| 25 - 12 - 2008 |
| 28 - 12 - 2008 |
Comentario
NATIVIDAD DEL SEÑOR
Jn. 1, 1-18.
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros…
Feliz
Navidad a todos. Nos ha nacido un Niño, que es Dios, el mayor acontecimiento que
se puede anunciar en cualquier medio de comunicación. Esta noche pasada
celebrábamos este acontecimiento sin par, Dios se instala en nuestro
mundo, para salvarnos, para “sacarnos la castañas del fuego”,
y nosotros casi despistados, casi sin darnos cuenta, el mundo, la vida, sigue
igual, como diría la canción.
Intentar
hacer un comentario del Evangelio de hoy, tocando todos los puntos de este
prólogo del Evangelio de S. Juan, es ingente tarea, pues es como un
compendio de todo el cuarto Evangelio.
Lo
más relevante es, que siendo eterno, existiendo desde siempre, Dios,
se viene a “vivir unos años” entre nosotros, en el marco
de lo temporal.
Pero
no es una visita de cortesía solamente, que ya seria de agradecer, es
que se hace hombre, y como tal, pasa por todo lo humano engrandeciéndolo,
salvándolo.
Y,
come, llora, duerme, sufre y muere como un humano más. Entrega su vida
por conseguirnos la amistad de Dios, que habíamos perdido con la desobediencia
de Adán y Eva.
Y
dice el Evangelio que, siendo la luz, los hombres no la conocieron;
que viniendo a nuestra casa, los hombres no lo recibieron; que la gracia y
la verdad vinieron por Él, por Jesucristo y la humanidad “despistada”,
no le ve ni le conoce.
Me
pregunto: ¿Sigue pasando lo mismo en este 2005 que en el año
cero de la historia?
Pues
sí, solamente “unos pocos”, los más sencillos, los
más humildes, te acogen de corazón y espontáneamente surge
el grito gozoso de los ángeles ¡Gloria a Dios en los
Cielos y en la tierra paz a los hombres!.
PAZ, PAZ, PAZ.
Sabiendo su origen y de dónde procede, seguimos sin buscarla donde está,
y se nos llena la boca de deseos de paz estos días, sin mover
un dedo para ser pacificadores.
Os invito, amigos, a ofrecer al niño Dios, el mejor regalo de Navidad. Hagamos algo hoy, mañana, estos días de Navidad, o a lo largo del año próximo, por ser ¡constructores de paz!
COMENTARIO AL EVANGELIO
DE LA SAGRADA FAMILIA:
JESÚS, MARÍA Y JOSÉ.
Lc. 2, 22-40.
Son tantas y tan interesantes las enseñanzas y revelaciones que nos ofrece la Iglesia, en el texto evangélico de este domingo, que apenas podremos meditar algunas.
Aunque la impureza legal que marcaba la Ley de Moisés, dista de lo que hoy podemos pensar como impureza, incluso podía ser una obra de misericordia, como era, por ejemplo, enterrar a un muerto, preguntamos: ¿estaba sujeta María, concebida sin mancha de pecado, a tener que subir al templo y cumplir con la ley de la Purificación? La respuesta es clara: ¡Sí!. Porque si el Padre Celestial quiso que su Hijo, siendo Divino, se sometiera a la ley de la obediencia, dejando así al mundo el valor de la obediencia ¡al igual que el Hijo se sometió a la circuncisión, María quiso, aun sin necesedidad, cumplir con la Ley.
El Levirato ordenaba que: "cuando los recursos no alcancen para una res menor, presentarán a Yavé dos tórtolas o dos pichones" (Lev 5,7) Y al decirnos Lucas que presentaron tal ofrenda, nos dice que la Sagrada Familia pertenecía a las consideradas como pobres.
Y Jesús fue presentado al Señor en el Templo, en cumplimiento de la Ley, Dueño de la Ley, Rey y Señor universal, el que iba a imponer a todo hombre la Ley evangélica, marca ya desde Niño el camino de la obediencia, camino que el mundo no entiende y camino que hasta los consagrados, no pocas veces, desprecian con el hipócrito engaño de un falso concepto de libertad de conciencia.
A pesar de la corrupción generalizada en Israel, siempre Dios contó con un resto. También había santazos. Hoy aparecen en la histoia dos de ellos: Simeón y Ana.
Del primero nos dice el Evangelio que era justo... temeroso de Dios... que esperaba al Mesías y que el Espíritu Santo era sobre él... No es de extrañar que un hombre con tal pureza de alma, ¡encontrase a Jesús! Cuántos pretenden encontrar a Jesús por sendas de cultura, de estudio, de consejos escuchados a deformadas conciencias por apegos terrenos y bajos deseos. ¡y qué lejos quedan de encontrarle!.
Impresiona la exclamación de este santazo: Dice que ya puede el Señor llevarle, que ya ha colmado cuanto deseaba... ¡qué hondos misterios hay en las comunicaciones divinas...! ¡Y qué revelaciones!.. Jesús partirá la historia en dos. Será signo de contradicción, luz para las gentes, gloria de su pueblo. Y al ver a María, le dice: "¡a tí una espada te traspasará el alma!". Y seguro que esta profecía la tuvo siempre presente nuestra Santísima Madre.