¿Que
tenía Rosario en el año 1925, para que los
empresarios Walter Mocchi y Faustino Da Rosa,
eligieran a nuestra ciudad como la “prima”
mundial, fuera de Italia, para la
representación de la ópera “La cena delle
beffe”, de Umberto Giordano? Tenía unos
350.000 habitantes, y una más que abundante
inmigración italo-española aportando sus
gustos y sus costumbres, lo que para los
empresarios se convertía en suculentas
entradas, con pingües beneficios.
Rosario
fue una ciudad muy especial para los
empresarios, lo demuestran sus varios teatros,
sus variados espectáculos, con la presentación de los más grandes
artistas mundiales Este año tienen sus puertas
abiertas, La Opera, el Colón, La Comedia, el
Variedades (Comico), en construcción el Odeón,
en el sitio donde se encontraba emplazado el
teatro Nuevo Politeama, un par de teatritos
menores, y algunos al aire libre para el Verano,
y los cines de los cuales muchos funcionando.
Pasaron las más grandes figuras de la lírica,
los cantantes zarzueleros de más nombre, como
también compañías de operetas italianas,
francesas, alemanas, inglesas, judías y hasta
una árabe. Es de resaltar que los teatros Colón
y La Opera, los más grandes,
fueron inaugurados con diferencia de solo
unos pocos días.
Es a partir de este año cuando
comienza el declive de la ópera como
espectáculo. Aunque continúan apareciendo
algunas compañías de segundo orden y se
observa un cierto florecer de voces locales, que
aún necesitan del genio que sea capaz de
reagruparlos. Es de tener en cuenta que dichos
espectáculos nunca estuvieron financiados por
los poderes públicos. Fue el acierto o el
desatino de los empresarios, el riesgo calculado
y otras veces no tanto. Todo lo que se hizo en
Rosario fue debido a la audacia del capital
privado. Walter Mocchi creador de aquella gran
organización que traía a Sudamérica los
espectáculos de Europa, descubrió en Rosario
una de las ciudades que basándose sin lugar a
dudas en la inmigración, ya comentada, daría
los resultados previstos. Y no se equivocó como
tampoco se arrepintió, tanto que muchos años
después de su primera visita, continuó por ese
camino, decidiendo
realizar en nuestra ciudad, esta “prima”
mundial, fuera de Italia.
Si
consideramos que el fin primordial de un
empresario es el de sacar rentabilidad a los
espectáculos que presenta, salvo raras
excepciones, debemos creer que Rosario en esa época,
interesaba más que otras ciudades. Tengamos
presente las fechas de representación en el
mundo, por ejemplo en Milán el 20 de Diciembre de 1924, con Carmen Melis, Hipólito Lázaro,
Benvenuto Franci, dirigidos por el Mº Arturo
Toscanini; (sólo siete meses después en
Rosario), T. La Opera, Rosario el 9 de Julio de 1925, con F. Revallés, L. Garniska, G. Tommasini, A.
Granforte, T. Pasero, Mº E. Vitale; mientras
que recién en el teatro Colón de Buenos Aires
lo fue el 28
de Agosto de 1925, con B. Gigli, M. Urizar,
A. Bada, C. Barromeo, N. Rawskosky, A. Muzio, F.
Alda, Mº T. Serafín; Teatro Municipal, Río de
Janeiro, el 21
de Septiembre del 1925, con F. Revallés, L.
Garniska, G. Tommasini, A. Granforte, T. Grassi,
A. Baracchi, V. Marcolini, Mº E. Vitale; T.
Municipal, Santiago, el 8 de Octubre de 1925, con A. Capuzzo, E. Grandini, M. Carena, Mº
G. Falconi; T. Liceo, Barcelona, el 7
de Diciembre de 1925; T. Metropolitan, Nueva
York, el 2 de Enero de 1926; Auditorium, Chicago, el 27 de Noviembre de 1926, con A. Cortis, C. Muzio, L. Montesanto, Mº
G. Polacco.
Rosario fue una de las plazas operísticas
más importantes. ¿Que deducciones podemos
hacer teniendo en cuenta que el reparto artístico,
no fue el mismo que en Buenos Aires? Que como ha
ocurrido a lo largo de la historia lírica,
existía todavía la competencia de cara al público.
Fue una compañía especialmente traída para
Rosario. Había madurez en el público y en los
empresarios, por lo tanto Mocchi no quiso
depender del Colón de Buenos Aires.
Haciendo
un poco de historia sobre esta ópera, recordaré
que los primeros acuerdos con el dramaturgo Sem
Benelli se remontan al año 1919. Diez años
antes los derechos sobre “La Cena delle Beffe”
habían sido adquiridos por Tommaso Montefiori
(1855-1933) el que había dejado apartado el
proyecto. Pero antes de haber concluído el
trato para la cesión de los derechos, Giordano
había obtenido del comediógrafo la reducción
del libreto del poema dramático y se disponía
con entusiasmo musicarla. Finalmente el 15 de
Septiembre de 1923, Montefiori llegaba a un
acuerdo con la Casa Musical Sonzogno, declarando
no oponerse a la representación del nuevo
trabajo de Giordano. De esta forma la ópera
pudo ser representada en el teatro Alla Scala
con una compañía de primer orden che bajo la
guía de Arturo Toscanini, reunía al tenor Hipólito
Lázaro, la soprano Carmen Melis y el barítono
Benvenuto Franci. Los decorados fueron de
Giovacchino Forzano y el escenógrafo Galileo
Chini.
Los
comentarios que deparó esta nueva ópera de
Giordano, fueron como todo lo es en esta vida.
Siempre dependerá “del color del cristal con
que se mira”. Hay tanta diferencia de criterio
entre los críticos y algunas veces tales
intereses creados, que nos encontramos con que
hay quien aplaude proclamando maravillas, como
quien denigra exageradamente. He extraído
solamente muy pocos comentarios de un lado y
otro del Atlántico, con el objeto de que se
pueda apreciar la labor del maestro Giordano,
basándonos en las críticas ya que se trata de
una ópera poco representada. Veamos:
“Esta
ópera no impactó al público en general, desde
la “prima” en Milán. Sin embargo se
observa en más de un pasaje, la habilidad que
supo emplear Umberto Giordano, poniendo énfasis
teatral en determinadas situaciones. El drama de
Sam Benelli de tanta intensidad y originalidad
resulta interesante, aunque no lo sea de índole
musical, pero es que además predomina con
fuerza aplastante sobre el compositor, eclipsándolo
casi totalmente”. (Enrique Della Guardia)
La
crítica que de la ópera hacía el diario “La
Capital” de Rosario, el día siguiente a la
representación o sea el 9 de Julio de 1924, decía
que:
“Ya
los intérpretes
orquestales como los escénicos bajo la
acertada y animadora batuta del célebre Mº
Vitale, han cumplido con sus vidriosos roles a
completa, nuestra y pública satisfacción. Téngase
en cuenta el delirante entusiasmo con que la
partitura, paso a paso, ha sido aceptada y
saludada por la numerosísima y selecta
concurrencia. El tenor Tommasini
ha llevado a realización su papel de una
manera casi impecable. Debido a la peculiar
registración con que ha sido musicalizado el
rol de “Gianneto”. Tommasini hállase pués
en condiciones inmejorables para lucir toda la
belleza y vigor de su registro alto, y en
consecuencia en “La cena delle beffe” revélase
como un artista
hecho casi adrede.
Con
respecto a la interpretación de “Ginevra”
por parte de la soprano Flora Revallés, hemos oído
susurrar que su actuación escénica y mímica tórnase
algo afectada, casi una émula de la Borelli;
pero trátase de una observación absolutamente
equivocada, por cuanto el papel de “Ginevra”,
lejos de representar una mujer simplemente frívola
y dudosa, encarna la psiquis y costumbres de
todas las “Tomar” de la historia galante.
Una mujer galante, extremadamente galante, ¿Qué
modales y gestos ha de asumir y obstentar sinó
los más escuetamente libertinos? De manera que
a la Revallés en el papel de Ginevra, no sólo
en el orden musical, sinó también en el escénico
y teatral, hay que considerarla como óptima”.
(La Capital)
“Sería difícil, haciendo la suma de
las llamadas a la escena, que superan las
veinte, imaginarse éxito más feliz y caluroso.
Después del cual aparecen como inútiles los
comentarios. Pero no uno, que dada la
antimusicalidad de los espíritus que gobiernan
esta “Cena delle beffe”
beneliana, y el carácter de drama de arena
o de cinematógrafo,
es la absoluta falta de actividad
interior en esos personajes. Umberto Giordano ha
sabido con su fuerte ingenio y su arte,
conseguir el mejor resultado que podíamos
esperar. A compuesto una partitura que, si bien
no dice y no pretende decir una palabra nueva y
si no traiciona ninguna aspiración hacia metas
no comunes, tales de realzar la suerte del poema
beneliano, que hoy privado de contenido y de
lado poético como es, aparece ya tan envejecido
y cansado; y vale ciertamente más y mucho más
que esto, y es digno de estar junto a las
mejores óperas de Giordano”. (Diario Secolo-
Adriano Lualdi)
“Carmen Melis ha sido una excelente “Ginevra”.
Ha sabido dar un alma a esta mujerzuela nacida
sin alma. Como cantante ha estado óptima, muy
expresiva e inteligente y una actriz notable,
con delicados gestos y movimientos difíciles
de encontrar en muchas artistas. Ha dado pruebas
de ser graciosa y poseer felina coquetería. Ha
sabido hacer resaltar cada intención del músico
y del poeta. Ha pronunciado muy claramente
cualidad poco común. (Diario Corriere della
Sera-Adriano Lualdi)
“Esa tragedia de Sam Benelli, que la
convirtió en ópera la mente del maestro
Umberto Giordano, era de “pronóstico grave”
según lenguaje médico, para cualquier artista.
El personaje de “Giannetto” interpretado por
el tenor, es de los más difíciles que existen,
tanto vocalmente como dramático. No era fácil
resistir aquella interpretación con serenidad;
había que posesionarse del “papelito” y
sufrir todas las emociones encontradas y
diversas del propio “Giannetto”, personaje
que según la leyenda, fue de carne y hueso, y
vivió en la Italia del Renacimiento”. (Hipólito
Lázaro, tenor)