Mayo - junio 2012
Columba Marmión
Columna de N. González
Artículo de González del mes anterior
Beatificado por Juan Pablo II. Ordenado sacerdote en 1881 en Roma; irlandés. Su arzobispo le encomendó la cátedra de Filosofía del Seminario de Clonliffe. Muchos seminaristas lo tomaron entonces como director espiritual. En toda aquella época dirigía también a religiosas y religiosos y tenía gran comunicación con presos de ambos sexos de las cárceles de Dublín. Todo esto le ayudó a ser un gran conocedor del corazón humano, ya a los 28 años.
En 1886 ingresó y profesó en los benedictinos de Maredsous. Y pronto inició su apostolado con sacerdotes. Les dirigía retiros con gran fruto espiritual. Pero fue en Lovaina, a partir del año 1899 cuando desplegó del todo este ministerio; con él se dirigían muchos profesores y sacerdotes jóvenes. Fue una voz nueva que se escuchó en aquel ambiente universitario. Su palabra era cálida y el fondo de su predicación dogmático y profundo. Este apostolado, cada vez más intenso, se prolongó hasta su muerte.
Dejó muchas notas de toda su predicación y pláticas. Pero jamás utilizaba estas notas en su predicación. Hablaba desde la abundancia de su corazón. Un poco al estilo de San Pedro Julián Eymard que se preparaba mucho; la última hora de preparación junto a Jesús Eucaristía, pero nunca utilizaba esquemas. Ambos hablaban desde el fondo de su corazón. Él no escribía para publicar, sino para preparar su predicación, clases, pláticas. Solía decir: "La vida del sacerdote no llega a comprenderse sino dominada por Cristo". Procuraba adentrar en sus oyentes una atmósfera de fe viva. El Señor le llamó el 30 de enero de 1923.
Tu amigo: N. González.
La próxima columna de N. González aparecerá D. m. cada dos meses