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II Domingo de
Navidad (1999, Ciclo A) |
¡ABRE TUS OJOS..., A LA LUZ
VERDADERA!...
| Vaya
sorpresa... El mundo clamando porque estaba en la oscuridad y necesitaba la luz... Todos pidiendo que se hiciese de día..., y algunos se dieron media vuelta en la cama..., se liaron la manta en la cabeza..., y..., prefirieron (¿preferimos?) seguir durmiendo... ¡Cuántas veces nos empeñamos en seguir anclados en la oscuridad!... Cuántas en lugar de abrir bien los ojos..., los apretamos más aún para no ver la Luz; como cuando no descubrimos el rostro de Cristo en un hermano necesitado..., cuando no somos capaces de salir al encuentro del otro..., cuando olvidamos construir la paz y la unidad y sólo nos buscamos a nosotros mismos..., cuando nos quedamos con los aspectos de nuestra fe que nos interesan pero desechamos aquellos que nos resultan incómodos..., cuando adaptamos nuestra forma de pensar a nuestra forma de vivir..., y no al revés... En demasiadas ocasiones..., si somos sinceros..., los que decimos haber recibido la Luz para ver la vida con los ojos de Dios..., nos construimos un dios a nuestra medida..., apartando la mirada de aquello que no nos gusta o convence..., o no nos apetece... Hoy el Señor nos invita..., una vez más..., a abrirle el corazón..., a dejar que El nazca dentro..., inundándonos con su Luz... Quizás nuestros ojos se defiendan cerrándose aún más..., pero..., como en cada despertar..., el ser capaces de abrir los ojos traerá como recompensa un nuevo día lleno de expectativas..., descubriremos los infinitos regalos del amor de Dios... Abrir los ojos significará descubrir la vida con esa nueva Luz que hace nuevas todas las cosas..., que nos invita a ser felices..., a caminar con firme esperanza... Y nos invita..., también..., a transmitir esa Luz..., esa llama que ilumina y calienta... Muchos hermanos viven en la tiniebla del desconocimiento de Dios..., de la ignorancia y el analfabetismo..., de cualquier clase de incultura..., de la soledad..., de la separación y marginación..., de la pobreza..., de la depresión..., del desasosiego..., del paro..., del odio..., de la guerra..., del hambre..., de la injusticia..., y necesitan Luz..., LA LUZ VERDADERA... El Señor quiere nacer como Luz para disipar todas las tinieblas del mundo y de los corazones... Quiere hacerlo en nuestro corazón... Abre tus ojos... |
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