CAPÍTULO XVIII
MI ALMA TIENE SED DE TI, SEÑOR
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IRENE SE QUEMA
Durante varios años, los tres nos dirigíamos al colegio de San Ignacio para dejar el coche después de nuestra excursión. El regreso, paseando, era delicioso. El sol caía dulcemente. En los últimos instantes aparecía como enorme disco rojo inofensivo; hasta nos permitía acariciarlo con la vista. Nuestra hija gustaba parase a "descansar" junto a la escuela de Ingenieros Técnicos. En realidad, enseguida triscaba o jugaba con la arena. Seguro que aún recuerda la acera por donde vio, primera vez en su vida, correr a un ratón. Una tarde tropezamos a una rata muerta. Quisimos seguir adelante: no se trataba de espectáculo agradable. La nena porfiaba: - Yo quiero ver la rata muerta. Durante tres meses recordó el lugar exacto de la carroña.
Aprendió muy pronto a andar. A los once meses se lanzaba de un sofá a otro del cuarto de estar. El día que cumplió un año, anduvo ella sola de un lugar a otro sin ninguna ayuda. Con gran ilusión celebramos su primer aniversario. La tarta adornada con una vela; ella de nada se percataba, pero se sentía muy importante. Vestía bellísimo mono rojo, y aparecía más linda que una flor con su dorado cabello.
El primero de octubre se nos ocurrió marchar a Miranda a visitar a unos amigos. El día amaneció triste y lluvioso. Nos invitaron a tomar café. Mala suerte la nuestra: habían colocado una cafetera alta sobre la mesa. En un descuido, la niña tiró del mantel, y el líquido hirviendo cayó sobre su cuerpo. Con serenidad, sin perder un instante, marché a urgencias a Vitoria a la clínica. Fue mucho el daño: los dos brazos y una pierna. ¡Qué calvario tuvo que pasar! Yo lloraba sin consuelo. ¿Superaría mi hija el trauma? Yo calculaba que sus quemaduras suponían el treinta por ciento de su cuerpo y temía por su vida. Ahora me doy cuenta de que no era tanto. Por la noche su mamá permanecía junto a ella a los pies de la cama, acurrucada como un gato. Durante las horas de trabajo, su tía.
La víspera del Pilar dieron de alta a nuestra hija; en el primer aniversario de su bautismo. Encendimos la calefacción para que pudiera encontrarse más a gusto. Cada dos o tres días la curaban en la clínica. Esos momentos eran de mucho dolor, de tal manera que llegó a asustarse de las batas blancas.
Desde aquellas fechas, como agradecimiento de que la hija saliera del peligro, rezamos todos los días un misterio del rosario antes de comer. Le queda en el brazo izquierdo una señal, un queloide, único estigma de aquel triste suceso. Dimos gracisa a Dios por su curazzión y marchamos todos juntos al restaurante de Villarreal a celebrar la curación de nuestra hija. Fue la primera vez que hizo gasto comiendo fuera de casa: un trozo de merluza. Pero tuvo que aprender de nuevo a andar.
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LO MEJOR , LAS VACACIONES
EN MI EPOCA de estudiante solía decir: El tiempo más feliz de mi vida, las vacaciones. Ahora sigo afirmando lo mismo. Y es que el ejercicio de la docencia tiene sus compensaciones: sentirse niño con los niños, joven con los jóvenes, disfrutar como ellos del período estival.
Hasta 1974 hemos realizado giras Angelines y yo por toda España. Nos sirvieron para intimar en nuestra amistad amorosa. La niña se quedaba bien atendida en casa. Entonces podía permanecer tres o cuatro días sin sus padres.
Segovia, Avila, Valladolid, Zamora.. poco tiempo dedicábamos a cada ciudad. Una mañana o una tarde. Apreciábamos lo más significativo; de suerte que si tuviera que recomendar la visita a tres monumentos serían: La Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y el acueducto de Segovia. Tal vez, como obra faraónica, Cuelgamuros. Tres paisajes. De mar: Las Rías Bajas de Galicia. De montaña: el Pirineo aragonés. De paisaje elaborado: el Monasterio de Piedra. Tres ciudades. De costa, San Sebastián. Interior, Pamplona. Típica, Córdoba. Como gran urbe, Madrid. Frecuentemente me quedaba absorto ante la visión serena de paisajes castellanos, los abruptos andaluces, los melancólicos gallegos.
En otras ocasiones visitamos Valencia, Castellón, Murcia, Almería, Málaga. Nos introdujimos en la vecina Portugal. Nos impresionó el bajo nivel de vida de las regiones de Braganza y Vila Real. A pesar de la proximidad con España, las costumbres cambiaban. Las comidas, por ejemplo, la servían en orden inverso, comenzando por el pescado. Resultaba extraño tener que tomar un refresco obligatoriamente sentado en el correspondiente velador, y nunca en la barra.
No hemos vuelto a salir de excursión sin nuestra hija. Necesitamos que ella venga con nosotros. Como no soporta los viajes en coche pequeño muchos kilómetros, hemos optado por permanecer en casa o realizar desplazamientos de un día.
Poseemos diapositivas, cerca de tres mil, del arte de toda la región. Muchos sábados y festivos nos hemos dedicado a este menester. Aparte del acervo cultural que nos enriquece, ha servido esta afición común para unirnos más en nuestro matrimonio. Ahora Irene nos acompaña y va aprendiendo a distinguir diversos estilos arquitectónicos. Durante las largas veladas invernales, nos entretenemos con frecuencia en contemplar nuestras fotografías: belleza natural y arte creado por el hombre.
Desde el accidente de Irene, en que temimos por su vida, nuestro amor a ella se ha centuplicado, y crece sin cesar. Nuestra solicitud por ella es inmensa. Contemplando su carita de ángel, a veces nos emocionamos. Ella sabe corresponder a nuestro amor con gratitud y cariño. Es tan agradecida que, cuanto más hacemos por ella, mayor deseo tenemos de favorecerla y protegerla.
Un verano practicamos juntos Angelines y yo los ejercicios espirituales en el colegio de la Presentación. Fueron días inolvidables. Agradezco a Dios haber conseguido una mujer que puede rimar conmigo en el aspecto espiritual y religioso.
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NO ROMPO CON MI VIDA ANTERIOR
MI HERMANA CONCHA ya no viene por casa. Su paralización ha ido en aumento: no se mueve de la silla. Su soledad debe de ser abrumadora. Hace unos meses la hemos visitado en el hospital. Ha salido del centro sanitario, y permanece encerrada en su piso, con el único solaz de la televisión. ¡Qué dura es su vida!
Mi salida al mundo de los seglares no ha supuesto por mi parte ruptura. Me siento transcendente como antes, aunque impedido en el ejercicio ministerial. Desde el primer momento he intentado realizar actividades en consonancia con mi condición sacerdotal, y no perder contacto con los amigos clérigos.
En Santa Cruz de Campezo he actuado varios años, junto al amigo José Gómez de Segura, en charlas de preparación para el matrimonio. Tal vez sea éste uno de los apostolados más en consonancia con mi doble condición de sacerdote y casado. Angelines me ha acompañado y participado en los coloquios. Orbiso, Bernedo, Lagrán, han escuchado mi palabra en diversas épocas. En realidad me suele dar pereza moverme. Nunca, sin embargo, omito una actividad por desidia. Al finalizar mi actuación siento una profunda alegría.
En la parroquia de los Angeles de Vitoria, todos los meses dirijo este año un coloquio a chicos y chicas que se preparan para el sacramento del amor. El tema que desarrollo es "Misión y espiritualidad del matrimonio". Terminado el curso el fraile ha dejado de llamarme; ignoro la causa. ¿Tal vez por no compartir con él lo relativo al mal uso del matrimonio? El lo veía como mal menor, exento de culpa. Yo sigo la doctrina de la Iglesia. Si me vuelven a llamar, me hacen un honor; si no, me hacen un favor.
En el colegio de San Ignacio, durante seis años consecutivos he preparado a los niños de primera comunión. Para completar la formación reuníamos a los padres y estudiábamos el temario: "Primera Penitencia y Eucaristía". Estos encuentros han servido a muchos padres para de verdadera renovación espiritual. Estas mismas lecciones las repetía en la parroquia en fechas distintas. Todas las actividades del Colegio había que realizarlas por puro amor de Dios, ya que los frailecillos directores nunca me estimularon con una palabra de aliento.
Me dio ilusión que un cura me llamara para leer la epístola en la Misa dominical. Desde entonces, todos los días festivos participo en este ministerio de lector. Me impresionaba, sobre todo en los primeros meses, asistir a Misa como simple fiel.(1) Algunos días me angustiaba; otros participaba con extraordinario fervor. Desde el momento en que intervengo activamente, me encuentro más centrado.
La amistad con mis íntimos. En un principio sufrí pensando que mis amigos nada querían saber de mí, por el hecho de que haya cambiado de vida. Observé un distanciamiento tácito. No cabe duda de que mi cambio de estado les produjo impacto. Habían de serenarse las aguas para volver a la antigua amistad. Por otra parte mi constancia en seguirlos ha sido siempre proverbial. Me animó Paco en la visita que me hizo en el primer año después de salir del clero. Pronto comenzamos a reunirnos. Aunque algo distantes en kilómetros, se suple intensidad el momento de reencontrarnos. Tres o cuatro veces nos juntamos todos los años y disfrutamos de las mieles de la amistad en el mutuo desahogo de problemas y en la comunicación de nuestros proyectos.
Se nos ocurrió la idea de congregarnos en un monasterio para practicar un retiro espiritual, y avivar la llama de nuestra común ilusión de vida interior. Nada mejor que Leyre en su soledad acompañada para practicar nuestros ejercicios del alma. Joaquín, José Ignacio, Jesús se decidieron. Paco no consiguió adecuar sus fechas disponibles (2). El ambiente del cenobio ayuda a interiorizar. Incluso ver al que fue nuestro rector absolutista, don Mariano Laguardia, como simple monje, sujeto a obediencia, tiñe las meditaciones del color de autenticidad.
José Ignacio Dallo había logrado en pocos folios un extracto de la famosa obra de José Tissot. La domina con precisión de técnico. Horas y horas machacando aquellos textos tantas veces leídos en el transcurso de los años, consiguieron en mí una renovación purificadora, como agua limpia de profundo manantial. Cuando alrededor, cantos de sirena quieran atraernos por senderos de aventura, nuestra fe se afianza en el contacto con amigos de religiosidad profunda. Leyre me confirmó en la maravilla de sentirse profesional de Dios. Me admira que ciertos sacerdotes aboguen por una total desacralización, siendo así que lo natural y lo sobrenatural se unen hacia la consumación en Cristo. Es grato saborear la ternura del buen Dios que con mimo nos ha guiado por senderos distintos a una misma meta.
Sabor a eternidad el degustado junto a la fuente de fray Virila, lugar donde parece que se encuentran el cielo y la tierra, la vida presente y la futura, el agua y la sed, la contingencia y la trascendencia. Los momentos allí vividos fueron de paraíso terrenal. Volvimos un segundo año... y continuaremos. Durante tres años he convocado a mis compañeros de curso a las reuniones veraniegas. - Yo me comprometo a enviar a todos la invitación. José Ignacio y Jesús podrían organizar lo demás. - Conforme. Sondearemos opiniones para decidir el lugar. Gracias a estos encuentros nos hemos saludado compañeros que no nos habíamos visto desde los años de Seminario.
Pensé que una vez encendida la antorcha, tal vez sería otra persona más indicada que yo para portarla. Afortunadamente, Tomás Miquele, secretario del arzobispo, nos citó el último verano (3).
(1) Cuando en 1997 vuelvo a escribir en forma digital esta autobiografía, me sigue impresionando. Pero no tanto desde que comencé a celebrar la Eucaristía en casa varias veces al año, a partir de mis bodas de plata sacerdotales, en 1983. Sin embargo, la misa dominical de las iglesias me resulta un poco "extraña", porque dado mi sacerdocio, estoy llamado a presidirla yo, y se me impide por haber contraído matrimonio. Continué leyendo la epístola hasta 1981, fecha en que el cura anciano que celebraba, se enteró de mi condición sacerdotal, y no lo soportó. Me dijo que no volviera. Ya no he vuelto a ejercer esta función. Ahora no me cuesta. Prefiero ejercer mi sacerdocio con la Eucaristía, dicha en familia unas pocas veces al año.
(2) Los tres primeros años, 1976, 77, 78 fue nuestro retiro en Leyre. Lo dejamos en Leyre porque nos marginaron de la comunidad. Desde 1979 vamos a Estíbaliz. Paco Macaya se juntó con nosotros hacia el año 1986. Y así seguimos ininterrumpidamente.
(3) Tomás Miquele ha seguido convocando casi todos los años. En 1995 no lo hizo. Por eso, al celebrar las bodas de oro de nuestra entrada en el seminario, envié una circular a todos los compañeros. Al fin Miquele convocó en el mes de setiembre otra vez; nos juntamos unos veinte compañeros. A algunos ya ni conocía; habían dejado la carrera. Úlitimamente convoca Javier Vesperinas, del curso, y Secretario de Cámara del Arzobispado.
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EL COLEGIO DE SAN IGNACIO
Me encomendó el Director Eguíluz encargarme del aspecto religioso y cultural del Centro. Aquel año trabajé con agrado. En la revista que todos los meses tirábamos, colaboraba con un tema relacionado con la vida cristiana. Dos años dirigí a los muchachos de octavo que iban a abandonar el colegio unos ejercicios espirituales que les ayudasen a encauzar la vida adulta. El primer año sobre todo les encantó. El segundo año metieron alumnos de "Severo Ochoa" , y al crecer el número perdió la intensidad y vivencia religiosa.
Conseguí destino definitivo en Vitoria "sin consumir plaza". Me encontré ya con libertad sicológica para hablar claro en una reunión de claustro. Pensé que merecía la pena. He aquí un breve extracto de lo que leí en la reunión. Mis compañeros lo firmaron conmigo: - No es ninguna solución decirnos: el que no esté contento que se vaya. Mayor contacto del director con los profesores. Suprimir todo lo que huela a autoritarismo. Desligar el colegio "Severo Ochoa" del de San Ignacio. No tomar soluciones importantes sin contar con el profesorado. Parece que vivimos aquí el problema "patrono - obreros". Dialogar para hallar soluciones. La junta de padres está en manos de la dirección. Crear una junta económica. Aceptar las mejoras económicas. En principio aceptó todo el Director. Después vinieron los problemas: - Quisiera que colaboraras con nosotros para formar un ambiente; contigo se puede contar.- Colaboraré todo lo que pueda. Lo que más me interesa es formar una comunidad educativa en la que todos participemos.
Durante los meses siguientes Eguíluz permaneció distanciado de sus principales amigos de bar. Aquella temporada venía con frecuencia a mi clase a desahogarse de las faenas que le hacían. Fui su paño de lágrimas.
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MI HOGAR MI REFUGIO
MI TENDENCIA HOGAREÑA hace que me cueste siempre trabajo salir de casa, menos en el verano en que me agrada la estancia en el campo para leer y escribir junto a la naturaleza, como en un inmenso despacho lleno de sol.
Momentos de alegría sin estridencia, ratos de tristeza, días de disgusto. Todo se sucede en el hogar. La vida es así. Me esfuerzo en organizar mi casa de manera que podamos convivir pacíficamente. No siempre resulta fácil la tarea, ya que la única persona familiar para todos es Irene. Tiene sus desventajas convivir con familiares. Lo hemos experimentado. Nosotros decidimos vivir acompañados, porque por encima de la comodidad del matrimonio está la necesidad de personas que te lo han dado todo, como es mi padre para mí y su tía para Angelines.
Una mañana, Angelines se encontraba con fiebre, vómitos y dolor de vientre. Sufría un atasque de apendicitis. El año anterior hubo de ser ingresada por la misma causa, pero no la intervinieron, porque se acercaban las fiestas. Apenas nos dio tiempo de preocuparnos. Después de comer, la llevé a la clínica. Dos horas más tarde ya le habían extirpado el apéndice. Su madre y su hermano vinieron de Pamplona; también la visitaron mis hermanos de aquí y de Estella. También la nena, muy pequeñita, subió por la clínica. Y volvió a los cinco días a casa por su propio pie.
El año que Irene cumplió los tres, pasamos unas navidades del todo felices. Ella se daba cuenta del acontecimiento: Jesús ha nacido. Colocamos el Belén, y todas las noches cantamos villancicos. - Gracias por mis papás; gracias por el sol, gracias por la luna; gracias por el Belén; gracias por los ojos... Nos llenaba de consuelo su espíritu alegre y religioso. Cada día que pasa nos sentimos más orgullosos de nuestra hija.
Para obligarme más al ejercicio físico, me hice socio del Estadio Caja Provincial. Casi todos los días practico un cuarto de hora de natación. Angelines e Irene también han sacado su carné. Durante el buen tiempo sobre todo pasamos largas horas tomando el sol o bañándonos en las piscinas.
En octubre el lumbago no me dejó moverme. Quedé totalmente paralizado sin conseguir siquiera darme la vuelta en la cama. No perdí la moral. Pensé que tendría remedio. Después de diez inyecciones me vi libre de esta dolencia. ¿Si me hubiera sucedido esto en las noches que pasaba solo en los pueblos? Nunca en mi vida he sentido tal sensación de impotencia. Pero Angelines me ayudaba. Una vez restablecido he continuado con la práctica diaria de natación. No siento afición por ningún deporte. Se trata de pura convicción, aunque me estimula la sensación agradable que experimento después del ejercicio.
A partir de los ochenta, me seduce la lectura espiritual. No la dejaría por nada.
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MAESTROS EDUCADORES
ME SIENTO orgulloso de Angelines como educadora. Me estimula su entrega a los demás. No se limita a explicar sus latines, griegos y literaturas, quiere profundizar en cada una de sus alumnas para que se formen mujeres con una visión trascendente de la vida. En muchas ocasiones y en diversas ha intervenido mi mujer para ayudar. Desde a jóvenes que tienen problemas de relación con sus padres, hasta a niñas desquiciadas de todo que deciden llevar una vida bohemia. Todas sus discípulas la adoran y se sienten amigas de ella.
Juntos hemos leído libros de actualización pedagógica, y procuramos llevarlos a la práctica en la medida de lo posible.
El último año que permanecí en el colegio de San Ignacio decidí suprimir todos los castigos, previo aviso a los niños. Dio su conformidad la dirección del Centro. Organizamos la clase de tal modo que los pequeños se responsabilizaran. Los viernes por la tarde, el delegado de curso, elegido por votación, presidía la asamblea de alumnos, llamaba la atención a los condiscípulos que peor se habían comportado, trataban problemas de la comunidad infantil, y veían entre todos la manera de solucionarlos. Aquella experiencia resultaba positiva. Evaluando los resultados a final de curso, vistos todos los problemas que hubo, pensé que había sido un error prometer a los niños que no iba a haber castigos. Mejor hubiera sido no sancionar de hecho. Siempre nos ha parecido que un profesor no es un mero enseñante, sino ante todo educador integral. Para ello había que querer al sujeto y conocerlo a fondo. He procurado lograr todos los datos posibles del niño a través de mi observación, del contacto con los padres, con el sicólogo y sobre todo con el diálogo personal.Me parecía de suma importancia que el chiquillo se encontrara a gusto en el aula; sintiera confianza conmigo y a la vez viera en mí un amigo de prestigio. Así podré ayudarle. Al finalizar el curso he enviado a los padres un informe de cualidades y posibles defectos de sus hijos. Invertía muchas horas en preparar este estudio individual.
En ocasiones he tropezado con problemas familiares muy agudos. He procurado orientarlos de la mejor manera posible. Hasta la fecha me cabe una gran alegría: los padres han comprendido mi ilusión y entrega vocacional y me han sabido apreciar. Jamás he tenido choques, disgustos, enfrentamientos con la familia de mis alumnos. Esto también me ha llenado de satisfacción.
Para prepararme mejor a mi tarea educadora en el aspecto religioso, he tomado parte en tres cursos de actualización teológica y pedagogía de la fe. Me han servido para abrirme y no pensar que todos los progresistas son herejes; me ha ayudado a comprender mejor la figura de Jesús de Nazaret, y a renovar mi ilusión sacerdotal.
Comprendo que muchas personas no saben discernir bien la teología en su actual estructura. Caen en extremismos e incluso en herejías. Imprudente me parece explicar ciertos temas a personas que no poseen una base profunda en los estudios de Dios; pueden caer en cierto escepticismo religioso, e incluso en aberraciones de tipo moral. Por ejemplo: cuando se explica la no existencia de la verdad objetiva ni de principios absolutos. Son bases filosóficas de las que se deducen después tremendas herejías. No entiendo cómo predicadores de Dios lanzan estas ideas a gente que no está seriamente formada en las disciplinas metafísicas. Incluso a los formados pueden hacerles daño. La mejor solución eliminar de sus cátedras a estos falsos teólogos. ¿Cómo andará su fe?
He mantenido estos últimos años contacto con mis antiguos maestros en la fe: don Miguel Sola, don Fernando Lipúzcoa, don José Nagore. A éste lo he encontrado enormemente integrista, pero veo en él y en los otros una fidelidad absoluta a la verdad revelada. Se les podía aplicar el versículo de la epístola de San Pablo: "Yo he recibido lo que os he transmitido". Lo más sabio que me ha tocado vivir después de salir de las filas clericales, ha sido sentirme creyente entre personas no creyentes; sentirme hombre de oración casi en solitario, en medio de compañeros que han dejado marginada la relación con Dios.
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HUELGAS DE MAGISTERIO
SI HAY algún capítulo que me gustaría omitir, es éste. Me repugna el tema. Me da náuseas que algunos utilicen a los chiquillos como instrumento - objeto de sus reivindicaciones laborales, por muy justas que sean. Y sobre todo me da asco recordar la serie de vejaciones de que fui objeto por seguir el dictamen de mi propia conciencia. Todo me recuerda los métodos comunistas. Sufrí mucho aquellos días. ¿Qué habrá sucedido? ¿Por qué todos los valores que hasta hace poco tiempo se apreciaban como éticos, ahora se han convertido en contravalores? ¿Me habré vuelto loco?
Aunque tengo al detalle en casa todo escrito, prefiero omitir este capítulo y no enseñarlo a los amigos ni a otros. Es mejor así. No quiero remover sufrimientos.
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UNOS MESES DE TREGUA
IRENE ingresó en las Ursulinas. Todas las mañanas madre e hija salían juntas de casa. Comenzó muy contenta la niña, mas la señorita en dos ocasiones se excedió: se encontró indispuesta mi hija y devolvió; poco tacto en la maestra hacérselo limpiar a ella misma. Y mucho le debió de reñir una mañana al llegar unos segundos más tarde del recreo, porque la nena lloraba con amargura al ir a clase y transcurrió mucho tiempo hasta que se normalizó.
La pequeña no pudo asistir al parvulario con regularidad: anginas, faringitis y catarros la asediaban. Todavía la recuerdo una noche cuando su mamá la llevaba en brazos; su rostro estaba encendido como de cuarenta de fiebre; le puse la mano en la frente. Ella dijo con voz algo recia: "papá me quiere mucho a mí". ¡Pobre hija! parece que su única preocupación es querer y que la quieran.
- Hay que querer a todos; no critiquéis, dice con frecuencia. No puede ver sufrir a nadie. Se deshace en ternura y afecto cuando ve a alguno triste o preocupado. Parece como si ella quisiera asumir los males que a los demás aquejan. La mayor enfermedad atacó a nuestra hija en el mes de junio, cuando ya la primavera se encontraba en sazón. Sarampión, varicela y bronquitis; todo se le complicó. Día tras día el termómetro marcaba la misma temperatura: cuarenta grados. Una noche me alarmé y acudí al médico de urgencia. La pobre "requesoncilla", así la llamábamos con frecuencia, golpeaba suavemente su cabeza con la mano y decía: "Esta cabeza; esta cabeza".
Llegó a preocuparnos su salud. Cuatro veces acudimos a buscar remedio. Había comenzado ya el verano con días radiantes de sol; veinte días llevaba en cama Irene. Al fin dijo: - ¿Cuándo voy a poder salir a la calle? Una semana más tarde salió ya con nosotros a dar su primer paseo. Aquel fue un verano del todo feliz. Como de costumbre los tres salimos a los pueblos de las cuatro provincias a tomar diapositivas de arte y paisaje.
En el colegio de Ursulinas se fundó la asociación de padres de alumnas. Nos pareció oportuno que una profesora del centro formara parte de la junta. Nos presentamos, y fuimos elegidos. Comencé a trabajar con ilusión. Quise con el tiempo organizar la escuela de padres. En principio reconocieron mi iniciativa de explotar todos los valores de los asociados. Nada se hizo después. Se consumían las reuniones en discutir nimiedades. También se fraguó en ellas una federación; cosa bien útil. Lo más positivo de nuestra gestión fueron las charlas sobre alta política a cargo del profesor Yurre. Poco más se hizo en el aspecto cultural. Decidimos salir Angelines y yo cuando terminó nuestro mandato de dos años.
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O T R A V E Z L A S H U E L G A S
Tambíen suprimido este capítulo por no revolver pasiones. Mucho agradezco a Angelines que en toda aquella lucha me sirvió de apoyo. Gracias a ella no llegué a enfermar.
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NUESTRO MOVIENTO E. S. C. E. (1)
PRIMERO EN ESPAÑA DE SACERDOTES SECULARIZADOS
RECIBO UNA CARTA y encuesta del padre José Luis Gago. En ella se formulan una serie de preguntas a sacerdotes secularizados. Contesto a vuelta de correo, y me ofrezco para ayudarle, buscando nuevas direcciones.
Con esta misiva se desarrolló en mí un deseo que hacía tiempo bullía en mi mente. ¿Por qué no relacionarnos los sacerdotes casados? El artículo, que envié seis años antes a "Incunable" y me lo devolvieron, lo presenté algo ampliado al concurso de pliegos "Vida Nueva". Quedó finalista, y lo publicaron año y medio más tarde, sin mutilarlo. A raíz de esto fueron apareciendo cartas en la misma revista, abundando en las ideas de mi original. Comencé a trabajar en varios campos simultáneamente.
Escribí a los compañeros que se manifestaban en la revista con talante abierto. Pronto fuimos ocho o diez los que nos carteábamos. conseguí en Vitoria unas veinte direcciones de exclérigos, y los cité a una reunión. Asistimos doce. No me causó buena impresión el primer contacto. Había diversidad de criterios: desde los que negaban muchos dogmas, hasta los que pensaban que el matrimonio y el sacerdocio eran incompatibles. No obstante seguimos reuniéndonos. Cada vez eran menos los asistentes.
Quedamos tres: Antonio Fernández de Ortega, Michel Fernández y yo. Suficientes para formar un grupo junto con nuestras esposas.
El P. Gago me envió muchas direcciones. A todas escribí. Poco a poco fue engrosando el número de los interesados en el tema. Archivo cartas de más de ochenta amigos. Dos de ellos me llamaron la atención por coincidir conmigo en sentimientos y aspiraciones: Angel Lozano y Francisco Mantecón, ambos de Madrid. Al primero, sobre todo, vi con mucho interés.
Había que procurar coordinarnos todos los de España. En Valencia, Sevilla, Galicia, Baleares, había compañeros que podrían ser coordinadores de zona. Redacté el borrador de un manifiesto al pueblo cristiano, y a los pastores para recabar firmas, y entregarlas al Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Tarancón (2). Ochenta firmas se adhirieron al manifiesto. Todos ellos sacerdotes dispensados, ya que no admitíamos las de otros. Lozano y los de Madrid pensaron que debiéramos entregarlas a Tarancón (2) en propias manos. Decidimos que nuestro primer encuentro lo celebraríamos en Madrid el 17 de junio de 1978.
Los amigos de la capital de España organizaron la entrevista y el lugar de la reunión. Doce exclérigos de distintos puntos de España coincidimos en el acto. Tarancón (2) nos recibió bien. No esperábamos tal acogida. Confió en nosotros desde el primer momento. En primer lugar di lectura al manifiesto. Comentamos los párrafos uno por uno. Reconoció que el celibato y sacerdocio no tienen por qué ir unidos necesariamente. Prometió que llevaría nuestros deseos de reintegración al papa, y a otros estamentos del Vaticano. Aseguró que en vida de Pablo VI poco se podría lograr.
- Tiene este Pontífice una manía senil con relación a todo lo relativo al sexo. Esta declaración nos desarmó. Decidimos en vista de la acogida tan confiada, suprimir algún párrafo de los más duros para su publicación. Así era el resumen del manifiesto:
- Sentimiento por la postura de los jerarcas hacia nosotros. - Que consideren su actitud de cerrazón ante Dios. - Reconciliación de ellos con nosotros. Se conseguirá con el compromiso de trabajar por la reintegración en el sacerdocio de quienes lo deseen. - Celibato opcional del clero. - Mentalización del pueblo cristiano para que comprenda que celibato y sacerdocio son distintos y separables. Por la tarde nos reunimos en la casa de Ejercicios del Pinar de Chamartín, y llegamos a estos acuerdos: - Formar en todas las provincias equipos de sacerdotes casados. Todos tendrían autonomía a nivel provincial y nacional. Estudiaríamos nuestra doble identidad de sacerdotes y casados. - Lo específico de nuestro sacerdocio será mantenernos en todo encarnados en el pueblo. No ser clerical. Mantener nuestra unión con la Iglesia local, y a través de ella con la universal. - Relacionarnos entre todos los equipos de España.
Me nombraron coordinador nacional; Angel Lozano sería el secretario, y Francisco Mantecón el tesorero.
- Procurar realizar entrevistas con las emisoras y prensa locales. Me entrevistaron muchas veces; incluso tomé parte en el programa de "La Clave", uno de los de más audiencia de TVE. Periódicos, revistas, etc. me llamaban con frecuencia. Mantuve contacto con Jaime Muñoz, de los equipos franceses "Prêtres en foyer". Acudió a Vitoria; nos reunimos en mi casa. El coordina Francia con España. Un año más tarde se unen a nosotros los equipos de El Salvador, Guatemala, Honduras, y entramos en contacto con Estados Unidos.
He enviado a todos los obispos de España una circular por lo menos cada año. Me han contestado más de la mitad del episcopado. Algunos con talante abierto. Ambrosio Echebarría, obispo de Barbastro, me visitó en casa el 4 de agosto del 78. Supuso para mí este encuentro una gran alegría. En doce años que permanecí en el ministerio, ningún obispo hizo algo igual.
Seguiremos trabajando, aunque nuestras perspectivas de la reintegración las veamos casi imposibles en estos años próximos. Tuvimos cierta esperanza con la elevación al pontificado del cardenal Luciani, pero duró 33 días. Su sucesor, el cardenal Wojtila, se nos ha cerrado a cal y canto. La única manera de solucionar el problema sería a través de la colegialidad episcopal.
Volvimos en noviembre de nuevo a la carga con Tarancón (2). Habíamos elaborado un estudio jurídico, indicando en él nuestra misión en la Iglesia. Nos recibió el Cardenal durante la reunión de la permanente. Tan sólo permanecimos con él un cuarto de hora. Nos dijo que de este Papa se podía esperar cualquier cosa. Buenas fueron sus palabras.
Lozano me habla por teléfono con mucha frecuencia. Está muy entusiasmado. En Vitoria somos fieles a las reuniones quincenales. Y profundizamos en nuestra espiritualidad. Hacemos juntos oración. Cuando escribo estas líneas estamos redactando una carta circular para los obispos. Nos vamos a hacer fuertes en exigirla reintegración, porque Juan Pablo II, afirma, unido a la Teología tradicional que todo el sacerdocio radica en el sacramento indeleble que se recibió. ¿No es injusto privar de un sacramento por haber recibió otro?
Notas en la fecha de la transcripción digitalizada:
(1) Posteriormente en el año 1985, nuestro colectivo fue registrado como ASOCIACION DE SACERDOTES CASADOS DE ESPAÑA (ASCE), como asociación civil cultural.
(2) Con el tiempo llegamos a la conclusión de que el Cardenal Tarancón, con habilidad, nos "toreó" con destreza; sabía hacerlo. Más adelante fuimos a entregarle una carta para el Papa que nos prometió se la daría. Jamás nos comunicó nada de lo realizado. Creemos que sólo se limitó a recibirnos con "amabilidad" para callarnos la boca. Nuestra decepción con relación a él fue grande.
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ÚLTIMOS MESES DEL RELATO
La muerte ha visitado a familiares y personas muy relacionadas con nosotros. Mirando a la luz de la muerte, muchas peleas de ahora se ven de distinta manera. Paquito, aquel sobrino tan querido para mí, también marchó en circunstancias muy extrañas. Lloré por él. ¡Qué vida tan disipada y al mismo tiempo tan desgraciada! Recordaba los días en que nos invitó a todos al concurso de jotas que organizó en esta ciudad. Su muerte, asfixiado en el coche, a comienzos del año 76, hacía sospechar en un suicidio, pero más bien debió de ser un atentado ya que se descubrieron indicios de ello. Mi madre, dos veces hospitalizada; la segunda, a consecuencia de una caída cuando conmigo fue a visitar a su hermano Pepe, inválido hace tres años.
De vez en cuando, una charla a los padres de alumnos, teléfono y cartas con amigos dispensados. Recibimos en nuestra casa con alegría a la familia Roig de Valencia y a los Chaparro de Sevilla. Nos tratamos, dialogamos, dentro de nuestra coordinadora.
Visitamos a Mons. Cirarda Antonio Fernández Ortega y yo, con el fin de que contara para nuestra jubilación los años pasados en el clero. El recibimiento fue cordial, pero su mentalidad nos pareció poco abierta a nuestra problemática. En cartas posteriores se expresó con talante más abierto.
Intervengo como actor en la película titulada "El sacamantecas". Al verla después me decepcionó por su descaro poco moral. Ojalá no hubiera intervenido.
El amigo Fernández de Ortega nos pinta a los tres un cuadro en agosto de 1978. Nos gusta, y quisiéramos que pasara a la posteridad.
Cambié de colegio en buena hora. Hoy me encuentro en el "Miguel de Cervantes", a un cuarto de hora de casa. El ambiente en él resulta acogedor. Los compañeros son más vocacionados y dan ejemplo como educadores.
En mayo me llaman de la Delegación de Cultura. Querían celebrar un congreso de la familia a nivel nacional, para elaborar futuras leyes. Acudimos Angelines y yo. Mostramos interés. Nos brindamos a trabajar sobre la infancia y fuimos coordinadores. En junio se celebró un acto público. La lectura de la ponencia de mi mesa estuvo a mi cargo. Participamos del 18 al 20 de enero del 79 en el Congreso Nacional. Nos acompañó Irene. Viajamos juntas once personas en un autobús pequeño. Disponíamos de tres mesas, bar y máquina de cine. Irene no se mareó, ni se aburrió. Durante más de una hora presenciamos en cine una serie de reportajes entretenidos. A Irene le regalaron el pasaje. Nosotros pagamos cada uno dos mil doscientas pesetas. En Madrid nos reservan plaza en el Hotel Meliá, de cuatro estrellas. Primera vez que vamos a un hotel de lujo. Asistimos a las sesiones de trabajo los tres días. Llueve torrencialmente. El sábado por la tarde nos encontramos con Angel Lozano y familia. Juntos visitamos el zoo, la ilusión de los pequeños. Irene disfruta con Angelito. ¡Familia agradable y hospitalaria!
(1) NOTA EN EL MOMENTO DE DIGITALIZAR LA HISTORIA DE MI VIDA EL 25 DE MAYO DE 1997. Mi madre murió el 7 de junio de 1985; mi hermana Concha el 4 de junio de 1986; la tía de Angelines, Angeles, que vivía con nosotros, el 21 de agosto de 1987; Paco, mi cuñado, el 11 de diciembre de 1992; tía Avelina, 22 mayo 1995. ---- Irene terminó su carrera de Derecho Económico en Deusto, en 1996. El segundo año de práctica jurídica en 1997. Entra a trabajar en Banesto con un contrato temporal hace dos semanas, el 11 de mayo de 1997. Angelines sigue en Ursulinas. Yo, después de terminar este relato estuve en Santa María de Vitoria 13 años; dos en Judizmendi; en la actualidad, en el Instituto "Los Herrán" , como profesor de Enseñanza Secundaria Obligatoria, ESO. Hoy me encuentro feliz profesionalmente. Y... cuando lo paso esto a internet, noviembre del 2000, estoy felizmente jubilado.
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MI ALMA TIENE SED DE TI
EL 20 DE JULIO del 78 celebré el vigésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal. Lejano queda ya aquel día que grabó mi alma con sello indeleble. Su señal permanece en mi espíritu con la misma frescura recién acuñada.
Mis manos no tocan en la Eucaristía el Cuerpo del Señor (1). Cada mañana me acerco al Altar de Dios, al Dios que llena de alegría mi juventud. El mismo Dios ayer, hoy y siempre. Nadie me lo podrá arrebatar.
Las aguas corren sin cesar hacia el mar: unas veces cantarinas; otras, pausadas; en ocasiones, presurosas. Mi vida se desliza hacia su meta con paz a ratos, jubilosa o atormentada en otros momentos; siempre consciente de su destino eterno.
Sentado cerca del Sagrario de mi antigua parroquia de San Juan de Estella, recordaba las horas íntimas junto a Jesús en mis vacaciones de estudiante. Allí está el mismo Dios de entonces; el mismo tabernáculo que yo abría con temblor las primeras mañanas de mi diaconado. Permanece el mismo altar de mi ordenación. Le dije "Sí" a Cristo. Lo renuevo con fuerza doble cuatro lustros después. El me ha guiado por senderos tortuosos y por amenos valles, en días de sol radiante, en noches ciegas sin luna y sin ninguna estrella. Pude tropezar y caer. Pude gritar como Pedro: "¡Sálvanos, Señor, que perecemos!" Y su voz la misma: "¡Hombre de poca fe, ¿por qué has titubeado?"
Una brújula me orientaba en medio de las mayores tempestades: la fe en Dios y en Jesucristo su Hijo, la esperanza cierta de una vida sin fin, la Madre del cielo. Con serena confianza he entonado y vivido cientos de veces el prefacio de la Misa de difuntos: "A los que contrista la certeza de su condición mortal, les consuela la promesa de una futura inmortalidad". Mi alma tiene sed de Dios.
No pude vivir en soledad contemplativa. Así me creó El, con necesidad de un cariño y apoyo humanos. En mi deseo juvenil, cuando todavía no conocía a fondo mi alma, soñaba con una existencia del todo entregada sólo a Dios. Admiraba al cura de Ars, que pasaba las noches en intimidad amorosa con el Señor, y los días en el bregar duro del ministerio apostólico; a su cuerpo sólo regalaba con una olla de patatas. Así viviría yo. Me atraía la soledad de las montañas, cerca del cielo, cerca de Dios, pero la lejanía de un amor compartido me inundaba de tristeza. Ahora, en la plenitud del vigor humano, vivo cada día conociendo mis limitaciones, mis errores, mis pecados.
Doy gracias a Dios porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Gracias, Señor, por mis limitaciones, gracias porque por ellas se eleva mi corazón a Ti. Siento dolor de que mis torpezas causen enojo a las personas que me rodean y quieren, y a las que sin amarme, me encuentran.
Soñaba a con ser persona importante. No ser del montón. Mi vida tenía que distinguirse para ser faro, para ser luz potente que ilumina a los demás. Sentía una fuerza inmensa interior que a esto me impulsaba. Hoy veo mi total limitación. Hoy me conformo con que la antorcha débil que encendieran en mi bautismo y mi sacerdocio, se una a otros miles de lucecillas para reflejar un poco a El, que es la luz sin ocaso.
Mi sencillez y modestia debieran iluminarme. ¿Aprenderé alguna vez esta ciencia? ¿Qué es mi vida dentro del mar humano? Hoy en la superficie. Mañana en el fondo. ¿Quién recuerda al muchacho a quien tropezó una tarde en ciudad extranjera?
Dios Padre me ha creado para El. El cuida de los pajarillos y de las hojas de los arbustos. ¡Cuánto más, de nosotros que nos creemos importantes! Para un padre son importantes todos sus hijos. Dios me ha regalado unos padres para comprenderlo. Dios me ha entregado una hija para sentirlo con evidencia total.
En mi vida ha hecho su presencia una esposa, criatura de Dios, que sin sospecharlo, con su amor con límites, me guía hacia el Amor sin límites. De nuestras vidas ha fructificado un retoño bello: verdadera imagen de Dios que en su semiconsciencia nos guía hacia las alturas. Alma de niña, regalo divino, religiosa por naturaleza, nos recuerda nuestro destino y Amor Eterno desde que rompió al balbucir palabras.
Días felices cuando los tres nos reunimos en diálogo amoroso y compartimos lo mejor de nuestro espíritu. Queremos marchar juntos por el sendero de la vida sin que nos manche la desesperanza del descreído, procurando colocar bien alto nuestra lucecilla que rompa la oscuridad. ¡Feliz el día en que nos identifiquemos del todo en la plenitud de nuestro amor trascendente.
¡Caminaré al encuentro del Señor! Mi alma, a medida que pasan los años siente más fuerte el hambre, la sed, la necesidad de Dios. No miro solamente a Dios encarnado en los hermanos; necesito además el contacto íntimo con el Señor, dueño de la vida, encerrado en el sagrario, Padre de todos, Padre mío, mi Padre. Me mandará como a Magdalena: "Anúnciales; he resucitado". Pero volveré a El. Mi alma lo necesita: adherirme a su vida todas las mañanas en la comunión; contemplar su mansedumbre, su inmensidad, su bondad; sacar fuerzas de El para caminar sin hambre bajo el sol.
Me alegro cuando mi esposa me acompaña en lecturas de profundidad interior. Aspiro a que mi matrimonio me lleve a Dios por todos los caminos. A veces experimento la soledad. La soledad es la compañera del hombre. El amor humano palia esa sensación, pero no la cubre del todo. Tal vez Dios nos haya dispuesto así para que le miremos c omo único que puede del todo llenar nuestro corazón. ¿Llegará el verano? Dios bendiga la amistad del espíritu que estimula a los que se quieren de verdad en la marcha hacia El sin desvíos. Los días pasados en el monasterio orando y reflexionando juntos, empujan y estimulan porque no soy yo solo en el mundo con el ideal de Dios.
No sé cuánto tiempo durará mi travesía. No sé si estoy finalizándola, si he recorrido dos terceras partes o me encuentro en la mitad. Si Dios me da años, desearía escribir la segunda parte de mi vida, probablemente mucho más reducida que ésta. (2) El último capítulo, el más largo, juntos lo escribiremos, Señor.
F I N
(1) Cuando en 1979 escribí esto, todavía no celebraba Misa privadamente en casa. Después de estudiarlo concienzudamente y someter mi estudio a la consideración de otros expertos, comencé a celebrar varias veces al año la Eucaristía a partir de mis bodas de plata sacerdotales, en el año 1981.
(2) Hasta ahora voy escribiendo la segunda parte de mi vida, pero sin contar hechos, a través de las cartas que envío a muchos amigos. Son dos los libros digitalizados "Amigos y en la fe", ya
repartidos unos quince ejemplares y en preparación en la actualidad "Intimos en la fe". Estas pequeñas obras son como la vida de nuestra alma.
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Acabé de escribir el borrador de esta Historia de mi vida el domingo 18 de febrero de 1979, en mis 44 años de edad, las siete de la tarde. Cuando se inicia el mes de las flores, 1 de mayo de 1979 en honor de la Madre común, María, termino este largo relato de mi vida.
"Dirige, Señor, en tu presencia mis pasos".
Vitoria, 1 de mayo de 1979. Las cuatro de la tarde.
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El 25 de mayo de 1997, fiesta de la Santísima Trinidad y de la Virgen del Puy, dieciocho años más tarde, termino de digitalizar esta obra. Para la gloria de Dios en el recuerdo de nuestra Madre la Virgen y de mi madre terrena que esté en el Cielo. Nos dejó el 7 de junio de 1985.
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El 24 de noviembre del 2000 la preparo para internet.
FIN