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RECUERDOS DE UNA VIDA

Autor : Roberto Di Nóbile Terré

El escribiente de pluma

          La primera vez que Paolo Roberttaccio vió y conoció al célebre tenor italiano Tito Schipa, fue en la Fundación Ernesta Basso de Roma durante el concierto ofrecido por los alumnos de la cantante Gabriella Besanzoni. El coro estaba formado por seis elementos entre los cuales en plan experimental Paolo hacía la parte de barítono (¡!?) completando el concierto cada uno con participación individual. Cuando anunció Doña Gabriella la invitación cursada al tenor Schipa para que asistiera, se generó un revuelo entre el alumnado femenino. Posiblemente todas lo recordaran, guapetón y simpaticone, como lo definió alguno de sus biógrafos. La realidad fue muy distinta, teniendo en cuenta que ya contaba con setenta y cuatro primaveras y el resto de las estaciones del año. Simpático y agradable en el trato, no mantenía ese cuidado en el detalle. Su traje, un poco ajustado con sus botones pidiendo perdón, le hacían más rechoncha su figura. Su corbata no centrada y menos ajustada, quizás por su cuello, denotaban un cierto descuido.

          La Señora Besanzoni en su coche con tres de sus alumnas, y Paolo en el suyo con Rodolfo, se desplazaron hasta la Fundación Ernesta Basso. Poco tiempo tuvieron que esperar al célebre tenor. El encuentro fue cubierto con demostrada estima y gran profusión de besos. Era evidente que ambos mantenían un cariñoso recuerdo de épocas mejores. Luego de unos minutos con comentarios entre ambos, vino la presentación de sus alumnos, donde con las chicas siguieron los besos y con los hombres un discreto fuerte apretón de manos. Cuando Doña Gabriella presentó a Paolo, se repitió la misma historia de siempre, “un estudiante argentino con una hermosa voz, con el que en este momento estamos haciendo unas pruebas” (¡!?), para proseguir con los consabidos comentarios sobre el teatro Colón y la ciudad de Rosario, su estupendo público y los amigos de siempre.

          El comienzo del concierto los obligó a utilizar sus asientos de primera fila. Si Doña Gabriella siempre era el centro de las mirada, hoy ese centro estaba dividido entre los dos. Las muchas tablas de Schipa le hacían prodigar a izquierda y derecha esa sonrisa, quizás un poco escénica de otras épocas.

          Este salón no fue lo más idóneo para un concierto, la resonancia era brutal, los participantes tuvieron que ajustarse a la recomendación de no cantar fuerte. La actuación fue más que aceptable. Los comentarios de Schipa con la Besanzoni eran continuos a la terminación de cada participante. Finalizado el concierto, todos en tropel al salón de la “merendola” que había preparado la dirección.

          Durante el pequeño ágape se le vió al célebre tenor mucho más distendido, haciendo comentarios en voz alta sobre cada uno de los participantes. En lo que a Paolo respecta, dió su opinión, “este muchacho no es barítono”. Esta afirmación también también la había dado el barítono Benvenuto Franci, en una visita que realizara a casa Besanzoni.

          Dentro de la conversación las preguntas iban y venían. En un momento dado Doña Gabriella demostró curiosidad por saber sobre su nombre de pila, “¿De donde viene eso de Tito, cuando tú realmente te llamas Raffaele?” –preguntó-, la respuesta dejó a todos atónitos, -“la verdad es que no lo sé, pero luego de un concierto que realicé en mis comienzos, apareció en el diario “La Provincia di Lecce”, entre los demás participantes, Tito Schipa. El primer sorprendido fui yo, porque temía que la familia y los amigos no me reconocieran, pero quedó para siempre”.

          En un principio fue Doña Gabriella la que estaba al lado de Don Tito, pero poco a poco y deseando escuchar los recuerdos del gran tenor, todos fuiron perdiendo un poco la compostura del principio para participar de sus jugosos recuerdos, convirtiéndolo en una piña. Todos a su alrededor, en primer lugar las cuatro chicas. En un momento se encontró inmerso en un sin fin de preguntas, algunas de las cuales de índole particular, a lo que con mucha elegancia explicó, que siempre había separado su vida artística de su vida privada. Toda su vida mantuvo esta postura al extremo.

          Continuó con algunas anécdotas no sin antes disculparse debido al tiempo transcurrido y a su memoria. Durante una temporada lírica en Madrid, y asistiendo a una corrida Real, con el torero José Gallardo, fue saludado por el Rey Alfonso XIII. Schipa se encontraba en el palco de la Prensa. El Rey le hizo unas señas con la mano señalándose la garganta. Schipa siempre a través de las señas contestó que se encontraba muy bien. El Rey sonrió y cuando Schipa se presentó para el concierto en la Corte, el Soberano le aclaró sus gestos de la corrida, que no se trataba de preguntar por su salud, eran felicitaciones por la llamativa y colorida corbata que llevaba puesta.

          Se puede leer en el libro “Trent’anni di vita lírica al teatro Costanzi”, de A. Carelli, que cuando descubrió Emma Carelli, empresaria del teatro Costanzi de Roma, “Tito Schipa era un jovencito de no mucha estatura, con cabellos y ojos muy negros. Era lo que los italianos suelen decir, un “simpaticone”. Se movía por el escenario con las manos en los bolsillos del pantalón y recuerdo que cada vez que lo llamaba Emma, el respondía rápido con su vocesita de oro, -¿Signó, ch’aggia fa?- lo que causaba a Emma una gran hilaridad. Era bueno, apacible, juvenilmente despreocupado, daba la sensación de que la dulzura del timbre de su voz resplandeciese por todo su espíritu. Era un artista que Emma llevaba en la palma de la mano”.

          Ya era un cantante famoso por lo que Giacomo Puccini lo eligió como intérprete de su ópera “Le rondine”, el mismo maestro acompañaba al piano las pruebas. En la última de ellas, deja sorpresivamente el acompañamiento y se aleja a toda prisa. Schipa quedó perplejo sin comprender. Fue la mujer de Puccini quien le aclaró la situación. En ese momento había cantado con tanto calor humano y con tanta dulzura, que despertó en el maestro una emoción tan grande que provocó el llanto, por lo que avergonzado de que lo vieran llorar, se alejó de prisa.

          En cierta ocasión compró un perro para que hiciera compañía a la madre. En Roma cantó la ópera Fedora del maestro Giordano, aún sabiendo que no era para sus medios vocales. Quiso repetir el experimento en el San Carlo de Nápoles. Fue dirigido por el maestro Mugnone criticándole su actuación por cantar óperas que no le iban. Sin tantos preámbulos le dijo, “Has cantado como un perro.....”. Schipa en recuerdo de este episodio, por cierto no agradable, puso al perro regalado a la madre, el nombre de Loris, protagonista de la ópera, de acuerdo a como había estado.

          Tito Schipa nació en Lecce, Italia, en los últimos días de Diciembre de 1888, pero fue declarado en el Registro el 2 de Enero de 1889. Fue una ingenua precaución de sus padres quienes quisieron con esta medida retrasar el Servicio Militar un año. Le pusieron los nombres de Raffaele, Attilio y Amedeo. Su padre era guardia de aduanas, dependiente del Ayuntamiento. La madre Antonia Vallone dedicada a la familia, empleaba sus momentos libres en rezar, asistiendo todos las tardes a la Iglesia del Carmen. El fervor religioso de la familia no era de extrañar, ya que en el pueblo, no existía familia que no tuviera un hijo ya sea seminarista o semiinterno por cuestiones de estudio. Este es el caso de Schipa, el que habiendo demostrado buena voz, no obstante sus pocos años, fue sugerido por el Obispo Gennaro Trama, después de habérselo señalado el Mº Giovanni Albani, el que enseñaba canto coral en las escuelas elementares y había observado su voz y los posibles desarrollos de la misma. Cuatro años pasó en el Seminario, pasando luego a estudiar con el Mº Gerunda quien le enseñó las partituras, conoció las leyes de la armonía, composición, llegando a componer música sagrada y profana. Ya no era un niño por lo tanto tuvo que buscar un trabajo. Fue aceptado como aprendiz del escultor Luigi Guacci, el que se dedicaba a la elaboración de estatuas religiosas y muñecas con pasta de cartón. El tipo de trabajo no convenía a un estudiante de canto, por lo que encontró trabajo en el estudio legal De Simone-Paladini como escribiente de pluma, ya que la máchina de escribir aún no había aparecido en ese estudio, aunque ya existiera. Se hacían las copias a mano. Pero este trabajo tampoco era muy satisfactorio para Tito, por el cansancio de la mano y del brazo escribiendo todo el día. Pasó luego a ser aprendiz de un fabricante de billares, hasta el día en que se cansó de ser empleado. Es la hora de comenzar a cantar. Cuatro años de escuela primaria y otros cinco de seminario siempre con el Mº Albani, le dieron una preparación artística no despreciable. Con el Mº Gerunda había aprendido páginas y más páginas de partituras, óperas del común repertorio, pero el maestro no le pudo dar una preparación escénica.

          En Febrero de 1907, con casi diecinueve años, participó en una representación filodramática de los alumnos del Colegio Argento, interpretando “Corradino di Svevia”, del sacerdote jesuita Tranquillo Moltedo, cantando una barcarola del cuarto acto con pleno suceso. Posteriormente a algunas actuaciones, se decide ir a Milán donde un amigo Filippo Biancofiore, lo presenta a su maestro Emilio Piccoli. Los estudios con éste maestro duraron sólo seis meses ya que el día 4 de Febrero de 1909, cuando tenía los 21 años cumplidos, debutó con “Traviata” en el teatro Facchinetti, de Vercelli. Su actuación fue un suceso, pero un auténtico desastre para la organización. Violetta tenía doble cuerpo que el de Schipa, en volúmen y altura y en el preciso momento en que se abrazan declarándose amor, se oye una voz del paraíso que grita, “no aprietes tanto que puedes hacerle mal al muchacho”...........hilaridad general.

            El 15 de Agosto de 1920, se unió en matrimonio con la actriz francesa Antoinette Michelle D’Ogoy. Tuvieron dos hijas, Elena y Liana.

            Su primer matrimonio no tuvo un buen final, se divorciaron en el año 1947 y su esposa falleció al año siguiente. Participó en varias películas, la primera dos cortos para la Paramount, “Concierto Nº 1 y Concierto Nº 2. Luego vino “La canción del amor”, “Tres hombres de frack”, “Vivere”, “Quien es más feliz que yo”, El caballero del sueño”, “Rosalba”. En esta última película trabajaba Teresa Borgna, nombre artístico Diana Brandi, la que no obstante tener la mitad de sus años, se convirtió en su segunda esposa. Se casaron en San Paolo, Brasil el 28 de Septiembre de 1946. Tito Schipa falleció en Nueva York el 16 de Diciembre de 1965.

          Compuso una serie de canciones, “Fiammata” (Rende-Schipa), “Notolada veneziana” (Trevisan-Schipa), “Boca mentirosa” (Schipa), “El gaucho” (Schipa), “Ninna nanna” (Schipa), “Amor mio” (Santoro-Schipa), “Pianefforte ‘e notte” (Di Giacomo-Schipa), “Musso e musso” (Manlio-Schipa), “Ddoie giuventú” (Furnò-Schipa, “Paraviso piccerillo” (Furnò-Schipa), “Varchetella nosta” (Palmieri-Schipa), “Mariachiara” (Petangelo-Schipa), “Manolita” (Scarpelli-Schipa), “Surriento” (Schipa).

          Las palabras de Giacomo Lauri Volpi en su libro “Voci parallele” sobre Tito Schipa, dejan bien claro quien fue en su vida de artista, “La línea de canto de Tito Schipa, no obstante las lagunas sonoras, queda como modelo de muy alto magisterio, no superado por los antigüos, que tenían que luchar con voces angelicales, ni por los modernos, aunque mejor dotados de volúmen y extensión. El “Sogno”, “Una furtiva lacrima” y “Anch’io vorrei dormir cosi”, marcan un “non plus ultra” en la precisión, inspiración y calidad”.