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RECUERDOS DE UNA VIDA

Autor : Roberto Di Nóbile Terré

Doña María Antonia Laura Astengo, casada con el señor Santiago Cándido Barrutia

 

Toda una Señora. Gentil, agradable en sus maneras, simpática en sus exposiciones, memoria aceptable, lujo de detalles en sus explicaciones, y una forma de decir las cosas amena y entretenida. Sus 97 años dan envidia, de la buena naturalmente.

Mi llamada telefónica fue atendida por la señora que le hace compañía. Solamente segundos tardó en ponerse al teléfono. Aceptó de inmediato la entrevista solicitada. No antes de las 17 horas, ya que descansa todos los días. No esperaba encontrarme delante de una persona, que aunque apoyada levemente en un bastón, tuviera tal libertad de movimientos. Solo bastaba una pregunta para que con su carita de bondad, comenzara una exposición, en muchos casos rodeada de recuerdos que fluían libremente sin necesidad de rebusques.

Fuimos introducidos en una habitación llena de muebles, cubiertos de cuadros y fotografías familiares, que nos acercó en varias ocasiones sin la necesidad del bastón. Rangos familiares de todo tipo a los que agregaba distintos matices en sus explicaciones para cada caso.

Me fue difícil comenzar la entrevista por los asuntos que más me interesaban. Los deseos de Doña María Antonia eran en una pausada exposición pero sin interrupción, relatar todo aquello que rondaba por su cabeza, recuerdos que uno detrás de otro demostraban su deseo de hablar, cosa que no creo hiciera muy a menudo. Fue así como salieron a relucir recuerdos muy mezclados, familiares, de su participación en el Hogar Astengo en Alvear, sobre el Odeón y luego el Colón.

Fueron necesarias dos sesiones con el objeto de evitar su cansancio y permitirle de esta manera hacer trabajar su cerebro, cansado pero despierto, trayendo a su memoria recuerdos queridos y otros quizás no tanto, al observar en su rostro expresiones poco complacientes.

Con voz dulce y ojitos pícaros, solicitó comenzara yo con preguntas, dándole así la oportunidad y el tiempo necesario para traer a su mente los recuerdos acumulados por sus 97 años.

Me pareció lo más oportuno hablara de su familia. Comenzó elencando uno por uno todos los miembros y el principio de la misma con su abuelo.

Enrique Juan Astengo, el abuelo inmigrante de origen genovés se casó con Rosa Manuela Nocetti, argentina, con la que tuvo dos hijos, Enrique Juan IIº y Ricardo. Se divorcia de su mujer y Enrique Juan IIº queda con su padre y Ricardo con su madre. Enrique Juan el abuelo, se trasladó a Mendoza donde ejercía de ebanista y posteriormente buscando otros horizontes, se trasladan padre e hijo a Rosario

Enrique Juan IIº, luego de sus estudios comenzó como Rematador. Como se encontraba dentro del negocio tuvo oportunidad de conocer casas y campos que fue adquiriendo poco a poco con sus ganancias. Se casó posteriormente con la señora Antonia Saint Marie con la que tuvieron siete hijos, Enrique Juan IIIº, Fernando, Héctor Ignacio y Juan Carlos y luego las mujeres, Celia, Laura y María Antonia.

Una llamada telefónica inoportuna sirvió para demostrar hasta que punto le interesaba la entrevista, “que deje el número, le llamaré cuando termine”, le dijo a la señora de compañía..

Llegados a este punto toqué el tema del origen de la fortuna, explayándose de esta manera. En esa época los barcos que unían Europa con Argentina venían cargados con adoquines de granito, supuestamente cortados por los presos, los que servían de lastre a la embarcación. Es la época en que en Rosario se comienza con el adoquinado de las calles. Enrique Juan IIº que había comenzado como rematador y había adquirido algunos inmuebles, se convierte en contratista de obras. Era la época en que se comenzó a adoquinar las calles de la Ciudad. Comenzó trabajando los adoquines de madera, para algunos años después continuar con la inteligente idea de aprovechar el lastre de los barcos. En el terreno que fuera del T. Politeama, edificó el teatro Odeón, semejante al T. María Guerrero de Buenos Aires y casas de renta. Construyó la Colonia Hogar para niños desvalidos en Alvear, institución de la que dispongo numerosas fotografías.

Enrique Juan IIIº estudió abogacía, de carácter generoso, su padre consiguió fuera nombrado Juez Federal.. Héctor Ignacio al igual que su hermano estudió también, siendo encargado por su padre del cuidado de los campos. De carácter fuertísimo, heredó junto a sus hermanos el T. Odeón y el Colón comprados por su Padre Enrique Juan IIº.

Enrique Juan IIIº, soltero, Fernando César, casado con María Eugenia Tietjen, tuvo como hijos a Maria Eugenia, María Antonia, casada con el Sr. Lavarello y Enrique. Héctor Ignacio, Juan Carlos y Celia, solteros, y Laura Susana María, casada con el Sr. Emilio Luis Lamas, del que se divorció, tuvo a Laura María como hija.

Naturalmente también yo pasé a contestar sus preguntas, ya que se sintió intrigada por mi trabajo. Esbocé una sonrisa cuando agregó, “espero me haga conocer cuando salga el libro”. - Esto se sabe cuando comienza, dificilmente cuando se termina, agregué.

Nueva interrupción, aunque matizada con comentarios, como siempre basados en recuerdos, cuando hizo sonar una pequeña campanilla llamando la atención de la señora que la acompaña. Traía una bandeja con copitas de vino dulce y algunas pastas, que fueron servidas al instante.

El ambiente creado por la anfitriona era sumamente agradable, sus 97 años demostraban a cada momento, una participación social no olvidada aún.

En la segunda entrevista, tenía preparada una doble página de apuntes, tal cual se lo había solicitado en la primera. Dos páginas de su puño y letra que obran en mi poder, que trasladaré textualmente alternando con algunos comentarios realizados sobre la marcha. Comenzó diciendo que fue un 3 de Diciembre de 1939 cuando asistió con su madre y sus hermanos a la inauguración de la Colonia Hogar Enrique Astengo, donada por sus padres. -“Ese Hogar fue modelo de funcionamiento cumpliendo con los fines para los cuales fue destinado. Esto ocurrió más o menos hasta el año 1977, para luego tener un período de sombras, años malos”. El documento manuscrito dice:

“Diciembre 1979. Se cierra la Colonia E. Astengo por orden del Gobierno de la Provincia a cargo de una intervención militar. Los chicos que había a cargo de un matrimonio, son derivados al Centro Integral de la Minoridad , ubicado en Arijón 658 de Rosario.

Año 1980. El pabellón Antonia Saint Marie Astengo se halla en ruinas.

Año 1987. Se reabre la Colonia en el pabellón central, según el proyecto de los Boyst Scout católicos. No resulta. Se cuenta con dos direcciones más que manejan la Colonia como un Hogar de varones con internación.

Año 1997. Asume la dirección, la Jefa de Trabajo Social, María del Carmen Salas quien al relacionarse con la Sra. María Antonia Astengo de Barrutia y con aportes económicos financieros remodelan el pabellón Amtonia Saint Marie convirtiéndolo en dos hogares independientes para 10 asistidos cada uno a cargo de un matrimonio quien realiza la asistencia integral. Apertura del 3er. Hogar en los altos del pabellón central. En este pabellón funciona un Centro de Acción Familiar con 25 niños promedio de aistencia de 7 a 14 horas, donde reciben atención médica, recreación, alimentación y actividades escolares.

Marzo 2002. Se hace cargo de la dirección de la Colonia el psicólogo y Trabajador Social Marcelo O. Longo, el que en su presentación dice, “he conocido esta institución en la década de los 80, cuando se encontraba abandonada y despoblada. Casi no puedo creer todo lo que se ha hecho en este último tiempo.....”

Sus ojos sonríen cuando habla de la obra de su padre. Me preguntó si conocíamos la Colonia Hogar y ante mi respuesta negativa, buscó en una libreta la dirección y teléfono del señor Longo con el que me puse en contacto. Fue el siguiente Lunes cuando con el coche de este señor nos desplazamos hasta Alvear y tuvimos ocasión de adentrarnos en el gran trabajo que hacen con los niños. Visitamos absolutamente todo. Saqué cantidad de fotografías y llegados a la hora del almuerzo fuimos invitados a comer en el comedor que utilizan los niños. La organización es de una sencillez total. El respeto de los niños hacia sus tutores es el de una familia. Ellos mismos producen algunos alimentos en una huerta de la que disponen. Luego del almuerzo volvimos a Rosario, pensando yo en la gran obra que realizan estas personas, comenzando por los que aportan la parte económica, pasando por los instructores, y llegando hasta los matrimomios que los atienden con paciencia y amor de familia.