|
RECUERDOS DE UNA VIDA
Autor : Roberto Di Nóbile Terré
El fatídico
“passaggio"
Este
título me lo ha sugerido un estudiante mejicano, el
que basando sus dudas sobre algunos conceptos de mi
artículo publicado en Hispaopera, “¿Cantar?........un
enigma”, me envió un mensaje que he recibido junto
a otros, pero con distintas indecisiones.
En este otro artículo, haré lo posible por
ser más explícito contestando a todos según sus
problemas. Tenía yo la seguridad de haberlo explicado
correctamente, pero tengo que admitir que si existen
infinidad de maestros que no son capaces de hacerse
entender por los alumnos, y de alumnos que no
entienden las explicaciones de los maestros, mi
explicación no fuera todo lo clara que yo deseaba.
Insisto en lo que ya he dicho anteriormente, de
que no es cuestión de palabras más o menos
rimbombantes, se trata de conocer la técnica y de
saber corregir los defectos, caso contrario el alumno
se obceca y no “da pié con bola”. La corrección
debe ser realizada desde la primera nota, sin pasar a
la segunda si no se domina la anterior. El alumno
nunca debe olvidar que los antiguos estudiaban seis y
siete años. Impostar la voz es una tarea ardua,
compleja y dura. La inteligencia, la perseverancia y
la seriedad no debemos apartarla del estudio. Una voz
con buena escuela, mantenida dentro del estudio
permanente, puede durar treinta años y más.
¿Como puede un alumno distinguir un maestro
bueno de otro que no lo es? Como bien dice la Biblia,
“Por sus frutos los conoceréis”. ¿Cómo juzgamos
un médico o un abogado? Por sus resultados. Aunque un
maestro no haya llegado a cantar o quizás lo haya
hecho poco, debe tener ciertas cualidades esenciales,
un oído sumamente delicado, sutil para descubrir
defectos y muy serio para corregirlos, conocimiento
del sujeto, saberse expresar, disponer de entusiasmo
personal y capacidad de transmitirlo a otros,
combinado todo con la paciencia de Job y toda la energía
de que disponga.
En la historia de la ópera han existido voces
que ya por naturaleza estaban impostadas o necesitaban
de retoques por un buen maestro. De aquí la
insistencia en la experiencia del maestro, para no
malograr voces con ejercicios inútiles. Ejemplos de
lo antedicho pueden ser muy bien las voces de Giuseppe
Di Stefano y Mario Del Monaco. El primero, según los
comentarios aportados por los críticos musicales,
nunca estudió canto seriamente. Nos lo confirma el
estudioso Rodolfo Celletti, en su libro “Voce di
tenore” (Milán, 1989), cuando afirma que “poseía
una disposición excepcional y un oído musical
formidable. Su personalidad vocal era inconfundible.
La voz no era potente, pero tan rica en armónicos
como para configurar un auténtico tenor de gracia de
épocas pasadas, timbre claro, excepcional esmalte,
pastosidad, calor íntimo, dicción nítida y medida.
Típica de cantantes de origen siciliano, debutó en
1946. De 1947 a 1952 cantó en el Metropolitan de
nueva York, pero ya en 1953 comenzó a notarse su
declino, agravado en 1954. Total cantó bien siete años.
Sus agudos ya eran abiertos y forzados, la media voz
fue sustituída por falsetes, su entonación ya no era
impecable. Con el tiempo no tuvo idea de lo que era la
técnica y cantaba totalmente abierto. Fue un ejemplo
que comprometió muchas voces jóvenes, como también
fue nefasto su antagonista Mario Del Monaco. Este último
disponía de un bonito color de voz, caldo, bruñido,
intenso en el centro y agudos poderosos. Sus límites
fueron la dureza de la emisión, como consecuencia de
una técnica extravagante y caprichosa, respiración
nada natural, agrandando desmesuradamente los sonidos
del centro. Si Del Monaco cantó algunos años más
que Di Stefano, mucho más breve fue el camino de sus
imitadores”.
Decían los antiguos maestros, “se canta en
el centro y se desarrolla y resuelve en los agudos”.
Todos exhortaban “no abrir las notas del “passaggio”,
abstenerse del falsete, y mantener la presión
constante de la columna de aire”. ¿Qué quiere
decir todo lo anterior? Que aunque un alumno esté
ricamente dotado por la naturaleza, debe aprender a
mostrar sus facultades con mesura, aprovechando esas
ventajas que tiene y cultivarlas de modo que no pueda
caer en prematura decrepitud.
Al que firma Mario, le pido que lea bien el artículo
anterior en lo que respecta a la respiración. El
diafragma es un músculo y hay que educarlo como a
cualquier otro músculo del cuerpo. Que cuesta mucho,
ya lo sé, por esa razón
requiere tiempo todo el estudio del canto, si
se quiere cantar. Los ejercicios de la respiración,
en la parte que corresponde a expeler el aire aspirado
anteriormente, deben realizarse tan lentamente como
para que no se apague una vela puesta delante de la
boca. Lo repito, todo en el canto debe hacerse de
forma natural, sin esfuerzo, soltar el aire de la
columna lentamente. No olvidar, que el sentido común
nos enseña que la voz se adapta mejor, a aquello que
puede hacer más fácilmente y a su satisfacción. El
maestro más hábil y con experiencia puede errar,
pero la naturaleza nunca se equivoca.
No quisiera repetirme pero ante las dudas
presentadas por algunos estudiantes, intentaré
hacerlo más fácil, aunque en realidad, la técnica
debe aprenderse basada en ejemplos, lo que aquí
resulta más que imposible.
El tenor y es el ejemplo que puse en mi
anterior artículo, tiene unas dos octavas de extensión.
Las partes bajas con la que se canta con voz natural, por decirlo de alguna manera, la
voz que Dios nos ha dado, debe tomar un color
oscurito, no claro, no abierto. A esta voz que es con la que hablamos, se le llama voz
“de pecho” porque de forma natural aprovecha las
resonancias inferiores que produce la zona torácica.
Si siguiéramos cantando de esa forma, llegaría un
momento en el que el sonido se volvería estridente,
forzado, gutural, en una palabra un grito. Esto
ocurriría porque las resonancias pectorales no pueden
seguir con el mismo volumen al entrar en las
resonancias faciales. Para evitar eso, llegando a la
zona central que podríamos definir el RE o MI y hasta
el FA diesis, según casos, se oscurecen los sonidos,
se cubren o se redondean, para pasar de esa forma
directamente a las resonancias faciales. De esta
manera se pueden conseguir agudos brillantes.
Cuando digo apoyar sobre la máscara, término
antiguo que proviene del sitio donde se colocaban las
máscaras, intento definir la zona que cubre, es decir
entre los pómulos y la frente,.
Comprendo perfectamente y creo haberlo dicho
anteriormente, que asimilar la explicación sobre líneas
escritas no sea asunto
fácil, de donde se saca la conclusión de que sea
absolutamente necesario estar apoyado en un maestro.
Difícilmente podemos oírnos nosotros, y por lo tanto
lo imposible de las correcciones.
|