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RECUERDOS DE UNA VIDA

Autor : Roberto Di Nóbile Terré

Las tribulaciones de Carlos.

Traviata es la ópera con la que dará comienzo la historia de ARDAL, el grupo de aficionados de la Asociación Rosarina de Artistas Líricos. Mucho entusiasmo, mucho más buena voluntad, en cambio poca música por parte de algunos que han creído tener una grabadora en el oído.

El primero en llegar al Club Italiano, lugar del ensayo, fue el pequeño Antonio, que desde dos años a esta parte pertenece al coro que dirige la señorita Pía Malagoli. Tiene una voz de tenor ligero, buen timbre natural, pero carencia total de música, por lo que debido a su estatura y a sus conocimientos musicales, está en primera fila del coro, eso le ayuda a ver la mano de Pía.

Su paseillo de torero con las manos entrecruzadas por detrás, le dan el aire que posiblemente él busca, tiene un cierto desparpajo, posible búsqueda de protagonismo mientras machaca con sus pasos desde un ángulo hasta el otro del salón. Pocos minutos más y van llegando otros del coro. Saludos y abrazos por parte del pequeño quien con su aire desenvuelto, intenta decir aquí estoy yo. Detrás la señorita Pía con su carácter bonachón y cara de no haber matado nunca una mosca. Pero....¡ ay de los muchachos y chicas!, porque cuando se le despierta el genio, sí que se oyen volar las moscas. Son los primeros en organizarse y comienzan con el primer acto. Al piano Pía, José Ansaldi que es el más veterano, bajo por excelencia, quien como todos aprendió a cantar porque le gustaba, está desde el primer día con su maestra, y aún antes en otros coros. No usan bandera, pero José es su emblema. Canta lo que le echen y es el que siempre está dispuesto. Su Sparafucile, no tiene parangón. Pía se apoya mucho en él, porque aunque bonachón y siempre dispuesto a contar chistes, es respetado por todos.

Aparece el resto de la tropa. Por delante Germont hijo, muy musical y estudioso, alto, bien plantado, buena estampa, Orlando Luciani, el que pudo haber hecho una gran carrera, si hubiera aceptado la invitación a estudiar en Italia, pero su casamiento, los hijos y el no apartarse de sus padres, fueron un impedimento. Germont padre, el que ya actuara en otra asociación anterior, voz sin estudio, oscura, fuerte, pero sin una línea contínua, un caso ya repetido de cantante aficionado, que se cree indispensable y mejor que otros.......Estas fueron en muchas ocasiones las líneas maestras con muchos de ellos, y la verdad es que no se hacían espectáculos en cantidad como para poder cumplir con todos. Ese fue siempre el problema de la Comisión Directiva y de Carlos, quien siendo el maestro director, también era el asesor artístico. Con ellos venía Monterone, Alberto G. Di Nóbile, otro que también hizo otros papeles, pero fue el.... Monterone. Ëste, de mediana edad, aún conservaba la ilusión, padre de varios hijos, no aspiraba a otra cosa que poderse demostrar a si mismo y a sus allegados, que podía cantar. Referente a la escuela, fue un autodidacta.

Las chicas siempre se hacen esperar. Llegaron con el tiempo justo pero, como el ensayo no había comenzado, no hubo miradas acusatorias ni comentarios al respecto. La soprano, en su papel de Violetta, está muy bien, buen color de voz, volúmen y bastante buena representación escénica. Flora , una mezzo de voz natural, si ha hecho algún estudio de canto no se le nota mucho, no tiene una continuidad y en los agudos aprieta. Annina es una chica del coro, bueno, creo que es abuela, pero la voz y la escena le van. El resto de los personajes se lo reparten entre los muchachos del coro. Entre los pocos que suelen asistir a los ensayos, apareció el Secretario de la Asociación , Víctor Muñiz quien no obstante su figura regordeta y un poco jorobado, siempre afirmó ser profesor de danza. Era muy atento con los jóvenes.

Llegó el gran jefe, Carlos Malloyer, maestro director excepcional y triunfador de la selección de tres, que nunca imaginé pudiera aterrizar en ese grupo. Fue integrante del elenco del Teatro Colón de Buenos Aires.Durante varios años fue el “alma mater”; un poco tímido, más bueno que el pan, pero había que saberse la parte y entrar siempre a tiempo. Conocía perfectamente donde estaba, su amor por la ópera lo hacía viajar por semana en tren desde Buenos Aires a Rosario. Comenzó la prueba, sólo dos minutos y primera observación, - El coro no puede entrar más a tiempo ? -y con la mano en alto lo marcaba sobre el piano, - Bien, repitamos........-

Un, dos, tres, levanta la mano y solo la mitad del coro entró a tiempo. El maestro se muerde el labio inferior, y mirando fijamente a todos durante unos segundos, sin decir palabra , levanta la mano, -Da capo.........Estas palabras tenían otro color, la distracción de los muchachos no fue aceptada con buena cara

Después de bregar algo más de una hora con el coro, dijo Carlos, –Vamos con Alfredo y Violetta ....... Siempre al piano el maestro, y después de unos compases, parece no estar de acuerdo, hay algo que no va, y no es el tiempo, porque la parte se la saben. Corta en seco y le dice a Alfredo, -Así enamoró Ud. a su mujer......ponga calor, la está enamorando, no se quede parado, no piense en colocar la voz, ahora tiene que actuar........Dos acordes y vuelta a empezar. El calor del enamoramiento no se ve por ningún lado. Carlos cabecea de izquierda a derecha, hace un gesto, pero continúa. El resto de la compañía, más los mirones, más los que no actúan y algunos miembros de la Comisión Directiva , presencian las repeticiones una y otra vez. Y así hasta el final. Luego de dos largas horas entre repeticiones, deja el piano, lo cierra, y solamente dijo, – Mañana en el teatro con orquesta. Era evidente que su cara no reflejaba conformismo.

Desparramo general, entre unos y otros éramos unos cincuenta cuando el reloj marcaba las 24, algunos a su casa, y los demás repartidos entre las tres cafeterías cercanas. En la mesa que estábamos con Carlos, cuatro de los cantantes y el Secretario, aguanté las conversaciones sin abrir el pico. Los comentarios de Carlos fueron muy serios, los de los cantantes intentando paliar la situación, insistían en sacarle una opinión, Carlos contestó, -Para eso están los estudios y los ensayos...... Al oirlos vienen a mi mente tantos y tantos recuerdos sobre la vida de los líricos, a través de los críticos y tantas biografías leídas. Unos se sobrevaloran, y creen estar siempre bien, naturalmente insatisfechos por no haber sido elegidos para la “prima”, otros con una más que visible falsa modestia, intentan justificar la no elección, y otros más audaces, pero siempre en sordina manifiestan “los que dirigen la Asociación no saben nada”. La verdad es que tenemos que reconocer el esfuerzo, la voluntad y la dedicación de muchos por levantar la lírica en Rosario.

El año 1925 fue el último en que Walter Mocchi el gran empresario italiano, marido de la soprano Emma Carelli, trajo una compañía lírica italiana con artistas de valía. Desde ese momento proliferaron las compañías secundarias, a excepción de un par de años en que se trajo el teatro Colón de Bs. As. al completo. El esfuerzo del maestro Metelli con su Cultural Lírica, completamente local, y otros esfuerzos aislados hasta el momento de la fundación de esta Asociación, son los que permitieron montar espectáculos con este conjunto. Tuvimos grandes artistas locales de fama internacional, fue en la época dorada de la Lírica , Rosa Negri, la primera, Amanda Campodónico, Adelaide Saraceni, Felipe Romito, Marcelo Urizar, Fidel Aiello, Blanca Rosa Baigorri, Antonio Carrión, aunque nacido en España, Apollo Granforte y Gian Piero Mastromei, aunque nacidos en Italia, todos rosarinos. Sin olvidarnos de Alejandro Corea al que muchos auguraron una carrera internacional. ¿Pero que es lo que lo detuvo? Hay aún algunos comentarios no confirmados, de que cuando Luisa Tretazzini vivía en Rosario, antes de ir a estudiar a Italia, fue alumna del célebre maestro José María Escalante, chileno radicado en la ciudad. O sea que tuvimos una pléyade de cantantes de ópera. Hoy sólo hay un grupo de cantantes locales que aspiran a poder representar alguna ópera. Demasiados años han pasado en blanco. ¿Es que en este período fallaron los maestros? ¿Falta de competencia? Voces hay muchas y algunas buenas, no creo haya faltado ilusión, lo demuestran las varias asociaciones fundadas, más bien creo falta de coraje en asumir un riesgo. ¿Conformismo general? La vida ha cambiado mucho, ya no es la del sacrificio por un ideal, tampoco hemos visto apoyo oficial, es una verdadera pena porque se trata de una ciudad de un millón de habitantes.

El primero en llegar a la prueba general con orquesta, fue el maestro Carlos Malloyer. Aún sin que estuvieran todos se le vió aconsejando a un grupo de ellos. Se estaba curando en salud. Preguntó por el coro, la señorita Pía ya había llegado y los estaba organizando en el escenario. Unas pocas batidas de manos pedían atención. Se repiten los ya típicos golpeteos de la batuta en el atril. -Comencemos con el coro, estén pendientes de mi mano, que se preparen Violetta y Alfredo – dijo el Maestro. De lejos se oye una voz que dice, - Violetta no llegó aún- El maestro cabeceó con manifiesta disconformidad., pero no agregó nada más. Con la orquesta también tuvo sus más y sus menos, faltaban violines. Fueron abundantes las repeticiones. Pero en fin, todo llegó a buen puerto. A las 24,30 todo el mundo a casa. Hubo comentarios satisfactorios, naturalmente entre los cantantes y repetidos augurios para el día de mañana. La cara de Carlos no era de parabienes.

El día de la representación el teatro estaba lleno. Es indudable que los habitués a la ópera querían ver con lo que contábamos y los otros, la nueva generación, ver de que se trataba. Mucho tiempo había pasado sin una temporada de ópera. Los nervios se apreciaban por todas partes, los camarines un loquero, había que dar el golpe si se quería seguir adelante. Por esa razón la carga eléctrica era general, faltaba solo el ruído de los truenos.

Según he oído decir siempre, y la experiencia me lo canta, los nervios desaparecen apenas se pisa el escenario, y en esta ocasión no fue de diverso efecto. Si miramos con la óptica del crítico, debemos reconocer que el espectáculo fue decoroso, ordenado, musicalmente aceptable, para un grupo de cantantes locales que a todas luces han demostrado voluntad, pero no basta eso, porque es manifiesta la diferencia vocal entre unos y otros.

No faltó la nota cómica, el fallo que suele ocurrir en todo estreno. El Mtro. Carlos Malloyer revisó una y otra vez su maletín pero no la encontraba, llama a Muñiz el Secretario y observo desde lejos, que éste abre los brazos y levanta los hombros al tiempo que pone cara de paisaje, correrías entre bastidores preguntando a algunos miembros de la Comisión y a algunos ayudantes improvisados, posiblemente contagiados del nerviosismo del estreno. ¿Qué era lo que había pasado? Sencillamente que el encargado de llevar el maletín del Maestro, por razones desconocidas o....... quizás no tanto, olvidó meter dentro la batuta..

Siguen las correrías, alguien sale pitando para el local de la Asociación y vuelve con las manos vacías. Malloyer no puede dirigir si no la tiene en la mano. Hay que improvisar. Vamos hasta la papelería de mi Viejo y traemos lo más parecido, un pincel fino y largo de óleo, que Carlos empuñó hasta el final. Suelen decir los antigüos que no hay estreno sin su correspondiente anécdota.