Fray Amable...

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No se si habréis oído hablar de Fray Amable... Casi seguro que sí...
Mucha gente os podría decir que "era un buen fraile"... "Muy bueno"..., dirían otros... "Pareciera que no vive en la tierra... Es un hombre de Dios"... Y cosas así...
Algunos..., simplemente..., se quedaban sin saber qué decir... "Pero..., ¿tu ves cómo habla?"... Y otros..., más versados en la materia..., explicaban: "Es que es un santo"...
Oí decir que tenía don de gentes... Un hablar sereno..., pausado..., cálido... Y a la Asociación de Damas Catequistas de Primera Comunión de la Parroquia de Nuestra Señora de la Buena Fe..., les parecía que era muy profundo..., y que tenia un carácter ejemplar..., "¡no como otros!"...
Transmitía una paz...
Era muy pequeñín y ya se subía encima de las sillas de su casa..., y movía sus bracitos..., y decía: "Amá..., atá..., totó..., lalalí"... Y a su mamá se le caía la baba...
Y su papá decía: "este niño va a ser un gran abogado"...
Y las vecinas comentaban que "eso" era "por ver a tantos políticos en televisión"...
Un día su mama le vio hacer unas crucecitas en la mesa..., mientras decía: "todéis ir en taz"..., o algo así... Y pensó: "hay que ver lo que se fijan los niños... ¿Mira que si nos sale un curita?"... Y su mamá se santiguó...
Los deberes del colegio le quitaron mucho tiempo..., y Amabilín pareció olvidar todo eso... Buen estudiante..., educado..., aunque..., charlatán...
Años más tarde sus compañeros del seminario decían: "¡No hay quien hable como Amable!"...
Y..., qué bien hacían sus palabras... Para todos tenía la respuesta esperada..., o..., cuando menos..., una sonrisa de comprensión... "Así debe sonreír Dios"..., decían las mujeres de la Junta Directiva de Pía Unión Católica..., o de la Católica Pía Unión...
"En este mundo de tantos sufrimientos..., de tantos problemas..., no sabe usted el bien que nos hacen sus palabras..., su paz..., su comprensión... ¡Gracias Padre!"...
Y Fray Amable volvía a sonreír..., ligeramente..., y levantaba "tal que así"..., un poquito..., las manos..., mientras decía: "De naada..., hiijas..., de naada"
Sus misas se llenaban de gente...
Muchos que..., años atrás..., por lo del Concilio..., creían haber perdido la fe..., volvieron a la iglesia..., y hacían cola ante su confesonario... "¡Así sí..., decían..., así sí!"...
Hasta los pobres aumentaron a la puerta de la iglesia..., y hablaban de Fray Amable con devoción... "Es un santo..., un santo"..., decían..., y se miraban unos a otros...
Y sucedió que su fama se fue extendiendo por la ciudad y atraía a más gente y a más pobres a la puerta de la iglesia...
Pero..., un domingo..., Fray Amable..., no apareció...
La iglesia estaba repleta... Los que habían ido media hora antes para confesarse con Fray Amable..., se preguntaban "qué habría pasado"...
Los murmullos fueron creciendo y creciendo...
Un grupo..., sin saber bien por qué..., "comenzó a rezar para que no hubiera pasado nada"...
A la una y cinco encendieron las velas y las luces del altar..., y se hizo un silencio..., un silencio expectante...
Pero no era Fray Amable... Fray Amable no salió...
Algunos deprisa..., otros lentamente..., la mayor parte de la gente..., fue abandonando la iglesia entristecida... "¡No es lo mismo!"..., decían..., "¡no es lo mismo!"..., y movían la cabeza...
Hasta que el sacerdote se quedó casi sólo y pudieron empezar...
Cuantos rumores...
Dicen que esa noche..., Fray Amable tuvo un mal sueño...
Soñó que subía al cielo y llamó a una puerta... "Soy Fray Amable"..., dijo humildemente...
Y allí estaba su Maestro... "¡Hombre..., Amabilín!... Y sin saber por dónde..., ni por qué..., le dieron un capón y le dijeron: "Pues mira..., te bajas al piso de abajo..., y me copias diez mil veces: hay que hablar menos y hacer más"...
Y dicen que Fray Amable se despertó de golpe..., y que su corazón latía fuertemente..., y que anda despierto..., muy lejos debe ser de donde estaba..., porque por allí no lo han vuelto a oír más...

Y hasta dicen que ya hay menos pobres a la puerta de la iglesia...




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