A Obispos particulares

Advertencia: Se trata de una serie de cartas escritas a distintos obispos por diversas causas. En todas ellas aparece el deseo de fomentar una vida espiritual más intensa.

Aquí decae la procesión del Corpus. Año 1987

Querido señor obispo: Le escribo a usted porque soy un feligrés suyo, pero esta carta puede ser útil para cualquier otro obispo de España.

El año pasado, como de costumbre asistí a la procesión del Corpus. He conocido en cuanto a concurrencia tiempos mejores y tiempos peores. Afortunadamente la gente está hoy bien definida. Nadie dejará de participar en estas manifestaciones religiosas por complejo.

Calculo que toMARÍAn parte alrededor de dos mil personas: hombres y mujeres de fe todos ellos. No es mucho para una ciudad de doscientos mil habitantes. Pienso que la caída de la devoción a la Eucaristía se debe en gran parte al clero. Apenas estimulan en los ejercicios espirituales, confesonario y sermones a la práctica de la visita al Santísimo Sacramento. ¿ Tal vez vayan perdiendo ellos mismos la fe en la presencia real por ciertas doctrinas de algunos "teólogos" modernos? Usted sabe mejor que yo a qué me refiero.

He oído de usted y me he alegrado, que dedica todos los días un buen rato a la oración delante del sagrario. Por eso comprenderá mejor esta carta, escrita por un alma llena de devoción a la Eucaristía.

Para este año 87 y sucesivos hemos de procurar potenciar la procesión del Corpus. Es la manifestación popular de fe religiosa más importante del año. Le pido por favor que se vuelva al recorrido tradicional. ¿Por qué se va reduciendo cada año más el itinerario? ¿Se pretende acaso quedarse en el interior del templo?

Ahora permítame algunas sugerencias para la organización de la procesión:

- Enviar una breve circular del obispo animando a acudir a esta manifestación religiosa a parroquias y grupos parroquiales; comunidades de base conocidas; responsables de formación religiosa de colegios, escuelas profesionales, institutos y universidad; hermandades y cofradías; catequistas de básica y de confirmación.

- Diez días antes: colocar en todas las iglesias y en muchos comercios pasquines invitando al acto.

- Tres días antes: cuñas por radio y anuncios en los periódicos, indicando claramente el lugar, hora y trayecto.

  La víspera por la noche: recorrer las calles de la ciudad con coches animando para asistir al acto al día siguiente.

En cuanto a la organización del acto en sí, hemos de felicitar a los sacerdotes dirigentes; se creó un verdadero clima de oración.

Si se tienen en cuanta estos detalles, este año la asistencia puede superar a las veinte mil personas.

Le saluda atentamente: UN FELIGRES

P.d. El Obispo en cuestión no hizo ningún caso en el año 87; tampoco en los sucesivos. Al obispo siguiente se le han mandado distintas cartas; la asistencia ya era mínima: menos de 500 personas. Tampoco hasta la fecha ha hecho ningún caso.

A un Obispo, pidiéndole se una con otros para ganar un ambiente de mayor espiritualidad en el episcopado. 27 SETIEMBRE 1996

Querido Señor Obispo: Mucho he pensado a ver si debiera contestar a la suya del 15 de agosto, respuesta a la mía que mandé a todos los obispos. Al fin me decido. Es que su carta me produjo gran emoción espiritual. Es verdad que varios obispos me han contestado con escritos muy buenos en el espíritu, pero como el suyo, ninguno. Y le ruego aparque ahora esta carta y la deje también para lectura espiritual. Así no le impedirá en sus numerosos quehaceres pastorales. Gracias.

De verdad había oído de su amor a la vida interior, de su fervor de espíritu. Esto no se lo digo para "tentar vanidades", sino para que nos sintamos junto a El siervos inútiles, indignos, pero muy amados; así lo han hecho los santos. Y es verdad.

Si me permite le envío mi "infiel" currículum para que cantemos las misericordias del Señor.

Estudié en el Seminario de Pamplona. Me gusta recordar el período de formación a pesar de las muchas lagunas que en él veo en relación con mi propia maduración humana. Pero la formación del espíritu cristiano fue tan extraordinaria que no sólo no me arrepiento, sino que daré siempre gracias a Dios por ella. Canté misa el año 58, tengo ahora 62 años. Como ve, más viejo que usted. El ministerio mío fue párroco rural. Pero a la vez tenía gran facilidad de movimiento porque me dedicaba a los ejercicios espirituales; muchas tandas, a sacerdotes. En aquellos doce años conocí bastante bien al clero de España. Y pude constatar que el celibato era en general vivido como una carga. No vi muchos curas "liados" ni muchos entusiasmados con la virginidad. Muchos, sí, para quienes la soltería permanente resultaba una carga muy dura. Una depresión profunda hizo presa en mi alma a los dos años de ministerio, al ver que me había metido en un callejón sin salida. Jamás podría casarme. Pero la iniciativa de Juan XXIII que abría las puertas, me curó de la depresión más que las medicinas.

Estuve con paz trabajando durante nueve años más. Confiaba en la Providencia. Dios me daría el momento oportuno para salir del clero. Y llegó el día. Encontré a la que hoy es mi mujer.

En estos veintiséis años después de mi secularización he trabajado bastante en el asunto de los sacerdotes casados, siendo socio co-fundador de la Asociación ASCE, la que tiene un carácter más moderado. Decenas de cartas de antiguos clérigos me alientan a seguir animándonos mutuamente en nuestra existencia sacerdotal. Aunque hoy no se pueda dar ninguna solución, ahí estamos como testimonio.

Hace unos veinte años el Señor me volvió a tocar el corazón, y reanudé por su misericordia la oración y el empeño por la vida interior, pero habitualmente con mucha sequedad. Siempre con gran paz interior. Gozo y dolor. Compunción y confianza. Esta es muy en resumen mi actividad interior. Con un gran fervor espiritual en casi todos los momentos, aunque mientras la oración no hallo aquellos gozos sensibles primitivos, sino mas bien sequedad. Por otra parte siento como ganas de llorar por el mucho tiempo perdido en cuestión de vida interior, por lo comodón en mi vida pasada y presente; y sobre todo, por lo apartado que está de Dios el ambiente de nuestro Pueblo. La compunción interior es algo casi constante en mi alma.

Carecemos de padres en el espíritu, y vivimos varios amigos sacerdotes nuestra hermandad y amistad en la fe. Nos ayudamos mutuamente.

Madrugo más que antaño. Las horas de la mañana son las mejores para la oración y lectura espiritual.

Desde hace unos cuatro años, conocí providencialmente al sacerdote D. Félix Beltrán, jubilado de la diócesis de Madrid, hombre que ha dedicado su vida entera a los ejercicios espirituales de sacerdotes, y hemos comenzado una campaña sencilla y sin pretensiones en favor de la santidad sacerdotal. Estamos convencidos de que la salvación de muchos depende de la santidad de unos pocos, como nos enseñaba Pío XII. Por eso si brotan santos, surgirá la salvación del mundo, como ocurrió en el siglo XVI, después de las tremenda crisis de la Reforma Protestante.

Hoy, en verdad, hay personas santas, pero los valores en boga no son la santidad, sino la solidaridad y tolerancia. Apenas se nota diferencia entre nuestros valores cristianos y los políticos. Nos estamos olvidando de la gloria de Dios y de la salvación de las almas. Muchos amigos misioneros se contentan con un trabajo honrado; no predican el Evangelio al estilo de San Pablo y San Francisco Javier. Esperan a que se les pida este servicio por parte de los no creyentes.

Por otra parte hemos de tener en cuenta que las palabras que un sacerdote sin oración dirige al pueblo, son palabras estériles, vacías e ineficaces. Por eso vemos tanta predicación y planificación que no produce ningún fruto. Y por eso también cada vez más se aparta nuestro pueblo de Dios. Parece que a muchos sacerdotes les humilla el mostrarse piadosos de verdad.

Algo fundamental ha cambiado. Existe una especie de secularización de la santidad a la que llamamos "humanismo". Y es preciso volver a las ideas - madre. El diálogo sí es necesario, pero la transmisión de la fe ha de ser por la Palabra, por el oído, como nos enseñó San Pablo. Y esto envueltos en un celo místico, como lo hicieron los Apóstoles y nuestros grandes santos.

Las "técnicas" de apostolado moderno son extraordinarias, pero opino que en muchísimas ocasiones les falta el alma de la santidad transmisora.

He conocido el temario de una misión popular. Admirable la preparación y el desarrollo. Pero más que ser una misión para lograr la conversión de las masas, como en tiempos de nuestro Beato Diego de Cádiz y otros santos misioneros, parece una especie de arranque para la actividad pastoral de la parroquia.

Muchos obispos están con excesivo optimismo. Creo que es fácil caer en esa tentación semi-triunfalista, porque a fin de cuentas al obispo se acude muy a menudo en plan de "buen cura" o "buen seglar". Y por otra parte, a los obispos más piadosos (igual que a quienes no somos obispos) una especie de pudor les impide manifestarse según son para expresar el ardor de su celo labrado en la oración. Puede ocurrir como les sucedió a los dos de Emaús cuando se les apareció Jesús y decían: "¿No ardían nuestros corazones fuera de nosotros, mientras en el camino nos hablaba y nos declaraba las Escrituras?"

Y ahora me permito, y perdone mi "intromisión", mostrarle una idea, un deseo y una iniciativa que a nadie he mostrado hasta ahora. A pesar de que creo que nunca han estado los obispos tan dialogantes, sencillos y humildes como ahora, pienso que pueden ser unos de los grandes responsables de que no se vaya creando un ambiente de santidad entre el clero. Muchos de ellos, porque creen que ya hacen lo suficiente. Otros, los menos, porque no tienen una sensibilidad exquisita en este asunto. Algunos, sí, muestran una gran inquietud en el tema.

El fin principal de esta carta es notificarle de forma confidencial quiénes me parece tienen en España esa inquietud hacia la santidad sacerdotal como algo que de modo extraordinario les preocupa. Por lo que veo en las cartas que recibo, éstos me parecen los que más: Mons. Bellido de Jerez, Gómez de Lugo, Echebarría de Barbastro, Úbeda de Mallorca. También, aunque de la misma manera, Rouco de Madrid, Lajos Kada, el Nuncio y Atilano auxiliar de Oviedo.

Le digo esto porque tal vez entre ellos no se conozcan en este aspecto; tal vez si UNO sabe quiénes son, traten de unirse en esta causa urgente de la santidad sacerdotal. Me lo he pensado mucho en la oración antes de decidirme a decírselo. Tal vez pueda parecer indiscreción entremetimiento, manipulación. Mi deseo es muy distinto. Pero es que estoy en unas circunstancias, a través de tantos años que llevo carteándome con obispos que me parece que puede ser útil esta apreciación. No sé. Lo he puesto en el Corazón de Cristo; como el Padre Nieto lo hacía, lo he colocado en la misma llaga de su costado. Lo he consultado también con don Félix Beltrán. Y ahora lo pongo en sus manos para que haga lo que pueda. El Señor le ayudará.

Yo me quedo en un rincón avergonzado, porque, de verdad, me da mucho apuro decir esto; no soy quién; pero esta información privilegiada que tengo, me parece que merece la pena. Tiene que comenzar pronto una verdadera campaña por la santidad sacerdotal entre los obispos; que todo el mundo lo vea en la Conferencia Episcopal. Dios lo quiere.

Un saludo muy cordial de este pobre sacerdote:

PD. Esta carta no tuvo contestación. Me lo suponía.

A un Obispo felicitándole por ser Secretario de la Conferencia Episcopal. 1998

Querido señor obispo y hermano en la fe: ¡Enhorabuena! Hoy para ti es un día grande porque te han colocado como un líder cristiano en la secretaría de la Conferencia Episcopal española. (Perdona el "tú", no es mi estilo, pero me sale del fondo del corazón). Hoy es un día grande, pero a la vez de enorme responsabilidad. En tus manos van a estar muchas posibilidades de orientar por unos caminos o por otros la Conferencia Episcopal.

He estado haciendo oración antes de escribir esta carta. No soy visionario. Soy un pobre y desgraciado sacerdote, unos años mayor que tú. Nada más. Y me parecía oír la voz de Jesús que me decía: escribe. - Pero si tú sólo escribiste una vez en la vida, Señor... (le decía) - ¡Escribe!, insistía esa voz interior. Y le decía yo desde el fondo de mi alma al Señor: - ¿Por qué no eres amado de todos los hombres? ¿Por qué no subyugas a todo el mundo? ¿Por qué no te quieren más, no se desviven por ti tus sacerdotes, tus obispos... y se olvidan de ti, y se entretienen con bagatelas de poder, de "dignidad" o de dinero y televisiones y reuniones de todo tipo? ¿Por qué? Y parece que la voz del Señor me decía: - Tú tienes mucha culpa de esto; y muchas de las almas consagradas que viven en sus rutinas sin avanzar nada en la perfección. ----- Por estos derroteros iba mi meditación.

Señor obispo: Paz, y a dedicar horas y horas a la oración. Pido por ti al Señor. Otros también lo harán. Pero que no te coja el comienzo del día con la luz del sol. Que amanezcan tus jornadas en el reclinatorio de tu capilla, junto al Sagrario. (¡Oh los Sagrarios abandonados de algunos obispados!) Que estés envuelto en el fervor eucarístico todas las horas del día, como lo hacía Don Manuel González, el Obispo del Sagrario Abandonado. Verás cómo Él te inspirará tu acción pastoral.

Creo que la labor prioritaria de vuestra Conferencia Episcopal está en estimular, apoyar y fomentar la santidad de los sacerdotes y almas consagradas. Creo que eso sería ir a la raíz. Que tal vez la causa principal de la descristianización de nuestro pueblo radique en que los sacerdotes nos hemos alejado del Amor de los Amores y nos entretenemos en mil otras cosas. Piénsalo con paz.

Pido al Señor por ti; que te dé un fervor fuerte, sensible, emocionante, como nuestros grandes santos: como al Padre Nieto, a Don Manuel González, a Santa Micaela y a Javier. Que te envuelva en el halo de su amor. Que te dé el gusto en la oración, como decía el P. Arintero. Y no por el mero placer de disfrutar, que sería pueril, sino porque necesitamos líderes religiosos enamorados, que nos muevan, que nos convenzan, que nos arrastren, y necesitamos personas con esa gracia "gratis data". Y seguiré pidiendo a Dios por ti, como algo prioritario en mi oración durante tu mandato. El me escuchará, unido como me siento a todo el Cuerpo Místico. Otros muchos también lo harán.

Si correspondemos a su gracia, El no cesará de enviarnos su soplo divino. Pureza de intención siempre, y despreciar la insensatez del poder, miradas humanas y demás. Nuestra vida es breve y es para el Señor.

Que Él esté contigo. Lo pide para ti:

 

La vida sobre la tierra se nutre de la fidelidad a Dios. 22 Diciembre 1998

Querido señor obispo Don X: Leo y medito su pastoral que me ha enviado; la subrayo; me sirve de meditación. Gracias por esta joya. No se puede escribir así sin vivirlo; y no se pueden vivir estas ideas sin ser santos o aspirar seriamente a la santidad. Deseo unirme a su experiencia de fe. Ojalá el Señor nos haya enviado a un sucesor digno de Don Manuel González. ¡Que Dios nos dé obispos santos que es lo que más necesitamos! Entonces seguirá una pléyade de sacerdotes santos y nuestro pueblo, cada vez más alejado de Dios, comenzará a cambiar.

Me alegro con usted en esta pastoral que ha de producir fruto. Ya desde su comienzo me ha llegado al fondo del alma:

Dirigir la mirada a Dios, a El que es la fuente última de nuestra plenitud humana; a Él que solamente da sentido a nuestra vida. ¡Qué significado tan profundo la palabras "fuente" y "manantial" aplicadas a Dios que nos da la plenitud humana y sobrenatural. Nos la está dando continuamente, porque siempre mana, siempre está viva, jamás se seca. ¡Qué maravilla dejarse "regar", dejarse "revitalizar" por esta fuente de toda plenitud!

Sí, de verdad, la vida sobre la tierra se nutre de la fidelidad a Dios, fuente de agua viva. La muerte jamás nos separará de Dios; y SIEMPRE beberemos de la vida perenne bajo la alianza de Dios. Maravilla poder saciarse de quien es camino, verdad, y vida y agua viva y pan de vida eterna.

Me convence mucho las palabras que cita de Cardenal. Estoy convencido de que para adentrarnos en Dios, para entregarnos a Él es preciso poner todos los recursos que estén a nuestro alcance: reflexión, memoria, imaginación, escritura, canto, llanto, poesía, todo. Yo procuro hacerlo. A veces, es tan limitada la naturaleza, que ni aun así se produce el fervor del alma. Pero Dios que es Padre de misericordia, ve nuestras limitaciones y nos acoge, y nos premia haciéndonos sentir un gozo y una paz casi inalterables.

Importante, sí, fomentar el sentido de misterio en nuestra relación con Dios, entonces, de una manera espontánea brota en el alma la adoración. Cada vez descubro más sentido a la adoración. Para eso también fuimos ordenados sacerdotes, para adorar a Dios en nombre propio y sobre todo en nombre de la Iglesia y de toda la humanidad, que tanto se olvida de El.

Y me resisto a seguir ahora sumergiéndome en estos pensamientos tan bellos y profundos que manan continuamente en su carta pastoral.

Pero... aquí viene la parte no crítica, sino práctica. Sería una pena enorme que esta joya que es su carta, quedara olvidada en las estanterías de sus sacerdotes y sus parroquias. Sabe Vd. mejor que yo que vivimos de prisa; que para gozar de Dios hace falta tiempo; que a los libros y folletos muchas veces les echamos una ojeada y decimos: ¡Está bien! Y nos olvidamos para siempre. Entonces sería poco útil el tiempo que Vd. ha invertido en esa magnífica joya del espíritu: una docena de personas le habrán hincado el diente... y se acabó.

Se me ocurre una idea, que a lo mejor ya la lleva a la práctica. Pero ahí va: en la página 14 de la Carta dice Vd. mismo: "Os propongo como una acción prioritaria de este curso... hacer que en cada parroquia surja una escuela de oración". Extraordinario como programa. Pero después es necesario que el mismo Obispo, ayudado tal vez de algún sacerdote de verdad fervoroso, visite a sus sacerdotes un día y otro, sin descanso en sus propias parroquias o en sus propias casas; les hable con lágrimas en los ojos, como lo hacía Mons. González, les aliente en la oración y en formar esas escuelas que serán la vida de la diócesis. Entonces se irán abriendo las iglesias a la adoración eucarística; entonces comenzará de verdad a revitalizarse la diócesis. No habrá tanto tiempo de reuniones. Y quedará más tiempo para enfrascarse en este Dios que es fuente y manantial de felicidad y de vida...

Don X, me he extendido. No importa. Sufrimos muchos de que no dé de una vez la vuelta el ambiente de nuestros obispos y sacerdotes al estilo de nuestros grandes obispos y sacerdotes santos: González, Spínola, La Higuera, Nieto, el alavés Aldama... Pido al Señor por usted. Que el Señor le haga santo como a su predecesor. Lo tengo anotado en mis "dípticos" para recordarlo en mi oración pobre y desgarbada, que el Señor tenga misericordia de mí.

Feliz Navidad y año 1999. Le saluda con afecto: Josemari Lorenzo

 

Esperamos el impulso de nuestro obispo para la renovación total por la Eucaristía. Octubre 1999

Querido Don X: El pasado día 19 tuve la suerte de asistir a la profesión de la religiosa sierva de Jesús, Miriam. Me congratulo con usted por su homilía. Llevo treinta años oyendo sermones y homilías y en pocas ocasiones, por desgracia, me han impresionado. Esta ha sido una de ellas. Otra fue de un santo, Don Germán Aldama; y ha habido algunas más. Que el Señor nos ayude a vivir de verdad lo que nos indicaba.

Pero seguimos orando y esperando el impulso de nuestro obispo para la renovación total por la Eucaristía. Usted sabe igual que yo la recesión abrumadora que hemos tenido a partir de los años setenta en casi todo lo concerniente al culto, cariño, veneración, entrega, y adoración al Amor de los Amores. Es preciso promover esa devoción eucarística. ¡Oh si volviera aquel obispo del Sagrario Abandonado, Don Manuel González! Usted y yo hemos bebido de aquellas aguas. No nos podemos quejar de que el pueblo se aparte más y más de la fe mientras seamos tan tibios en nuestro amor a Jesús en su presencia real. Ya lo profetizaba San Pedro Julián Eymard:

"Si el amor a la Eucaristía se extingue en los corazones, piérdese la fe, reina la indiferencia, y en esta noche del alma, como bestias feroces, salen los vicios y hacen presa en ellos.[...] Causa espanto a los verdaderos fieles ver hoy en tantas ciudades a Jesucristo sacramentado en el mayor desamparo, solo, completamente solo. ¡Y en nuestras aldeas se cierran las iglesias por miedo a los ladrones y porque nadie entra en ellas. ¿Es posible que esto suceda? ¿Queremos perder el precioso tesoro de la Eucaristía?" (pág. 134 de las Obras Eucarísticas de Eymard.) ¡Conviene tener copiadas y a la vista siempre estas palabras!

¡Falta amor, porque falta fe! ¡Es que si hubiera fe, a la fuerza aMARÍAmos más a Jesús! Y esto, claro, empezando por los curas.

Lloré el otro día al ver que en Palencia, en la exposición "Las Edades del hombre", en el mismo altar del Sagrario, donde está enterrado Don Manuel, habían quitado al Santísimo. Ya sé que habrá muchas razones para ello. Pero hay sobre todo una (sí; espero que no sea con premeditación ni con advertencia), FALTA DE AMOR o indiferencia que tal vez sea peor.

Sigo esperando, Don X, que solucione lo que el 5 de mayo pasado le sugerí. Y se lo suplico no por el berrinche de que me haga caso o no; paso de eso. Se lo pido por el honor de Jesús; por el amor a Él. Se da el contrasentido de que está abierta la catedral para museo y cerrada a la visita y adoración a nuestro Amor Sacramentado. Incluso han puesto una barrera para impedir el paso al resto del recinto. Y todavía hay sitios peores. Hace unos meses en otra catedral cobraron a una persona amiga mía 500 pts. por visitar al Señor. Pidió entrar a hacer la visita y se le exigió ese dinero, porque tenía que pagar por ver el arte!!!

Le adjunto copia de la carta que le envié a Vd. en mayo por si no la ha recibido.

En la esperanza de que nuestro Gran Amor sea atendido, de que empiece el ejemplo por la "Parroquia del obispo", le saludo afectísimo en Cristo:

Bien por el museo; fomente el amor a la Eucaristía. Mayo 1999

5 mayo 1999

Querido señor Obispo: Le felicito por la feliz iniciativa de trasladar el museo diocesano a la Catedral nueva. Invita a la oración como oasis de paz.

Para que la iniciativa sea del todo feliz, creo que hace falta nuestro Detalle: el precioso altar donde se reservaba el Santísimo que tenga el mismo destino, adornado como está ya de lo que le es propio. Observo que tienen preparada allí mismo hasta la lamparilla de cera, pero sin encender. Tal vez lo estén pensando y enhorabuena; seguir adelante. Opino que sería bueno adecuar ese recinto un poco mejor. Quizás separar lo que es el altar con una vidriera transparente o algo que piensen los decoradores; poner allí un reclinatorio para varias personas y un banco para sentarse. Sería algo muy logrado; una frase podía invitar a la oración. Es cuestión de CON EL CELO Y AMOR QUE DEBEMOS A NUESTRO JESUS SACRAMENTADO, solucionarlo. Un Obispo como usted enamorado de Jesús, sé que lo hará.

Unidos en fe y oración, affmo.

 

Comunicar al obispo lo que mando a los sacerdotes para que fomenten el amor a la Eucaristía. 26 de Junio del 2000

Querido amigo y señor Obispo: Le saludo con afecto. Estoy convencido que lo único que puede dar fruto al apostolado es el fervor eucarístico, que a su vez fomentará la santidad sacerdotal y de las almas consagradas. Le remito, para su conocimiento, una carta que poco a poco voy a ir mandando a los párrocos de la Ciudad y de los pueblos mayores de la Diócesis. La enviaré sin firma, porque, según me aconsejan varios amigos sacerdotes, será mejor. Sé que no puedo ofrecer un testimonio de persona. Por otra parte pienso que Dios se suele servir de muchos elementos inútiles para su obra, y esto me anima. En realidad nadie somos nada en esta obra de la Gracia. Él lo es todo.

Don X, tenemos que ir pensando algo para estimular al Pueblo a la asistencia de la procesión del Corpus. Este año creo que no hemos llegado al millar los asistentes. Mientras no nos demos cuenta de que Él está con nosotros, mientras en nuestro apostolado no ponga el acento total en el Señor, todo se irá diluyendo como el humo o los fuegos artificiales.

Dentro de unos días le enviaré la carta que suelo mandar todos los años a los obispos por estas fechas.

Unidos en la fe, oración y Eucaristía, suyo affmo.:

 

Querido amigo párroco: En un lugar de Huelva, Bonares, está ocurriendo de nuevo algo parecido a lo que pasó en tiempos de D. Manuel González: Un pueblo que se transforma por la Eucaristía. El párroco está comprobando algo muy importante: desde que comenzó a exponer el Santísimo desde las 9 de la mañana, hasta las 8 de la tarde, la gente de forma ininterrumpida, visita a Jesús y son numerosas las conversiones y cambios hacia la vida fervorosa. Él habla ya del milagro de la Eucaristía. Y es que no se puede echar en olvido el Sagrario, la presencia real de Jesús, expuesto en la custodia. A las pruebas nos podemos remitir:

Llena las parroquias el fervor al Sacramento; y las obras de apostolado toman nuevo vigor. Jesús, acompañado por la calidad de almas fervientes, derrama su gracia a raudales. El buen olor de Cristo, la verdadera caridad, se va extendiendo por todo el pueblo, cuando existe este amor al Sacramento y no la mera rutina de celebraciones sin alma. Es preciso calentar los corazones con el Amor de los Amores. Es necesario ir dejando ya rutinas intelectuales; hay que llegar al corazón de las masas; y eso solo se logra con el fervor eucarístico.

He tenido la suerte de visitar varias veces al Señor en tu parroquia y te felicito por mantener la iglesia abierta. Me alegro mucho, porque nos das la oportunidad, a personas que pasamos por allí, de poder entrar a adorar al Señor y pedirle por el párroco, los sacerdotes y los fieles y no fieles de esa feligresía.

En nuestra ciudad hay muy pocos templos abiertos a la adoración eucarística; por otra parte no se insiste lo suficiente en la predicación ordinaria sobre la necesidad de visitar al Señor que se ha quedado con nosotros; es más, en algunas parroquias jamás se dice nada sobre esto. Pienso que una de las causas por las que está avanzando tanto la indiferencia religiosa es precisamente por el abandono y tibieza ante la Eucaristía. Ya lo decía hace años San Pedro Julián Eymard: "Si el amor a la Eucaristía se extingue en los corazones, piérdese la fe, reina la indiferencia, y en esta noche del alma, como bestias feroces, salen los vicios y hacen presa en ellos.[...] Causa espanto a los verdaderos fieles ver hoy en tantas ciudades a Jesucristo sacramentado en el mayor desamparo, solo, completamente solo. ¡Y en nuestras aldeas se cierran las iglesias por miedo a los ladrones y porque nadie entra en ellas. ¿Es posible que esto suceda? ¿Queremos perder el precioso tesoro de la Eucaristía?" (pág. 134 de las Obras Eucarísticas de Eymard.)

Querido amigo; pido al Señor por tu parroquia. No eches en saco roto esta recomendación que te hago con cariño. Urge abrir las iglesias y procurar que siempre haya algún adorador. Que tu fervor sacerdotal no olvide estos caminos. Tu amigo y feligrés:

 

 Al borde de la herejía, o praxis herética 26 de Julio del 2000

Querido señor Arzobispo: Dios le bendecirá, por intentar poner fin ya de una vez a los desmanes teológicos que ocurrían en Pamplona desde Creo que le puede ser útil lo que le voy a decir respecto al tema.

En el año 1969 era yo párroco de Lorca. Me preocupaba el cariz que estaban tomando las conferencias de los "teólogos" sr. Equiza y demás adláteres. Con esta inquietud escribí la carta que ahora le transcribo a Mons. Tabera. No guardo copia, pero la conservo con fidelidad en mi memoria, dada la importancia que le di:

"Querido Don Arturo: Soy el párroco de Lorca. Tengo mucha relación con Estella. En el Círculo Católico Obrero se vienen dando una charlas a la juventud. Creo que quienes las pronuncian (D. Jesús Equiza y otros) no dirán herejías, pero dada la manera de exponerlas, mueven con ellas incluso a la increencia. Uno de los jóvenes que asisten a las reuniones me contaba lo que allí ocurría con estas o parecidas palabras: "Nos juntamos quince o veinte personas alrededor de una mesa grande. Allí se debate todo; cada uno dice lo que se le ocurre, hasta que no existe el cielo ni el infierno. Yo saco en consecuencia que no existen ni el Cielo ni el Infierno. El cielo y el infierno están en este mundo; después no hay nada." Una vez que hemos dicho cada uno lo que se nos ocurre, nos dan un cacho de pan y un trago de vino, y nos vamos. (Deduje que se trataba de la santa Misa). Espero, Don Arturo, que ponga remedio a esto".

No recibí contestación. No se solucionó el problema. Han pasado desde entonces 31 años aproximadamente. El mal está muy arraigado en Navarra; tremendamente arraigado.

Cuando el año 71 fui a firmar el rescripto de secularización ante el Juez Provisor, D. Rufo Ayestarán le dije: "Yo tengo que dejar el clero y secularizarme porque voy a recibir un sacramento. Acato la ley de la Iglesia. Pero lo que me parece del todo incongruente es que elementos que están ayudando a perder la fe al Pueblo de Dios, sigan campando por sus respetos dentro del clero". Él me contestó: "Quiero que sepas que se está estudiando el asunto y pronto se secularizará "de oficio" a quienes hacen estas cosas". Me marché con esta esperanza. Para contraer matrimonio un sacerdote, ha de secularizarse antes. Acato la norma como fiel a la Iglesia. Pero nunca llegaré a entender cómo en casi treinta años no se ha llegado a cumplir lo que me decía D. Rufo Ayestarán. Tal vez usted sepa el secreto y será mejor que no me lo diga. Pero no lo entiendo.

Le pondría muchos, muchos detalles más. No le quiero abrumar. Pido al Señor por usted que parece por éste y otros signos que he oído, quiere atajar este mal tan arraigado en Navarra. Aparte de lo que está haciendo para desterrar los errores y ambigüedades teológicas, le aliento a que siga promoviendo lo principal: santidad sacerdotal, la devoción y entrega a la Eucaristía, las iglesias abiertas...

Unidos en la fe y amor a la Eucaristía, suyo affmo en Cristo:

Josemari Lorenzo

 

Lugar más digno para el Santísimo en la Catedral 1 de Junio 2001

 Querido señor Obispo: He estado en fechas recientes con unos amigos visitando la Catedral de Cuenca. He admirado su arte, la acogida de las personas encargadas, y el hecho de no cobrar por entrar en la Catedral, sino únicamente a quienes desean apreciar las obras de arte. Me parece muy bueno el lograr separar las dos cosas.

Nos extrañó a los tres sacerdotes que fuimos el haber colocado al Santísimo en un lugar de tan difícil acceso para la adoración y a la oración de los fieles. La capilla en sí, dignísima, lo más digno tal vez de la Catedral, pero inaccesible, a no ser que quien quiera visitar a Jesús le pida al encargado le abra.

¿No le parece que podía solucionarse del alguna manera? Cambiar a otro lugar el Santísimo, mantenerlo ahí pero con la puerta abierta (esto último sería a costa de aumentar la vigilancia)... En algunas catedrales han solucionado esto, por ejemplo en Burgos, como Vd. lo sabe muy bien. Que en este año de la beatificación de Don Manuel González se pueda solucionar el problema de los Sagrarios abandonados, al menos en los templos más insignes.

Le saluda con afecto sacerdotal:

El Corpus y la Eucaristía. 14 Octubre 2002

Nota: desde el año 1987 se han venido escribiendo cartas de este estilo, sin ningún fruto.

Mi señor Obispo querido: Le deseo felices años da pastoreo espiritual por nuestra tierra bendita. Y por el afán que nos debe unir por el amor a la Eucaristía, le indico que otra vez hemos tocado fondo en la procesión del Corpus Christi. El número de participantes en el 2002 fue aproximadamente de cuatrocientos cincuenta. A la procesión, por lo demás muy bien organizada, apenas se le hace propaganda. Los pocos que asistimos lo hacemos recordando lugar y hora de años anteriores. Le sugiero, con muchos meses de tiempo para aumentar el número de participantes y el fervor de los mismos, lo siguiente:

En todas las parroquias e iglesias de la Ciudad, poner un cartel indicando la lugar y hora de la procesión, ocho o diez días antes.

Avisen los sacerdotes lo mismo en todas las misas del domingo anterior.

El ideal sería que la campaña eucarística no fuera sólo en torno a la procesión, sino fomentar la vida eucarística de las parroquias. Abrir las iglesias a la adoración y visita a Jesús, fomentar la Comunión bien preparada. (Observamos en personas que raramente acuden a Misa el domingo, sin previa confesión, comulgan en cualquier ocasión en que participan en la Eucaristía). Si no volvemos al fervor eucarístico de hasta los años sesenta, serán casi vanos todos los proyectos de vida pastoral. Me impresionó una frase de San Pedro Julián Eymard, apóstol de la Eucaristía: "Allí donde la Eucaristía es olvidada, la Iglesia no tiene sino hijos infieles, cuya ruina no tardará en llegar." A veces me pregunto si se trata de una verdadera profecía.

Por eso me preocupa el estado actual de nuestra tierra. Cada vez más iglesias cerradas; menos gente que va a Misa; mayor abandono de los sagrarios.

Merece la pena volver a aquel fervor eucarístico de antaño. Hacer campaña, ambiente, apostolado. La Eucaristía es la salvación del mundo.

¿Cómo te atreves a escribir a los Obispos? Quedé perplejo. 30 Abril 2002

Querido amigo Don X: Fue para nosotros muy gratificante el encuentro contigo del 8 de abril, cuando estábamos terminando nuestro retiro de Pascua en la capilla del Hospital de Pamplona. Unos días después llegó la noticia de tu cese como obispo residencial, que deseo hayas acogido con el gozo que da el descanso y el poder dedicarse más a la oración, ilusión de todo apóstol, después de largos años de ministerio. Pido al Señor por tus familiares que estaban enfermos; mucho te va tocando a lo largo de la vida, pues sois muchos hermanos.

Quedó pendiente para mí el dar respuesta a una pregunta que me hiciste, porque se desvió la conversación por otros derroteros. Me dijiste, cuando me presenté: "¿Cómo te atreves a escribir a los obispos?" Es una pregunta que yo mismo me he hecho muchas veces. Y, a pesar de que mis escritos son siempre llenos de respeto y consideración a vuestra dignidad sacramental, me encuentro lleno de apuro interior cada vez que escribo a mis queridos obispos. Pero es como una exigencia, como un impulso y deseo constante de la oración. Durante muchos años lo he hecho en conjunto con Don Félix Beltrán, que firmaba conmigo, y con Don X Sola que, aunque no firmaba, nos estimulaba e incluso él quería colaborar costeando los gastos de envío. Los dos han muerto en olor de santidad, y me he quedado solo con una mayor perplejidad de seguir adelante. Sé que no soy digno de nada, pero me parece que el Señor me lo sigue pidiendo y mis dos amigos me estimulan desde el Cielo. Y es que, aunque sé muy poco de toda la problemática de los obispos, algo sí sé a través de las más de quinientas cartas que conservo de ellos y de algunas conversaciones privadas que he mantenido con varios.

De todos los modos tal vez puedas comprender un poco mi atrevimiento, si te analizas a ti mismo, al comprobar el apuro enorme que te dio aceptar el episcopado. Estoy seguro de que también dirías: "¿Quién soy yo para tal honor y para una misión tan difícil?" Y es que las personas somos tan poca cosa con relación a Dios...

Cuando escribo a los obispos me hago cargo de muchas cosas: sus múltiples ocupaciones, su soledad para tomar las últimas decisiones, su enorme responsabilidad... Ellos son los que han de "tirar siempre del carro". Y a ellos ¿quién anima? Porque son hombres como los demás y sienten en su alma las mismas inclinaciones al desaliento, duda, perplejidad, PÉREZa. Mi deseo es ayudar un poco.

Sobre todo es una idea la que llevo muy metida en el alma: la solución de que se vaya ganando terreno a la descristianización progresiva que padecemos, está en la santidad de los sacerdotes, obispos y de las almas consagradas. Por mucho que planifiquemos una pastoral cada vez más científica (como quería nuestro don Santos Beguiristáin y la razón le ha acompañado), si no se fundamenta en una entrega amorosa en santidad por parte del clero, estamos perdiendo el tiempo. Creo que llegarás a comprender un poco mi "osadía" que continúa también sin llegar a ser entendida del todo por mí.

Unidos en la oración y en el fervor eucarístico; tu amigo de los tiempos de Seminario, de los retiros de Estella: Josemari Lorenzo

 

A un Obispo amigo: No estás solo. 15 y 21 Agosto 2002

 Querido amigo: Pasamos anteayer un día muy feliz contigo. Paco y yo quedamos muy gratificados de tu acogida, lamentando únicamente no habernos visto con mayor frecuencia en años anteriores. Pero "nunca es tarde, si la dicha es buena". Te agradecemos toda la atención que nos has dispensado, máxime sabiendo el trabajo que llevas constantemente, y has sabido hacer un hueco para nosotros. Hemos quedado gratamente sorprendidos por todo: la belleza sin par del obispado, catedral, pueblo; tu forma de trabajar; tu trato sencillo y amistoso con todos, tu residencia, cuyo centro es el sagrario muy muy visitado; tu manera de distribuir el tiempo... Todo.

Mañana es tu cumpleaños. Siempre pido al Señor por ti; lo haré de una manera especial en este día. Que el Señor nos dé el don de la perseverancia hasta el fin, que de eso se trata. ¡Por muchos y santos años! ¡Qué grande la responsabilidad del obispo! A mí me parece que con el tiempo, como cada uno en su profesión, se tiene que ir acostumbrando y el peligro es de "pasar" y no hacer caso a muchas cosas. Ante todo el obispo se ha de preocupar de las cosas espirituales, poner buenos pastores de almas, (ya lo comentamos anteayer), porque la culpa principal de que el pueblo no mejore, sino al revés, estoy convencido de que está en el clero; y no solo en el "bajo clero"; por supuesto también en el "alto". Que el Señor te ilumine y el Espíritu Santo se derrame en tu corazón para que hables desde tu experiencia de fe, fraguada en ese Sagrario bendito.

Muy unidos en el Señor, siempre amigos: Josemari Lorenzo

 

Querido amigo: Te adjunto una copia del resumen de lo que ha sido este año nuestra experiencia de Dios en los días de Estíbaliz. Espero que te puedan servir al menos para treinta días en tu oración personal. Cada número puede ser tema para un momento de meditación. Pero si el Señor te inspira quietud en la oración, no pases adelante, quédate "saboreando", como sugería San Ignacio de Loyola. Una por una aumentar el fervor. No vamos a confundir los consuelos espirituales con el fervor. Lo que pretendemos siempre es el fervor, me encuentre en consolación, normal o en desolación. Pido al Señor nos dé algo de consuelo, para que no nos desanimemos. ¡Es duro pasar años y años como la estopa!. Espero que el Señor nos dé fuerza para influir positivamente en su Reino; esto es lo más importante. Que Él mantenga nuestra mirada puesta en nuestro fin último: poseerle para siempre por la visión beatífica; y, por supuesto: ¡darle gloria!

Me dio mucha alegría tu llamada el otro día. Ya pronto empezarás el nuevo curso y estarás con mucho trabajo. Que el Señor sea tu consuelo, tu recreo, tu fuerza en esa capilla tan llena de calor espiritual. Y piensa también que tienes amigos que piden continuamente por ti al Señor y nunca estás solo. Unidos en fe y oración, tu amigo Josemari Lorenzo.

 

A un obispo que mostraba mucho interés por la santidad de los sacerdotes

29 Septiembre 1993

Querido amigo, Don X: ¡El Señor esté con nosotros! Desde que te envié la última carta, en julio creo, no hemos parado muchas personas de hacer oración, y mover a otros en esta campaña, en favor de la santidad de los sacerdotes. Varios cientos de conventos de clausura de toda España están en la brecha con esta gran intención, prioritaria entre todas las intenciones, urgente. Hemos intentado llegar a todos los conventos. Contamos con la buena voluntad de un grupo de amigos. Dios sabe a cuántos hemos llegado, pero hemos deseado acercarnos a todos, en carta personal, y pronto les llegará una común.

Tenemos bastantes contestaciones con entusiasmo a esta meta maravillosa, pastoral de pastorales, "pedir por los Capitanes", como decía Santa Teresa de Jesús. Por ello vibran de una manera especial en esta campaña las Carmelitas Descalzas.

Por cierto, algunos sacerdotes están con gran entusiasmo desde el primer momento. Entre ellos cito, por poder ser más conocidos a D. Félix Beltrán (Alcuéscar. Cáceres). A D. Bruno Fuentes, delegado del Clero de Orense, D. Francisco Macaya, capellán- vicario episcopal de la zona Sur del Aire.

Cuánto te agradezco la carta que me mandaste el 30 de julio. Me alentó mucho el que condescendieras en echarnos una mano en esta campaña de oración por la santidad de los sacerdotes. Y me emocionó tu sencillez humilde al decirme: "Yo me uno a tu interés y esta causa queriendo ser el primero en aprovecharme, pues es natural, me encuentro entre los afectados."

No sé si habrá entrado en contacto contigo D. Félix Beltrán. Creo que te habrá mandado su libro recientemente publicado "El Sacerdote de hoy y de siempre". Para mí el contacto con este sacerdote ha sido la gran gracia actual de este año. Vive su sacerdocio con la misma emoción o mayor que aquellos nuestros primeros años; y tiene 72. Una maravilla.

Sabemos que esto ha de ir en aumento. Los sacerdotes están ansiosos de vida interior. Están de vuelta muchísimos del tiempo perdido anteriormente en este terreno.

Como botón de muestra me decido a enviarle - l e puede servir como lectura espiritual algún día- un resuenen del encuentro anual (1993) de Estíbaliz que han hecho siete sacerdotes de cincuenta y nueve años.

Tal vez el problema mayor de cuantos tenemos fe y hemos decidido seguir al Señor sea la tibieza. Una tibieza sutil. No abandonan muchos la Misa ni las prácticas de piedad, pero las hacen sin vida alguna. Eucaristía medio distraídos; oficio divino corriendo; meditación sin preparación; comunión con acción de gracias relámpago.

Piensan que su predicación (preparada someramente) les sirve de

lectura espiritual y las consideraciones que dirigen a otros constituyen su propia meditación.

La oración apenas es personal: breves jaculatorias. Se sienten incapaces de estar sentados media hora junto al Señor: para amarle, hablarle de amistad, mirarle, enamorarse de El... y barrer suavemente distracciones.

La oración se les hace dura desde antaño, desde que desaparecieron los primeros fervores: por eso la aborrecen en el fondo y prefieren unirse a Dios por medio de la acción. Este retrato

es bastante frecuente dentro de nuestro clero "fiel".

Es necesario una campaña movida por sacerdotes de verdad fervorosos a favor de la oración personal abundante, de la lectura espiritual reposada.

Nunca olvidaré la frase del P. Cándido Arbeloa, director espiritual de los años cuarenta en el Seminario de Pamplona: "Opino que la lectura espiritual ha llevado a la perfección a más almas que la misma oración."

Y se comprende. La lectura espiritual da materia de oración,

anima a la oración, enfervoriza en la recepción de sacramentos. Aparte de los sacerdotes con sus compañeros es preciso que los

mismos obispos se lancen personalmente a este apostolado prioritario. Díganles a los sacerdotes que Dios es Bueno. Que si se ha desbordado sobre algunos de nosotros - que no supimos ser fieles a los compromisos de nuestro sacerdocio- qué no hará sobre ellos que al menos se van manteniendo durante toda su vida. ¿Cómo los va a abandonar, a dejar en la estacada? Imposible.

Formar pequeños cenáculos como quería el P. Nieto. Fomentar la amistad en la fe, como venimos haciendo desde hace diecisiete años un grupo de amigos sacerdotes. Crear en cada diócesis pequeños centros de espiritualidad, como ocurre en una provincia española con Jaime J. (antiguo sacerdote progresista), en vida semi- eremítica. Dios con él como instrumento va irradiando su luz en un sector significativo.

Fuimos seducidos por Jesús. Esto nos une a todos que un día

recibimos la gracia por la imposición de las manos: obispos, sacerdotes, diáconos. Luego la vida, por desgracia a casi todos, nos ha hecho bajar de aquel fervor primitivo. Vamos a animarnos unos a otros, pues el tiempo es breve.

"Quiera Dios que, desde la intimidad de Cristo, surjan los Apóstoles", nos decía el Papa el pasado 12 de Junio en Sevilla. Y es que por más pastoral científica en que nos apoyemos, si el

sacerdote no es un enamorado de Jesucristo, poco vamos a conseguir. Oración, lectura espiritual, amistad y comunicación en la fe.

Como los santos, para quienes sus delicias eran hablar de Dios. Y junto a esto, la mortificación, la gran olvidada. No sólo la aceptada, sino también la voluntaria. El día en que reanudamos la mortificación voluntaria, comienza de nuevo el fervor. Es el "tributo" que hay que pagar, desasirse de los apegos.

Recemos al Señor por que haya sacerdotes santos que estimulen a sus compañeros en el celo por las almas, en la salvación del mundo, y sobre todo en el amor a Dios. Sacerdotes como El Cura de Ars, el P. Nieto, San Juan de Avila, San Antonio MARÍA Zacaría.

Pienso que esta campaña debiera ser prioritaria no sólo en los conventos de vida contemplativa, sino para todos los cristianos. En los años cincuenta, como ahora, también habría sacerdotes mediocres, pero se respiraba más ambiente de santidad. Y no digamos nada en los seminarios. El pueblo fiel rezaba al menos una vez al mes: "Señor, danos sacerdotes santos."

Y nada más por hoy. Si Dios quiere, seguiremos en contacto contigo; te tengo muy presente ante el Señor, porque gran parte de la renovación sacerdotal de ti depende.

Un abrazo affmo en Cristo:

 

 

Sobre un pliego que no quisieron publicar en "Vida Nueva"

25-10-93

Querido amigo D. X: Recibí tu carta del 7 de octubre. Ahora te envío un saludo junto a mi agradecimiento por el estímulo que me das. Siento, la verdad, gran sonrojo y vergüenza por haberme metido en esta campaña. Gracias a Dios hay varias personas interesadas en ello hoy día. Soy el que menos puedo hacer, pero a veces Dios se sirve de las causas segundas más inútiles, cuando quiere algo. A pesar de mis repugnancias lógicas, con la ayuda de Dios seguiré adelante, mientras El me dé su fuerza.

Mandé hace quince días a "Vida Nueva" este artículo largo para un "Pliego Vida Nueva". Y el Director me contesta la carta que te adjunto. (¡Coincidencia! precisamente ahora cesa en su cargo).

Si te parece, una vez que salga la noticia del relevo, mandas tú el artículo que te adjunto y les pides - si es posible- que lo publiquen. Si te parece mejor cambiar la firma mía y poner otra, lo haces. Lo importante es que pueda servir de algo.

Los obispos de la Comisión del Clero me han contestado todos.

Tienen gran interés.

Hay sobre todo dos sacerdotes con mucho empeño: uno es D. Francisco Macaya, capellán del Aire de Sevilla. Otro el autor del precioso libro (mi gran gracia actual del año 93): "El sacerdote de hoy y de siempre", Don Félix Beltrán. (Alcuéscar. Cáceres).

La campaña de oración está lanzada. Si las y los contemplativos no fallan, el éxito es seguro. Dios se desbordará como lo hizo en el siglo XVI y en el XIX. Nos hace falta fe y amor a Dios. El entonces enviará a raudales su gracia. Pero estamos más fríos...

Un abrazo, Don X. Lástima que no pueda estar contigo estos días, a pesar de que voy a permanecer del 26 al 31 en Córdoba y Sevilla con quince alumnos de "Escuelas Viajeras"; pero en servicio permanente, como es natural con niños de 12 y 13 años.

Te diría más cosas, pero demasiada metralla te he metido en

esta carta.

Hasta la próxima; unidos en el Señor.

9 - 11- 1993

Querido amigo D. X: El otro día me llamaste por teléfono y yo me había marchado ya al colegio.

Ahora vuelvo a insistirte un poco en lo mismo. Precisamente me ha devuelto el antiguo director el "Pliego Vida Nueva" con la carta que te adjunto.

Por eso ahora te pido por favor que lo mandes a la nueva directora, ROSARIO MARIN. Estoy seguro de que si un obispo lo avala,

lo publicarán. Y esta publicación puede ser un chispa importante para acelerar el proceso de la santificación de los sacerdotes.

La campaña de oración está en marcha. El Señor ha de mandar en nuestra época santos de gran talla, como los hubo en el siglo XVI. Vamos a ir preparando por todos los medios el camino. El, dador de todo bien, nos ha de escuchar.

Estuve durante una semana con los niños cerca de tu sede, en Córdoba y Sevilla. Pero del todo atado; era imposible cambiar la ruta.

Te envío un saludo cordial. Te tengo presente todos los días ante el Señor.

 

Las palabras de un sacerdote sin oración, son palabras estériles, vacías e ineficaces

20 - 7- 1998

Querido Don X: He recibido tu carta, respuesta a la mía (personalizada), que mandé a todos los obispos. Me parece que merece ser respondida, porque ciertamente tienes razón. Ya te decía en unas líneas a boli de mi gran consideración hacia ti. Y por supuesto que sé que tu principal interés apostólico es la santidad de tus sacerdotes. Ojalá fueran así todos los obispos.

De verdad sé también de tu vida interior, de tu fervor de espíritu, de tus luchas por sembrar el verdadero espíritu cristiano en las hermandades. Esto no te lo digo para "tentar vanidades", sino para que nos sintamos junto a El siervos inútiles, indignos, pero muy amados; así lo han hecho los santos. Y es verdad.

Hay personas santas, pero los valores de hoy no son la santidad, sino la solidaridad y tolerancia. Apenas se nota diferencia entre nuestros valores cristianos y los políticos. Nos estamos olvidando de la gloria de Dios y de la salvación de las almas. Muchos amigos misioneros se contentan con un trabajo honrado; no predican el Evangelio al estilo de San Pablo y San Francisco Javier. Esperan a que se les pida "este servicio" por parte de los no creyentes.

Por otra parte hemos de tener en cuenta que las palabras que un sacerdote sin oración dirige al pueblo, son palabras estériles, vacías e ineficaces. Por eso vemos tanta predicación y planificación que no produce ningún fruto. Y por eso también cada vez más se aparta nuestro pueblo de Dios. Parece que a muchos sacerdotes les humilla el mostrarse piadosos de verdad.

Las "técnicas" de apostolado moderno son extraordinarias, pero opino que en muchísimas ocasiones les falta el alma de la santidad transmisora.

He conocido el temario de una misión popular. Admirable la preparación y el desarrollo. Pero más que ser una misión para lograr la conversión de las masas, como en tiempos de nuestro Beato Diego de Cádiz y otros santos misioneros, parece una especie de arranque para la actividad pastoral de la parroquia.

Muchos obispos están con excesivo optimismo. Creo que es fácil caer en esa tentación semi - triunfalista, porque a fin de cuentas al obispo se acude muy a menudo en plan de "buen cura" o "buen seglar". Y por otra parte, a los obispos más piadosos (igual que a quienes no somos obispos) una especie de pudor les impide manifestarse según son para expresar el ardor de su celo labrado en la oración. Puede ocurrir como les sucedió a los dos de Emaús cuando se les apareció Jesús y decían: "¿No ardían nuestros corazones fuera de nosotros, mientras en el camino nos hablaba y nos declaraba las Escrituras?"

Y ahora me permito, y perdona mi "intromisión", mostrarte una

idea, un deseo y una iniciativa. A pesar de que creo que nunca han estado los obispos tan dialogantes, sencillos y humildes como ahora, pienso que pueden ser unos de los grandes responsables de que no se vaya creando un ambiente de santidad entre el clero (y no es tu caso). Muchos de ellos, porque creen que ya hacen lo suficiente. Otros, los menos, porque no tienen una sensibilidad exquisita en este asunto. Algunos, sí, muestran una gran inquietud en el tema.

El fin principal de esta carta es notificarte de forma confidencial quiénes me parece tienen en España esa inquietud hacia

la santidad sacerdotal como algo que de modo extraordinario les preocupa. Por lo que veo en las cartas que recibo, éstos me parecen los que más: Mons. Martínez de Córdoba, Gómez de Lugo, Echebarría de Barbastro, Ubeda de Mallorca. También Rouco de Madrid, Lajos Kada, el Nuncio y Atilano auxiliar de Oviedo. Me llama la atención de forma especial el Nuncio. Tengo varias cartas de él verdadero desahogo espiritual.

Te digo esto porque tal vez entre ellos no se conozcan en este aspecto; tal vez si UNO sabe quiénes son, traten de unirse en esta causa urgente de la santidad sacerdotal y vayan haciendo ambiente dentro de la Conferencia Episcopal. Quizás te pueda parecer indiscreción entremetimiento, manipulación. Mi deseo es muy distinto. Pero es que estoy en unas circunstancias, a través de tantos años que llevo carteándome con obispos que me parece que puede ser útil esta apreciación. No sé. Lo he puesto en el Corazón de Cristo; como el Padre Nieto lo hacía, lo he colocado en la misma llaga de su costado. Y ahora lo pongo en tus manos para que hagas lo que puedas. El Señor te ayudará. ¡Es tan urgente el problema!

Yo me quedo en un rincón avergonzado, porque, de verdad, me da mucho apuro decir esto; no soy quién; pero esta información privilegiada que tengo, me parece que merece la pena. Tiene que comenzar pronto una verdadera campaña por la santidad sacerdotal entre los obispos; que todo el mundo lo vea en la Conferencia Episcopal (que hasta esta fecha creo que no se ve). Dios lo quiere.

Respecto a lo que me dices que te parece como exagerado lo de mis títulos "pobre, desgraciado, indigno sacerdote", he de decirte que cada vez lo siento más. A fuer de sincero te afirmo que durante muchos años tenía una especie de despecho contra Pablo VI que fue quien primero nos propinó estos títulos en su Encíclica "Sacerdotalis celibatus", pero según van pasando los años los voy cogiendo con cariño, máxime cuando se los aplicaba a sí mismo nada menos que el cura de Ars. El, sí, exageraba. Yo no.

Y gracias por todo, Don X: por tu consideración hacia mí sin conocerme, porque una vez me llamaste por teléfono el día de San José, por tus cartas de aliento, porque una vez en Madrid, en una manifestación de curas y frailes secularizados, preguntaste por mí. ¡Unidos en la oración!

Un saludo muy cordial de este pobre sacerdote:

P.D. Te escribo esta carta en el 40 aniversario de mi ordenación consagración sacerdotal. Voy con mi mejor amigo, D. Francisco Macaya, el coronel castrense de Sevilla, a celebrarlo en la parroquia de San Juan de Estella, donde me ordené.

 

Sin Don Félix y Don Miguel me encuentro como huérfano. Sus semblanzas.

29 -5- 2002

 

Querido amigo Don X: Recibí tu mensaje en el teléfono y me alegró mucho. Aunque paso al día una media de veinte horas o más, no me encontraste. De tres a cinco de la tarde suelo estar siempre fuera. Y ahora, en el buen tiempo salgo más.

Te decía en mi anterior carta que sigo escribiendo a los obispos dos veces al año, pero que me encuentro lleno de apuro interior cada vez que les escribo. Y a la vez es como una exigencia, como un impulso y deseo constante de la oración. También te decía que durante muchos años lo he hecho en conjunto con Don Félix Beltrán, que firmaba conmigo, y con Don Miguel Sola que, aunque no firmaba, nos estimulaba e incluso él quería colaborar costeando los gastos de envío. Los dos han muerto en olor de santidad.

De ambos he escrito sendas semblanzas sacerdotales. La de Beltrán está a punto de salir; ya tengo el ejemplar de prueba. Él fue sacerdote de sacerdotes y tiene en su haber más de cuatrocientas tandas de Ejercicios Espirituales a curas y monjas; en total alrededor de ocho mil ejercitantes. El otro, don Miguel Sola, fue párroco de San Juan de Estella durante veinte años; su parroquia era piloto; después, Tabera lo hizo su Vicario General; antes de cumplir tres años en ese cargo le dio una trombosis cerebral y quedó casi treinta años de capellán de la Casa de Ejercicios de Burlada. Allí en silencio, olvidado de muchos, hizo una labor sacerdotal extraordinaria que describo en la semblanza. La he entregado al Arzobispado, y como "las obras de Palacio van despacio", no sé cuándo se van a decidir a publicarla. Creo que en Navarra hace muchos años no ha pasado un sacerdote de esa talla. Merece la pena.

Pues bien, ahora estoy un poco "huérfano". Tengo el borrador de una carta que Dm. enviaré a los obispos el día de San Pedro. Te la remito en primicias. Y es que quisiera me digas tu opinión a ver si te parece que estas cartas son contraproducentes. Es que yo no he sido precisamente un testimonio de vida, pero por otra parte sé que Dios se suele servir de los instrumentos más inútiles para su obra. No sé; a veces tengo un lío. Ha habido veces en estos dos últimos años, sin estos dos "padres en la fe", que me vienen ganas de no volver a escribir más. Pienso que a algún obispo le puede indignar que yo les escriba, que me atreva a escribir a los obispos con la gran dignidad que tienen, pero por otra parte también sé que son hombres como los demás. Y que a ellos la fe les tiene que costar más que a otros, y estas cartas pueden ser un aliento en su fe. Yo me acuerdo que después de la primera Misa me costaba más creer en la Eucaristía, porque entonces la hacía "yo", mientras que antes eran otros los ministros.

Por otra parte, llevo muy metida en el alma esta idea: la solución de que vaya mejorando la vida cristiana, tan deteriorada, está en la santidad de los sacerdotes, obispos y de las almas consagradas. Y de esto me da la impresión que no están convencidos muchos obispos. Alguno incluso me ha dicho que lo tenían muy olvidado. Otros, en cambio, veo que ponen empeño.

En resumen, que me gustaría me dijeras si merece la pena seguir adelante o no. Eso sí, yo te prometo que a nadie voy a decir tu opinión se cual sea. Es que me hago cargo de que los obispos tenéis que andar con pies de plomo, ser prudentes, en lo que decís y en lo que escribís, porque cualquier palabra (y más escrita) puede ser arma de dos filos. Si puedes, dime tu opinión. Y siempre muy unidos en la oración:

Josemari Lorenzo.

La cruz es una señal de que Dios te quiere santo

22-4-90 Querido amigo X: Aunque hace muchos años que no nos vemos, creo que me recordarás y tendrás presente nuestra amistad de los tiempos del seminario. Después te he escrito en alguna ocasión, pero no tuve respuesta tuya. Ni sé si te llegarían las cartas.

Ahora al menos deseo que te llegue a tu pueblo natal. Si no algún familiar te la remitirá.

Es un honor muy grande para nuestro curso el que un compañero y amigo haya llegado a la plenitud del sacerdocio. En este sentido de fe es en el que te quiero enviar mi total felicitación.

Mejor que yo sabes tú que el episcopado es una cruz dura y difícil. Y creo con toda sinceridad que tiene más dureza en la enorme responsabilidad que en los disgustos, que no te faltarán tampoco.

La cruz, el sufrimiento por achaques, enfermedades, insidias de la gente, responsabilidades asumidas, es un regalo del Señor. Nos da la oportunidad de parecernos a El.

LA CRUZ ES UNA SEÑAL DE QUE EL SEÑOR ME QUIERE SANTO. El también sufrió.

Cuando renacen de nuevo en ti unas perspectivas nuevas, y la cruz sólo se ve un poco en teoría, es el momento de cargarse por dentro de una profunda vida interior. Porque la cruz del episcopado es algo muy real y te llegará. Y si no te llega por ser obispo, te vendrá por ser persona.

A mí durante mucho tiempo me ha repelido el camino de cruz y dolor. Ahora voy cambiando de parecer. Si Cristo escogió para redimirnos el calvario y la cruz, ¿voy a pretender yo vivir en este mundo rodeado de placeres? Vamos a meditar más sobre la pasión de Cristo; vamos a volver a tomar en nuestras manos el crucifijo: ¡es el libro del amor! Solía decir el padre Nieto: " Lo que más me duele es que salgáis los seminaristas sin amor a la cruz".

Cuando se entrevé la cruz de Cristo, rehuimos incluso la oración. Jesús, cuando se acercaba su pasión se puso a orar en Getsemaní. Y no sentía más que angustia. Y su plegaria era repetitiva...

Esta vida es tiempo de padecer por Jesús. Ya llegará el gozo del cielo. Además, si no nos vienen sufrimientos, nos apegamos demasiado a cuatro cosillas de este mundo.

"Aquí me tienes, Señor, para hacer tu voluntad". Este es el

mejor ofrecimiento cristiano y sacerdotal.

Acuérdate, X, el momento en que coronan al Papa le dicen, quemando estopa: "Sic transit gloria mundi". Qué bueno pensar en la muerte, precisamente en los momentos del triunfo.

Yo con frecuencia pienso en la muerte. Ahora más que antes. Sobre todo desde que mi madre murió, desde mis cincuenta años. Y me ayuda mucho leer en vidas de personas santas cómo ellas han afrontado el problema. No hace mucho leía en la vida del padre Nieto, (te la recomiendo) estas ideas:

El padre Nieto entregó su alma al Señor la noche del viernes al sábado Santo de 1974. El jueves pudo celebrar privadamente la misa de la Cena del Señor. El mismo viernes Santo no salió apenas de la capilla en todo el día. A las cinco y media recibió la comunión. Cenó normal. Cuando se fue a acostar, tocando la puertecilla del sagrario, se despidió de Jesús como todas las noches: "Si quieres, puedes llamarme esta noche". Besó la imagen de la Virgen y dio tres besos al crucifijo. El hermano notó que el Padre Nieto comenzaba a tiritar como si tuviera frío. Le arropó, pero seguía temblando. Comenzó el dolor y la gran dificultad para respirar. Cayó en cuenta de la gravedad e inició el coloquio con el Señor, uniéndose a su pasión:

"Padre, si es posible, pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Lo que tú quieras, Señor, si quieres hoy,

si quieres, mañana... cuando Tú quieras, Señor... Perdona mis pecados... Tomad Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad...Os ofrezco mi vida, os ofrezco mi muerte, os ofrezco mi eternidad...Os lo ofrezco por la Iglesia, por los sacerdotes, por todo el mundo..."

Quería que se le incorporase, para encontrar algún alivio y poder respirar mejor. " Jesús, José y MARÍA os doy el corazón y el alma mía." Seguía sintiendo frío.

Cuando le indicaba el hermano que no se fatigase, contestaba: "Si eso no me fatiga, eso lo único que me alivia: decirle a Jesús que le quiero, que sufro por El; que le ofrezco mi vida y que estoy a su disposición."

Sufría con entereza el intenso dolor que le producía la embolia pulmonar. Con ritmo más lento dijo al fin: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." Poco después quedó su rostro tenso e inclinó la cabeza.

Eran las dos de la madrugada. Murió como Jesús.

Le pido a Dios, por ti y por mi, que nos ayude ahora, que poco a poco vayamos aprendiendo a entregar la vida a El. Como los hombres santos. La realidad es cierta para todos. Para mí y para ti también. Vamos a prepararnos viviendo siempre unidos al Señor y ayudando a otros con nuestro ejemplo, trabajo, ilusión y palabra.

Ha salido larga mi carta. No importa, X. Si al menos sirviera para animarnos de verdad a ser del todo de Dios... Tú hablarás mucho de Dios. También has tenido paciencia para leerme.

Un abrazo. Besa tu anillo pastoral...¿Recuerdas la coletilla que poníamos a los obispos? Ahora te la pondrán algunos a ti.

¡Por muchos años!

 

Mientras te consagran obispo... ¡"Ay de mí si no evangelizare!"

9-6-90 Querido amigo X: No ha podido ser mi asistencia a tu consagración episcopal. En estos momentos, 7 de la tarde, está celebrándose la ceremonia. Te estoy acompañando desde aquí con todo el fervor de mi espíritu. He estado haciendo un rato de oración por ti. Que el Señor te colme de esa gracia abundante que vas a necesitar como sucesor de los Apóstoles. Creo que a esta hora ya habrá descendido sobre ti el Espíritu Santo. ¡Quién te iba a decir hace treinta y algún años que ibas a ser como Don Enrique Delgado Gómez! El tiempo pasa y Dios se ha fijado en ti. Me alegro contigo en el Señor.

Yo recuerdo tu vida ferviente de seminario. Después han pasado muchos años. ¡Y ahora esto sobre ti! Ojalá el Señor - Eucaristía te inflame. Ojalá sigas más y más los pasos de Cristo. Me alegraré con el gozo cristiano total. Necesitamos obispos santos. Y esto te lo dice quien no ha logrado ser un sacerdote santo, pero siempre lo ha deseado. ¡Oh los deseos, qué lejos suelen estar a menudo de la realidad! Pero de algo pueden servir.

Recuerdo en estos momentos muchas conversaciones que teníamos en la amistad por aquellos claustros del seminario de Pamplona. Pero ahora lo verdaderamente importante para ti es lo que ha de venir.

Yo, desde mi condición eclesial un poco indefinida, desde mi vida de fe y oración, te prometo acompañarte sin molestarte mucho con la oración insistente. Los que pertenecéis al cuerpo Episcopal necesitáis más que nadie de motores del espíritu, de almas orantes. Sé que tendrás muchas. Pero te va a hacer falta porque tu obra no es nada fácil, y menos en este final del siglo XX.

Te envidio no por la parcela de poder que tienes, sino porque estás en una institución de privilegio para poder evangelizar. Eso es algo maravilloso para uno que esté enamorado de Dios. Y algo que hace sufrir mucho para quien siente este deseo ardiente y no puede realizarlo en la plenitud que desearía. Que estés muy lleno de Dios.

Cuando uno se encuentra en gran fervor por las horas dedicadas

a la oración, entonces la palabra cala en las almas. Pero cuando uno vive de las rentas, apenas produce efecto.

Que tengas en cuenta la frase de San Pablo: "Ay de mí si no evangelizare".

Tal vez en estos momentos estés dando la vuelta alrededor de la Basílica impartiendo tu primera bendición episcopal. Yo la recibo porque sé que es universal.

A las madrugadas, cuando me levante para hacer oración, te tendré ya presente. Tú no te olvides de este viejo amigo. Que resulta un poco triste dejar la amistad sólo para el Reino de los Cielos. A ver si veo en alguna ocasión tu letra, ¡cara de ver! Y a ver si nos vemos algunas veces. Espero que sea este mismo mes, pues según me han dicho se va a organizar una comida fraternal de condiscípulos con ocasión de tu episcopado.

Un abrazo muy fuerte, X. Mi alegría junto a ti. Mi felicitación y mi amistad.

 

Dios halla su complacencia en comunicarse con nosotros

13-7-90 Querido amigo X: Deseaba haberte dado personalmente un abrazo, pero hasta la fecha no he recibido por parte de los del curso que viven en Pamplona ninguna convocatoria para reunión, como yo esperaba. Como el 16 es tu santo y cumpleaños te envío mi felicitación más sincera. Pido al Señor que te conserve este fervor de tu reciente consagración episcopal. Que te mantengas muy en contacto con Cristo. No sólo "físicamente", lo cual es real e "inevitable" para un obispo, sino también místicamente.

Recuerdo yo ahora una meditación: me sentía unido a Cristo por la gracia. Parecía todo brillante como si lo estuviera contemplando en el cielo. Después de haber tenido una experiencia de este tipo no cuesta renovar el recuerdo de vez en cuando y volver a aquellos tiempos de Betania; junto a Jesús. Ha pasado ya mucho tiempo.

Dios nos prueba con tentaciones; con acontecimientos dolorosos; pero al final de todo, El está junto a mí, junto a ti. El es nuestra compañía. El es como la sombra de nuestro ser.

Estoy seguro de que Dios halla su complacencia en comunicarse con nosotros a través de los sucesos de cada día. A lo mejor los ratos de oración nos resultan un poco secos. Pero durante toda la jornada nos sentimos junto a Jesús. Eso es lo importante.

Pido al Señor por ti en tu cumpleaños la alegría serena.

Cuando pienso en el Sagrario, en la Eucaristía, me parece

imposible que, teniéndolos, haya podido estar yo triste alguna vez. Es necesario practicar la fe; vivir de la fe. Jesús mismo, después de instituir este sacramento, quería que su propia alegría fuera la nuestra. Así lo leemos en el capítulo 15 de San Juan.

Pero no vamos a perder la paz si esta alegría interior no se

trasluce en la parte sensible de nuestro ser. Yo sé que ha habido muchos santos, que han sentido enorme sequedad después de la misa y comunión, a pesar de vivir de verdad el momento de fe.

Lo maravilloso es que Jesús va transformando poco a poco el alma y la hace más semejante a El mismo, cada vez que comulgamos con total disposición. Jesús obra silenciosa, pero eficazmente dentro del alma.

Vamos a vivir cada día con más fervor esta sublime realidad.

Ya te dije, X, que pienso estar junto a ti, ayudarte desde el silencio de la oración en tu apostolado y en tu vida.

Recibe un fuerte abrazo y "ad multos annos".

 

Llénate de Dios, somos débiles

25-11-90

Querido amigo X: Te saludo con el corazón, mente y alma todas las mañanas delante del Señor. En esa cita que me propuse hace ya años junto a El, cuando todavía la luz del día no ha llegado.

Antes que se me olvide: He oído que salió en Julio una revista

"El Pilar" con mucha información sobre tu ordenación. Si te es posible, te agradeceré que me la mandes.

Si queremos ser efectivos de verdad, no hay más remedio que madrugar y asegurar así un buen rato de oración mental. Llénate de Dios, X. Verás cómo calas cada vez más adentro en las almas. Eso es lo más importante.

En mi pobre experiencia de apostolado, en mis clases de religión y catequesis a niños muy pobres, voy notando cada día más cómo penetras en las almas, cuando dedicas horas a preparar la actuación en la soledad del retiro interior.

Una vez oí hace doce años a un sacerdote hablar. Nunca había oído un sermón así. Luego me enteré quién era: llevaba fama de santo. vivía en unión íntima siempre con Dios y dedicaba su vida a las personas más marginadas. Yo me decía ¿por qué no tratar con Dios a fondo antes de hablar a los hombres de Dios?

Te decía en otra carta: si en algo te envidio es porque tienes una palestra excepcional, como sucesor de los Apóstoles, para difundir el mensaje del Evangelio. ¡Qué maravilla!

Yo me siento muy miserable por dentro, pero con grandes deseos de gloria de Dios. Y ahora que puedo hablar muy poco, por mi desgaste de garganta, mayor es mi ilusión espiritual. Conquistarlo todo para El es la gran esperanza cristiana. Tú lo has sentido muchas veces, lo recuerdo desde nuestras conversaciones del seminario. Luego, a la hora de la verdad, nos cuesta mucho. Pero no vamos a desanimarnos. Poco a poco vamos a vivir sólo para Dios. Tenemos mucho terreno andado, si nuestro corazón se va desprendiendo de muchas aficiones que lo distraen.

Delante de Dios nos descubrimos débiles y miserables, y por eso nos apoyamos del todo en su Omnipotencia. ¿Qué importa ser débil, si tenemos un Padre fuerte? Y yo sé que un obispo, más que nadie, siente en sí mismo más fuerte la soledad, porque su misión es ayudar a todos.

Por nuestra unión con Dios vamos a vivir cada vez más en olvido de nosotros mismos. Eso es lo que vale. Y así nos resultará más fácil entregarnos a nuestros semejantes.

Yo le digo al Señor: "Voy a ayudarle un poco a X; quisiera que aceptes mi oración y le sirva un poco de apoyo, pues seguro que se encontrará en situaciones difíciles." Desde el momento de tu elección tuve esa corazonada y sigo fiel a ella.

Yo quisiera que el aprecio a la perfección, a la santidad fuera creciendo en ti y en mí cada día más. Yo quisiera que tú y yo nos ayudemos mucho en este sentido. Sé que tus ocupaciones son grandes y que apenas sacarás tiempo para comunicarte por correspondencia. Pero acuérdate alguna vez de mí delante del Señor. Lo cierto es que siempre se avanza más, cuando mira alguien un poco nuestra andadura con cariño que cuando nos sentimos totalmente en solitario. Así somos. Y estos medios humanos pienso que son muy de la voluntad de Dios.

Recuerdo que el Padre Nieto solía decir: antes debemos olvidarnos de la cena que de la meditación del día. A ver si se nos mete dentro el criterio de la oración y lectura espiritual de tal modo que sea tan fuerte como el instinto de la comida.

La experiencia me demuestra (supongo que a ti también) que, cuando no hemos andado como era nuestro ideal, todo ha sido por haber aflojado en nuestra práctica espiritual. Por eso me he propuesto que

si en alguna ocasión no he podido hacer la oración o lectura espiritual según es mi determinación, lo supliré en la primera ocasión que pueda. La vida es breve, X, y ya hemos hecho al menos dos tercios, por mucho que nos reste. Pocos llegan a 90.

Y no te entretengo más. Como en Navidad recibirás muchas

felicitaciones, ahora más que antes, prefiero anticiparme y te envío ahora mi felicitación pascual. Mientras viva, te seguiré recordando delante del Señor.

Un abrazo de tu amigo:

Le has dado al Señor lo que más cuesta: tu libertad

26-2-91 Querido amigo X: No sabes cuánto agradecí tu postal de Navidad. Con eso me basta: una vez al año, si no puedes más. Y me decías que notabas mi oración y la de otras persona que por ti oran. Así debe ser. Lo sabemos por la fe. A veces lo palpamos.

X, ¡cuánto debemos a Dios! ¡qué tesoro es la fe! Y la hemos recibido gratis. ¿Qué mérito podemos tener? Para un obispo es mucho más difícil creer. También lo era para la Virgen MARÍA, aunque a primera vista nos parezca lo contrario. Vivir de la fe. Proclamarla desde lo más íntimo de nuestro ser.

Cuando caldeamos varias veces al día, quitando si es preciso tiempo al sueño, nuestra alma en la oración, se nota. Cala nuestra palabra. Tú eres cada vez más el Obispo, el enamorado de Dios, como lo fueron los Apóstoles. Por algo eres sucesor de ellos. El enamorado de Jesús! El que no sabe ya hablar de otra cosa, porque tu corazón estará cada vez más encendido en El. Para nada vas a tener tiempo. Ni siquiera para distraerte honestamente con un grupo de amigos, pero sí sacarás tiempo para estar con El. ¿Recuerdas? "Ut essent cum illo et ut mitteret eos predicare."

Tu misión es predicar, animar a la comunidad, entregarte, ser líder religioso al cien por cien. Admiro tu dedicación.

Irás dejando poco a poco en manos de otros muchas cosas que hasta ahora llevabas tú personalmente. Como los Apóstoles dejaban muchos asuntos en manos de los diáconos. Ellos se dedicaban al ministerio de la Palabra. A dar testimonio de la Resurrección de Jesucristo. ¡Qué hermoso para un Obispo leer despacio y meditar "Los Hechos de los Apóstoles."

Le has dado al Señor lo más difícil, lo que más cuesta: tu libertad; tu celibato. Le pido con toda mi alma que le des estos detalles que cuestan menos, pero que nos atan más: cada uno sabe los suyos. Cada uno sabe donde está el: "mañana le abriremos - respondía ara lo mismo responder mañana."

A mí me da mucha alegría que, aunque no puedas contestar, aceptes al menos mis cartas. ¿Con quién puedo abrir mejor mi corazón que con un obispo amigo? ¿Quién me puede entender mejor que él?

Por otra parte, creo que a ti mis cartas te pueden interesar, porque si estuviera yo dentro del clero podrías recelar un poco. Todos somos hombres. Unos se acercan al superior con envidia y le pueden hacer daño. Otros con interés para medrar. Ojalá, y también esto le pido al Señor, encuentres sacerdotes, verdaderos colaboradores en la tarea de Evangelizar, que sólo busquen a "Cristo y a éste crucificado."

Nuestro común amigo y condiscípulo Paco Macaya es un alma enamorada de Dios; vive para Dios del todo desde hace algunos años. Y se nota en su apostolado de Vicario castrense del aire. En cuanto una persona se entrega del todo al Señor, practica la oración y la lectura espiritual, cala su palabra y ejemplo en las almas. No he perdido la relación y amistad con él desde los tiempos del seminario y nos juntamos varios amigos todos los veranos a practicar juntos los ejercicios. Ha sido una de las mayores gracias de Dios que hemos recibido: la amistad natural elevada en la fe.

Me contabas algo de tu vida, y me alegró. De la mía no te diré mucho, pero algo sí. Salí del clero el año 70. Fue algo muy meditado y serio y no me arrepiento del paso que di. Veo cuál era la voluntad de Dios hacia mi persona. Sigo sintiéndome sacerdote del todo, pero obedezco la ley de la Iglesia que me impide el ejercicio público dentro de la clerecía. Dios me ha inundado toda mi vida de su gracia y sólo he de cantar la misericordia el Señor.

Mi hija, Irene, ha comenzado este año la carrera de Derecho

Económico en Deusto. Va y viene todos los días, madrugando mucho. Terminó brillantemente el COU con matrícula de honor. Por eso no ha tenido dificultad en ser admitida en esa carrera, en la que se exigía de nota media sobresaliente. Otra cosa será si seguirá o no; ya que de 300 que suelen comenzar todos los años, sólo la terminan alrededor de 50.

Angelines, mi esposa, es licenciada en Filosofía y letras en la rama de clásicas y ejerce su profesión el Colegio de Ursulinas de esta ciudad.

Yo sigo con la misma ilusión de antes en todos los aspectos. Pero hace ya tres años no acudo a reuniones, porque el médico ya me lo ha dicho claro: "puesto que desea continuar en su profesión sin jubilarse, considérese mudo el resto del tiempo." Y en las clases me sirvo de cassettes y de la informática para tener que hablar el mínimo. Es que llevo un desgaste de cuerdas vocales muy fuerte y no es recuperable. Ahora mismo llevo de baja 12 días sin poder hablar nada.

Por hoy no te entretengo más, X. siento robarte estos minutos de tiempo, pero lo hago para que sepas que hay gente que pide a Dios por ti y quiere, a través de la distancia, ayudarte en la amistad en tu gran ministerio de sucesor de los Apóstoles.

Un abrazo:

 

Sufrir de que el mundo se aleje de Dios; hacer algo

6-6-91 Querido amigo X: Se cumple el primer año de tu ordenación episcopal. Te dije que me arriMARÍA a ti, como tú a la Virgen del Pilar, mientras Dios me dé vida. Pienso en lo íntimo de mi conciencia que así lo quiere Dios. Me arrimo como cirineo para ayudarte con mi oración, mi sacrificio, en este Cuerpo Místico de Cristo, porque sé que por tu cargo lo necesitarás mucho. Y no te preocupes en contestar a mis cartas, porque sé que tienes muchísimo trabajo y otros te necesitan. Pero deseo que te sepas respaldado por un amigo y por otras personas que tal vez ni conozcas.

Sé que con Mons. Yanes rezas todas las mañanas. A esa hora, a unos kilómetros de distancia también me encuentro yo junto al Señor y ofrezco mi oración por ti.

Te envidio porque puedes proclamar por todas partes el amor de Dios, la entrega de Jesucristo a nosotros. Es algo extraordinario esa palestra constante de evangelización que tienes al ser obispo. Es una baza que espero sepas explotar en todo momento para el bien de la Iglesia, para la extensión del Reino de Dios.

Sufro al no poder ir gritando por todas partes el amor de Dios. Sufro al ver un mundo que cada vez se aleja más de Dios, de la verdadera fe, de toda trascendencia. Sufro al no disponer de ningún prestigio testimonial como los santos. Me entrego a Dios en la oración, y se nota después en mi actuación. Debemos unirnos todos los seguidores de Cristo y poner cada uno el total de nuestra fuerza interior al servicio del Evangelio.

X: ¡quién pudiera tener la santidad que da autoridad y testimonio a la voz! Eso pido al Señor por nosotros. Tú, como obispo aún la necesitas más, porque eres líder de primera fila. Yo estoy seguro de que cada vez la tendrás en mayor abundancia. Muchos pedimos por ti y lo has de notar. La oración asidua, atenta, hecha con sinceridad, aunque sea imperfecta, transforma y arrastra a las almas. Cuando oramos de verdad, no hablamos de memoria ni tratamos a la gente con convencionalismo. Sin darnos cuenta transmitimos Mensaje y amor sobrenatural.

Quisiera para nosotros esa valentía de los Apóstoles: con menos afanes "administrativos", sin convencionalismos que nos atan, sin tanto afán de reunión estéril y con más unión en el amor de Cristo.

Eres obispo. Muchas veces pienso cómo el obispo anima, santifica, ayuda a todos. ¿Y al obispo quién le ayuda? El siempre "tirando del carro", pero de él ¿quién tira? Sí, Jesús el Buen Pastor os ayuda de una manera especial. Pero quiero que no te encuentres solo porque muchos estamos detrás intentando hacer un poco de motor en este Cuerpo Místico. Yo quisiera que nunca te encontraras solo, aunque sí que ames la soledad. Recuerdo ahora a aquel profesor, Don Luis Gómez, (tú no estuviste con él) que nos decía: "Cada vez amo más la soledad".

Te acompañaré con mis brazos en alto, como Moisés

12-12-91 Querido amigo X: Un saludo, X. Me alegré mucho al verte el día 13 de octubre en TV, presidiendo la Eucaristía. No te había visto todavía con tus ornamentos episcopales. Me alegré. Y grabé en vídeo toda la misa. Lo conservo entre mis "documentos" importantes. Y recuerdo tu palabra, glosando el Evangelio del joven rico: Seguir a Jesús en la pobreza, sin condiciones... en un proyecto de renuncia por amor a Cristo. ¡Merece la pena!

Ahora, mi felicitación sincera y total de la próxima pascua de Navidad en este tiempo de adviento y esperanza. Yo deseo que el Señor te ayude, como sucesor de los Apóstoles, que El sea tu ilusión y tu gran alimento. Y que tu apostolado sea fecundo. --Yo te acompañaré con los brazos en alto todos los días, para que puedas calar más y más en las almas. Y por cierto, en los enfoques de cámara del 13 de octubre se veía gran atención en los fieles: buena señal. Por nuestra parte, es imprescindible esta oración por los amigos obispos. ¿Cómo si no van a resistir y van a ser dinámicos? Y a la vez, sé que tú cada día has de ser más fiel a la intimidad total con Dios. Eso hará salir de tu corazón lo mejor de ti mismo. Eso dará fecundidad plena a tu palabra. Se nota cuando un sacerdote habla de lo que ha contemplado y cuando habla de memoria. En el primer caso, te cala. En el segundo, te hastía. Es inevitable. No se puede disimular ni con las mejores cualidades de actor dramático.

Veo a sacerdotes ocupados en el dinero, en su honor o en su pequeño poder, mientras tanto la gente continúa indiferente. Por el contrario, conozco varios (pocos) sacerdotes de profunda vida interior. Esto se nota. Cala en las personas.

He vivido muchos años de las rentas en materia espiritual. Casi fue de una manera inconsciente, sin una ruptura. Aquellas pingües rentas de lo mucho que acumulamos en nuestros tiempos de seminario. Me parecía que podía mantener el contacto con Dios sin necesidad de dedicar tiempo especifico a la oración. Y esa fue mi práctica.

Luego me di cuenta de que no se puede uno alimentar de

bocadillos o chucherías. No podemos vivir la intimidad con Dios sin entregarle diariamente tiempos específicos de oración o meditación.

Comencé por la lectura espiritual. Todos los días entre media

hora y una hora. De vez en cuando (el método benedictino) interrumpir la lectura para adorar o pedir algo a Dios, relacionado con el tema.

Poco a poco Dios te va conduciendo. Y te hace ver la importancia

de la abnegación, los pequeños sacrificios. Y ¡a continuar por ese camino! Oración y mortificación es el único camino real de avance hacia Dios. De ahí sacamos amor al prójimo y todo género de virtudes. Si descuidamos cualquiera de los dos carriles de la espiritualidad (contacto con Dios y sacrificio) ¿cómo vamos a ser medianamente felices en este mundo, cómo seremos cristianos de primera fila o sacerdotes?

Rezo, pido, hago algo en mi pequeña parcela, me avergüenzo

de mis infidelidades y las lloro, pero con gran paz interior. Y siento una necesidad interna de hacer algo para que todos cuantos un día le dijimos sí al Señor, sigamos con la misma fe, con la misma ilusión. ¡Merece la pena el esfuerzo continuo para seguir a Cristo!

A ti, obispo, te llaman a un sitio y a otro. Apenas te dejan iniciativa. Experimentas lo duro de la voluntad de beneplácito. Que pongas toda la fuerza de tu espíritu en aquellos actos. La palabra del obispo tiene un algo, cuando es sincera, que nunca se olvida. Todavía me acuerdo yo de algunas charlas que nos dio Mons. Delgado Gómez. Todavía recuerdo aquello, entre otras cosas: "Los albañiles van siempre muy blancos. El contacto con el yeso y la cal los blanquea. ¡Vosotros vais a estar en contacto continuo con Dios en vuestro sacerdocio: sed conscientes de ello, para que se note

vuestro estado, como el del albañil". No sé si las recordarás.

¿Algo de mi vida? En conversación mucho se podría decir, pero por carta sólo una cosa: También este año, por decimosexta vez hemos estado varios amigos practicando nuestro retiro en el santuario de Estíbaliz. Merece la pena. Uno sale con ganas cada vez más fervientes de amar y servir a Dios y deseos de ser un tanto mejor con el prójimo. Y de estos retiros de cuatro días cada año se ha servido el Señor para ayudarnos a todos a un mayor fervor en nuestras vidas. Por cierto, si te interesa esta experiencia puedes venir con nosotros el años que viene (D.m.) Basta que me avises con un mes de tiempo. Solemos hacer nuestro encuentro hacia el 10 de agosto.

¡Qué buenos los días de retiro para gustar más las cosas de arriba!

Que el Señor acoja toda tu persona en la burbuja de su amor. Unas veces nos distrae lo sensual, buena mesa y caprichos; otras el amor propio, el poder, el orgullo. Otras todo. Por eso es necesario estar sobre sí mismo.

Pido al Señor que nos conceda obispos santos. Lo necesitamos. Y vosotros tenéis el derecho de nuestra oración.

Nada más, X, un fuerte abrazo y mi oración constante por tu apostolado y por ti.

 

Lo mejor de nuestra carrera eclesiástica, lo espiritual

4-12-92 Querido amigo X: Un abrazo y mis mejores deseos de paz interior dentro de la voluntad de Dios en esta Pascua de Navidad. Que el Señor te dé fuerza y gracia dentro de un gran espíritu de fe. Felices fiestas Natales y preparación de Adviento.

No sé qué será de tu vida. Te sentirás con mucho trabajo. ¡Si pudiéramos echarte una mano para que te fuera menos oneroso! Es que dentro de los cristianos debiéramos, lo mismo que el comerciante mira todo bajo el prisma del negocio, mirar nosotros todo bajo el prisma de la gloria de Dios; y dar ayuda, y más a los obispos que tanto tienen que esforzarse por el Reino.

Es más, poco a poco debiéramos apartarnos de todo lo inútil, de todo lo que nos distraiga de él y de su causa. Sé que no es tarea fácil; sé que hace falta tener muchos años y estar de vuelta de todo, pero creo que debiéramos aspirar a esto. Incluso los ratos de solaz mejores pasarlos en compañía del Señor, con la lectura reposada de un libro espiritual.

Todos los días te tengo muy presente delante de Dios. Ojalá que El te diera fuerza para dejar todas las preocupaciones en su corazón. Cuánto estorban las preocupaciones en el desarrollo de la vida interior. Si a pesar de todos los propósitos sobrevienen, repetir un acto de amor y de confianza en Dios. Así , creo, se combate contra los temores y ansiedades. ¿Por qué inquietarnos, si le pertenecemos a Dios y El es nuestro Padre?

Este años está en Vitoria, en el curso de actualización teológica del Seminario nuestro compañero de curso y amigo Ignacio Martinena. Llevaba veintiséis años de director del Colegio Diocesano de Estella. Tenemos proyectado vernos con frecuencia.

Te adjunto lo que fue el mejor retiro espiritual de nuestra carrera. Te servirá como lectura espiritual. Ojalá disfrutes rememorando aquellos ideales que siempre son actuales.

También te envío un resumen de nuestro retiro de este año de Estíbaliz. Ya sabes que estás invitado. Avisas. Todos los años nos reunimos en el mes de agosto.

En otra ocasión, D. m. te mandaré un pequeño trabajo que he elaborado sobre el tratado de la Humildad del padre Rodríguez. ¡Qué maravilla este autor! Compré el libro del P. Rodríguez en los últimos años del seminario. Durante treinta ha estado empolvado en mi biblioteca. Hace cinco se me ocurrió volver a él. Ahora bendigo ese día. No llego a entender el por qué de la mala prensa que tenía dentro de nosotros. No sé si te acuerdas; se le llamaba peyorativamente el P. Machaca.

Es verdad que hay algunas cosas que no se pueden admitir hoy ni remotamente. Pero el conjunto resulta tan beneficioso que aumenta la fe, el deseo de un encuentro más íntimo con Dios, el celo por la gloria de Dios, el amor sincero al prójimo, la humildad, el fervor eucarístico, la misericordia. ¿Qué más de le puede pedir a un libro? Por cierto, si tuviera que quedarme sólo con diez libros de espiritualidad, éste sería uno de ellos.

Y en concreto este tratado de la humildad, cautiva. El humilde tiene el semblante tranquilo y es accesible a todos, pero de una manera mayor a los más pequeños. La gente humilde ambiciona ocupar el último lugar.

Si estamos centrados en Dios, podremos soportar una palabra picante sin replicar, incluso una acusación injusta sin excusarnos, o un tratamiento duro sin tomarnos el desquite. ¡Ojalá podamos hacerlo! Conviene pensar en la muerte para ser humilde. ¿Quién será vanidoso en esos momentos? ¿Qué importan en esos instantes los honores o las humillaciones?

Bueno, X, poco me voy enrollando. Pero qué bueno es enrollarse en estos temas de Dios.

Pido a Dios por ti. Ojalá que algún día podamos vernos. En toda mi vida (contando los tiempos de cura) una vez sólo ha estado un obispo en mi casa: fue hace unos años Mons. Echebarría, de Barbastro. ¡Y no nos conocíamos! Majo Don Ambrosio.

Un abrazo y hasta que puedas.

 

 

Celo puro e insaciable por la salvación de las almas

6-6-95 Querido amigo X, el Obispo de nuestro curso: Hace tiempo que no me comunico contigo. Ahora que se cumple el 5º aniversario de tu consagración episcopal lo hago con toda la mi emoción de creyente y de amigo. Ya eres un obispo hecho; con experiencia, con años de vuelo. Que el Señor esté contigo, que te inunde con su gracia, que te envuelva en su amor; que te dé ser un obispo santo, porque los necesitamos. Junto a ti está mi pensamiento frecuente y mi oración diaria. Tenemos que "arrancar" del Señor que nos dé sacerdotes santos, obispos santos, porque el mundo está muy alejado de Dios y la culpa principal - me parece - radica en que quienes un día le dijimos "sí" al Señor, y según van pasando los años hemos caído en la rutina, el funcionariado, la PÉREZa, en contacto distraído con El.

Siempre que miro las revistas o periódicos observo si veo tu nombre y me alegra, como hace poco, al haberlo leído en "Vida Nueva". D. Elías sale mucho por eso de ser presidente de la Conferencia Episcopal. Mis saludos y enhorabuena a su prudencia y bien hacer.

Que el Señor en este tu quinto año te llene de fervor. Le pido con toda mi alma que te dé un celo PURO, un celo INSACIABLE por la salvación y santificación de las almas. Como a los Apóstoles de los que eres sucesor. Que ese celo puro vaya cada vez más sin mezcla del "yo"; que proceda del gran amor que le tienes a El y que por eso mismo tu celo sea insaciable. ¡San Pablo, Javier, Loyola... cómo vivían con celo insaciable, y qué felices eran! X, cuándo llegaremos en nuestra vida a "reputar todas las cosas como basura con tal de ganar a Cristo". Me entusiasma mirar a Pablo seducido por Cristo, devorado en ansias de que las almas adelanten , corran y se apresuren por los caminos de la santidad. Me emociona pensar en ese celo insaciable de los santos; ellos no se contentaban con ningún bien espiritual que conseguían las almas; siempre querían para ellas un bien mayor. ¡Hacer fervorosos a los que son buenos, santificar a los que ya son fervorosos!

Te tocará sufrir bastante. Me lo figuro. Porque quienes tenéis cargos de dirección y gobierno, aun con la mejor voluntad, no daréis gusto siempre a todos. Ojalá estas espinas de cada día te sirvan de estímulo para unirte con Cristo.

Yo me acuerdo mucho de nuestros años de formación. El único tiempo en que he tenido contacto directo contigo. Aquella nuestra sinceridad juvenil; aquella nuestra entrega generosa. ¡Siempre seguirán influyendo en nuestras vidas, como las aguas de las fuentes cuando llegan a hacerse ríos de gran caudal! Que aquel celo que se fraguaba entonces en nuestras almas anide ahora del todo en nuestro corazón. El celo sincero saldrá siempre de nosotros mismos en cualquier momento; casi sin pretenderlo. Basta con estar en contacto íntimo con Dios. Siempre me acuerdo de lo que me decías poco después de ser consagrado obispo: cómo en el gran caserón en que vivías tenías oportunidad de recogerte con facilidad. Allí te puedes acorazar frente a cantidad de emociones atoxigantes diarias. Tienes la suerte de gozar junto a ti de la presencia de Jesús Eucaristía. No existe mejor amigo. Dale saludos de mi parte que yo le daré de la tuya cuando vuelva a estar con El.

Intimidad con Jesús. Leí hace tiempo en la vida del Cura de Ars una idea que me llegó al alma. Decía más o menos al Señor, en sus

manos después de la consagración: Vamos a hacer un cambio: Tú tienes el alma de mi amigo, que murió el otro día, en el purgatorio; yo tengo en mis manos el Cuerpo de tu Hijo. Saca a mi amigo del purgatorio; y yo te ofrezco ahora a tu Hijo con todo el mérito que tiene. Me gustaría vivir tan compenetrados con el Señor como estos santos. ¡Cómo iba entonces a cambiar nuestra influencia entre las personas con las que nos relacionamos! Nuestras palabras iban a ir encendidas con llamaradas de amor.

X, vamos a pedir unos por otros. Los que tenéis muchos compromisos, al menos de una manera general. Los que tenemos menos, nos podemos acordar de forma más personal, como lo hago yo contigo delante del Señor. Estoy seguro que algo notarás. Que nuestro celo sea desbordante, sin barreras, sin lo tuyo y lo mío. Yo tengo niños en clase sin bautizar, sin fe. ¡Cuánto duele! Unirnos junto al Señor como una piña; que El nos dé gracia para influir en todos los ambientes posibles.

X: un fuerte abrazo y que el Señor esté con nosotros.

 

 

A un Obispo recién consagrado

1 -11- 1990

Querido amigo Don X: Con mucho interés y con gran emoción, a pesar de no haber podido asistir a tu ordenación, he seguido todo lo relativo a tu nombramiento y promoción al Episcopado.

Ya te dije cuando te escribí, que me lo esperaba y lo deseaba para ti, por el bien de Iglesia. Me gustaron tus palabras llenas de fe en la Iglesia en el día de tu ordenación.

Y ahora, recibe mi felicitación unas fechas antes de tu cumpleaños, para que no se te acumule toda la correspondencia. Que sea una fecha llena de aumento de la gracia de Dios para ti.

Y ojalá que sigas como en los tiempos en que más traté contigo en el seminario y en Estella. Con aquel fervor que arrastraba a todos y con aquella ilusión llena de la auténtica piedad.

Yo nunca olvidaré tanto bien como me hiciste a mí, y a todos los compañeros, en el seminario, en aquel tu primer cargo de subprefecto. Cuando íbamos a tu habitación, tenías sobre la mesa el Nuevo Testamento. Allí comentabas con fe y ardor versículos de San Pablo. Las encuestas y reuniones fueron instrumento de la gracia para lograr la conversión de muchos. "¿Para qué es la vida sino para darla?" - solías decir.

Miro aquellos años con veneración, respeto y emoción. De aquellos tiempos partió en muchos el hambre de vida interior y relación con Dios, el sentido apostólico de la vida.

Después, en Estella, me ayudaste mucho en los años más difíciles de mi vida. Siempre guardaré un recuerdo agradecido de ti, como uno de mis padres en la fe.

La fe en el obispo tiene que resultar más oscura y difícil; y más aún en el Papa. Por eso qué bien harás cimentándola en la oración humilde de todas las madrugadas, como decías en tu homilía. Yo te acompañaré con mi oración también madrugadora. Desde que he llegado a la madurez necesito dormir menos, me levanto pronto y así puedo asegurar un buen rato de oración matinal que tonifica todo el día. Santa Teresa decía que una hora diaria para principiantes. ¡Qué será para los obispos!

Pido al Señor para nosotros una fe cada día más viva. Una esperanza firme en el más allá. Creo que se ha abusado demasiado del "humanismo cristiano", porque queriendo huir de la alienación se ha reducido en muchos casos la acción pastoral al mero humanismo. Yo estoy convencido de que hemos de volver a las fuentes. En aquellos tiempos de nuestra conversión las aguas eran cristalinas, nítidas. Después ha venido la contaminación. Ahora hemos de pasar la nueva conversión depuradora: que las fuentes fueron auténticas, y el tiempo que nos queda es breve. San Juan de la Cruz y San Francisco Javier varios años antes que nuestra edad ya lo habían dado todo.

¡Un fuerte abrazo! Ya me gustaría hablar alguna vez contigo en alguna ocasión en Jaca o en Vitoria o donde sea.

 

¿Por qué no aspirar también a la contemplación?

12 -11- 1990 Querido amigo Don X: Me alegro contigo y te felicito con toda mi alma por tu nombramiento como obispo. ¡Enhorabuena! Unicamente siento que no lo hayan hecho antes, porque siempre he pensado que de los curas de Navarra, tú debieras haber sido el primero.

En alguna ocasión te he escrito para manifestarte mi agradecimiento durante el tiempo (sobre todo en Estella) en que hemos estado juntos. Nunca olvidaré mis días de seminarista en la parroquia de San Juan, ni el quinto curso aquél en que levantabas ampollas a aquellos seminaristas, que hoy ya somos hombres muy maduros.

¡Cuántos recuerdos de mi vida coinciden también con los tuyos! Y ahora te hacen obispo. Ojalá te dé tiempo para entrar en la soledad de unos ejercicios en el fondo de tu alma.

¡Cuántas veces le hemos dicho a Dios que le amamos! Y cosa buena es. Pero no basta que tomemos complacencia de los bienes de Dios. No basta siquiera con desear que todo el mundo le conozca y ame. Es necesario que cada uno de nosotros nos ofrezcamos a El. Es preciso que nos esforcemos en cumplir su voluntad.

Mucho me han gustado tus declaraciones valientes y acertadas sobre la cuestión de la enseñanza religiosa. Sigues el mismo. Me llena esto de alegría por la Iglesia.

Vas a recibir la plenitud del sacerdocio. El Espíritu se va a derramar sobre ti en nueva primavera sacerdotal.

¡Qué maravilla! El va poco a poco santificando nuestras almas. ¡La tuya, más cercana a El con la plenitud del sacerdocio! Es como la penetración de su naturaleza en la nuestra. Nuestra santificación no es algo propio nuestro; es asimilada del mismo Dios, absorbida de El. Pero no somos mendigos; nuestra pobreza también está absorbida por Dios.

Lo grande es pensar que no nos pertenecemos a nosotros mismos. Le pertenecemos a Dios, porque somos su Casa, su Templo. "Si alguno me ama guardará mi palabra...!"

Pido para ti al Señor ese fervor, del cual has sido mi maestro durante muchos años, pero no precisamente el sensible. Sino ese total de la entrega plena a su voluntad y a las almas.

Para ello vamos a procurar el progreso en la oración y mantener un propósito firme de practicarla con fidelidad total. Y hemos de procurar hermosear nuestra morada interior y vivir allí con Dios largos ratos en el silencio y vida de oración.

Yo, por la misericordia de Dios, desde aquellos años de humanidades del seminario, aprecio, practico y amor la oración.

¿Por qué no aspirar también a la contemplación? Si nos preparamos con generosidad, llegará. La luz y el amor se precipitarán en nosotros entonces con grandes oleadas. Siendo la contemplación una gracia especial, pienso que el Señor nos introducirá en ella cuando demostremos un gran celo en su servicio: darnos a El y a nuestros semejantes. Aunque tú...igual has llegado a esas metas. ¡Ojalá tuviéramos obispos contemplativos, activos, enamorados de Dios!

Que nuestra oración nos produzca abundantes frutos de amor, humildad y generosidad.

Bueno, ves que tu discípulo aprendió bien tus lecciones. Sólo me queda desear que dentro de dos o tres años seas arzobispo de Pamplona, cuando llegue la jubilación del actual.

Y...si vienes por Vitoria, visítame, o llámame para que te vea. ¡hace tanto tiempo que no nos vemos! Yo, si voy de excursión a Jaca, ya te veré, D. M.

Un abrazo.

En el primer aniversario de la Consagración episcopal

19-4-91 Querido amigo Don X: El día 21 de abril se cumple el primer aniversario de tu ordenación episcopal. Doy contigo gracias a Dios por ello. Decía el P. Nieto que él se pasaría toda la vida dando gracias a Dios por el sacerdocio y nunca se acostumbró a ello. Vamos a darle gracias a Dios por el nuestro: tú por la plenitud que recibiste; yo por el que un día recibí, y tú fuiste testigo cualificado, aunque no he sabido llevarlo con el garbo que tú y otros.

Me llenó de alegría y emoción la carta que me mandaste en Navidad. Me hizo un gran bien en el alma. Sé que el trabajo de un obispo celoso es grande. Y dedicaste una parte de la tarde la Inmaculada para escribirme. No te sientas obligado a contestarme. Si lo deseas, puedes hacerlo. Es que yo te escribiré alguna carta porque sé que necesitas la ayuda de Dios, por la gran responsabilidad de un obispo de la Iglesia; líder religioso, sacerdote de sacerdotes. Y para decirte que te tengo muy presente todos los días en la oración. Ya que mi vida es de poca relevancia en todos los sentidos, por lo menos quisiera ayudar a unos cuantos con mi oración y sacrificio por aquello de la Comunión de los Santos que aludías en tu carta.

Con Don Miguel Sola me suelo ver una vez al año y mantenemos correspondencia. El sí de verdad es un hombre de Dios y merece la pena hablar con él, escucharle, ver cómo lleva su ancianidad. Lo considero como uno de los fieles discípulos del padre Nieto que creó escuela.

La vida con el tiempo nos hace a todos con más "conchas", a lo que llamamos prudencia (?). También nos hace mejores en mucho, porque nos va purificando el Señor con gran cantidad de pruebas. Por eso, sí estoy seguro de que tu vida interior ha ido creciendo y crecerá más hasta el fin. Y esto se va a ir notando día a día porque vas a influir más en las almas. Ojalá que no te amargue la existencia ni tu acción apostólica ningún cura. Y si te la quiere amargar no te dejes. No porque resistas, sino porque te has de mostrar a él sin armas, sin ganas de pelea. Yo no tengo más que un simulacro de poder en mis clases. Un poder como de juguete. Pero poco a poco voy aprendiendo a tratar a los adolescentes. Si alguna vez me faltan al respeto, sufro con ellos y se lo digo sencillamente, porque ellos son los que se han causado daño a sí mismos. A mí nada me quitan; ni paz ni felicidad. Muchos curas son como adolescentes eternos.

El poder no compensa; ni siquiera el de juguete. ¡Pero cómo se agarran al poder muchas personas! Lo único que de verdad compensa en esta vida es amar a Dios con toda el alma y esforzarse por amar al prójimo, que es muy difícil.

También he hablado de ti varias veces con Juan Jesús Zaratiegui de Estella. Nos solemos varios años en Estíbaliz adonde acudimos a practicar unos días de retiro en el verano. Juan Jesús es un alma de Dios. De esas que quedan pocas. Y me suele decir que en gran parte te debe a ti su vida interior. Para ti debe ser muy consolador y te ayudará a seguir sembrando. Los frutos de esta siembra espiritual se suelen ver a la larga. Y a veces ni a la larga, pero existen.

Que nunca te sientas solo. Aparte de algunos curas que tendrás siempre incondicionales (algunos por "peloteo", no lo dudes), también estamos otros que sin cesar queremos con la oración ayudarte en tu apostolado, en correspondencia a lo mucho que hemos recibido. Que no olvido, creo, ni una de las veces que acudí a tu despacho en el seminario, a tu casa o al confesonario en Estella.

Contigo aprendí a buscar a Dios. Y me voy dando cuenta de que, si buscas solamente a Dios, poco a poco tendrán ilusión en buscarlo tus amigos, tu familia, las personas que contigo se relacionan.

Si miramos a Dios en todo, poco a poco quienes nos rodean también lo mirarán y nos irán viendo como los hombres de Dios. Y esto no se da por profesión, aunque debiera ser nuestra única profesión cristiana.

Dios ha confiado a nosotros los cristianos el cuidado, la belleza y riqueza de su heredad y desea que la cultivemos con celo. ¡Dios mío, que vuestro jardín crezca, que me dé cuenta de mi grave responsabilidad! ¡Que todos los amigos nos unamos con este gran fin espiritual! Vamos a permanecer siempre unidos.

Santa Teresa de Jesús arrastraba por su gran amor a Dios y porque cuidó mucho su simpatía personal. Cuanto más mejoremos en este aspecto, será en beneficio del reino de Dios.

Un abrazo, mi antiguo director y ahora Obispo, feliz aniversario. Todos los días pido al Señor por ti y por tu obra.

 

Madurez y humildad

7-11-91

Querido amigo Don X: Quiero felicitarte en el día de tu cumpleaños; que te llegue la oración continua de este antiguo feligrés, compañero y siempre amigo.

Siempre recuerdo, y más según avanzan los años, a aquellos hombres que por la gracia de Dios han influido con su ayuda, palabra y ejemplo a descubrir en mi vida la grandeza de la entrega a Dios. En ti en concreto, aparte de tu palabra, me arrastró el empuje, el coraje, las ganas de entrega continua. Me gusta recordarte en aquellos fervores de tus años primeros de clérigo. Ojalá todo aquello vaya en aumento. Ojalá puedas alcanzar como S. Pablo aquello que estudiábamos en los místicos, el matrimonio espiritual. Necesitamos algunos obispos así. Santos de talla. Yo se lo pido a Dios todos los días: A quien El quiera. Como El quiera. Pero santidad en la Iglesia. Que existe mucha mediocridad y por eso el mundo está como está: por la tibieza de los buenos.

Recibí tu contestación del mes de mayo y me alegró mucho. En agosto, que estuve viendo a Don Miguel, comentamos algo.

Han pasado los años. Las aguas se han serenado y han vuelto a sus cauces; pero no han quedado estancadas. Doy gracias a Dios.

En tu caso, tu madurez se ha hecho más madura con el episcopado. Pido al Señor por ti todos los días y ofrezco mis obras con esta intención. Necesitas la ayuda de muchos, porque es grande tu responsabilidad. No estás solo. Y espero que sigas con aquella fe de los años 50. Aunque la vida haya evolucionado, los principios son eternos, a pesar de que algunos "teólogos" sigan afirmando que no existen principios absolutos.

Ahora la fuerza que da la humildad, después de haber meditado muchas veces aquello de "siervos inútiles somos", ahora que estás en lo mejor de tu vida, espero que la gracia de Dios se desborde en ti. Confío que así será. Porque tenemos necesidad de hombres santos, y más de obispos santos. Que hemos pasado en la Iglesia un bache largo de relajación por soberbia.

Por la misericordia de Dios, sigo con aquel fervor que me

"contagiaste" en la juventud. Pero con un total sentimiento de humildad, de compunción interior, y de paz y confianza en El. Pienso que, aunque la gracia es gratis, los instrumentos humanos de los que Dios se ha servido para nuestro renacimiento, son dignos de nuestro agradecimiento y amor durante toda nuestra existencia. Por eso yo a ti, a Don Miguel y a otros varios que tanto me han ayudado, he de guardar siempre en lo íntimo de mi alma.

Necesitamos líderes santos, obispos santos. Encima de vuestros problemas, mayores que los normales, os exigimos mayor santidad. ¡No me extraña que dijeras antes de la ordenación aquello de Jesús en Getsemaní. Yo ofrezco, te lo repito, mi oración por ti de un modo especial. Y en mi petición te coloco en lo más íntimo de Cristo, como aconsejaba el P. Nieto, en la llaga del costado .

Viendo tu actividad y entrega desde los tiempos del seminario y los primeros años de sacerdocio, sé que seguirás igual y mejor. Don Miguel así me lo decía muchas veces. Deseo la eficacia total de tu apostolado y te acompaño, como sabes, en todo momento, porque al ser obispo necesitas mucho más. Y ojalá que tu recreo sea sólo Dios. Pasan los años, nos vamos acercando a la meta lentamente. Una de las lecciones que vamos aprendiendo es la inutilidad de muchas aficiones. Buenas pueden ser para que la vida no resulte dura. Pero poco a poco, nuestro gozo es el Señor, nuestra ilusión, nuestro "recreo" a quien dedicamos un tiempo específico diario y muchos ratos de "recreo". ¡Qué bueno lo del salmo: "Mi gozo es el Señor".

El domingo leí en "El correo español, el Pueblo vasco" un largo artículo sobre los obispos del país vasco. Tal vez te hayas enterado. "Preconizan" como Arzobispo de Pamplona a Mons. Asurmendi, porque necesitan en Navarra un obispo-fraile. Tú serías - dicen- obispo de Bilbao. Y un cura comentaba al periodista: "No nos caerá esa breva". Así que ya ves: en Bilbao te desean.

Un abrazo y un millón de felicidades.

Llevar cada día más adentro en el alma esto de la oración

16 - 4- 1992

Querido amigo Don X:

Pascua de Resurrección. Y dentro de ella también tu aniversario segundo de ordenación episcopal. Mi felicitación, oración y enhorabuena en estas fechas tan llenas para ti.

Cuánto agradezco tu postal de Navidad y otras cartas. Siento que puedas perder tiempo conmigo, ¿cómo te podré pagar? Sí la moneda es espiritual: pidiendo a Dios con todo mi corazón por ti, llevándote, como quería nuestro P. Nieto, en las llagas de Cristo resucitado, en lo más querido de mis peticiones al Señor. Y creo que aparte del valor total de la oración, el verse uno de verdad querido y apreciado cuando tiene algún poder no por "los beneficios" que pueda otorgar, sino por lo bueno que ha sido, ya tiene también algo de satisfacción.

Me decías de habías pasado tu santo en la India y que habías vuelto con la fe en la Iglesia más crecida. Eso es bueno. Y es que cada vez veo más cómo la gente está perdiendo la fe en la Iglesia. Unos comenzaron por perder la fe en la parte humana de la Iglesia, en los hombres, lo cual es más explicable. Pero después han abandonado toda práctica y van perdiendo la fe en la Iglesia total. Me da una gran alegría ver cómo a un obispo le aumenta la fe este contacto con sacerdotes de la India, como nuestro co-paisano Díaz. (Nosotros de pequeños le llamábamos "Perdigón" en la escuela, y ya se le veía su espíritu desde aquellos tiempos de catequesis con Margarita Beruete.)

Pido para ti al Señor el don de oración. Ojalá también me lo conceda a mí. Después de haber leído tanto sobre la oración, uno siente el deseo ardiente de la contemplación. Incluso cuando llega algún pequeño atisbo nos encontramos próximos a decir aquello de Pedro en el Tabor: "¡Qué bueno sería hacer aquí tres tiendas! O decir, como tú aquello del Apocalipsis, "que no se apague el fervor del primer amor".

Según los hombres santos que escriben sobre el particular, lo más exacto es no ansiar ni preocuparse por un género de oración u otro. Así nos lo recordaba Nieto. Lo mejor es pensar con sinceridad: no lo merezco. Orar sí. Llevar cada día más adentro en el alma esto de la oración. ¿Puede haber mayor honor en este mundo que ser admitido por el mismo Dios a un diálogo de amistad con El? Y sin embargo qué poco acuden a esta cita diaria.

¡Qué bueno aquello que aconseja el P. Rodríguez: (Por cierto, lo desempolvé hace cinco años y paso ratos de gozo espiritual con este libro que tan mala prensa despertó entre los seminaristas en mis tiempos.) Dedicar unos días de vez en cuando sólo a la oración y lectura de libros de espiritualidad. Casi todas las semanas la mañana del sábado la dedico a la oración en el monte. Dejo en casa mi itinerario, por si acaso, y marcho a andar y a encontrarme con Dios en medio de la naturaleza. Lo bueno es que cuanto más se trata con Dios más hambre se tiene de El. Ahora acaricio la idea de en este verano poder dedicar unos cuantos días enteros en semi - soledad a este ejercicio aconsejado por el P. Rodríguez. Ojalá puedas sacar tiempo tú también. Te cayeron - me decías - los 65, una edad en que la gente se jubila, y tu tienes que estrenar juventud cada día. También aquí tienes tu ventaja. Los días dedicados a la oración con intensidad, además de darte un poco de descanso en el trabajo diario, te llenará de esa alegría de la juventud. Ojalá te pase como a mí que cada año me encuentro más contento. ¿Qué mejor juventud?

Yo estoy convencido de que si Dios nos concede un trato más íntimo con El, no es para recrearnos, sino para darnos mayor fortaleza de entrega a los semejantes. Soy consciente del peligro que puede tener una espiritualidad demasiado en solitario: el desentenderse de los problemas de gente necesitada. Pero mucho mayor será este peligro, pienso yo, para quien no practique la oración sea seglar, religioso o jerarquía.

Yo sigo con ilusión en mi puesto de enseñante. Lo miro como algo muy parecido a mi antigua tarea de párroco. A las clases de religión les saco chispas. Veo muchos días cómo la Palabra cala en los niños (a pesar de mi voz ya débil y cascada). Sobre todo, los temas de fe y trascendencia les llega más al alma. Tengo suerte con mi profesión tan parecida al sacerdocio.

Que cada vez estés entregado a Dios, más en el corazón de Cristo. Eso pido para ti como regalo pascual. Un abrazo.

 

Dificultades en la fe, pero buenos ejemplos

Noviembre 1992

Querido amigo Don X: Recibe, ante todo, mi felicitación en el día de tu cumpleaños. Con ella mi oración, mi deseo ante Dios de que te haga un obispo santo para que santifiques más a otros. Y mi agradecimiento porque contestaste a mi carta. ¡Cómo se va a notar en el Reino cuando haya muchos obispos santos! Tú nos has ayudado en tu vida a muchos, Dios se derramará en ti en abundancia.

En el verano suelo ir algunos días por la tarde a Estíbaliz. Entro siempre a hacer una visita larga a la Virgen. Varias veces me ha tocado ver allí, en el primer banco a Monseñor Larrauri haciendo oración. Yo he permanecido media hora larga. Cuando he salido, todavía estaba él quieto. Yo pensaba: mientras mucha gente se está echando su gran siesta veraniega, este hombre aquí, durante más de una hora, practicando su relación con Dios.

Para mí resultaba altamente ejemplar. Creo que nuestra estrategia tiene que ser ir aumentando poco a poco el tiempo dedicado a la oración. A mí me gustaba mucho leer el periódico y escuchar las noticias. Ahora me conformo con mirar los titulares y atender al resumen del telediario. No somos informadores de noticias, sino líderes de Cristo. ¡Qué bien suelen venir las horas quitadas a la televisión! No es tiempo perdido el dedicado a la oración. Todo lo contrario. Cuando el alma se encuentra caliente por dentro, ¡cómo influye su palabra! ¡Cuántas veces lo hemos comprobado!

Los obispos tenéis, sí, mayor dificultad en la fe que los hombres de a pie, pero también contactáis más frecuentemente con personas selectas, de mayor vida espiritual que el común. Recuerda los misioneros de la India, con los que estuviste hace un año. Son gracias de Dios que compensan la dificultad mayor para la fe, por causas intrínsecas al mismo ministerio.

Leía hace algunos días una biografía breve de San Pablo de la Cruz, el fundador de los pasionistas. Hombre del siglo XVIII, época con problemas de falta de fe parecidos a los de hoy. Me llamó la atención entre otras cosas cómo el obispo de Troia, en Italia, aprovechó la estancia de este hombre santo y de su hermano, en su zona, para encargarles la renovación de las costumbres del clero y del pueblo. Muchas veces ahora para reformar la Iglesia pensamos en complicados organigramas, asambleas, documentos, cambio de estructuras y, sin embargo, la reforma eficaz ha de pasar por la conversión de las personas, de los líderes religiosos. (Estas ideas ponía a todos los obispos en mi carta anual. Por cierto que nunca he recibido tanta contestación: veintiocho).

Yo estoy convencido de que todavía quedan sacerdotes santos. El obispo con vista los detectará y les encomendará, como en siglos anteriores, la verdadera reforma de las personas. Como en tiempos de San Pablo de la Cruz, que era verdadero hombre de Dios. Este sacerdote y su congregación hicieron maravillas en el siglo dieciocho. Dios envía en cada tiempo los hombres capaces de renovar la Iglesia. Hace falta que los obispos los detecten.

Ya siento quitarte unos minutos de tu tiempo con estos desahogos, pero eres uno de mis padres en la fe, aunque no me lleves muchos años. ¿Con quién se va a desahogar un cristiano?

Este verano también estuve con Don Miguel. Cada día lo veo más santo y enfervorizado. Vale la pena estar con él. Es un hombre que está tan cerca del cielo como de la tierra. Siempre te solemos recordar.

Un abrazo y felicidades.

Que recuerdes tus años de diaconado; fueron de gran fervor

17 - 4- 1995

Querido amigo Don X: Recibí antes de Navidad tu mensaje que dedicas a todos los diocesanos y junto a él tu carta. Me sirvió todo para preparar aquellas fiestas, para mi meditación.

Van pasando los años y poco a poco te vas haciendo obispo veterano. Hoy te felicito en el quinto aniversario de tu consagración. Que al ritmo del tiempo tu alma se llene más de Dios. Todos los días lo pido para ti. Como leemos en el Evangelio de San Juan: "Por ellos me santifico para que también ellos sean santificados en la verdad." O como recomienda el Concilio a todos los constituidos en autoridad, que "no sofoquen el Espíritu."

Yo quiero recordarte siempre como en el año de tu diaconado o el tiempo en que fuiste coadjutor de San Juan. Aquel fervor de entonces cuesta mucho mantener, y es necesario descender a Betania. Ojalá llegues al alma de todos, sobre todo de los curas, como llegabas a la nuestra en aquellos tiempos. No está en nuestras manos permanecer siempre en aquel estado de ánimo, pero poniéndonos en oración junto al Señor, intentando aquella fe e intensidad de entonces, me parece que Dios nos ayudará a deshacer esos respetos humanos absurdos y, junto a nuestra madurez de personas adultas, vibrará el Espíritu con más fuerza aún que entonces.

Recuerdo con gran emoción a aquellos curas de los años cincuenta. Volvíais al Seminario con la fuerza de un huracán. Nos hacíais vibrar con ansia de santidad y de apostolado: Tú, Mario Olave, Alberto Mas, Javier Azagra, Santiago Zubieta, Gabino Eraso, y otros. Ojalá Dios mantenga en ti el fervor de entonces. Muy a menudo, con el paso de los años, nos volvemos más críticos. Sabemos demasiado. Nos parece como algo extraño nuestras antiguas experiencia. A pesar de todo, estoy convencido de que aquello es más auténtico, lleno de fe y de REALIDAD TOTAL, que lo que ahora podemos vivir, si no ponemos el acento pleno en el amor de Dios. A no ser que seamos de ese uno por ciento que ha seguido avanzando en las vías místicas. Yo muchas veces le digo al Señor, con lágrimas en el corazón: "deduc me in via antiqua".

Es bueno desahogar el alma con un sacerdote compañero, amigo mayor, ahora obispo. En este sentido te diré que, según va pasando mi vida (cumplí ya los sesenta) la oración a Dios más lógica es la de compunción y a la vez confianza en su misericordia. ¡Tantas gracias y tan continuas de Dios derramadas sobre mí, y yo sin saber aprovecharlas... Muchos a mi edad ya eran santos de talla; ya habían pasado a la otra vida cargados de buenas obras. Javier, S. Juan de la Cruz, D. Manuel González, San Francisco de Sales y otros muchos no llegaron a los sesenta. Al menos tú y otros como tú habéis hecho algo. Desde los tiempos de nuestro seminario, luego coadjutor de Estella, la casa de Ejercicios, los Coloquios, Madrid, San Miguel. Y ahora obispo. Que Dios te bendiga por todo y no se vea tu mérito disminuido por la vana gloria absurda. Don Miguel lo suele repetir muchas veces: "siervos inútiles somos."

Que Dios nos dé fuerza para vivir no para nosotros mismos, sino para Aquél que murió y resucitó por nosotros. Oh, esta frase de San Pablo, cuando la comentabas vis a vis en tu despacho del seminario o del asilo de Estella. Parece que te sigo oyendo cuando nos decías más o menos: Cristo nos eligió para que demos fruto. Si el sacerdote no está poseído de un ardiente deseo de conquistar almas, y solamente se preocupa de sus negocios personales, anda muy equivocado. La única razón de nuestra existencia es elevar a los hombres para darles a Jesucristo. Y estas ideas que nos repetías entonces eran verdad ayer y lo siguen siendo hoy.

Si te queda alguna hoja de cuaresma o pascua que has dado a tus sacerdotes, mándame. Supongo que habrías leído la pastoral de los obispos vascos y navarro del año pasado. Creo que es lo mejor que ha salido hasta ahora de ellos. Extraordinario. Todo un proyecto que no debe quedar en papel mojado.

Que en el aniversario de tu consagración y en la Pascua te colme el Señor de tu bendición para que sigas influyendo en tus diocesanos y en cuantos de ti hemos recibido tanto bien.

 

No tener prisas junto a Jesús

15-8-95 Querido amigo Don X: Que estas líneas te sirvan solamente de recreo interior, sin ninguna "obligación" de contestar. El tema es que, como todos los años, desde hace ya dieciocho, nos hemos juntado cinco amigos en Estíbaliz para un retiro en la amistad. Este año te hemos recordado en especial por todo lo que hiciste por nosotros en quinto, cuando eras diácono. ¡Cómo cambio el curso! Fue el año de las conversiones. A muchos nos queda como un gran impulso aquel año en que Dios se sirvió de tu fervor.

José Ignacio Dallo nos ha "conversado" una meditación entera acordándose de tu primera experiencia de Diácono. Cuando abrías el sagrario por primera vez:

Abrir la puerta del Sagrario. Recordamos lo que nos decía Don José Mª Conget cuando se ordenó de Diácono: "Al abrir la puerta, me encontré con El cara a cara". ¡Aquellos meses del diaconado, cuando dar la comunión suponía un gozo inexplicable! Y Jesús es el mismo. ¿Ahora cómo abrimos el sagrario? El respeto es algo muy positivo, sí, pero ¿existe esa veneración interior de nuestros primeros tiempos? Desear esa renovar esa emoción junto a la Eucaristía como tuvieron muchos santos. Como San Benito Labre cuando su cara pálida se tornaba rosada contemplando a Jesús en la custodia.

No tener prisas junto a Jesús. Mejor cinco minutos sin prisa que diez con agobio. Con el Señor en calma, porque El es eterno. Comportarme delante de El como lo que es. Crecer en el amor. Mantener la afición a El. Buscarlo en mis horas fijas con ganas. Y en mis tiempos libres. ¡Señor, que no sepa apartarme de ti! Como aquél a quien decías cuando volvía una y otra vez desde la puerta: "¡ay loquillo, loquillo!"

Aprender a leer AMANDO. La lectura espiritual que sea verdadera cita diaria de amor.

Ya recibí tu carta contestación. Ojalá te sirvan de algo los dos libretos que te mandé. Ahora no contestes. Es un recreo. Un abrazo:

 

Al presidente de la comisión del clero: santidad sacerdotes

Junio 1993 Querido amigo : Hace unos meses le escribí como miembro de la Comisión del Clero. Creo que es la comisión de mayor responsabilidad, la clave de todo el quehacer apostólico.

Desde hace tiempo siento en la oración siento un impulso constante de preocuparme de este tema del sacerdocio y de los sacerdotes. Y me parece prioritario iniciar (o acrecentar en las diócesis donde se ha iniciado) una campaña de espiritualidad del clero.

Esta temporada he escrito algo menos de cien cartas a conventos de clausura del País Vasco y Navarra. Les pido oración constante para la santificación del clero. D. m. pienso seguir insistiendo.

Es que veo el panorama sacerdotal bastante oscuro en cuestión de intimidad con Jesús. Los templos se cierran a la adoración eucarística. ¡Se cierran las fuentes de la vida! No vemos a los sacerdotes hacer oración junto a su presbiterio.

Es preciso promover en todas las diócesis (en algunas ya va en marcha) una campaña continuada de espiritualidad y vida interior en el clero. La campaña de oración ya está lanzada. Además, como desconozco direcciones del resto de España, les he pedido a las religiosas que fotocopien mi carta y la envíen a otros conventos de la su misma Congregación del resto de España. Estoy convencido de que el corazón de Dios se va a mover ante la oración de todos. Y surgirán hombres y mujeres carismáticos que ayuden a esta tarea prioritaria. Mientras tanto hemos de poner de nuestra parte todo lo que podamos.

Cuando salíamos del Seminario estábamos en una convicción profunda de que sin una vida intensa de oración, nada podíamos conseguir. Hasta entonces vivimos en un fanal. De repente nos vimos solos. Unos sucumbimos. Otros más fieles y valientes perseveran. Pero un gran número de los "fieles" se ah convertido en funcionario de las cosas de Dios. Lo estamos comprobando todos los días. La soledad aumenta con el paso de los años. La falta de amistad y compañerismo es evidente en grandes sectores del clero. El cura necesita hablar de él y de sus problemas, pero no resulta fácil encontrar el interlocutor.

Es necesario que aumente el número de sacerdotes fervientes; que sean santos o aspiren con seriedad a la perfección. Sacerdotes que animen, alienten, aconsejen, escuchen a sus compañeros. Lo vengo comprobando: muchas enfermedades mentales de depresión se curan solamente con un amigo fiel que se interese y reconduzcan al amigo por la "via antiqua" de la oración y mortificación.

Me parece que los obispos tienen que tener la ocupación prioritaria del bien espiritual de sus sacerdotes. Y si no encuentran los hombres adecuados, ellos mismos en su diócesis ser líderes espirituales del clero: visitarlo, animarlos, escucharles, impulsarles hacia la profunda vida interior, incluso contemplativa.

El P. Nieto en los últimos años de su vida solía decir, refiriéndose a los sacerdotes: "Fe todavía queda... lo que falta es el amor de Dios." Ese es el gran problema: enamorarse de Dios. Para ello no hay otra solución que gastar horas en compañía amorosa con Él.

Si la Palabra de Dios sale de un corazón frío en amor no mueve, pero si sale de un corazón ferviente en amor, anima, convierte, mueve,... La gente mira con indiferencia nuestra predicación porque no amamos lo suficiente a Dios, no conseguimos hablar con calor de El. Nos faltan horas de oración. Permanencia delante del sagrario. Tal vez nos sobren reuniones.

Es preciso enamorarnos de Dios. Y para ello el único camino que está en nuestras manos es dejarnos cautivar de El dedicando muchas horas a la oración.

Hace poco más de un mes providencialmente he contactado con un sacerdote que me ha impresionado por su alegría, emoción sacerdotal. Al ver su obra en favor del clero he pensado: "el dedo de Dios está aquí."

En su segunda carta me dice entre otras cosas: "Ahora me dices en tu carta: "me encuentro muy movido en la oración a relacionarme con la Comisión de la Conferencia Episcopal del Clero para estimularle en una campaña de santidad de los sacerdotes."

Josemari, ésta ha sido la ilusión de mi vida entera. Mira por donde, ahora, al final , quién sabe si con tu ayuda lo podré hacer [...] A mí también me ilusionaba comunicarme con la Comisión Episcopal del Clero. ¿Por qué no puedes ser tú el medio de esta comunicación? Pudiera ser que el Señor nos haya querido juntar para esta misión [...] no pienses mal cuando estimas de tu "abortividad"; todos somos un poco abortivos, y cuánto nos ayuda el saberlo para nuestra pureza de intención".

El sacerdote que así me escribe tal vez sea para Vd. más conocido que para mí. Se trata de Don Félix Beltrán, durante muchos años en Madrid y con más de cuatrocientas tandas de ejercicios a sacerdotes. Ahora reside el Alcuéscar (Cáceres), dedicado a la oración y también sigue dando tandas de ejercicios a curas.

Querido Señor obispo: no sé si servirá para algo esta lamparilla que intentamos encender. Confiemos de verdad en la oración abundante que en estos momentos se está elevando hacia Dios desde tantos conventos.

Espero, con la ayuda de Dios, mantener encendida esta lamparilla. Un saludo muy cordial de su affmo.

Cuidado con la tibieza sutil

Septiembre 1993 Querido amigo, Don X: !El Señor esté con nosotros! Desde que le envié la última carta, en julio creo, no hemos parado muchas personas de hacer oración, y mover a otros en esta campaña, en favor de la santidad de los sacerdotes. Varios cientos de conventos de clausura de toda España están en la brecha con esta gran intención, prioritaria entre todas las intenciones, urgente. Hemos intentado llegar a todos los conventos. Contamos con la buena voluntad de un grupo de amigos. Dios sabe a cuántos hemos llegado, pero hemos deseado acercarnos a todos, en carta personal, y pronto les llegará una común.

Tenemos bastantes contestaciones con entusiasmo a esta meta maravillosa, pastoral de pastorales, "pedir por los Capitanes", como decía Santa Teresa de Jesús. Por ello vibran de una manera especial en esta campaña las Carmelitas Descalzas.

Por cierto, algunos sacerdotes están con gran entusiasmo desde el primer momento. Entre ellos cito, por poder ser más conocidos a D. Félix Beltrán (Alcuéscar. Cáceres). A D. Bruno Fuentes, delegado del Clero de Orense, D. Francisco Macaya, capellán - vicario episcopal de la zona Sur del Aire. Ojalá que alguno de estos sacerdotes dirija los ejercicios espirituales a la los obispos de España. A juzgar por su libro "El Sacerdote de hoy y de siempre", yo aconsejaría a D. Félix Beltrán. No deje de leer este libro. Remueve las brasas de nuestra ordenación sacerdotal.

Sabemos que esto ha de ir en aumento. Los sacerdotes están ansiosos de vida interior. Están de vuelta muchísimos del tiempo perdido anteriormente en este terreno.

Como botón de muestra me decido a enviarle - le puede servir como lectura espiritual algún día - un resuenen del encuentro anual (1993) de Estíbaliz que han hecho siete sacerdotes de cincuenta y nueve años.

Tal vez el problema mayor de cuantos tenemos fe y hemos decidido seguir al Señor sea la tibieza. Una tibieza sutil. No abandonan muchos la Misa ni las prácticas de piedad, pero las hacen sin vida alguna. Eucaristía medio distraídos; oficio divino corriendo; meditación sin preparación; comunión con acción de gracias relámpago.

Piensan que su predicación (preparada someramente) les sirve de

lectura espiritual y las consideraciones que dirigen a otros constituyen su propia meditación.

La oración apenas es personal: breves jaculatorias. Se sienten incapaces de estar sentados media hora junto al Señor: para amarle, hablarle de amistad, mirarle, enamorarse de El... y barrer suavemente distracciones.

La oración se les hace dura desde antaño, desde que desaparecieron los primeros fervores: por eso la aborrecen en el fondo y prefieren unirse a Dios por medio de la acción. Este retrato es bastante frecuente dentro de nuestro clero "fiel".

Es necesario una campaña movida por sacerdotes de verdad fervorosos a favor de la oración personal abundante, de la lectura espiritual reposada.

Nunca olvidaré la frase del P. Cándido Arbeloa, director espiritual de los años cuarenta en el Seminario de Pamplona: "Opino que la lectura espiritual ha llevado a la perfección a más almas que la misma oración."

Y se comprende. La lectura espiritual da materia de oración, anima a la oración, enfervoriza en la recepción de sacramentos. Aparte de los sacerdotes con sus compañeros es preciso que los mismos obispos se lancen personalmente a este apostolado prioritario. Díganles a los sacerdotes que Dios es Bueno. Que si se ha desbordado sobre algunos de nosotros - que no supimos ser fieles a los compromisos de nuestro sacerdocio - qué no hará sobre ellos que al menos se van manteniendo durante toda su vida. ¿Cómo los va a abandonar, a dejar en la estacada? Imposible.

Formar pequeños cenáculos como quería el P. Nieto. Fomentar la amistad en la fe, como venimos haciendo desde hace diecisiete años un grupo de amigos sacerdotes. Crear en cada diócesis pequeños centros de espiritualidad, como ocurre en una provincia española con Jaime J. (antiguo sacerdote progresista), en vida semieremítica. Dios con él como instrumento va irradiando su luz en un sector significativo.

Fuimos seducidos por Jesús. Esto nos une a todos que un día recibimos la gracia por la imposición de las manos: obispos, sacerdotes, diáconos. Luego la vida, por desgracia a casi todos, nos ha hecho bajar de aquel fervor primitivo. Vamos a animarnos unos a otros, pues el tiempo es breve.

"Quiera Dios que, desde la intimidad de Cristo, surjan los Apóstoles", nos decía el Papa el pasado 12 de Junio en Sevilla. Y es que por más pastoral científica en que nos apoyemos, si el sacerdote no es un enamorado de Jesucristo, poco vamos a conseguir. Oración, lectura espiritual, amistad y comunicación en la fe.

Como los santos, para quienes sus delicias eran hablar de Dios. Y junto a esto, la mortificación, la gran olvidada. No sólo la aceptada, sino también la voluntaria. El día en que reanudamos la mortificación voluntaria, comienza de nuevo el fervor. Es el "tributo" que hay que pagar, desasirse de los apegos.

Recemos al Señor por que haya sacerdotes santos que estimulen a sus compañeros en el celo por las almas, en la salvación del mundo, y sobre todo en el amor a Dios. Sacerdotes como El Cura de Ars, el P. Nieto, San Juan de Avila, San Antonio MARÍA Zacaría.

Pienso que esta campaña debiera ser prioritaria no sólo en los conventos de vida contemplativa, sino para todos los cristianos. En los años cincuenta, como ahora, también habría sacerdotes mediocres, pero se respiraba más ambiente de santidad. Y no digamos nada en los seminarios. El pueblo fiel rezaba al menos una vez al mes: "Señor, danos sacerdotes santos."

Y nada más por hoy. Si Dios quiere, seguiremos en contacto con Vd. Le tengo muy presente ante el Señor, porque gran parte de la renovación sacerdotal de Vd. depende. Affmo:

 

"Fe aún queda, pero el amor de Dios... cada vez menos."  

Febrero 1993 Querido amigo, Don X: Me permito utilizar el "tú" en esta carta, por ser amigos los dos de Goyo García, y además tener prácticamente la misma edad. Nuestra carrera eclesiástica fue durante los años del hambre de la postguerra.

He recibido con alegría la noticia de tu nombramiento como Presidente de la Comisión del Clero. Un cargo en el que la Providencia te ha metido. Estoy convencido de que, de entre todas las comisiones episcopales, la de mayor responsabilidad es ésta. La sociedad actual está mal, fría, indiferente. Y gran parte de la responsabilidad radica en el clero, y en los que un día estuvimos en él y luego salimos, aunque nuestra salida fuese muy digna.

Por rara ironía, dada mi situación de secularizado, me va tocando en numerosas ocasiones alentar, estimular, ayudar en crisis a bastantes miembros activos del sacerdocio ministerial. Me da como apuro decirlo, como vergüenza, pero la realidad es que Dios se puede servir de los instrumentos más inútiles para realizar lo que El quiere.

Cuando por los años sesenta comenzaban mis terribles crisis afectivas, acudí a mi antiguo padre espiritual y él me dijo: "José Mari, tienes que casarte con Jesucristo." Yo entonces ni lo entendí, ni mucho menos lo veía como solución.

Hoy pienso que por ahí deben ir los tiros. Cuando nos "pica" el deseo de amor a Jesús -¡a El, Dios y Hombre verdadero!-, primeramente produce en nosotros la unión con la Bondad Divina. Si mantenemos durante meses y años esta unión con el Señor por la oración personal, penetra el Espíritu hasta el tuétano del alma, se extiende y dilata en nuestra voluntad, hasta llegar a aparecer (así lo decía nuestro Ignacio de Loyola) como otra persona y con otro entendimiento. Gracias a hombres con este talante de amor divino, ha habido transformaciones en el mundo en todos los siglos. Basta recordar a Pablo, Francisco de Asís, Javier, Loyola, Vianney... y en nuestro tiempo Nieto y otros.

Y ¡qué feliz y eficaz, también hoy, la persona que conserva en su corazón la presencia y el amor a Dios! A la fuerza se entregará a difundir el mensaje del Reino.

El Padre Nieto en sus últimos años solía decir: "Fe aún queda, pero el amor de Dios... cada vez menos."

Vas a estar, querido amigo, en mi oración durante todo el tiempo. Creo en la Comunión de los Santos. Estoy seguro de que el Espíritu Santo te iluminará, te ayudará para llevar por buenos derroteros tu misión.

A mí me parece que para realizar la obra, lo principal (a parte, claro, de tu continua entrega a Jesús en la oración) es rodearte no tanto de sacerdotes teóricos u organizadores, cuanto de sacerdotes santos. Necesitas sacerdotes sin afán de protagonismo, que pasen del deseo de cualquier tipo de poder.

En varias diócesis ya ha comenzado una verdadera renovación espiritual del clero. La Providencia cuenta contigo. Y el Pueblo de Dios.

Te adjunto unos cuantos folios que han servido en un sector del clero castrense como renovación. Las circunstancias son distintas en el clero castrense que en el normal. Pero en el fondo todo se fundamenta en: amistad en la fe. Los amigos en la fe sustituyen hoy, al carecer de los antiguos padres espirituales, la función de aliento que éstos llevaban en nuestros tiempos jóvenes.

Un fuerte abrazo y te tendré muy presente ante el Señor.