Marzo - diciembre 2012

COLUMNA DE FRANCISCO MACAYA (1)

Anterior colaboración de Francisco Macaya

 Este artículo de Francisco Macaya, mi mejor amigo, es póstumo y el último por él enviado. Falleció el Padre Macaya el 8 de septiembre 2011, fiesta de la Natividad de María

Fui forastero...

Como casi todos los veranos, unos sacerdotes amigos nos juntamos en el Monasterio de Estíbaliz (Vitoria) para orar juntos y seguir manteniendo nuestra amistad.

Una de las peculiaridades de los Monasterios Benedictinos es la "acogida que ofrecen a los forasteros". Desconozco la acogida de otros Monasterios, pero sí puedo afirmar que en el de Estíbaliz se cumple la Regla de San Benito sobre el particular, aunque no literalmente, pero sí en su espíritu.

La Regla de San Benito dice así: "A todos los forasteros, se les acogerá como a Cristo, ya que Él un día ha de decir: "Era forastero y me acogisteis". Y a todos se les tributará el honor correspondiente, sobre todo a los pobres y a los peregrinos, porque en ellos se recibe más a Cristo".

Por lo tanto, una vez que se avise que hay un forastero, el superior y los hermanos saldrán a recibirle con todas las atenciones de la caridad. En primer lugar, orarán todos juntos, y luego se darán el abrazo de paz.

En el mismo saludo deben mostrar la mayor humildad a todos los huéspedes que vienen o se van: con la cabeza inclinada o con todo el cuerpo postrado en tierra, adorarán en ellos a Cristo, que es a quien reciben. Una vez acogidos los huéspedes, se les llevará a orar; después el superior, o aquél a quien éste mandare, se sentará con ellos, leerán ante el huésped la ley divina, para que se edifique y luego se le tratará con toda humanidad.

El abad dará aguamanos a los huéspedes, y tanto el abad como la comunidad entera lavarán los pies a todos. Después de lavárselos, dirán estas palabras: <Hemos recibido, ¡oh Dios!, tu misericordia en medio de tu templo>".

Después del ministerio de la oración, es el de la hospitalidad el servicio más característico que los monjes prestan a la Iglesia. Este texto bellísimo de San Benito está todo él impregnado de un clima de fe: "A todos los forasteros que se presenten se les acogerá como a Cristo". Después, en la recepción del forastero, se pasa a la oración, beso de paz, lectura de la Escritura, lavatorio de pies, comida ofrecida con toda humildad, hasta la norma de tributarles el honor correspondiente, sobre todo a los pobres y peregrinos, porque en ellos se recibe más a Cristo.

Todo esto respira una fe vivida intensamente. La fe inspira esta acogida, esta disponibilidad constante, esta delicadeza para cada uno de los forasteros. Únicamente la fe, unida al amor, puede hacer que los monjes de hoy sean fieles a la tradición de hospitalidad que les viene desde los orígenes mismos del monacato, y les haga aceptar la incomodidad de que constantemente haya forasteros en el monasterio. Y será la fe también la que les dé fuerza para superar tanto la tentación de ver la hospitalidad como una forma superficial de evasión de la propia soledad monacal, como la tentación contraria de mostrarse agresivos contra el huésped porque les obliga a salir de su comodidad y del encierro egoísta de ellos mismos.

Desde estas líneas deseo recalcar y agradecer la labor del PADRE HOSPEDERO del Monasterio de Estíbaliz. Es una persona que vive de Dios para los demás. Cuando llegas al Monasterio, te sonríe, te abraza, te coge la maleta y te lleva a tu habitación que él mismo la ha arreglado para ti. Te pregunta si tienes algo para lavar, si tienes algún régimen de comida y te ofrece le horario del Monasterio, para que, si lo deseas, participes con ellos en sus celebraciones. Yo creo que ve en cada uno de nosotros a Cristo, como dice la regla de San Benito.

Durante toda la jornada está pendiente de ti: te señala el puesto en el comedor, te indica los textos que hay que rezar en cada acto litúrgico, te sirve la comida, etc. Vive para los demás, siendo, como es, un alma contemplativa. Me gustaría conocer cómo es su oración. Me figuro que el Dios de su oración será un Dios que le hace arrancar de sus dificultades, no evadiéndolas, sino afrontándolas y superándoles. Seguro que el PADRE HOSPEDERO, por su vocación, se inclina más por el silencio y la soledad, pero su Dios no le deja en paz consigo mismo, sino que le invita a tratar con el "otro" (Cristo) que es cada uno de los huéspedes o forasteros que vamos al Monasterio.

¡Gracias, PADRE HOSPEDERO!, seguro que el Gran Día que Dios te llame, escucharás esa frase de "FUI FORASTERO Y ME HOSPEDASTEIS", entra, por tanto, en el Reino de Dios.

* Os invito a examinar nuestra conciencia sobre la hospitalidad: ¿Cuándo alguien llama a nuestra puerta de casa, cómo lo recibimos? ¿Cuándo alguien viene a nuestro puesto de trabajo (despacho, comercio, taller …), cómo lo acogemos?

Este es el último original de Don Francisco Macaya

(1) Francisco Macaya es sacerdote. Coronel Castrense en España y Párroco. Tabaja con ilusión en su pastoreo espiritual, y