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RECUERDOS DE UNA VIDA

Autor : Roberto Di Nóbile Terré

Rosario en el mundo teatral

Los tiempos han cambiado y bastante. De tener una ciudad como la nuestra eminentemente con mayoría inmigrante italo-española y por consiguiente amante de la ópera, hemos pasado a esta otra ciudad donde la cultura del espectáculo se mira con otra óptica. Me encontraba con un grupo de simpatizantes del “bel canto” disfrutando de un caliente café en el bar que lleva el mítico nombre de Olimpo.

La pregunta que originó la amistosa charla fue la más elemental: ¿Cómo va tu investigación? Tuvo mi respuesta más correcta: “Bien, más o menos lo previsto....”

Los presentes no eran ignorantes del tema que llevo tratando tantos años, pero dominaban la reunión aquellos que prefieren pasarse el día oyendo discos, haciendo la mar de comparaciones sobre las voces, las interpretaciones y si tal o cual cantante lo hacía medio tono más abajo o más arriba que su oponente en la cuerda.

Por darle amenidad a la reunión desarrollé aunque de forma por demás sintética, el punto en el que me encontraba. Uno de ellos insinuó: “Muy poco habrá que decir del teatro en Rosario, yo creo que más o menos está todo dicho....”

Eso ya me obligó a entrar en el tema del que aparentemente los presentes poco conocían, pero mi asombro subió varios grados cuando alguien preguntó: “¿Es cierto que tuvimos un teatro de madera?”.... El teatro Nacional inaugurado el 25 de Mayo de 1854, fue el primero y efectivamente en parte de madera. De aspecto pobre e incompleto y con las prisas de toda inauguración, se anunció por medio del periódico, llevaran los asistentes las sillas antes de la oración. En él se dieron conciertos operísticos, teatro de prosa y alguna que otra celebración. Tuvo una duración de aproximadamente año y medio, hasta que el éxito de los espectáculos reunió un grupo de valientes accionistas quienes construyeron el segundo, llamado De La Esperanza , el que cuando estaba por cumplir once años de existencia desapareció debido a un incendio.

A este punto mis compañeros de mesa se dispararon con infinidad de preguntas, demostrándome que la historia de los teatros en Rosario era desconocida para la mayoría. Esto me obligó a entrar en algunas consideraciones que fueron motivo de sorpresa. El grupo desconocía que Rosario había sido la ciudad del interior de la República que más teatros construyó en no mucho tiempo, porque al De La Esperanza le siguió El Litoral, al que después de un serio mejoramiento se le llamó La Opera. Posteriormente y ya con características de gran teatro apareció el Olimpo. Ya tenemos en Rosario dos teatros representando simultaneamente espectáculos operísticos.

Viene luego el Apolo que sirvió para los espectáculos de la Sociedad Lago di Como, y el Doria. Luego el Variedades, convertido en la actualidad en estacionamiento del hotel La Paz. A continuación la Sociedad Cervantes construye el teatro que lleva su nombre, y es en esta época que se construye el denominado “Cuna del género chico español”, La Comedia. El Nuevo Politeama es un galpón llamado malamente teatro, aunque no obstante se representaron inclusive óperas, además de corridas de toros y en muchas ocasiones sirvió como local para circos. Y aquí es cuando aparecen los dos colosos que se disputaron encarnizadamente el predominio del mundo de la ópera, La Opera y el Colón, a los que siguieron en el tiempo el Centro Rivadavia con sus varias salas, Mateo Booz, Lavarden y el Saulo Benavente.

El interés por la charla subió de tono, cuando informé que Rosario no tenía nada que envidiar a ninguna ciudad del mundo en cuanto a representaciones operísticas, ya que por nuestros teatros pasaron todos los “monstruos sagrados” conocidos, ya sean de primera, como de segunda y tercera categoría.

Llegamos así a los primeros años del siglo pasado en el cual nuestra ciudad vuelve a ser incluída entre las más operistas del mundo. Ninguna ciudad ha tenido el record que ostenta Rosario, el de haber inaugurado dos hermosos teatros de ópera a la altura de los mejores, solamente en el plazo de veinte días, La Opera , hoy llamado El Círculo y el Colón. Solamente el egoismo del capital privado y la falta de inteligencia, poca visión de futuro, no pensar en la cultura y nada de amor por nuestra ciudad, por parte de la clase política dirigente, se pusieron de acuerdo para derribar una joya arquitectónica tan solo con cincuenta años de vida.

El servicio cultural que hubiera prestado a la ciudadanía fue borrado de un plumazo con criterio inexplicable. En principio le fue ofrecido a la Municipalidad y por falta de solidez económica no fue aceptado, prolongando ésta su respuesta durante varios años. Podría haber sido motivo de capricho por parte de la propiedad, o quizás haya buscado rentabilizar al máximo, lo que la administración del teatro no le daba.

La imaginación de la gente, calenturienta y lanzada, con motivos más que infundados crearon alrededor de este asunto una nebulosa aun no investigada. Hubo para todos los gustos, desde aquello de que la propiedad lo ofreció a un sindicato, hasta la venta a determinado industrial, ambas cosas no probadas, para que finalmente fuera derribado con total ausencia de protestas por parte de la ciudadanía, protestas realizadas solamente hasta el año 1952. ¿Que pasó para que durante los últimos seis años antes del derribo, no existan pruebas de los intentos de venta por parte de la propiedad? ¿Por qué se dejó tantos años se convirtiera en estercolero y cueva de ratas? ¿Qué misteriosa mano participó para que el pueblo no se enterara, encontrándose un día con el derribo finalizado?

Solo resta agregar que posteriormente existió un cambio fundamental de ideas, ya que con el correr de los años se trató de enmendar tan nefasta acción contra la Ciudad , convirtiendo un cine en teatro, con total apoyo a la cultura y grandes colaboraciones para los necesitados.