Valdegeña, Ágreda y Tierras Altas

 

 

Monge-Caballero TemplarioEn la Sierra del Madero y dentro del término de Valdegeña se encuentra el denominado Quinto de los Templarios, en las ruinas del monte de San Adrián, por donde Benito Pérez Galdós hiciera andar al protagonista de El caballero encantado, y donde José Lázaro Carrascosa, vecino del cercano Trévago, materializa una leyenda de fantasmas templarios que recopiló, en 1950, en su Memorandum del Ochentón, siendo posteriormente citada por Florentino Zamora, que también recogió la leyenda del Cautivo de Peroniel y la del Penitente Misterioso de Castillejo de Robledo.

En este Memorándum se dice que los monjes-guerreros "mantuvieron grandes carneradas, cabríos y de caballos o mulos, que como Orden Militar los necesitaba para pelear". Y entre sus ruinas aún subsiste una fuente ferruginosa de aguas medicinales, como lo son también las provenientes de la fuente de agua sulfurosa de la antigua granja de Ágreda, hoy semiseca, que hay en el parque municipal o Dehesa de la villa de las tres culturas y que está relacionada legendariamente con el Cristo de los Templarios que se guarda en la iglesia de Nuestra Señora de los Milagros, la Virgen Morenilla de Ágreda y su Tierra.

Este Cristo es del segundo cuarto del siglo XIII y está crucificado sobre una cruz de gajos. En cruz normal, clásica, se encuentra el Cristo "templario" de la parroquial de Ucero, y, en cruz de gajos, el de San Juan de Rabanera, en la capital soriana. Este último, según Rafael Alarcón, estuvo anteriormente en San Polo y es conocido como Cristo Cillerero y Cristo del Olvido. Otro Cristo con cruz de gajos se halla en San Pedro Manrique, que bien pudiera haberse encontrado antes en el monasterio templario de San Pedro el Viejo, sito a dos kilómetros.

En Ágreda -donde hay una gran devoción a Nuestra Señora de los Milagros, que puede calificarse de Virgen Negra- tuvo el Temple una iglesia de la que se conservó su ábside hasta hace unos años y cuyo solar ocupa desde hace un tiempo la escuela hogar.Virgen Negra fue también la originaria Virgen de la Salud de la ermita de San Bartolomé de Ucero, cuya talla fue vendida por el párroco hace unas décadas "porque era fea", siendo sustituida por una imagen mariana contemporánea, según comentario oral de Alejandro Aylagas.

Rafael Alarcón, en su libro La otra España del Temple, informa que los templarios tenían, extramuros de Ágreda, "una importante encomienda agrícola (posiblemente desde 1120), con granja fortificada, una cetaria, molinos y tierras de cultivo, además de diversas casas en la ciudad y muy posiblemente la iglesia de Nuestra Señora de la Peña". Esta última se construyó sobre el solar ocupado por un antiguo templo alzado por Hércules, según una leyenda.

Desde Ágreda podemos subir hasta San Pedro el Viejo. En las Relaciones Cartográficas de Tomás López (Sotabur, 1.998), de finales del s. XVIII, se dice que fue posesión templaria. Gervasio Manrique de Lara refiere que su monasterio fue construido pra cuarenta templarios, "aunque la comunidad debió vivir allí poco tiempo". Hoy sólo se conservan las ruinas de su iglesia, con una alta torre, ábside semicircular, bóveda de cañón en el presbiterio y dos absidiolas. A tenor de lo que manifiesta Gervasio Manrique, la portada románica se la llevaron a Nueva York. Adosado al templo, debió situarse el monasterio y la hospedería.

Los ancianos de la zona le comentaron a Manrique de Lara "que es tradición que hay una galería subterránea que va desde el convento a la denominada Cerrada de los Diablos, que está junto al río Linares".

En cuanto a San Pedro Manrique, Juan García Atienza sospecha que los templarios influyeron en la estructura ritual del Paso del Fuego (los lugareños pisan descalzos brasas ardientes en la noche de San Juan), y muy especialmente, en la fiesta de las Móndidas, que también festeja Sarnago, localidad muy próxima a San Pedro el Viejo en la que había una fuente de aguas medicinales sulfurosas y en la que celebraban sus Móndidas no el día de San Juan (como en san Pedro Manrique) sino el día de San Bartolomé, bajo cuya advocación se haya desde el siglo XIV la ermita del antiguo cenobio templario de San Juan de Otero, en Ucero, donde se celebra una gran romería en dicho día, 24 de agosto, jornada en la que sus puertas permanecen abiertas (el resto del año están cerradas, desgraciadamente).

Para García Atienza está claro que existe un paralelismo simbólico y ritual entre las fiestas sampedranas de las Móndidas y las de los Tabuleiros en Tomar (centro templario portugués por antonomasia), en las que las damas, "sacerdotisas", portan sobre sus cabezas cestaños de panes y flores similares.

Antonio Ruiz Vega, por otro lado, considera que la talla original de la Virgen de la Peña era negra y que la huella del Temple se encuentra en la castellanización de La Rochelle (el mayor puerto templario de Francia y Europa) en la calle La Rochela de San Pedro Manrique. "Los templarios, que bien pudieron ser durante un tiempo los señores de la villa, tendrían organizado un camino comercial (del vellón de la merina soriana) que a través de La Rioja y Euskalherría continuaría luego, vía marítima, hasta La Rochelle", afirma.

A pocos kilómetros, en Yanguas, hay tradición referente a una impronta templaria en la torre de San Miguel, arcángel muy querido por el Temple y que reaparece una y otra vez en estas rutas templarias sorianas, como acontece también con la presencia templaria en diversos tramos de los itinerarios sorianos hacia el Camino de Santiago.

Igualmente se dice que fue templaria la desaparecida iglesia de San Pedro, también en Yanguas. Antonio Ruiz Vega aduce que algunos autores hablan de una capilla lateral de planta poligonal, que suele ser característica de las construcciones templarias (Eunate en Navarra, La Vera Cruz en Segovia, etc...); en el pavimento de la desaparecida iglesia se encontraban dos lápidas romanas con clara referencia a las diosas "matres" celto-romanas y que algunos investigadores hacen antecesoras de las Vírgenes Negras, siempre próximas a los templarios, y de las cuales existió una, precisamente en Yanguas. Asimismo, Gonzalo Martínez señala que el Temple poseyó en Yanguas cuatro collazos, una heredad de dos yugadas y unas casas situadas frente al pórtico de la iglesia de Santa María.

De regreso a la ciudad de Soria se puede uno detener en el Cerro de la Trinidad, situado entre Portelárbol y el despoblado de Matute de la Sierra, del que Tomás López, en su mapa de 1783, dice escuetamente que "fue de templarios", de la misma forma que así lo indica también en Peñalba de San Esteban, presumiblemente en el paraje conocido como Cerrada del Prior. A la par que indica que estuvieron los templarios en la ermita de San Caprasio, santo que también tuvo ermita en Yanguas.