a El. Esperar en todo momento la unión con El. Sé que no la podemos merecer por nuestra parte, pero confiamos y deseamos constantemente esta unión con la divinidad.

Dios prefiere ser tratado con gran amor y confianza, como esposo, más que como Señor- Majestad- Omnipotencia. Por algo se ha quedado entre nosotros en el sagrario. Todo esto es auténtica vida mística, si lo vivimos a tope. Y lo hemos de desear con ardor, y lo hemos de procurar poniendo de nuestra parte lo que podamos. Para ello oración y mortificación en todo, pero progresivamente. Sin prisa, pero sin pausa. Porque estas vías místicas no son un jardín cerrado donde tan sólo algunos pueden entrar. Son una fuente de agua viva. Sí está escondida y no son muchos los que la encuentran, pero me parece que si lo deseamos y se lo pedimos a Dios, encontraremos ese rincón maravilloso junto a El donde podamos saciar nuestra sed.

CRECER EN EL ESPIRITU

Me admira ver cómo ahora todo el mundo aspira a formar y conservar bien su cuerpo: todos hacen ejercicio, limitan o controlan su alimentación con tal de estar en forma. En cambio con las cosas relativas al espíritu, parece que hemos llegado a una

regresión. ¡Qué pocos los que cuidan de su vida interior para rendir más en su apostolado! Y sin embargo, hemos de aspirar incesantemente al completo desarrollo espiritual y no limitar nuestros deseos al orden natural. Nadie se contenta con ser siempre un niño. Vamos a aspirar también en nuestra perfección a aspirar a lo más alto.

Dios nos ha de ayudar. Tenemos que recibir la visita de Dios. El hará en un día lo que nosotros no hemos logrado en muchos años. Esperar su acción y disponernos. Este es el problema. Ahora se me ocurre aquello que leíamos en San Pablo a los Romanos, lo de los gemidos inenarrables, - ¿verdad que los sentimos?- pues esos gemidos son un comienzo de vida verdaderamente espiritual y mística. Víspera de hallar a Dios es el buscarle. Y ya tenemos las primicias del espíritu si buscamos a Dios con gran deseo.

Cada vez que leo aquello de San Pablo: "Para mí el vivir es Cristo, y el morir, ganancia", me lleno de emoción interna. Revivo todo lo relativo a mi primera conversión cuando tenía quince años. Deseo vivir en suma tensión espiritual, aunque con gran paz interior, como lo hacía Pablo. Esperanza de que el desenlace de todo, la vida y la muerte, sea para la mayor gloria de Jesucristo. Esto no me quita el sufrir, pero me da paz; y es una gracia actual para seguir adelante.

Cuando Dios se derrama así en nuestra alma, parece que mana de mí un nuevo amor más puro. Es como la lluvia que hace brotar las fuentes. Aquello del Espíritu Santo: "in aestu temperies, in fletu solatium." ¿Verdad que nuestro interior se esponja, cobra un consuelo distinto? Ojalá se vaya cada vez más transformando la vida entera.

NO LO HACEMOS POR CURIOSIDAD

Leía un día que no debemos acercarnos a la vida cristiana como a una mera experiencia de misticismo. Ni conviene hacer del misticismo el ideal de nuestra vida. Lo que debemos hacer es ser cristianos auténticos. Vivir en esa amistad íntima con Dios en la oscuridad de la fe. Si viendo así, Dios nos eleva por las vías místicas, seguiremos pensando que lo verdaderamente importante es ser cristiano del todo; con una gran amistad con Dios. Lo demás no importa.

Tú y yo hemos de aspirar a ser verdaderamente místicos. Personas de verdadera experiencia de Dios. Por eso mismo, porque Dios es esencialmente incomprensible, porque los grandes místicos son los que han ido transformando el mundo a mejor. Con dos santos de la talla de Nieto en cada provincia bien pronto se notaría su influjo. Los grandes líderes religiosos de la primera mitad de nuestro siglo han sido personas con un alto talante contemplativo. Que Dios nos vaya dando ese amor seductor. Identificarnos del todo con Cristo, como Pablo.

Nuestra vida debiera ser una prolongación de la Misa y de la comunión, en continuo contacto con Dios, para entregarnos a nuestros semejantes. ¿No te duele la indiferencia religiosa de tanta gente? ¿La maldad institucionalizada por parte de muchos? Vivir en el mundo con el corazón puesto en Dios siempre. Así conseguiremos influir de verdad en nuestro ambiente desde nuestra palestra.

MIRANDO A CRISTO CUANDO SUBE

Cuando el Señor desapareció en la nube de su gloria, los apóstoles permanecieron con los ojos dirigidos al cielo. Dos ángeles fueron a avisarles que no volverán a verlo hasta su retorno. Pronto, días más tarde, después de Pentecostés, se diseminaron por toda la tierra para predicar el evangelio y edificar la Iglesia. Cuando recuerdo estos detalles al finalizar la Pascual, mi mente corre a los conventos de monjas y de monjes orantes. Ellos saben que no verán al Señor. Vivirán de la fe. Seguir mirando al cielo, como los apóstoles, con deseo y con añoranza, pero con los pies puestos en la tierra.

Dios nos dé (le pido con fervor) grandes orantes que no se cansen de mirar al cielo para pedir con fuerza por la conversión del mundo; por el éxito apostólico de los sacerdotes y misioneros; por le fruto de la acción evangelizadora, de caridad, de entrega de tantas almas fervientes. Por otra parte su testimonio personal en el mundo ha de ser grande: mostrar la dirección en que es preciso mirar con esperanza. Me parece que el carisma de los grandes orantes consiste en enseñarnos que aquí estamos de paso y esperamos la venida de nuestro Dios y Padre que nos llevará a las regiones del Cielo, nuestra Patria.

LA PURIFICACION ES NECESARIA

Drama interior el del hombre espiritual. Quiere avanzar en la vida interior pero sin purificación interior, porque la purificación es renuncia y la renuncia cuesta muchos sacrificios. Quiere llegar al amor por métodos carnales, del todo humanos. Y no existe otro camino que purificarse de todo, en todos los campos: lo afectivo, lo corporal, lo espiritual; la soberbia y vanidad; la pereza y lujuria; la glotonería y el ansia de poder.

Creo que tendrás la misma experiencia que yo. Las épocas de la vida de mayor mortificación han sido con mucho las de fervor más acusado; en cambio, si los caprichos y apetencias nos han dominado, si la curiosidad y holganza han hecho presa en nuestra vida, todo ha ido hacia abajo.

Una actividad necesaria en la oración: pedirle fuerza al Señor para purificarse. Me parece que meterse por los senderos de la vida interior olvidándose de la purificación , la penitencia, el sacrificio, mortificación, compunción... buscando sólo la paz y gozo de Dios, es como entrar en una selva oscura por mera curiosidad. Pronto la maleza embarga el alma. Y resulta imposible seguir adelante. Hay que abandonar el intento. Poro eso tantos lo dejan después de haber empezado. Buscaban los consuelos de Dios en lugar de buscar a Dios. Cuanto uno más avance en la purificación, mejor disposición para que el Señor se derrame en nuestros corazones.

CONTAMOS CON LA NOCHE OSCURA

Dicen los autores de espiritualidad que todos llegamos a noches oscuras en la vida. Es muy difícil preservar cuando llega la noche. Por eso, la gran mayoría sale de ella por la puerta falsa, por la escalera de la tibieza, como un fracasado de la vida interior. Pero existe una realidad. Dios nunca nos abandona a pesar de nuestras propias infidelidades. Y en cualquier estación podemos coger el tren que habíamos perdido. Entonces, si nos lanzamos otra vez a esa aventura con nuevos bríos, llenos de humildad, podemos reconquistar cotas de santidad que habíamos perdido y así influir mucho más en el Reino de Dios.

Señor, mis noches oscuras no suelen durar un año. A veces tan sólo una semana o dos días. Pero, ¡qué mal se pasa! Se quitan las ganas de hacer oración, de estar con Dios. Casi ni ganas de vivir. Por otra parte en esos momentos la muerte se ve como verdadero castigo. parece entonces que la vida no tiene ningún sentido y que la fe es un buen deseo. Entonces merece la pena agradecer al Señor esta sequedad y decirle: En Ti, Señor, he esperado, jamás quedaré confundido. Y que si alguna vez me viene el consuelo, que me acuerde de mis antiguas tribulaciones.

Veo que sigues con pruebas. Ultimamente la lesión del pie. Espero que todo se vaya superando. Ten en cuenta que la prueba no suelen venir nunca solas. Casi siempre se acumulan y todas juntas forman una verdadera noche oscura, porque en esos momentos parece también como que Dios se oculta. Se hace en ocasiones difícil incluso creer, pero es entonces cuando el Señor está más cerca.

A mí una persona que sufre me produce un respeto especial. Algo así como la Eucaristía. Es como una presencia especial de Dios en el alma para purificarla, acercarla más a Sí, hacerla partícipe de su pasión, colaboradora en la Redención del mundo. Creo que todo esto viene bien pensar cuando nos salen las cosas contrarias a nuestro gusto.

DIFICIL ENCONTRAR UN PADRE DEL ESPIRITU

Me parece que en alguna ocasión hemos comentado sobre la dificultad de encontrar un padre o director espiritual. Y es porque lo concebimos todavía como en nuestros tiempos jóvenes: un señor que inquiere en tu vida y te impone una normativa y vigila si la cumples o no. Creo que en este sentido resulta imposible admitirlo. Me parece que el director espiritual puede venir incluso bien, concebido en otros términos. Por ejemplo: escuchar, ir haciendo ver dentro del terreno en que habla el interesado, animar, descubrir con el interesado los caminos del Señor para él, puntualizar lo esencial de los problemas, estimular a realizar los planes de Dios, conocer el proyecto individual del interesado para ir al Padre. Para un adulto no se puede admitir otro tipo de dirección a mi parecer. Encontrando un hombre lleno de santidad y que nos oriente en este sentido, creo que sería bueno caminar junto a alguien que nos conozca bien y nos pueda alentar. Y, claro, que sea persona que nos dé buen ejemplo.

ESFORZARNOS POR ACOGER LA PALABRA

Me esfuerzo por acoger la Palabra de Dios con la misma devoción de los sacramentos. A veces no me cuesta nada. Sobre todo textos de San Pablo, de la promesa de la Eucaristía, de la resurrección y elección de los Apóstoles, siempre me suenan a nuevos, siempre producen en mi alma un estremecimiento de emoción, acogida y memoria de ratos de intimidad con Dios inolvidables.

Me gustaría sentir esto mismo en todas las frases de la Biblia y de la liturgia. Vivir como los discípulos de Emaús cuando decían: "¿No ardían nuestros corazones, cuando en el camino nos hablaba de las Sagradas Escrituras"? Refugiarme en el Evangelio. Pase lo que pase, siempre con Jesús. Sin angustias ni preocupaciones, aunque no siempre pueda estar alegre.

Si la Palabra de Dios sale de un corazón frío en amor no mueve, pero si sale de un corazón ferviente en amor, anima, convierte, mueve,... La gente mira con indiferencia nuestra predicación porque no amamos lo suficiente a Dios, no conseguimos hablar con calor de El. Nos faltan horas de oración. Permanencia delante del sagrario. Tal vez nos sobren reuniones. Es preciso enamorarnos de Dios. Y para ello el único camino que está en nuestras manos es dejarnos cautivar de El dedicando muchas horas a la oración.

ASPIRAR A LA PERFECCION

Lo hemos observado con relativa frecuencia: muchas personas, aunque dan pruebas de una intensa vida interior de fe y caridad, a nivel humano aparecen como despojos de un siquismo desequilibrado, al menos en parte. Son adustos, hoscos, poco cariñosos en su trato normal. Otros son amables, pero abandonados en su persona. Se advierte un desequilibrio entre la santidad y la humanidad en ellos. Tal vez luchan. Pero su santidad personal queda un tanto diluida en un recipiente feo.

PERSEVERAR

La tenacidad, constancia a pesar de los fracasos parciales lo consigue todo. Pero con una condición: sacar fuerza todos los días de la Eucaristía: comunión y sagrario. Sin esta condición, sería imposible de todo punto la perseverancia en el bien. Los santos han padecido enormes dificultades tanto en la tarea de su santificación propia como en sus obras de apostolado. Ellos han superado todo. Nosotros también podremos superarlo, si el Señor está con nosotros. Las dificultades son el sello que acompañan a las obras de Dios. Y estas contrariedades nos van a hacer cada vez más refugiarnos en el corazón amoroso de Dios. Entre una eucaristía y otra, debe mediar el corazón que se nos escapa de continuo hacia el sagrario para adorar y sacar fuerzas.

PRESENCIA DE DIOS

Aquello que oíamos tantas veces en nuestros años de formación: Estar en la presencia de Dios. Hoy tiene total actualidad. Buscar siempre el rostro de Dios, como dice el salmo. Viviendo así, a la fuerza se notará en nuestra actuación. Estamos como los santos del cielo, aunque en pura fe. Perdemos mucho tiempo porque no andamos en su presencia. Se nos hace difícil la virtud porque no nos encontramos en la presencia del Señor. ¡Si lo tuviéramos tan instintivo como la propia respiración!

La presencia de Dios, mantenerse atento a ella. Ese es problema resuelto ya por muchos de cuantos viven a fondo su vida de piedad. El está más presente que nosotros en nosotros mismos. Por eso no va a resultar difícil vivir en la presencia de Dios. Porque es real. Sólo conviene ir reduciendo nuestro parloteo mental, ir dirigiendo la atención al dulce huésped del alma.

¿No lo has experimentado muchos días? El alma se embebe con sosiego en el pensamiento de Dios, y le adora y ama presente en lo más íntimo de nuestro propio ser. En tu alma y en la mía, las tres divinas personas habitan. Y podemos repetir aquello que nos enseñaba el P. Latasa: El Padre engendra al Hijo por vía de conocimiento, del amor del Padre y del Hijo procede el Espíritu Santo por vía de amor...Me entrego a Ti, Dios Padre, me entrego a Ti, Dios Hijo, me entrego a Ti, Dios Espíritu Santo.

Creo que te pasará a ti lo mismo. A veces yo siento la fe, la presencia de Dios como algo evidente; casi palpable, pero no podría explicar cómo. Algo así como cuando percibes el olor de una flor y no logras nunca explicar cómo es ni por qué te agrada. No puedes captar nunca del todo esa presencia de Dios. Sólo puedes adorarla.

A veces es María la que me guía hacia esa experiencia de lo sobrenatural; es como una compañía amiga que viene con nosotros al Cenáculo, a la Cruz y no nos deja de su mano. Yo suelo invocar a María como madre y también como modelo de vida. Ella es la mujer fuerte que supo fiarse de Dios en los momentos duros de la vida. Ella es como un espejo que desaparece y ni nos fijamos, cuando estamos viendo en él algo que nos interesa. María está junto a nosotros, pero se esconde para dejar paso a Jesús. En este sentido siempre recuerdo aquello de nuestros años de estudiantes; creo que lo cantábamos en vísperas en una antífona: "Atráenos, oh Virgen Inmaculada. Corremos detrás de ti, siguiendo el aroma de tus virtudes".

COMO LA ESPONJA EN EL MAR

Muchas veces he oído el ejemplo de la esponja y el mar. Pero cuando mejor empleado lo encuentro es en relación con la presencia de Dios. Aún más que la esponja en el océano nos encontramos envueltos en Dios. Porque el mar tiene límites, pero Dios no. El mar en su hondura lleva fondo y costas y superficie en contacto del aire. Dios es inmenso y ahí nos encontramos abismados del todo en El. No resulta demasiado difícil mantener esta presencia divina.

Me viene a la memoria en estos momentos por asociación de ideas la frase de Isaías, que me suena, creo, de la Vigilia Pascual: "Cogeréis agua con gozo de las fuentes de la Salvación". Vamos a colocarnos en ese mar o fuente de la inmensidad salvadora de Dios. Nuestro Dios todo lo llena: "El Espíritu del Señor ha llenado todo el orbe de la tierra", que leíamos el día de Pentecostés. Deseo para nosotros esta plenitud de sentirnos en la presencia de Dios. No se trata de forjar la imaginación. Cuando hablamos por teléfono con un amigo, no realizamos un esfuerzo imaginativo. Solamente conversamos con él. Debemos pensarlo a menudo para vivir del todo inmersos en la presencia de Dios: Yo mismo me hallo asociado a esta vida divina. Con Jesús amo al Padre y el Padre me ama en Jesús. Así lo hemos estudiado, ¿recuerdas? Desde ahora podemos vivir en la Santísima Trinidad cada vez más conscientemente. ¡Deliciosa ocupación para el alma de fe!

Actualizar la presencia de Dios; con fervor; varias veces todos los días; con aquellos "actos detenidos", aconsejados en el seminario. Presencia de Dios que ha de ser operativa en nuestra vida. Nos va a impulsar a cumplir mejor con nuestro deber, a amar más a nuestro prójimo, a aumentar la caridad afectiva y efectiva. Esta presencia de Dios nos va a hacer más difusores del Evangelio; como los santos. Incluso nos va a centrar en esa compunción de corazón que nos ha de hacer exclamar por dentro: "Siervos inútiles somos."

Disfrutar de la presencia del Dios- Amor en nuestra alma a través de nuestro entendimiento. Querido amigo, ¿verdad que no puede haber en nuestro entendimiento una presencia más noble, íntima y real? Dentro de nuestra alma lo estrechamos, y nos compenetramos con El. Es verdad que no resulta fácil vivir esta presencia mística en todos los momentos del día. Más aún, es imposible. Pero sí es posible en los momentos de oración disfrutarla. Después va influyendo a lo largo de las horas del día

como una melodía íntima. Así se entiende la caridad que a la fuerza empieza siempre por su principio: este amor embelesado a Dios. El pide nuestro amor y todo nuestro corazón, no porque lo necesite, sino para que hallemos en él nuestro descanso y felicidad.

PRESENTE

Las preocupaciones invaden con frecuencia nuestro interior. Y es necesario abandonarse en la Providencia de Dios. Nos basta con el presente y aun en él prestemos a nuestros trabajos una atención tranquila y moderada. Lo futuro dejarlo en las manos de Dios. Para contener la actividad impetuosa vas a recordar, y yo

también, que actúas de concierto con Jesús. Así, casi sin advertirlo, vamos consiguiendo la santificación. Poco a poco, porque en la vida interior ocurre como en la naturaleza: sin saltos, gradualmente.

Es necesario volver a la espiritualidad profunda; y nosotros, que lo intentamos, vamos a animar a otros a regresar a las fuentes de la espiritualidad. Muchos se han cansado; como tú y yo nos cansamos algún día, pero ahora hemos de animarlos.

¡Qué bueno ir creando grupos de oración y vida interior! Si los orientamos con esa profundidad espiritual, no cabe duda: el apostolado brotará como exigencia inmediata. No hemos de temer la pasividad.

ORACION PROPICIATORIA

A mí se me olvida con frecuencia la oración propiciatoria. Ultimamente practico más la de adoración. Me ha tocado leer algo de esto. Pero me parece necesario también acudir al Señor con profundo dolor por tanta ofensa hacia El. Es terrible ver cuánta ofensa a su honor, a su nombre. Parece que muchas personas sólo conocen a Dios para injuriarle. ¡Cuántos hombres aun después de haberle amado y adorado, vuelven a olvidarlo. A veces me vienen ganas de llorar al pensarlo. Pero esta inquietud hemos de llevarla a la oración. Hacer los posibles por "compensar" de alguna manera el corazón de tan buen Padre. Es una exigencia del amor a Dios.

 

CONFIANZA TOTAL EN LA PROVIDENCIA

Nada hay más activo que el abandono en la Providencia, aunque parezca paradójico. El hecho de aceptar los decretos sobre nosotros mismos es verdaderamente un uso ponderado de la libertad. Estoy seguro de que tu experiencia en este punto coincide con la mía.

Me cautiva en este sentido la vida que he leído del Cura de Ars. Cómo fue llegando al sacerdocio, dejándose llevar de la Providencia, cómo después supo dejarse llevar por la el plan de Dios.

Es muy difícil imitar a los santos en este terreno, pero beneficioso de verdad. ¡Quién pudiera! Esto nos hace estar siempre cerca de Dios. Y la Providencia de Dios nos ha destinado al sacerdocio o vida religiosa. Esto ya no es algo electivo para nosotros. Es una realidad. Como Vianney, merece la pena de verdad vivirlo desde el fondo de la Providencia de Dios.

El hombre ignora los designios de la Providencia. De lo contrario no sería Providencia. Caminamos tú y yo en fe oscura y esperanza cierta. A pesar de las tentaciones que nos ofrecen la gente agnóstica, sabemos por la fe que hasta los males aparentemente más absurdos no son sino pruebas providenciales, para el bien nuestro, para el bien, por supuesto de quienes los sufren. Purifican del pecado, y hacen que nuestras virtudes se pongan en tensión.

No vamos a ser ingenuos. No podemos confundir lo providencial con lo agradable. La providencia de Dios está lo mismo en el que sale ileso de un accidente, como en quien muere en él. Es pura lógica de fe. Ora me dé la salud o la muerte, Dios será para mí Padre lleno de providencia y amor.

Cuanto más espirituales y santos seamos, más fácilmente captaremos la Providencia sobre nosotros y sobre los demás. Si mantenemos puesta en Dios nuestra esperanza, tendremos absoluta fortaleza y paciencia en todas las pruebas. Estas palabras debieran estar grabadas en mi alma como a fuego. La paz total de nuestra alma proviene siempre de una fe viva en la Providencia divina. Como Abraham: "Dios proveerá". Esta fe ha de llenar toda nuestra vida. Y nuestra oración ha de partir también de esta seguridad total en Dios- Padre- Providencia.

¿Verdad que te ha ido bien siempre que has confiado? Creo haberlo comentado contigo en alguna ocasión. Dejar que Dios lleve la iniciativa en la propia vida. ¿Quién mejor? "Sé de quién me he fiado". Cuando echo la vista atrás, veo cómo Dios ha obrado en mi vida. Se confirman en mí aquellos dichos: "El hombre propone y Dios dispone". "Dios aprieta pero no ahoga." Y sobre todo, yo veo la misericordia y providencia divina en conservarme y aumentarme su amor. Estoy seguro que tú también lo ves en ti. Vamos a agradecerle y a corresponder.

PUREZA DE INTENCION

Cuando analizo mi vida en el examen, me doy cuenta de que al estudiar, al ir haciendo mil cosas corrientes de tipo voluntario, casi sin darme cuenta busco más mi propia satisfacción que la gloria de Dios. Por eso, es sabio desde el punto de vista de la vida interior purificar de vez en cuando la intención. Una vez al menos cada hora. Procurarlo sobre todo, cuando cambiamos de actividad o cuando miramos al reloj.

¡Cuántas obras de caridad y de apostolado habremos practicado por quedar bien o adquirir mejor fama! No está el problema en muchos años de espiritualidad ni en pocos, sino en procurar vivirlos a tope. Más valen pocos días de fervor que muchos de tibieza. Porque delante de Dios no se cuenta el número de actos, sino la calidad. Hemos de procurar cada vez más un amor puro a Dios, no un amor mercenario, como sería el quererle por el premio. Es decir: nuestro puro amor no ha de cobrar fuerzas con la esperanza, ni desanimarse con las tentaciones de desconfianza. Señor, - le hemos de decir,- "aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera."

Ojalá que nuestro amor sea como el de la esposa al esposo. Parece que la mujer sabe querer mejor que el hombre. Se deshace en detalles con su marido, se sacrifica, sin pretender a cambio nada fuera de la correspondencia en el amor. Así va a ser cada vez más nuestro amor a Dios. ¿Verdad?

Incluso en los bienes recibidos de la mano de Dios, alegrarnos más que por nuestra satisfacción, por haber cumplido la voluntad de Dios.

Un examen que podíamos hacer: observarnos tú y yo a ver cuántas cosas nos dan contento fuera de Dios, por sí mismas. Dinero, fama, estima, poder... Y limpiar de escorias más nuestro corazón. Hemos de ser conscientes de que menos amamos al Señor si amamos cosas fuera de El.

Algunas veces los autores de espiritualidad hilan muy fino en la cuestión de pureza de intención de querer sólo la gloria de Dios: Así San Bernardo dice más o menos: mirar no si Dios se agrada de mí, sino si yo contento a Dios. Parece una disquisición puntillosa, pero ¡cuánto entraña de buen amor! ¡Quien pudiera llegar a esta perfección! ¿Cuándo podré estar, Señor, así; con esta total entrega a Vos?

RECOGERNOS AL COMENZAR UN ACTO NUEVO

He de seguir esforzándome, entrenándome en aquello que aprendimos en el Seminario: empezar cada acto nuevo recogiéndome unos momentos para ofrecerlo a Dios, para pensar en el valor de lo que vamos a realizar. Tú, creo, ya lo haces. ¡Qué bueno es de cuando en cuando reafirmar costumbres buenas pasadas para evitar la rutina! Y renovar frecuentemente la intención de trabajar para la gloria de Dios. ¡Se nos mete con tanta facilidad el amor propio! Dios nos utiliza como instrumento racional para aplicar la gracia y la salvación a muchos. Esto no lo hemos de perder de vista.

Nada hay en este mundo tan bello como un corazón sacerdotal así, enamorado de Dios. Recuerdo a algunos sacerdotes muy mayores o ya en el seno del Padre que vivieron de este modo y nos dieron un ejemplo maravilloso. Como ellos entablar o continuar una amistad total y sincera con el Divino Maestro; serle fieles. El será nuestro mejor amigo. Unir nuestros corazones con el suyo en vínculo de amor. Fomentar esta intimidad con Jesús. Jamás rechazarla o preterirla.

Todas las mañanas, cuando practico el ofrecimiento de obras, le digo al Señor: sean hoy mis acciones para vuestra mayor gloria; del todo para vos. Creo que ya es importante formular así nuestra intención buena al comenzar el día. Pero luego viene la dificultad. Poco a poco, sin darnos cuenta, se va metiendo en el alma el interés propio, la vanidad o vanagloria: "¡Qué majo soy; qué bueno con los demás; valgo mucho. Si encima algún adulador o persona con buena voluntad para animarme, alaba mis obras, corro peligro de quitar mérito a mis obras buenas. Soy como un barco que ha navegado bien, pero se hunde en el puerto. Yo quisiera que tú y yo logremos vivir conscientes y alerta ante este peligro; no es el menor.

Conocemos a gente buena, pero los comprobamos llenos de vanidad y con ganas de lucimiento personal. Hemos de pedirle al Señor esa humildad total. Sin atribuirnos a nosotros mismos la acción destacada y menos el fruto de ella.

El secreto de nuestras buenas obras, el practicarlas con pureza de intención, lo encontramos en el Evangelio: "que no sepa vuestra mano izquierda lo que practica la derecha". "Cuando oréis entrad en vuestro aposento y, cerrada la puerta, orad en secreto al Padre." "Cuando ayunáis, perfumad vuestra cabeza, para que no sepa la gente que ayunáis."

Es grande la sutileza de la vanidad. Por eso el Señor nos recomienda todas estas precauciones. Y es el defecto posible de las personas buenas, de las que practican la generosidad, de cuantos se desviven por los demás. Por eso vamos a procurar estar atentos. Que no se lleve el demonio lo mejor de nuestras buenas obras. Y elevar con frecuencia el corazón a Dios para purificar la intención. Es necesario hilar muy fino en nuestra vida interior.

POR ENCIMA DE LA GRANDIOSIDAD DE LAS MONTAÑAS

La maravilla de la creación no es ni la grandiosidad de las montañas, ni el calor del sol, ni la diminutez de microcosmos. La gran maravilla es la santificación del alma, la formación de un santo desde que comienza el balbuceo del amor de Dios hasta que llega a las cumbres de la santidad.

Si partimos de esta premisa, llegaremos a comprender las noches oscuras, lo necesario de la purificación interior, la insistencia en practicar la mortificación. ¿Te acuerdas cuando empezamos nuestra tarea? ¡Cuántos años han pasado! A mí me parece que soy el eterno principiante. Pero aun para ser principiante, ¡cuánta ayuda de Dios!

Dios siempre nos premia con su consuelo para que no desfallezcamos en esta difícil caminata. Vamos a ser esponja, para que la gota de agua de la gracia la absorbamos y penetre hasta lo más íntimo de nuestro corazón. No seamos roca de granito, que rebotará en nosotros la gota de agua.

Hemos de pedir al Señor con verdadera obsesión que nuestro corazón sacerdotal se llene del deseo constante de ser santos. Sólo de esta manera conseguiremos influir de verdad en las personas que nos rodean. Somos instrumentos necesarios para el Reino de Dios. Pero llegaremos a ello, si somos de verdad santos, y mejoraremos mucho el apostolado, si aspiramos a la santidad.

Siempre en inmolación, en acción de gracias, como lámparas de sagrario. Incorporados a Jesucristo en la misma actitud que El tiene en el Altar.

 

SANTIDAD = UNION CON DIOS

Creo firmemente que Dios Santo puede santificarme, puede santificar a todo hombre. Por algo nos dijo Jesús: sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto. El nos hace participar por la gracia de su vida divina. Pero no se nos va a olvidar nunca lo que solía decir San Agustín: cooperar a la gracia de Dios, porque el que te creó sin ti, no te salvará sin ti.

Si somos santos, el mundo cambiará. Pero vamos a pensar en nosotros mismos. Si somos más santos, el mundo cercano a nosotros va a cambiar a mejor. Más aún: en lugares lejanos Dios ayudará, por aquello de la Comunión de los Santos, a personas a quienes nunca conoceremos en esta vida.

¿Verdad que te inquieta con una especie de tristeza pensar lo poco que se ama a Dios- Amor? Y no vamos a pararnos en la tristeza. Vamos a ser efectivos trabajando. Nuestra vida apostólica sólo en Cristo hallará su fundamento. Unirnos a Dios con espontaneidad, dentro de nuestra libertad, entregarnos a El con calor de amor. Eso es la santidad. Para ello no se necesita precisamente una emoción: sino decirlo con sinceridad de verdad. Esta unión con Dios, ¡qué maravilla! Siempre la podemos enriquecer: con actos expresos de amor, con trabajo sencillo por nuestros semejantes, con el mejor deseo de agradar a Dios con nuestras obras.

SEDUCIDOS POR CRISTO

Ser alcanzado por Cristo Jesús, como Pablo, ser seducido por El. Ser conocido por Dios. ¡Qué profundidad ese conocer de Dios en la Biblia! Quisiera fiarme del todo de Dios, porque creo en Cristo. Quiero confiar del todo en sus palabras y asumir mejor su forma de vivir del todo conforme con las bienaventuranzas. Y poder decir con el mismo San Pablo: "Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Pablo, sí, fue seducido por Cristo, porque sintió que Jesús le amaba. Su compromiso con el Maestro desde entonces fue total. Me subyuga la vida de este Apóstol. Aunque no le llegue ni al zapato deseo imitarle, ser útil del todo en el extensión del Reino.

Cuando uno está seducido por Cristo, como Pablo, piensa que todo el resto de cosas no vale nada en comparación con estar con El y ocuparse del Reino, de la misión, del apostolado, de la caridad. Ya decía San Pablo que todo lo juzgaba como basura con tal ganar a Cristo. Para este apóstol morir era una ganancia. Yo creo que mientras no pensemos lo mismo nosotros con relación a la muerte, no estamos de verdad seducidos, enamorados de Cristo. ¡Señor, cuándo de verdad estaremos enamorados de ti! San Pablo sabía que él "había sido alcanzado por el Señor"; se había encontrado en este nivel maravilloso de amor. Y como se daba cuenta de que esto no era perfecto, como lo deseaba, por eso quería ir al cielo y que se deshicieran los lazos de este mundo. Quiero vivir esta experiencia de San Pablo. ¿Verdad que cambiaría nuestra vida de apostolado y sería del todo eficaz?

Casi me lo aprendía de memoria en aquellos ejercicios del seminario, ¡cómo me calaba!, pero qué difícil era practicarlos. Me refiero a lo de San Ignacio de Loyola. Era más o menos: "Eterno Dios, yo hago mi oblación con vuestro favor de ayuda, delante de vuestra infinita bondad, y de delante de vuestra Madre y de todos los santos, que yo quiero y deseo y es mi determinación deliberada, sólo que sea de vuestro mayor servicio y alabanza, de imitaros en pasar todas las injurias y todo vituperio y toda pobreza, así actual como espiritual, queriéndome vuestra santísima majestad elegir y recibir en tal vida y estado."

Era la meditación de las dos banderas. ¡Cómo lo repetía una cien veces aquel bendito Padre Latasa! Sonaba sin cesar. Pasan los años. Por supuesto que no he llegado ni con mucho a la purificación que exige este seguir a Cristo, pero sí lo llevo ya en la sangre el deseo continuo. De verdad que merece la pena. Lo único que merece la pena en esta vida. Y si no lo conseguimos, por lo menos aspiraremos a ello.

NECESARIA LA SOLEDAD

Cuenta Félix Beltrán en su libro "El sacerdote de hoy y de siempre". Cuando viajaba en tren, en la estación siempre veía a gente que iba a esperar a sus familiares o amigos. "A mí - dice- no me solía esperar nadie." Pero no sufría; todo lo contrario, le alegraba la felicidad de los demás. El no la tenía menor. Se sentía acompañado de la mejor compañía: Jesucristo. El le saludaba y despedía y acogía.

Bien es verdad que esta presencia se realiza en todos por la gracia, pero en el célibe se hace más sensible, porque por Amor ha renunciado a otra compañía.

A estas impresiones yo añadiría: la soledad profunda existe en todo ser humano, sea célibe o no. Todos hemos de fomentar esta íntima compañía con el "Dulce Huésped del alma". Dios ha puesto en cada uno de nosotros esa soledad íntima. Sólo Dios es capaz de llenarla. Por algo decía San Agustín: "Inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti."

Santa Teresa era una persona con ansia continua de amistad. Sin embargo amaba mucho la soledad, de tal manera que algunas veces le daba gran pena tener que tratar con nadie. Su ansia total era estar sola. la conversación, sobre todo de parientes y deudos le resultaba enojosa, porque con ellos apenas podía hablar de lo más querido en su corazón: Dios y sus cosas.

La crisis de la soledad la provoca Dios mismo. Es como una condición para el encuentro. Por eso, si sientes a veces tristeza por la soledad que sufres, alégrate. El Señor está cerca, toca tu corazón para que intimes con El. Si no has encontrado en la amistad lo deseado, no tengas temor. El Señor está muy cerca de ti. Es hora de ofrecerle a El y recibir de El toda la amistad. La que nunca traiciona. Los amigos no nos pueden dar al cien por cien lo más deseado: Dios, amor a Dios. Se sufre al no encontrar casi nunca a las personas con quienes poder desahogar e intercambiar la experiencia de Dios. Dios es la clave de nuestra amistad total. A través del sufrimiento de encontrarse solo, podemos hallar la amistad divina.

Me gusta tener una baraja con frases y leerla de vez en cuando para aumentar mi fervor. Esta tengo ahora sobre la mesa y me gusta: "Huye de la gente, huye también de tus familiares, aléjate incluso de los amigos más íntimos...El que desea oír la voz de Dios, que se retire a la soledad... Eta voz no resuena en las plazas... un consejo secreto requiere una escucha secreta...Dios no conversa con los que permanecen fuera de sí mismos." (San Bernardo). A Primera vista parece un poco exagerado, ¿no? Pero en la

realidad hemos de buscar la soledad muchos ratos, si deseamos llenarnos de Dios. En este sentido me llama la atención el gesto de Bernardo, compañero de Seminario. Se ha retirado a un pueblo en soledad para dedicarse en exclusiva a la oración. Admite a personas en su casa para que se entreguen por algunos días también a esta oración en soledad.

Este gesto se va repitiendo cada vez más en la Iglesia hoy día. Pero no es nuevo. Leí hace tiempo en el Diccionario de Espiritualidad: En la diócesis de Pamplona, por los años 1730 existían más de mil eremitarios. Así que estamos muy por debajo de hace doscientos cincuenta años...

CRISIS EN SOLEDAD

También las personas santas han pasado crisis como nosotros. Crisis de fe, de soledad, de enfermedades, pretericiones y marginación. Anima mucho leer vidas de estas personas. Nos somos los únicos. Nos encontramos solos en el mundo. La amistad o la familia pueden paliar algo estos sentimientos, pero la realidad es la total soledad, el tributo pagado a nuestra individualidad. ¿Qué importa a tantas personas con las que tratamos nuestras angustias, nuestras alegrías o sentimientos? ¿Quién se alegra de nuestro bien o sufre con nuestros mal? ¿Muy pocos? ¿Ninguno del todo?

Muchas personas se sienten aún más solas cuando están con amigos. Y lo veo normal. Si los amigos son buenos y no nos abrimos, ¿cómo van a compartir nuestros problemas? Si son buenos y no calibran hasta qué punto nos afecta algo, ¿cómo van a tratar de solucionarlo? Y si ponen de su parte todo y nos escuchan y preguntan, sentimos un alivio en el deshago, pero casi nunca la solución de problema está en manos del amigo.

Hemos de aceptar esta soledad vital. Ayudarnos indirectamente sobre todo. Dios ha puesto la soledad de nuestro corazón para llenarla El. Por eso los amigos hemos de ayudarnos a entrar en contacto con Dios. ¿Te has fijado algunas veces en esa soledad especial? A mí me va ocurriendo con relativa frecuencia. Vas a hablar de Dios; ves que la gente pasa del todo, que nadie hace caso; que están distraídos. Nada les importa. Yo creo que esa indiferencia duele

por encima del odio. ¡Qué dolor cuando nos estamos esforzando en preparar bien el mensaje del Evangelio! ¡Y qué sufrimiento sentirse incapaz! También les ocurrió a los apóstoles. ¡Qué necesidad entonces de orar por ellos; por aquéllos a quienes no les importa nada el mensaje del Señor: echar mano entonces también de la oración de los grandes orantes.

LA VIDA ES BREVE

Cada vez me parece más breve la vida. Aunque me quedaran 50 años por delate, me parecería extremadamente corta. Serían menos de los ya vividos. A cuanto nos resta hemos de quitarles un tercio para dormir; y un sexto para preparar cosas, aseo, ejercicio... ¿Cuánto nos queda realmente? Hemos de aprovechar el tiempo. Pero no en un plan quejumbroso y triste. No. Nos ha tocado la mejor lotería posible: la existencia. Si entre 1000 se sorteara una fortuna y nos tocara a ti y a mí, ¡qué suerte! ¡Cómo le vamos a agradecer a Dios que nos haya elegido entre millones de seres posibles! Porque, a pesar de ser breve la vida, nos ha escogido Dios para ser felices con El durante toda la eternidad. Nos ha creado para la bienaventuranza eterna! Merece la pena aprovechar estos pocos años que nos faltan (¿serán años o tal vez menos?).

APASIONANTE EL CAMINO DE LA VIDA INTERIOR

Cada vez veo más apasionante el camino a recorrer en la vida interior. el término de todo esto pienso que es una unión inmediata y central con Dios, y más aún, una verdadera transformación en El. Como una expresión de esa unidad que reina entre las tres divinas personas. Quién pudiera llegar a esa purificación interior para que Dios reine del todo en nosotros.

Y pensar que Dios nos llama a todos y cada uno... Vamos a seguirle, querido amigo, y a procurar que otros muchos le sigan. El nos llama y nos ha creado para cosas más altas. Somos llamados a ese banquete místico del Reino y, según nos dicen los místicos, en este mismo mundo nos tiene preparado el Padre Celestial, aunque no seamos llamados todos al mismo puesto. A ver si no desperdiciamos ni la más minina gracia del Señor y seguimos avanzando con su ayuda.

A veces nos desanimamos porque nada sentimos. Pero lo importante es perseverar, porque en el momento menos pensado nos hace avanzar lo que durante años no podíamos ni imaginar. El entonces nos hace correr sin fatigarnos, como cuando soñamos que somos aves y nos trasladamos volando por encima de las montañas.

Si es que nunca llegamos a recibir su divina comunicación... ¡Oh aquellos días felices de nuestra primera conversión...! Si después nunca hemos recibido esos ímpetus del Señor ha sido porque huimos de su compañía o no nos decidimos a entrar por ese sendero estrecho.

Dentro de nuestra alma poseemos todo cuanto nos llena, nos realiza, nos atrae y entretiene. Si nos reeducamos en la fe, nada apeteceremos fuera de nuestra vida interior. Ahí encontraremos el descanso, el relax, la "distracción", el recreo entero y reparación de fuerzas. Somos templos vivos de Dios y hemos de vivir en familia con El. Nada mejor, nada más atrayente y gozoso. Pero es preciso para lograrlo purificarnos con dolor y sacrificio de esos cientos o millares de caprichos y apegos. Es del todo necesario ir desarrollando poco a poco en nosotros esta realidad que poseemos desde nuestro bautismo. Dios para eso nos da estos años de vida sobre la tierra.

Como consecuencia de esta vida interior vendrá todo lo demás: la entrega al prójimo, el apostolado, el desarrollo de la propia vocación. Desde hace muchos años me he propuesto vivir una vida que no sea vulgar. Trato por conseguirlo, pero soy muy consciente de que no llego a lo que me he propuesto. Siempre la misma lucha: que mi vida sea interior, más mortificada, con más amor a Dios. ¿Cómo no intentar estar siempre con Aquel que "tiene sus delicias en estar con los hijos de los hombres"?

Habrás observado cómo las personas que nos tenemos por piadosas, aunque nos lo propongamos, tenemos como miedo de entrar dentro de nosotros mismos porque vamos a parecer raros. Y sin embargo no debiéramos temer. El nos ayudará desde nuestra debilidad a hacer mucho bien dentro del ambiente en que nos movemos.

VIVIR ENVUELTO EN DIOS

Hay un "algo" en la palabra humana por encima de toda oratoria. Hay un "algo" en el escrito humano por encima de toda literatura. No se puede definir. Pero cuando uno oye o lee vibra su alma con fuerza como la de los discípulos de Emaús. Si estamos en contacto sincero y consciente con Dios varias veces al día, forzosamente se reflejará en nuestra palabra, en nuestros escritos y en nuestro contacto con la gente. El problema, el único problema para todo cristiano apóstol, sea sacerdote o seglar, es mantenerse en contacto con Dios durante el día y para ello dedicar tiempo específico a la oración como le dedicamos a las comidas.

Dios no se olvida de nadie, aunque nos parezca mentira. Yo recuerdo una de aquellas meditaciones del P. Lapuente. Nos decía que es tal la liberalidad de nuestro gran Dios que a todos concede los dones no sólo para salvarse sino para avanzar en la vida interior. Nadie está excluido de la bodas divinas. Hace falta disponerse. Y las disposiciones son la humildad, fidelidad de corazón, estar a la escucha, orar, recogimiento.

Con mucha razón - leía hace poco en unos párrafos de San Juan de Avila- quiere el Espíritu Santo ser deseado. Por eso, si estamos desconsolados y llamamos a este divino consolador y no viene es porque no lo deseamos de verdad, porque no perseveramos en este deseo. Así opina este santo. Vamos a hacerle caso y a seguir llamando con grandes gemidos. Dios tiene reservada para nosotros una dulzura grande que nos va a hacer servirle con facilidad y nos va ayudar a animar a otros a servirle. Verás. Vamos a seguir llamando, verás cómo al final nos abre la puerta de par en par.

Mi ideal es vivir envuelto en el Señor todo el día. Aspirar a ello para que mi acción sea de verdad eficaz para el Reino de Dios. Me hice sacerdote y no conseguí perseverar en el ministerio, pero he de suplirlo desde la penumbra. Luego la Providencia me ha puesto cerca de mí cuanto yo pretendía: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida. Clases de religión, catequesis, artículos de vida espiritual. Todo ello llena mi jornada. Y por si fuera poco, la amistad con unos hombres muy amigos, llenos de fe y con gran deseo de perfección. En lugar de rehuirme como "desertor" me acogen y aprecian. ¿Puede haber mayor alegría? ¿Cómo sabré corresponder?

Y SIEMPRE, LA VOLUNTAD DE DIOS

Cada vez lo veo más claro, aunque mi voluntad no llegue a abrazarla como debe: la voluntad de Dios se convierte en el camino del deber que hemos de recorrer con decisión total. Hemos de esforzarnos en aceptar todo lo que viene de Dios sea agradable o

desagradable: es su voluntad de beneplácito, aunque actúen causas segundas. Vamos a ponernos con toda confianza en las manos de Dios; y ver en todas las cosas su providencia que nos guía. Someternos del todo a su divina voluntad.

Tengo constante en mi alma el deseo de cumplir en todo la voluntad de Dios. Yo creo que esto tiene que ser bueno. Porque si aun así hay tantos fallos en mi vida, ¿qué sería sin este propósito constante? Pero yo quisiera que mi determinación fuera tan total que por ningún bien de este mundo dejaría de hacer la voluntad de Dios. Quisiera que nuestra decisión no fuese amasada con cobardía, temor y prudencia humana. Los santos, ya lo recuerdas, han estado siempre con una decisión total al servicio de Dios. Y siempre hemos visto que los más próximos a Dios han sido quienes mayores trabajos han llevado en su vida.

Tenemos que estar desasidos de las cosas temporales y agarrados del todo a las eternas. En teoría yo ya me lo sé que tengo que aguantar con paz y humildad todos los palos que vengan, pero me hace falta vivirlo en la práctica.

Querido amigo, vamos a vivir con la única pretensión de contentar al Amado.

Para cumplir la voluntad de Dios necesitamos de un don divino. Su ayuda. El hecho de que El manifieste su voluntad es un signo de su amor, porque nos eleva a los creados a mantener una relación con El. Ya esto debiera bastar para llenarnos de entusiasmo. El haber recibido la educación cristiana que hemos recibido ya es algo que nos debiera mantener siempre en pie de ilusión cristiana. Y luego, trabajar para transmitir lo que nosotros hemos recibido.

Gracias al bautismo vamos adquiriendo lentamente una transformación radical. Todo se va uniendo en nosotros. El resultado es el edificio que vamos construyendo para nuestra santificación. Poder comunicarlo es para mí una gracia más de Dios. Y si en ti repercute de alguna manera, los dos salimos beneficiados de este don de Dios.

 

XX

EN TORNO AL SACERDOCIO

RESUCITAR LA GRACIA DE DIOS

¡Cuantas veces, querido amigo, le doy vueltas a aquella frase de San Pablo a Timoteo: "Admoneo te ut resuscites gratiam Dei quae est in te per impositionem manuum mearum." Supongo que para ti también constituirá esta frase no sólo materia de meditación, sino también una emoción especial, al recordar aquellos momentos solemnes e inigualables de nuestro ordenación sacerdotal.

Me viene, siempre que medito en esto, como una fuerza del Señor que me impulsa a entregarme más a la oración y al apostolado. Te lo digo con toda sencillez de alma. Pienso que con ésta u otras frases del Nuevo Testamento, que han sido en ti pura vivencia, te pasará lo mismo. Merece la pena explotar todos estos recursos para nuestra santidad y el bien directo o indirecto de los hermanos confiados a nosotros.

Una cosa que me impresiona mucho y me hace como llorar por dentro de agradecimiento y emoción es sentirme sacerdote en la mente de Dios desde toda la eternidad. Yo ocupé en el corazón de mi Señor un lugar preeminente, me amó Dios con predilección, me colocó al lado de Jesucristo, Sacerdote Eterno, como colaborador y amigo suyo. Esta fe viva en el poder divino que me hizo sacerdote, me ayuda, me da fortaleza en momentos de duda, de incertidumbre o angustia. Es extraordinario pensar que el sacerdocio se nos ha dado en la intimidad de nuestro ser y a perpetuidad. Me parece que es necesario para nosotros tomar cada día posesión de este don, haciéndolo cada vez más personal. Participamos de la eternidad del sacerdocio de Cristo. Es idéntica nuestra suerte que la de Jesús. Por lo mismo debemos unirnos más y más a El.

RESPONSABILIDAD

A veces, es cierto, me asustan las responsabilidades sacerdotales. Llego a comprender al Cura de Ars que se quería marchar de su parroquia y pasar al menos dos años de su vida en un convento para llorar su miserable vida. Es tremenda nuestra responsabilidad. Eso de que el rebaño esta del todo en nuestras manos, y se va alejando cada vez más de los pastos. ¡Señor, le digo a nuestro buen Dios, Señor sin santidad no se pueden afrontar estas estos compromisos tan grandes que un día asumí! Ya me puedes dar tu fuerza, tu luz, tu gracia para poder serte un poco más útil.

Todo esto me impulsa a proponerme un día y otro el regresar a aquellas fuentes de la ascética tradicional cristiana que se resume en dos palabras: oración y mortificación. Estoy convencido de que el volver a los caminos enseñados por San Juan de la Cruz, Loyola, Sales, Avila y tantos otros santos, fieles intérpretes del Evangelio, tiene que ser nuestra labor diaria. Nosotros mismos y las almas a nosotros encomendadas vamos a ser los principales beneficiarios.

MAS RESPONSABLES, SIENDO SACERDOTES

Gran prerrogativa la del sacerdocio de Jesucristo: ofrecer a dios en nombre de la humanidad y del universo el homenaje de alabanza a Dios. Viene bien el reflexionar de vez en cuando en esto. Se disfruta después, se hace con mayor fervor una oración, la Misa, la Comunión, la adoración al Padre, la visita al Santísimo. No soy uno cualquiera, soy sacerdote de Cristo y lo ofrezco con toda mi alma en nombre de la humanidad. Me siento así más unido a Jesucristo y puedo decir con El: Llevo en mí a toda la humanidad; es mía, porque yo soy de Cristo, soy su sacerdote. Y en su nombre ofrezco todo para su gloria. Con El y por El vivir, adorar, glorificar al Padre, hacer el bien.

Leía en el P. Arintero (gran místico español de nuestro siglo) algo que hace pensar. Lo contaba en boca de la venerable Micaela Aguirre. Preguntaba ésta al Señor: ¿Por qué no das estas luces que a mí a tus ministros? (Se veía ella de los dones de Dios y no podía emplearlos como desearía). Y el Señor le respondió: - No me dan entrada.

¡Qué realidad es! No le dan entrada a Dios gran parte de los hombres de iglesia. Están metidos en funciones trascendentes muchas veces como simples funcionarios.

Algo parecido experimentaba Ignacio de Loyola: durante su estancia en Cataluña no encontraba en hombres doctos e instruidos en religión un interlocutor adecuado para desahogar su alma de su enamoramiento divino.

PONERNOS A LA ESCUCHA

Creo que nosotros hemos de ponernos a la escucha del Señor. Comenzar por lo menos difícil: lectura de libros enjundiosos de espiritualidad. Ir mezclándola más y más en la oración. Acompañar todo con sacrificios pequeños hechos voluntariamente todos los días. Poco a poco este amor a Dios nos irá inundando. Notaremos que nuestro ministerio se hace más jugoso, aun los días que hemos de celebrar varias veces la eucaristía. Irá desapareciendo la rutina del funcionario. Seremos los enamorados de Dios. Nuestra feligresía lo notará, responderá, aunque no se formule el por qué. Algo de esto hemos notado en ti. Que sigas adelante. Testigo de tu enamoramiento divino es Dios, pero también lo irán notando tus parroquianos. Y que Dios te dé fuerza para difundir tu ilusión entre los compañeros del clero. Necesitamos sacerdotes santos.

Me da devoción pensar en estos tres puntos: que El es el único sacerdote y participamos del suyo todos; que el sacerdocio de Jesucristo es en cuanto hombre; que la consagración suya es por la unión con el Verbo.

Yo saco de todo esto como consecuencia: nuestro sacerdocio nos exige estar en virtud por encima de los demás hombres. Por algo hacemos de puente entre Dios y la humanidad. Y esto aunque no ejerzamos oficialmente, pues llevamos indeleble en el alma nuestra señal de ministros de Dios.

Nadie nos puede quitar el ofrecernos en sacrificio como Cristo, hostia víctima. Nadie puede quitarnos el llorar y reparar por los pecados del mundo "inter vestibulum et altare".

DESEO DE PERFECCION

Me lo repito con frecuencia: tengo necesidad de aumentar en el alma el deseo de perfección porque un día recibí el sacerdocio de Jesucristo y he de colaborar con El a la salvación del mundo. No puedo permanecer indiferente al llamamiento que Dios me hizo. Si por circunstancias no le he servido al cien por cien, ni al ochenta, por lo menos lo que esté en mi mano, con su ayuda he de practicarlo. ¿Qué menos que proponérmelo? De repente no puedo aspirar a la santidad más encumbrada, pero poco a poco; correspondiendo a las gracias que Dios nos da en cada momento.

El deseo de santidad es la condición primordial en toda vida espiritual. Dispone al alma para recibir el don de lo Alto. Abrir nuestra alma enteramente ante Dios y aumentar la capacidad de recibir los dones divinos. Este es nuestro problema acuciante. Cada día pienso más en nuestro sacerdocio. El carácter sacerdotal que llevamos dentro es la fuente de todos los carismas; algo tenemos que un simple cristiano no posee. Y ese algo nos da fuerza e iniciativa tanto para la oración como para poder actuar en casos concretos sacerdotalmente. Me gusta recordar el momento de la ordenación. El momento en que, inclinando mi cabeza joven, imponía el obispo sus manos y descendía sobre mí el Espíritu Santo. Desde entonces ha llovido mucho. Ha habido por mi parte muchas infidelidades, pero Jesús no me ha abandonado y sigo siendo, aunque indigno, ministro suyo. Yo suelo decir que soy "ministro sin cartera", pero tengo mis funciones que tal vez otros con cartera no las puedan llevar. El Padre nos contempla con infinita complacencia. Cuando nos levantábamos después de la ordenación podíamos decir: "Sacerdotes para siempre - con Jesucristo- según el orden de Melquisec.

JESUS SE CONFIA AL SACERDOTE

Me gusta pensar que Jesús se confía al sacerdote como se confió a María. No sólo por guardar la llave del sagrario, por llevarlo a los enfermos o tenerlo en las manos en Misa, sino porque ha dispuesto que la salvación, santificación, fervor de la gente dependa en gran parte de nuestra actuación. ¡Qué responsabilidad! Dulce, pero dura. El cura de Ars ¡qué bien la sabía distinguir! Somos - o hemos sido- causas instrumentales para la salvación y santificación de muchos. Pero esta es la gran verdad: la fecundidad santificadora de nuestra palabra se debe principalísimamente a nuestra unión íntima con Cristo. Esto sí que merece ser tenido en cuenta. Creer firmemente en el poder de la gracia para remediar las necesidades espirituales de nuestros hermanos.

Me siento muy por debajo del ideal. Pero sé que esta impresión no debe desanimarme a la hora de actuar, sino estimularme a un esfuerzo constante por mi santificación. Incluso puede ser que los sentimientos de humildad conmuevan al Corazón de Dios. ¡Encontrarnos todas las mañanas - a primerísima hora- con Jesucristo en la oración. Nos revestiremos de El; y El actuará por medio de nosotros.

  VIBRAR DE EMOCION POR SER SACERDOTES

Vibrar con la emoción del sacerdocio, como un recién ordenado. Recuerdo la primera vez que abrí el Sagrario. ¡Qué amor de corazón a corazón! Pues es el mismo Jesús el que baja a mis manos en el Altar, el que distribuyo en la comunión, el que permanece día y noche en el Sagrario. El mismo Jesús que teníamos en la capilla de la Asunción.

Recuerdo a menudo la figura de un sacerdote, fallecido en los años setenta, es de nuestros días: Aita Patxi. Casi siempre iba con la Eucaristía en el pecho, pues marchaba de un pueblo a otro, de una clínica a un hospital siempre visitando enfermos y llevándoles al Señor.

Me impresiona ver sacerdotes fríos, aunque lo comprendo, porque yo, la verdad, he estado así. En tiempos de seminario ya nos causaban un como escándalo los que estaban siempre jugando a cartas, charlando con los vecinos, perdiendo el tiempo. Pero de oración, nada. Hoy sucede lo mismo, aunque de otra manera: viajes, excursiones, charlas inútiles. Y un poca más trabajo que antes, porque hay menos curas. Merece la pena hacer algo para mejorar el ambiente. Por supuesto, en manos de todos está rezar por la santificación de los sacerdotes. Procurar la propia conversión lectura espiritual y meditación bien llevadas, ver vidas como la del Cura de Ars y el Padre Nieto. Después ayudar a levantar el ambiente clerical. Tal vez sea necesario acudir a menos reuniones, pues muchas sólo sirven para perder el tiempo.

Nuestro sacerdocio. Cuanto más pienso en él, más motivo de alabanza y agradecimiento encuentro. Van ya muchos años de sacerdocio y lo ejerzo desde el exilio, a mi modo, como puedo y en la oscuridad de mi vida diaria, en la ignorancia de la mayoría de cuantos me rodean. ¿Qué más da? Lo malo, no saber hacerlo a tope como los santos. Pienso que en la otra vida este carácter aparecerá en todo su esplendor. ¡Que bueno que al menos se compenetre nuestra vida con esta realidad ontológica, invisible, pero del todo real! Nuestra vida, toda de Jesús sacerdote, con Jesús sacerdote, para El.

Somos intermediarios entre Dios y los hombres, nuestra actitud, de adoración, de hostia viva, ofrecernos todos los días a El. Hace años un compañero me sugirió con esta idea de ser "hostia" con Jesucristo. Entonces me pareció como un poco exaltado por el fervor. Hoy, con cierta "frialdad" que dan los años, lo veo muy positivo, factible, y si El nos ayuda, nada difícil. ¿Qué mejor cosa que reparar al Padre un poco por tantas ofensas e ingratitud del mundo y nuestras de tantos años? Sé que por mí mismo soy incapaz, pero todo lo podemos con su ayuda. La Comunión nos dará esa fortaleza tan necesaria.

SALMOS

Desde hace algunos años le voy tomando mayor afición a los salmos. Los tengo grabados en cinta y varias veces al año los escucho y me sirven de oración. Son una maravilla: unas veces expresan sentimientos de compunción, otras de amor, de admiración hacia las obras de Dios, de adoración, de confianza, de temor y de humildad. ¡Qué difícil pasar por alguna temporada en la vida en la que no rimemos con los sentimientos de algún salmo! Incluso los hay para épocas de sequedad y hastío y para momentos de genio y rabia. A través de los salmos Dios aparece más como requiriendo al hombre de una manera apremiante. El hombre con toda su miseria oscilando entre la entrega y la duda.

Me encantan los salmos: parecen un inventario de todas las situaciones de la vida propia. Aspira a través de ellos cada uno hacia Dios, única felicidad del hombre.

VOCACION

Considero hoy muy distinto el concepto de vocación que cuando el rector de nuestro Seminario nos lo explicaba siguiendo las teorías de un tal canónigo Laiton o algo así. Entonces aquello nos parecía como dogma de fe. Casi me da vergüenza haberme tragado tantos anzuelos. En aquel ambiente era fácil equivocadamente creer como semi- reveladas algunas afirmaciones de simple teoría.

Hoy entiendo la vocación principalmente como la voz de la sangre. En este sentido tengo verdadera vocación de sacerdote y de casado. Es mi deseo íntimo. Mi tendencia instintiva. Otra cosa es que los hombres, falibles en casi todo igual que yo, no quieran admitir estas vocaciones. Me parece que la responsabilidad tremenda es de ellos.

Leía en un libro de Royo Marín una queja de la disminución de vocaciones al sacerdocio. Y decía más o menos: En España, donde la sangre de tantos sacerdotes y seminaristas mártires fue semilla de vocaciones, ha comenzado la curva descendente. En el quinquenio de 1955- 60 se han ordenado unos seiscientos menos que en el 50- 55. Para mantener la misma proporción de clero sobre el aumento de población deberían haberse ordenado 800 más que el quinquenio anterior (por lo menos).

¿Qué diremos ahora, al finalizar el siglo XX? La edad media de los sacerdotes es alrededor de 62 años. Dentro de pocos años (a causa de las defunciones), la media bajará. Pero los sacerdotes seguirán disminuyendo. No existe otro remedio que la oración para la campaña de vocaciones, de sacerdotes santos.

Y no nos va a desanimar la pequeñez de nuestras fuerzas en la oración. El Señor se complace en escoger para sus planes lo más pobre y despreciable, para que nadie se gloríe ante Dios. El que concede no es el hombre. Es el mismo Jesucristo. Basta pedírselo con fe.

OBISPOS

Necesitamos obispos con una fe íntegra y total. No con una especie de duda esperanzada. Y esta fe íntegra sólo se obtiene en una intimidad constante con Dios, en una vida de mortificación plena, en humildad profunda ante Dios y ante los hombres. ¡Qué difícil todo esto, Señor! Y qué necesidad tenemos el pueblo fiel. Necesitamos obispos santos, no solamente buenos.

En la vida de Santo Tomás Becquet me llama la atención su cambio de antes de ser obispo a después. Antes fue libertino, como su rey. Después tomó clara conciencia de su misión; se dio cuenta de que para llevarla a cabo necesitaba la ayuda de Dios. Se entregó de lleno a la oración y el Señor le concedió la gracia de ser una santo obispo.

Me llamó la atención una historia que cuenta San Gregorio Niseno sobre un obispo. Tal vez la hayas oído. Era el obispo Alejandro.

Estudiaba y se distinguía por su inteligencia filosófica y por su belleza en lo físico. El quería ser ignorado de todos, pero veía que todo el mundo se fijaba en sus cualidades. Entonces, por huir de la vanagloria, se marchó a otra ciudad y se puso a trabajar de carbonero. Llegó allí San Gregorio Taumaturgo. Tenía que nombrar a un obispo, pues había fallecido el anterior. Indagó durante bastantes días y le presentaron a gente muy instruida en todas las materias.

Pero Gregorio no eligió a ninguno de ellos, y pidió que le presentaran a gente menos ilustre, pero con virtud verdadera. Alguien, tal vez medio en broma, le habló de Alejandro el carbonero. Se interesó San Gregorio por él. Indagó en su vida y le convenció para que tomara el cargo de obispo. Vivió santamente. Murió después mártir.

OBISPOS, SANTA TERESA

Un día preguntaba cierto pretendiente a un obispado a Teresa de Jesús: ¿Conviene que acepte ser obispo? Ella respondió estas palabras escuchadas de Dios mismo: "Cuando entendiere con toda verdad y claridad que el verdadero señorío es no poseer nada."

Sí, de verdad. Si no llego a desear no poseer nada, no estoy preparado para la sede episcopal, ni para cargo alguno de poder o responsabilidad.

Tal vez lo has meditado más de una vez. Pero conviene recordarlo, porque con facilidad se va metiendo en nuestro interior el criterio del mundo, la soberbia del poder. Muchas veces hemos dicho que la autoridad es servir, pero a la hora de la verdad suele resultar difícil practicarlo.

Somos fáciles para dominar. Con dificultad practicamos el diálogo, si estamos en el poder. He conocido obispos para quienes dialogar era sinónimo de hablar ellos y que los demás le hagan caso.

¡Qué grande la responsabilidad del obispo! A mí me parece que con el tiempo, como cada uno en su profesión, se tiene que ir acostumbrando y el peligro es de "pasar" y no hacer caso a muchas cosas. Ante todo el obispo se ha de preocupar de las cosas espirituales, poner buenos pastores de almas. Porque la culpa principal de que el pueblo no mejore, sino al revés, estoy convencido de que está en el clero.

LA TIBIEZA, PLAGA DEL ALMA

Es pena pertenecer al grupo de tercera división de los cristianos después de la preparación esmerada que hemos tenido; después de tantas gracias actuales que hemos recibido de Dios. A ver si comenzamos a levantarnos del sueño, de la pereza.

A veces abusamos de la paternidad de Dios. Nos parece que pasará por alto todas nuestras infidelidades. Bueno es saber confiar, pero no abusar de esta confianza en su bondad. Más aún, esa misma confianza nos ha de estimular para servirle con mucho mayor empeño.

¿No te ocurre algo parecido? Recibo a Cristo por la mañana en la Eucaristía, le prometo fidelidad, atención, entrega durante todo el día. Pasan las horas y, cuando a medio día me examino, compruebo que apenas le he dado paso a El. Entonces procuro hacer - como el corazón- un movimiento hacia adentro para absorber a Cristo, que llegue a ser vida de mi vida. Y le pido fuerza para hacer otro movimiento hacia afuera, para irradiar a Cristo al exterior. Y así no va del todo mal la cosa. Dios quiere verse siempre correspondido en el amor. Si no le correspondemos, puede cerrar las puertas de su generosidad e irse. ¿Quién no ha comprobado que desde el momento en que deja la oración y los pequeños sacrificios, comienza a despreocuparse de Dios y de sus cosas? ¿Por qué tantos religiosos, fervientes hace unos cuantos años, se encuentran ahora alejados de Dios y sin ganas de seguir adelante?

LA TIBIEZA SUTIL

Tal vez el problema mayor de cuantos tenemos fe y hemos decidido seguir al Señor sea la tibieza. Una tibieza sutil. No abandonan muchos la Misa ni las prácticas de piedad, pero las hacen sin vida alguna. Misa medio distraídos; oficio divino corriendo; meditación sin preparación; comunión con acción de gracias relámpago.

Piensan que su predicación (preparada someramente) les sirve de lectura espiritual y las consideraciones que dirigen a otros constituyen su propia meditación.

La oración apenas es personal: breves jaculatorias. Se sienten incapaces de estar sentados media hora junto al Señor: para amarle, hablarle de amistad, mirarle, enamorarse de El... barrer distracciones suavemente.

La oración se les hace dura desde antaño, desde que desaparecieron los primeros fervores: por eso la aborrecen en el fondo y prefieren unirse a Dios por medio de la acción. Este retrato es bastante frecuente dentro de nuestro clero "fiel".

Es necesario una campaña movida por sacerdotes de verdad fervorosos a favor de la oración personal abundante, de la lectura espiritual reposada.

Nunca olvidaré la frase del P. Cándido Arbeloa, director espiritual de los años cuarenta en el Seminario de Pamplona: "Opino que la lectura espiritual ha llevado a la perfección a más almas que la misma oración."

Y se comprende. La lectura espiritual da materia de oración, anima a la oración, enfervoriza en la recepción de sacramentos.

AQUELLA CONVERSION

El fervor, recuerdo, fue de golpe: conversión, entrega, todo... ¿Cómo llegó sin darse uno cuenta la tibieza? Proceso lento. No llegamos a abandonar la oración. Sólo, en los comienzos, dejar de prepararla. No abandonamos la lectura. Sólo cambiarla por otros libros más "científicos", pero menos espirituales. Libros de actualidad.

Después, el sacrificio fue quedando en el olvido. La vida fácil arrastra a uno sin darse cuenta. ¿No basta con sólo aceptar las incomodidades abundantes de la vida?

Resultado final, la tibieza. Después, por la misericordia de Dios hubo que enderezar. Por eso no hay más remedio que decir: "Cantaré por siempre las misericordias del Señor."

De vez en cuando pienso en mis primeros momentos de salida del seminario; cuando empecé mi vida apostólica. Creo que no supe reaccionar con una vida espiritual a tope. ¡Qué bien me hubiera venido entonces leer la vida del cura de Ars! Fueron aquellos primeros años un poco de diáspora. En nada tuvieron en cuenta nuestras aspiraciones de formar grupo los que constituíamos "equipos de amistad sacerdotal". Por otra parte no nos siguieron un poco nuestros padres espirituales. De repente comenzamos a vivir por nuestra cuenta.

Varios años después de la primera conversión, en plena adolescencia, comencé a vivir un poco de las rentas. Lentamente, casi sin darme cuenta iba dejando la práctica de la mortificación. Eso me perdió. El sacrificio nunca conviene abandonar. Por el contrario, es mejor intensificarlo.

Lo peor. Suele ocurrir con frecuencia que se abandona la oración. Pero no de golpe, ni en absoluto. Es demasiado listo el demonio para meternos esta tentación. Se acorta la acción de gracias después de la Comunión; se sustituye la lectura espiritual por libros de teología o por revistas; el breviario se reza de prisa y con poca atención; se confunde la meditación con las exhortaciones que hacemos a los demás. La auténtica oración queda casi reducida a alguna jaculatoria y a la oficial un tanto distraído.

Pero no conviene lamentarse del pasado. El tiempo que nos quede de vida lo vamos a aprovechar mejor. Para ello aumentar el tiempo dedicado a la oración personal. Y por supuesto ir dando auge a la mortificación. Cada día un poco más. Aunque sólo sea un poco más.

ME PREOCUPA EL ESTADO DE TIBIEZA

Me ha preocupado siempre el estado de tibieza. Después de temporadas de fervor, vuelve al alma, en cuanto nos descuidamos la tibieza sutil a llenarlo todo. El medio para salir de este estado es procurar la pureza de corazón. Arintero hace mucha insistencia en ello.

Vamos a aplicarnos a este ejercicio de no negar nada a Dios. Nada de cuanto nos pide para llegar a la perfección. Son inspiraciones que nos parecen ocurrencias propias, pero en realidad son mociones del Señor. Y si no se consigue a la primer, a la segunda. Mientras mantengamos apegado el corazón a una cosa conscientemente, qué difícil avanzar. La única manera de avanzar en estos casos es desechar nuestro apego, arrepentirnos de él y pedirle fuerza a Dios para salir. Estos pasos nos harán ir saliendo ya de la tibieza. Los pecados veniales nos atan. Pero con la pureza de corazón volamos.

APROVECHAR EL TIEMPO

¡Y pensar que he disfrutado jugando al mus, contando u oyendo chistes! ¡Qué maravilla gozar con un libro de himnos, cantos espirituales, poesías místicas, antífonas e introitos! Leerlos, entonarlos, traducir en toda su hondura: si es preciso, con diccionario. Disfrutar de las alabanzas hechas a Dios con gran belleza literaria, con ingenio, con sabor. ¡Oh el latín, qué precioso interpretarlo, sin traducirlo, llegar a comprenderlo!

¿Te fijas? Cuánto hemos de agradecer a Dios que nos va prolongando la vida. Muchas personas conocidas, y antiguos compañeros, han muerto ya. No pueden merecer. El reloj de la existencia terrenal se ha parado para siempre. A nosotros, todavía Dios nos conserva la vida. Por algo será. A mí me da mucho que pensar y me impulsa a aprovechar el tiempo, mientras estamos en camino. Orar. Ofrecer a Dios nuestros trabajos. Hacer algo por la santificación del mundo. Atender las pequeñas parcelas propias, pero sin olvidar el gran campo del Reino de Dios. Hemos de aprovechar esta gracia actual.

¡Qué poco tiempo me queda - nos queda- y qué rápido pasa! No hay más remedio que no permitirnos el lujo absurdo de perder el tiempo. La compunción serena es mi respuesta a mis infidelidades. Mi alternativa es confiar en la misericordia de Dios y hacer lo que pueda por los demás. Estos años me ha cabido en suerte poder entregarme un poco a los niños marginados, pobres, que sufren y reaccionan mal ante los problemas de divorcio, penuria económica, mal ambiente cristiano de la familia.

Esta semana he tenido dos impresiones grandes: me he quedado del todo solo en mi línea ascendente: ha muerto la única tía carnal que me quedaba - 88 años- y el mismo día el cura que me bautizó - 84 años- . Creo que tú habrás experimentado esto ya hace tiempo. Por delante de mí ya no queda nadie. La generación anterior desapareció. Esto me tiene que mover a aprovechar el tiempo porque es tan breve...

¡Qué distintos los tiempos de antes. Sin embargo somos los mismos. A veces parece que fue ayer mismo, pero cuánta agua ha corrido por el río. Otras veces nos parecen tiempos remotos, como la prehistoria. La vida fluye. Y nos vamos acercando poco a poco a la meta. Al encuentro con El.

Cuando nos hacemos mayores, la fe se afianza. Por nada del mundo abandonaríamos el tesoro de Dios, cuidado con mimo durante tantos años. Pero a la vez la fe se hace más oscura. Tremendamente oscura. Incluso hay momentos en que la duda roe la consciencia. Entonces es el momento de decirle al Señor: Gracias por hacerme oscura la fe. Gracias, porque así puedo demostrarte la confianza ilimitada que en ti tengo.

Otras veces sentimos una especie de destello, de evidencia instantánea y transparente. Parece que vemos todo con claridad meridiana. Y entonces también agradecemos la bondad de Dios que nos muestra, aunque en enigma su rostro.

MUNDO

Siempre le doy vueltas a eso de huir del mundo. Pero en el Nuevo Testamento no se formulan juicios peyorativos sobre el mundo de ahora. Sólo se nos recuerda el valor supremo del mundo futuro. Es necesaria una libertad interior ante los bienes terrenos, saber rechazarlos en la medida en que nos inducen al mal. Eso sí, vemos en el Evangelio que el pobre está más disponible para seguir al Señor. En la práctica, me parece, buscar un lugar que sea el que 'dios ha ofrecido y un ambiente favorable para vivir en la intimidad con Dios. Así, encarnados en la realidad del mundo presente, pero para hacer aparecer en él el espíritu evangélico caritativo y poder inyectar el fermento de Jesucristo, que hará brotar un mundo nuevo.

EX TOTO

- Siento, Señor, que nuestro amor no sea SOLO DIOS. Hay otro rival que nos atenaza: el mundo, sus distracciones. Y nos que no queramos vivir en este mundo, ni necesitamos de vez en cuando el recreo. Pero a veces nos domina: fama, honor, placer, pasatiempo, distracción... En tus manos está el darnos esa gracia eficaz.

- Sigo estando más enfermo en el alma que en el cuerpo. Pero aquí permanecemos, para pedir al médico su ayuda, la salud. Por una parte me llamas. Por otra temo, si me aficiono a lo terreno, dejar de oír tu voz...

- Quisiera que no nos juzguemos a nosotros mismos con criterios de pura moral... ¡Sabemos hacer malabarismos para no quebrantarla. Queremos juzgarnos por los criterios del amor.

- ¿De qué nos sirve el fervor espiritual, el consuelo de Dios, si nuestra vida interior avanza poco? Sé que el amor a Dios ha de ser ante todo afectivo. Eso es lo que cuenta. "Ex toto". Pero es del todo cierto que la medida del amor se demuestra por las obras. Por eso mi amor debe ser también efectivo. ¿Cuánto he avanzado en los últimos diez años? No te he servido como debo. ¡Que tu voz me arrastre... que tu llamada nos arrastre, Señor!

- "Trahe nos, Virgo Inmaculata. Post te curremus in odorem unguentorum tuorum".

ESTE LIBRO ESTA COMPUESTO CON CARTAS ENTRE LOS AÑOS 1990 - 1997. LAS HE IDO ENVIANDO A MAS DE CIEN AMIGOS EN LA FE. ELLOS HAN RESPONDIDO A SU VEZ ANIMANDOME EN EL CAMINAR.

VERANO- OTOÑO

JOSE MARIA LORENZO AMELIBIA

I N D I C E

I CAMINAMOS JUNTOS CON JESUS.

II DADNOS, SEÑOR, EL DON DE ABNEGACION.

III DIFICIL Y NECESARIA MORTIFICACION.

IV NUESTRO TEMA FAVORITO, LA ORACION.

V LA CONTEMPLACION TAN DESEADA.

VI EL APOSTOLADO, ALGO ESENCIAL A MI VIDA.

VII EL CELO DE TU CASA ME CONSUME, SEÑOR.

VIII LA GRACIA Y LAS GRACIAS.

IX INTIMOS EN LA AMISTAD DE LA FE.

X RETIROS.

XI EJEMPLO DE PERSONAS SANTAS.

XII EL AMOR LO LLENA TODO.

XIII LUCHA CONTINUA HACIA LA SANTIDAD.

XIV CONFIDENCIAS ULTIMAS VARIADAS.

XV EL ESPIRITU SANTO ACTUA EN NOSOTROS.

XVI MI FE Y MI EUCARISTIA.

XVII MADURAR EN LA FE.

XVIII CAMINAR POR LA HUMILDAD.

XIX HACIA LAS VIAS MISTICAS.

XX EN TORNO AL SACERDOCIO.