ARTÍCULOS: "REFLEXIONES DESDE LA DEBILIDAD" PARA ENFERMOS, MINUSVÁLIDOS, ANCIANOS...

AUTOR: JOSÉ MARÍA LORENZO AMELIBIA. AÑO 2005.

APARECIDOS EN LA REVISTA DE LA DIÓCESIS DE PAMPLONA "LA VERDAD". Mi correo electrónico: mistica@jet.es  

  

ME SUCEDIÓ EN UN BELLO DÍA DE PRIMAVERA. - Nº 476

El 2 de junio 05 amaneció con una hermosa mañana de sol y vida; primavera suave y llena de alegría. Yo me encontraba a gusto, aunque con una ligera molestia de estómago. La manzanilla, mi medicina predilecta cuando me acechan estos pequeños males, no surtía ningún efecto.

"Voy a hacer algún recado" – me dije -. "Ya cesará el dolorcillo". Pero el malestar continuaba cuando caminaba junto a mi clínica. Opté entonces por entrar en el centro sanitario, más que nada porque soy algo aprensivo. ¡Y más vale que cedí al impulso de mis "neuras"! No me permitieron salir: angina de pecho. Pocos días más tarde me operaron de obstrucción de las arterias coronarias. Me colocaron tres bypass. No habían transcurrido setenta horas, y hubieron de practicarme con urgencia una operación de pulmón para sanar una fístula pleural que me causaba asfixia. Después todo se fue complicando: neumonía, disfunción renal y por fin septicemia. Mi estado era gravísimo, preagónico, y avisaron a mi familia, pues no se veía solución. Mi esposa y mi hija con gran fe y esperanza invocaron a Jesús, poniendo como mediador al padre Nieto (1), y comenzaron la novena.

Pocas horas después les comunicaron que el avance del mal se había detenido, y comencé a mejorar desde ese momento. Permanecí hospitalizado durante cuatro meses. Quedé tetrapléjico a causa de la prolongada sedación. Poco a poco he ido recuperando el movimiento. Personalmente no conozco ningún caso de sanación después de tan extrema gravedad. Para mí se trata de algo más que "una gracia especial", aunque subordino mi juicio al de la Santa Iglesia.

Durante la larga recuperación de una grave enfermedad, se mira la vida temporal de una manera distinta; como con menos apego a todo lo de aquí abajo. Se aprecia la Providencia de Dios que decide mantenerte en el mundo una temporada más; pero igual de providente será el Señor cuando decida llamarme hacia Él, sin otorgarme otra propina en el tiempo.

El agradecimiento a mi familia y a cuantos me han ayudado es enorme: creo que es el sentimiento que más abunda en mi alma.

Dios es Padre y da fuerza para sobrellevar dolores, y nos ayuda a mantenernos en paz en medio de las circunstancias más adversas. Estos son mi testimonio personal y mi experiencia.

(1) Fue un santo jesuita, director espiritual del Seminario Universidad Pontificia de Comillas. Murió en 1974. Está introducida su causa de canonización.

IMÍZCOZ. - Nº 477

Hablar entre el clero navarro de Imízcoz, de Don José Mª Imízcoz, era sinónimo de iniciar una conversación del espíritu, de santidad, de apostolado o trascendencia. Todo el mundo le recordará como el sacerdote bueno y amigo de todos. Imízcoz no tenía hiel. Su figura parecía de hombre enfermo, y a la vez fuerte. Era muy delgado y esbelto. Hubo de cuidar su salud durante gran parte de su vida, pero sin ninguna obsesión y con una paz envidiable. Yo lo veía un poco al estilo de San Pedro de Alcántara, como "un manojo de sarmientos", en frase de santa Teresa de Jesús.

No he tenido la suerte de mantener trato continuo con él, pero sí el suficiente para apreciar al hombre de Dios; al sacerdote que trabajó durante toda su vida a favor de sus hermanos los curas y de los seminaristas.

En la última etapa de su existencia terrena, el cáncer mordió su cuerpo, pero no su espíritu. Luchó con paz contra la enfermedad, y todos creíamos que la había vencido. En aquellos largos meses supo llevar sus dolores con serenidad, y colaboró hasta el fin con sus compañeros de ministerio en tandas de Ejercicios Espirituales y, en lo más suyo, el acompañamiento espiritual a sus hermanos y seminaristas.

El 31 de marzo 05 tuve la suerte de conversar con don José Mª durante media hora de paseo por la ciudad. Nuestra charla era animada, y enseguida tomó el tinte espiritual de una manera espontánea. Esto recuerdo de aquella tarde del jueves de Pascua:

"Sí; voy mejor con el cáncer. Me costó asimilar la situación de enfermo, pero me encuentro con paz; voy mejor, y será lo que el Señor quiera". Nuestra conversación fue derivando hacia la idea del sacrificio. Él me decía algo que se grabó en mi alma:

"Creo que hemos de modificar nuestro concepto de sacrificio. Ten en cuenta que se trata de un término positivo; no de una mera privación penosa. Se trata de hacer sacro lo que no era, y esto exige una comunicación de la santidad divina. Es cierto que un sacrificio puede comportar un significado penoso, pero no debe identificarse con él. Llega a ser verdadero sacrificio si se transforma en una comunión más íntima con Dios".

Yo veía que Imízcoz hablaba desde su experiencia de fe, bien fundada en la Teología. Y añadía: "El sacrificio de Cristo consistió en llenar de amor su sufrimiento y muerte, hasta el punto de obtener la victoria del amor sobre la muerte. La resurrección es parte inseparable del sacrificio de Cristo y constituye el éxito positivo". Estas ideas meditaba don José Mª en los meses anteriores a su llamada a la casa del Padre.

Cuando en agosto del 05 me informaron de que este santo sacerdote había ya abandonado su estancia en el mundo, me encontraba en la clínica superando una grave enfermedad. Con emoción dije al Señor: "Danos sacerdotes santos del estilo de éste que se nos ha ido".

 

MUCHOS GRANDES CREADORES. - Nº 478

Ser rico, listo, guapo, buen deportista, triunfador. Parece el no va más de esta vida; la aspiración de todos los humanos. Pero a mí me da qué prensar y no sé si será tan buena suerte.

José Guimón es catedrático de psiquiatría. En una conferencia afirmaba : "Existe una relación entre la depresión y la manifestación artística. Es evidente que crear exige un cierto grado de frustración".

Conocemos el caso de varios pintores famosos impresionistas que nunca hubieran llegado al cenit del arte sin ciertas taras de tipo psicológico e incluso fisiológico. Basta recordar a Lautrec y a Van Gogh. Parece ser que los genes que provocan la angustia dan lugar a una especie de vibración en el sistema nervioso que impulsa al artista a proyectarse en la obra.

En literatura ocurre algo parecido. Se ha comprobado en un taller de escritores norteamericano la incidencia de problemas maníaco – depresivos con una producción literaria rica en imaginación, belleza y calidad en todos los sentidos. Basta asomase a los estudios profundos realizados por los autores Nancy Andresen y Kay Jamison.

A veces da la impresión de que las personas felices no sienten esa euforia necesaria para la realización de grandes creaciones literarias y plásticas.

Y en los anales de la santidad, también en muchos casos se comprueban las grandes frustraciones psicológicas, afectivas, de tipo depresivo o fisiológico que han estimulado a pacientes venerables hacia las cumbres de la santidad. De todos es conocido el caso de San Francisco de Borja, San Telmo, Santa Gema Galgani y otros muchos que nunca hubieran llegado a las cumbres de la santidad sin las grandes taras, malformaciones o desengaños que sufrieron.

A lo largo de mi vida me ha tocado tratar con personas de una gran talla espiritual. En varias ocasiones he comprobado que el inicio o el estímulo principal de su virtud ha comenzado con ocasión de una enfermedad o accidente. En otros, ante la infidelidad de su cónyuge. Con frecuencia, al no poder conseguir lo que para ellos era la suprema ilusión de su vida, se han entregado a una profunda vida interior.

En muchas ocasiones las desgracias aparentes son verdaderos dones de Dios que nos impulsan a las alturas. "Quien tiene colmadas todas sus necesidades o aspiraciones, muchas veces no pasa en lo humano de ser una medianía" (José Guimón).

Cuando llega la frustración es preciso sentarse tranquilo en la presencia de Dios y pensar confiados por qué senderos querrá llevarnos.

 

HAY MINUSVÁLIDOS FELICES. - Nº 479

Me gustó mucho la noticia de un consejo de ministros no muy lejano: habían decidido reservar el 5% de las plazas de funcionarios para discapacitados. Además, con una particularidad: si no se adjudicaban algunas de las plazas, se sumarían las que faltaban a la convocatoria siguiente. La sensibilidad de nuestra sociedad está apostando claramente a favor de estas personas que en épocas pasadas han sido marginadas.

Me da alegría cuando veo a un hombre o a una mujer que desde una silla de ruedas gobierna, dirige o toma decisiones de importancia y goza del respeto de toda la sociedad.

Van cambiando los tiempos – a mejor por supuesto – de aquellos años tristes en que veíamos a un grupo de niños tirar piedras contra un mendigo minusválido.

Me impresionó favorablemente el caso del joven Pau Casanvaj. En 1994 sufrió un accidente de coche que le dejó en coma durante un mes. Cuando después ingresó en la unidad de rehabilitación, no podía andar, hablar ni estar de pie, y sólo era capaz de atender órdenes simples. En diez años de fuerza de voluntad, y ayudado por la doctora Carmen Martínez ha sido capaz de llegar a una total independencia en sus actividades diarias. Debe también mucho al apoyo y colaboración de la familia. Hoy ha escrito un libro, "Pensamientos que no cambian", contando su experiencia, y ha abierto una página web para promover el diálogo sobre algunas cuestiones planteadas en su libro. Hacer ver siempre muy claro que también un discapacitado puede ser muy feliz.

Si a estas actuaciones humanamente ejemplares añadimos la riqueza de la fe, el que ha sufrido o nacido con una minusvalía, jamás debería estar triste. Sabe que Dios es su Padre, y que "para quien ama a Dios todas las cosas contribuyen para el bien". Por eso descansa en su Providencia con paz en su amor. Sabe asimismo que está mereciendo en esta vida, mientras ofrece al Señor las propias carencias por la extensión de su Reino y en favor de tantas personas por quienes ora. ¡Y se une a Jesús en su pasión! Con la total esperanza de que gozará con Él de la Resurrección.

¡Qué importante para todos vivir con criterios de fe!

 

MÁS SANOS, SIN ESTRÉS. - Nº 480

Cuando yo era adolescente leía un libro titulado "La curación por el espíritu". Casi parecía una novela de ciencia – ficción, y creo que muy pocos le hacían caso. ¿Cómo controlando las emociones, la imaginación y ciertas fuerzas anímicas negativas podría uno curarse?

Cada día son más los médicos que hoy creen y enseñan lo que hace cincuenta años parecía un ensueño.

David Servan ha levantado ampollas con su libro "Curación emocional", fruto de veinte largos años de investigación. Ha llegado a la conclusión de que una vida alejada del estrés nos hará más sanos. Y si caemos en la enfermedad, podemos superarla mejor. Este hombre aconseja en sus conferencias acudir a métodos sencillos de autocontrol para tratamiento de enfermedades cardio – vasculares, cáncer, asma e incluso sida. La mente humana ayuda mucho a la medicina.

Vivir sin estrés nos hace más resistentes ante los virus. Un alma en paz supera antes y mejor cualquier quebranto de salud. Los enfermos que se han desprendido de traumas antiguos, los que saben controlar sus emociones presentes y mantener las ganas de vivir, tienen mayor posibilidad de curación. Proporcionan a su sistema inmunitario todas las armas para luchar contra las bacterias. Y es que el organismo humano está totalmente relacionado con nuestra alma. Es absurdo pretender curar los problemas del cuerpo dejando a un lado los del alma.

Hace unas décadas ignorábamos las bases científicas en esta materia, pero nosotros mismos y nuestros sacerdotes siempre hemos exhortado a los enfermos en este sentido y nos ha ido bien. Da alegría constatar cómo la ciencia va dando la razón a nuestras intuiciones o deducciones filosófico – religiosas que a lo largo de los años hemos ido practicando.

¿Qué puede hacer el enfermo sea cual sea su dolencia? Ponerse con paz en las manos de Dios; depositar en Él las propias preocupaciones. Qué buena la frase del Evangelio: "Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura". Ya lo decía aquel librito sobre el Corazón de Jesús: "Tú ocúpate de mí y de mis cosas, que yo lo haré de ti y de las tuyas".

 

APRENDER A CONTROLAR LAS EMOCIONES. - Nº 481

He conocido a muchos médicos que aconsejan dejar de fumar, abstenerse de picantes o reducir el consumo de grasas. Pero he oído a muy pocos recomendar el abandono de actitudes de mal genio. Sin embargo está demostrado que la gente de mal carácter es más propensa a cardiopatías.

En mis largos años de profesor he conocido a chiquillos afectados de asma. Siempre he tenido buen cuidado de extremar mi amabilidad con estos muchachos. Soy consciente de que los problemas psicológicos no causan de suyo la enfermedad, pero es evidente que el estrés o el disgusto juegan un papel importante en el inicio de la crisis.

Aprender a controlar las emociones puede estimular el proceso de curación. Y por supuesto mitiga cualquier ataque o crisis en muchas dolencias. No existe ningún tratado científico que demuestre que un trauma psicológico pueda provocar un cáncer. Pero sí hemos conocido varios casos de cáncer galopante, después de un disgusto de grandes dimensiones en el paciente o víctima. ¡Alguna relación tiene que haber!

Es del todo cierto que la psicología puede desempeñar un papel preponderante en ciertas enfermedades. En mi juventud padecí úlcera de duodeno. Los médicos que me atendían aseguraban que su origen era psicosomático. Hoy dicen los investigadores que la produce una bacteria. Tendrán razón. Yo sólo sé que, cuando llegué a la madurez y mis problemas emocionales se redujeron, dejé de notar los dolorosos efectos de la úlcera, salvo en raras excepciones. Alguna relación habrá entre las bacterias y el estado de ánimo. También hoy lo reconocen los médicos.

Recomiendo vivamente el desahogo de las propias inquietudes con una persona de bien: psicólogo, sacerdote, director espiritual, amigo bien preparado. Nos puede ayudar a mantener en equilibrio las propias emociones. Un alma serena vive mejor su intimidad y lucha con más éxito contra las propias enfermedades.

 

SENTIMIENTOS DE HOSTILIDAD. - Nº 482

"Un día me sentí indignado en casa por la actitud desafiante, impertinente e injusta de un hijo con relación a nosotros, sus padres. Tuve dominio de mis nervios y le dije al muchacho: "Mañana hablaremos; ahora me voy a dar un paseo". Le dejé solo en casa y en dos horas de marcha por las calles solitarias de mi ciudad, me relajé, se disipó la hostilidad contra aquel ser a quien quince años antes había engendrado. Al día siguiente pude corregirle con dulzura y firmeza. Mi práctica fue eficaz. Si el día anterior me quedo a discutir con él, le rompo la cara".

Esto me contaba un amigo a quien la edad y su formación le habían enseñado a luchar contra el estrés y la rivalidad. Sabía muy bien que estas emociones negativas destruyen la salud, endurecen la conciencia y nos llevan al pecado de ira.

Es preciso aprender a luchar contra los sentimientos hostiles. Cuando una persona está dominada por ellos, la tensión muscular y arterial, el ritmo cardiaco y la secreción de cortisol y adrenalina aumentan sin ningún esfuerzo físico. A veces lo notamos simplemente si nos vemos en un atasco de tráfico y vamos a llegar tarde al trabajo, o el jefe se muestra impertinente. Es preciso aprender a relajarse en aquellos momentos, mas esto lleva consigo un entrenamiento.

Un equipo de investigación realizó un estudio singular para demostrar que el resfriado común se sufre con más frecuencia por las personas estresadas. Un grupo de voluntarios se encerró en un hotel para realizar este control: inyectar a todos el virus del resfriado. El resultado fue que los más estresados o disgustados contrajeron casi todos el resfriado; los más tranquilos quedaron inmunes en su mayoría.

La hostilidad llega a taponar las arterias. Conocemos casos de infarto producidos en el momento del enfado. Y más vale prevenir y aprender a dominarse.

La ascética cristiana nos puede ayudar, como a mi amigo que paseando limpió su alma de toda hostilidad.

Dedicar un cuarto de hora diario a la meditación enseña mucho a serenarse. Quince minutos tan sólo ocupados en un tema relacionado con Dios, en una virtud a adquirir...

La serenidad se va adueñando poco a poco de nuestras almas, y dominamos los impulsos de la ira o del estrés con mayor facilidad. "Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa. Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta; sólo Dios basta", que nos dice santa Teresa de Jesús.

 

EL AMOR Y LA PAZ , VERDADERA TERAPIA. - Nº 483

Pude participar en una sesión de terapia de grupo. Iba como observador, pero había de comportarme como un componente más. Comenzó la reunión con un ejercicio sencillo de respiración y relajación. Era preciso que todos nos halláramos distendidos. Encuentros de este tipo se están revelando beneficiosos para afecciones cardio - vasculares y para el asma. La representación que el enfermo hace de sí mismo y de su dolencia determina su capacidad para movilizar los mecanismos íntimos en orden a la propia curación.

En el grupo se acoge a todos con cordialidad. El monitor asume un papel muy importante. La idea que cada persona tiene de sí misma depende en gran parte de la acogida de los demás. Se trata de un fenómeno altamente reconfortante. Las relaciones afectivas influyen en el proceso de curación de los enfermos.

Uno de los grandes mentores de estos ensayos es Servan Schreiber, hombre joven todavía y profesar adjunto de la facultad de medicina de Lyón. Dice: "El amor es para nosotros una auténtica necesidad biológica. Es mejor ser fumador, hipertenso o estar estresado que dejar de sentirnos queridos por nuestra pareja".

Cuando dentro de un grupo se consigue acogida, amor, comprensión entre todos los miembros, se pueden lograr verdaderos milagros en el terreno de la salud.

Existe también otro camino espiritual tan bueno como la acogida entrañable en un grupo de salud: la paz interior. No me cansaré de repetirlo y me esfuerzo también en practicarlo, no sólo para sanar de enfermedades, también para gozar de una mayor calidad de vida en el tiempo que me resta de permanecer en este mundo. La práctica de la meditación serena, precedida y acompañada de ejercicios de respiración y relajación, es algo que recomiendo siempre. Y desde ahí enfocar todos los sucesos agradables o adversos que la suerte nos depare.

Leí en cierta ocasión esta especie de rezo o proverbio de los alcohólicos anónimos: "Señor, dame ánimos para cambiar lo que puedo cambiar, serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, y sabiduría para distinguir entre ambas cosas". Estos principios sencillos son clave de salud y de una vida llena de sabiduría y paz.

LA DEBILIDAD DE LOS MÁS DÉBILES. - Nº 484

Leía hace poco que en Méjico existe un solo hospital público con departamento de oncología. Allí se forman colas interminables en las salas de espera. Muchos de los pacientes vienen de lejos: hasta dieciocho horas de viaje en autobús. En estas circunstancias el setenta por ciento de los niños con cáncer muere por falta de recursos económicos.

Me ha impresionado el caso de Guadalupe, niña de nueve años. Lleva ocho sometiéndose a operaciones para vencer el cáncer. Sus ganas de vivir y su alegría innata le están ayudando a superar la enfermedad. Su salvación es una ayuda desinteresada que desde hace años funciona en el mundo. Se trata de una ONG pionera en los programas de adopción de niños. Trabaja en muchas partes del mundo y en concreto en Méjico. Se denomina AMANC (Asociación Mejicana de ayuda a Niños con Cáncer). Acoge sin ningún aporte económico por parte de las familias, a niños que forzosamente han de trasladarse a la capital, por no disponer de un centro oncológico más cercano.

La pequeña Lupe así se explicaba ante una periodista: "Cuando yo era chamaquita, tenía cáncer en el riñón, pero ya no lo tengo. Ahora vengo cada ocho meses y ya estoy bien". Y hablaba, hablaba de todo con ilusión: de sus amigos, de la escuela, de lo difíciles que eran las matemáticas: "Siempre te mandan tareas... yo intento hacer los deberes rápido para poder ir a jugar con mis hermanitos en el parque".

El cuerpo de Lupita está rasgado por catorce cicatrices. Los médicos que la atienden llaman a la nena "el milagrito". Por haber sobrevivido a tantas operaciones. Dentro de ocho meses esperan darle el alta definitiva.

Gran parte de mis artículos para enfermos trata de animar y ayudar desde mi experiencia de fe; no sólo desde esta perspectiva se pueden aliviar los males, sino incluso conseguir la curación. Creo que de vez en cuando, aun sintiéndonos ancianos o minusválidos, es preciso abrir los ojos hacia el mundo para tratar de poner remedio a personas que sufren tanto o más que nosotros.

Desde estas líneas abrimos una ventana a este mundo inmenso del dolor y de la enfermedad. Si alguien se siente con fuerza y buen deseo, puede interesarse en ayudar desde su propia debilidad a otros más débiles. La sede de AMANC, financiada por la ONG "Ayuda en acción" está en el centro de la capital mejicana. Se puede prestar colaboración llamando al teléfono 902402404 ó 915226060. Para más información: www.ayudaenaccion.org

 

¿PUEDEN ORAR LOS ENFERMOS? - Nº 485

Todos los años nos insistían en Ejercicios Espirituales en el propósito de practicar la oración mental a diario. Y la verdad es que los compañeros ejercitantes hemos procurado cumplir esta santa decisión. Pero añadían nuestros antiguos ejercitadores: "San Ignacio de Loyola solía dispensar de la oración mental en tiempo de enfermedad, aunque nunca se debe omitir el examen de conciencia".

He comprendido por experiencia propia lo difícil y casi imposible que resulta la oración tradicional cuando se está envuelto en fiebre o en dolores. ¡Contento con poder unirse con el Señor por medio de jaculatorias! En épocas de gran debilidad física, la mente no suele desenvolverse bien en estos temas.

Pero conocemos casos de personas muy santas para quienes ni siquiera el tiempo de enfermedad obstaculiza su relación íntima con Dios. San francisco de Asís sufrió en la última etapa de su vida tremendas dolencias. Una aguda conjuntivitis atormentaba sus ojos; su hígado estaba deshecho; su cuerpo podía considerarse como una piltrafa. Y en la noche más dura de su vida compone y reza "El Cántico a las criaturas", también conocido como "El cántico del sol". Antes exclama: "Anoche el Señor me ha asegurado que mi casa del Paraíso está reservada. Como respuesta de gratitud he compuesto mi canto". Y ésta es su oración maravillosa:

"Omnipotente, Altísimo, Bondadoso Señor, tuyos son la alabanza, la gloria y el honor. Tan sólo Tú eres digno de toda bendición, y nunca es el hombre digno de hacer de Ti mención. Loado seas por toda criatura, mi Señor, y en especial por el hermano Sol, que alumbra y abre el día y es bello en su esplendor, y lleva por los cielos noticias de su Autor. Y por la hermana Luna, de blanca luz menor, y las estrellas claras que su poder creó tan limpios, tan hermosos, tan vivos como son y brillan en los cielos: ¡Loado mi Señor! Y por la hermana agua preciosa en su candor, que es útil, casta, humilde... ¡Loado mi Señor! Y por la hermana Tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra que da en toda ocasión las hierbas y las frutas y flores de color, y nos sustenta y rige: ¡Loado mi Señor! Servidle con ternura y humilde corazón. ¡Agradeced sus dones, cantad su creación! ¡Las criaturas todas load a nuestro Señor!"

Transcribo aquí esta joya literaria que nos legó San Francisco de Asís cuando se hallaba envuelto en dolor. Cuando arreciaba el sufrimiento, recitaba la canción en tono más elevado.

Que el Señor nos enseñe, como a sus santos, a elevarnos a Él aun en las circunstancias más duras.

VÍCTIMAS DEL TERRORISMO. - Nº 486

Los muertos en atentado son las primeras víctimas y sin remedio. Pero junto a ellos quedan centenares y millares de personas traumatizadas, heridas, mutiladas y con enfermedades mentales a veces de difícil curación. ¡Si pudiéramos hacer algo por ellas! La generosidad de la gente hacia las víctimas cruentas o incruentas del terror es casi unánime. Todos deseamos ayudar de alguna manera. ¿Pero cómo conseguir la sanación psicológica?

Más de quinientos maquinistas mueven cada día los trenes de cercanías en Madrid. Antonio, un sevillano de 43 años, dejó de ser el 11 de marzo del 2004 una silueta en la ventanilla de la locomotora. Aquella mañana salió del anonimato. Él decía un año más tarde: "Los que nos hemos visto involucrados en aquello y estamos contándolo somos afortunados. Podíamos haber muerto". En apariencia ha vencido casi aquel trauma, pero le ha costado mucho. "Fíjate – dice – la cantidad de trenes que pasan a lo largo de la mañana. Nos pilló a nosotros. Fue una ruleta". Fueron 69 los muertos en aquel servicio conducido por Antonio, y muchos todavía están sufriendo las secuelas de aquella jornada. Antonio nos dice cómo pudo él curarse: "Me sometí a lo que los psicólogos llaman "implosión": volver al lugar donde sucedió la tragedia para doblegar el miedo. Temía no poder estar en aquel lugar, pero había que regresar al trabajo. Gracias a los médicos y a mi familia pude hacerlo".

Es muy importante, cuando se trata de vencer traumas causados por actos terroristas o por catástrofes, no pretender echar tierra encima y querer olvidarlo todo por la brava. Muchas psicosis tienen su origen en problemas traumatizantes "olvidados", pero vivos en el subconsciente.

Los médicos y medicinas son muy importantes para la curación, pero para reaccionar del todo ante hechos bárbaros es preciso elevar los ojos a Dios. "A Ti levanto mis ojos, a Ti que habitas en el Cielo; a Ti levanto mis ojos porque espero tu misericordia". "El auxilio me viene del Señor que hizo el Cielo y la Tierra".

El libro de los Salmos está lleno de sentencias e invocaciones que serenan el alma y ayudan a superar el fantasma de la tristeza y desesperación, aun en las pruebas más duras. Conviene subrayar en nuestra Biblia familiar los versículos que en ocasiones nos han producido efecto saludable. Así podemos repetirlos con mayor facilidad.

Hace muchos años escuché en televisión a una señora algo que me pareció heroico: "Perdono de corazón a los asesinos de mi marido". Y tan sólo había transcurrido una semana después del atentado. ¡Cuánta fe para reaccionar así! De seguro que esta disposición de ánimo ayuda mucho a superar los traumas.

 

 MÁS VALE PREVENIR. - Nº 487

Hace unos días leí de una religiosa: había estado en misiones más de veinte años atendiendo en un hospital a toda clase de enfermos. Acababa de morir víctima de contagio de sida, el temible azote de la humanidad. Un nuevo caso heroico como el del padre Damián. Tal vez esta monja no subirá oficialmente a los altares, pero sí la veremos brillar en el Cielo muy por encima de muchas personas que hoy relumbran en la tierra.

Causan temor el sida y todas las enfermedades infecciosas de transmisión sexual que pueden sufrir también víctimas inocentes.

Hace unos años se comentaba que estábamos ante el final de las enfermedades infecciosas. Pero hoy de nuevo nos amenazan y tal vez con mayor virulencia algunas de ellas, como la tuberculosis. Por otra parte surgen nuevas dolencias de este tipo, y las comunicaciones favorecen la migración de microbios. Por eso los sistemas de vigilancia y prevención han de seguir vigentes.

Sí; más vale prevenir que curar. La sífilis y la gonorrea, enfermedades que han causado estragos en siglos pasados, se creían casi desaparecidas, sin embargo, los consultorios médicos ponen en evidencia miles de casos que las estadísticas ocultan todavía. Muchos creen que hoy se puede pecar impunemente. El preservativo aparece en todos los medios mundanos como la panacea de la seguridad.

Hace ya más de un año, un jueves puse la televisión a altas horas de la noche a ver si por fin conciliaba el sueño. ¡A veces el café hace de las suyas! Y quedé avergonzado de las porquerías que en dos minutos escuché. Y todo lo solucionaban con el preservativo.

Es un hecho: las primeras señales de enfermedad sexual se dan primordialmente en varones de treinta años en adelante, y más aún en homosexuales. Y nunca se ha ofrecido más información que ahora. En cambio nunca hemos oído hablar menos que ahora de la castidad. Tal vez ahí radica el problema. Por mucho que prevengamos, si olvidamos los criterios cristianos, estamos dando coces contra el aguijón. Es preciso volver a explicar bien el sexto mandamiento; mirar a la Virgen María como modelo de pureza; apreciar como personas normales, idealistas y benefactoras de la sociedad a quienes se comprometen con la castidad perfecta; reconocer que para mantenerse puros y castos es preciso una vida de piedad, el sacramento de la confesión, el amor a la Eucaristía y a la Virgen María.

Cuando murió Juan Pablo II, en muchos medios se aplaudía su progresismo social , pero se lamentaba su integrismo en lo sexual. Que conste que cualquier Papa – el presente y los futuros – y cualquier cristiano que respete el dogma católico siempre mantendrán la pureza, el matrimonio monógamo hombre – mujer y la castidad. Todo esto es de origen divino y está en la revelación.

IMPLANTES Y TRASPLANTES. - Nº 488

Hoy resulta más fácil que en la antigüedad sufrir enfermedades y carencias. Se ha conseguido reducir e incluso a veces suprimir los dolores. Doy gracias a Dios por vivir en este siglo, aunque todavía cuánto queda por mejorar en todos los aspectos.

Pronto llegará el día en que cualquier órgano, hueso o tejido del cuerpo humano pueda ser reemplazado por un implante o prótesis. Me enteré del caso de Néctor, un adolescente bilbaíno. Había nacido sordo, y hoy responde con facilidad a cualquier pregunta, y puede participar en toda clase de conversaciones. Su médico afirma: "Desde que lo operé, a sus cuatro años, lleva un implante coclear, recubierto en parte por silicona". Gracias a este artilugio compuesto de una batería, un micrófono, procesador, transistor, receptor y veintidós electrodos, ha conseguido un buen cirujano sacar a este muchacho del mundo de la sordera. Con la ventaja de poder desconectar cuando ciertos ruidos o conversaciones le molesten.

Existen hoy cirujanos, fabulosos técnicos en este mundo de los implantes. La elaboración de nuevos materiales ha allanado el camino. Tienen nombres raros para los profanos: nitinal, polimeros, biocerámica...; también el acero y otros materiales más conocidos forman parte de estos auxiliares de los implantes. Dan alegría estos remedios que dentro de poco van a estar al alcance de quienes lo necesiten. Incluso los temidos aneurismas son tratados con éxito mediante una prótesis de nitinol.

"Salvo el cerebro, todas las piezas del cuerpo humano se presentan potencialmente recuperables", decía con grandes titulares un periódico. Y así ha de ser. Cada vez mayor perfección para remedio de nuestros males.

Mas a pesar del Dr. Barnard, el iniciador de los trasplantes de corazón, es Dios solo quien puede darnos un corazón nuevo: "Dadnos, Señor, un corazón nuevo. Derrama en nosotros un espíritu nuevo".

Nos llena de admiración cómo ha avanzado la ciencia médica en los últimos años. Pero no nos vamos a contentar con el disfrute de estas técnicas modernas. Es preciso llegar hasta lo más profundo. Ponernos en las manos del mejor cirujano existente para que cambie nuestro corazón de piedra en corazón de carne, blando, humilde y misericordioso. Este deseo lo expresaba el gran profeta Isaías. Y Jesús nos enseñó con su bondad el perdón de la Reconciliación y el amor de la Eucaristía.

 

NOS PASAMOS CON LA MODA DIETÉTICA. - Nº 489

Hoy está de moda nutrirse bien: los productos han de ser de la mayor pureza, ecológicos, naturales. Hay personas que se pasan. Recorren kilómetros para buscar alimentos del todo sanos, y gastan en ellos a veces más del doble de lo normal.

Leía en una revista que la actriz Julia Roberts bebe varios litros de leche de soja. ¡Debe de irle muy bien! La cantante Jénifer López se hace las tortillas solo con claras de huevo. Y un famoso modisto llega a beber cuarenta y ocho zumos de naranja cada día.

La doctora Zamarón, especialista en dietética, nos alerta sobre una preocupación de la sociedad actual que en muchos casos se convierte en obsesión: el consumo exclusivo de alimentos sanos y puros. Llega a veces esta manía a enfermedad mental: la ortorexia, o culto obsesivo a la comida sana. Puede ser tan peligrosa como la anorexia. Mientras en este trastorno el problema radica en la cantidad de comida, en la ortorexia es la calidad la gran preocupación. ¡Una nueva adicción! Las personas afectadas por esta dolencia procuran no comer en restaurantes por el temor de que lo allí servido sea poco puro. Al prescindir de algo tan elemental como la carne y los huevos, surgen carencias nutricionales, y la salud se resiente. ¡Todo lo contrario de lo pretendido por ellos!

Es preciso acudir al médico para "desintoxicarse" de la manía de no querer "intoxicarse". El doctor Armengou, director del centro de tratamiento de anorexia y bulimia en Barcelona, trata de sanar a estos enfermos y educarlos en los hábitos de consumo y en el desarrollo de la personalidad.

Y esto último es preciso fomentar hoy más que nunca, la personalidad. Es decir, llegar a una madurez psicofísica equilibrada, sin pasarse en un aspecto y no llegar a otros, proponiendo al sujeto ideales altos.

Es triste, la gente joven que aspira a puestos e trabajo de interés, sufre muchísima presión sobre todo en su desarrollo físico: se les exige presentar buena imagen, ser esbeltos, vestir bien, elegancia exterior. Todo esto no está mal, a condición de no exagerar. Pero no hemos de olvidar lo más importante de la personalidad: la formación moral, los altos ideales, renunciar al egoísmo para poder ser más útil a los demás.

Cuantos hemos sido educados en valores trascendentes nos dolemos hoy al constatar este tipo de enfermedades tan baladíes. Es preciso recordar nuestra dimensión de hijos de Dios y procurar vivir en consecuencia.

 

ENFERMEDADES SUTILES. - Nº 490

Hace años nadie hubiera calificado de enfermedades los miedos, las carencias, las incertidumbres, y sin embargo, hoy los consultorios de psicólogos y psiquiatras están llenos de pacientes afectados por dolencias de este tipo. Todos hemos experimentado a lo largo de la vida estos síntomas y nos hemos arreglado como hemos podido para superar estados de relativa postración.

El terrorismo y la violencia doméstica, el "mobbing" en el trabajo, la marginación... ¡cuánto hacen sufrir! Y es necesario aprender a superar estos conflictos que a veces degeneran en estados de ansiedad o depresión reactiva.

En tiempos de democracia aflora con mayor facilidad un considerable número de personas que, a causa de malos tratos en su infancia, excesiva represión o ambiente hostil se convierten en verdadero azote de compañeros e incluso de amigos y familiares. Utilizan la fuerza física o psíquica contra sus semejantes con el propósito de herirles, abusar de ellos, humillarlos... Normalmente no cogen un cuchillo ni una pistola para eliminar a su víctima, pero tratan conscientemente de causarles daño. A veces son agresiones de guante blanco, pero de corazón negro. Son muy peligrosos cuando tratan de sacar beneficio personal o alcanzar una satisfacción morbosa.

Pero no conviene vivir con el corazón encogido ante estos sujetos. La mayoría de las personas somos gente responsable y generosa. Por eso lo normal es que regresemos a nuestro hogar vivos y sin traumas de este tipo. Mas el peligro existe. Por eso se constata una mayor vulnerabilidad en nuestro entorno. Y el temor es una enfermedad muy sutil. Llena de ansiedad a hombres y mujeres constatar que nos quieren mal, nos marginan o se ríen de nosotros. Un sentimiento que vemos ya en los niños más pequeños.

Valoramos mucho la vida y tememos perderla o que nos resulte inoperante o desgraciada. Con frecuencia vivimos en un "¡ay!" continuo como incapaces de controlar nuestra existencia. Y es preciso saber reaccionar.

Ante todo se impone hablar, comentar con alguien nuestros problemas, compartir nuestros proyectos e ilusiones. Así lo recomiendan los psicólogos. Disimular, reprimir o tratar de ignorar nuestras emociones para mantener una postura social "correcta" es a medio o largo plazo perjudicial y puede desembocar en depresión profunda. El cardiólogo Valentín Fuster elogia los efectos saludables de la comunicación interpersonal para las arterias coronarias y para el mismo corazón.

La vida espiritual bien llevada también ayuda muchísimo en este equilibrio psicofísico. Los ideales firmes, la relación con Dios, el amor, la solidaridad, la armonía entre las personas son medicinas preventivas muy eficaces contra enfermedades sutiles de nuestro tiempo.

 

 ALZHEIMER, LA ENFERMEDAD DEL SIGLO XXI. - Nº 491

Ayer visité a un antiguo amigo a quien no veía desde hace tres años. No me lo podía creer. A aquel hombre intelectual un poco tímido, pero de mente muy ágil, lo encontré apagado e indeciso, aunque muy amable. Su bondad congénita permanecía inalterable, como un don otorgado de por vida a un largo laborar de un sacerdote bueno. Pero estaba muy enfermo. Padecía Alzheimer, la temida enfermedad del siglo XXI.

Se calcula que en España hay alrededor de setecientos mil casos diagnosticados de este mal. Muchas familias se han adherido a asociaciones que les asisten en auxilio de esta enfermedad. "Tenemos que dar la cara y hacer todo lo posible para normalizar a cuantos sufren las consecuencias de esta plaga. Además quiero y espero que mi experiencia les pueda ayudar a otros". Así se expresaba la vicepresidenta de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer. Es preciso que quienes se encuentran en una situación de este tipo no se encierren en sí mismos.

"¿Qué es lo que queda de mi marido?" – Se pregunta María Ángeles, esposa de un hombre distinguido, piloto de aviación –. Impresiona cómo es posible que un cuerpo tan bien conservado pueda esconder un cerebro tan enfermo, tras seis años de padecer esta dolencia". Pero a María Ángeles le queda el amor, el cariño profundo hacia este hombre que es bueno y sigue siendo bueno. "Además – nos afirma – parece que ha olvidado todo, y que el único lenguaje que entiende es el del cariño. Tratándolo así es feliz como un bebé a quien atiende su mamá en su pequeñas necesidades".

Y sí, es posible vivir con paz serena en una familia con un enfermo de Alzheimer, siempre y cuando se pueda recabar ayuda y no se pretenda hacerse demasiado fuerte en el reducto. La dignidad de estos enfermos está en el cariño de quienes los cuidan.

El 31 de marzo del 2005 apareció en televisión Adolfo Suárez Illana, hijo del que fue presidente del Gobierno durante la transición. Anunció públicamente lo que entonces ya se rumoreaba: su padre, el Duque de Suárez, padecía demencia senil o tal vez Alzheimer. Me impresionaron dos frases, producto de una fe acrisolada, que pronunció este hombre joven: "La enfermedad es una bendición de Dios si la sabemos aceptar". Y razonaba de esta manera: "Él (don Adolfo) ha cuidado muchos años de nosotros, y ahora Dios nos da la oportunidad de cuidar de él".

De esta manera hemos de enfocar los problemas humanos. La fe no los soluciona, pero nos ayuda a llevarlos con paz y dentro del plan de Dios, que no termina con el tiempo, sino que se prolonga en una eternidad de amor y salvación.

 

LOS CAPELLANES INSPIRAN FE Y CONFIANZA. - Nº 492

Una señora, Ana María, hubo de ingresar en el hospital por urgencias. Sufría perforación de duodeno y se temía lo peor. "Me encomendé a Dios – decía a una amiga – y exclamé: que sea lo que Él quiera". "Cuando ingresé pedí a la enfermera que me pusiera en contacto con el sacerdote. Quería comulgar y también confesarme. ¡Cuánto me gustaría su visita todos los días!".

Así hay que hacer. Más vale un por si acaso que entregarse a la aventura. Hoy en día siguen bien atendidos los hospitales públicos en cuestión religiosa, aunque funcionen de una manera distinta de antaño. Conozco varios centros de salud residenciales y en todos existe un grupo formado por sacerdotes, religiosas y alguna persona seglar que actúan en grupo para poder llegar al mayor número de pacientes. Administran a los enfermos, además de los sacramentos, ánimo, serenidad, esperanza, y saben escuchar las preocupaciones e inquietudes de sus pacientes. Los he visto trabajar muy bien. Este servicio espiritual funciona las veinticuatro horas del día. El equipo suele reunirse con periodicidad para comunicarse lo que puede ser de interés para todos, y así consiguen tener una idea sucinta de cuanto ocurre en el hospital. Estos buenos samaritanos no esperan a que alguien requiera sus servicios, suelen recorrer las habitaciones y se ofrecen para lo que sea oportuno.

"Los pacientes – decía un capellán – saben que pertenecemos a la Iglesia Católica, pero también son conscientes de que estamos para lo que sea, y por supuesto para atender todo lo referente al espíritu". Cuando se trata de personas pertenecientes a otra religión, no los abandonan, y en ocasiones les han ayudado a localizar a su pastor correspondiente.

Nos cuentan estos capellanes y voluntarios de la fe cómo todos los años administran o facilitan varios millares de comuniones, así como el sacramento de la Penitencia y la Unción de los Enfermos. Recordamos que la Santa Unción se puede recibir antes de una operación quirúrgica delicada, y que la mayoría de los pacientes sobrevive después. Juan Pablo II recibió este sacramento en cinco ocasiones.

Esta atención de tipo religioso se ofrece a todos, y muchos la utilizan; de una manera especial las personas mayores. Quienes se encuentran solos y los inmigrantes recuerdan con una especial emoción a estos ángeles de los enfermos. El 98% recibe bien la visita de capellanía.

Hemos de estar abiertos desde ahora a esta relación con el sacerdote y sus colaboradores cuando ingresamos en el hospital. Para muchos ha sido el momento de plantearse un cambio de vida a mejor, un encuentro con Dios, del que tal vez se habían olvidado demasiado.

CURACIÓN POR EL PLACER DE APRENDER. - Nº 493

En un cursillo de informática me tocó por compañera una maestra recién jubilada. La veía con ilusión de profundizar en el mundo digital, a pesar de que sus conocimientos eran muy escasos. A lo largo de los días fuimos llegando en nuestras conversaciones a temas personales:

"Hace tres años perdí a mi marido – me decía la señora –. Mientras todavía yo continuaba en la docencia, mantenía a flote el ánimo, aunque con dificultad. Al llegarme el tiempo de la jubilación, poco a poco fui cayendo en un estado de gran ansiedad y angustia. En septiembre, sin ganas pero como último recurso, me decidí a estudiar una carrera universitaria que siempre me había subyugado, pero nunca había dispuesto de tiempo, Bellas Artes".

El caso de Rosa – mi amiga de informática – es compartido por muchas personas de la tercera edad. Para ellas el estudio es fuente de alegría, de cultura, de entablar conversación con personas cultivadas. Las aulas del campus de setenta y cinco universidades nunca se vacían. Cuando cientos de alumnos jóvenes salen por una puerta, entran muchas decenas de estudiantes que podían ser sus abuelos. En España se sobrepasa el número de veinte mil de estos alumnos mayores.

Decía un señor de casi setenta años: "Aquí se viene por el placer de aprender; para renovar estudios. Cambian los métodos y las técnicas en la adquisición de conocimientos. Al final nos dan nuestros títulos y diplomas que nos llenan de orgullo".

Los planes de estudios para mayores duran entre dos y cinco años. Las asignaturas más elegidas son: Historia, Arte, Filosofía, Literatura, Psicología, Sociología y Religión. Normalmente son cinco horas de clase semanales, repartidas en dos días. "Estos hombres y mujeres conjugan su amplia experiencia vital con la adquisición de conocimientos teóricos", explica Paloma Molina, Directora de la Universidad para Mayores de San Pablo CEU.

Siempre hemos señalado como método óptimo para sanar de enfermedades mentales de tipo depresivo, la terapia ocupacional, y en concreto el estudio dentro de un grupo.

Es agradable pensar que muchas de las personas mayores estudian religión, profundizan en la Sagrada Escritura y otras disciplinas del área de Ciencias Teológicas. Los profesores dicen que para ellos es un lujo dar clase a estos alumnos, porque se establece en estas aulas una relación muy distinta. Además plantean cuestiones de gran interés. Una manera muy hermosa de mantener el alma despierta y con ilusión cristiana.

¿ASILOS O CASAS? - Nº 494

Un amigo mío, Manuel, quedó viudo a los 65, pero nunca lo vi deprimido. "No me siento solo, – me decía – mi casa es como un santuario. Entra y mira". Y allí pude observar una imagen grande de la Virgen María, en otra habitación el Corazón de Jesús y en otros lugares varios cuadros, copias de arte sagrado. "No me siento nunca solo – añadía Manuel –. A veces toco en el piano canciones religiosas. Y todos los días voy a ayudar a casa de mi hija en el cuidado de los nietos, y les hago los recados".

Pero Manuel, a lo largo de los años ha caído en la enfermedad de Alzheimer. Ahora también lo veo contento acompañado de su hija, y todavía teclea sus canciones religiosas favoritas. ¡Genio y figura!

No todos los ancianos tienen la suerte y disposición de ánimo de mi amigo. El quince por ciento de las personas de más de 65 años forma el colectivo de los ancianos – golondrina. Vive de forma itinerante en dos, tres y más hogares. Se desplaza cada trimestre de la casa de un hijo a la siguiente. Estos hombres o mujeres corren el riesgo de contraer enfermedades peculiares, y el tratamiento de sus achaques entraña mayor dificultad.

¡Ojalá todos fueran capaces de vivir como Manuel! Es más humano que la persona mayor sea atendida en el propio hogar o en la casa del hijo que tenga mayores posibilidades, ayudado del resto de hermanos, y sólo salga de allí a otras casas por propia voluntad, o para dar vacaciones al hijo hospedero.

Nos dicen los médicos de atención familiar las dificultades que encuentran en los ancianos – golondrina. Se ven obligados a rehacer una y otra vez la historia clínica del paciente.

Cuando yo era joven me tocó visitar con frecuencia un asilo. Lo hacíamos como una obra de amor a aquellas personas que pasaban los últimos años de su vida en un lugar retirado, donde eran atendidos por religiosas. Rezaban los quince misterios del Rosario y durante la jornada el régimen era de internado, sin apenas libertad. No salían del recinto si no eran acompañados por alguien. Hoy se nos antoja aquello como algo inhumano. Nunca pudimos penetrar en la mentalidad de aquellos residentes. Era tema tabú.

Más duro aún residir en casa de un hijo sin poder salir de la propia habitación a convivir con el resto de la familia o tener que dormir en la cocina. Y las personas mayores lo merecen todo, porque todo lo han dado: comprensión, acogida, agradecimiento infinito.

El problema del anciano marginado ha existido siempre. Ayer de una manera; hoy de otra. Porque los viejos, refugiados hoy en cómodas residencias, no siempre tienen el cariño y estima que merecen por parte de su familia.

 

MEDITAR MEJORA LA SALUD Y PROLONGA LA VIDA. - Nº 495

Hace más de treinta años que conozco los métodos de meditación trascendental y procuro ponerlos en práctica, aunque no siempre "me sale" según me gustaría. Me llamó la atención en este sentido un artículo aparecido en la prensa no hace muchas semanas. Se titula "La meditación trascendental prolonga la vida". En concreto nos dice que problemas relacionados con la tensión arterial mejoran sensiblemente con esta práctica. Además esta medicina no tiene efectos secundarios.

Pero no es fácil perseverar. Hace falta mucha fuerza de voluntad para ello. Por otra parte yo recomendaría la ayuda profesional de un "guru" o maestro que nos ayude a introducirnos en estos mundos del "zen", pero que no nos lleven a una de esas sectas peligrosas que pululan por doquier. Existe la meditación trascendental del todo católica en la que no hay ningún peligro.

Todo el mundo sabe que ha de comenzar el acto por un sencillo ejercicio de relajación y respiración: simplemente fijar la atención con suavidad y poco a poco en el cuello, tórax, hombros, brazos, plexo solar... todo ello acompañado de una suave y profunda respiración rítmica, y en una postura de sentado – erguido, pero sin violencia, con las manos sobre las rodillas y los ojos bajos o cerrados. Después repetir mentalmente con gran pausa y al compás de la respiración una frase religiosa que nos haya hecho impacto, como "Solo Dios basta", "Dios es amor", "En Ti confío"... Se trata de permanecer así durante diez o quince minutos cada día.

Los efectos se notan bien pronto en el alma: mayor paz, más dominio de sí mismo, unión más íntima con Dios. Y ahora nos dicen que incluso prolonga la vida y con más nivel.

Robert Schneider investigó durante años en este particular, y nos dice: "Nuestro trabajo demuestra que los programas de meditación trascendental reducen los factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular y de otras patologías crónicas, como la presión arterial, la aterosclerosis, el tabaquismo, el estrés psicológico y los hermanos del estrés". Existe un mecanismo de acción difícil de explicar que integra la mente con la salud del organismo.

Es imprescindible para practicar buscar un lugar sereno, sin ruidos, sin músicas de fondo... No es cuestión de mucho tiempo, sino de constancia. Cuando uno está en época de estrés y lo practica, pronto nota el efecto. Es pena abandonar la meditación al conseguir la salud mental, porque entonces es cuando se convierte en vida de nuestra vida, garantiza efectos prolongados, y sobre todo nos ayuda en nuestra relación con Dios y con nuestros semejantes.

VENTAJAS DE LA EDAD SUPERADULTA. - Nº 496

Cuanto más me acerco a la edad superadulta, más contento estoy. Y me da alegría constatar que personas de muchos más años que yo tienen la misma impresión.

"La vida a los 88 años es como la del árbol en invierno: despojada de lo caduco y concentrada en las raíces, en lo secreto y lo profundo, manteniendo en pie una arquitectura de manos tendidas". Con esta sencilla comparación expresaba José Luis Sampedro su experiencia vital. Él fue catedrático, senador y con cargos importantes en la economía. No añoraba lo pasado y vivía feliz el presente. En esta frase lo resumía todo: "Acepto si pierdo lo mismo que si gano". La ancianidad da una sabiduría, muy difícil de poseer en la juventud.

Es verdad que con la edad uno se hace más escéptico; se cansa de muchas cosas que en la juventud le entusiasmaban, pero a la vez le basta con menos, y goza con paz de la presencia de Dios amoroso, a quien ahora contempla como más cercano. ¡Bendita ancianidad!

Antiguamente se solía decir que, al finalizar la adolescencia, el cerebro alcanzaba su pleno desarrollo y nuestra inteligencia tocaba el punto culminante. A partir de este momento, hacia los 25 años, el proceso cognitivo y neuronal iría decayendo. ¡Pues nada de eso! El gran neurólogo Dr. Oliver Sacks, de amplia experiencia profesional, afirma sin lugar a dudas que el envejecimiento no conlleva necesariamente una enfermedad neurológica. Él ha trabajado en distintas residencias de ancianos y ha comprobado que muchísimos se encuentran intelectualmente íntegros.

¿Que el anciano tiene fallos de memoria? Pero se siente más libre y se echa en brazos de la imaginación, que por otra parte ya no parece ser la loca de la casa. La experiencia ha enseñado al viejo a controlar la fantasía o los temores vacuos.

"Cada día me levanto más contento – me decía un compañero -. No tengo grandes obligaciones ni muchos dolores: charlo un rato con los amigos, repaso mis libros favoritos, disfruto más en la oración con Dios, porque estoy más atento a Aquel que fue la alegría de mi juventud y ahora lo es de mi vejez".

Sé que no se llega de repente a adoptar una actitud tan positiva. Por eso escribo estas líneas para animar a los jóvenes a mantener siempre la decisión de la autoformación. La vida es dura y todo el mundo lo sabe. Pero de la manera de enfocarla depende que seamos felices o eternamente descontentos.

EVITAR LA HOSTILIDAD. - Nº 497

Una persona hostil puede llegar a hacer enfermar a cuantos están a su alrededor. Es preciso evitar la actitud gruñona. Hay quienes de la mañana a la noche protestan de continuo por todo. Si nos encontramos en el número de los eternos descontentos, hemos de tratar de remediarlo por nuestro bien y el de cuantos nos rodean.

La frustración y el enfado, ser un continuo cascarrabias, crean mal ambiente en la familia, en el trabajo y en el grupo de amistad. Son emociones contaminantes y contagiosas. A poco que nos examinemos, nos damos cuenta de que, después de hablar largo rato como un gruñón, cuando nos dirigimos a otro ambiente, tendemos a mostrarnos también descontentos e inconformistas.

Es preciso, pues, ponerse en guardia y saber reaccionar a tiempo. Gran parte de los disgustos que sufrimos pueden ser superados positivamente con un poco de humor, sentido común y reflexión. Si analizamos con frialdad las cosas que nos incordian, nos damos cuenta de que la mayor parte de ellas apenas tiene importancia. Más vale no tomarlas en consideración. Además, como cristianos, hemos de esforzarnos en convertir las molestias y sinsabores de la vida en fuente de paz y progreso interior, como aconsejaba el doctor Gregorio Marañón.

Por otra parte las hostilidades sirven de caldo de cultivo de cardiopatías. Bajo ningún aspecto puede ser bueno entretenernos en contemplar nuestra mala suerte o la faena que un día nos hizo el vecino.

¿Pero qué suele ocurrir? Cuando alguien nos incordia no tenemos ganas de reír, "no está el horno para bollos" – decimos. Es necesario entonces fomentar un poco el sentido del humor; distanciarnos de las desgracias que envuelven nuestro día; mirarlas en su aspecto más divertido. El humor relativiza y hace menos dolorosos muchos problemas. Todos recordamos anécdotas de eventos desagradables, y que gracias al humor del injuriado, no han acabado en querella o en sangre.

Hemos de acostumbrarnos a no tomar a pecho todo que nos desagrada; a hacernos un poco "el bobo", y sobre todo a reaccionar con tranquilidad y no dejarnos atrapar por los hostiles, ni serlo nosotros. Se trata de nuestra salud, virtud y calidad de vida.

HAY ANCIANOS ADMIRABLES. - Nº 498

Cada día admiro más a estos ancianos que viven felices y siguen persiguiendo objetivos en su existencia. Asunción Balaguer, la viuda de Francisco Rabal, hablando desde su experiencia afirma: "Lo mejor de la vejez es la serenidad que da. Me siento mejor que cuando era joven. Se vive muy bien a estas edades. Tengo buena salud y la cabeza me funciona, y las piernas no me flaquean. Me siento feliz. No me da tiempo para estar triste. Nunca he sentido miedo a perder la capacidad intelectual."

Siempre, pero de una manera especial en la edad superadulta, el cerebro exige una definición muy específica. Si hemos de permanecer sanos de alma, ha de seguir activa nuestra inteligencia hasta el final: preguntar, indagar, explorar, experimentar, jugar... Procurar tener el cerebro siempre en función. Lo mismo que el ejercicio físico, en el anciano el movimiento de la inteligencia tiene suma importancia. En las personas mayores son frecuentes las distracciones. Y es preciso el esfuerzo diario para mantener la capacidad de estar conscientes en cuanto hacemos o decimos.

En este sentido cobra un nuevo interés la oración vocal y también la mental. A lo largo de nuestra vida hemos aprendido gran cantidad de oraciones y canciones espirituales. Tal vez las hemos repetido centenares de veces del todo distraídos. Qué buen ejercicio psicológico, y por supuesto religioso, es recitar de forma consciente cada día alguna plegaria. Tararear en nuestro interior canciones nuevas y viejas que sabemos.

Da gusto y causa admiración el testimonio de bastantes ancianos. El político Fraga Iribarne afirmaba a sus ochenta y tres años: "Con la edad aumenta el sentido de responsabilidad, el compromiso con la propia conciencia y con los demás... Mis planes de futuro han de ser, sí prudentes, mientras pueda trabajar y servir a la sociedad, como he procurado hacerlo toda mi vida. Lo importante es una vida ordenada, sana y activa". Considera Fraga que haber llegado a su edad es una gracia de Dios.

En la vida hemos de fijarnos en auténticos modelos. Muchos admiran a los grandes deportistas o a los hombres que han levantado imperios de riqueza. Pero cuando avanza la vida admiramos más a aquellos que han llegado a la ancianidad con espíritu saludable y viven sus últimos años deseando hacer algo bueno por los demás, con su corazón y esperanza puestos en Dios.

LA CAPILLA Y LOS BUENOS SAMARITANOS. - Nº 499

Cuando entro en un hospital me gusta siempre saludar a Jesús en la capilla, antes o después de haber visitado al amigo o familiar enfermo. La pequeña iglesia de los centros de salud es un remanso de paz, en medio del ir y venir de médicos y enfermeras y de paseantes convalecientes. ¡Sitio muy recomendable en las clínicas! Lugar para orar mientras los cirujanos hacen su labor a nuestro ser querido.

En torno a este núcleo del amor de Jesús a los hombres se mueven los capellanes y voluntarios de la pastoral de la salud. Son gente buena, altruista y caritativa; aman al enfermo. Algunos han consagrado a Dios toda su vida, incluso con votos. Otros dedican varias horas por semana a visitar a decenas de pacientes, con el fin de ayudarles, escucharles, prestarles algún servicio de tipo religioso, sicológico o humano. Entre ellos están organizados pero no son funcionarios. Intentan dentro de la comunidad cristiana cumplir uno de los principales afanes de Jesús: "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia". (Jn. 10,10).

Me decía uno de estos buenos samaritanos: "Nuestro trabajo no solo consiste en procurar que las personas estén bien - tarea principal de los profesionales sanitarios -, sino que se sientan bien, y más aún, que ellos mismos sean "bien", sean buenos y ejemplo nuestro". Me decía este amigo: "Nosotros recibimos del enfermo mucho más de lo que damos. Ellos nos ayudan a los aparentemente sanos; nos evangelizan desde el dolor; nos ayudan a relativizar ciertas formas de vida de la sociedad, y sobre todo nos ayudan a recuperar los valores fundamentales del Evangelio". Quien me contaba esto era un hombre joven, no sacerdote, pero a pesar de su juventud disfrutaba de gran experiencia en estos asuntos.

Yo quisiera que el enfermo no se mire a sí mismo como un ser pasivo que sólo recibe medicinas y cuidados. El amigo de la pastoral sanitaria no ve de esta manera a los pacientes. Se siente deudor a ellos. Así rezaba un seglar ante el Sagrario antes de comenzar sus visitas: "Dame, Señor, la posibilidad de reconocer que no soy la luz, ni soy el amor, sino la expresión de tu amor".

Además de los grupos de pastoral de salud, cuántos profesionales sanitarios que se entregan a curar con amor. Para ellos su profesión es como una misión divina, una vocación. Y procuran con celo que el dolor del enfermo se transforme en gozo y las dolencias desemboquen en una salud duradera.

¡Cuántas personas hacen de su vida profesional, de una manera sencilla y callada, una divina ilusión: poner todas sus habilidades y ciencia para aliviar el dolor y curar enfermedades! Felices los buenos samaritanos.

 

¡BUENA REVISIÓN MÉDICA! - Nº 500

Me tocaba revisión médica y llegué con puntualidad a la cita, pero en aquella ocasión no hubo suerte. El médico salió del despacho y nos dijo: "Lo siento; me llaman a una urgencia. Espero que no sea excesivo el tiempo que haya de invertir. Al regreso volveré por aquí, pero si tienen prisa, pueden pedir hora para otra fecha".

Opté por quedarme. Llevaba conmigo la carpeta de escribir artículos. Como pensé que tardaría el Doctor, subí a la capilla de la clínica. Estuve allí muy tranquilo, y con Su venia, tomé las notas que ahora me sirven. Me parecía ver en el Sagrario al médico de las almas. Me sentía más enfermo en mi espíritu cristiano que en el cuerpo. ¡Jesús, cuántos años he recibido tu gracia y todavía estoy muy lejos de mis propósitos juveniles! Y recordaba una visita larga que hice al Señor a mis quince años.

Miré a Jesús y le dije con el corazón: "Comprueba, Médico Divino, mi temperatura de amor". Su termómetro señalaba hipotermia. Por debajo de los treinta y cinco en virtud. El médico de corazón me iba a practicar más tarde un electrocardiograma. Y le dije al Señor: "¿Por qué no me examinas en un chequeo más completo que los médicos de aquí abajo? Me pareció oír una voz que me decía: "Ahora mismo. Estate relajado y atiende salga lo que salga". Y pude constatar que mis venas estaban casi bloqueadas por el despecho un tanto disimulado. ¡Y ni me daba cuenta! Pero quería curarme.

Y siguió aquella revisión divina. Parecía decirme el Señor: "¿Te das cuenta de que tienes una fractura mal curada? Por eso andas cojo y tropiezas a cada paso con tu hermano. Y tu vanidad hace que pierdas el equilibrio. No puedes andar de tumbo en tumbo por otros derroteros. Espera, espera, no te vayas..." Yo me marchaba. No quería escuchar más. "¿No te das cuenta, amigo, - parecía decirme – de que también padeces sordera progresiva? No oyes los gritos de dolor de tu prójimo".

Jesús mismo sugiere el tratamiento: "Una caja de inyecciones de amor al prójimo. Has de dejarte inyectar de este amor en el momento de la comunión. Mírame en la cruz unos minutos todos los días; verás cómo se dilatan tus venas estrechas por el rencor. Escucha el Sermón de la Montaña, y se abrirán tus oídos sordos a la voz de tus hermanos..."

Bajé a la consulta en que pretendía hacer mi revisión rutinaria. Ya no había allí nadie. Pedí cita para otro día.

 

LA MUERTE NO HA DE SER UN TABÚ. - Nº 501

A los nueve años me enteré de la muerte porque vi en cuerpo presente a una monja de clausura en un monasterio benedictino. Íbamos allí por curiosidad, pero nuestros padres y maestros se encargaron de explicarnos con claridad que en este mundo todos estamos de paso. Hablar hoy de la muerte a los niños es un tema tabú, a pesar de que para los telediarios sea la noticia preferida. A los nietos se les impide con frecuencia acudir al funeral de sus abuelos.

Un chaval moría de repente en mi colegio mientras jugaba de portero en un partido de fútbol. El profesor – entrenador reunió enseguida a los alumnos y les dijo: "Bueno, ya no hablemos más de lo sucedido. ¡Ahora, a olvidar!" Y le parecía que ponía una pica en Flandes. ¡Oh si tuviéramos presente mayores y pequeños esta realidad! A buen seguro no viviríamos aquí como en una morada perpetua.

Cristina Martínez, orientadora familiar, decía: "Los mayores afrontamos el último trance con ojos de adulto, mientras los niños simplifican el problema y lo superan con mayor facilidad". Y afirma sin titubeos: "No sorprende esta realidad a los niños, porque es un hecho que nos acompaña toda la vida". Yo pienso que es materia imprescindible en la educación escolar. Y, por supuesto, cuando ocurra la defunción de un ser querido, es preciso llevar a los niños al funeral. Es inevitable que el pequeño sienta dolor; al adulto corresponde darle aliento, hablarle del Cielo, explicarle que todos caminamos hacia la casa del Padre Común. Es necesario estar siempre preparados. Estas explicaciones nos ayudan también a nosotros a mantener la virtud de la esperanza.

Yo no veo otra manera mejor de enfrentar el problema de la muerte que apoyarse en la fe. ¿Y si no se cree? El ejemplo de quienes creemos puede hacer mella en su corazón, y ayudarles a replantearse el problema de la trascendencia.

Me encantaban las alusiones que muy a menudo – sobre todo en la última etapa de su vida – hacía Juan Pablo II ante la proximidad de su muerte.

Y cuando ocurre el tránsito de un ser querido, hemos de ser conscientes de que no nos quedamos solos. Es preciso no aislarnos por tiempo indefinido en una soledad triste y malsana. Una vez llorada la ausencia, mirar lo positivo: la misericordia de Dios, la esperanza, los ratos buenos pasados con él. No sentirnos culpables por distraernos para disipar la angustia. El Señor nos llama cuando Él quiere, y la consecuencia es clara: vivir con las maletas preparadas.

¡CALMA! - Nº 502

Más de la mitad de los adultos sufre o ha padecido alguna vez estrés, hermano menor de la depresión, una enfermedad mental no grave. Son muchas las causas que originan esta patología: la muerte del cónyuge es lo que más impacta la psicología. Vienen después la separación del matrimonio, el fallecimiento de un familiar cercano, el acoso en el trabajo, ingresar en la cárcel, la pérdida del empleo... Por vías contrarias también llega a producir estrés la consecución de objetivos muy deseados o triunfos personales. Hoy existen medicinas para todo, pero lo de verdad importante es tomarse la vida con calma.

En mis años de estudiante pasé una temporada de estrés. Se me hacía larga aquella carrera interminable. Acudí al padre espiritual y me dio este consejo: "No te preocupes, el tiempo lo da Dios. Vive el día de hoy como lo único importante". Este programa tan sencillo no es fácil de cumplir. Los antiguos lo sabían muy bien e inventaron una frase que debiéramos escribir en nuestra alma con letras de oro: "Haz lo que haces". Es la mejor manera de desterrar el estrés.

Cuando estoy aquí, en el "ahora", he de permanecer con plena atención, consciente, sin prisas, sin otros deseos que realizar en paz mi trabajo o cualquier cosa que estoy haciendo.

He leído que van a crear un día mundial sin relojes. Lo han propuesto. Incluso han pensado que sea el 24 de octubre; no sé por qué. A muchos les falta el tiempo para cumplir todas sus obligaciones laborales. Esto les "obliga" a posponer las horas dedicadas a la familia, al descanso y a Dios. No encuentran tiempo para ser personas felices.

Otros – lástima que no sean la mayoría – piensan que lo mejor y más importante es el tiempo dedicado a su Señor. Por eso comienzan la jornada dedicando al menos un cuarto de hora a la relación íntima con Dios que les va a encauzar en la paz serena durante todo el día. ¡Buena terapia preventiva! Aprender ahí que lo importante es cumplir el deber y no precisamente complacer al cien por cien a su jefe.

Leí hace ya muchos años un libro titulado "De la vida serena". Daba gusto solazarse en la lectura de aquellos párrafos, antesala del paraíso. Así había que vivir, con gran sosiego. La mayor parte de las veces el estrés es subjetivo, como desear luchar contra corriente cuando ella te arrastra. ¿No sería más práctico agarrarse a una rama de la orilla y aguardar que pase la tormenta?

El "slow life" es una tendencia moderna que promueve la filosofía de la vida lenta. "Lo importante –dicen – es comer bien y sin prisas, disfrutar hasta de los aromas de los alimentos". En Italia hay más de treinta ciudades tranquilas. Allí la circulación no debe sobrepasar los 30 kms. h., y con mucho espacio para pasear. "¡Calma, calma, que el rey paga"; - decían nuestros abuelos. Cuando esta frase nos llegue hasta el subconsciente, empezaremos a saber vencer el estrés.