Concluído ya el análisis del ocultismo becqueriano toca ahora hablar de la "mujer-musa" en los dos poetas sevillanos (Bécquer Machado) que, tras pasar por Madrid, recalaron en Soria. Coincide, por otra parte, que la Fundación "Antonio Machado" ha organizado un congreso sobre "La mujer en la literatura", que se celebrará en esta ciudad entre el 2 y el 5 de agosto, y donde, desde otros enfoques, se hablará también de este tema que hoy nos ocupa.
Bécquer se casa con Casta Esteban Navarro el 19 de mayo de 1861. Ella era natural de Torrubia del Campo, donde había nacido el 16 de septiembre de 1841, y llevaba 10 años viviendo en Madrid cuando tiene lugar la boda. Al parecer cohabitaron un tiempo juntos. Ella trabajaba como criada y no parece que fuera una mujer culta. Tendrán dos hijos (el tercero es fruto del adulterio de Casta con "El Rubio" en Noviercas). Se separan en el verano de 1868 y se volveran a reunir en septiembre de 1870. Bécquer moriría el 22 de diciembre de 1870, a los 34 años. Ella tenía entonces 28 años. Pero no fue Casta Esteban la musa de Bécquer. Lo sería, antes de casarse, la madrileña Julia Pérez Colbrand (Julia Espín), que no le haría ni caso. Su hermana Josefina también fue musa becqueriana, como lo sería -antes y después de casarse con Casta- una dama vallisoletana, Elisa Guillén, según Gerardo Diego, aunque autores hay que niegan su existencia real. Y por cierto que Gerardo Diego también tuvo, durante un corto tiempo, una musa soriana.
Leonor y Guiomar
Antonio Machado tiene 33 años cuando se casa con Leonor Izquierdo Cuevas, de 14 años, en la iglesia de Santa María la Mayor" de Soria el 30 de julio de 1909. Se habían conocido en el cuarto trimestre de 1907 en casa de los tíos de ella, donde se hospedaba Machado. Dada su juventud y estatus social, no es previsible que Leonor fuera una joven culta. Leonor había nacido en el castillo de Almenar hace cien años, el 12 de junio de 1894. Su padre era guardia civil. En enero de 1911 parten hacia París, donde enfermará de tuberculosis. Regresan en septiembre y el 1 de agosto
de 1912 ella expira en Soria. Machado escribirá una carta a Juan Ramón Jiménez donde le confiesa lo siguiente: "Cuando perdí a mi mujer pensé pegarme un tiro. El éxito de mi libro ("Campos de Castilla") me salvó...".
Sólo tras su muerte, estando ya en Baeza, Leonor aparecerá palpablemente como musa en su poesía, tal y como ha reflejado Marcos Molinero en "Antonio Machado y Soria". En 1928 Machado conoce en Segovia a la poetisa Pilar de Valderrama, la "Guiomar" de sus poemas. Ella estaba casada y fue una relación romántico-platónica. Se estuvieron viendo y carteando (varios centenares de cartas) hasta 1935. "Guiomar" tenía 22 años menos que Machado (Leonor 19 años menos). Leonor deja de ser la musa de Machado al aparecer en escena Pilar de Valderrama, el gran amor de un Machado en edad madura, a la que escribirá la siguiente confesión: "...a tí y a nadie más que a tí, en todos los sentidos -¡todos!- del amor puedo yo querer. El secreto es sencillamente que yo no he tenido más amor que este. Mis otros amores solo han sido sueños, a través de los cuales vislumbraba yo la mujer real, la diosa".
En 1938 recordará a Leonor en dos sonetos "La Primavera" y "El poeta recuerda las tierras de Soria", 26 años después de su muerte, donde reaparece como su "niña". Y ese mismo año confesará a "La Voz de España": "Por si ello fuera poco guardo de mi breve matrimonio con una mujer a la que adoré con pasión y que la muerte me arrebató al poco tiempo".
El Ánima
Vayamos ahora al "quid" de la cuestión. De la misma forma que biológicamente heredamos una serie de "pautas de conducta", heredamos una estructura arquetípica psíquica. Uno de los arquetipos del inconsciente colectivo connaturales es el del Ánima para la psique masculina y el del Ánimus para la femenina.
La psicóloga junquiana más importante, Marie Louise von Franz, define brevemente el Ánima como "una personificación de todas las tendencias psicológicas femeninas en la psique del hombre, tales como vagos sentimientos y estados de humor, sospechas proféticas, captación de lo irracional, capacidad para el amor personal, sensibilidad para la naturaleza y -por último, pero no en último lugar- su relación con lo inconsciente".
El Ánima, como sucede con cualquier contenido del inconsciente personal y colectivo, tiende a proyectarse inconscientemente fuera de la psique ( el Ánima se proyecta primeramente en la madre). El enamoramiento estaría provocado -desde esta perspectiva psicológica- por la fascinación que ejerce la proyección del Ánima y Ánimus en la pareja. Se idealiza a la otra persona, quien por las características físicas y psíquicas propias que tenga, sirve como "cebo" de nuestro Ánima o Ánimus. La tarea psicológica que hay que llevar a cabo para la individuación será el acercarse conscientemente al arquetipo del Ánima, diferenciarla de las proyecciones e integrarla dentro de uno mismo.
"Si se ha comprendido y hecho consciente lo contrario sexual de la propia alma, entonces uno dispone de sí mismo y de sus emociones y afectos. Esto significa principalmente independencia real; aunque también significa, al mismo tiempo, soledad, la soledad del hombre interiormente liberado, al cual ya no le inquieta el otro sexo, a causa de que ha conocido sus rasgos esenciales en la profundidad de la propia alma. Un hombre así, ya casi no puede "enamorarse", pues es incapaz de perderse en otro (proyectarse); pero sí será capaz de un "amor" más profundo en el sentido de una entrega consciente al "tú", porque su soledad no le aleja del mundo: tan sólo crea la distancia exacta con él. Y como esta distancia le aferra fuertemente a su propio ser, esto le permite incluso abordar a su prójimo sin reserva, porque su peculiaridad no corre peligro alguno en ello", afirma Jolande Jacobi.
Mujer-Musa
Al llegar a tal estado de integración del Ánima y del Ánimus por parte de la pareja, la mujer se convierte en una auténtica musa inspiradora. Hasta entonces podía ser musa, pero no por sí misma, no de forma consciente y por su propia personalidad, sino porque en ella se proyectaba el Ánima.
Este último caso -que se dá de forma automática- es el que cumplieron y cumplen la mayoría de las mujeres, puesto que el proceso de individuación consciente es más bien raro. Ahora bien, tal vez en la relación platónica entre "Guiomar" y Antonio Machado -en parte debido a su propia condición de poetisa, su cultura y su matrimonio- nos encontramos con una mujer mucho más consciente de los procesos psíquicos internos y, por tanto, más autorrealizada que Leonor, Julia Espín, Elisa Guillén y Casta Esteban. Apuesto por ello. Y por tanto, la gran mujer-musa de Machado fue Pilar Valderrama y no Leonor Izquierdo, por mucho que nos moleste a los sorianos. Leonor, lo repito, fue el "cebo" ideal para un Ánima poco desarrollada de Machado, del que éste era entonces poco consciente.
El Ánima proyecta en la mujer aquellas facetas que se encuentran marginadas y hasta olvidadas por el yo masculino. Y cuanta más arrinconadas tenga el hombre dichas facetas, mayor será el contraste de la personalidad de la mujer en la que se proyecta su Ánima. Por eso no resulta extraño ver como poetas como Bécquer y Machado se casan con Casta Esteban y Leonor. Por eso vemos como, en los matrimonios, suele haber diferencias de caracteres y de personalidad, y a veces muy pocas afinidades.
El Ánima tiene mil rostros: "puede manifestarse, por ejemplo, indistintamente como dulce doncella, diosa, bruja, ángel, demonio, mendiga, prostituta, compañera, etc. Una forma de ánima particularmente característica es, por ejemplo, la Kundry de la leyenda de Parsifal, o la Andrómeda del mito de Perseo; en forma artística, por ejemplo, lo es la Beatriz de la "Divina Comedia"...,etc".
Desarrollo del Ánima
Hay cuatro etapas principales en la vivencia e integración del Ánima, en un proceso escalonado que podría resumirse así: "La figura de Eva es la mejor simbolización de la primera etapa, la cual representa relaciones puramente instintivas y biológicas. La segunda puede verse en la Elena de "Fausto": ella personifica un nivel
romántico y estético que, no obstante, aún está caracterizado por elementos sexuales. La tercera está representada, por ejemplo, en la Virgen María, una figura que eleva el añor (eros) a alturas de devoción espiritual. El cuarto tipo lo simboliza Sofía, cuya sabiduría trasciende incluso lo más santo y lo más puro".
Gran parte de las gamas del arquetipo del Ánima se proyectaron en las mujeres-musas de Bécquer y Machado, y se reflejó en sus obras poéticas y prosa. La fascinación que ejercen entre los hombres sus obras se debe, en gran parte, a ello, ya que supieron expresar con un lenguaje literario maravillosamente sencillo, entrañable, directo y emotivo, los sentimientos que despierta el Ánima en sus múltiples rostros. Fueron maestros en la expresividad poética de lo que sucede en el componente femenino (Ánima) del alma masculina. El alma de ellos -como la de tantos hombres que van camino de la individuación- estaba desgarrada ante la disparidad existente en las mil facetas del Ánima: desde su aspecto más sensual y provocativo, hasta lo divino y etéreo. Y resolvieron tal confrontación con la ayuda del Ánima, actuándo ésta como musa inspiradora proyectada en las mujeres que amaron y les enajenaron, pero también de manera plenamente autónoma.
Y ellos lo intuyeron. Bécquer nos lo dice veladamente:
Y Machado, en boca de Abel Martín, reflexiona de esta manera: "La amada acompaña antes que aparezca o se oponga como objeto de amor; es, en cierto modo una con el amante, no al término como en los místicos del proceso erótico, sino en su principio". O de esta otra: "No es para Abel Martín, la belleza el gran incentivo del amor, sino la sed metafísica de lo esencialmente otro".