EJEMPLOS DE VIDA. SEGUNDA PARTE

PRÓLOGO

 

La obra "Ejemplos de vida" la he ido elaborando mes tras mes a lo largo de los últimos años para publicarla por capítulos. Me piden los lectores que reuna todos, y los entregue de nuevo a la red. Así lo hago. Mi criterio en la selección de las personas ha sido: principalmente las conocidas directa o indirectamente por mí. En segundo lugar que no estén canonizadas. Algunas de ellas se encuentran adelantadas en el proceso de beatificación. Por fin: no pretendo que estas personas hayan sido ejemplo en todas las virtudes, lo cual es muy difícil, sino en algunas. Es más, a veces tan sólo recuerdo detalles ejemplares e ignoro gran parte de su trayectoria. Como me inspiraron aumento de fe y deseo de perfección, incluyo a estas personas. Todas ellas han traspasado ya la frontera de la vida. ---- De ninguna manera pretendo usurpar la voz de la Iglesia que es la que ha de juzgar sobre la santidad de sus hijos beneméritos. Simplemte son personas que me han estimulado en mi camino hacia Dios, y aquí están por si a algún otro también le pueden hacer bien. Gracias: José María Lorenzo Amelibia. 

ÍNDICE DE LA SEGUNDA PARTE DE EJEMPLOS DE VIDA:

XXI. MIGUEL ÁNGEL PÉREZ DE ZABALZA SENOSIÁIN. CURA BUENO DE OLITE

XXII- PEDRO ORTIZ DE ZÚÑIGA Y ATAURI:DE INGENIERO, A SACERDOTE DE CRISTO

XXIII.- QUINTÍN HUARTE. FUNDADOR Y PÁRROCO

XXIV- ANTONIO SUÁREZ MADRUGA, SACERDOTE SECULARIZADO

XXV- VICENTE GARRIDO, FUNDADOR

XXVI.- EL SEÑOR SAMUEL, LABRADOR.

XXVII.- JOAQUÍN ROIG, DE LOS KIKOS Y SACERDOTE SECULARIZADO.

XXVIII.- PABLO CARRASCAL ROMÁN, MAESTRO Y SACERDOTE SECULARIZADO

XXIX.- SANTIAGO ZUBIETA, ENFERMERO FERVIENTE Y SACERDOTE.

XXX.- MANUEL LARRAIN ERRÁZURIZ, OBISPO

XXXI.- CARMELO VELASCO MORENZO, DIRECTOR ESPIRITUAL Y CANÓNIGO

XXXII.- ALEJANDRO ZUZA, EL CURA DE LOS NIÑOS

XXXIII JAVIER ILLANAS JIMÉNEZ DE BENTROSA, PÁRROCO SEÑERO EN VITORIA

XXXIV.- EPIFANIO ECHEVERRÍA GARAY, MISIONERO

XXXV.- Irena Sender

XXXVI.- Vicente Ferrer

XXXVII.- Marie Valay

XXXVIII.- José Luis Rázquin

XXXIX.- Joaquín Goicoecheaundía

XL.- Jesús García Mendiri

XLI.- Jesús Lezáun Petrina

XLII.- Antonio Roa Irisarri

XLIII.- José Antonio González Zabaleta

  

XXI

MIGUEL ÁNGEL PÉREZ DE ZABALZA SENOSIÁIN

CURA BUENO DE OLITE

(El resto de la biografía de este hombre santo se encuentra en la sección "Mis libros" de esta revista digital)

DATOS BIOGRÁFICOS

Nace en Estella el 29 de septiembre de 1931. Su madre falleció cuando él todavía no había cumplido 5 años. Su papdre, don Cándido, tenía fama de hombre justo, fervoroso y santo. Ingresó en el Seminario de Pamplona en el año 1943. Simultaneó sus estudios sacerdotales con la carrera de música. Fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1955. Aquel mismo año fue destinado a la ciudad de Olite, donde desempeñó los cargos de capellán, coadjutor, párroco, y arcipreste, hasta el año 1996. Se distinguió por su facilidad de trato, bondad, mansedumbre, sencillez y humildad, unido todo esto a su piedad y espíritu sacerdotal. Introdujo en Olite las comunidades neocatecumenales, popularmente llamadas "Los Kikos". Se hizo en esta bella ciudad como algo imprescindible. Inespepradamente, en 1996 fue nombrado párroco del pequeño pueblo, lindante con Estella, Ayegui. Unos años más tarde se encargó de las parroquias de Ázqueta y Urbiola. También en el año 2000 fue nombrado arcipreste de Estella. Tras larga enfermedad murió en Pamplona el 22 de septiembre del año 2002.

Pronto En Ayegui Se Dieron Cuenta De Su Categoría

Podemos afirmar que, superados los primeros momentos después de dejar Olite, se le veía contento con este nombramiento. En el programa de fiestas de Ayegui del año 1997, Damián Guerra, concejal del Ayuntamiento, daba la bienvenida a Miguel ángel Pérez de Zabalza Senosiáin con estas entrañables palabras: "Un día apareció en la prensa la escueta noticia del nombramiento de párrocos en los pueblos tal, tal y Ayegui. Este nuevo párroco entró como de puntillas en la vida religiosa y social de nuestro pueblo, como queriendo pasar desapercibido, humildemente, porque la humildad es grandeza. Pronto, y como sin darnos cuenta, está ya entretejido entre nosotros. Es un ayeguino más. Su jovialidad y simpatía ha arraigado entre los feligreses. Hasta el punto que, dicho con cariño y respeto para nosotros, es Miguel Ángel a secas". ¡Bienvenido, Miguel Ángel"

Pronto en el pueblo se fueron dando cuenta de la categoría espiritual y humana del nuevo párroco. Los mayores ya le conocían de tiempos de seminarista. Don Cándido, el padre de Miguel Ángel, era una institución en toda la merindad de Estella. ¡De tal padre tal hijo! - se decían. Y no quedaron defraudados.

De manera suave y discreta realizó su actuación pastoral en estos lugares. Siguió en todo momento fomentando el culto en el monasterio de Irache y la devoción a aquella bendita imagen de la Virgen María. Hoy este antiguo cenobio no está regido por ninguna comunidad religiosa. Los últimos en habitarlo fueron los padres Escolapios. La Diputación y Gobierno de Navarra se hicieron cargo del inmueble, pero está abierto al culto, y Miguel Ángel lo incentivó con agrado de los feligreses. Fomentar en Irache la veneración a la imagen de la Virgen María ante la que oraba hacía siglos San Veremundo Abad, era uno de los objetivos pastorales de nuestro sacerdote. La gente sentía fervor en cristianar a sus hijos dentro de aquellos muros que hablaban de fe multisecular.

Al final de esta semblanza transcribimos una plegaria - poesía que compuso en honor y amor a Nuestra Señora.

También Ázqueta Y Urbiola

Hubo de atender asimismo los pueblos de Ázqueta y Urbiola, tras el fallecimiento del párroco de ellos Ramón Azcona. Ejerció e ellos su labor pastoral con celo y bondad, y se ganó la amistad y la confianza de todos. En los meses que permaneció allí, terminó la restauración de la parroquia y gozó mucho con esta obra. Para dar mayor solemnidad a todo esto celebró una Misa de acción de gracias. Llamó para que la presidiera al Vicario General del Pastoral, Luis Oroz.

También estos dos pueblos, los últimos de su pastoreo espiritual, ganaron su corazón y él se los ganó a todos con su sonrisa natural y digna simpatía. Los llevaba en su alma siempre, hasta en los últimos momentos de permanencia en este mundo. De tal manera que - recuerdan sus hermanas - les recomendaba en la clínica: "Decidle al Padre Víctor que dé de mi parte gracias a los pueblos de Ázqueta y Urbiola por lo bien que me recibieron".

Luego lo hicieron arcipreste de Estella. Pero ya empezaba el viacrucis de su enfermedadç

 Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 XXII

Pedro Ortiz de Zúñiga y Atauri:

de ingeniero, a sacerdote de Cristo

Datos biográficos

Pedro Ortiz de Zúñiga y Atauri nació el dos de julio del año 1918. Estudió en el colegio de los marianistas de Vitoria. Ingresó en la escuela de Ingenieros, Canales y Puertos. Acabada la carrera ejerció su profesión en la empresa Iberduero. Allí sintió su llamada al sacerdocio. En 1947 ingresó en el seminario diocesano de Vitoria. El 27 de agosto de 1954 fue ordenado sacerdote.

Desde el comienzo surgió en él celo y preocupación por la juventud, y a ellos dedicó toda su vida. Aprovechó para este fin sus conocimientos profesionales. Siguiendo la línea iniciada por otro sacerdote, Pedro Anitua, se hizo cargo de las Escuelas Profesionales Diocesanas. Las desarrolló de tal manera que en la ciudad se crearon distintos centros. También las extendió a distintos pueblos de la provincia. Además de esto desempeñó el cargo de director del secretariado nacional de formación profesional de la Iglesia. Los últimos años de su vida fue delegado episcopal de enseñanza.

Su afición al ciclismo le vinculó más a la juventud. Entre los años 1970 - 1977 fue vocal de la Federación Española de Ciclismo y presidente de la comisión nacional de cicloturismo.

Sumamente delicado y afable, con ojos bien abiertos hacia todo cuanto podía hacer el bien, pasó por la vida siempre derramando una sonrisa, favoreciendo al débil, arrastrando hacia el bien con su buen ejemplo. Fue siervo fiel y útil en el Reino de Dios. Tras larga enfermedad, durante la cual permaneció siempre activo, entregó su alma al Señor el día 14 de febrero de 1986, a los sesenta y siete años.

 

Semblanza de este hombre de Dios

Tuve la suerte de mantener contacto con Pedro Ortiz de Zúñiga durante cuatro años. Lo conocí por primera vez en el púlpito de la parroquia de san Saturnino de Pamplona, en el año 1956, en el mes de febrero. En esa fecha Antonio Sagaseta de Ilúrdoz celebraba su primera Misa, y Perico, su amigo íntimo, predicó en este acto solemne. Los dos sacerdotes fueron compañeros en su profesión de ingenieros, los dos en la misma empresa, los dos fueron llamados por el Señor a su mies. Abandonaron su profesión y siguieron a Cristo en primera fila, Antonio estudió en el Seminario de Pamplona, Pedro, en el de Vitoria. Ambos fueron ejemplares en su apostolado en diócesis vecinas. Amigos desde su juventud, se dedicaron al mismo apostolado: promover las escuelas de formación profesional como verdadera obra de la Iglesia. Antonio murió joven, en la década de los sesenta. Pedro llegó a la madurez, pero no a la ancianidad. Para mí los dos merecen en esta semblanza un homenaje de respeto y de admiración, aunque ahora me refiera explícitamente a Don Pedro Ortiz de Zúñiga.

Gozó don Pedro siempre de gran prestigio en el aspecto de hombre preparado para una misión nueva en la Iglesia, donó al mundo su ejemplaridad de vida. Cuando murió su padre, le correspondió a don Pedro una herencia de once millones de pesetas. Con ese dinero se podían haber comprado veinticinco pisos. Con las rentas de este capital podía vivir una familia numerosa con toda clase de lujos y caprichos. Nuestro amigo Perico lo dio todo, íntegro; no se quedó con nada. Lo entregó para los pobres. Él vivió el resto de sus días con su paga escueta de cura, sin lujos, sin caprichos, en austeridad.

Algunas veces lo vi marchar en bicicleta a practicar un poco de deporte. Le acompañaba la gente joven. Sabía convivir con ellos para evangelizarlos. Pero sin ponerse en tono mayor. Su evangelización era sencilla como él mismo: en todas las partes; casi sin proponérselo.

Yo no puedo registrar documentos. Sé que se podía escribir una amplia biografía sobre él. Hemos de contentarnos con una breve semblanza. Su nombre en Vitoria inspiraba laboriosidad, amor al prójimo; su prestigio fue grande. Después de muchos años de trabajar en toda la provincia por el bien de la juventud, fue premiado por el Ayuntamiento con el galardón del Celedón de Oro, máximo honor que cada año se concede a un ciudadano de gran predicamento. Son numerosas las casas de formación profesional que construyó en Álava.

Yo entré en contacto con Ortiz de Zúñiga cuando era Delegado Episcopal de Enseñanza. Creo que es la única vez que en mi vida me han buscado para algo relacionado con la Iglesia diocesana. Había yo intervenido en el programa de TV "La Clave" la semana anterior. Pedro, un día en que coincidimos los dos en una librería religiosa, me reconoció. Me había visto y le había gustado el programa:

Hablamos un rato con gran cordialidad. En aquellos tiempos muchos se escandalizaban de que un sacerdote hubiera cambiado de estado para contraer matrimonio. Siempre he encontrado la mayor comprensión en los sacerdotes que viven con su celibato en plenitud religiosa. Y Ortiz de Zúñiga era uno de ellos. Me invitó a formar parte del equipo de cuantos habían de llevar adelante en la diócesis la pastoral de educación religiosa, y acepté. Nos reuníamos todas las semanas. Él era pionero en sugerencias, pero siempre buscaba la propuesta de alguno del grupo para comentarla entre todos y después aceptarla y llevarla a la práctica. En el equipo estábamos alrededor de doce personas, casi todos profesores. Durante aquellos cuatro años fueron distintas nuestras actividades de animación en las escuelas para la mejor actualización de las clases de religión. En algunas ocasiones acudimos a Madrid a convenciones nacionales de este tema.

Mi ilusión en corresponder a tan buen pastor era grande. Hice varias propuestas al grupo para formar un verdadero equipo apostólico. Pero prácticamente la totalidad de ellos preferían que nuestras reuniones fueran algo parecido a los tradicionales círculos de estudio sin una proyección concreta a la acción apostólica. Por aquel entonces hube de sufrir una intervención quirúrgica. Al ver que no evolucionaba el grupo hacia la acción, no regresé de nuevo. Don Pedro fue constante y siguió, con gran espíritu de aprovechar hasta lo imposible.

Su enfermedad la llevó con paz impresionante. Tenía una seria afección de riñón y cada dos o tres días había de sufrir una sesión de diálisis para poder sobrevivir. Él no dramatizaba. Pasaba aquellos ratos de tedio, gozoso rezando el rosario o haciendo jaculatorias. Su profunda vida interior le ayudaba a mantenerse siempre contento y optimista.

Entregó su alma al Señor el 14 de febrero del año 1986. El funeral se celebró en la parroquia de San Miguel con una numerosa asistencia de fieles. Pedro Ortiz de Zúñiga pasó por el mundo haciendo el bien. Su amor al prójimo fue grande. Su celo por la causa del Evangelio, extraordinario. ¡Un verdadero ejemplo de vida!

Josemari Lorenzo y Amelibia. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

 

XXIII

QUINTÍN HUARTE

PÁRROCO DE MILAGRO

Tuve la suerte de conocer a Don Quintín Huarte por los años sesenta, cuando dirigí, en la casa de Ejercicios de sus misioneras de Milagro, varias tandas a señoritas.

Había nacido este gran sacerdote en 1906, en una aldea diminuta de la provincia de Navarra (España), Villaveta. En noviembre de 1931 fue ordenado sacerdote; su primer destino, coadjutor de Falces. La mayor parte de su vida fue párroco de Milagro; durante cuarenta y tres años.

Aquel pueblo se transformaba bajo el cayado de tan buen pastor. - ¡Oh si fueran como él todos los sacerdotes! - Don Quintín obtuvo de la gracia de Dios transformar un pueblo. Todos podían afirmar que aquella parroquia era ferviente, misionera, verdaderamente cristiana. Pero ¡lo suyo le costó! Porque él era sacerdote de mucha oración y penitencia; de aquellos seguidores del cura de Ars.

Recibió del Señor los grandes dones de espíritu de oración y el celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Todo ello cristalizó no sólo en poder regir una parroquia modelo, sino en la fundación de una Congregación dedicada sobre todo a vida misionera, las Esclavas Misioneras de Jesús; corría entonces el año 1954.

Desde su jubilación estuvo de capellán de sus propias religiosas misioneras en la misma localidad.Allí atendía a los numerosos cristianos que practicaban ejercicios espirituales; colaboraba con los sacerdotes directores de tandas de ejercicios; formaba y orientaba a sus religiosas; fue padre y consejero de muchas personas, antiguos feligreses suyos. Su temperamento abierto, decidido y constate rimaba a la perfección con la gente franca de la Ribera de Navarra. Don Quintín además de ser santo era una persona muy querida.

Hablar de Don Quintín era siempre mencionar a alguien como una institución del pueblo y de toda la zona; sobre en las décadas de los 50 a los 80 en toda Navarra sonaba el nombre de este sacerdote como verdadero líder religioso dentro del clero. Todos lo considerábamos como un hombre de Dios, lleno de entusiasmo por las cosas espirituales; era radiante en su obrar; se entusiasmaba por todo lo bueno que puede amar un sacerdote: la santidad propia, la santificación de las almas, las misiones. El celo por las almas y la bondad que transmitía, tenían su origen en una sola fuente: la oración, su unión íntima con Dios.

Se le podía ver centenares de veces de rodillas o sentado en la iglesia o en la capilla de sus Misioneras. Cada día pasaba largas horas hablando con el Señor, adorándole y suplicándole muy concentrado. Por la mañana acostumbraba a dar un paseo mientras rezaba el rosario a la Virgen de la que era muy devoto. De la abundancia de su vida interior brotó su apostolado, su trato ejemplar con la gente. Siempre buscaba el bien espiritual de cuantos se acercaban a él y de aquellos a quienes él se dirigía.

Dentro de los objetivos de Don Quintín podíamos destacar éstos:

En este sentido hemos de destacar su constancia en dedicar el sábado a su amada Madre la Virgen María. Para honrar a Nuestra Señora practicó el ayuno todos los sábados y rezó todos los días los quince misterios del Rosario.

El Señor lo llamó a la Casa del Padre el 13 de mayo (el día de la Virgen de Fátima) de 1989.

Don Quintín, sí, fue fundador de una congregación. Las "Hermanas Esclavas Misioneras de Jesús". Ellas han trabajado con ilusión en Ruanda durante diecisiete años, pero hubieron de abandonar aquel país a causa de la guerra de 1993. Hoy estas misioneras no son muy numerosas, pero ahí están. Tienen residencia en el pueblo de Milagro y en Méjico, en la localidad de Coactacoalcos.

La Hermana Lucía Castellnou es una de las misioneras que rigen los destinos de esta Congregación. Su dirección es: "Esclavas Misioneras de Jesús"- 31220 Milagro (Navarra) España. Tfno. 948. 861008. Son religiosas de gran celo misionero y de gran humildad en su acción y en su ser. Cualquiera que entre en contacto con ellas lo podrá comprobar.

¡Que abunden hoy los sacerdotes con el celo de este hombre de Dios, Don Quintín Huarte! ¡Señor, danos sacerdotes santos!

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXIV

ANTONIO SUÁREZ MADRUGA, SACERDOTE SECULARIZADO

Conocí a Antonio Suárez Madruga en la década de los setenta. Él era unos diez años mayor. Como yo, era sacerdote; se había secularizado y había contraído matrimonio. Por razones que a nadie atañen, tan sólo a él, su esposa y su conciencia, con el transcurso de los años Antonio vivió como soltero y siguió sintiéndose sacerdote hasta el fin de sus días, pero jamás buscó un privilegio. Los caminos de Dios no son los caminos de los hombres. En esta época de su existencia - entre quince y veinte años - es cuando he tenido más contacto con él. Me relacioné por carta y también lo visité en distintas ocasiones. Nos sentíamos amigos y compartíamos nuestra ilusión por avanzar en la virtud, relacionarnos con Dios y con nuestros hermanos. Así me decía Antonio:

Tenía intensa vida espiritual

"Hablando de espiritualidad, te comunico que sigo entusiasmado con la meditación diaria a través de "La Vida Interior" de Tissot, y la espiritualidad de Francisco de Sales. También leo a José Luis Martín Descalzo, el Kempis y Las Confesiones de San Agustín, además de el maravilloso breviario para seglares "MAGNIFICAT", que ya lleva un año. He renovado la suscripción. Tiene para la hora de Prima y para Completas unos versos maravillosos, que yo no conocía, de los mejores poetas, no solo los místicos, como Teresa y Juan de la Cruz, sino Amado Nervo, Lope de Vega, Calderón, etc. Desde luego los seglares también han sido místicos de verdad".

"No dudes que yo también quiero usar de las cosas de este mundo en tanto en cuanto, como decía Ignacio de Loyola. Ahora me ha dado por hacer una selección en "casetes" de lo mejor que leí en mi vida, muchas ideas de Balmes, de Donoso Cortés, poesías de Rubén Darío (Los motivos del lobo), narraciones de Pérez Galdós, el que me enseñó a odiar la guerra, narrando las guerras carlistas sobre todo. Todo va mezclado con mi música preferida, religiosa y profana. La última terminada hoy mismo, que la dedico a los cantos de catequesis y trozos del evangelio en andaluz, que publicó D. Manuel González, ese obispo malagueño a quien tanta devoción profesas".

ENTREGADO A SU PARROQUIA

Antonio vivía muy entregado en su parroquia como feligrés cualificado. Durante varios años estuvo ayudando con sencillez y humildad; sin mostrar su categoría teológica de sacerdote. Lo suyo era ser útil, prescindiendo se le reconociera o no su sacerdocio. Sus dotes musicales y culturales supo desarrollarlas con generosidad durante los años que pudo en aquella parroquia del Beato Spínola tan querida por él.

Amaba el ecumenismo

Antonio amaba el ecumenismo de una manera vivencial. Se relacionaba mucho y en plan teológico con unos hermanos separados que vivían próximos a él. Algunas veces le recordaba yo la prudencia que conviene tener en estos casos. No le hacía mucha falta este recuerdo. Antonio sabía muy bien que el catolicismo es la religión verdadera y que nunca en relaciones ecuménicas se puede progresar con detrimento de nuestro credo. Así me decía:

"Cada vez estoy más interesado en este tema. Si las naciones, y los bancos, y la economía se globalizan, ¿cómo no lo hace la Iglesia, siguiendo el mandato de Cristo, de todos seamos UNA MISMA COSA? No hace falta que nadie tenga que ceder de su "teología". Es enriquecedor que sigamos siendo diferentes, pero unidos, sin peleas, con la amistad y el trato, con las mutuas visitas, etc. Creo que está en el ambiente de todos los creyentes en Cristo este tema de la unión. Luego solo podemos aspirar a vivir como amigos y hermanos, que siempre deberíamos haber sido. Por otra parte, esta es la idea que expuso en su maravillosa homilía el Cardenal Carles". Así pues Antonio vivía en su propia experiencia de fe el ecumenismo como una existencia.

Así me escribía en otra ocasión: "No sé si te dije que junto al hermoso templo de mi barrio, inaugurado el día 10 de mayo, se encuentran los locales de Los Mormones y los Evangélicos, con quienes mantengo algo de contacto. Creo que va muy avanzado el acercamiento y la unión de todos los creyentes en Cristo. Todas las últimas encíclicas hablan de esa unión. Por una parte deseamos la unión, pero parece que tiene que ser de pared por medio..."

Era un pensador

Siempre he visto a Antonio dotado de una fe singular y de un gran amor a su sacerdocio. Por eso mismo él no llegaba a entender la marginación oficial acerca de nosotros por parte de nuestra Jerarquía, aunque lo respetó siempre y nunca realizó acciones fuera de ley. Lo suyo era sencillo, encantador.

Se relacionaba con frecuencia con el obispo, amigo suyo, Ambrosio Echeverría, y desahogaba con él su pensamiento. Ambrosio admiraba a su amigo Antonio por su facilidad de expresar reflexiones del todo acordes con la fe y moral, pero siempre en avanzada. Era Antonio un gran pensador. No de esos a quienes se les publican sus ideas. No tuvo la suerte de encontrar un editor. Cuando leo sus numerosas cartas observo en él una agudeza profunda y penetrante en torno a temas políticos y eclesiales. Merecía Antonio haber sido consejero de políticos y obispos.

Su Evangelio en verso

Tuve la suerte de publicar en mi página web su libro precioso "El Evangelio en verso". Lo elaboró y redactó con un amor inmenso a Jesús y a su mensaje. Con su peculio editó en cuadernillo una pequeña serie para complacer a todos sus amigos. Alguna editorial estaba interesada en publicarlo, pero creo que al fin no lo hizo.

 ANTONIO VISTO EN FAMILIA

Antonio no tuvo hijos. Amaba mucho a su familia. Yo le oía hablar sobre todo de dos sobrinos: Isabel y Julio. Recuerdo la emoción con que por teléfono me explicó Julio los últimos días de nuestro amigo Antonio: "Fue para todos nosotros un gran testimonio de fe. Al verle, al escucharle - ya enfermo grave – nos animábamos a perseverar en esta fe que tanto queremos y que él tanto ama".

Así se expresa su sobrina Isabel Manzano Suárez:

"Procuraba ser justo, incondicional pacifista, honesto, espléndido, espontáneo en la ejecución de sus actos y pensamientos. Eres muy explosivo, le decía yo algunas veces. Él me manifestaba que conmigo nadie podría enfadarse puesto que era muy diplomática. Era tan sincero que siempre iba al grano sin rodeos, lo que, en ocasiones, le originaba algún problema. Le gustaba leer a Santa Teresa, "mi Santa", como me decía él, ya que nací el 15 de Octubre. De ahí que nunca se le olvidara felicitarme. Pero su verdadera identidad y para lo que él vivió y murió fue su gran Amor a Dios dentro del seno de la Iglesia Católica. Hizo mucho bien en el Reino de Dios, pero por las opciones que hubo de tomar en su vida no pudo realizar todo lo que hubiera deseado. Ha sido muy querido por todos los que le han conocido. En definitiva: Fue una persona buena a carta cabal".

"Nos comunicábamos muy a menudo, incluso a diario en algunas ocasiones por internet. Y raros eran los mensajes en que no me echaba un sermón (como él decía). Algún que otro párrafo de los Evangelios estaba siempre presente. Últimamente le gustaba ver el fútbol porque, según él, le servía para poner ejemplos".

Sus últimos días

Nos relacionábamos en los últimos cinco años muy a menudo por internet. Recibí el 9 de diciembre del 2004 esta carta que me alarmó: "Querido Josemari: Estoy pasando unos días muy penosos. Me encuentro peor de mi padecimiento de estómago. Ayer me hicieron una radiografía y una ecografía. Hoy me ha visto el especialista, que ha ordenado que mañana me sigan haciendo pruebas, especialmente esa de las gomas, para detectar lo que pueda ser. El apetito me falta, no solo para comer, sino también para todo lo demás. Pide por mi, para que se haga la voluntad de Dios, que aquí coincide con la mía, pues no quiero seguir viviendo con estas dificultades, estando tan solo, aunque ahora mi familia se vuelca conmigo y me atiende en todo. ¿Qué más da vivir un par de años más o menos?"

"El día 23 de diciembre me darán el resultado de las pruebas y decidirán si me operan o no. Debido a mi edad, quizás no pueda operarme, a no ser que sea cosa fácil. Te reitero que no dejes de tenerme presente ante el Señor y la Virgen Blanca, para que tenga valor al pasar de este valle de lágrimas al Reino de los Cielos. Saludos a Angelines, hijos y nieta, y para ti un abrazo de ANTONIO".

Fue la última carta que me escribió. Se me hacía raro que no contestara a las dos seguidas que le envié. Le llamé por teléfono y le dejé mensaje, porque no lo encontraba en casa. Pocos días más tarde me comunica su sobrino Julio el fallecimiento de este sacerdote bueno. Tuvo la delicadeza Antonio de mandar a su fiel familiar que avisara, cuando falleciese, a sus amigos distantes en la geografía. Fue cumplido su deseo. Escuché con veneración a Julio narrarme los días últimos de mi amigo. Fueron ejemplares. A todos edificó con su espiritualidad y con su consciencia total de que en pocos días estaría ante Dios. Una muerte llena de piedad, como los santos. Dio consejos llenos de sabiduría. Fue todo un testimonio de su fe ardiente y convencida. Pidió perdón por los malos ejemplos que pudo dar. Recordó a sus amigos y nos transmitió el mensaje de que pidiéramos por él a Dios, que también se acordaría de nosotros delante del Señor. Es envidiable un muerte así. "Preciosa a los ojos de Dios la muerte de sus santos". Antonio Suárez Madruga entregó su alma al Señor el 28 de diciembre del 2004.

Me recuerda Julio algunas frases que nuestro Antonio pronunciaba en sus últimos días: "Me toca ahora sufrir, como a Jesús". "Prefiero que no pongáis la televisión; es mejor un rato de oración o escuchar alguna lectura espiritual". Y añade después Julio: "Pasaron por la clínica muchos sacerdotes, antiguos compañeros de ministerio. A todos edificaba con su actitud en el momento de dar el paso a la eternidad. – "Ya me gustaría vivir tan sencilla y santamente como Antonio... y sobre todo imitarle en el modo como está enfocando esta enfermedad, tan consciente de que va al Padre..., decía alguno de los compañeros." Incluso fue a visitarle el obispo de la diócesis Ciriaco Benavente".

Esto nos comunica su sobrina Isabel:

"Percatándose del alcance de su dolencia, redactó las despedidas de sus amigos, se despidió de su casa, y en sus escasos 15 días en el hospital se preparó para su entrada a la nueva vida, la que él creyó siempre y para la cual vivió".

"En el último mensaje que me envió, estas fueron sus palabras: "Quisiera que la voluntad de Dios coincidiera con la mía, que es la de terminar mi peregrinación por este valle de lágrimas y subir a nuestra verdadera Patria, donde Jesús nos tiene preparado el lugar, pues para eso bajó a pasar las mismas penas que pasamos nosotros. Que Él me ayude a pasar los momentos de pasión, que nunca llegará a ser tan dolorosos como los que Él pasó. Y vosotros, a pedir todos por mí".

"También me manifestó la extrañeza que tendría su "gran amigo Josemari" (entre otros) por la ausencia de su felicitación navideña, pero que le fue imposible hacerlo. Pues ya les escribirás, le manifestaba yo".

"Hemos perdido un eslabón. Y digo bien, porque era la unión (familiarmente hablando) entre Cáceres y Madrid. Él ya no está entre nosotros, y yo he despertado de un sueño inolvidable."

Antonio entregó su alma al Señor el 28 de diciembre del año 2004.

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Cuando canonizaron a un hombre de nuestro siglo me quedé admirado y un poco extrañado. Había oído hablar de sus defectos y no pensaba que iba a prosperar su causa. Es verdad que también sabía de sus eximias virtudes, pero pensaba yo hasta entonces que un santo había de ser modelo de todo. Un amigo, con buen criterio, me dijo: "No vamos a imaginar que los santos son modelo en todas las virtudes, sino en algunas". Con esta premisa, me atrevo a poner ejemplos de vida de personas que, sí, han tenido defectos - ¿quién no los tiene? -, pero yo escribo y resalto aquellas virtudes que pueden causar aliento, estímulo, ilusión de seguir por el terreno del bien. Por otra parte se trata de cristianos de honda fe y vida espiritual. Tan solo nos fijamos en cualidades imitables y llenas de bondad de aquellos que proponemos como modelo en ellas, sin por ello querer prejuzgar el juicio de la Iglesia.

José María Lorenzo y Amelibia. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXV

VICENTE GARRIDO

FUNDADOR DEL INSTITUTO SECULAR "OBRERAS DE LA CRUZ"

VICENTE GARRIDO PASTOR

No conocí personalmente a este gran sacerdote; fue en Cáceres, a través de sus hijas espirituales del Instituto Secular "Obreras de la Cruz", donde me interesé de verdad por un hombre privilegiado que logró corresponder a la gracia de Dios. Concha Pérez se brindó a ofrecernos datos muy preciosos sobre don Vicente; sus compañeras intervinieron en la conversación con el calor de quienes habían conocido a un santo próximo, según creemos, a llegar a la gloria de Bernini. El martes 14 de septiembre de 1999 se clausuró el proceso diocesano de canonización de D. Vicente Garrido Pastor, sacerdote secular de la diócesis de Valencia. Nació el año 1896 en el pueblo de Benaguacil y entregó su alma al Señor en Moncada el 16 de abril de 1975. Un año más tarde que el P. Manuel García Nieto, de quien nos ocupamos abundantemente en esta sección.

¿Y QUIEN ERA DON VICENTE GARRIDO?

A los 13 años ingresó en el seminario. Fue estudiante ejemplar; sobresaliente en todo; doctor más tarde en Teología. Y lo ordenaron sacerdote en unas circunstancias nada emocionantes en junio de 1921. Mientras practicaba los ejercicios de órdenes le avisan que su madre se estaba muriendo. Acude de inmediato a asistirla y la encuentra ya en agonía. Del cementerio marcha a ser ungido con el óleo santo como ministro del Altísimo. Su primera Misa es en sufragio del alma de su muy amada madre. Este hecho marcó para toda su vida a aquella alma privilegiada que solo viviría para Dios.

Comenzó su sacerdocio como coadjutor de Benimasot y de Albaida. Al año siguiente de cantar Misa es designado superior del Colegio Mayor Beato Juan de Ribera en Bujasot. Y desempeñó este cargo hasta 1936 en los inicios de la guerra civil. Residían en aquel Centro jóvenes universitarios; todos salían de allí con una formación cristiana tan esmerada que muchos formaron una verdadera elite intelectual católica. La gracia de Dios actuaba a través de este hombre santo.

SU GRAN APOSTOLADO

Dos nuevos campos se abren a su impulso apostólico, mientras permanecía como el gran formador de universitarios: entró en contacto, mediante la dirección espiritual con la juventud femenina, que sentía el ideal de la vida interior. Fue además confesor de muchas religiosas; creó una biblioteca ambulante; una academia gratuita; y círculos de estudios, muy en boga por aquellos años. Inició en Valencia en 1925 la rama femenina de la Acción Católica.

Eran constantes las tandas de ejercicios que dirigía, siempre siguiendo el método de San Ignacio. Se calcula en más de mil el número de tandas que impartió a toda clase de gente: religiosas, obreros, sacerdotes, chicos y chicas...

Llegó la guerra civil y de momento hubo de refugiarse en su casa paterna de Benaguacil, y esconderse en el lagar que había en el patio de su propo hogar; y de verdad allí no perdió el tiempo. Además de orar planificaba su actividad sacerdotal.

Pronto dejó su escondrijo y supo compaginar prudencia con audacia. Se traslada a otro lugar de la huerta y después a Valencia capital, desde donde sigue prestando su asistencia sacerdotal a muchas almas con riesgo de su vida. Deseoso de salir a la luz pública, en cuanto acabó la guerra se lanzó de nuevo a dirigir los retiros y ejercicios espirituales a los sacerdotes.

 

CANONIGO PENITENCIARIO

Mons. Olaechea fue nombrado Arzobispo de Valencia, cuando dejó la sede de San Fermín en Pamplona, el año 1946. Con su gran talento pastoral, se dio cuenta enseguida del valor de Don Vicente y le ordenó preparar oposiciones para canónigo penitenciario. Y nuestro hombre santo hubo de estudiar, someterse a las duras pruebas de aquel pugilato científico, y al fin vistió los capisayos canonjiles por obediencia a su prelado. Y para él fue una carga más, asumida, sí, con entusiasmo, pero carga. Desde entonces dedicó largas horas al confesonario en la catedral. Y digo en la catedral, porque en otras iglesias siempre era asiduo confesor y director de conciencias. De manera especial quienes aspiraban a la perfección eran sus más asiduos penitentes. A su confesonario llegaban sacerdotes fervorosos, chicas con inquietud de vida consagrada, obreros verdaderos líderes cristianos, intelectuales que tanto bien hicieron en la postguerra. Don Vicente a todos alentaba, a todos entusiasmaba con su palabra y ejemplo.

Destacó tanto como en la dirección de las almas en la predicación de la Palabra de Dios. Mencionamos de un modo especial la dirección de los ejercicios espirituales. El gran fruto de ellos se palpó en el deseo de perfección que cundió en innumerables almas y la transformación radical en muchos espíritus.

EL FUNDADOR DE LAS OBRERAS DE LA CRUZ

Fue ésta la gran obra de Don Vicente. Ya en 1934 puso los cimientos. Reunió a varias jóvenes de Acción Católica y de la Asociación de Estudiantes que dirigía. Todas ellas sentían una profunda inquietud de apostolado. Y en 1940, aquel pequeño cenáculo se erigió en Pía Unión. No quería fundar una nueva congregación religiosa. Se barruntaba que lo suyo iba a ser lo que más tarde se denominaría instituto secular; como exigencia de una profunda vida interior vivirían en el mundo con los tres consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. El ideal maravilloso de la vida consagrada en el mundo estaba en el ambiente de bastantes fundadores de Europa. Y por fin pudo fraguar aquella iniciativa privilegiada, con la constitución apostólica de Pío XII "Provida Mater" en 1947. ¡Las "Obreras de la Cruz" habían entrado de la Historia de la Iglesia! Ellas podrán vivir en grupo fraterno y también en sus propias casas, y se dedicarán a una gran diversidad de tareas profesionales y pastorales. Las que conocimos en Cáceres organizaban la Casa Diocesana de Ejercicios y residencia sacerdotal.

Y de verdad el Instituto Secular "Obreras de la Cruz" fue plantado por alma santa: en pocos años se ha ido extendiendo por muchas naciones del mundo, llegando a contar hasta 65 casas y 600 Obreras de la Cruz consagradas a esta misión. A cuantas hemos conocido les mueve el deseo de ser fieles a la intención de su Fundador, que las quería seglares, consagrdas en el mundo , con una gran universalidad de tareas y presencias, e impulsando el apostolado social obrero. Hoy, nos dicen, se deja notar la crisis de vocaciones. Actualmente Consuelo Carbonell Pau es directora del Instituto. A ella se puede acudir para obtener mayor información. Calle Pintor Vilar, 11- 6º 46010 Valencia. Tfno. 96 362 03 62 .

ÚLTIMOS AÑOS DE DON VICENTE

Cuando en 1971 D. Vicente Garrido celebraba sus bodas de oro sacerdotales, la institución recibió el decretum laudis por parte de la Santa Sede. Pablo VI concedió al desde ahora Mons. Garrido el título de Prelado de honor de su Santidad como homenaje a toda una vida de entrega generosa a la Iglesia. Continuó en su labor silenciosa y eficaz en el ministerio de oír confesiones y dirigir almas. ¡Hasta el final!

UNA PLEYADE DE SANTOS

Por aquel entonces vivieron en Valencia un número de sacerdotes tan virtuosos que ya se habla de una verdadera pléyade de santidad. Fueron ocho, contando a Don Vicente, quienes brillaron con luz más intensa: Eladio España, íntimo amigo de nuestro santo, José Bau y Bernardo Asensi. Además tiene ya abierto el proceso de beatificación Miguel Fellonera; y probablemente dentro de poco tiempo se incoe el de Manuel Pérez Arnal y de Pedro García Cerdán. Junto a estos siete, luce como estrella de gran magnitud por su cargo, el Arzobispo D. José María García Lahiguera, también en proceso de beatificación. El decía de Don Vicente: "Para mí fue desde el primer día el confesor apetecido en quien resplandecía el don de consejo..." Con él se confesó todas las semanas hasta su muerte. Y reconoció que esta relación fue una de las grandes gracias que el Señor le concedió.

Que D. Vicente y la pléyade de sacerdotes santos valencianos que vivió en la primera mitad del siglo XX concedan ahora desde el cielo una renovación en santidad a nuestra Iglesia de España, que de verdad necesita sacerdotes y almas consagradas santas en las puertas del siglo XXI. ¡Señor, escucha nuestra oración!

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

ORACION

Oh Dios que hiciste a tu siervo VICENTE, sacerdote, un cumplidor fiel de tu voluntad, por su identificación con Cristo y un apóstol incansable para extender tu Reino, especialmente como fundador de un Instituto Secular, para la santificación de los seglares en el mundo. Te pedimos humildemente imitar sus virtudes teologales, su celo apostólico y su amor entrañable a la Santísima Virgen, para transformar el mundo mediante el Evangelio. Y si es tu voluntad, poder veneralo algún día con la gloria de los santos. Concédenos la gracia de... Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Padre nuestro, Avemaría, Gloria.

(Cum apr. Eccl. Ad usum privatum)

Se ruega comunicar las gracias obtenidas a la dirección antes citada.

 

XXVI

EL SEÑOR SAMUEL, LABRADOR

Todo el mundo le llamaba así: El Señor Samuel. Era un labrador bueno - santo diríamos -. Vivía en un pueblo de Navarra, del valle de Lana, en Galbarra. Cuando entré en aquella parroquia en el verano del 1959, a la única persona que vi en el pueblo, al Señor Samuel. Se encontraba sentado en el poyo de su casa. Tenía en las manos el libro de los Evangelios, un libro muy usado y arrugado como de dos décadas por lo menos. Enseguida entablé con él una conversación:

Mire, - me dice -, estoy leyendo el Evangelio. Esto si que es bueno. Todos los días le dedico más de media hora. Ahí aprendo muchas cosas buenas.

Samuel Osés era su nombre. Tenía un hijo sacerdote y otro que se estaba preparando para serlo. Era minusválido. En su juventud le dio una hemiplejía y le paralizó la mitad de su cuerpo. Él trabajaba en el campo lo que podía. Sus hijos le ayudaban a cultivar la hacienda. De él no se pueden contar muchas anécdotas, porque toda su vida consistía en ayudar y dar buenos consejos; jamás criticaba de nadie; a todos quería y en todas las partes ponía paz.

Por supuesto era el primero en llegar a la iglesia y el último en salir. Se quedaba grandes ratos junto al Sagrario, como el labrador de Ars: "Él me mira y yo le miro".

Vidas como ésta no es muy frecuente encontrar. Es una pena que no podamos contra varias anécdotas. Pero es lo mismo. Yo me quedo con la piedad sencilla de este hombre de paz.

Su muerte fue como su vida: sin ruidos. Un día, mientras comía, inclinó suavemente su cabeza, sin estertor ni movimientos extraños. Había pasado a la casa del Padre.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXVII

 

JOAQUÍN ROIG, DE LOS KIKOS SACERDOTE SECULARIZADO

El 21 de agosto del año 2005, nos dejó nuestro amigo secularizado JOAQUÍN ROIG. Fue un sacerdote de cuerpo entero durante toda su vida; verdadero ejemplo de cuantos un día elegimos el matrimonio y de cuantos permanecen en el clero. Era un hombre formado en Teología por encima de lo normal. Y junto con su esposa e hijas fervientes miembros de las comunidades neocatecumenales, los "Kikos". Me llamó la atención su total sencillez y entrega a la causa; el fervor creciente de él y de toda la familia dentro de la comunidad. Un día me explicaba las reuniones que ellos tenían cada semana. Él era uno más, sin ninguna distinción por su carrera eclesiástica. Colaboraba, participaba, daba sus opiniones y criterios, pero nunca con un voto de calidad a causa de su sacerdocio. Muchos años duró su andadura, hasta su muerte, en los kikos. Y me enseñaba con ilusión las fotografías del último paso que dan en su formación, revestidos de túnica blanca. Me llama la atención su espíritu de piedad y su gran humildad. Parecía que nunca se acostumbraba a la Eucaristía, a las reuniones siempre vividas a tope. Su esposa e hijas no le andaban a la zaga.

En su enfermedad aconsejó a sus hijas que marcharan a Alemania a la jornada de la juventud. El mismo día del encuentro con el Papa, el 21 de agosto, entregó Joaquín su alma al Señor, y sus hijas hubieron de volver con urgencia de aquel encuentro. A su esposa Mari Carmen, a sus hijos y nietos, nuestra condolencia y unión en la oración.

JOAQUÍN ROIG ERA DE VALENCIA

JOSÉ MARÍA LORENZO AMELIBIA. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos. Por otra parte, cuando escribimos sobre las virtudes de alguien, no lo hacemos en el sentido de que sea modelo en todas, sino en algunas, o en algún momento, o en algunas circunstancias.

XXVIII

 

PABLO CARRASCAL ROMÁN

UN SACERDOTE SECULARIZADO EJEMPLAR

Conocí a Pablo Carrascal Román en una de aquellas incursiones que hacíamos por Madrid en la década de los setenta. Me impresionó desde un principio su porte distinguido, su conversación profunda y piadosa, su celo por la salvación de las almas. Se sentía sacerdote del todo. Pero no gustaba decirlo a la gente por temor a "escandalizar", ya que se había secularizado. Vivía su sacerdocio desde su nueva misión de profesor y maestro de niños y adolescentes. Les enseñaba todas las áreas preceptivas y tuvo el honor y la suerte de educarles con verdadero interés en católico. Desde que nos conocimos congeniamos de maravilla en nuestro ideal sacerdotal.

Era Pablo algo mayor que yo. Había misionado en lugares lejanos. Me solía hablar de su hermano jesuita que murió en olor de sanidad. Me regaló un folleto sobre el "Alma de Cristo" compuesto por este discípulo de San Ignacio. Lo medité muchos meses y todavía recurro a él para solazarme en aquellas líneas tan sabrosas. Dedicaba Pablo varias horas todos los días a la oración y a la lectura espiritual. En su colegio le consultaban sobre temas de religión y fue alma y líder con niños y profesores en cuanto a enseñanza religiosa. Pero, cosa curiosa, a nadie dijo su condición sacerdotal. Él me lo solía afirmar. Creían que había sido un seminarista adelantado que hubo de abandonar la carrera. Ignoro si al final se supo o no su verdadera condición.

Tengo en mi archivo decenas de cartas de este santo compañero y amigo que revelan la hondura de su fe, el ansia serena pero constante de apostolado, su sentimiento imborrable del sacerdocio. No se trataba de una añoranza estéril, sino más bien era fruto de cuanto había orado y meditado en tiempo anterior a su ordenación, durante su sacerdocio ministerial y en sus años de enseñanza cuando ya se había desposado delante de Dios y de la Iglesia con la mujer que fue su único amor durante toda su vida, María Asunción Medina. No tuvieron hijos. El Señor les premió con el don de la fidelidad de por vida y con un matrimonio en la fe y en la unión con Jesucristo.

Pablo vivía la oración con tanta facilidad como el pez en el agua. Así me lo solía decir en plan confidencial. Su ilusión era hablar de Dios, escribir de Dios, hacer algo positivo por el Reino de Dios en el mundo, conversar con Dios. Unido al sacerdote de su parroquia complutense colaboró siempre con celo. Pablo durante muchos años dirigió el grupo de oración "Vida Ascendente" en su ciudad de Alcalá de Henares. En aquel ambiente hizo mucho bien y a la vez recibió su alma un nuevo empuje, un fervor que la pluma no puede llegar ni siquiera a barruntar. ¡Como pez en el agua se enfrascaba en la oración y ayudaba a otros a hacerlo! Era su carisma.

Llegó su jubilación del magisterio pero nunca se aburrió después. No podía aburrirse quien vivía tan unido a su Señor y a su esposa con quien supo compartir la vida en plenitud. Sus últimos años fueron duros. Con una salud quebrantada procuraba llegar a todo, aunque a veces no lo conseguía. Recibió una alegría indescriptible en el homenaje que le hizo la parroquia con ocasión de su jubilación. Había sido durante muchos años alma de todo aquel movimiento.

Durante las fiestas de Navidad del año 2005 falleció una hermana suya. Esto le afectó mucho. En las primeras fechas de enero del 2006 hubieron de ingresarlo en la clínica con neumonía. El día que cumplía 81 años estaba en la UCI. Volvió después a casa, pero él decía que se trataba de su última enfermedad. En febrero tuvo otra recaída. Le decía al sacerdote que le llevaba la comunión: "Tengo grandes deseos de ir al Cielo". Recibió la Unción con pleno conocimiento. En aquellas fechas le dijo a su esposa: "Eres mi otro "yo". Por eso te pido permiso para ir al Padre". Poco después lo sedaron. Su mujer se quedó sola con él y le dijo al Señor: "Es tuyo. En tus manos lo pongo". Y en esos momentos espiró. "¡Qué bella es a los ojos del Señor la muerte de sus santos"!

Nos vamos haciendo mayores aquellos que un día "luchamos" por el ejercicio del sacerdocio de quienes lo somos y recibimos después el sacramento del matrimonio. Muchos compañeros han logrado "ejercerlo" en otras dimensiones. El Señor me ha dado la alegría y el honor de haber tratado con varias decenas de "exclérigos" que han sabido vivir a tope su sacerdocio y con total obediencia a la Iglesia incluso en circunstancias difíciles. Pablo ha sido uno de ellos. Otros muchos siguen por este maravilloso camino. No nos desanimamos.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXIX

SANTIAGO ZUBIETA, ENFERMERO EUCARÍSTICO, SACERDOTE

Me he enterado muy tarde de la muerte de Santiago Zubieta, sacerdote enamorado de la Eucaristía, nacido en Arguedas. Su vida ministerial discurrió en Navarra, América y Alicante. Lo considero un padre en la fe.

Santiago era un estudiante de lo más sencillo y amable; estaba próximo a terminar la carrera sacerdotal en el Seminario de Pamplona en el curso 1948-49. En aquellos años, los propios alumnos desempeñaban el cargo de enfermero, y Zubieta lo hacía con gozo y celo. Caí yo en cama al finalizar mi curso tercero de latín; aquel estudiante, buen samaritano, me visitaba al menos dos veces cada jornada; tenía yo entonces catorce años. Él me instruyó estando yo enfermo en el fervor del espíritu, en el deseo constante de Dios. Me hablaba del amor a Jesús en la Eucaristía; me enseñaba a hacer visitas al Sagrario; me contaba sus entrevistas con el Divino Prisionero:

¡Y de veras lo noté!

Mi cuerpo sanó, pero lo más grande fue: mi alma resucitó. Desde entonces seríamos inseparables Jesús y yo. Era continuo mi fervor eucarístico. Leí aquel verano varias veces el librito titulado "Espíritu de Santa Micaela del Santísimo Sacramento". Fue el colofón que me faltaba para vivir un poco al estilo de mi "padre eucarístico", Santiago. En nuestro Seminario aquel buen enfermero "contagió" a todos sus pacientes del "virus de vida eterna"; del amor al Sacramento.

Desde entonces, varias decenas de personas ardemos; pero hemos de arrimarnos a nuestros hermanos para también incendiarlos en este amor. ¿Que la "leña" se encuentra todavía verde y llena de la humedad materialista del siglo? Pues a permanecer más horas junto a Él. Nos dará nuestro Jesús sacramentado tal fuego que Él podría derretir los témpanos de hielo. ¡Oh si hubiera muchos enfermeros como el entonces joven Santiago Zubieta! Y es que la enfermedad, si tropezamos en ella con un alma ferviente, enamorada de Jesús, es tiempo de gracia para quien la padece.

No he tenido la suerte de poder permanecer en contacto más que de una manera esporádica con este mi padre en la fe. Guardo de él como verdadera reliquia alguna carta que nos hemos cruzado. Me dijeron que falleció en diciembre del 2002 en la residencia sacerdotal del Buen Pastor de Pamplona. ¡Y yo sin enterarme! Me dijeron también que siempre mantuvo ese amor a la Eucaristía; que murió lleno de devoción a Jesús Sacramentado.

¡Señor, que la enfermedad sea para tus hijos una renovación del fervor cristiano! He visto a enfermos convalecientes en la capilla de la clínica visitando al Santísimo. Al recobrar la salud ellos se sienten como el "hombre nuevo, creado según Dios en justicia y santidad verdadera" (Ef. 4,24)"

Pero lo cierto es que no dura mucho tiempo el fervor sensible. ¿Qué mérito íbamos a tener? Por eso hace falta mucha paciencia para perseverar, a pesar de las sequedades y desganas. El que después de haber caído se levanta, ese es el que llegará a la meta. El que quiere siempre estar en consolación, pronto se desanima y lo deja todo. Así pienso yo.

Ya no somos niños. La vida avanza. Y a seguir con los buenos deseos y propósitos. Que Dios en su misericordia tendrá muy en cuenta ese anhelo constante que tenemos de marchar por el buen camino. La verdadera fuerza nuestra está en el deseo de continuar cueste lo que cueste. Dios ha de mirar esa sinceridad de nuestro corazón.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXX

D. Manuel Larrain Errázuriz, Obispo. Por José María Buzunáriz, que lo trató mucho

LIBRO DE EJEMPLOS DE VIDA

Con gran alegría quiero contribuir  a dar un pequeño testimonio  sobre la santidad de D. Manuel Larrain Errázuriz.  Para el cristiano ser santo  es ser otro Jesucristo viviente en  la tierra. Ser un  retrato de lo que fue Jesús en su paso por la tierra.  Yo creo que D. Manuel fue casi un auténtico retrato de Jesucristo. Jesús pasó por la tierra haciendo el bien, amando a todos los hombres, estando en constante comunicación a través de la oración con su Padre.

D. Manuel era un hombre de constante oración. Oración organizada en su oratorio, en su breviario, lectura del Evangelio, de los grandes Santos, sobre todo S. Francisco de Asís, de un constante estar con su maestro Jesús en todos los momentos de su vida diaria, en sus viajes  en auto, en avión, en su caminar  cotidiano.

Su capilla era su gran refugio para todas sus grandes y pequeñas decisiones. En su maestro sacaba las fuerzas para todas las adversidades de la vida, grandes y chicas. Su vida era una constante  comunicación amorosa con  el gran sacerdote del cual era su representante en la tierra, su imagen.. "Ora et labora" era su quehacer cotidiano. Todo ello  hecho con sencillez sin aspavientos, con su eterna alegría.

Creo que fue S. Francisco de Sales quien dijo que " Un santo triste, es un triste santo" De Manuel era un santo alegre con todos  con el rico, el pobre, el sabio  y el pequeño ignorante. Un salo mandamiento os doy " Que os améis los unos a los otros" S. Agustín decía " Ama y haz lo que quieras" Eso hizo D. Manuel, " Amar" Amar a todos  al que le quería y al que lo odiaba , al santo y al pecador como Jesús , que le reprochaban que comía con los pecadores y se codeaba con las prostitutas . La frase de Jesús que decía que no hay que apagar la vela que aun humea " Don Manuel lo practicó al máximo con todos. Yo puedo dar un testimonio  de mi mismo, que abandone el sacerdocio, pero me invito a su cumpleaños y me puso junto a El en su gran mesa llena  de muchos amigos, muchos de ellos extranjeros.

Alojó en casa de otro sacerdote secularizado que no nombraré que según los cánones vivía en pecado. Conversaba con grandes hombres de poder y de riqueza  y de sabiduría y con igual naturalidad conversaba con el humilde campesino y su hablar se hacia todo a todos. Se acomodaba   a los conocimientos de todos sus interlocutores con sencillez y naturalidad. Como Jesús que lloró ante el sepulcro de su amigo Lázaro, también D. Manuel lloraba. Yo fui testigo varias veces  de su llanto.

GRAN AMIGO DE TODOS

En la última cena  con sus doce apóstoles, Jesús tuvo a un lado a Juan y al otro a Judas que él sabía que esa misma noche lo iba a traicionar  y le llamó amigo. Así era D. Manuel con el sacerdote santo y con el que no lo era y le ponía en aprietos  por su conducta. Jamás alzó con ira su voz para recriminar a nadie. Todos se sentían  los predilectos junto a él. Era un ciudadano  universal como Jesús para él que no había Judíos y samaritanos; todos eran hijos del mismo Dios. Los nacionalismos  y las distintas confesiones religiosas  cristianas o no cristianas, eran todos hijos de los que buscan el bien, quizás equivocadas. Así lo comprendieron  integrantes de otras denominaciones cristianas como la señora anglicana que le regaló el carillón de la catedral de Talca y los monjes franceses  de denominación  protestante, cuyo nombres en este momento olvido, en cuya  casa alojó varias veces en Francia. Hablaba de ellos con entusiasmo y ellos lo querían. Lo querían los demócratas cristianos, que él formó como cristianos desde su puesto de director espiritual  de la Universidad  Católica y lo respetaban los comunistas  a cuyos dirigentes dio cobijo cuando Gabriel González los persiguió a través de la ley llamada " Defensa de la democracia".

  Jesús le dijo a Zaqueo, el pecador público que  se enriquecía cobrando los tributos a sus conciudadanos: " Baja del árbol que hoy voy a ir a tu casa a comer contigo. La gente murmuró por comer con el pecador que los extorsionaba, pero Zaqueo ante este gesto dijo::"Doy la mitad de lo que tengo a los pobres y si a alguien lo he defraudado le devolveré cuatro veces mas"

D. Manuel dio los fundos de su diócesis a los campesinos y los organizó a través del improa para que supieran administrar sus tierras y tuvieran toda la dignidad al hacerlo.

Amó al ser humano, con mucha sencillez, grande o peque en conocimientos y en riqueza. Cumplió todas las bienaventuranzas. Dio de comer, visito al enfermo y encarcelado .etc.

No se apartó un ápice de la doctrina cristiana y católica, no fue estridente, ni exagerado en exponer la doctrina social católica, cooperativas para los campesinos además de tierras,, escuelas para los niños, lugares de acogida para pobres y enfermos. Buscó todo tipo de congregaciones religiosas por el mundo entero, de todos los países, de todas las razas y lenguas, Hasta chinos hubo en su iglesia cuando eran perseguidos . Su clero y monjas era universal en todos los sentidos. Por eso universal era la gama de los que de distintas naciones constantemente lo visitaban. Todos buscaban su paz, sonrisa, bondad y apertura a todas las posiciones, Pero exponía con claridad la doctrina cristiana, sin vacilación ante movimientos un tanto heterodoxos que ya empezaban a nacer dentro de la iglesia. Con amor sacaba la cizaña del medio del trigo. Por temor jamás callo. No era un Savonarola condenando, pero condenaba , exponía sin miedo la verdad, pero con mucha caridad. Yo fui testigo en mi vida propia de esa postura en reprender pero amando. Cuando había un tema difícil, antes de decidir " Oraba mucho con su maestro. Jesús y s. Francisco de Asís fueron sus maestros.

Quien lo conocía lo amaba para siempre.

Todos los que lo conocimos nos sentimos unos privilegiados por haberlo conocido y mucho mas por si habíamos tenido la suerte de haber gozado de su amistad. De dice que el Amor empieza por casa, amaba con toda delicadeza a su mamita que así llamaba a los 60 años a su madre, amaba a su vieja y abuela empleada " Juana a su mozo Antonio, a su chofer Juan y a todo el ser humano pobres, ricos y pecadores. Pero amaba también con S. Francisco de Asís a los hermanos menores, los animales y plantas , las estrellas , los poetas que cantaban las alabanzas de la creación. Con su memoria prodigiosa " Recitaba a Santa Teresa, S. Juan de la Cruz, S. Francisco de Asís y Rubén Darío etc.. Los apóstoles predilectos de Jesús dijeron en el monte Tabor" Bonun est hic esse" Hermoso y llena de paz es permanecer aquí Así gritaba uno junto a D. Manuel " Bonun est hic esse. Junto a él yo sentía paz

Amaba su raza vasca, en lo que tiene de lealtad a la palabra dada, austeridad, fidelidad. Espíritu de trabajo. Pero no menoscababa ninguna raza y en todas veía la mano de su Hacedor. El resumen de su vida fue " Ora et lavora". Su pasión fue la Iglesia Universal. A ella amaba , de ella se sentía hijo.

Era muy alegre,

Contaba chistes pero no estridentes, sencillez con los cuales el se reía mas que nadie; la gran carcajada no era su modo sino la sonrisa profunda y hasta sonora. Yo que fui un sacerdote que le dio problemas, jamas me sentí mal en su presencia y supo reprenderme con mucho amor. Según la frase " Hay que odiar el pecado , pero no al pecador

D. Carlos González me pidió que diera un testimonio de Santidad de D. Manuel. Este seria mi resumen " En la figura débil físicamente de D. Manuel reconocí a Jesucristo y a S. Francisco de Asís, Ambos se hicieron visibles en él en siglo XX

 

JOSÉ MARÍA BUZUNÁRIZ. Mi correo electrónico: jmbuzu@gmail.com

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXXI

CARMELO VELASCO MORENO, DIRECTOR ESPIRITUAL Y CANÓNIGO

Cuando me he enterado del tránsito al seno de Dios de Don Carmelo Velasco Moreno, me he dicho: mucho y muy bueno debiéramos escribir de él, pero redactar tan solo unas líneas casi me resulta enojoso. Mi deseo sería dedicarle un libro entero, investigar un poco en su vida que me parece apasionante tanto desde el punto de vista pastoral como psicológico y humano. Don Carmelo ha sido un hombre profundo en su piedad y en su pensamiento, brillante en su inteligencia, de carácter ascético, temple de acero, amante de la soledad y del estudio, deseoso siempre de ayudar en cualquier campo católico. Y a la vez de rostro un tanto serio pero incapaz de traicionar a nadie; y en el fondo de su corazón era profundamente humano y sereno. Inspiraba confianza, a pesar de que hubo muchos que no supieron comprenderle y se quedaban un poco en su corteza externa, juzgándolo – a mi parecer sin razón – distante y huraño. ¡Nada de eso!

Nació don Carmelo en Peralta el 13 de julio de 1914; fue ordenado sacerdote en el año 1938, en plena guerra civil. De muy joven fue coadjutor de Villafranca; más tarde, párroco de Peralta. De allí ya pasó al Seminario de Pamplona hasta el año 1965; primero, director espiritual de teólogos, después rector. Dirigió la escuela de magisterio de la iglesia. En su ancianidad, capellán de las Hermanitas de los Pobres, donde residía. Este es su breve currículo, además de haber obtenido una canonjía en la catedral de Pamplona, donde se distinguió por su espíritu de piedad.

Lo conocí en la década de los cincuenta. Llegaba al Seminario de Pamplona en un momento delicado. Habían muerto dos grandes directores espirituales jesuitas con fama de santidad: los padres Cándido Arbeloa y Luis Latasa. Era difícil la papeleta que le aguardaba a nuestro Don Carmelo, al verse obligado a tomar el relevo de estos dos grandes hombres de Dios. Y supo hacerlo bien. Desde el primer momento puso las cosas claras en su misión: lo suyo era trabajar a tiempo y destiempo por la santidad de sus seminaristas. Nos dio ejemplo de austeridad y sobre todo de piedad sólida. Nos comentó a fondo, en un gran número de pláticas, todo el libro de "La Vida Interior" de José Tissot. Es un manual que parece árido, pero oído exponer por un hombre de la claridad de conceptos de Velasco, se nos hacía claro e incluso bello. ¡Cuántas veces lo voy leyendo en mi vida gracias a tan elocuente expositor! De este libro sacaba él mismo fuerza para seguir su vida ascética hasta las últimas consecuencias.

Don Carmelo supo formar a varios cientos de seminaristas en la fidelidad al dogma revelado y en el amor a la Iglesia. Parece que todavía le oigo hablar: "Seminaristas: primero hombres, después cristianos, y sobre esta base, sacerdotes". Tenía una maestría especial para ayudar a sus dirigidos a superar algo que abundaba en aquellos tiempos: los escrúpulos de conciencia. Y lo hacía de una manera científica, tan bien o mejor que cualquier psicólogo titulado. Se servía – según me contó – de un libro francés del padre Eymie titulado "La obsesión y el escrúpulo", pero era sobre todo la confianza y seguridad que ofrecía su persona lo que más ayudaba a curar esta enfermedad.

Formaba parte del cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Pamplona, como canónigo. Sé que durante toda su vida ha atendido con gran corazón al Instituto Secular de la Alianza de Jesús por María. Mucho ha ayudado a los misioneros diocesanos que andan por el mundo. Él publicó la pequeña revista de información "Avanzada". Algo muy útil para los misioneros navarros, pues le informaba al detalle de todo cuanto sucedía en su diócesis. Con esta ayuda se sentían siempre vinculados al entorno de su formación. Y es que Velasco, además de todas sus cualidades mantuvo siempre un espíritu misionero. Fomentó en sus tiempos de seminario los grupos "Javier" para bien de la Iglesia de misión. Los siguió desde aquí con su mirada de entrega y con solicitud de padre y pastor. Hablar de misión diocesana y de don Carmelo era todo uno. Su ayuda, sí, era espiritual, y también económica y social. Se sentía feliz al constatar cómo los enviados a la misión se encontraban arropados con toda la ayuda que les proporcionaba. Imbuía en todos cuanto estaban en su entorno el auténtico espíritu sacerdotal.

Estas líneas las escribo como a vuela pluma. Y que me perdone Don Carmelo, porque él se merece un libro. Yo hoy me encuentro con poca fuerza para escribirlo; por eso, que estas pobres palabras te sirvan, Don Carmelo, un poco de homenaje. Y es la primera vez que empleo el "tú", para dirigirme a este santo sacerdote. Me dijeron que era el único cura de la diócesis a quien el Arzobispo Cirarda le decía de usted. Porque Don Carmelo siempre ha infundido mucho respeto. ¡Del bueno, claro!

Don Carmelo ha sido modelo de entrega a la Iglesia de espíritu misionero, aun sin haber ido a misiones. Modelo de fidelidad a la verdad y de obediencia a los superiores a quienes respetó como verdaderos representantes del Señor. Por mi parte lo considero como el último de mis padres en la fe, en el sentido de que es quien durante más años me ha acompañado en este mundo, hasta 2007.

------ (Don Carmelo Velasco Moreno falleció en Pamplona el 9 de Junio del año 2007, a los casi 93 años.)

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXXII

ALEJANDRO ZUZA, EL CURA DE LOS NIÑOS DE ESTELLA

Libro: Ejemplos de vida

Si viviera, don Alejandro Zuza tendría ahora ciento cuarenta años. Fue el sacerdote que más influyó en mi fervor eucarístico y mariano, entre mis nueve y doce años. D. Alejandro Zuza, el gran predicador de la Virgen María que a todos nos subyugaba; era también el cura de los niños. Supo imbuirnos el amor a nuestra Madre del Cielo y el amor a la Eucaristía.

Sí; era el cura de los niños. Él nos animaba: - Mañana a la "misica" de ocho. Los chavales más finos asistíamos. No importaba el madrugar. Veíamos el ejemplo de Don Eulalio, el maestro, que siempre acudía. Allí aprendí unas fórmulas de preparación y acción de gracias antes de comulgar. Hoy todavía en ocasiones me son válidas: "Alma de Cristo, santifícame..." "Miradme, oh mi amado y buen Jesús..." "Ahora, oh Jesús mío que estáis dentro de mi, me postro a vuestros pies, confiado en que nada me negaréis. Os pido vuestra gracia que es el mayor bien; y el don de la perseverancia, para no perderla jamás. Os pido por la Iglesia, por el Papa, por la conversión de los infieles y pecadores, por los agonizantes, por las almas del purgatorio, por mis padres, por mi familia y por mí mismo. Os pido también por la paz del mundo. Oh dulce Jesús, permaneced Vos en mí y yo en Vos en esta vida y luego en el Cielo. Amén."

Caladas las gafas de Don Alejandro hasta la punta de la nariz, recitaba un día y otro día aquellas oraciones con fervor para darnos fuerza a las dos docenas y media de niños que queríamos apreciar el tesoro del Amor de los Amores. Los jueves no nos atendía directamente a nosotros. Se celebraban los "Jueves Eucarísticos". Con cantos en la Misa. Con la solemnidad más sencilla.

Todavía me son válidas las fórmulas que nos enseñaba para antes y después de comulgar: "Ahora, Jesús mío, que estáis dentro de mí me postro a vuestros pies confiado en que nada me negaréis... Permaneced Vos en mí y yo en Vos en esta vida, y luego en el Cielo. Amén". Era como una consecuencia de lo que nos dice San Juan: "El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él". (Jn. 6,56)

Todas estas ideas grababa en nuestras almas don Alejandro de una manera sencilla, pero eficaz. Y sabía unir de forma admirable el amor a la Eucaristía con el amor a la Virgen. "María, - nos explicaba - durante los nueve meses que llevó al Hijo de Dios en su seno, permaneció en Cristo, y Cristo en ella. Y durante toda su vida fue la Virgen sarmiento fresco, lleno de frutos, unido siempre a la verdeara vid. Que Ella os enseñe a comulgar con fervor".

El año 1949, administrábamos el viático al querido sacerdote Don Alejandro Zuza, el cura de los niños, uno de los sacerdotes que más bien hizo a mi alma infantil. El cura amante de la Virgen. ¡Qué sermones predicaba en honor de la Madre! Así lo expresaba en mi diario: "Hoy han administrado el santo viático a Don Alejandro. Noche de frío y nieve: sólo se oye el monótono pisar de la gente silenciosa: los fieles que acompañan al Señor. Pisar interrumpido por el tintineo de la campanilla y las voces de los sacerdotes que rezando el "miserere" escoltan a Jesús Sacramentado. Caminan los hombres en dos filas, llevando en sus manos cirios encendidos. En medio, bajo palio de lienzo y oro, camina Jesús rodeado de hombres de buena voluntad. Noche de frío. Copos de nieve posan su mansedumbre en el suelo. Ha llegado el santo viático. De los labios del sacerdote enfermo brota la plegaria humilde: "Señor, yo no soy digno..." Jesús le consuela en medio del dolor. Es el premio de sus fatigas. Pronto le abrirá las puertas del cielo para el abrazo eterno."

Estos son unos apuntes que guardo con amor y veneración a este santo sacerdote. El Señor tendrá en su gloria a este gran apóstol de los niños de Estella. Hoy somos maduros y creo que todos los formados por él mantendrán una gran amor a Jesús Eucaristía y a María.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXXIII

JAVIER ILLANAS JIMÉNEZ DE BENTROSA, PÁRROCO SEÑERO EN VITORIA

Don Javier Illanas era el párroco de Vitoria por antonomasia entre los años 1961 al 2000. Regentó durante alrededor de cuarenta años del templo parroquial de Nuestra Señora de los Desamparados, vulgarmente conocido por "Las Desamparadas". Él mismo fue el fundador de la parroquia nueva. Siempre era considerada como piloto en la provincia de Álava.

LO CONOCÍ

Conocí a don Javier en nuestra época de seminaristas. Pasaba yo mis vacaciones en Laguardia; él vivía en El Ciego, y con frecuencia subía a la capital de La Rioja Alavesa para relacionarse con sacerdotes, seminaristas o asistir a los sermones famosos de Don Emilio Enciso Viana. Javier era todo simpatía y jovialidad. Tenía ya madera de líder. Arrastraba con su vida de piedad y con su cordialidad. Era franco, sincero, un riojano culto y auténtico. Le faltaban entonces dos o tres años para llegar al sacerdocio. Solo le importaba prepararse bien para el ministerio. Recababa por todas las partes revistas, libros de pastoral. Él quería ser un sacerdote de pro.

Había nacido en Logroño a finales del año 1926, pero durante gran parte de su niñez y toda su juventud vivió en El Ciego, de la provincia de Álava. Cursó sus estudios sacerdotales en el seminario de Vitoria, y su titulación de Derecho Canónico en Comillas. Allí conoció y trató al santo Padre Nieto. Se notó en él la influencia de este santo durante toda su vida.

Su primer nombramiento para ejercer el ministerio de párroco fue Oyón. Allí mostró su fervor de recién ordenado, y su bien obrar hizo que lo eligiera muy pronto el prelado para una misión más importante en la capital. Su hermano Alejandro estuvo junto a él como coadjutor gran parte de su vida pastoral.

EN VITORIA

El señor Obispo lo llamó a crear la nueva parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados, céntrica en Vitoria. Javier se desvivió desde el primer momento. Vivía para todos. Siempre trabajando. Jamás lo verías en diversiones ni siquiera clericales, ni en las más honestas. Él siempre a lo suyo. Yo lo admiraba un poco al estilo de San Pablo "gastándose y desgastándose" por las almas.

Aquella parroquia era modelo en todo: desde el culto eucarístico hasta la dedicación social y humanitaria más de actualidad. Disponía la parroquia de colegio parvulario y guardería, comedores económicos para personas necesitadas. Lo atendían unas religiosas Esclavas de Cristo Rey y personal voluntario de la feligresía. Aquel reducto no era solo hogar de las almas, sino un verdadero hogar común para cuantos lo desearan. Se celebraba en el comedor social de una manera muy solemne la Noche Buena. Creó también en "Los Desamparados" el ropero parroquial y el Arca de Noé. Fue pionero en esto de recoger y dar vestido en buen uso. Las damas del ropero limpiaban, reparaban adecuaban el vestuario para entregarlo a personas necesitadas y enviar al Tercer Mundo.

Mimaba formación espiritual propia y la de sus feligreses. Mantuvo siempre en su parroquia el movimiento neocatecumenal. El Opus Dei gozó de óptima relación con Don Javier. Siempre había un confesonario disponible para alguno de la Obra, y en todo tiempo de su mandato floreció el sacramento de la penitencia, la formación de grupos de Acción Católica en todas sus especialidades.

El grupo de monaguillos era siempre numeroso, los de diario y los de las grandes solemnidades. Fueron verdadero ornamento en la liturgia. Organizó numerosas peregrinaciones y certámenes o concursos. Contabas la parroquia con coro de cantores y con cuadro artístico para el teatro y representaciones.

PASTORAL TOTAL: CULTUAL, CULTURAL, SOCIAL Y PROFUNDA

Ayudaba don Javier a todos a apreciar la Santa Misa, la Eucaristía. Durante todas las horas diurnas permaneció siempre abierto aquel templo, aun en los tiempos en que se iban cerrando las iglesias. El centro del hogar parroquial era Jesús, el Sagrario. Me solía decir confidencialmente don Javier: Yo nunca me aburriré. Aunque mis superiores me dejaran sin ministerio parroquial me dedicaría a la oración y al confesonario. Un sacerdote siempre puede hacer mucho bien.

Las novenas y otras devociones parroquiales eran siempre de mucho aprecio por los feligreses. Los Desamparados, parroquia muy tradicional y conservadora, pero a la vez actual y actualizada. Allí nunca hizo nido el progresismo, pero sí el progreso. El culto a María fue eminente; las efemérides marianas eran celebradas con gran solemnidad con exquisita preparación. Los primeros viernes y la devoción al Corazón de Jesús fueron cuidados con mimo por don Javier en todo momento. De verdad se podía decir que el secreto de todo aquel buen obrar era la oración fomentada y practicada por un párroco celoso. La adoración nocturna, siempre pujante.

El ideal sacerdotal de don Javier fue evangelizar, predicar la Palabra de Dios con fervor. A ello se dedicó siempre con celo. Y supo invitar a sacerdotes beneméritos para que predicaran en aquel templo no solo en ocasiones aisladas, sino también en los Ejercicios Espirituales parroquiales de todos los años.

Atendió con finura la pastoral infantil, juvenil y de adultos. La catequesis y la misa con niños eran proverbiales. Él fue el primero en crear en el templo un reducto insonorizado para que desde allí los padres con bebés pudieran seguir la santa Misa, sin que los niños distrajeran al resto de los fieles. Disponía el Centro Parroquial de cine infantil y sostenía grupos de scauts. También fue la primera parroquia que impartió cursillos prematrimoniales. Disponía de aulas de formación nocturna para adolescentes y adultos.

Eran clásicos en toda la estancia de don Javier como párroco los retiros espirituales no solo generales sino a distintas edades y sexos. Se preocupaba de todos los feligreses y de cada uno de ellos. Decir esto simplemente para algunos no es decir mucho, es una cualidad "ideal" de todo párroco, pero que por no querer o por no poder son pocos quienes la ejercen. Don Javier se preocupaba de todos. Le he visto desvivirse por buscar puestos laborales a muchos. Creo que podríamos decir sin temor a exagerar que cientos de personas obtuvieron el trabajo de su vida por mediación de este celoso párroco. Se preocupaba incluso de los alejados, y su pastoral contaba con recursos para intentar atraer al redil a la oveja perdida. Los ancianos y los pobres encontraban en él apoyo. No se olvidó de los presos.

SIEMPRE OCUPADO

Don Javier siempre estaba ocupado. Lo he visto atender a la vez a dos o tres cosas - estilo Fraga Iribarne -. Si le encomendabas algo, podías estar seguro que haría todo lo posible por solucionarlo. No se olvidó y organizó la pastoral de los deficientes psíquicos y mentales. Procuraba rodearse de sacerdotes colaboradores fieles a su misión y fieles a su párroco. La relación con religiosos y con el clero fue también un aspecto delicado de su atención. La pastoral vocacional, algo predilecto desde un principio. Solía decir que una parroquia sin vocaciones es un parroquia muerta. Tuvo seminaristas en su feligresía, pero hubiera deseado, y lo intentó siempre, aumentar el número. Le tocaron los años de crisis vocacional.

Pero no se limitó la tarea de Illanas a la parroquia. Creó y dirigió durante varios años la Casa de Ejercicios Espirituales diocesana. Fue canónigo de la Santa Iglesia Catedral y en la curia desempeñó distintos cargos de responsabilidad. Llegaba a todo menos a una cosa: Tuvo muchos amigos, pero era poco el tiempo que empleaba con cada uno de ellos. Hay tareas incompatibles. Quien dedica muchas horas a la amistad ha de restarla a otras posibles actividades. Es cuestión de elección. Pero la amistad con Jesús era prioritaria en él. A Jesús dedicaba las primeras horas del día. Para ello había de madrugar, y para ello nunca se quedaba a ver la televisión por la noche.

Si quisiéramos resumir en una palabra la vida sacerdotal de Javier Illanas sería ésta: fidelidad. Era el sacerdote fiel a su ministerio, a la palabra de Dios, a su trabajo, a sus feligreses, a todo. Activo siempre y fiel. Esta fue su vida. Tenía defectos claros. Trabajaba por dominarlos. Pero no bajo a describirlos. Es lo más fácil de hacer de todos, y lo menos provechoso. Aquí incluyo cuanto puede ser en él ejemplar. Yo no soy el abogado del diablo.

ILLANAS ENFERMO DE ALZHEIMER

Nunca pude imaginar que un hombre de estas cualidades pudiera caer enfermo de Alzheimer. Pero así fue. Después me ha dado cuenta de que otros muchos de su estilo han contraído esta dolencia. Tenía él alrededor de setenta años cuando observó los primeros síntomas y durante un tiempo todavía continuó en la parroquia aunque no podía llevar la misma actividad que en su juventud y madurez. Con relativa frecuencia iba yo a visitar a mi amigo. Se encontraba internado en una clínica, pero casi nunca estaba solo. El proceso del Alzheimer no es como el cáncer, que se detecta con un simple chequeo. Al médico le pareció que se trataba de un proceso de envejecimiento, agudizado por el estrés. Pronto nos enteramos de que era un cuadro claro del Alzheimer.

Un día me quedé a solas con él; lo llevé por los jardines en una silla de ruedas, porque andaba muy torpe y con bastones. Cuando me marché me dijo: "Tu visita me ha dado una inyección de juventud. Gracias".

Mi amigo no se olvidaba de Dios. Rezaba e iba a misa en la clínica casi todos los días. Me decía: "Cuando nuestros amigos pueden viajar y pasarlo bien, aquí estamos nosotros. Sería una tontería rebelarnos contra nuestra suerte. La grandeza del ser humano está en sufrir con amor. Dios aprieta pero no ahoga". Me impresionaba ver allí a Javier, porque estaba rodeado de enfermos mucho peor que él. Javier recordaba todo. Me decía cosas de nuestra juventud con total precisión. Pero algunas veces tenía como lagunas de pensamiento. Es lo único que observé yo de su enfermedad. Después, no sé por qué, lo trasladaron a un pueblo, junto a unas personas de su familia. El día del Corpus del 2004 es la última vez que lo vi. Acudió a la procesión. Le ayudé a subir las escaleras del presbiterio. Había perdido mucho movimiento físico, pero su mente todavía tenía luz para conocer, y su corazón sabía amar y recordar con gratitud. Ignoro los últimos momentos de él. Yo me encontraba enfermo muy grave y en la clínica me enteré de su fallecimiento. Era el año 2005. Él se fue con sus buenas obras delante de Dios, pero el fruto de sus obras persevera.

 Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

XXXIV

EPIFAFANIO ECHEVERRÍA GARAY, SACERDOTE MISIONERO

Todos los del clero navarro le llamábamos, Epi. Su nombre familiar. He tenido la suerte de ser amigo de él la mayor parte de su vida. Podía escribir un libro entero: nos conocíamos mutuamente en nuestras virtudes y defectos. Epi tenía muchísimas más virtudes que malas cualidades, pero hay algunas en que destacó más.

Nuestro amigo falleció a finales del 2007, el 14 de Noviembre. Tenía casi 81 años y no hubo de guardar cama. La víspera de su óbito estuve con él en una conferencia que impartía el nuevo Arzobispo de Pamplona, Mons. Francisco Pérez González. A todos cuanto asistimos nos llenó el corazón de esperanza este prelado, porque hablaba desde su experiencia de fe. Creo que el fruto que consiga en Navarra ha de ser pingüe. Pues bien, veinticuatro horas más tarde, después de haber asistido Epi a otra conferencia en el mismo salón de actos del Seminario, al subir a su habitación para comer, entregó su alma al Señor. Pero ¿quién era Epi y en qué destacó?

Había nacido de Roncesvalles el 25 de noviembre del año 1926; había sido sastre de profesión; pero después del servicio militar, ingresó – al final de la década de los cuarenta – en el Seminario de Pamplona. Él era mayor y residía en la facultad de Teología con los mayores, aunque asistía a clase con nosotros, los que comenzábamos a aprender la lengua del Lacio. La verdadera amistad con sus compañeros empezó cuando nosotros mismos llegamos al Seminario Mayor. Lo veíamos un hombre profundo; lo suyo era la espiritualidad y el estudio. Destacó sobre todos en las ciencias exactas: era un lince para ello.

Su ilusión por el sacerdocio, enorme. Se preparó a conciencia. Tenía otro hermano mayor también sacerdote. También de mucha talla espiritual. El pobre, cuando preparaba su viaje como misionero a América del Sur, falleció en un postoperatorio de estómago. Epi lo lloró. Nosotros le consolamos. Y entonces formuló el propósito de marchar pronto a donde no pudo ir su hermano: a la evangelización de Hispano – América.

Celebró su primera Misa con gran fervor en el año 1958. Su madre era muy anciana y pensó en acompañarla, junto con su hermana, siendo párroco de unos pueblecitos cercanos a Pamplona. Residía en Juslapeña. Allí creó una nueva casa parroquial. Allí pastoreó con ilusión sirviendo varios pueblos pequeños. Allí teníamos nuestros desahogos espirituales en nuestras frecuentes visitas. Murió su madre; contrajo matrimonio su hermana, y entonces decidió marchar a Maracibo a misionar.

EN MARACAIBO – VENEZUELA

Junto a otros cuatro sacerdotes navarros misionó durante más de veinte años aquellas tierras, en las que hubiese querido dejar los huesos. Estaba enamorado de aquellas gentes a quienes quería en el Señor y en su manera de ser. Se había involucrado del todo en el tema misionero. Destacó sobre todo en su generosidad. Él había de socorrer no solo en lo espiritual, también en lo material. Todo lo daba, nunca ahorraba. Vivía la pobreza evangélica con total entrega. En esto destacó Epi. Nunca se preocupó del porvenir: "La Providencia" – decía – proveerá. Estoy seguro". He conocido a muchos sacerdotes buenos y generosos. A ninguno tan totalmente desprendido de lo propio como a Epi.

Cada dos o tres años hacía un viaje por España. En alguna ocasión pasó varios meses para reciclarse intelectual y espiritualmente. En la década de los ochenta estuvo en Vitoria. Aprovechó para practicar un curso de actualización teológica.

CON EL PADRE JOSÉ RIVERA

Pero en aquellos años, sobre todo se recicló en lo espiritual. Su fervor casi innato en él adquirió una nueva dimensión al ir a Toledo a practicar Ejercicios Espirituales con el Padre José Rivera, cuya fama de santidad sigue hoy y está introducida la causa de canonización. Los practicó cara a cara con él. Los aprovechó – iba a decir – de una manera sublime. Si hasta entonces había sido generoso y desprendido, desde entones, mucho más. Su fervor ya era total: vivía como un santo. Dedicaba más de dos o tres horas a la oración. Su ilusión, volver a Maracaibo, donde quería dejar sus huesos. Y regresó, y permaneció allí cuatro o cinco años más. Cuando volvía a nuestra tierra, su conversación eran sus fieles: aquellas personas a las que tanto quería y tanto se desvivía por ellas en el aspecto espiritual y humano.

 

REGRESO DEFINITIVO A ESPAÑA

Volvió a España. Aquí no terminó de encontrar su ambiente y regresó otra vez. Pero en esta ocasión no permaneció mucho tiempo. Me parece que un año. La edad iba haciendo efecto en su salud. Y volvió de nuevo a Pamplona. Ejerció como coadjutor en la parroquia de Barañáin con don Domingo Aranguren, pero pronto murió aquel párroco celoso y bueno. Después marchó Epi a Cadreita. Con gran celo, con gran ilusión renovada. Allí se desvivía por los pobres. Llegó a meter en su casa a un matrimonio emigrante hasta que encontró trabajo y domicilio propio. Lo mismo hizo con algunos otros más tarde. Él no apreciaba el dinero más que como medio de hacer el bien. Un día me dijo: "Nunca he tenido tanto dinero como hoy". Y su "gran" capital era el necesario para cambiar su coche que estaba ya muy viejo y lo necesitaba. Después, otra vez sin "blanca". Lo suyo no era gastar a lo loco, no, sino dar.

La enfermedad iba haciendo mella en Don Epifanio. El corazón comenzó a darle sustos. Todavía sirvió durante varios años unos pueblecitos próximos a Pamplona y residió en uno muy pequeño: Inbuluzketa, hasta que no pudo más y tomó como residencia el Seminario.

Y ya hemos contado lo rápido de su muerte, en el mismo lugar en que habitó durante sus largos años de formación. Epi, gracias por la lección de desprendimiento y generosidad que nos has dado. Gracias por el ejemplo de vida de oración que has sido para todos. Aguárdanos en el Reino de Dios. Esperamos que te encuentres gozando de Aquél que desde tu juventud te robó el corazón.

José María Lorenzo Amelibia. mistica@jet.es

Nota: Con nuestros puntos de vista no queremos prevenir el juicio de la Santa Iglesia sobre esta persona. Unicamente nos fijamos en varias características de su vida por las que nos parece verdadero modelo de nuestros tiempos.

 

XXXV

EJEMPLOS DE VIDA

Irena Sendler

SALVADORA DE LOS MÁS DÉBILES

Cuando escribo estas líneas, Irena Sendler acaba de fallecer con casi 99 años. Ella decía a un entrevistador: "Yo no soy ninguna heroína, no hice nada especial, sólo lo que debía: nada más". Y durante toda su larga vida se ha ido ocultando de periodistas y curiosos. Sin embargo llevaba consigo el estigma del sufrimiento: desde muy joven caminaba sobre una silla de ruedas, como consecuencia de las torturas infligidas por los nazis para averiguar qué ocurría con tantos niños desaparecidos del gueto de Varsovia en los años 42 y próximos. Salvó de la una muerte segura nada menos que a dos mil quinientos.

Irena trabajaba como funcionaria de lo social en el Ayuntamiento de Varsovia. Era entonces una mujer joven de treinta años. Conocía el gueto de los judíos y pronto supuso que estaban allí refugiados para ser llevados al campo de exterminio. Ella, mujer fuerte y de gran corazón, se decidió a jugarse la vida por los más débiles. A escondidas, sirviéndose de una iglesia próxima, iba sacando de allí a niños de la forma más peregrina y audaz; siempre con la colaboración y asentimiento de los padres, y con el compromiso de buscarles familias para la adopción. Unas veces los metía en cajas de herramientas de los operarios, para sacarlos fuera impunemente; otras, en cubos de basura; en ocasiones los pasaba a hurtadillas a la iglesia próxima, para de allí salvarlos con "pasaporte" de niños cristianos. A algunos los liberaba como si fueran enfermos desahuciados y contagiosos. Su "osadía" llegó al colmo rescatando a varios nenes metidos en ataúdes, como si se tratara de cadáveres. Y así hasta dos millares y medio.

Llegó a morder la duda y la sospecha en los guardianes nazis. La torturaron para que hablara hasta dejarla medio muerta y con las piernas quebradas, pero nada consiguieron. Su afán de salvar vidas fue tan grande que hubiera entregado la suya propia a cambio, y a punto estuvo de ello. La enfermedad y minusvalía la han acompañado durante el resto de su larga vida como secuela de su esfuerzo heroico.

Nunca quiso nada a cambio: solo deseaba se la ignorase, aunque lo ha conseguido a medias. Al finalizar el siglo XX su caso fue llevado al teatro y creo que se ha rodando una película que cuenta su gran hazaña; yo todavía no la he visto. ¿De dónde le venía a Irena esa fuerza interior para – en solitario o con la complicidad de muy pocas personas – haber logrado una acción humanitaria de tal envergadura? Sí, era un gran corazón. Pero Dios la ayudaba cada día en este esfuerzo de tan alto riesgo. Que el Señor nos dé personas como Irena, de gran corazón y amor para luchar a favor de los más débiles, de aquellos que nunca podrán defenderse.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

XXXVI

EJEMPLOS DE VIDA

 

Vicente Ferrer, cuya religión es amor. Sacerdote secularizado.

Vicente Ferrer. Escribo estas líneas al día siguiente de su muerte, porque la noticia de su fallecimiento corrió por los medios de comunicación el día 19 de Junio del 2009, cuando al padre Vicente Ferrer contaba ochenta y nueve años. Sacerdote, jesuita, casado por la Iglesia, o sea secularizado; marginado por los suyos, pero su talla es comparable con la de Teresa de Calcuta, hoy beata por la vía rápida. Incluso la eficacia de su labor, más grande: Aquella, ayudaba en la enfermedad grave y en la muerte. Éste, ha conseguido alejar el espectro de la muerte, de la enfermedad, de la desesperación. No veo fácil que a Vicente lo eleven a los altares, a pesar de que su obra de amor sea tan grande. Pero ahí queda su testimonio.

Así comenzó su andadura

Era Catalán, de Barcelona. Nació el 9 de abril de 1920. En el templo catedral empezó a conocer a Dios. Fue movilizado hacia el frente popular en la guerra civil española. Y tomó parte en la batalla del Ebro; con tal suerte que no hubo de disparar ningún tiro; además allí vio de cerca la barbarie, la muerte, el dolor. Y recibió una gracia actual, una iluminación del Señor tan grande que influyó para siempre en su vida religiosa.

Después del conflicto bélico lo deportaron a Valencia a un campo de concentración. Salió pronto y marchó a cumplir su destino, su vocación en la Compañía de Jesús: noviciado, votos, ordenación sacerdotal. Y es enviado a la India como misionero jesuita. En febrero de 1952 llegó a Bombay. Pronto se dio cuenta de su vocación: allí no estaba para oír, ver y callar. Algo tenía que hacer. Su corazón generoso, lleno de amor a Dios y a sus semejantes le impulsaba. Vio la pobreza reinante y esto le impactó hasta los huesos. Empezó construyendo – incluso hacía de albañil – un hospital y un colegio. Barruntó entonces por dónde iba a orientar su vida. No era capaz de evangelizar así, por las buenas, sin hacer antes algo para mitigar el hambre y la miseria. Antes de hablar de Dios – se decía – he de cubrir estas primeras necesidades vitales.

Pero sus métodos comenzaron a no gustar a los superiores de la Compañía de Jesús ni a las autoridades civiles. Las autoridades civiles temían que aquel hombre caritativo se inmiscuyera en la vida de la gente: tarde o temprano se harían católicos y el hinduismo, la religión local, se vendría abajo. No se podía permitir la estancia de aquel hombre en la India. Los religiosos por su parte quisieron reconducirlo: que dé clases, que predique, que… pero el padre Vicente no tenía corazón para dejar morir en la miseria a aquellas personas a las que amaba desde el primer momento. ¡Y le obligaron a emigrar! Cientos de miles de personas se manifestaban en las calles y plazas de Bombay contra la salida del "Father". La revista "Life" hablaba de él ya como del santo desconocido. Fue propuesto entonces para Nobel de la paz. Indira Gandhi tomó cartas en el asunto. Dijo: "El Padre Ferrer marchará una temporada de vacaciones, pero después volverá".

Cambio de rumbo

La Compañía quiso atarle corto, y las autoridades seguían resistiéndose a que regresara. Pero al fin se quedó en una de las zonas más pobres de la India. Se asentó en Anantapur. Y no fue a dar clases como le pedían los compañeros. Su corazón no podía resistir al ver tanta miseria: se creía llamado a poner remedio. Después, ya llegará con facilidad la evangelización: ante todo que la gente pueda vivir. En resumen, no fue comprendido por los superiores de la Compañía de Jesús. Él debió de sentirse frustrado en este aspecto. Pero a nadie maldijo. De nada se quejó. Lo suyo era amar, hacer algo para que aquella gente pudiera vivir.

En 1969 conoció a una mujer joven: Anna Perry, periodista inglesa, veintidós años más joven que él. Y se casaron por lo civil el 4 de abril de 1970. Enseguida lo expulsaron de la Compañía. Más tarde, en cuanto pudo, se casó por la Iglesia. Tuvo tres hijos. Moncho sigue hoy con la obra de su padre junto con Anna, la madre. Pronto, pues, estuvo en orden toda su situación eclesial. Y la obra siguió. Al menos ya no pondrían trabas sus superiores antiguos, y los civiles tampoco. ¡A seguir trabajando!

El milagro fue de la Providencia que le dio fuerza y le asistió para que no fracasara. Él siempre confiaba en Dios; jamás lo alejó de su memoria, y continuaba "sin otra luz y guía que la que en el corazón ardía". Discurrir, "pelear", moverse, pedir a Dios… todo junto y sin desfallecer. En una ocasión se le presentó un joven, tipo raro en una moto rara. Lo recibió con cariño sin saber quién era. Otro, no hubiera recibido a aquel esperpento. Pero él lo hizo con amor. La sorpresa fue enorme: aquel muchacho era hijo de una de las grandes fortunas del mundo. Al marcharse le entregó una donación pingüe. ¡La Providencia actuaba en un caso extremo! Pudo salir Vicente de uno de los grandes baches de su obra. Creó la CDT (Consorcio para el Desarrollo Rural). En España el año 96 la FEF, La fundación Vicente Ferrer. Y poco a poco, sin prisa, pero sin pausa comienzan los números de su obra, el milagro de la transformación del desierto en terreno cultivable. He aquí algunas cifras:

Números cantan

A lo largo de estos años se han construido, mediante su acción y dirección, 39000 viviendas; 230 embalses entre grandes y pequeños; un centro de terminales de sida; un centro de planificación familiar; 14 clínicas rurales; 1696 escuelas con 158000 alumnos de primaria y secundaria; centros abundantes para gente discapacitada; 70000 mujeres se unen para participar en cualquier aspecto de la vida; se conceden micro créditos para poder comenzar pequeños negocios. La obra hoy está en pleno rendimiento, apoyada por muchos miles de españoles que colaboran en la ONG. Pasan de dos millones y medio de personas las que gracias a este hombre de Dios ha cambiado la miseria por el bienestar relativo, la pre muerte por la vida.

Cuenta José Bono que le preguntó en cierta ocasión cuál era su religión. Y así contestó Vicente: «Creo que el mundo y la pobreza tienen arreglo, creo que la única solución vendrá del amor. Ésa es mi religión» Y de él decía el mismo Bono: "Vicente, eres un ejemplo para la Humanidad, no por lo que has dicho, sino por lo que has hecho"

 

Final

Una embolia cerebral lo dejó en marzo, hace tres meses, postrado. Después de algún breve tiempo de lucidez mental ha entregado su alma al Señor el día 18 de junio del 2009. En su anterior enfermedad, cuando él pensaba que le había llegado la muerte, no quería volver; deseaba ir ya a Dios, pero el Señor lo ha mantenido varios años de propina para consolidar la obra. Su memoria no se extinguirá. Donde hay caridad y amor allí está Dios. Y en la vida y obra de Vicente Ferrer ha habido mucha caridad, mucho amor. El pensamiento y la acción de este hombre siempre han estado ligados a Dios, Padre, Providencia. Siempre entregado a su prójimo. Solía decir Vicente: "Yo he hecho un pacto con la Providencia y nunca me ha fallado". Aquel sacerdote misionero supo anteponer las necesidades vitales de los nativos a sus propósitos espirituales. Él supo por qué. De todas las maneras está abonado el campo ahora para la evangelización. En aquellos momentos le expulsaban del país porque no querían ninguna predicación cristiana. La mayor predicación, la del amor, ya está hecha. Ahora que empiecen la segunda parte aquellos que puedan. Mejor terreno no van a encontrar. El espíritu cristiano está allí ya del todo.

Probablemente la Iglesia no lo canonizará por ahora. Tendrán que pasar muchos años. Pero Ferrer ha hecho un gran milagro de cuarenta años: transformar a dos millones y medio de personas de indigentes en normales. ¡Milagro de amor! Vicente Ferrer tenía ya nombre de santo. Pero dejemos que aquellos a quienes corresponde lo declaren al cabo de los años. Esperamos. Aunque ¡qué pena! De parte de los dirigentes de la Iglesia española no he escuchado ni he leído una línea laudatoria para este hombre de tanta o mayor categoría que Teresa de Calcuta. Que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos ilumine a todos.

XXXVII

EJEMPLOS DE VIDA

Marie Valay, madre heroica

El año 1982 falleció en un hospital de una pequeña ciudad de Francia un hombre que, desde 1955, cuando tenía veinte años, se hallaba inconsciente en estado de coma. Paul Valay era su nombre. Una noche de diciembre fue atropellado junto a otros dos amigos por un turismo sin control. Uno de ellos resultó prácticamente ileso. El otro murió a los dos días. Paul ya no pudo recobrar el conocimiento. Parece que se trata del caso más largo en estado comatoso de toda la Historia.

La madre de este muchacho era viuda desde hacía tres años. La fe no abandonaba a esta mujer sencilla, amable y creyente. Fe tan inagotable la llevó durante diez años seguidos a Lourdes a buscar la salud de su hijo. Hasta que la artrosis le impidió a ella estar largo rato de pie.

Después de cuatro años de hospital, Marie Valay obtuvo el consentimiento de los médicos para trasladar a su hijo al apartamento familiar. Paul siempre permanecía inmóvil con la respiración tranquila; la madre, en constante vigilancia, esperando el despertar de su hijo. Aparecieron en Paul las primeras canas, las primeras arrugas; los músculos se iban atrofiando. En ocasiones enfermaba y había de ser hospitalizado. Su madre iba con él. Cuando ella era objeto de tratamiento, también el hijo era trasladado a la clínica.

En 1978 el Presidente de la República condecoró a Marie con la Orden Nacional del Mérito. Con esta ocasión recibió innumerables cartas y visitas de periodistas, atraídos por la serena dignidad de aquella mujer ejemplar, cuya mayor preocupación era morir antes que el hijo, porque ¿quién cuidaría de él?

Terminó ya aquella supervivencia excepcional y el calvario de amor de una madre heroica. "Tal vez ha sido lo mejor para él – dijo Marie al ver expirar a Paul – . Si así lo ha querido Dios... Ahora podré yo morir tranquila, para poder ir a reunirme con él".

Este es el ejemplo extraordinario de una mujer llena de amor a Dios y a su hijo. Es la réplica silenciosa a quienes "humanitariamente" hubieran optado por la eutanasia. Es el saber aceptar con fe una maternidad heroica.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

XXXVIII

EJEMPLOS DE VIDA

José Luis Rázquin de Miguel

 

José Luis Rázquin de Miguel, capellán del Santuario de

Nuestra Señora del Puy en Estella

A José Luis lo conocí en el Seminario, era mayor que yo e incluso no coincidimos en ninguna facultad. Pero fue como capellán de la basílica del Puy cuando lo traté y me gustó mucho por su simpatía y sobre todo por su honda vida espiritual. Era una maravilla cómo acogía a todos, como si fueras el personaje más importante; además lo hacía con suma sencillez; sin que te pudieras encontrar molesto por excesivas atenciones.

José Luis había nacido en un pueblecito navarro, Erice de Atez, y fue el sexto hijo de entre diez. Celebró su primera Misa en Lizaso el día de San Pedro del año 1954, era año mariano. Pronto lo mandaron de coadjutor a Olazagutía donde se entregó de una manera especial a los jóvenes obreros. De allí lo enviaron a dos pueblos muy pequeños, de la merindad de Estella: Ibiricu e Iruñuela, a ver si con una vida de menos ajetreo podía reponerse de su enfermedad renal. De allí, el año 70 al Colegio del Puy de Estella como director espiritual del centro. Poco después, el 73, le encomiendan ya ser capellán del Santuario; en este cargo permaneció hasta el final de sus días. Él solía decir que le dio este nombramiento la Virgen María, en agradecimiento a un pequeño servicio que le tributó siendo seminarista: limpiar todas las semanas el polvo de una imagen mariana que presidía los tránsitos de los pequeños seminaristas.

Residía en el mismo santuario, en el piso que se levanta a mano derecha del mismo. Allí estaba al servicio de todos noche y día, siempre acogedor. Ha habido casos de de gente que golpeaba su puerta para ser recibido a las tres de la mañana, y él, complacido y complaciente, consolaba al atribulado, y si llegaba el caso le oía en confesión.

Era un sacerdote de profunda vida espiritual

A mí me sorprendía cuando subía a visitar a la Virgen – lo hacía tres o cuatro veces al año por no residir en Estella – ver siempre a José Luis sentado en un banco de la iglesia, frente al Sagrario y frente a la Virgen, orando, haciendo lectura espiritual y dispuesto a atender si alguien le requería. En una ocasión le dije: "Te felicito, José Luis, porque en estos tiempos es muy raro ver a un sacerdote haciendo oración en la iglesia". Él con su sencillez encantadora, y haciendo gala de su buen humor me contestó: "Todavía conservo estas "malas" costumbres". Y echaba una pequeña risa. Porque José Luis no era de esos santurrones engolados que parece que siempre están en do mayor. Era sencillo como de pueblo, y orante como místico.

Pobres y ricos regresaban aliviados cuando hablaban con él. Y les solía aconsejar, nunca ordenar, que la mejor penitencia es una limosna generosa a los necesitados. Él solía enviar buenas ayudas económicas a tierras de misión. Era, sí, distribuidor de limosnas, pero también, por supuesto, de lo suyo repartía.

Dio mucha vida al santuario de Nuestra Señora del Puy

Supo dar vida al santuario. La gente visitaba a la Virgen cada vez más; en mayo subían unas dos mil personas cada día. Repartía en ese mes más de veinte mil comuniones. Y a la misa de siete y media de la mañana acudían unos seiscientos fieles, muchos de ellos jóvenes. La Virgen era visitada no sólo por gente de Estella. Sobre todo en el verano eran numerosos quienes ascendían la colina para saludar a la virgencica. José Luis, a pesar de su enfermedad crónica, cuando se acercaba algún grupo lo recibía al pie del altar, los saludaba y explicaba un poco del santuario y exhortaba a la devoción a María. Siempre estaba dispuesto en el confesonario. En los años finales de su vida, cuando la enfermedad le atoxigaba más, le enviaron a su hermano, Francisco Javier, párroco de Los Arcos, para que le ayudara un poco. Hoy sigue este sacerdote como Rector del Santuario, siguiendo ferviente sus huellas.

Algo tenía este sacerdote cuando tantos se confesaban con él y más de un turista, al oír hablar a Don José Luis sobre la Virgen, le pidió confesión. Estoy recordando a uno n estos momentos: su vida se renovó; fue entonces un hombre nuevo. Y todo lo hacía nuestro capellán con alegría, buen humor y mucho espíritu que lo asimilaba en sus grandes estancias junto a Jesús y su Madre.

Tres cosas más: 1) Ha sido nuestro capellán animador de vocaciones al sacerdocio, misiones y vida religiosa. 2) Algunos viajaban desde Pamplona por dialogar con él. 3) Afirmaba en cierta ocasión, en estos tiempos de crisis del sacramento de la Penitencia: "Creo que tenemos un falso concepto del gran sacramento de la Reconciliación. Se trata de un encuentro amoroso de sanación interior, de perdón, de liberación".

Algunos testimonios

De él afirma Juan Manuel Arza – fue presidente del Gobierno foral de Navarra –: "Nadie podría decir que era amigo de unos y no de otros. Lo era de todos, de los ricos y de los pobres". Antonio Roa – hombre de pro en Estella, muy entregado a la Virgen del Puy y a la música religiosa como director – afirma de Don José Luis: "Tenía un sentido grande de la humildad; aceptaba las correcciones y llegaba incluso a pedir perdón. Al hablar de su enfermedad cardiaca lo hacía con la mayor naturalidad y sin ningún tipo de preocupación." Julián Ayesa – sacerdote y organista de prestigio –: "Era José Luis un hombre de igualdad de ánimo en la fe, sin altibajos, asumiendo las dificultades; reservado en su dolor y en sus enfermedades. Tenía una visión sobrenatural de la vida y una gran devoción a la Virgen; veía todo como un regalo de la Madre".

Murió el 8 de octubre de 1998, después de servir a la Virgen del Puy y a sus devotos durante 25 años.

 

XXXIX

EJEMPLOS DE VIDA

Joaquín Goicoecheaundía Pagola

Conocí a Don Joaquín el año 1960 en la escuela de Ejercicios Espirituales en el Seminario de Vitoria. Me impresionó. Era un sacerdote enamorado de Jesucristo y de su sacerdocio. Tenía entonces 55 años, lo mejor de su vida. Había nacido cerca de Tolosa, en Lizarza, el 20 de abril de 1905. Daba sus clases sobre el sacerdocio de pie; llevaba en su mano un manuscrito lleno de apuntes que luego ciclostilaba y nos aprovechábamos de aquel tesoro de ciencia de Dios. Me impresionaba Don Joaquín.

Mantuve contacto relativo con él durante varios años. En tiempos de mi ministerio sacerdotal me proporcionó oportunidad para dar Ejercicios Espirituales a sacerdotes en distinto lugares de España. Fue mi maestro y me abrió camino en estas lides apostólicas tan gratificantes. Siempre me sentiré agradecido a este hombre de Dios.

Entusiasmo y celo. Sus seminaristas.

Don Joaquín Goicoecheaundía llenaba de entusiasmo a sus seminaristas, pues era su director espiritual. Y contagiaba su celo y amor a cuantos le rodeaban, sobre todo a sacerdotes jóvenes. Aquellos retoños clericales estaban distribuidos por las tres provincias vascas; formaban equipos de amistad espiritual muy profunda; perseveraron con esa ilusión muchos años, hasta que llegó la crisis postconciliar en que casi todo se vino abajo.

Era muy ferviente don Joaquín. Daba gusto oírle predicar. Desde muy joven había sido profesor del Seminario de Vitoria. Su gran maestro - amigo de espíritu fue otro sacerdote maravilloso, Don Rufino Aldabalde, motor del movimiento sacerdotal de Vitoria, del que Joaquín fue continuador. Hubiera sido nuestro cura un buen profesor, pues era talentudo; pero su tendencia era la espiritualidad, y hacia esta maravilla tendió siempre su filón de sabio y santo. Simultaneó alguna clase con la dirección espiritual de los seminaristas, que era lo más suyo. Y desde el seminario se lanzó al clero diocesano.

Sale del seminario y regresa al fin

Pero en el año 38 se le ocurrió sacarlo del Seminario al Obispo Lauzurica y enviarlo a Ortuella, una parroquia vizcaína ambiente minero. Marchó sin rechistar, pero creo que sufrió con el traslado. Antes se curtió en Saturrarán y Las Arenas. Desde Ortuella escribía: "El sacerdote que ama, en su afán de amar ensaya todos los procedimientos, desde los más fáciles a los más costosos y difíciles". En aquel entorno fomentó las misiones parroquiales y consiguió amplio fruto espiritual.

El año 42 sale de Ortuella y lo envía el obispo a la casa de Ejercicios Espirituales de Begoña. Aquello rimaba más con su finura de espíritu. Fue director de aquella Casa. Pero… regresa ya para siempre a lo más suyo, al Seminario. A calentar de nuevo a sus queridos seminaristas: "O santo, o por la ventana". Y aquellos estudiantes vivían en santa tensión para ser de verdad un día sacerdotes fervientes. Era el año 1945. Sus pláticas ya desde entonces y siempre fueron cálidas, ardientes y vigorosas. Aconsejaba lo que él practicaba: la oración continua; el sacrificio constante para vencer el temperamento comodón y poder ser de verdad de Jesús; servicio continuo a sus semejantes; huir de la crítica y alabar moderadamente al compañero para animarle; corrección fraterna positiva y llena de amor; amar, amar… y organizar reuniones con seminaristas. Y ¡lo suyo de verdad!, ir creando desde el seminario los grupos de amistad sacerdotal.

El despacho de nuestro santo estaba siempre muy concurrido: había que pasar con solicitud por aquella habitación del director espiritual para aumentar el fervor. "El estudio teológico del doma trinitario debería haceros más santos", decía a sus discípulos. Aquello era no una fábrica de hacer curas, sino un horno para calentar en el amor a Dios.

Y así, año tras año. Pero con el Concilio llegó el crac. ¡Cuánto sufrió nuestro cura! Entonces siguió intentando influir en los suyos, pero daba la impresión de que todo era predicar en desierto, o poco más. Algunos siguieron finos a su ideario. Otros… ya sabemos cómo se fue desarrollando todo.

Escritor

Fue también escritor Don Joaquín: sobre todo articulista en revistas; el periodista de todo el movimiento sacerdotal. Cientos de artículos. Y después de la muerte de Aldabalde fue motor, alma y vida del todo, tomando la antorcha de su amigo, y siguió con ímpetu a favor de la santidad de los clérigos. Desde esta perspectiva impulsó la famosa revista "Surge", la herencia de don Rufino.

El final

Se entregó más de lleno entonces a su fundación religiosa: las auxiliares del clero. Fueron años duros. En una ocasión yo le visité. No perdía la paz. Me ayudó para encontrar direcciones de sacerdotes secularizados; me atendió con cariño. Me habló de su diabetes que le traía un poco esclavo. Se le veía pasear en torno a su casa en aquellos últimos años, apoyado en una muleta. El año 1993 llegó su fin en este mundo. El 6 de mayo lo ingresaron en el hospital. Marchaba en la ambulancia sentado en una silla; parecía que durante el viaje se despedía de su Vitoria. Hablaba, miraba las casas, los tejados. Decía: "¡Qué bonito es Vitoria! ¡Qué a gusto he vivido aquí!" Sobre la mesa de su despacho dejó un papel con este escrito: "¿Quién dices que soy yo?" A esta pregunta de Jesús contesto: Tú eres mi mejor amigo y amigo de todos los días. Porque eres la luz que ilumina y da sentido de verdad a mi vida. Eres el amor sin fin al hombre y estimulas mi amor y generosidad en el apostolado. Eres mi gozo y consuelo y felicidad… Todo esto lo experimento en mi interior como don y regalo de mi amigo".

Don Joaquín, sacerdote santo y santificador.

Para profundizar, ver la biografía publicada en la BAC por Félix Núñez Uribe.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

 

XL

EJEMPLOS DE VIDA

Jesús García Mendiri

Hubo un profesor en el Seminario de Pamplona que me llamaba la atención por su unción al darnos la clase de Pedagogía Catequística. Se llamaba Jesús García Mendiri. No lo he conocido a fondo, sin embargo impactó mucho en mi vida y lo recuerdo con veneración. Nada sé de su niñez, ni de su juventud. En el nomenclátor de la diócesis de Pamplona se dice que nació en 1906 y cantó Misa el 1931. Para mí ha sido un testimonio. Algo tenía aquel Don Jesús que calaba en las almas.

Solamente durante un curso fue profesor mío, y tan sólo impartía una clase semanal de Pedagogía Catequística, pero lo hacía con tal fervor, con tal unción, con tal interés que inculcó en todos nosotros una gran afición a la catequesis, a acercar a los niños a Dios. Una frase nos repetía todos los días: "Que los niños vean amor". Y creo que difícilmente se puede decir en pocas palabras un consejo tan eficaz para conseguir que los pequeños lleguen a amar a Jesús: a través de la delicadeza del catequista, del calor, del cariño y del amor.

Recuerdo también a Don Jesús García Mendiri en la noche de un Jueves Santo. Le invitaron los superiores a predicar la hora santa, en la noche de aquella jornada Eucarístico dolorosa. Lo hizo con tal fervor, con una convicción tan grande, con una unión tan íntima a su divino Maestro, que han transcurrido casi sesenta años y todavía lo rememoro como si hubiera ocurrido ayer mismo. Hablaba con emoción desde el fondo de su alma; se dirigía a nosotros con insistencia en aquella noche santa y exclamaba algunas veces: "Seminarista, ¿duermes? ¿Puedes estar dormido viendo a Jesús en el Huerto de los Olivos? ¿No contemplas el panorama del mundo, de tantos que no conocen a Dios, lo ignoran, lo niegan y le ofenden?" Y añadía pronunciándolo con palabras latinas: "Qué utilidad hay en mi sangre?" Terminé aquella meditación con un deseo grande de hacer algo por Jesús.

Así era el Pedagogo, nuestro querido profesor ocasional de una asignatura que nunca olvidamos cuando nos acercábamos a los niños. Consta que durante los últimos años de su vida fue capellán de las Agustinas Recoletas de Pamplona. Murió hacia el año 1982. Supongo que en sus años de profesor mío desempeñaría el cargo de Delegado Diocesano de Catequesis.

Y nada más conozco de su vida: fue muy llena en su aspecto sacerdotal. Para mí, un vivo testimonio de amor a los niños y de celo por la gloria de Dios.

XLI

EJEMPLOS DE VIDA

Jesús Lezáun Petrina

Hablo de él sin consultar libros ni artículos suyos, nada de nada. Tan solo desde mi experiencia. Lo conocí en el Seminario; cuando yo entré, él era de los mayores. Sobrino de un sacerdote muy santo y amigo del requeté, Don Bruno Lezáun. Todos esperaban que saliera Jesús como su tío; pero le imitó, sí, en su vida de piedad y amor al sacerdocio, pero su actuación como sacerdote fue distinta del todo. Ya siendo teólogo perteneció a una asociación muy espiritual fundada por don Cornelio Urtasun, siempre piadosísimo. Nació en el año 1924.

Lo traté como profesor mío, él muy joven, y no me gustaba su manera de explicar la Teología, aunque se preparaba muy a fondo, pero profundizaba demasiado en los temas, y no conseguía explicar la asignatura íntegra, aunque sí la mandaba estudiar; aquello para mí era un error y se lo hice saber. No le gustó.

Llegaba con su doctorado fresco y su cabeza llena de sabiduría. Nos decía: - El primer año el profesor enseña más de lo que sabe; el segundo, lo que sabe; el tercero, lo que debe enseñar.

Siendo yo su bedel, en mi cuarto año de Teología ganó por oposición una plaza de canónigo. Nos pareció que con este evento convenía homenajearle el primer día que entrara en clase. Se me ocurrió organizar la fiesta. Le regalamos un bonete con borla roja; nos sobraba algo dinero y se nos ocurrió la "genial" idea de aumentar el regalo con cuatro cajas de palillos. Todo resultó con mucha sorna; el nuevo maestro inspiraba confianza. Tomando yo en mis manos el birrete, le digo con solemnidad: - "Ego te corono, canonice!" - Gracias, dice él, por los palillos. De verdad; los utilizaré a diario.

Algunos detalles de su vida

Una mañana de domingo, en las vísperas de Navidad, se presenta Jesús Lezáun en mi casa: - Me habían encomendado una tanda de ejercicios a sacerdotes en Bilbao- me dice - . Me va a ser imposible asistir. ¿Por qué no vas tú? - Poco tiempo me das para prepararme. En principio me agrada la idea, ¿Que clase de curas acuden? - Creo que en gran parte curiales y profesores. - Imposible. ¿Qué les voy a decir a personas tan sesudas? - Lánzate, Josemari, has de tener buena acogida. Preséntate con sencillez.

Mi temperamento decidido junto con el deseo de hacer el bien, me animó a acudir a Begoña a la tanda más comprometida de mi vida. Saludo a los compañeros. Veo a uno que me inspiraba confianza especial: Juan Ángel Belda, fiscal general de la diócesis. Hablaba con el vicario general, José Ángel Ubieta. Hoy el primero fue obispo de Jaca y de León. El segundo Vicario General de Bilbao

Pocos años más tarde, Lezáun se lo pensó bien. Se dio cuenta de que eso de ser canónigo era una antigualla que no merecía la pena, y sin dar al hecho ninguna importancia renunció a esta dignidad. Desde entonces se sintió libre.

Él siempre piadoso, siempre sacerdote, pero siempre crítico con cuanto no le parecía bien por parte de la jerarquía eclesial o política. También apoyó la causa vasca de Navarra. Era una de las cabezas más importantes del clero progresista navarro, una referencia en toda la provincia, pero siempre con dignidad. Siempre Lezáun fue un gran señor; podías confiar en él.

Sus artículos en distintos medios eran muy comprometidos; defendía la causa de los pobres; todo cuanto consideraba justo y bueno en la Iglesia. Asimismo, sin pelos en la lengua, llegaba en sus críticas a mencionar a obispos en concreto, con total sinceridad, y como sacerdote que nada tiene que perder. Pero nunca perdió el contacto con sus prelados a quienes trató con cariño, sin que esto obstaculizara la sinceridad de su crítica, a veces cruda. Él había renunciado a su canonjía, que con sudores había conseguido, y así se sintió más libre. Fue profesor insigne de Teología; un intelectual de las cosas de Dios; una referencia en el clero navarro, con dignidad, simpatía arrolladora, sinceridad y cariño hacia todos.

Lo he visitado varias veces en su último retiro; siempre lleno de bondad y agradecimiento de cuantos nos acordamos de él. Daba gusto dialogar con Don Jesús Lezáun.

Murió repentinamente el 15 de enero 2010, poco después del rosario, al que acudía a diario, en la casa – retiro del Buen Pastor de Pamplona. Una vez lo vi allí, en la oración del rosario. No podía arrodillarse para recibir la bendición del Santísimo, pero inclinaba profundamente la cabeza durante la ceremonia como signo de fe y adoración.

Al funeral de Jesús Lezáun acudieron algo más de sesenta sacerdotes revestidos. El arzobispo en su homilía dijo: "Estaba yo de viaje unos días antes, y a la vuelta me encuentro con una carta cariñosa de Don Jesús en que me felicitaba en el día de mi cumpleaños". Y es que Lezáun sabía criticar con elegancia, sin perder su gallardía, sin resquemor ni rencores hacia los jerarcas, creo que con profundo amor hacia ellos; como debe ser la buena crítica.

Diez años antes, en el mismo día, 15 de enero del 2000, en el mismo lugar, fallecía Don Miguel Sola, santo sacerdote de quien también tengo escritos una semblanza y un libro en esta misma web. Mi recuerdo también hacia Don Miguel.

Jesús Lezáun Petrina, descansa en la paz del Señor: nuestro afecto; permaneces en nuestro corazón. Pedimos por Ti al Buen Padre. Ruega por nosotros ahora y en cuanto goces plenamente de su presencia, y ojalá que ahora ya lo estés.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

XLII

EJEMPLOS DE VIDA

Antonio Roa Irisarri

 

Tengo a mucha honra haber sido compañero y amigo de Antonio Roa, durante mis largos años de estancia en Estella; y siento en el alma no haber podido cultivar más a fondo aquella amistad; la distancia geográfica suele ser causante de este fenómeno.

Antonio era persona buena a carta cabal desde sus tiempos de seminario. Menos de seis años fue su estancia en aquel lugar bendito, pero se grabó en su alma la formación recibida de tal manera que, a lo largo de su vida, ha aparecido siempre como hombre de fe, honor, laborioso y siempre a favor de la causa católica.

Antonio valía para todo. Su profesión, practicante; lo que hoy llamamos enfermero o ayudante técnico sanitario. Y era tan grande su prestigio, sobre todo después de haber ampliado estudios, que acudían a consultarle desde lugares muy remotos de distintas provincias.

A mí me llamó la atención de una manera especial la dedicación y afición en lo relativo a las cosas de Dios. Hasta su muerte fue director de la coral de la Virgen del Puy y de los Sesenta del Camino de Santiago. Fue gran impulsor de la ruta jacobea. Presidió la asociación de amigos del camino de Santiago durante seis años: del 96 al 99. En 1993 le dieron el galardón de estellés del año.

Gustaba tocar el órgano en la basílica mariana y en las monjas benedictinas. Con mucha frecuencia acudía a este convento a cantar las vísperas junto con la comunidad. Sabía disfrutar de las cosas de Dios, de quien siempre fue buen hijo y constante servidor.

La Virgen del Puy era su gran amor. En unión del capellán consiguió dar auge e impulso a la devoción mariana. La Virgen fue una de sus grandes pasiones cristianas. Dirigir el canto de auroras y el orfeón, un gozo mayúsculo para su alma, y una afición que nunca tuvo fin.

El señor Roa era amigo de todos. Te encontrabas junto a él siempre con confianza; te escuchaba y hablaba como si fueras la única persona del mundo. Ponía en todo su corazón. Además era un hombre de un humor extraordinario y de una moralidad plena. Antonio era padre de seis hijas, a las que quiso mucho y por las que supo desvivirse junto con su esposa. Hubo tiempos difíciles en lo económico, pero nunca perdió el humor.

Recuerdo que un día – en una de sus confidencias – me decía: "Me confieso en los capuchinos. En una ocasión le pedí consejo a un fraile para poder luchar con mayor facilidad contra las tendencias naturales. Va, y me dice: "Duerme en una habitación distinta, y así te será más fácil". Yo me sonreí y le dije: "Pero ¡hay puertas!" Los dos nos echamos una carcajada y seguimos hablando con humor de todo lo humano.

Siempre estaba dispuesto a hacerte un favor, a acompañar a un enfermo, a ayudar en las cosas de la parroquia o del Puy. Acertó a llevar con total celo tanto lo profesional en el centro Fisios, situado en la Palacio de Luquin, como lo relativo a la ruta jacobea, y lo concerniente a la música religiosa, al santuario de la Virgen del Puy, la familia, la amistad y lo referente a su vida de piedad.

Falleció de forma repentina, a los 71 años, mientras ofrecía a Dios sus obras, en el propio domicilio de Estella. Era el 31 de enero del 2008.

Es una persona – según mi propio juicio – a quien se puede considerar como verdadero santo seglar, aunque nadie aspire a subirlo a los altares de la beatificación; un santo sencillo, sin pretensiones, amigo de todos. Seguro que si él lee esta línea desde el cielo, se echará a reír. Pero su buen nombre y grato recuerdo, su ejemplo de persona buena durará en Estella y en otros muchos lugares durante muchos años.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es

XLIII

EJEMPLOS DE VIDA

José Antonio González Zabaleta

 

Era cinco años mayor que yo. Cuando entré al seminario, le admiraba: serio, inteligente. A mí me parecía mayor. Se le veía ya entonces muy dueño de sí mismo, muy exigente consigo mismo. Cumplidor del reglamento, atento con todos.

Nació en Eslava, un pueblecito de Navarra, en el año 1929. Y cantó Misa en 1955. Estuvo como coadjutor en Miranda de Arga durante tres años, y marchó después a estudiar a Salamanca donde de licenció en Teología. Desfiló después, también como coadjutor por Cintruénigo y Sangüesa.

Eran años en que abundaba el clero; sobraban curas y aun los más inteligentes y preparados habían de aguardar mucho tiempo antes de desempeñar cargos de importancia. Pero a José Antonio González, nunca le llegó el turno. Urzainqui, pueblecillo encima de Pamplona fue su primera parroquia y ya llevaba siete años de cura. Y otra vez coadjutor, a Corella. Hasta el año 75 en que marchó a Pitillas y después a Ázqueta y Urbiola, a Villanueva de Yerri, a Monreal. Toda su vida sacerdotal iba transcurriendo de pueblo en pueblo, siempre lugares pequeños, sin importancia.

Y llegó así hasta su ancianidad. Un día me lo encontré por la parte vieja de Pamplona; no lo reconocí, y él a mí, sí. Le habían nombrado capellán de las madres agustinas a las que atendió con mucho cariño, como él era. Y el año 2008, en abril, falleció en San Adrián. Ya jubilado de todo. Vida sencilla, vida llena.

Semblanza

Impresiona recordar en breves líneas toda una vida entregada llena de fe al Reino de Dios; sin ansias de carrera eclesiástica, sin zancadillear ni hacer la pelota al superior para medrar. Él que podía haber sido canónigo, deán, vicario general e incluso obispo. Él siempre en su sencillez, tranquilo y profundo en su fe y vida de oración. Su finura espiritual fue inmensa. Y si hemos conseguido algunos detalles de su fervor sacerdotal es gracias a un amigo suyo, Victorino Aranguren, porque José Antonio, jamás presumió de nada.

José Antonio González era un contemplativo dentro de su vida sacerdotal, fiel hasta la muerte. Mantuvo durante su vida entera una sensibilidad exquisita. Todo lo quería perfecto y lo procuraba ante todo en sí mismo. Su servicio a la diócesis fue desde los lugares más humildes, a pesar de estar preparado para los puestos más importantes.

Destacaba además como pintor y poeta. No le faltaba nada, ni siquiera su faceta de artista. También fue deportista bueno en su juventud. Y alentó a compañeros de su curso a aspirar a la santidad: eso es muy importante en nuestros tiempos. Una santidad en fidelidad, en detalle, en cumplimiento exacto del deber y comunicativa. Sólo Dios sabe de su oración en el monte; porque también era montañero.

Era especialmente cuidadoso en las vivencias litúrgicas. Preparaba grandes carteles para cada domingo y para cada tiempo litúrgico. Y así, año tras año. Ojalá hayan caído estos carteles en buenas manos y puedan ser aprovechados en lo sucesivo.

Todos sus compañeros recuerdan la poesía que escribió en el día de la ordenación sacerdotal y otra semejante para las bodas de oro. Tuve la oportunidad de escucharlas y me emocionaron, pero no he logrado una copia de ellas.

Era muy fiel y detallista en todo. Recordamos que incluso quitaba las flores de la iglesia en cuaresma, para, en Pascua, inundar el ambiente de luz, color y perfume de claveles.

Sufrió mucho en su vida. Fue fiel a lo Teresa del Niño Jesús, profundamente piadoso, predicador no de pacotilla ni de teorías, hablaba desde la hondura de su fe. Y eso no lo hace cualquiera.

De verdad, me alegro de haber conocido a un sacerdote así. El tiempo lo borra todo. Pero permanece en el corazón de muchos con gran cariño. Y tenemos la gran esperanza de que nos aguarda en el Cielo. Mientras tanto nos anima a perseverar en la fe.

Hombre sencillo, sabio, artista, deportistas, y sin ansias de hacer carrera eclesiástica, porque podía haber aspirado a ser obispo y cardenal. Y se abstuvo de competir en este terreno de relumbrón.

José María Lorenzo. Mi correo electrónico: mistica@jet.es