Orlando Luciani, “Gran Señor de la operística”.
Vivió para cantar, no cantó para vivir.
Días atrás se celebró en el Teatro El Círculo un concierto homenaje a los 49º años de la existencia de ARDAL (Asociación Rosarina de Artistas Líricos). Me decepcionó no se hubiera hecho mención de aquel que con su genial idea pusiera la primera piedra, para la creación de la institución que durante todo este tiempo permitió a los rosarinos disfrutar de la lírica a través del conglomerado de cantantes locales.
Solamente los privilegiados tienen ideas como la del tenor rosarino Orlando Luciani, al dar vida a su deseo de agrupar a todos los cantantes, convirtiéndose en el “alma mater” de la creación de ARDAL. Poseedor de una voz fuera de lo común, tuvo su momento impulsado por el ferviente deseo de cantar. Ya lo intentaron otros anteriormente como el Mtro. Cesare Metelli quien al frente de su Cultural Lirica aglutinó todas las voces rosarinas que durante varios años deleitaron a los amantes de la ópera. Pero a mi juicio cometió el error de personalizar demasiado la institución. Esa es la diferencia con respecto a ARDAL, que desde el principio fue considerada una asociación y hoy después de 49 años aún nos deleitan las voces actuales, con las muy variadas y hermosas páginas del “bel canto”.
Orlando Luciani llevaba entre ceja y ceja pensando hace mucho tiempo que lo de la Cultural Lírica debía repetirse y mejorarse. En un principio habló con el señor M. Aliana fundador de la Asociación Wagneriana de Buenos Aires, el que se prestó para colaborar ofreciendo todos sus conocimientos. El segundo paso fue el de contactar con el barítono Ricardo Sasso a quien entusiasmó la idea hasta el punto de interesar a su señora madre Rosa B. de Sasso la que al dirigir su conservatorio musical y con el conocimiento que tenía de la Ciudad atrajo elementos de su confianza.
Ya estaban sentadas las bases para que Rosario tuviese otra vez voces óperísticas locales. El entusiasmo fue contagioso, a tal punto que la ya famosa profesora Pía Malagoli, quien a la sazón dirigía su inapreciable coro, apoyó la idea integrándose en la Asociación carente hasta ese momento de tan fundamental elemento. De ese coro salieron muchas voces que con el tiempo realizaron partes de solistas.
Durante los ensayos diarios se observaban ya los progresos que basados en el entusiasmo general y ambicioso, permitían preparar las óperas que compondrían en poco tiempo el repertorio de la Asociación.
La voz de Orlando Luciani, brillante registro de tenor, facilidad en los agudos y homogeneidad en el resto, facilidad para el aprendizaje de los personajes, alto, con buena estampa en el escenario, agregó con su simpatía, compañerismo y humildad, la personalidad que hacía falta para el desempeño de tan brillante idea. Su amor a la Ciudad y algunos impedimentos de índole personal, fueron la causa de que no aceptara la propuesta de trasladarse a Italia en plan de perfeccionamiento, lo que le hubiera permitido desarrollar sus aspiraciones “belcantísticas” con futuro de estrella.
“Gran Señor de la operística” lo definió el periodista Oscar Adolfo Parody y a fuer de ser sinceros su señorío impuso lo que en un principio fuera una idea casi loca. Todo un señor dentro y fuera de la escena, su modestia, su falta de ostentación y vanidad, permitieron a las nuevas legiones de jóvenes cantantes que tuvieran su oportunidad en la escena rosarina. Las óperas que representara dan la pauta de la importancia de su buen hacer. Solo con una buena escuela pudo representar durante varias décadas en Rosario y el interior del país las óperas “Rigoletto”, “Traviata”, “Cavalleria Rusticana”, “Madame Butterfly”, “Trovatore”, y otras que repetidas hasta el cansancio junto a centenares de conciertos, demostraron la vocación innata de quien vivió para cantar, y no cantó para vivir.
Su escuela fue la del maestro Clemente Sismondo prosiguiendo sus estudios al desaparecer éste, con el Doctor-profesor Julio Somaschini.
Al cumplirse el 49º aniversario de esta gesta creadora, creo un deber resaltar aquella loca idea que después de tanto tiempo aún perdura, despertando en los jóvenes el deseo de manifestarse dando rienda suelta a sus espíritus, en una época en que mantenerse dentro de estos lineamientos es de verdadero sacrificio.
Es obligación de los que quedamos, dar a conocer los nombres de aquellos 21 visionarios que quitando horas al descanso y la vida familiar, se reunían con el único objetivo de completar una idea en bien de la comunidad, brindando en el tiempo la oportunidad a las actuales y futuras generaciones, que amen y deseen desarrollar su espíritu dentro de la más bonita y completa de las artes: Carmelo Tannorella, Lita S. de De La Haye , Alejandro Corea, Héctor Gioda, Orlando Luciani, Ricardo Sasso, Víctor C.Muñiz, Ivo Gattone, Adriano Novelli, Vicente Giordano, Orfilia de las Navas, Alberto G. Di Nóbile, Roberto Di Nóbile Terré, Lesli De La Haye , Alfredo Raffa, Emilio Colella, M. Aliana, Miguel Ciccorello, María E. Simona, Ernesto Luchita y Armando Milito. Los antes citados son los que figuran en el Acta fundacional con sus respectivas firmas. De los 21 fundadores, nueve eran cantantes.