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RECUERDOS DE UNA VIDA

Autor : Roberto Di Nóbile Terré

 

Una ilusión exagerada.

          Paolo Roberttaccio ha cumplido casi cuatro años de estudios e intentos. Demasiado tiempo para tan pocos resultados. No obstante su formación y su carácter la ilusión de lo que podía hacer o haber hecho, comienza a desmoronarse. No bastaba con poseer una buena voz e inteligencia, tenía que haber contado con un tercer factor, sin lugar a dudas el más importante, el maestro, un buen maestro. Llegó a la conclusión que eso es más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Aún es fuerte, aunque se siente acorralado. Sus pensamientos no son claros. A veces piensa si fue un deslumbramiento o una quimera, un sueño o un desvarío. Tanto tiempo sin hacer nada, son demasiados para quien tuvo gran dosis de esperanza.

          La aventura del chocolate duró algún tiempo. Era él muy bueno o quizás todo lo contrario, lo mandaron a provincias y para él, eso era como sentirse despedido. La necesidad lo obligaba a buscar otros caminos, vendedor de libros a domicilio, de cuadros al óleo en las puertas de las escuelas, pasando por vendedor de papelería. Todos trabajos no acordes con sus estudios y con sus escasas representaciones en provincias, para desempeñar algún que otro personaje secundario en compañías de mala muerte. Mientras tanto el tiempo pasa inexorable y su cuenta bancaria comienza a rezongar por falta de alimento. La economía no es de goma, tiene un límite, es una realidad.

          Su tío ante la audaz insistencia de Paolo, le había prometido conseguir una audición en el teatro Opera, pero ésa también se hace esperar. Recibió una propuesta para hacer el personaje de Goro de “Madame Butterfly”, en Velletri. Fue la vieja pseudo-empresaria Rotondo, poseedora de un aspecto de bruja peliculera, la que aprovechando viejos empresarios conocidos o mas bien por sacársela de encima, consigue de vez en cuando que le acepten algún protegido y que por la retribución usurera que pide, le permita también a ella seguir adelante otro mes. 

          Paolo sigue estudiando con el maestro Ruisi, pero de peras a brevas, debido a las salidas del maestro en gira con alguna compañía. La semana pasada estuvo en Marsala. Un día se presentó su tío en el estudio del maestro, compañado de otro empresario, un tal De Rita, bueno.....si......llamémoslo empresario. Cuando se les oye hablar a todos estos mangantes, dan la impresión de creerse un Walter Mocchi, un Da Rosa, Ciacchi, o cualquier otro famoso empresario de la antigüedad. La verdad es que siempre se les oye la misma cantilena “mi trovo organizando una grande impresa” o “debo scellere dei cantante per una importante compagnia” o “non arriva l’aiuto del Ministero di Cultura” o “domani parlero col Ministro”, etc. etc. Aguantaron solo media hora de lección “bella voce, io credo si possa fare qualcosa per lui”, esto es lo que el empresario le decía al tío de Paolo cuando se estaban yendo.

          Al día siguiente Paolo se enteró de la verdadera intención de la visita, el mangante, quiero decir el señor empresario buscaba apoyo económico en el tío de Paolo, porque según él, le habían concedido la subvención para dos representaciones del Ministerio de Cultura, pero como esta gente paga a espectáculo realizado, necesitaba una discreta cantidad para comenzar la preparación. Esto es la pescadilla que se muerde la cola. Naturalmente el señor empresario tuvo que buscar otra puerta. No obstante, Paolo que veía una posibilidad de actuar, habló con su maestro al que comentó lo ocurrido el dia anterior. La respuesta del maestro Ruisi no se hizo esperar, “De Rita es un hombre honesto, pero como los últimos espectáculos no le fueron muy bien, se vio obligado a pagar con pagarés que están dando vueltas por Roma y cuando le den la subvención ministerial, le caerán todos encima sin dejarlo respirar. No, Paolo, no me interesa- dijo el Maestro.

          Surge otra posibilidad de actuación cuando el tío de Paolo le presenta otro pseudo-empresario. Este ha recibido, según la costumbre Ministerial, la subvención para 20 conciertos en ciudades del interior. El señor Risuleo que es el afortunado receptor de la subvención, ha prometido tenerlo presente, pero vuelve a aparecer “la pescadilla que se muerde la cola”. Para poder cantar y de esta forma adquirir algo de práctica hay que pasar por el aro.

          Todos media cuchara, que creen ser alguno de los más famosos empresarios antigüos como el Lanari, el Casali, el Paterni o el mismísimo Barbaja, o quizás más modernos como Walter Mocchi, Faustino Da Rosa, los hermanos Crodara, el Bing o el Husock.

          ¿Cuánto tiempo puede admitir un ser humano ilusionado, con este proceder? En medio de gente sin escrúpulos, abusadores, mentirosos, egoístas, poco tiempo, eso será en función de la idiosincrasia o carácter de cada individuo.

          Todo esto no es nada de lo que se imaginaba Paolo. Hacen falta muchas cosas más, aparte del deseo de triunfar. Un buen maestro, sincero, honrado y profesional. El tiempo pasa inexorablemente y no vuelve. Cuando se aprovecha, bien, pero cuando no se puede sacar de él el mínimo aprovechable, ¡Que ansiedad, que dolor, que desgraciada impotencia! Esto era para él como un mal sueño que al despertar, por no esperado, se convierte en un gran desengaño.

          ¿Acertó Paolo con los maestros elegidos? ¿Lo engañaron o se engañó el mismo? ¿Habrá seguido una loca fantasía? Le invade el pesimismo porque ve con dolor que no puede conseguir lo que quiere. Quizás no lo merezca, quizás fue poco esfuerzo, quizás era necesario más tiempo, quizás no encontró el camino. Son demasiados quizás, para dar una respuesta acertada. Nada es tan bueno como pareció en un principio. Un quizás más ¿Habrá llegado la hora de quitarse la máscara de la ilusión? Unas palabras de Goethe le hacen pensar, “nosotros no somos engañados nunca, sino que nos engañamos a nosotros mismos”.

          Dijo otro, “la ilusión hace bella la vida”, ¿pero que ocurre cuando no se puede pasar de la ilusión? Todo en esta vida tiene un final y si Paolo no ha podido concretar su ilusión después de cuatro años de esfuerzos, prefiere dejarlo antes de convertirse en una mediocridad. Después de todo, ¿Qué es una ilusión? Es una imagen o representación sin verdadera realidad, sugerida por la imaginación o causada por el engaño de los sentidos.

          Paolo cree haber terminado, algo le dice que no es su camino y no es tan obcecado como para tirar su vida en una ilusión.