ALGO SOBRE OBISPOS Y JERARCAS

ÍNDICE

I.- CARTA PASTORAL ABERZALE

II.- OBISPO DE SOLSONA PIDE INDEPENDENCIA CONFERENCIA EPISCOPAL CATALUÑA

III.- UN CURA RECLAMABA JUSTICIA

IV.- CONFLICTOS DE SANTOS Y JERARQUIAS. Muy interesante.

V.- Confesión MONSEÑOR SEBASTIAN: ¡MAS CONTUNDENCIA!

VI.- CIRARDA, SE TRUNCÓ EL CARDENALATO

VII.- LLEGÓ EL DOCUMENTO DE LOS OBISPOS.

VIII.- EL TIRANO Y LA ESTAMPITA

IX.- MONS. SEBASTIÁN EN EL FORO XXI

I.- CARTA PASTORAL ABERZALE

Nos duele. Dos obispos, los de Pamplona (Cirarda) y San Sebastián (Setién), escriben una pastoral con tintes políticos aberzales. El hecho ha conmovido al pueblo amante de la paz y de la seguridad ciudadana. El escrito de los prelados es especialmente grave porque encorajina a un gran sector de la población. Los terroristas, al sentirse "comprendidos" por algunos obispos es fácil que sigan en su violencia con mayor ahínco. La gente de paz y de orden hace tan mala sangre contra estos dirigentes eclesiales que hay quien opta por no acudir a Misa, mientras gobiernen estas personas en la Iglesia. Otros más "píos", por no pronunciarse en contra de los obispos a quienes, en principio, han de apreciar como personas de bien, se muerden los labios hasta sangrar. ¡Cuánto dolor de que guías del rebaño hagan fintas con los lobos!

¡Lo peor!: media docena de aduladores serviles felicitan a los obispos por su valentía. Pues sí; más inoportunos no pueden ser. Cuando la mayoría de la población toma aliento cuando llega una operación policial valiente y sagaz que va a permitir durante unas semanas vivir tranquilos. Porque no va a haber asesinatos, en ese momento hablan unos pastores para confundir al rebaño y ganar adeptos para una causa política concreta.

Se agrava la situación porque rarísimas veces se pronuncian los obispos cuando la violencia es por parte de la ETA, y casi siempre suelen añadir alguna coletilla que pueda interpretarse como disculpa a los terroristas: "Aunque la secular injusticia les moviere, no debieran..." o aquello otro: "Son héroes del pueblo que se pasan..."

Después añaden: "A todos os decimos: dejad de matar, acaban con estos caminos de destrucción". No nos convence: meten en el mismo saco a asesinos y a cuantos luchan contra el crimen; al delincuente a quienes nos defienden contra el injusto agresor. ¿Cómo podrá capturar la policía a unos asesinos armados hasta las cejas? ¿Sería los obispos capaces de fabricar unas redes capaces de capturarlos sin herirles ni dañarles?

Podemos aconsejar a los cinco obispos de las provincias vascas y navarras que hablaran de estos temas con los seglares; con los hombres y mujeres de a pie, y que dejen de hablar de los asuntos nacionalistas. En la boca de todo el mundo está que la ETA nació en las sacristías; y es de sobra conocido que en ciertos cursos de actualización sacerdotal se siembra la idea nacionalista autodeterminativa.

Creemos en la buena voluntad de los obispos; pero si no se sienten capaces de ser pastores de todos los fieles, no saben cumplir con su deber. Pidan al Papa la dimisión. Y pidamos a Dios que no haya llegado a tanto la ceguedad aberzale de muchos clérigos que incluso llegan a pedir abandonen la propia tierra donde nacieron a cuantos se sienten españoles. Es demencial....

Año 1983

José María Lorenzo Amelibia

 

 

II.- OBISPO DE SOLSONA PIDE INDEPENDENCIA CONFERENCIA EPISCOPAL CATALUÑA

El obispo de Solsona, Mons. Antonio Deig, manifestó que está decidido a promover en el seno del clero catalán la idea de crear una Conferencia Episcopal catalana diferenciada de la española. Monseñor Deig afirmó que hoy es necesaria una Iglesia catalana con personalidad propia. Se trata, según el obispo Deig, de conseguir la autodeterminación jurídica respecto a la conferencia episcopal española a nivel de Cataluña.

Deig hizo estas declaraciones en la localidad francesa de Prada de Conflent, donde participó, dentro de la Universidad catalana de verano, en un seminario sobre "la aportación cristiana al proyecto nacional".

La noticia la hemos tomado de ABC (23-8-91). Allí no se incluye ningún comentario. Pero sí algo conviene apostillar a estas declaraciones, que cuando menos, a ojos profanos, llevan el signo de la insolencia. Nosotros, católicos, lamentamos en lo más profundo de nuestro sentir religioso, que un obispo opine de esta forma.

Si los apóstoles hubieran ido predicando el nacionalismo, hoy nos encontraríamos sin haber recibido el mensaje del Evangelio. Parece increíble que un líder católico, como es el obispo, pierda la oportunidad de evangelizar en todo momento y se meta en cuestiones políticas, tomando bandera de separatismo. Así nos va.

Con razón comentan Entre otras causas, por esto crece el anticlericalismo. Y, lo que es peor, la indiferencia hacia la Iglesia. Si no disponemos de obispos santos, sacerdotes santos, ¿cómo andará el pueblo fiel?, ¿cómo se encontrarán millones de personas alejadas del Reino de Dios?

Se emplea mucho tiempo en reuniones políticas. Se hace cuasi dogma fe de cuestiones nacionalistas, por aquello de encarnarse en el pueblo. Se quiere ignorar que también son pueblo muchos que los nacionalismos de vía estrecha se han fraguado en las sacristías. quienes opinan de modo contrario en cosas muy discutibles. El pastor, a cambio de enfrascarse en la oración y de allí salir encendido para conquistar el mundo para Cristo, cierra las iglesias y se lanza a mil reuniones no precisamente de signo apostólico.

En lugar de buscar la gloria de Dios, que venga a nosotros el Reino de Cristo, se afanan muchos clérigos por el desarrollo nacionalista del pueblo donde nacieron. ¿No habrá llegado la hora de ir nombrando en cada diócesis un obispo de otra región?

Debemos todos hacer campaña de oración pidiendo al Señor obispos santos, sacerdotes santos, y no separatistas.

Quisiéramos asimismo que este escrito sirva de denuncia ante la Conferencia Episcopal española y ante la Congregación de Obispos, para que a Mons. Deig se le llame la atención y obligue a retractarse públicamente de su impertinencia política. Y, si es preciso, se le remueva de su cargo pastoral.

José María Lorenzo Amelibia. Hacia 1984

III.- UN CURA RECLAMABA JUSTICIA

He leído, con gran emoción y tristeza, un artículo del número

325 de nuestra revista, titulado "Un cura reclama justicia", firmado por el sacerdote Gerardo Labiano, hombre culto, de él he oído hablar cosas muy buenas de celo sacerdotal. Entregado a su labor pastoral en los puestos que se le han asignado. Al parecer ha habido una mala interpretación, por denuncias de algún feligrés a quien se le ha creído a pie juntillas. Y sin más, se presentaron en el pueblo las autoridades eclesiásticas, "dialogaron" con el cura y lo han jubilado totalmente, "porque había cumplido 65 años." ¡Ahora que tanto obispos como sacerdotes se retiran a los 75!

Y ahí tenemos a Don Gerardo ya "gozando" de su jubilación. Así escrito parece que le han hecho un favor. ¿Puede haber mayor dicha que comer el pan sin el sudor de su frente?

Pero, amigos, un cura, un apóstol, un hombre de fe no puede

jubilarse nunca. Este es el problema. Y menos en las actuales circunstancias de escasez de clero.

El caso de Don Gerardo no es el único. Se repite una y otra vez. Conozco a bastantes dirigentes eclesiales. A lo largo de la vida nos va tocando intervenir en distintos casos. Puede ser que no carezcan de buena voluntad nuestros jerarcas en cuestión, pero sí he comprobado que no ponen el debido empeño en asuntos semejantes. Se contentan con recabar opinión de varios seglares o curas; no escuchan suficientemente al sacerdote afectado; lo aparcan sine die... y ahí se queda.

Si este artículo lo lee un clérigo bien situado, se indignará. A él le han salido bien las cosas. Con él se han portado bien. Y dirá: ¡Pero qué barbaridades está diciendo este cura! A lo mejor les da por reírse... Menos aún lo aprobará un obispo o vicario o secretario, porque resulta más agradable que les dejen en paz. ¡Tienen tantas cosas que hacer...!

Me decía un dirigente de sindicatos: "No entiendo al clero.

Nosotros, en cuanto se acerca alguien con ganas de trabajar por nuestro ideal sindicalista, lo acogemos. En el clero rechazan a cantidad de curas que podrían hacer un papel bueno. ¡Y con la necesidad que tenemos de sacerdotes!"

Hoy más que nunca había que mimar a los presbíteros, precisamente por su carencia.

Pienso que es contra todo derecho divino que, habiendo pueblos que se quedan sin misa el domingo, se impida a algunos sacerdotes celebrarla, y no porque estos clérigos sean indignos, sino porque a algunos fieles no les caen bien sus ideas conservadoras. Denuncian al obispo el asunto, ¡y a cambiar!

En un pueblo, cuyo nombre no quiero decir, sirvió de fulminante para remover a un cura el haber predicado el día de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, a favor de este cuerpo benemérito.

Ese mismo pueblo había estado algunos años atendido espiritualmente por persona "no sacerdote". Fruto de la atención pastoral insuficiente es que el cura removido había descubierto cosas como ésta: los monaguillos se comían las formas consagradas del copón. A veces las sustituían por otras sin consagrar.

Hay sacerdotes afectados por estas remociones o jubilaciones provocadas que sufren lo indecible. Se cierran después lógicamente en sí mismos. A algunos les he oído frases tan duras como ésta: "Si no me salgo de cura, es porque ya soy viejo; ¿qué voy a hacer?"

Sí. Ya sé que por el terreno espiritual se soluciona todo: "Vete al sagrario; ponte junto a la cruz; más sufrió Cristo".

Pero resulta que a Jesús lo crucificaron "los contrarios"; mientras que a nuestros curas los "crucifican", ¡y en el nombre del Señor!, los propios, los suyos. Y en estas circunstancias resulta heroico elevarse. Hace falta virtud a toneladas.

Tal vez no hay malicia en los dirigentes. Será más bien ligereza, ignorancia del corazón humano, comodidad, espíritu de "autoridad", falta de diálogo. Pero son culpables, si después de leer

este escrito u otros que imparcialmente se les haya enviado, no ponen remedio. Tengan en cuenta que los sacerdotes afectados tienen su dignidad humana, y rehusan ir a los pies de su "verdugo" a mendigar clemencia.

Obispos y jerarcas que habláis de justicia y de caridad, sed

los primeros en cumplir.

José María Lorenzo Amelibia

AYER, COMO HOY, CONFLICTOS CON LA JERARQUIA DE LA IGLESIA

Con frecuencia, tal vez un poco inconscientemente, pensamos que los santos no tuvieron que tropezar con dificultades y conflictos con los superiores y jerarquías de la Iglesia. Nada más equivocado.

Mostramos seis casos, cogidos un poco a vuela pluma, de personas

ya declaradas santas, o con el proceso incoado, que nos muestran la tirantez, forcejeo, incomprensión que tuvieron que soportar por parte de personas revestidas de autoridad.

Viene todo esto muy a cuento en nuestra revista. Nuestro Director, D. José Ignacio Dallo, está sufriendo en su propia carne, por parte de Jerarquías altas y muy diversas, las consecuencias de haber defendido con tenacidad y valentía, la integridad del dogma católico del Sacramento de la Penitencia.

¿Incomprensible? Ciertamente. También resultan incomprensibles los hechos históricos que a continuación citamos.

IV.- CONFLICTOS DE SANTOS Y JERARQUIAS

SAN ENRIQUE DE OSSO

1840-1896

FUNDADOR DE LA COMPAÑIA DE SANTA TERESA DE JESUS

El conflicto comenzó por un terreno que una piadosa señora cedió a mosén Enrique y en donde se construyó un convento de Carmelitas Descalzas.

En 1878 la Compañía crecía a pasos agigantados. Necesitaba una casa de formación. Se decide que la Compañía edifique en el mismo terreno cedido a Don Enrique (junto a las Carmelitas), en donde hay suficiente espacio para otras edificaciones. Así quedarían en el mismo espacio las Carmelitas orantes y las Teresianas enseñando. Todos están de acuerdo.

¿Pero qué sucedió después? Las carmelitas presentan una denuncia al obispado por la construcción de un colegio que ocasiona graves daños. Sólo Dios sabe todo lo sucedido a raíz de esto. El que escruta el interior de los corazones.

Tres sacerdotes, amigos hasta entonces, presentan también recurso contra el colegio. Se abre expediente contra mosén Enrique.

Lo cierto es que Ossó era demasiado alabado por todos. No sólo

en Tortosa, en España entera. Y esto molesta siempre a los mediocres, de pequeño corazón.

El proceso sigue adelante. Las sentencias dadas son recurridas de uno a otro tribunal eclesiástico. Los últimos años de vida del santo estuvieron envueltos en la amargura. Y el proceso duró hasta después de la muerte de Enrique de Ossó. Y las pruebas de la justicia de su causa, fraudulentamente ocultadas, no fueron descubiertas hasta el año 1967 en los archivos vaticanos.

MAGDALENA AULINA Y SAURINA

1897-1956

FUNDADORA DE LAS OPERARIAS PARROQUIALES

Magdalena Aulina llevaba ya veinticinco años trabajando en Bañolas, su pueblo natal, junto con un grupo de jóvenes, en actividades apostólicas parroquiales, cuando surgieron los conflictos. Su obra, muy modesta en sus orígenes, iba cargada de gran fuerza y vitalidad. Como las obras de los santos.

Tuvo Magdalena fervorosos seguidores, muchos admiradores,

y muchos curiosos que estaban a la expectativa.

Hay que contar igualmente con un grupo de envidiosos que nunca suelen faltar en semejantes ocasiones.

Lo indiscutible es que aquella mujer de Bañolas, todavía joven, había roto moldes, abierto caminos nuevos.

Llegó el momento en que las autoridades eclesiásticas consideraron su deber de actuar: a las oficinas de la curia episcopal habían ido llegando denuncias en torno a la seudosantidad de ciertas personas, entre las que se encontraba Magdalena Aulina. Eran habladurías sin concretar, pero que inquietaban a muchos.

Entre 1933 y 34 Magdalena se vio envuelta en un desagradable

proceso, instruido por el obispo de Vich, en calidad de administrador apostólico de la diócesis de Gerona, entonces sede vacante. Magdalena lo asumió con toda seriedad; no puso la menor resistencia a la intervención eclesiástica.

El dictamen de los peritos consultados por el obispo se pronunció por la necesidad de aprobación diocesana previa para la obra de Bañolas.

Magdalena contestó por escrito, jurídicamente asesorada,

haciendo resaltar el carácter laical de la obra.

En 1939 un decreto del obispado de Gerona, resumía las acusaciones contra Magdalena, que habían dado lugar al proceso anterior.

Además quedaba patente el aspecto de falta de aprobación canónica para la obra de Bañolas, Magdalena seguía siendo acusada de desobediencia al prelado en materia grave, y propagar revelaciones y manifestaciones sobrenaturales no aceptadas por la Iglesia. Fue interrogada y contestó. Sin embargo, el prelado diocesano no quedaba satisfecho.

Para dar por resuelto el conflicto se pidió a Magdalena que

firmara una confesión de fe y una abjuración de errores.

Firmó la confesión de fe. Pero mal podía firmar la retractación de unos errores que no había cometido. No era cuestión de humildad, sino de exponer la verdad sin paliativos.

El obispo exigía la firma a ultranza. Y Magdalena no podía

firmar sin faltar a la verdad.

Se arriesgó a todo y no firmó la declaración. La causa quedó

vista para sentencia.

El 3 de agosto de 1939, el obispo de Gerona, con todo el peso de su autoridad, dictaba sentencia prohibiendo la obra apostólica de Magdalena Aulina. Al mismo tiempo privaba de sacramentos tanto a la que consideraba fundadora como a todos sus seguidores, si no acataban la autoridad del obispo de la diócesis.

Se creó una situación de molesta perplejidad en muchos

simpatizantes de buena fe. Y solamente el grupo de adictos, conocedores y seguros de la inocencia y buena voluntad de Magdalena, se mantuvieron unidos a ella, pero con las penas canónicas encima.

Magdalena, arropada por la comprensión y fidelidad de las

operarias y amigos fieles, abandonada por otros, objeto de burlas por ciertos sectores, incomprendida por la mayoría que pasaba de largo ante su tragedia, no tenía más recursos que esperar en Dios y en los pocos que hacían lo que podían.

Caso insólito: Una mujer joven, cuya ejemplaridad no podía ponerse en tela de juicio, es considerada desobediente y rechazada por el obispo, el cual le impone graves penas canónicas.

Don Marcelino Olaechea, obispo de Pamplona, de indiscutible

autoridad moral, asumió el delicado e ingrato papel de mediador.

El 23 de diciembre de 1941 tuvo lugar en el palacio episcopal de Gerona el histórico encuentro entre el obispo de la diócesis y Magdalena, en presencia de cualificados testigos por ambas partes.

El prelado presentó a Magdalena unos puntos complementarios, no previstos en la entrevista, para que los suscribiera. A través de ellos se veía constreñida a aceptar aspectos que no respondían a la realidad.

Se vio metida en un callejón sin salida. El obispo exigía la

firma. Don Marcelino Olaechea aconsejó que firmara para que viera el prelado que había en ella buena voluntad. Magdalena se hallaba sometida a una verdadera tortura moral y sicológica. Al fin firmó. Fue un acto de obediencia ciega en búsqueda de la paz.

Más tarde se consiguió la aprobación diocesana de la obra y se extiende con brío por Navarra. Es elevada a Pía Unión en Navarra. En 1962 es erigida en Instituto Secular. Ahora tiene 10 centros en

España, 5 en Italia, 4 en Francia; 3 en Puerto Rico y uno en Guinea.

SAN JOSE DE CALASANZ

(1557-1648)

SU BATALLA INTIMA

Probó en su carne la tensión entre la obediencia y respeto al Papa, por una parte, y la lucha noble contra las leyes que impedían un bien mayor, por otra. Y entre el dolor desgarrador de decisiones jerárquicas equivocadas y la obediencia filial, estaba su lucha.

Luchó contra la prohibición de aprobarse nuevas órdenes

religiosas y ganó la batalla. Solicitó una reforma tras otra, con memoriales y visitas continuas al Papa y sus curiales. Acogió a hombres en conflicto con la Inquisición.

El mismo tuvo que comparecer, siendo ya anciano, ante el Tribunal del Santo Oficio, llevado a pie por un piquete de soldados. Fue destituido del cargo de superior general. Y aun le tocó escuchar el decreto pontificio de disolución de la Orden Escolapia.

Su actitud ante tal cúmulo de ataques, que duraron más de cinco años fue ésta: "Yo, mientras tenga vida, no perderé jamás el deseo de ayudar a la Orden con la esperanza de volverla a ver asegurada, apoyándome en aquellas palabras de un profeta que dice: sed constantes y veréis el auxilio de Dios sobre vosotros."

La tarde del 17 de marzo de 1646, cuando el enviado del Papa

Inocencio X dio lectura al breve disolutorio, Calasanz repitió varias veces las palabras de Job: "El Señor me lo dio, el Señor nos lo quitó. Como plugo al Señor, así se hizo. Bendito sea su nombre."

Y tuvo este gesto final: dos o tres días antes de morir llamó a dos religiosos y les suplicó: "Hacedme esta caridad, id al Vaticano; ganad la indulgencia por mí; besad el pie a la estatua de San Pedro; pedidle la bendición de mi parte, para que impetre del Señor el perdón de mis pecados...Id luego al maestro de Cámara del cardenal Cechini y rogadle que obtenga del Papa la indulgencia plenaria y la bendición in articulo mortis."

Cuando murió, su Congregación estaba disuelta.

BONIFACIA RODRIGUEZ CASTRO

1837-1905

FUNDADORA DE LAS SIERVAS DE SAN JOSE

En Salamanca, con ayuda del jesuita P. Butiñá y del obispo Lluch, funda Bonifacia Rodríguez lo que después serán las Siervas de San José: talleres autofinanciados para promocionar a la juventud femenina. Algo verdaderamente revolucionario, pionero del trabajo de la mujer; verdadera necesidad social y cristiana.

Cuatro meses después de la fundación el P. Butiñá ha de salir al exilio, expulsado con todos los jesuitas. Un año después el obispo Lluch es promovido a la sede de Barcelona. Desaparecen los dos hombres que habían hecho realidad los "Talleres de Nazaret".

Bonifacia, sola, ve desaparecer la casi totalidad del grupo

fundacional que había recibido directamente de Butiñá cual era el carisma de la congregación.

Empieza una campaña solapada de desprestigio a Bonifacia: no tenía cualidades de gobierno, no sabía los trabajos de máquina, no cuidaba a las hermanas y por eso morían. Surge, en un núcleo influyente de la comunidad, cierta rebeldía y desobediencia. Tenían una alternativa para sustituirla, una mujer simpática y atractiva,

aureolada de santidad.

Detrás de todo esto estaba el director de la congregación. El

obstaculiza toda comunicación de Bonifacia con el nuevo obispo, Martínez Izquierdo.

Un visitador del obispado no halló culpa en ella, y continuó

Bonifacia al frente de la comunidad que la rechazaba.

Llegó el momento de unificar la obra de Butiñá, y Bonifacia viaja a Cataluña. Lleva también la ilusión de la unión, conocer a las hermanas de Cataluña.

En su ausencia nombran canónicamente a otra superiora. Sabe de su destitución en el viaje de regreso con hermanas de Cataluña.

No tiene facultades jurídicas para llevar a cabo el proyecto de unificación. Y no se realiza la unión. Humillada y triste vuelve a Salamanca, donde es recibida con hostilidad.

En 1883 Bonifacia sale de Salamanca para hacer una nueva fundación en Zamora. Va en suma pobreza. Pasan necesidad, pero Dios les concede perfecta alegría.

Existe un proceso de alejamiento que culmina en considerar la

fundación de Zamora como ajena a la de Salamanca. Bonifacia es presentada como cismática. En torno a ésta se crea toda una leyenda negra, donde la calumnia tiene el protagonismo.

Ella, ve con dolor este proceso, y procura el acercamiento a Salamanca de todas las formas posibles. Pero marcha a esta ciudad, y no la reciben. Ni quieren abrirle la puerta.

Este proceso de marginación culmina con la aprobación pontificia del Instituto, en la que queda excluida la fundación de Zamora. Su comunidad ha quedado descolgada del resto de la Congregación.

Mientras ella, como grano de trigo muere, la congregación va

creciendo. El 8 de agosto de 1905 dejaba de existir en Zamora. Aparentemente había fracasado.

En 1907, como había profetizado Bonifacia, la fundación de

Zamora se incorpora al resto de la Congregación.

En 1936, de forma inesperada, se descubrió la caja que contenía los datos sobre la figura auténtica de Bonifacia. Se desvela quién es la fundadora. Surge el deseo de conocerla.

SAN JUAN BOSCO

1815-1888

FUNDADOR DE LOS SALESIANOS

Desde 1865 al 71 Juan Bosco estuvo instalado en el corazón de

los poderes: religioso y civil.

Durante cinco consistorios se llegaron a nombrar 84 obispos con parte de su mediación. Le sugirió a Pío IX otros 18 nombres de personas episcopables, que él confirmó sin rechistar.

Este hombre, Juan Bosco, a pesar de estos antecedentes, cayó en desgracia.

Su forma de afrontar la vida le acarreó incomprensiones y hasta sanciones.

Probó en su propia carne la tensión fuerte entre su Arzobispo Gastaldi, por una parte, y la lucha digna por el afianzamiento de sus obras y congregaciones.

Hablando un día con su amigo el canónigo Colomiatti en 1882, no pudiendo más, reventó y afirmó de su Arzobispo: "Ahora ya no le falta más que ponerme el cuchillo sobre el corazón." Y hay que considerar que Don Bosco y el Arzobispo habían sido muy amigos.

Le suspendió la facultad de confesar. Recogió el permiso de predicar a algunos de los salesianos. Les negó la administración de la confirmación a los jóvenes del Oratorio.

Y no sólo el Arzobispo, también el encargado de los negocios de la Santa Sede ante el gobierno de Turín, les desacreditaba al verlos mezclados con los chicos, enseñando oficios de sastre, carpintero,

zapatero... Correr, saltar con los muchachos era considerado como una vulgaridad, impropia del estado clerical.

Los mismos periódicos se encargaban de poner demasiado vinagre a la herida.

Hubo sacerdotes que le acusaban de comunista, testarudo y

facineroso ante su siempre amigo y protector Pío IX.

Y llego el extremo a tanto, que murió el papa sin volver a

recibir a Don Bosco, a pesar de haber solicitado repetidas veces audiencia.

Fueron doce años largos y difíciles.

ESPERANZA DE JESUS

1893-1983

FUNDADORA DE LAS ESCLAVAS DEL AMOR MISERICORDIOSO

La madre Esperanza de Jesús era religiosa claretiana. Vivió en la búsqueda de nuevas formas de practicar la caridad con muchachas pobres. Un grupo de ellas se encontraban alojadas en un piso con nuestra religiosa.

Se recibió visita de inspección de la Madre General. A todas luces aquella visita podía considerarse como inoportuna y provocativa. Las internas, cuando vieron a la General, armaron un escándalo monumental. La rechazaron con insultos como éste: "Fuera la gorda... fuera, fuera..."

Al no querer ninguna acusar a las cabecillas, una persona

eclesiástica creyó resolver la situación así:

-"A la calle todas, inmediatamente."

De noche las niñas internas, provenientes de lugares lejanos,

con situaciones familiares graves, ¿cómo iban a abandonar la residencia? Esperanza no lo pudo consentir.

Días después las niñas comenzaron a desfilar hacia sus casas. EL Padre espiritual apoyó y alentó a Esperanza en todo momento.

Lo mismo hicieron algunas personas de Iglesia.

Estos acontecimientos convencieron a Esperanza a abandonar la

Congregación Claretiana y fundar una nueva. Le siguieron varias hermanas.

La noche de Navidad de 1930 la pasaron en un pequeño piso de la calle Velázquez 97 de Madrid.

Emitió sus votos, junto con el grupo de hermanas, y así nacía la Congregación de esclavas del Amor Misericordioso.

Los niños fueron los primeros beneficiarios, y también los

pobres, los ancianos, los sacerdotes.

Y, sin embargo, la incomprensión, la oposición y la persecución seguirán acechando.

El Obispo de Madrid que a raíz del famoso revuelo de las niñas, ha variado su concepto respecto a la madre Esperanza, niega su bendición y aprobación, y ordena que nadie la apoye ni colabore.

Durante más de treinta años niñas y religiosas desfilarán cada

mañana hacia la parroquia más cercana. Incluso le mandará un jefe de seguridad amigo para que la expulse de la ciudad; pero se trataba de una asociación civil, con los papeles en regla y solamente tuvo que pedir disculpas.

El sucesor, monseñor Casimiro Morcillo, gran admirador de la madre y de su obra que había podido conocer en Italia, se apresurará a deshacer el entuerto, nada más tomar posesión de la diócesis madrileña.

Juan Pablo II, que ya conocía la obra siendo obispo de Cracovia, visitó en 1981 a Esperanza. La encontró en un carrito de ruedas. Se acercó a ella, se inclinó y depositó un beso en la frente.

¿Qué mejor prueba de la confirmación de la obra y del reconocimiento de las virtudes de Esperanza?

Nota. Bibliografía: Suplementos de "Vida Nueva".

L.A.J.M.

 

V.- Confesión MONSEÑOR SEBASTIAN: ¡MAS CONTUNDENCIA!

Hemos leído con satisfacción la conferencia del Sr. Arzobispo de Pamplona, Don Fernando Sebastián, que pronunció con ocasión de las Jornadas del Pueblo de Dios. La titulaba: "La llamada del Espíritu Santo a nuestra Iglesia de Navarra".

Nos ha parecido muy buena cosa, pero, en algunos aspectos,

insuficiente. Voy a citar un párrafo importante de la misma:

"Todos sabemos que la confesión de los pecados forma parte del signo sacramental, sin el cual no hay verdadero sacramento. A quienes siguen concediendo absoluciones colectivas sin confesión de los pecados, yo les pido encarecidamente que recapaciten y que busquen el modo más adecuado para volver a la disciplina y a la comunión de la Iglesia en este punto tan importante de las obligaciones ministeriales. Si no lo pueden hacer en conciencia deberían renunciar a sus cargos pastorales. Es mi deber decirlo así y hacérselo saber al Pueblo de Dios".

El Sr. Arzobispo ha sido contundente en apariencia. Pero creo

que debemos analizar este párrafo con rigor.

En primer lugar, concede que la confesión de los pecados es algo necesario para el sacramento. Cierto. No es poco que lo diga así de claro. Pero no encontramos proporción entre la falta tan grave de administrar sacramentos de forma inválida, y la reprimenda que hace.

Si hubiera sido que ocurría el fenómeno de las absoluciones

colectivas una sola vez por error involuntario, valdría. Pero es algo repetido desde hace muchos años. Se ha causado y se sigue causando a las almas gravísimo daño. Hay pueblos en que desde hace más de veinticinco años no se confiesa nunca a los fieles en la iglesia. Tan sólo se dan absoluciones colectivas.

Ante estos hechos no cabe más que una solución: una vez

advertidos seriamente de su error, no se les puede invitar amablemente a que lo consideren en conciencia y que dejen sus puestos de pastoral. Es del todo insuficiente, ilógico y dañino para las almas. Ante una praxis contraria al dogma católico, no caben medias tintas. Es preciso, en caso de reincidencia, expulsar del clero a los pastores malos. Por caridad se les podría incluso entregar la paga íntegra hasta que encuentren un trabajo temporal que les permita la alimentación, pero nunca permitir que entre el error dentro del seno de la Iglesia Católica.

Por causas mucho menores hemos tenido en nuestra Iglesia una

sangría sin precedentes: me refiero a los miles de sacerdotes a quienes se les ha obligado a la secularización, cuando han pedido dispensa del celibato. Sí; podemos concederlo: es muy importante la disciplina celibataria, pero, sin duda ninguna es más importante la integridad sacramental, la limpieza del dogma.

Por unas supuestas "faltas de convivencia en cabildo", al sacerdote ejemplar, director de la Unión Seglar de Navarra, se le ha excluido del cuerpo eclesiástico de los canónigos de Pamplona e incluso de toda función sacerdotal en la Catedral.

Creo que tenemos derecho a rasgarnos las vestiduras ante estas incongruencias.

Hace ya muchos años, Don Rufo Ayestarán, Juez Provisor del

Arzobispado de Pamplona, solía decir en conversaciones privadas:

- Es necesario a los sacerdotes que predican doctrinas heréticas o hacen prácticas contrarias al dogma o moral cristianas, imponerles de oficio la secularización.

Pasan los años y cada vez se va relajando más todo lo relativo a al dogma y moral católicas. Y, lo más grave aún, a quienes denunciamos todo esto se, nos margina, zahiere, y nos "buscan las cosquillas" para hacernos sufrir.

D. Fernando Sebastián y otros muchos obispos: no es suficiente con pedir discreción y que vuelvan a la disciplina y comunión. Es necesario la contundencia que hace años apuntaba don Rufo.

José María Lorenzo Amelibia

VI.- CIRARDA, SE TRUNCO EL CARDENALATO

Cuando en 1978 Mons. Cirarda llegaba a Pamplona como Arzobispo,

era una figura distinguida dentro del episcopado español. Representaba el cargo de vicepresidente de la Conferencia

Episcopal.

Todo el mundo pensaba que no permanecería en la capital navarra muchos años. sus dotes de dinamismo, simpatía y decisión daban a entender que nuestra diócesis sería un trampolín para su destino definitivo: Cardenal Arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal.

Pero tenía antes que demostrar sus cualidades de pastor en

circunstancias especiales. Debía restaurar un seminario que se encontraba en ruinas; unir al clero navarro en plena crisis postconciliar; mantener la pureza y ortodoxia de la fe en el pueblo y sus dirigentes religiosos.

El reto que se le ofrecía a Mons. Cirarda era difícil. Exigía

dedicar muchas horas a una oración profunda y llena de esperanza; rodearse de un equipo de sacerdotes de probada fidelidad y dinamismo apostólico; dar un viraje firme en el timón de la diócesis.

No superó al parecer la prueba nuestro Prelado. Paulatinamente fue cayendo su prestigio dentro de la Conferencia Episcopal. Dejó de ser vicepresidente, y ni siquiera encabezó las listas de ninguna comisión. Todo ello comenzó a raíz de los incidentes de San Francisco Javier en el año 1979.

Creemos que la revista P'Alante es leída por los obispos y a veces también comentada. Y pienso que les ofrece una información valiosa, y a la hora de sus decisiones les puede servir de no pequeña ayuda.

Los sucesos de la Chantrea en torno a las absoluciones colectivas; los sacramentos denegados a un policía moribundo por atentado terrorista y no corregido el autor por Mons Cirarda; la denuncia continua y constante de todas las faltas contra las disposiciones pontificias, no atajadas por el Prelado... Creo que todas estas cosas han sido la causa de la no ascensión al Cardenalato de Mons. Cirarda.

Ojalá todo cambie y se vea de nuevo nuestro señor Arzobispo con el prestigio que tuvo ante sus compañeros.

José María Lorenzo Amelibia

 

VII.- LLEGÓ EL DOCUMENTO DE LOS OBISPOS.

Al fin ha llegado el documento de los obispos para dar un frenazo total a tanto desmadre teológico que existe en nuestra patria. Lástima, sí, que se haya tardado tanto tiempo en ello. Porque en estos más de veinte años se han producido males irreparables.

Ha llegado también la hora de separar a algunos teólogos de sus cátedras. Creemos que debe ser el comienzo. Otros muchos siguen sentados pregonando sus ideas particulares contrarias al dogma y a la moral.

Estos seudoteólgos han puesto casi toda la doctrina definida en tela de juicio. No han dejado títere con cabeza. Algún profesor de la facultad de Vitoria ha afirmado y defendido contra viento y marea que no existe en moral ningún principio absoluto; ni siquiera éste: "Hay que hacer el bien y evitar el mal." Otro ha asegurado que para ser buen cristiano en el país vasco es necesario "euskaldunizarse"; y quien no lo quiera hacer que se marche.

Hemos leído en letra impresa irreverencias y bromas blasfemas contra la Santísima Trinidad, escritas por un párroco de Pamplona que se las lleva de pastoralista. Hemos escuchado afirmaciones tajantes de que la Iglesia es cruel al no admitir el divorcio; que debiera institucionalizarse el noviazgo con relaciones sexuales completas prematrimoniales, como algo bueno a los ojos de Dios. Predicadores han puesto en parangón a terroristas con Jesucristo. Algunos han llegado a negar la virginidad de Jesucristo y la de su Santísima Madre. Todo esto ha sucedido públicamente. Sería larguísimo continuar la lista de errores blasfemos o heréticos.

Al fin han hablado los obispos.

Y lo mejor es que se han pronunciado precisamente después de haber separado de sus cátedras o revistas a algunos líderes de la seudoteología.

Sí. Es verdad. A nadie condenan nuestros obispos. Nos parece correcto. ¿Por qué adelantarse al juicio de Dios? ¿Por qué no les han de dejar una oportunidad de reflexión o arrepentimiento? ¿Por qué no creer en principio en la buena voluntad de las personas?

Pero también resulta necesario impedir que el mal y el error sigan en auge con doctrinas en nada acordes con la revelación.

Ahora es preciso continuar . Poner orden en la casa. Otros catedráticos de Facultades siguen todavía sembrando errores peregrinos. Habría que invitarles a que públicamente se retracten de ellos, y en caso negativo retirarlos de la enseñanza teológica.

Estamos viviendo momentos de esperanza.

Dicen los señores obispos que el análisis del documento por ellos publicado, adolece de imperfecciones y carencias. Afirman asimismo que es parcial. Lo ofrecen en espíritu de servicio a los fieles, y como texto de diálogo.

Animados por la oferta de nuestros Pastores les formularemos varias sugerencias y preguntas:

¿ Por qué no editan otro escrito enumerando todos los abusos doctrinales de los últimos años? Creemos que esto iluminaría y orientaría al pueblo fiel.

Quisiéramos también que nos respondieran: ¿Están en la misma línea antievangélica y antieclesial el aferrarse a "la doctrina fijada tal y como queda en las fórmulas dogmáticas", y "el no tener a la vista la revelación de Dios de la que es testigo la Iglesia o la tradición de la Iglesia y su magisterio"? Esta cuestión es muy grave y exigiría una respuesta rápida y contundente.

Nos parece necesario en estos temas concretar más. ¿Quiénes son esos integristas que explican una teología en "la que la vida está ausente"?

Hablan nuestros pastores de "modelos políticos ya superados". Creemos que el tema en cuestión no roza para nada con la fe. Y todos los modelos políticos, tantos los "superados" como los "democráticos actuales", no son en modo alguno canonizables.

Ciertamente algunos de los integristas debieran asomarse a los nuevos avances de la teología sana; esa teología que abre horizontes; que adecua la fe a los nuevos descubrimientos científicos. Pero tropiezan con el temor real de que, escudados en esa teología, muchos han desorbitado la cuestión y han llegado a la práctica renuncia de la fe católica.

Por todo ello creemos que no deben meterse en un mismo saco a los integristas y a los progresistas. La diferencia entre unos y otros es esencial. En los primeros el problema puede ser de método y de actualización; en los segundos es tan serio que toca a nuestra misma fe católica.

José María Lorenzo Amelibia

 

VIII.- EL TIRANO Y LA ESTAMPITA

Cuentan de un famoso tirano, hombre con apariencias de santo superficial, que así trataba a sus víctimas inocentes, pero molestas: Sometíalas a juicio ante un tribunal por él mismo presidido y promovido. Los acusadores eran hombres de su entera confianza, máscaras ocultas bajo el anonimato de un número. El reo en ningún momento contaba con el derecho de abogado defensor; ni siquiera a él mismo se le permitía ser su propio paladín.

Jamás reveló el "juzgador" el nombre de acusadores; y en todas las circunstancias aparecía cubierto con la falsa capa de bondad y simpatía coloquial. Mas el coloquio consigo mismo lo mantenía. Cuando sentencia daba, cubríala de apariencia dulce y melosa, para que jamás se viera en ella su faz de Maquiavelo.

Pensaban algunos que este tal juez o tirano había leído en su juventud el libro titulado "Historia de la tortura", y que así quedó impresionado ante el espectáculo dantesco de desgraciados hombres que, mientras padecían en su cuerpo el suplicio de ser atravesados por el palo, sus jueces y verdugos les "consolaban" acariciándoles el rostro y jurándoles el profundo amor que les profesaban.

Nuestro tirano en algo imitaba aquella historia de los tormentos. Dicen que ofrecía a sus víctimas estampitas religiosas con estas frases llenas de ternura y consuelo espiritual:

"Nada ha empañado mi afecto por ti, hermano. Has de saber lo mucho que rezo por la salud de tu alma; lo mucho de felicidad que te deseo; haz tú oración por mí para que obtenga a mi vez ese consuelo y gran felicidad."

Pero el tirano no veía a sus víctimas que vomitaban cuando a sus manos llegaban tales estampitas o células.

La "Historia de la tortura" se repite en nuestros días con formas más cultas o refinadas que en los siglos oscuros del pasado. Pero siguen las gentes inicuas con la misma sed de venganza contra sus enemigos ciertos o imaginarios. Pidamos a los señores tiranos que, en sus abusos de poder, al menos se abstengan de entregar la estampita de falsa piedad.

José María Lorenzo Amelibia. Hacia 1984

 

 

IX.- MONS. SEBASTIÁN EN EL FORO XXI

El día 23 de diciembre, fecha de pregones de Navidad, el Sr. Arzobispo de Pamplona pronunció en el Hostal del Toro, "Foro siglo XXI, una conferencia, seguida de "cena-coloquio".

No acudimos al acto ceremonioso; tan sólo nos hemos informado por la prensa local. A él asistieron las "fuerzas vivas" políticas de la Comunidad Foral y de la Diócesis.

El personaje central en todo momento fue Mons. Sebastián; a fin de cuentas era el invitado de honor para encauzar la ponencia y diálogo posterior.

Los medios de comunicación califican la intervención del Arzobispo de clarividente y realista. Se entrevé en todo momento la brillantez y buena preparación. Se destaca como muy positivo en la conferencia de Mons. Sebastián frases tan acertadas como ésta: "Nadie puede evangelizar transmitiendo dudas". ¡Una gran verdad! Hora es ya de que cuantos están llamados a ser la sal de la tierra cesen de predicar las propias crisis. Así se arruina la vida religiosa.

Clarividente y realista, sí, pero a nuestro juicio faltó al Sr. Arzobispo de Pamplona el verdadero arranque de fervor. La triste realidad está bien captada: La Iglesia de Navarra (y de gran parte de España) se encuentra desmoronándose. A pesar de los aciertos, la conferencia de Mons. Sebastián puede ser calificada de auténtico repliegue del cristianismo. Todo lo realista que queramos, pero acongojante. Impropia de un sucesor de los apóstoles; más propia de un sociólogo bueno, cristiano de a pie, preocupado por el porvenir de la fe en su tierra.

Necesitamos obispos santos, de la talla de los apóstoles. Sé que no está en nuestras manos el conseguirlo; y, por supuesto, tenemos que invocar al Dios de la misericordia que nos los envíe. Diagnosticar el mal que corroe nuestra vida cristiana no resulta difícil. Afirmar que en el siglo XXI hemos de valernos con doscientos cincuenta sacerdotes para las necesidades espirituales de Navarra, es evidente en lo humano. Pero no nos parece correcto entregar la responsabilidad a los cristianos de a pie - así parece hacerlo el Arzobispo - para que ellos hagan la labor de evangelización, sin involucrar ante todo a sacerdotes y almas consagradas.

Monseñor Sebastián y obispos todos de España: necesitamos sacerdotes santos, necesitamos obispos santos. Es preciso lanzarse a esa evangelización del siglo XXI como los apóstoles. "¡De mosto están llenos!", decían de ellos los judíos. San Pedro y todos sus compañeros parecían ebrios a causa del entusiasmo y celo que inundaba sus corazones. Así pudo propagarse el Evangelio. Salían de la Eucaristía nuestros primeros cristianos como leones - en frase de un santo padre. Se lanzaban a la conquista del mundo, indiferentes a burlas y desprecios, indiferentes a la muerte. Así llegó poco a poco a ser el mundo de Dios.

¡Queremos obispos santos! Queremos obispos que no estén conformes con esta moda de diagnosis sociológica y estadística. Que dejen sus despachos tediosos y se lancen por los caminos de su parcela eclesial enfervorizando a los sacerdotes, sacudiendo la pereza y rutina de las "almas contemplativas". Queremos obispos que pasen muchas horas junto al sagrario de su residencia, y desde allí salgan como los apóstoles decididos a dar el vuelco a la vida rutinaria y enclenque de nuestros cristianos tibios, agnósticos y ateos. Sabemos que no está en nuestras manos el conseguirlo; que hemos de pedirlo "al Dueño de la mies".

Sí podemos exigir a nuestros obispos algo que ellos pueden:

desde un plano de humildad, una vez detectado el mal que corroe a nuestra Iglesia, hablar con temple de apóstol, calentar en fervor a sus sacerdotes, convocar verdaderas cruzadas de oración y santidad para que todos los cristianos renovemos nuestro espíritu.

De nada nos sirve que un obispo - como califica Arraiza al de

Pamplona - "no se case ni con integrismos ni con progresías", si no provoca una reacción en cadena de santidad. Que el obispo comience por aquello de "Nada soy, PERO TODO LO PUEDO EN AQUEL QUE ME CONFORTA".

Enhorabuena, Don Fernando, por su conferencia, y -¡por favor! tenga en cuenta estas consideraciones hechas con amor; procure que le ayuden a cambiar su enfoque pastoral. Todos lo necesitamos. Comunique estos pensamientos a sus compañeros de episcopado.

José María Lorenzo Amelibia. Hacia 1996