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RECUERDOS DE UNA VIDA

Autor : Roberto Di Nóbile Terré

Hola viejo “tano” inmigrante:

No es que recién hoy me acuerde de vos, la culpa la tiene el tiempo. Día gris, otoñal y yo con pocas ganas de seguir mi trabajo habitual. Me vinistes a la memoria, así de repente y comenzé a moquear. A medida que me voy haciendo viejo, con más asiduidad me vienen a la memoria tantos recuerdos. Mirá lo que son las cosas, recuerdo hasta cuando tenía 8 años y fuimos a Rafaela.

Hago un mea culpa reconociendo que éramos dos polos positivos, y con esos no se hace buena corriente. Mi juventud idealista y bohemia se hubiera inclinado hacia otros rumbos, pero “donde manda capitán no manda marinero”. Fuistes un buen maestro que en su momento yo no supe aprovechar. Siempre me cayó mal el “mando y ordeno” y hoy después de tantos años, comprendo que era necesario. Eran otros tiempos. Era otra juventud. Otras aspiraciones. Y me pregunto, de que aspiraciones hablo? Reconozco haber sido un poco veleta. ¿Pero no es así la mayoría de la juventud, hasta que alguien le “aprieta las clavijas”?

“Se estudia o se trabaja”, me dijistes. De lo primero ya estaba harto y de lo segundo, joder, se hace duro......La verdad es que nunca me gustó ir con los bolsillos vacíos, así que.........a trabajar se ha dicho. Conseguí una anuencia de tu parte, estudiar piano, la música la había heredado muy fuerte. Esto duró poco, demasiado sacrificio. En ese sentido nunca pude emularte, estudiante de violín y guitarra, con una voz más que apreciable, para las reuniones familiares. Estoy seguro de que de no haber tenido dedos cortos, hubieras llegado a algo grande. Tu perseverancia la he visto sin límites. Te acostumbrastes al mate, lo que te hacía bien visto por los argentinos.

Por esa época estaban de moda los uniformes y algunos tan bonitos como los de los cadetes del Colegio Militar. Por los estudios me aceptaban, pero la vista me hechó para atrás. Bueno no me quedó otro camino que trabajar y vos que sabías lo que es eso, me hicistes comenzar por el primer paso, lo más bajo. Empaquetador de mercancías en el depósito. Lo llamastes a Lombardi y le distes la orden de que me enseñara, agregando “quiero que sea el mejor”, joder, volví a repetir.........esto suena a sacrificio.

No me vienen a la mente últimos recuerdos, pero sí los de mis primeros años. Cosa curiosa, si me preguntás porqué recién hoy te escribo esta carta, no sabría contestar. Un mucho de nostalgia, un poco de culpabilidad, porque ahora veo que tenía que haberte comprendido. Me pregunto que esperabas de mí. Las grandes obras como los grandes hombres no se repiten. Aunque hoy sabemos que los genes nos deparan algunas sorpresas.

El día que Nora me anunció tu muerte, lloré como un niño. El bocho se me llenó de recuerdos y solo pararon mis lágrimas cuando vencidas por los gratos momentos vividos en familia, sonrío por lo acaecido durante vuestra visita a Valle Dorado, donde pasábamos las vacaciones. Quisistes tener una foto con Laurita en los brazos. Cuando la revelamos recién nos dimos cuenta que mis zapatillas deportivas te las habías puesto al revés, la izquierda en la derecha y viceversa. Con esa tontería nos hemos reído una semana y cada vez que la recordábamos era motivo de hilaridad.

Fuistes un gran trabajador, un inmigrante con ideas y eso me enorgullece. Soy argentino hasta los tuétanos, pero sin olvidar mis raíces italo-españolas.

También recuerdo cuando falleció mamá, se me abrió el pavimento y a vos el mundo. El tiempo más largo que vivimos juntos y en armonía con mutuo apoyo, fue cuando te acompañé a Mar del Plata, 21 días durante los cuales nos consolábamos mutuamente. Todo el día juntos, salíamos a pasear y a la playa. Dentro de nuestro dolor lo pasé muy bien. Entonces, ¿que fue lo que ocurrió para que no tuviéramos esa corriente flúida entre nosotros.? Que difícil de entender somos los humanos. Creemos que vivir es tomar un vaso de agua y tantas cosas nos dejamos por el camino. Estaba pensando que quizás el afán de tener el negocio te haya apartado un poquito de la familia. Quizás si hubieras sido menos serio me hubiera gustado ser tu compañero. Quizás......quizás.......quizás......Son demasiados quizás. Han pasado más de 50 años y creo haber perdido mucho el tiempo, debería haberte comprendido. Reconozco no haber sido el ideal que esperabas.

Viejo tano, fuistes un campeón. De inmigrante con una mano atrás y otra adelante, te convertistes en propietario. Montastes una papelería a gran escala en Rafaela, ocho años después nos fuimos a Rosario y la convertistes en la más importante de la ciudad. Pero aún te quedaba algo por hacer, llevar la oficina de compras a Buenos Aires y lo conseguistes. Si señor....fuistes un campeón.

Ahora que están hablando tanto del árbol genético, descubro que algunas cosas las he heredado y me alegro, el amor a la familia, la perseverancia, el amor a la mujer, los dos hemos sido reincidentes y aprendí que para lograr las cosas existe el sacrificio y, la tercera edad, para hacer lo que a uno le dé la gana.

Nos habían invitado a un ágape en la Cámara de Comercio, en celebración de un nuevo aniversario. En una mesa nos pusimos juntos, vos, Alberto y yo. Tu hermano ya sabés que era de temperamente algo nervioso y comilón. Después de media hora y cuando uno comienza a mirar las caras conocidas, no nos habíamos percatado que Alberto aún seguía picotendo, pero además, como si tuviera que hacer un viaje al desierto. Uno de los señores que estaba enfrente dió la vuelta a la gran mesa y plantándose delante de él, le dió la mano y con una palmadita en la espalda, le dijo, “lo felicito, no había visto en mi vida comer a una persona tanto y en tan poco tiempo”. Alberto aún con la boca llena, no supo que decir, su cara y sus vivos ojos miraban de izquierda a derecha, mientras que el de la felicitación desaparecía como por encanto. Te acordás Viejo como nos reimos, hasta Alberto cuando reaccionó y

levantando los hombros se unió a nuestras risas.

Cuando voy a Rosario, jamás dejo de visitar el cementerio donde estás con la Vieja , y a los pocos minutos veo como se me ha pasado el tiempo sin disfrutar de tu compañía. Lo lamento Viejo.

Pasando los años me convertí en un buen comercial. Los principios fueron duros. Mi primer maestro fue mi cuñado Aldo Zangrando, jefe administrativo en la empresa, pero con más cara que espalda, echado para adelante como pocos, por lo que se casó con la hija del Jefe, mi hermana Nora. Tenía especiales maneras para entrarle a la gente de los pueblos, por lo que vos confiastes mucho en él. Su seguridad en el trabajo, sus decisiones lógicas, fueron los baluartes en los que te basastes. Su audacia para con las mujeres, su buen hablar le conquistaron fama de mujeriego. Con el tiempo, demasiada audacia y demasiado buen hablar, se lo llevaron a la tumba.

Estoy seguro Viejo que de todo esto te acordás muy bien. Creo que es Ley de vida. Quizás no nos acordamos de lo que hemos comido ayer, pero nuestro ordenador humano nos trae como recuerdo, queramos o no, todo aquello guardado en los diferentes archivos.

Cuantas veces me pongo a pensar, porqué Dios no nos da una segunda oportunidad?? Quizás todo en este mundo sería mejor, y los hijos comprenderíamos a nuestros padres. Que gran misterio es la vida. Cuanto tiempo perdido, que gran maestro fuistes sin que tu hijo supiera aprovecharte.

Aunque tarde, estoy intentando recordar tus consejos, una manita ayudándome desde arriba no me vendría mal. Nunca es tarde si la dicha es buena.