¡MAS BUENO QUE EL PAN!...
El pan es un alimento privilegiado..., casi sagrado...
Todavía hoy..., hay quien besa el pan...
Y cuando una persona es muy buena..., todavía se oye
decir: ¡Es más bueno que el pan!
Nuestro Dios..., por ejemplo..., se deja comer como el
pan..., alimenta nuestras vidas como el pan..., fortalece
a los débiles..., y conforta el corazón..., y nos hace
crecer..., como el pan...
Nuestro Dios..., también..., une a los invitados a su
mesa..., como el pan...
Nuestro Dios..., también..., por ejemplo..., es más
tierno que el pan..., más generoso que el pan..., es más
bueno que el pan...
Y..., si allí donde hay pan..., hay vida y crecimiento...,
donde hay pan partido y compartido..., amasado y ofrecido
con amor..., allí hay algo..., hay mucho..., de nuestro
Dios...
Nuestro Dios quiso valerse del pan para significar su
amor a los hombres..., para saciar su hambre..., como una
madre buena hace con sus hijos...
Y..., porque hay muchas clases de hambre: de vida..., de
verdad..., de libertad..., de belleza..., de justicia...,
de alegría..., de paz..., de amor..., de eternidad...,
que sólo Dios puede saciar..., (porque..., en el fondo...,
son hambres de Dios...), por eso..., nuestro Dios..., ¡se
hace pan!...
¡Tiene tela!
Desde entonces..., el que come este pan se alimenta de
nuestro Dios..., se llena de su vida..., se convierte en
su templo... ¡Es impresionante!
Por eso el que come este pan..., tiene que vivir como
Dios..., osea..., ser como nuestro Dios... (¡no te
confundas!), misericordioso..., solidario..., libre y
liberador..., paciente..., entregado... ¡Lógico!... ¡Que
no se puede comer a nuestro Dios y vivir de espaldas a la
vida..., al hermano..., cerrado en sí mismo!...
Y si nuestro Dios es pan que se deja partir..., hasta dar
la vida..., entonces..., el que come este pan sentirá la
urgencia de la caridad..., que le llama al compromiso de
darse todo..., en servicio a los demás..., como Jesús...
¡Es verdad!..., ¡nuestro Dios..., es más bueno que el
pan!