EJERCICIOS ESPIRITUALES LEVES SOBRE LA PASIÓN DE JESUCRISTO
I
LA ORACION DEL HUERTO
1.- Estos días de retiro, quiero contemplar tu oración en el Huerto; tu angustia y testimonio junto al Sanedrín y en el Pretorio de Pilatos y estar contigo en el Calvario. Te pido "dolor con Cristo doloroso; quebranto con Cristo quebrantado; lágrimas y pena interna de tanto como Tú padeciste por mí."
2.- Te acompaño ahora cuando bajas hacia el Huerto de los Olivos después de la Ultima Cena; una luna llena en noche de paz acompaña tu corazón triste en contraste con los fenómenos de la naturaleza. Pronto vas dejando a tus discípulos y te quedas solo; completamente solo; enfrentado a lo que te va a suceder de inmediato. Tu tristeza es profunda; te sientes abandonado hasta de los más íntimos que no son capaces de velar y orar contigo en aquella larga noche. Quiero, Jesús, estar contigo en tu soledad.
3.- No deseas una compasión fácil que a nada compromete, una compasión estéril. Deseas una fe profunda; una fe total en todo el misterio de la redención. "Por nosotros los hombres y por nuestra salvación, descendiste del Cielo; y te encarnaste por obra del Espíritu Santo, de María la Virgen y te hiciste hombre. Y fuiste crucificado por nosotros, bajo el Poder de Poncio Pilatos". Yo creo y me adhiero al misterio del Redención, Señor. Y te adoro, oh mi Cristo. Mi fe asume el escándalo de la cruz y el dolor de no sentir en mis venas que se revuelve mi ser entero; para mí es una humillación de mi fe dormida. Pero yo creo con toda mi alma y te ofrezco este dolor para unirme a las tinieblas de esa noche del Huerto en tu dolor. Me uno a Ti en el tedio fuerte de mi vida, cuando ya no puedo esperar nada nuevo en mi vida, cuando experimento que esta vida es muy vacía en sin ti, y contigo es dura, pero se abre a una gran esperanza.
4.- Es la hora de amarte en pura fe; de amarte con toda mi alma. Así te amo, aunque mi alma ahora sea tan pequeña. Ofrezco a Ti, que estás orando en el Huerto mi vida con toda su felicidad e infelicidad. Te ofrezco mi entendimiento y mi voluntad, mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, os lo devuelvo. Dadme vuestro amor y gracia; éstas me bastan.
5.- Quiero sufrir contigo; que cuanto me envías directa o indirectamente sepa aceptarlo, Señor. Que siempre que sufro deseo lo que yo quiero. Que sepa aceptar lo que Tú quieres o permites en mí, como lo hizo Jesús. Me uno a tu cruz. "Si alguno me sirve - dices que me siga; y donde yo esté allí también está mi servidor". (Jn. 12, 24-26)
6.- Deseo entrar en la noche contigo siempre que me invites, como ahora en este último mes me has invitado. Y que sepa centrarme en la oración en medio de la tribulación. Darme cuenta de que en la tristeza no conviene dejarse llevar de la acedia, sino con total diligencia aumentar incluso el tiempo de oración. ¡Qué importante tu oración en medio de la agonía de Getsemaní! Jesús, orabas en medio de la tristeza, porque te preparabas para el momento mesiánico por excelencia.
7.- No tienes otro alimento sino cumplir la voluntad del Padre. Tu vida está jalonada por la oración en todos los momentos importantes. Me uno a tu deseo: Vigilad y orad para no caer en la tentación. Conozco mi propia debilidad y caducidad; conozco mi indefensión humana; para pedir remedio me acerco a Ti; y para unirme con fe a tu pasión y llevar mi parte de cruz. Quiero que no me encuentres dormido en mis tristezas. Asumo mi dolor incluso en la amargura de la fe; incluso cuando me ataca el tedio de vivir.
8.- Y me uno a tu dolor y a tu súplica: "Si es posible, pase de mí este cáliz". Siento una especie de vértigo. La victoria de la fe es la obediencia. Me pongo en tus manos, Jesús. "Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo".
9.- Un ángel te confortaba, Señor, y te ayudaba. ¡Pasión de Cristo, confórtanos! Y ayúdame a confortar y ayudar a cuantos sufren; a cuantas personas tenga yo acceso a su dolor.
10.- Y entraron en el Huerto y te prendieron. Contemplo tu señorío aun en los momentos más crudos. Me anonada, Jesús, tu actitud serena junto a Judas, junto a los soldados. Te entregaste, Señor, voluntariamente a tus perseguidores; y cuando vienen a prenderte, realizas una curación. Envíame este amor, esta entrega, esta generosidad como instintiva incluso ante nuestros perseguidores. ¡Y te dejaste maniatar! A través de la insensatez de los hombres obedeces los planes de Dios. Te haces fuerte en la debilidad. Dadme un poco de tu fortaleza para colaborar en tu pasión.
II
ULTRAJES EN LA NOCHE DE JUEVES SANTO
1.- Jesús llega indefenso a casa de Anás. Noche triste la de Jesús. Allí se entretienen los soldados cubriéndole con un velo los ojos y le preguntan: "¡Adivina! ¿Quién es el que te ha pegado?". Te despojaste de tu gloria, Señor, y ya no tienen respeto ni a tu dignidad humana. Contemplo a mi Dios, hecho hombre, indefenso. Me lleno de dolor ante mi actitud con relación a mi poco amor a Él y a todos sus hijos. Que me dé cuenta de que todo pecado contra la dignidad humana es un pecado contra la majestad de Dios. No tengo que humillar, avergonzar, zaherir, criticar, juzgar, empequeñecer, maltratar... que me dé cuenta de la dignidad de todos los hombres. Lejos de mí el alfilerazo, la represalia, el odio, el rencor, el recordar los males de otras personas. El desahogo que sea excepcional y una sola vez.
JESUS ANTE EL SANEDRÍN
1.- Le preguntan si es el Cristo; el Hijo de Dios. Contesta que sí. Supo dar testimonio en medio del peligro total. Soy invitado en este acto a dar testimonio de mi Dios, de mi Señor Jesús. Soy invitado al acto de fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y lo hago con toda mi alma, en la oscuridad y en la absoluta certeza de que así es. ¡Oh Padre, Tú eres el defensor de tu Hijo! Creo en Dios Padre, en Dios Hijo, en Dios Espíritu Santo. No me queda más que un acto de fe sobrecogido en adoración.
2.- Bien sé, Señor, de quién me he fiado. Tú has sostenido tu doctrina aun en el momento de ser acusado y sentenciado. Ven en nuestra ayuda por siempre. Da todos tus cristianos, a los más allegados, a aquellos con quienes me relaciono, dales fortaleza para confesarte aun el peligro, aun cuando suponga un sacrifii
JESÚS ANTE PILATOS Y HERODES
1.-Fuiste, Jesús, llevado de la manera más absurda y arbitraria de un tribunal a otro; sin consideración; sin garantías, con el único fin de cubrir un poco las apariencias para sentenciarte. Me uno con fe a tu pasión; me uno con amor a tu dolor. Dadme amor hacia todos los que sufren.
2.- Pilatos no encontró ningún motivo para condenar a Jesús. No vio motivo en el hecho de que dijera de sí mismo que era el Hijo de Dios, ni en que fuera Rey, aunque su Reino no era de este mundo. Pero lo condenó. No aguantaban la soberanía del Señor, su autoridad, su grandeza. Su mirada algo tenía; su palabra, llena de poder, su libertad resultaba misteriosa. No lo aguantaban. "Cualquiera que ame al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí". El "Yo" de Jesús, lleno de misterio, no lo aguantaban los que tenían el poder.
3.- Cuando Pilatos va a dar sentencia, insiste en que es inocente. Con claridad aparece, incluso en el proceso, la inocencia de Jesús. Ten misericordia de nosotros los hombres, Señor, que no somos capaces de creer a fondo, ni de seguir los caminos de la justicia, ni de defender al débil y calumniado. Pero, a la vez, danos fuerza para ser más compasivos, más misericordiosos, más justos.
4- Cuando es enviado Cristo ante Herodes, se hacen amigos los dos que no ser querían: Pilatos y Herodes. Alianza entre el poder enemigo. Frecuente también ahora. ¡Que me dé cuenta de lo cuanto de quebradizo y malvado que consigo lleva el poder humano! Todos se ponen de acuerdo para condenar a Jesús. ¡Misterio de iniquidad! Es frecuente ver cómo para ensañarse con el débil se unen muchos. Aquí ocurrió.
Es el reverso de la comunión de los santos: ensañarse con el débil o con el fuerte en ideas pero débil en quien las comparta, que es lo mismo. No puede ser. Danos fe y fortaleza para defender a quien todos vituperan.
5.- Comienza a oírse el grito: "¡Crucifícale!" Prefieren que se suelte a Barrabás que a Jesús. Es un rechazo a Jesús sin ninguna excusa. Es una apostasía colectiva contra Aquél que pasó su vida haciendo el bien. No respetaron al Hijo de Dios. ¿Yo no me he unido más de una vez a este drama como malvado? Me da miedo el pensarlo, el imaginarlo, el tener que dar una respuesta positiva. Tú lo sabes, Señor, prefiero acogerme a tu misericordia, pero haz mi corazón del todo misericordioso, del todo , del todo, sin un mínimo de acritud.
6.- Que Tú seas, Jesús, el Señor de nuestras vidas. Que penetre en mi alma el misterio de tu pasión: la cobardía de Pilatos, la apostasía del Pueblo, la traición de Judas, la negación de Pedro... Que sepa yo enfrentarme con la conciencia de pecador; que no vaya perdiendo la conciencia de pecado. Eso sí, que sepa mirarte a Ti, Dios mío, juzgado y condenado por nuestros pecados. Que me deje mirar por Ti como lo hizo Pedro cuando le miraste. Me acojo a tu mirada misericordiosa.
III
JESÚS, REY HUMILLADO
1.- Contemplo a Jesús cuando Pilatos le pregunta: "Luego Tú eres Rey?" y Cristo responde: "Sí; soy Rey, pero mi reinado no es de este mundo". Herodes se ríe de Él, y para escarnio lo manda vestir de rey, con burla, con desprecio. Es hecho objeto de burla como rey humillado. Quiero ver aquí la dignidad de la persona divina humillada, maltratada, injuriada por la maldad del poder humano, de la soberbia humana. Y quiero ver también aquí representada la maldad del hombre que pisotea la dignidad de la persona humana. Y la persona humana y su dignidad está por encima de las dignidades terrenas donde se escuda muchas veces el poder. Dame, Señor, apreciar esto así. Dame sacar de esta contemplación un gran amor a Ti, mi Dios que sufrió la pasión y un gran amor y respeto a las personas que pueblan la tierra y de un modo especial a aquellos con quienes de una manera u otra me relaciono.
2.- Jesús no pretende destruir el poder humano, ni a los líderes de él, pero sí el totalitarismo del hombre que para su provecho se sirve, abusa y desprecia al ser humano semejante a él.
3.- Jesús, aunque parezca un sarcasmo, el hecho es que reinas desde la Cruz; y reinas de allí por el amor que nos tienes, porque desde ella nos redimiste. Por eso en Ti encontramos la salvación denuestras almas, nos inclinamos ante el débil, y quieres Tú salvar a cuantos sufren. Ven y ayúdanos a dar eficacia; o mejor, haz eficaz y eficiente en nosotros tu reinado desde la cruz; de tal manera que el pobre encuentre en ti su salvación y seamos nosotros portadores de tu salvación.
4.- No has querido establecer, Señor, tu Reino en este mundo, pero sí el inicio del mismo: sin territorio, pero en todo el mundo; sin dinero, pero con colaboración de cuantos tienen buena voluntad.
5.- Jesús nos has enseñado una lección práctica: el verdadero poder consiste en servir, en amar, en ayudar, en salvar. Esto es lo cierto. Del modo como los padres ejercen el poder hacia sus hijos, amando, ayudando, aconsejando, orientando, educando, sirviendo, así ha de ser el ejercicio del poder humano. Ayuda a cuantos gobiernan para que tomen conciencia de ello. Ayúdame para que en poco o casi nada que me queda de poder sea eso, un servicio y nada más que un servicio.
IV
HACIA EL CALVARIO
1.- Jesús, fuiste entregado a la voluntad de los dirigentes judíos. Te encuentras como presa y rechazo del pueblo de Israel. Deseo contemplar tu pasión, sí, desde la compasión natural y sobrenatural que nos han enseñado a lo largo de los siglos. "¡De compasión y lástima, ya siento el pecho herido de haberte ofendido con negra ingratitud. Amante, Jesús mío, oh cuánto te ofendí; perdona mi extravío, y ten piedad de mí".
2.- Pero además de esta compasión hacia Ti que sufriste, aunque ahora estás impasible, quiero centrar mi atención en la contemplación de la Pasión en la fe. No eres solamente héroe del sufrimiento; eres sobre todo el héroe del Amor, porque tu dolor supone un total y absoluto amor a los hombres a quienes deseas salvar con todo el empeño que la salvación supone. ¡Has venido a salvarnos! Creo en la redención; creo que deseas con todo el deseo de Dios salvar a todos los humanos.
3.- Me acerco a tu sufrimiento en la cruz, porque revela el amor que nos tienes; y en esto quiero profundizar. Ven, Señor, en nuestra ayuda; apresúrate, Señor, a socorrernos. Tu sangre sigue purificando a la Iglesia; me uno a tu sangre para que nos purifique; aplica, Señor, esta salvación por la mediación de sus sacerdotes que han de ser santos. *
4.- Con María la Virgen Madre de Dios que está presente en la pasión de su Hijo, deseo estar; saber sufrir con ella los dolores que me tienes reservados tanto en lo físico como en lo mora. En pie, siguiendo a Jesús, y al pie de la cruz hasta su último suspiro salvador.
5.- Jesús, apareces en tu pasión como profeta y testigo de Dios y como Hijo de Dios. Apareces como el justo perseguido. Apareces como el siervo de Yahvé, anunciado por Isaías. Apareces como el Cordero de Dios, el que quita los pecados del mundo. En todos estos símbolos apareces Jesús como la figura de la misericordia hacia nosotros, que pide perdón al Padre por nuestras maldades. Ten compasión de los hombres, y desde nosotros los que creemos y esperamos en Ti, aplica la salvación a los hombres de este mundo: a los alejados, a los tibios, a los no creyentes, a los buenos pero insuficientemente buenos, a los que mandan, a los que están siempre debajo...
6.- Teofanía o manifestación de tu misericordia. Pediste por el Pueblo diciendo: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen". Ten misericordia de nosotros. Perdona a tu Pueblo, Señor, perdona a tu Pueblo, perdónale, Señor.
7.- Que sigamos los pasos de la Pasión, contemplando el resplandor de Dios hecho amor y hecho misericordia, hecho gracia de salvación y humildad, hecho favor al hombre y humildad obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. Adorámoste, Cristo y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste al mundo.
V
EL CIRINEO AYUDA A JESÚS A LLEVAR LA CRUZ
1.- Jesús tomó la cruz, después de la sentencia dado por Pilatos. ¡Qué estremecimiento de terror y angustia tuvo que recorrer su cuerpo! He de entrar en contemplación silenciosa de aquellos momentos. Jesús, el dueño de la vida, condenado a morir. Y lo veo andando vacilante con la cruz a cuestas y cae una vez. Entonces obligan a un hombre, el Cirineo a que tome la cruz con Jesús. Simón el de Cirene es llamado a llevar la cruz de Jesús. Me uno a Cristo en acto de fe y amor. Me entrego a Él y escucho su palabra "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame". Yo discípulo soy llamado a compartir la cruz de Jesús, a ir detrás de Él con mi cruz. Me ofrezco y se la ofrezco con cariño y amor. Yo, que pertenezco al Cuerpo Místico de Cristo, estoy completando con mi sufrimiento lo que falta a la pasión de Cristo; lo que nos brindó a nosotros con amor.
2.- Simón representa al amigo que ama. Comparte el peso de la cruz con Jesús. No es para él tarea grata. Le costaba, y probablemente si no le hubieran obligado, no le hubiese ayudado. Después le ayudó, cuando conoció a Jesús, con empeño. Es una lección para mí, Señor. Y medito la frase de San Pablo: "Que cada uno lleve las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo". He de llevar con amor la cruz de Jesús en mis compañeros y personas necesitadas. Ayúdame.
JESÚS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
1.- Veo en Lucas 23, 27-32 cómo Cristo era seguido por gran multitud del Pueblo y había mujeres que se dolían y lamentaban por Él. Bastantes le seguirían por curiosidad; también algunos, como las mujeres, llenos de compasión, dolorosos de lo que estaban haciendo con Él. Y Cristo les dice: ""No lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: "Dichosas las estériles...". ¡Solamente aparecen, Señor, como cercanas a Ti las mujeres! Aquellas palabras del Señor parecen como un juicio anticipado de lo que iba a suceder con la destrucción de Jerusalén. Que me dé cuenta, Señor, de que ahora, en medio de la fe, cuando hemos de fiarnos de Ti con confianza, cuando no vemos las cosas con la claridad del sol, hemos de fiarnos de Ti, trabajar por Ti, amarte y amar a nuestros semejantes. Pero que me dé cuenta de que esas palabras dichas a las mujeres llevan en sí una dura realidad, la catástrofe, la justicia divina sobre el pueblo infiel.
2.- Tus palabras, Señor, suponen el juicio de Dios, son preludio de la catástrofe final. Quiero mantener siempre en mi mente la escatología: la destrucción de Jerusalén símbolo del fin del mundo. Dios mío, eres amor. Y en la misma medida en que eres amor y misericordia, aparecerá tu justicia en este mundo y en el momento del juicio final, y en toda la eternidad. Líbranos ahora y danos tu gracia ahora que es tiempo de esperanza. Tú que eres amor que salta hasta la vida eterna, dadnos sacerdotes santos que impulsen a amarte y a temerte en esta vida para que en la eternidad tengas misericordia de nosotros.
3.- Señor, sí, nos abandonamos en tu misericordia. Confío. Pero nunca he de olvidar el santo temor de Dios. Nadie como el Hijo de Dios sabe lo que es el temor de Dios, porque nadie como Él sabe qué es un amor que ha llegado hasta el extremo. Es tremendo caer en las manos de la justicia de Dios. Creo, Señor, en el Cielo, y creo en el Infierno. Líbranos, Señor, de aquel lugar... Me abandono en tu misericordia.
VI
LA CRUCIFIXIÓN
1.- Llegados al Calvario lo crucificaron a Él allí y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y pronunció Jesús una palabra de salvación y otra de perdón. El Buen Ladrón dirigiéndose a Jesús le dice: "Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino". Y Jesús le dice: "Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso". Me acuerdo yo también a la cruz; contemplo con corazón compungido aquel cuadro dramático. Escucho esas palabras de salvación y confío en Jesús que ha venido a darnos la salud eterna. Y le digo: "Acuérdate, Señor, del juramento que hiciste a nuestros padres. Acuérdate de tu misericordia. Ten compasión de nosotros por tu bondad y tu lealtad".
2.- Obedeciste, Jesús, al Padre hasta el abismo de la muerte, del perdón y del pecado. En lo alto de la Cruz resplandece el amor absoluto y gratuito de la Santísima Trinidad hacia nosotros. Te adoro en la Cruz, Jesús, y te ofrezco al mundo entero. Sálvanos.
3.- "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen". Mueres personando y excusando. Lección sublime de perdón. Y lo suplicas al Padre, Señor, y te pones en medio por intercesor, ofreciéndote en la Cruz. No entiendo este sublime misterio. Sí comprendo a los santos que cuando alguien no quería perdonar alguna injuria, le mostraba el crucifijo. Enséñame, Señor, esta sublime lección del perdón.
4.- Cuanto más pienso en tu bondad divina, más convencido estoy de que eres el gran perdonador. Dadme siempre esta gran confianza. Y aumenta, Señor, mi fe.
5.- Para los judíos era escándalo que el Mesías muriese en la cruz; para los romanos y paganos era locura; para nosotros es sabiduría y fuerza; así nos lo dice San Pablo 1 Cor. 1-2). Ilumina los ojos de mi alma para que contemple en este crucificado al verdadero Hijo de Dios. Tú, Jesús, crucificado eres nuestro amor; no te cambiaré por nadie, Jesús.
6.- Me uno al pie de la cruz con la Virgen María. La acepto allí como madre mía. Oh María, Madre mía, oh consuelo del mortal: amparadme y guiadme a la Patria celestial. Escucho las palabras de Cristo en la Cruz: "Mujer, ahí tienes a tu hijo... hijo ahí tienes a tu madre". Y la acojo por madre y me entrego como hijo. Madre, madre querida, tus fieles hijos somos: dirígenos amante tu mirada de amor...
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
1.- Jesús muere en la cruz. Contemplo las palabras penúltimas y las últimas. "Padre, ¿por qué me has abandonado?" Se siente el mismo Dios, el Hijo abandonado, como olvidado del Padre. Esto me llena de amargura; sé que es un signo de las pruebas que hemos de pasar en la fe los cristianos. Te sientes abandonado. Algunas veces me he sentido como abandonado en el dolor: sin ganas de vivir ni nada. Me uno ahora a Ti, ahora que estoy bien, y no permitas que jamás me aparte de Ti, cuando me encuentre abandonado. Que no desespere que sepa confiar.
2.- Y por encima de todo déjame, Padre, pronunciar ahora y cuando me encuentre en los últimos momentos y cuando me halle sin ganas de nada, con el tedio vital: "En tus manos, padre, encomiendo mi espíritu". Vivir contigo en la serenidad de la fe; morir también así contigo. ¿Que en medio de todo hay momentos duros? Mantén mi fe acrisolada en esos momentos. No permitas que me aparte de Ti. Siempre contigo, hasta la muerte, y después en toda la eternidad.
3.- Ha nacido un nuevo culto espiritual. Jesús ha destruido el culto del Antiguo Testamento; ahora, la Nueva Alianza. Glorifico al Padre en esta Nueva Alianza; doy gracias y la acepto con gozo en el alma. Me uno a la vida de Cristo en glorificación al Padre. Jesús, sacerdote y víctima; participo de su sacerdocio y de su ser victimal; por eso ofrezco ahora al Padre mi vida, mis trabajos y sufrimientos, mis gozos y alegrías.
4.- Mi vida entera sea, Señor, glorificación al Padre. ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Jesús expiró en los brazos del Padre; sea así mi vida y mi muerte también. Cuando quieras, pero siempre en tu gracia y amor.
5.- Abierto tiene el pecho y abierto el corazón; venid y encontraremos en Él la salvación. De tu costado abierto nace la Iglesia, Señor. Ahí me refugio. Dentro de tus llagas, escóndeme. Y no permitas que jamás me aparte de Ti.
6.- El Verbo de Dios se hizo silencio. Expiró en la Cruz. Sus últimas palabras fueron encomendar su espíritu al Padre. Sea también esta mi última palabra, y la penúltima, y mi vida entera. En tus manos encomiendo mi espíritu, Señor.
VII
CONFESIÓN DEL CENTURIÓN
1.- Contemplo la escena inmediata a la muerte de Jesucristo: el centurión toma la lanza y atraviesa el costado de Cristo, y brota de él sangre y agua. "Abierto tiene el pecho y abierto el corazón; venid y encontraremos en Él la salvación". El centurión marcha de allí gritando: "Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios". Un pagano, un centurión romano proclama la divinidad de Jesús con un acto de fe. Ofrezco al Padre en acto de adoración la justicia de su Hijo y su obediencia hasta la muerte. En Jesús todos hemos encontrado la propiciación de nuestro pecados. Señor, yo creo como creyó en centurión romano; yo creo con toda mi alma, pero aumenta mi fe. Yo te amo con todo mi corazón, pero aumenta mi amor que me lleve a proclamarte en todo momento.
2.- Dadme unos ojos nuevos como al centurión; dadme un corazón nuevo como a tus Apóstoles, dadme un nuevo sentir para que nunca me manifieste indiferente ni remiso en cuanto se refiera a tu gloria. Que en el cuerpo muerto de Jesús muera nuestra carne de pecado; ven en nuestra ayuda, Señor. Cristo vence después de la muerte; Cristo reina; Cristo triunfará, pero ayúdanos a los cristianos a predicar tu santo nombre por siempre y a dar testimonio de tu muerte y resurrección.
3.- Acepto el dolor, la enfermedad, los contratiempos porque tú los sufriste, y confío en Ti. La liberación del sin sentido de la existencia humana solamente la encuentro en Ti. La Cruz va a ser la esperanza de mi salvación, de la de todo el mundo.
SEPULTURA DE JESÚS
1.- Contemplo ahora el descendimiento de Cristo de la Cruz a manos de José de Arimatea. La Virgen María tiene en sus manos el cadáver yerto de Jesús. Todos compungidos y en silencio van con el cuerpo hasta el sepulcro. En medio de la huida, de la apostasía general, quedan solos unos cuantos íntimos del Señor acompañándole al sepulcro, con tristeza suma, pero con gran esperanza en el fondo de su corazón. Las mujeres iban detrás y vieron cómo colocaban a Jesús en el sepulcro. ¡Piedad de unos profundos sentimientos de amor!
2.- El sepulcro representa la noche de la muerte en su sentido más trágico. Al cerrarlo daba la impresión de que se cerraba toda una esperanza. Es como el límite, el anonadamiento de la entrega de
Jesús. Pero la Virgen espera contra toda esperanza. Algo sucederá. María ha transformado la tristeza en profundidad de fe. Algo sucederá. Para ella comienza la preparación de verdad de la resurrección del Hijo. Y así fue... De la cruz, a la luz. De la muerte, a la vida. Del sepulcro, al Sagrario...
Estos ejercicios fueron hechos 2-6 ABRIL DEL 2001 en Burlada, Navarra, España
Nota: muchas de las ideas de estos ejercicios espirituales breves están tomadas del libro de Javier Garrido: "Mirarán al traspasado". En Burlada, Navarra, 5 de abril del año 2001; un año después y en el mismo lugar en que viví mis Ejercicios Espirituales de mes.